N/T: Bueno, aquí el primer capítulo, le pasaré sus comentarios a CompYes en cuanto pueda. Por lo demás a disfrutar de la emocionante continuación.
Ángeles del Silencio
Resumen: Después de la redada, Hiccup decidió no buscar a Toothless en el sitio de impacto. Así que cuando alguien más tropieza con el indispuesto dragón, tanto éste como el futuro piloto se llevarán una sorpresa. Una historia Ruffnut x Hiccup.
N/A: ¡Bravo por el cambio de POV!
Spoilers: Prácticamente, la totalidad de la película Cómo entrenar a tu dragón.
Disclaimer: No me pertenece Cómo entrenar a tu dragón o a sus personajes, ni de lo que podría tomar de los libros.
Pareja: Ruffnut/Hiccup.
Capítulo Uno: Hiccup
No hubo nunca una mejor forma de despertar por la mañana, que con una bofetada en la cara. Era eficiente, aunque un poco más violenta de lo que estaba acostumbrado. Por lo general, era despertado por su padre o Gobber. Ni su padre ni Gobber tenían alguna delicadeza al hacerlo tampoco. Su padre lo sacaría de su cama y lo aventaría por la puerta, donde Gobber lo sacudiría hasta que estuviera consciente. O con nauseas. Pero las bofetadas también servían, suponía, mientras comenzaba a despertar, sus parpados revoloteaban abriéndose a un ritmo lento. Una vez que la habitación se hizo presente, y la luz se filtró despejando su visión, se echó hacia atrás en estado de shock, mientras asimilaba la identidad del improbable intruso en su habitación.
—¿Qué estás haciendo aquí? —chilló Hiccup, casi instantáneamente lamentando abrir la boca.
Ante él estaba una de las personas que menos esperaba ver en su casa, a Loki sabía qué hora de la mañana era. Era Ruffnut Thorston, una de los inseparables gemelos horrorosos en la Isla de Berk, a añadir tormento a su existencia. Ella estaba de rodillas, al lado de su cama, con el brazo extendido de cuando —suponía— lo había abofeteado. No podía, por su vida, aventurar una respuesta o encontrar una razón detrás del por qué ella, de toda las personas, estaba en su habitación. Sin compañía. Bueno, sin su gemelo. Porque todo el mundo sabía que ningún gemelo iba a alguna parte sin el otro. En toda su vida, por lo menos, nunca los había visto separados. Pero allí estaba, sin su gemelo, en su dormitorio. Al instante, sus mejillas se ruborizaron.
Había una chica en su habitación.
Siempre había esperado que algún día fuese Astrid.
La realidad era muy decepcionante.
—El Furia Nocturna.
—Uhm… ¿Qué?
—Ayer, por la noche. En la redada. Dijiste que mataste un Furia Nocturna —dijo la joven con voz entrecortada, haciendo una pausa entre cada palabra para recuperar el aire.
Él la miró con incertidumbre, sin comprender qué es lo que quería decir sobre el Furia Nocturna. Por supuesto, sabía de lo que estaba hablando. De cómo la noche anterior había sido entusiasta disponiendo su "cañón" que disparó a la perfección y derribó al dragón. Pero cuando se detuvo a pensar en ello, había admitido que era muy probable que fuese un truco provocado por su propia imaginación y sus ojos. Después de todo, había estado muy oscuro. Tal vez se había equivocado sobre lo que pensaba había visto. Su reevaluación de los acontecimientos de la noche anterior, le dieron la idea de planear desaparecer por la parte trasera de su casa y entrar al bosque para buscar el lugar de aterrizaje de la bestia. Eventualmente, él sólo escribió todo el asunto y simplemente se fue a la cama, con la esperanza de que pudiese olvidar lo mal que metió la pata en la lucha de su padre contra los dragones… de nuevo. Entonces, ¿por qué Ruffnut irrumpía en su habitación, preguntando sobre el Furia Nocturna ahora? ¿Sería sólo para burlarse de nuevo de él por reclamar la noche anterior que, al igual que muchas otras noches, había matado a un dragón?
De alguna forma, sentía que esto no era sólo una especie de broma loca casera. El casco de cuatro cuernos que solía usar en su cabeza, estaba desaparecido. La mueca de desprecio, que normalmente adornaba el rostro de la chica, estaba ausente. En su lugar, había una mirada de pánico perdido. Tenía los ojos enrojecidos y rodeados de círculos negros checando su habitación constantemente. Una de sus trenzas estaba deshecha, derramándose sobre su hombre en ondas desordenadas. Un poco de tierra manchaba todos los lugares de piel expuesta y había rastros en su ropa también. Lo más inquietante fueron los numerosos rasguños recorriendo sus brazos de arriba hacia abajo; la mayoría de los cortes eran pequeños, pero había algunos con riachuelos de sangre goteando de ellos. La visión de la sangre, no importaba si fuese poca o insignificante, lo mareaba.
—¿Estás bien? —no pudo evitar preguntarle, sus ojos dibujaron un viaje de vuelta a la sangre cada vez que trataba de apartar la mirada.
—Estoy bien —le espetó Ruffnut con dureza.
—Pero, bueno, tus brazos, y… —Hipo tartamudeó.
Ella negó con la cabeza.
—Eso no importa ahora. ¿Recuerdas lo que dijiste acerca de matar a un Furia Nocturna?
—Bueno, sí. Por supuesto. Lo dije, después de todo ¿Por qué?
—No lo mataste.
Hiccup rodó los ojos.
—Restriégalo de nuevo, ¿por qué no? Como si escucharlo de mi padre no fuese suficiente.
—No lo mataste… —ella comenzó, de nuevo.
Él la interrumpió.
—Sí, lo entiendo, no lo…
—… pero le diste.
—… mate. Ah, espera, ¿qué-? —sus ojos bien abiertos, no podía creer que tal vez alguien le estaba dando un descanso y darle una oportunidad con el Furia Nocturna y reconocerlo.
—Fuese lo que fuese lo que estabas usando, golpeó al Furia Nocturna. Aterrizó un poco más lejos de donde dijiste que lo hizo anoche.
—En serio, ¿me estás tomando el pelo? ¿No será que tu hermano y Snotlout van a salir saltando de debajo de mi cama, de un momento a otro, y van a gritar: ¡Te tengo!, o algo así?
Ruffnut resopló con frustración.
—No, no voy a jugarte una mala broma, inút-… Haddock. Estoy hablando en serio. Muy en serio. Tu golpe de suerte derribó al Furia Nocturna en el bosque.
—¿Lo viste? —preguntó Hiccup, emocionado.
—Lo hice.
—¿Cómo lucía? —casi estaba saltando arriba y abajo con alegría. Era increíble. ¡Uno de sus inventos en realidad había funcionado!
—Era negro —dijo ella, un poco reticente.
Eso tenía sentido. Quizá por eso nadie había visto uno hasta ahora. Siempre era de noche cuando los dragones atacaban. Tratar de ver algo negro contra el cielo nocturno sería prácticamente imposible. La única forma era escuchar el ruido del silbido que hacia cuando iba a atacar. Sin duda alguna, era un dragón de categoría cautelosa.
—¿Algo más? ¿Cuál es su tamaño? ¿Su envergadura? ¿Alguna cabeza extra?
Ella lo interrumpió.
—Tenía los ojos verdes.
—¿Ojos verdes? —estaba confundido. ¿Por qué eran tan importantes los ojos?
—Grandes ojos verdes…
Hiccup comenzaba a preocuparse un poco. Ruffnut ya ni siquiera lo miraba, estaba mirando más allá de su cabeza hacia la pared, completamente alucinada. Su blanco rostro lucía mucho más pálido que de costumbre, lo que hacía que su preocupación sobre la pérdida de sangre fuera más valida. Ella estaba tan fuera de sí, que lo estaba tratando civilizadamente. En serio, ¿con qué frecuencia alguno de los Thorston, o cualquier otra persona, lo habría tratado con otra cosa que no fuera desprecio burlón? Claro, Ruffnut estaba siendo un poco cortante con él, pero el punto de esto era que fue lo más agradable que ella actuó hacia él, sin ningún apodo infantil o desagradables insultos. No le quedó mucho tiempo para seguir cavilando que sucedía con ella, porque lo agarró por el brazo y lo arrastró fuera de su habitación.
—Oye, espera, ¿a dónde vamos?
—Con el Furia Nocturna.
—¿Quieres decir que no está muerto? —exclamó Hiccup mientras continuaba jalándolo. Ya estaban en la parte superior, forzándolo a mantener un poco el balance en sus pies o de otra forma caería en los escalones.
—Por supuesto que no, Haddock. Ya te había dicho que no estaba muerto.
—Sí, pero dijiste que le di —replicó Hiccup—. ¿Eso no era como fatalmente herido o algo así?
—No lo sé.
—¿Qué quieres decir con que no lo sabes?
Su grito la hizo detenerse en la parte inferior y poner un dedo amenazante en su rostro.
—Cierra-la-boca.
Así que él se calló.
Salieron de la casa, sin decirle nada a su padre, quien era la única persona de la que estaba preocupado toparse ahora. Su padre era un maestro para saltar a conclusiones equivocadas sobre las situaciones en las que encontraba a su hijo. La última cosa que deseaba era que su padre supusiera que él y Ruffnut eran… bien. Sí. Pensándolo bien, sería algo grave. No había nada femenino o muy atractivo en Ruffnut. Ella era grosera, y rebelde, y más probablemente se escarbaría los dientes y eructaría junto con los demás chicos, que recoger flores o cocinar. Si su padre se permitía sopesar la idea un segundo, ellos tendrían al Sr. Tuffnut Thorston en la cena, y ambos padres podrían establecer un compromiso para los adolescentes y discutir la dote para la boda. Conociendo a su padre, él olvidaría la dote si sólo su hijo diera el siguiente paso a la edad adulta. Un escalofrío le recorrió la espalda al pensarlo.
Nunca. Eso nunca iba a suceder. Huiría muy lejos de Berk antes de estar de acuerdo con ese tipo de cosas. Encontraría un lugar agradable y cálido. Tal vez donde las personas fueran un poco escuálidas como él.
Además, su corazón todavía pertenecía a Astrid.
No pasó mucho tiempo antes de que estuvieran en el bosque. Comenzó a sentirse un poco nervioso, emocionado y ansioso. Después de todo, iban a ver al Furia Nocturna. Se preguntó qué era lo que iba a suceder. Ruffnut había insistido vehemente que el dragón no estaba muerto todavía. Eso causó que se preocupara un poco, pero Ruffnut había dicho que estaba herido. Eso significaba que estaría débil y podrían ser capaces de tomarlo sin mucha resistencia. Sin embargo, echando un vistazo a Ruffnut, se sentía un poco confundido, ¿qué estaba pensando al traerlo con ella? Si hubiese sido él quien hubiera encontrado al dragón, lo habría matado ahí mismo y reclamado toda la gloria por su asesinato. O, al menos, habría acudido a su padre al respecto. Tal vez no a su padre, ahora que pensaba en ello. Gobber era un candidato más probable para hablar sobre ello. Al menos Gobber se habría burlado de él, en vez de reprocharle como su padre.
Entonces, ¿qué estaba planeando Ruffnut?
Esas preguntas se mantenían repercutiendo en su cabeza, aunque no las expresó. Ruffnut lucía como si todavía no quisiera responder preguntas, por lo que continuó siguiéndola con el brazo apretado firmemente en su afiance. Cuanto más profundo se metían en el bosque, más tenso era el agarre en su brazo. Mirándola por el rabillo de sus ojos, la expresión de su rostro parecía tan nerviosa con la suya. Ella lucía tan asustada al ir con el dragón. Al menos, eso era lo que él pensaba. Fue sacado de sus pensamientos cuando vio los árboles derribados y los agujeros en el suelo. Éste era el lugar donde había caído. Quería inspeccionar más la escena, pero Ruffnut no le dio ningún momento para hacer una pausa o mirar a su alrededor. De hecho, lo conducía hacia lo que parecía un claro, instándole a moverse más rápido para mantener el paso. No podía ver muy bien delante de ellos, había unas rocas que oscurecían su visión. Tragando saliva, se dio cuenta de que era hora, era el momento de la verdad. Su mano libre fue hacia su cinturón, donde guardaba un cuchillo en todo momento. No sabía bien que podría hacer con él, pero supuso que era mejor ir preparado.
Ahí estaba.
Acostado, negro como la noche, igual que cuando Ruffnut lo había descrito. Estaba un poco sorprendido que no lucía tan feroz como pensaba que sería. Después de todo, todos los rumores de horror del Furia Nocturna en Berk, había esperado sentir el terror de esta gran cosa amenazante. Si tuviera que adivinar diría que no era más grande que un Nadder Mortal. El proyectil que había disparado al dragón se había enrollado en torno a la bestia. Parecía prácticamente inofensivo de esa manera, ocultándose con un ala envuelta protectoramente sobre sí mismo. No entendía cómo podía actuar de manera indiferente en presencia de dos seres humanos que podrían matarlo. Una de las pocas cosas que recordaba de una de las conferencias de Gobber, era que la forma más efectiva para paralizar a un dragón era eliminando su capacidad de volar. Este dragón debió haber entendido en qué situación se encontraba.
Tan pronto como estaban en la presencia del dragón, Ruffnut renunció a su agarre. Ella dio varios pasos hacia adelante, sacudiendo su brazo cuando él se acercó para detenerla. Deteniéndose frente al dragón, ella lo miró, la máscara de emociones en conflicto. Tenía una mano extendida hacia el dragón, como un gesto de bienvenida, la otra apretada fuertemente en un puño. Sus ojos se habían suavizado, sin embargo, su mandíbula se mantenía apretada y su boca se había fijado en una línea dura. Al mismo tiempo, la mirada del dragón no lo perdía de vista, haciéndole sentir cada vez más incómodo. ¿Qué diablos estaba pasando?
—No puedo matarlo —dijo ella con voz muy baja, que apenas se escuchó.
—¿Qué?
—No puedo matarlo —repitió—. No puedo matar a este dragón. No quiero.
—¿Qué quieres decir con que no quieres matarlo? —preguntó Hiccup con incredulidad—. ¡Éste es un Furia Nocturna! Ha estado aterrorizando a Berk por años. Es una razón perfectamente válida para matarlo.
—Lo sé —farfulló Ruffnut—. ¡Lo sé! Somos vikingos. Soy una vikinga. Debería de estar alegre de querer matar a un dragón. Es el enemigo.
—¿Entonces, qué te detiene?
—¡Míralo, Hiccup! —gritó de pronto, volviéndose hacia él, sorprendiéndolo tanto como al dragón—. Está débil e indefenso, ¿dónde está el honor en matar así?
Una extraña rabia indignada nació en él. ¿De dónde venía esa compasión? La Ruffnut Thorston con la que había crecido no era una persona compasiva. Ella lo insultaba, y se reía de sus faltas y humillaciones, lo pateaba cuando estaba en el suelo. ¿Qué hacia la diferencia de lo que ella y sus amigos habían hecho con él?
Y entonces, con un chispazo lo comprendió.
No era lo que ella había querido decir, pero él lo entendió a su manera. Mirando hacia atrás en los ojos del dragón, se dio cuenta de que no era diferente de él. Ya no era la víctima en esta ocasión, lo era el dragón. A pesar de su actitud calmada, hubo tensión en la figura subyacente del dragón, preparado para el golpe final. Asustado como él había estado la noche anterior cuando esa Pesadilla lo había acorralado y tan indefenso. Y lo comprendió entonces.
No podía quitarle la vida a algo que no podía defenderse. No estaba bien.
—Yo…
Sus ojos se levantaron y se conectaron con los de Ruffnut. Comprendiendo lo que pasó entre ellos en un pesado silencio. Ahora sabían que no levantarían la mano contra la criatura atada en medio de ellos dos. En ese momento, algo en ambos causó un cambio en sus perspectivas de uno a la otra. Hiccup quitó la mano de su cinturón donde había estado listo para tomar su cuchillo. En el momento en que lo hizo, la tensión que se había sentido en el dragón pareció desaparecer, aunque sólo un poco. Sus ojos giraron hacia Ruffnut, con un destello de curiosidad en ellos.
—¿Qué pasará ahora? —él le preguntó—. No podemos matarlo.
—No lo sé —dijo Ruffnut, aflojando su puño. Se arrodilló junto al dragón y quiso calmarlo. Un gruñido fue la respuesta. Con tranquilidad, su voz le habló—. No quiero hacerte daño
El dragón no parecía completamente convencido, y siguió mirándola con recelo.
—¿Por qué viniste a mí con esto de entre todas las personas? —le preguntó Hiccup finalmente.
—Es sólo… pensé que nadie más que tú lo entendería.
Hiccup resopló.
—¿Y qué pasa con tu hermano? —la poca satisfacción con la que lo había expresado su pregunta disminuyó con la mirada furiosa que ella le estaba dando.
—No lo comprendería.
—Pero él es tu hermano gemelo, ¿verdad? —preguntó Hiccup tontamente.
En todo caso, su mirada consiguió congelarlo.
—Sólo —ella gruñó— porque somos gemelos, no quiere decir que somos iguales —miró de nuevo al Furia Nocturna—. Además, si se lo hubiera mostrado a Tuffnut, él habría golpeado primero y preguntado después-
—¿Por qué tu no lo hiciste?
—¿Qué es esto? —preguntó Ruffnut—. ¿Qué son todas esas preguntas?
—Es que… no entiendo por qué no lo hiciste.
—Bien, ¿por qué no lo hiciste tú? —replicó ofuscada.
—No lo sé… —respondió Hiccup.
Mirando por encima de su hombro con una sonrisa triunfante, ella dijo:
—Bueno, ni yo sé que decir, al principio estaba un poco asustada, pero cuando lo supere, me di cuenta de que él no podía hacerme daño.
Ella se tomó un momento para acercarse al dragón otra vez. Él rechazó sus intentos de nuevo con un siseo.
—¿Él?
—Sí —respondió ella, mirando al dragón—. ¿Eres un chico, verdad?
Tomaron la respuesta del dragón, poner los ojos en blanco acompañado de un gesto torpe (debido a las cuerdas), como un sí.
—Así que cuando me di cuenta de que no podía hacerme daño, bueno, al principio me sentí aliviada. Porque creo que no quisiera morir aquí, en medio del bosque donde no sería encontrada durante días. Eso sería un asco —ella se rió de su propio comentario, e Hiccup no podía completar la pareja para unirse a sus risas.
—Supongo que lo sería.
—No tenía ningún tipo de arma conmigo, aparte de un palo, así que no podía haberlo matado, incluso si hubiera querido. Corrí de vuelta al pueblo, sin saber qué hacer. No quería acabar con él, pero ya sabes cómo son las cosas. ¿Qué se supone deben hacer los vikingos?
—Matar dragones.
El dragón se puso rígido momentáneamente ante la respuesta de Hiccup, causándole a Hiccup una mueca de dolor. Por su puesto, el dragón sería sensible a hablar sobre el asesinato de los de su especie. Qué insensible había sido con él.
—Honestamente, pensaba ir directo con Stoick o con mi padre sobre esto. Ya sabes, así no tendría que hacerme cargo yo misma. Pero todo habría terminado de la misma manera. Alguien podría venir y matarlo si le decía a alguno de ellos dos.
Ruffnut finalmente renunció a tratar de convencer al dragón de permitirle tocarlo. Era evidente que no se sentía cómodo con la idea de que lo tocaran mientras estaba atado.
—Así que viniste a mí.
—Sí.
—¿Por qué crees que lo entiendo?
—Eres raro, ya sabes.
Como si eso fuera una respuesta.
—Sí, ¿y qué? —le preguntó contrariado por lo que él pensaba que era un insulto,
—Eres raro. Todos los demás saltarían ante la oportunidad de matar a un dragón, sin hacer preguntas, ya sabes, porque realmente querrían hacerlo. Pero tú piensas bien las cosas. No puedes luchar, pero piensas en cómo conseguirlo, que podrías hacer en su lugar. Podrías haber pensado antes de matarlo, en vez de simplemente hacerlo. Si hubiese sido yo, y hubiera estado armada, pude matarlo ante de siquiera pensarlo. ¿Me entiendes?
—Más o menos —él no sabía si era algo bueno o no.
—Y también, si tratas de decir algo más, ellos no lo creerían.
—Caray, qué bien —murmuró con sarcasmo.
—De todos modos, tenemos algo que hacer ahora —dijo ella, de pie y sacudiéndose el polvo de encima.
El Furia Nocturna, que había sido un silencioso tercero en la conversación, parecía dividido entre estar interesado en lo que decían y aburrirse mientras hablaban. Ahora esa tal Ruffnut estaba de pie y hablando de "hacer algo", así que parecía un poco más interesado en lo que iba a suceder.
—¿Qué es?
—Lo pondremos en libertad.
Él la miró boquiabierto.
—¿Es una broma, verdad?
Ella le devolvió la mirada sin parpadear.
—Oh, poderoso Thor, no lo es. ¿verdad?
La nefasta sonrisa que estaba acostumbrado a ver, cuando ella estaba preparando una broma con su gemelo, apareció en su cara.
—No.
—¿Te das cuenta de que una vez que esté libre, tendrá la libertad de matarnos?
—Sí, ¿y eso qué?
—Que él podría matarnos. Estoy a favor de no matarlo, pero ¿podemos, no sé, sólo dejarlo aquí?
Ruffnut lo miró con incredulidad.
—¿Eres un retrasado? ¿Dejarlo ahí nada más? ¡Él está atado por el amor de Odín! ¿Cómo podría hacerlo solo?
—Bueno, está bien, así que no puede liberase. Todavía no hay ninguna prueba de que no nos matará una vez que esté libre —argumentó a su vez.
Mirando al dragón, ella le preguntó: —Si te liberamos, ¿podrías no matarnos?
—Me estás tomando el pelo —dijo Hiccup, más a sí mismo.
El dragón asintió solemnemente.
—Mira, tenemos su palabra de que no lo hará.
—Esto es ridículo.
—Voy a ponerlo en libertad ahora. Dame tu cuchillo.
Ella extendió su mano hacia él, expectante.
—¿Sabes que estás loca, no?
—Si insistes.
Suspirando, retiró lentamente el cuchillo de donde estaba en su cinturón, cuidando de no hacer movimientos rápidos y asustar al dragón. Lo colocó en la mano de Ruffnut, esperando que no acabara de cometer un gran error. Ruffnut tomó el cuchillo y comenzó a cortar las cuerdas que sostenían al dragón. Él observó con cautela al verlas aflojarse alrededor del cuerpo escamoso. La espera no fue larga, un segundo después de que las cuerdas estaban lo suficientemente flojas, el dragón se sacudió y se las quitó de encima. Ruffnut había estado a la mitad del corte de más cuerdas y el repentino movimiento causó que ella cayera sobre Hiccup y el cuchillo volara fuera de su mano. Libre, el dragón avanzó hacia ellos mirándolos como el depredador que era. Ruffnut se abrazó a Hiccup, y éste, demasiado asustado para objetar o avergonzarse no hizo nada.
Y entonces el Furia Nocturna soltó un rugido.
Ambos adolescentes se encogieron, Ruffnut aplastándose más en Hiccup, y Hiccup aferrado a su brazo como un salvavidas. Tan pronto como sucedió, terminó. El claro estaba una vez más en silencio, excepto por el batir de alas a la distancia. Vieron como el dragón intentó volar lejos, aunque parecía como si él no pudiera ir tan lejos. Una vez que estuvo fuera de la vista, dieron un suspiro de alivio.
Antes de empujarse lejos el uno del otro.
—Bueno…
—Bueno…
—Supongo que te lo dije —Ruffnut cantó triunfalmente.
—¿Acerca de qué?
—Que no nos mataría.
—Como sea —dijo Hiccup de espaldas a ella, a pesar de que también estaba sonriendo.
—Lo veremos de nuevo.
—¿Eso crees= —le preguntó
—Definitivamente. Así que volvamos a casa ahora —dijo, poniéndose de pie.
Sin detenerse a ver si la seguía, la chica salió del claro en dirección a Berk. Suspirando de nuevo, él se levantó y comenzó a caminar penosamente tras ella. Si preguntó si ese encuentro secreto los haría amigos ahora.
—¡Oye, ahí está mi casco!
Si era así, suponía que las cosas serían un poco más interesantes ahora.
Capítulo Uno: Hiccup - Fin
N/T: Qué capítulo más bueno, me gusta porque es el comienzo de todo y porque se escribió sin perder el IC, lo que es un verdadero logro en esta fandom.
Sinceramente, Abel Lacie Kiryû (traductora)
