1. Mala muchacha
-Entonces, es cierto.
Era ella. Era niña/niño, ya que reconoció esa voz al instante. Niña/niño estaba ahí. El mismo tono de voz dulcecito, pero seguro, a veces neurótico. Ese que a veces lo desesperaba. Ese que se parecía a lo que llamaban en Asgard 'conciencia', pero que a él le parecía un remilgo, o a veces un síntoma de debilidad. Bueno, no se molestaría en salir. Que lo que sea que estuviera afuera viniera, él tenía mucho que hacer. Como pensar, una vez más, por qué siendo la persona más brillante de los nueve reinos había tenido que seguir en la casa de sus padres, y por qué, teniendo todo un futuro promisorio, una carrera brillante, y habiendo podido ser el CEO de cualquier empresa que se le hubiese propuesto, había terminado como hace quince años: Encerrado en su habitación, leyendo, en la casa de sus padres. No se podía ser más ganador casi llegando a la treintena. Sí, todo un genio.
Y él, quien alguna vez se vio con todo por delante, ahora estaba sin un duro, y con una raída camisa verde, un montón de libros, y sin nada: Amigos (¿quién los necesitaba?), pareja (fastidian), aliados (inútiles). Nada. En el limbo. Quizás los otros tontos que ya sabían de su desgracia estaban gobernando munditos por ahí. Y él, por atreverse a conquistar el suyo, por hacer lo que esperaba de él mismo… en la casa de sus padres. Como un idiota.
-Te queda bien ese pelo. Me gusta más.
Sonrió. Era raquítica, con los ojos hundidos, con el cabello hasta los hombros. Nadie hubiera dado una baratija por ella. Pero estaba visitándolo. Y, ¿para qué?
-Por lo menos mírame, tonto.
Y lo hizo. Y puso ojos de imbécil, por no decir cara. Niña/niño se había llenado. La ropa ya no le bailaba.
Lo que vio fue una mujer morena, con el pelo lacio, negrísimo, largo, y ojos almendrados. Bien proporcionada, de labios generosos. Un poco alta. Su mirada era muy distinta de la última que le conoció. Tenía una capa de plumas azules tornasoladas sobre sí. Ella lo miró levantando una ceja, y ordenó al sirviente entrar un paquete. Él sonrió ante lo que vio.
-Cambiaste- le dijo con una sonrisa cansada, examinándola de una manera evidente, y bastante complacida . – No estás azul. Tienes más…- balbuceó, haciendo un gesto de...¿busto?. Ella sonrió, mirando hacia otro lado.
-Y tú no has cambiado en nada- dijo ella de la misma manera. – Bueno, algo. Creí que el tipo verde ese te dejó más cicatrices. Dijeron que te había hecho pedazos.
-¿Quién dijo eso?- preguntó intrigado.
-Todos. Desde mi tío para arriba. Bueno, con los que me hablo de la escuela.
-¿Todavía hablas con esos perdedores?- le preguntó ladeando su cabeza, estupefacto. – Tú eras mejor que ellos.
-Y tú mejor que todos nosotros- respondió la angustiada mujer. – Eras tan brillante que yo no lo podía creer. ¿Qué te pasó? Creí que ibas a pisar alguna vez mi piso. Mudarte. Algo. Íbamos a conocer juntos los nueve mundos, y pensabas qué hacer luego de pelearte con tus padres. Debiste irte hace años.
-Pareces mi falsa madre. Sabes que ese tono es…
-Toda la verdad. –lo interrumpió ella. - ¿Obligar a que se arrodillen ante ti? ¿Es en serio?- preguntó con un mohín en su cara .
-De veras, ¿viajaste todos esos eones hasta aquí para esto?- dijo él, harto de reproches. Ella sonrió.
-Lo siento, pero decir "arrodíllense" en un idioma distinto... y luego todo el show con el tipitín y tu bastón.. es que...- dijo ella, sin poder evitar sonreír. Eso lo irritó más que si hubiese venido llorando, pero ella cambió el gesto a uno de desconcierto. - -¿Tu, el más brillante estratega que ha tenido toda la maldita escuela de Yggdrasil en su historia, y haces esa estupidez? Es como si yo me transformara ante tu papá, y tu hermano, y comenzara a cortar las cabezas de todo el mundo a la hora de la cena.
-Eso sería interesante. Y fue lindo verlo, la verdad- dijo él, y ella se cruzó de brazos, pues sabía que él nunca dejaría de traer a colación lo que había pasado antes de separarse. Él se sentó frente a ella, y esta frente a él. Los separaba solo un vidrio.
-Kalika…
Ella volteó los ojos.
-Así me llamó tu madre ayer en la cena. Sabes que detesto ese nombre, pero ella no lo sabe, y no la culpo. Devas y asgardianos, todos tan formales.- dijo irritada.
-No te volví a ver en años. ¿Qué te pasó luego del baile de la graduación?- le preguntó. - Y que conste, yo pregunté, pero me dijeron que "te fuiste de viaje", pero... ¿por tanto tiempo?- preguntó a la que había conocido en esa fiesta, y que luego de la paliza monumental e inintencionada por parte de su hermano Thor, se había vuelto cercana a él. Kali, la hija más renegada de los Devas. La miró, levantando una ceja, y ella se cruzó de brazos.
-No te hagas el pendejo.
-Vamos...- dijo él, obligándola a contarle lo que ya sabía.
-¿Luego de que me echaron encima la sangre de ese jabalí, me enojé lo suficiente, y tú me impulsaste a matarlos a todos? ¿Qué querías que pasara? Vinieron los guardianes de mi tío, mi mamá, y me encerraron. No me pude despedir.- dijo ella bajando la mirada, y se sorprendió de que él se riera.
-No fue gracioso.- replicó ella, seriamente, acercándose a él.
-Lo disfrutaste. Montones. Estuve ahí. Enojada siempre fuiste más divertida. – dijo, y le sacó la lengua. Ella le puso un puño sobre el vidrio, sonriendo, asustada, indicándole que dejara de molestar , pero él siguió. Sacaba su lengua y sonreía, malévolamente.
-Eso es lo que hacías. ¿Todavía lo haces?
-Sí, Loki, todavía lo hago- dijo ella volteando los ojos, y volviendo a mirar a los lados, preocupada. El hombre estaba en una prisión, exiliado quizás para toda una eternidad, considerado un criminal por asgardianos y todo el mundo, y solamente le sacaba la lengua, burlándose y recordando aquella sangrienta noche de graduación. Siempre cambiando de tema, cambiando de conversación. Como si no lo conociera. La vieja táctica para defenderse, tantear lo desconocido. Él lo supo en su mirada.
-Kali, ¿a qué viniste? – le preguntó al fin. - ¿A ver cómo el más presumido y cretino de los asgardianos caía en desgracia? ¿A ver todo lo que te hice, vengado? Tú fuiste la que me abandonaste la noche de graduación. No pude verte nunca más. -¿Serás tú la nueva 'diosa del engaño'?
-¿Así te llaman?- preguntó ella levantando una ceja, y él levantó los hombros. Ella bufó, riéndose por la falta de ingenio del apodo, y él asintió, esbozando una sonrisa, y mirando al piso. Estaba ahí, se decían aliviados. El viejo vínculo. El de los cómplices, los oprimidos. Los sacos de golpes de toda una escuela a la que siempre despreciaron. Las ovejas negras de sus familias.
-A mí me llaman 'diosa de la destrucción'. Es menos elegante que el tuyo.- replicó.
-Te debieron llamar 'diosa de la decapitación'- replicó, pensando él todavía en aquella noche, y ella levantó una ceja de incredulidad. Qué pésimo chiste.
-Dime que eso no era un chiste.
-Es lo que hay- le dijo él, sorprendido de que hubiese perdido hasta eso también. - Lo perdí todo.
-Todo no. Estás completo- le respondió ella. – Y sé que no has desperdiciado el tiempo. Te traje algunas tonterías- dijo, y él abrió la caja que ella le había traído. Una pluma tornasolada. Vio la capa, y levantó las dos cejas, hasta quedar con un rictus de horror, encubierto en un gesto de preocupación.
-Mataste a Cookie.
-Por error. – dijo, bajando los ojos, y uniendo sus manos. – Me pidió que te dejara esto.
-Mataste al estúpido pavo. A mi pavo- respondió él, con una inflexión de furia en su voz, sin escucharla. – ¿Cómo?
-También lo decapité.
-Maldita sea, Kali.- dijo, mirándola, por primera vez, indignado.
-Se interpuso en el camino. – dijo ella negando con la cabeza repetidamente, y levantando las manos, como diciendo "ya qué puedo hacer".
-¿Y luego qué estabas haciendo?- le preguntó desconcertado. 'Cookie', el diminutivo un poco ridículo (que Voslstagg le había puesto) al pavo real del que él fue propietario… hasta ¿ese día?.
Cuando fue a visitar el mundo de los Devas, o 'la casa de Kali', como solía llamarlo (vivían a pocos eones de distancia), caluroso, húmedo, lleno de colores (muchos más que en Asgard), y lleno de criaturas extrañas, como esos pavos azules parlanchines, encontró al más inteligente de ellos, Chandraaditya Vishalakshi, nombre de rey. Ningún asgardiano podía pronunciar su nombre (en realidad, casi ningún nombre Deva completo), por lo que Volstagg lo resolvió con 'Cookie'. Era propiedad de Parvati, la hermana de Kali, pero esta se lo cedió (decía que era demasiado suspicaz). Y ella se lo había regalado a Loki, hacía años.
-Me estaban encerrando. Él no quiso que me hicieran daño, pero yo se lo hice a él. Reaccioné cuando murió en mis brazos. Yo misma tuve que terminar el trabajo.- dijo con voz triste, aquella diosa que podía, pensó él, dominar todo el mundo si quería, pero que aún se sentía culpable por ser lo que era. Eso era patético. Pero viendo la pluma del pavo a quien él hubiese considerado un gran sirviente, también creyó que ella tenía razón. Era su pavo.
-Te sientes culpable por lo que eres, Kali. Todavía. –dedujo, viéndola perdida en sus recuerdos. Siempre la conocía así, dudosa de su propia naturaleza corrupta. Esa que mutuamente se ayudaron a despertar (más él que ella).
-¿Tú no?- le preguntó ella mirándolo a los ojos.
-No tanto. Ya no.- le confesó, con una sonrisa serena, y de suficiencia. – Eso es liberador.
- Pero no sabes usarlo. Fuiste demasiado tonto- le respondió ella . – Además, maté a Cookie.- insistió.
-Está bien.- suspiró él, sinuosamente. - Dejemos a Cookie a un lado. Qué lástima. Habría sido una gran compañía- suspiró, mirando la pluma, para luego mirarla a ella, seriamente. –Dime por qué te encerraron.
-¿Por matar a toda mi escuela el día de la graduación, mientras tú me decías a quién decapitar? Solo por esa pequeña 'cosita' - le preguntó ella levantando las cejas, a modo de reproche. Él suspiró. Ah, sí, eso. Todas esas putas haditas muertas, las de la escuelita de encantos.
-Bueno, te trataban mal, y ellos me caían peor. Además, yo no fui el que te echó la sangre de jabalí encima.- justificó.
-Pero bailaste conmigo luego de la matanza, en medio del fuego y las cabezas de hadita. Solo tú habrías podido. Tipo raro.- le respondió ella apretando los labios. Él sonrió levemente, y puso su mano en el vidrio. Eso siempre había sido cierto, aunque el episodio le daba un poco de culpa. Porque lo que nunca supo Kali, es que él había orquestado lo de la sangre del jabalí para que ella dejase de ser humillada en su escuela de niñas. La máxima humillación cobraría todas las demás: ella debía liberar ese poder inconsciente que tenía, y que lo fascinaba. El caos, la crueldad en su forma pura. Irrefrenable.
-¿Por cuánto tiempo?
-No lo sé. Solo sé que llegué a mi mundo y me apresaron. Me transformé otra vez, maté a un montón de soldados de Shiva y mi tío, hasta que toda la familia intervino. Recuerdo que duraron días. Me colgué… las cabezas de cada uno de los que mataba como si fuesen un collar. Y recuerdo haber pisoteado a Shiva, lo hice néctar. Tenía todo mi pequeño pie encima de su pedante persona.
-Una tierna imagen para la posteridad- apuntó él, y ella volteó los ojos, pero sonrió, admitiéndolo.
-Digamos que de cierto modo lo disfruté.
Él la miró pérfidamente, y ella lo miró igual. Recordó la larga lengua, la boca roja, sonriente, los colmillos. Pero volvió en sí al ella retomar su historia.
- Cookie intervino, y ahí volví a ser yo. Me encerraron en un lugar muy parecido a este. Digamos que yo fui el sujeto de prueba.
-¿Debo felicitarte por eso?- preguntó Loki levantando una ceja.
-¿Tú que crees?- respondió ella, cruzándose de brazos.
-Que no debiste arrepentirte de nada de lo que hiciste, a excepción de Cookie, eso es lo que yo creo.- le confesó él sinceramente. Ella sonrió, sin esperar nada más.
-Ahí estás pintado- le dijo, y él le sonrió. Ella también hizo lo mismo. Ah, sí, cómplices mutuos. En conocimiento, ser apaleados y burlados, en crímenes y venganzas. Ah, aquellos tiempos... para que ella terminara tal como él, y él... contemplándola tras el vidrio.
- En fin, me encerraron como a ti, y Shiva, Rama, Hanaman …
-¿ Tu primo, el cara de mono?
-No seas cruel.
-Es un cara de mono. Es una cosa espantosa. Tu sobrino, el cara de elefante, por lo menos es racional- insistió Loki, y ella asintió, riéndose. Hanaman nunca había sido un ejemplo de belleza. Ganesha, en cambio, era un niñito inteligente.
-Sí, el cara de mono. Participó también mi tío, junto con el cretino de Krishna, venían todos los días a tratar de que yo dominara mi… cosa. – dijo ella avergonzada.
-Poder. Sin miedo. – insistió él, pero ella lo ignoró.
-Lo lograron, y yo lo logré. Lo controlé. Y me mudé. Luego de hacer todo lo que me impusieron hacer, te escribí, pero nunca contestaste.
-Lo siento, estaba demasiado ocupado con los chitauri.
-Y con la paliza del tipito verde…
-¿Hasta cuándo vas a recordarme eso?- preguntó él levantando el índice, contrariado, y mirándola con el rabillo del ojo. Ella alzó los hombros, cínicamente. Siempre se lo iba a recordar, porque le parecía increíble que una criatura tan básica hubiera vencido al que fue alguna vez el mejor de su clase. Al tipo como el que ella quiso ser desde que se conocieron, a los doce años.
-Es que no puedo creerlo. Tú, ¡tú! Tú, que me ganabas haciendo magia, que eras tan bueno desapareciendo, transformándote. Hubieras confundido al maldito coso, te hubieras metido en sus pensamientos hasta enloquecerlo. Pero…
-Realmente, no sé qué pasó. ¿No te ha pasado a veces que no tienes idea de cómo suceden las cosas? Creo que sí. El problema, es que salió todo al revés. Creí que sería como tú. Pero el monstruo se descontroló, y cuando pensé en todo eso, ya estaba chocando contra el piso. Y luego, cuando me levanté… estaban mi hermano y todos sus amigos apuntándome.
-Loki, el plan fue estúpido desde el principio.- dijo ella levantando las cejas, y hablando en un idioma distinto al común.
-Dime por qué.- le respondió él, en el mismo idioma. Sánscrito, el idioma de los antiguos Devas. Lo había aprendido gracias a ella. Y ella había aprendido el más alto de Asgard.
-Mira, no voy a poder hablarlo aquí. Pero ten la caja. Hay algunas cosas… que te servirán- dijo ella levantándose, prevenida.- Tengo que irme.
-Nunca respondiste a mi pregunta.- le dijo él.
-¿Cuál?
-¿Por qué viniste?
-¿Tú que crees? –insistió Kali.
-No puedo creer que sea afecto sincero. – respondió suave y sardónicamente.
-Eres el único amigo que he conocido. Deberías ser menos tonto, y darte cuenta… de vez en cuando… que no eres un sujeto tan solo. Y tan raro, y tan…- dijo ella, pero él se levantó, sinuosamente, y se acercó al vidrio.
-Me agradó verte.
-Por favor- dijo ella levantando una ceja.
-Es en serio. Gracias.
- Digamos que te creo. – dijo ella apretando los labios, con mirada escéptica.
-Con eso es suficiente para mí- respondió él. – Tres cosas antes de que te vayas.
-Dime- dijo ella, con una sonrisa suspicaz.
-¿Cómo hubieras dominado tú el Midgard?- le preguntó mirándola a los ojos.
-¿Midgard?- dijo ella, extrañada.
-Phrithvi, en tu lengua- le dijo, y ella asintió, comprendiendo.
-Vistiéndome como tú, pero no para someter a un pobre viejo, y golpear a otro con el bastón. Yo hubiera seducido al viejo. En mi caso, yacer con él, sacar una fortuna, dominar sus empresas, aliarme con otras, esclavizar a más gente, hacer que todo el mundo trabajara para mí. En Midgard, la gente se arrodilla con dinero, mi adorado Loki. En tu caso, negociar con él, llenarte de dinero, comprar corporaciones. Como lo aprendimos. Te lo traje en el libro sagrado- dijo señalando la caja, y él lo sacó: La revista midgardiana Forbes. Había más debajo.
-Interesante.
-Segundo, deshaciéndome de toda la competencia. Mintiendo, difamando, envenenando. Fuiste demasiado obvio.
-Creo que muy. Pero debes darme el crédito de que los hice pelear y dividirse. –replicó el asgardiano.
-No por mucho. Soy CEO en Zara y en AOL, en Prithvi manejo dos formas distintas. También pertenezco a los Illuminati y el partido republicano.*
-¿Republicano?
-Un grupo de alianzas donde… la gente… se alía con otra gente para dominar el mundo. De una manera más sutil, pero efectiva.
-Te ha ido bien.
-Hago lo que puedo- dijo ella, cruzándose de brazos. – En estos momentos mis dos formas están de vacaciones en algún lado.
- Debí mudarme contigo en vez de ir con los chitauri- reconoció Loki, suspirando. – Hubiese recordado todo eso. –Pero debes entender que yo era el Rey. Me dieron el trono, y me lo quitaron, así como así.
-Totalmente injusto. Para acotar, me sentí un poco incómoda. Volstagg no dejó de mirarme el trasero todo el tiempo.
-Yo también lo haría.
-Loki…- insistió ella, y él levantó las manos, haciéndose el inocente.
-¿Qué? es inevitable.- protestó. – Eres muy… - dijo examinándola y haciéndola sentir incómoda. – Admítelo: Ya no eres esa criaturita raquítica de ojos hundidos. Linda, pero… no como ahora. - le dijo de frente.
-Pero tú sí. Estás más pálido que una luna árida y blanqueada con polvo. Aunque me gusta tu pelo- respondió, y él sonrió. Los dos suspiraron, y ella cambió el tema.
-Mira, sé lo que es ser rechazado por los de tu propia familia. Tú también lo sabes. Recuerda que en Prithvi, por lo menos en la parte que nos adoran a nosotros, los Devas, también viven todos juntos por años**. Por eso me harté, yo también, de todo. ¿Crees que yo podría sola contra Shiva, Visnú, Krishna (ese maldito playboy), o Rama? Ni loca. Prefiero hacer lo mío antes. Prepararme antes. Eso te falta a ti, tontito. Además, reconozco que Asgard es impactante, ¿quién no querría ser rey?. Pero si quieres ser dueño del palacio… debes demostrar que sabes gobernar tu propia casita. Por tu propio bien: Sal de casa de tus padres.
Loki la miró incrédulo, y abrió los brazos diciendo "¿hola? ¿mira dónde estoy?"
-Voy a hacerlo en este preciso instante. Mírame hacerlo - dijo él dando una vuelta y mirando el espacio donde estaba encerrado. Ella volteó los ojos, irritada otra vez. No le gustaba cuando andaba en desventaja, y él siempre la trataba con sarcasmo.
- Está bien. Entendí, ya. En todo caso, mira la caja, tarúpido.
Él sonrió.
-Hace años nadie me llamaba así. Por lo menos no en mi cara.
-Siempre hay una segunda vez.- respondió ella. -¿Qué era la última cosa?
-¿Podrías dejarme la capa?
-¿Tenías alguna perversión extraña con Cookie?- le preguntó, y él apoyó el codo contra el vidrio, sonriendo. Ese humor hubiera escandalizado a la corte en Asgard, pero ellos dos solían hablar así, todo el tiempo.
-No puedo creer que sea afecto sincero- dijo ella, acercándose.
-Extrañaba al pavo. No te perdonaré eso.- le dijo , mirándola a los ojos, entre cómplice y acusador.
- Mira cómo me importa.- le dijo desafiante.
-No, en serio. El pavo me caía bien. Déjamela de recuerdo. Por favor.- le rogó.
-Bueno, todo sea por hacer feliz a un reo- dijo ella, y se quitó la capa. La dejó en el piso, y se alejó.
-Gracias por venir.
Ella alzó los hombros, y él la miró arriba abajo. Ella se dio cuenta al instante, y lo señaló.
-Mirón- le dijo, ya en medio de los guardias. Él alzó las manos, y ella le sacó su larga lengua. Él volvió a sonreír, para luego mirar heladamente a los guardias.
-¿Qué miran? Lárguense- les dijo, y se acurrucó. La criatura negra de los Devas, Kalika. Ella sí que lo había hecho bien. Era una belleza, indudablemente. Y sobre todo, su mejor amiga y quien fue su mano derecha en ese infierno que fue la Escuela de Dioses de Yggdrasil. Se supone que él debió haber sido como ella. Él debió triunfar al final, sobre todos esos bullys idiotas y bonitos. Pero había sido tonto. Ahora lo reconocía. Obvio. Ahora lo veía. ¿Desde cuándo había olvidado todo lo que había aprendido? Y ahora, llegaba a la temible edad sin perspectivas. Tenía mucho que leer, ver y qué pensar. Sacó una nota que había en la caja. Estaba en sánscrito.
"Recuerda cuando le dijiste a Hércules que los musculitos trabajarían para nosotros y que él terminaría con siete hijos, en una choza del Inframundo . Imagina a Volstagg así y sonríe"
Lo hizo. Su humor, tan inocente y cruel. Como el suyo. No había tenido esperanza hacía meses. Simplemente, no recordaba hacía mucho lo que era tener un amigo. Debió salir más, pero nunca lo hizo. Tomó una copa de vino, y solamente recordó cuando ese balón metálico los golpeó en clase de lucha, a los dos. Debía recordarlo para salir del hoyo, y de una vez, como dijo Kalika, de casa de sus padres.
Notas: La historia de Kali, la diosa hindú de la destrucción, es tal y como se cuenta en los libros mitológicos hindúes.
* Todas las asociaciones 'midgardianas' son ejemplo del mal, sobre todo de la explotación de las corporaciones.
** El modelo de joint family, tan común en las familias de la India (donde viven desde abuelos hasta generaciones enteras en un mismo lugar), lo apliqué para los Devas.
