Muchas gracias a los que comentaron, y bueno, a los que no comentaron pero si leyeron, también. Espero que este capítulo les guste. Lamento que el fanfic aún avance un poco lento pero como verán a continuación, está tomando un giro que espero, les agrade. De nuevo, gracias por leer :)
Ya que no podía moverse se conformó con dirigir sus pupilas hacia la figura del profesor. Aunque no lograba verle el rostro, confirmó inmediatamente sus sospechas. Algo no andaba bien. Nada de bien. Severus Snape estaba como petrificado mientras la apuntaba con la varita. Entonces, sintiendo como el miedo le oprimía el pecho, logró sacar la voz tratando de sonar lo más calmada posible.
-Profesor -comenzó, fallando estrepitosamente en su intento de parecer tranquila-, ¿Qué…
-Ha hecho usted algo verdaderamente estúpido, Granger -la interrumpió Snape como saliendo de un trance-. "Por Merlín" -pensó-, "como se supone que saldrá… como se supone que saldré de esto… No. Corrección. Como demonios la sacaré de esto…"
Finalmente, recuperando el control de sí mismo, decidió que no solucionaría nada quedándose de observador inútil. Por supuesto que no. Severus Snape no se quedaba de brazos cruzados sin hacer nada, aunque fuese una irritante Gryffindor quien precisara de su ayuda. Pero bueno, mal que mal él tenía la culpa, además ella era su alumna. Y que demonios; no podía negar que le quedaba algo de humanidad en el cuerpo, aun que aparentase lo contrario.
Llegó hasta el lado de la inmóvil estudiante y, pasando un brazo tras las rodillas y otro por la espalda, la tomó como si fuese una pluma. Rápidamente la sacó del pasillo para luego ponerla en un sillón de dos cuerpos que estaba en una esquina del despacho.
Hermione lo observaba sin salir de su sorpresa; ni en un millón de años se le habría ocurrido imaginar a su maestro de pociones cargándola, como a una damisela en apuros, para sacarla de alguna situación difícil. Le resultaba más sencillo imaginárselo soltando una sarta de frases hirientes cargadas de sarcasmo, mientras la llevaba a la enfermería para luego desaparecer sin decir palabra. Pero ahí estaba, recostada e inmóvil en un sillón de su despacho.
En ese momento Snape tenía que concentrarse para no acabar paseándose de un lado a otro como un león enjaulado.
-"Demonios Granger" -pensó-, "ni en sueños imaginarías en que lío te metiste... en que lío te metí" -se autocorrigió con fastidio.
Ah… detestaba sentirse culpable, porque la culpabilidad generalmente traía consigo la sensación de responsabilidad. Y él definitivamente no quería ser responsable de nadie. Sin embargo ahí estaba esa chica, mirándolo expectante y haciendo un evidente esfuerzo por ocultar su temor.
Tenía bien claro que no sacaría nada llevándola a enfermería. Madame Pomfrey no lograría diagnosticarla y si intentaba algo… quien sabe lo que podría pasar.
Entonces decidió hacer lo que era más cuerdo, y además desde un principio tenía más o menos claro que llegaría a esa conclusión. Dumbledore. Tenía que ir a hablar con Dumbledore. Pero un pensamiento ensombreció su resolución. Le había dicho que tendría una reunión con Potter. No tenía idea sobre que, pero por la expresión del director al comentárselo, dedujo que era importante. Sus ojos se dirigieron a un peculiar reloj que descansaba sobre su escritorio. Las nueve y media. La reunión tanto podía haber terminado como podía estar en su apogeo.
-Al diablo la reunión con Potter -masculló dirigiéndose hacía la puerta mientras Hermione lo observaba preguntándose si había oído bien y si era oportuno soltar la montaña de preguntas que se acumulaban en su garganta. Antes que decidiera, el profesor se giró bruscamente hacia ella-. Señorita Granger -comenzó con una voz increíblemente normal-, sería muy inteligente de su parte no entrar en pánico, sea… -se detuvo un momento para elegir las palabras-, sea cual sea la circunstancia-. Al ver la expresión de desconcierto en el rostro de la joven, comprendió que, después de todo, no eran las palabras más apropiadas, pero por el momento era la única explicación que le podía dar-. Yo iré a hablar con el director -y al ver como la chica separaba los labios para decir algo, se apresuró en agregar;-, volveré en seguida.
Y desapareció tras la puerta.
Se dirigió como un autómata hasta el despacho de Dumbledore, mientras inconscientemente inventaba excusas para la tamaña irresponsabilidad que había cometido.
-"Oh, vamos Severus…" -pensó-, "desde cuando te molestas en dar explicaciones…". Píldoras Ácidas -murmuró al llegar frente a la gárgola que, con angustiosa lentitud, le abrió paso a la escalera caracol.
Subió los escalones de dos en dos, y ya arriba se encontró de frente con Harry, quien iba saliendo de la habitación con una extraña expresión en el rostro. Lo saludó con un mecánico movimiento de cabeza, y el muchacho respondió con un ademán igual de seco.
Harry empezó a bajar las escaleras mientras se olvidaba fugazmente de todo lo que Dumbledore le había mostrado al recordar a una enfadada Hermione. Si Snape estaba ahí, seguramente el castigo habría terminado. Se preguntó si su amiga aun estaría enfadada… En fin; seguramente ya dormía. Suspiró encaminándose a su cuarto, con la cabeza llena de todas las cosas que Dumbledore le había mostrado. Lo peor es que sentía que no había entendido nada bien y necesitaba urgentemente hablar con alguien. Pensó en recurrir a Ron pero, al llegar al cuarto, vio al pelirrojo roncando boca arriba sobre la cama.
-"Muy bien" -pensó frustado-, "definitivamente tendré que esperar hasta mañana".
Snape contemplaba desde una silla frente al escritorio a un impertérrito Dumbledore, que lo miraba por sobre sus gafas de medialuna. El director de Hogwarts permanecía tan calmado que Snape sintió ganas de remecerlo por los hombros. Pero obviamente se contuvo y logró tener una apariencia casi tan impasible como la del anciano profesor.
-Bien, Severus. Supongo que tienes claro que tendrás que encargarte de buscar la forma de revertir el efecto de la poción -Snape, muy a su pesar, asintió-. Ahora el problema es que pasará con la señorita Granger mientras tú buscas como curarla.
El aludido evitó hacer una mueca de burla. "Curarla". Como si tuviese una enfermedad o algo así. Era muchísimo peor que eso.
-Queda una semana de clases antes de las vacaciones de navidad -continuó Dumbledore-. Me preguntaba si la joven podrá asistir a lo que resta de clases.
-Por su seguridad, y la de otros, es mejor que no -dijo Snape, sintiendo que era una respuesta obvia-. Principalmente porque no sé que potencia tendrá la poción, ya que no se puede decir que la terminé por completo. Si no fallé -. Por Merlín, cuanto deseaba haber fallado-, cumplirá su función pero no con toda eficiencia. Lo más probable es que haya lagunas en las que el efecto se anule momentáneamente. Fue una poción experimental -concluyó simulando perfectamente una despreocupación que estaba lejos de sentir.
-Creo que las "pociones experimentales" no van contigo, Severus -ouch, golpe bajo-. Me parece que lo mejor es no contarles a sus amigos -dijo el director cambiando de tema.
-¿Y que les diremos? -preguntó con tono indiferente; pero de inmediato se mordió la lengua. Había dicho "diremos"; eso era equivalente a ponerse a ponerse una soga al cuello.
-Les diremos -Al profesor le pareció oír un énfasis en la última palabra-, que por asuntos familiares la Señorita Granger debió volver de inmediato con sus padres -. Snape alzó una ceja con incredulidad-. Oh, tranquilo. Se lo creerán. La misma Hermione les enviará una carta para explicarles. Estoy seguro de que cuando tú le expongas la situación hará lo que ponga en menos riesgo a sus amigos.
-"Por supuesto" -pensó el profesor-, "muy Gryffindor: estúpidamente predecible y fiel a sus amigos hasta el final".
-Durante Navidad, definitivamente no podrá ir a la Madriguera -. Snape corroboró con un movimiento de cabeza-. Y… ¿San Mugo? -tanteó el director.
-No. No lograrán diagnosticarla a menos que se les explique… -Dumbledore negó desechando la idea-, bien, en ese caso, no sabrán que hacer, y no se que ocurriría si utilizan un tratamiento equivocado.
-En ese caso la chica deberá permanecer en Hogwarts. Aunque, ya que no sabemos la gravedad de la situación, lo mejor será que no se pasee libremente por el castillo. Después de todo algunos alumnos pasarán la Navidad aquí.
En ese momento Snape se tensó, como advirtiendo lo que venía. Porque… si la chica se quedaba en el castillo… pero no podía andar libremente por él… ¿Quién se encargaría de…
-Entonces -siguió Dumbledore, interrumpiendo sus pensamientos-, me temo que por ahora solo queda una opción. Tú tendrás que cuidar de ella, Severus.
Snape estuvo a punto de caerse de la silla. ¿Él… él cuidando de alguien? La idea sonaba absurda, y además, inquietante. Además, no era cualquier "alguien". Era Hermione Granger, una irritante sabelotodo, perteneciente a Gryffindor, y para colmo, amiga de Potter. Quiso decir algo, protestar. Pero solo consiguió abrir la boca y luego cerrarla sin emitir sonido alguno.
-Aparte -prosiguió el director decidido a lanzar toda la bomba de una vez-, ya que necesitarás saber que efecto tendrá la poción, me parece que lo más lógico es que conviertas una parte de tu despacho en un… "cuarto de huéspedes". ¿Qué opinas?
Aunque Dumbledore no le había explicado con todas las letras lo que debía hacer, el lo dedujo; si Hermione no podía salir al castillo tendría que pasar, día y noche en el lugar que le otorgaran. Y el lugar que estaba proponiendo, más bien imponiendo Dumbledore, era nada más y nada menos que su despacho. Entonces, la pregunta del director le llegó como un eco: ¿Qué opinas?... ¿Qué qué opinaba? ¡¿Qué opinaba?! ¡Que el mundo estaba de cabeza, eso opinaba!
Sintió deseos de lanzarle algo en la cara a Dumbledore, pero se contuvo. Con el rostro crispado y aun deseando que todo fuese un mal sueño, respondió:
-Está bien
-Entonces, será mejor que vuelvas con la joven, no sería bueno que entre en pánico.
El profesor de pociones se levanto y salió con la tentación de dar un portazo. Aun la situación no le cabía por completo en la cabeza. Iba a tener que compartir su espacio… durante semanas, con Hermione Granger. Se iba al demonio la poca paz que conseguía cuando a veces, estando allí, lograba olvidarse del mundo y de él mismo.
Hermione no podía más de la impaciencia. Pero no podía hacer nada, porque estaba inmóvil como si le hubiesen lanzado un "Petrificus Totalus". Hizo lo posible por no caer en la histeria, que amenazaba con apresar su mente. Además no sacaría nada, porque lo único que podría hacer sería gritar, y no se rebajaría a ese extremo. Aun asustada y preocupada, mantuvo la vista fija en el techo y luego se dedicó a recorrer el despacho dentro de lo que le permitía su campo visual.
Aburrida, empezó a contar los libros y los recipientes de las estanterías, pero desistió de inmediato. Entonces se dedico a relajarse concentrándose en su respiración, acompasada y tranquila. Cosa extraña ya que ella no se sentía así. De pronto, cayó en cuenta de que no podía siquiera controlar su respiración. Pensando en esto, recostada como estaba, tuvo que mirar hacia abajo para clavar la vista en su pecho, que subía y bajaba rítmicamente. Mientras contaba inhalaciones y exhalaciones, percibió un resquicio de algo negro subiendo por su un costado de su cuerpo. Una araña; fue lo primero que pensó con desesperación. Pero no… las arañas no se movían tan lento. Muerta de miedo, haciendo acopio de todas sus fuerzas para no gritar, observo como un "espeso" humo negro cruzaba su cuerpo de lado a lado. De pronto desapareció alrededor de su brazo izquierdo, y la chica rogó que hubiese sido producto de su imaginación. Pero no. Al rato, la misma cosa subía por el otro brazo, con la clara intención de repetir el proceso. Entonces Hermione distinguió que en el extremo el humo tomaba una forma. Estuvo a punto de desmayarse, y eso que ella no era de esas. ¿Era una serpiente de humo que la estaba envolviendo? ¿Serpiente… de humo?
Cerró los ojos con fuerza, deseando que fuese el miedo y lo extraño de la situación lo que la estaba haciendo alucinar. Aún no se borraba de su mente la imagen de la marca tenebrosa dentro de la botellita. Debía ser eso… seguro estaba entrando en pánico.
Volvió abrir los ojos con la esperanza de no ver nada fuera de lo normal. Pero ahí, apegadas a su cuerpo, vio dos delgadas columnas de humo. Y estuvo segura que esas extrañas ataduras se extendían hasta sus pies. Completamente angustiada dirigió la vista al techo y dejó escapar un gemido ahogado. Se mordió con fuerza el labio para no gritar. Justo en ese momento la puerta volvió a abrirse, y una silueta obscura se puso de pie a su lado.
Snape notó como casi todo le cuerpo de la joven desaparecía tras un montón de columnas de humo negro, y, arriba, enroscándose en su cuello como si la fuese a estrangular, estaba la cabeza de la serpiente, avanzando a una velocidad tan mínima que resultaba tortuoso de ver.
El profesor vio los ojos de la joven clavados en el. Todo su rostro, incluso su respiración, parecían sumergidos en un estado completamente apacible. Pero sus ojos… estaban llenos de urgencia, angustia, y sobre todo de preguntas. Preguntas que el tenía que responder. A pesar de eso, la chica no dijo nada. Snape adivinó que a pesar de tener tanto que preguntar, tenía miedo de oír las respuestas.
El profesor puso una silla a una distancia prudente, cada uno de sus movimientos seguidos por un par de ojos castaños, y se sentó, pensando que la joven que lo observaba probablemente no saldría de ese despacho en mucho tiempo… Pero era su culpa, así que se trago la impotencia y comenzó a hablar:
-Bien señorita Granger -dijo con voz monótona, sin saber muy bien como continuar-, veo que ya se ha dado cuenta que hay una serpi… una columna de humo enrollada en su cuerpo. Lo que le diré a continuación es para que no se ponga a gritar cuando ocurra, porque no conseguirá nada. La… columna de humo seguirá ascendiendo y se meterá en su boca -Bien, ya lo había dicho. Tomó aire mientras Hermione lo miraba horrorizada-, y luego entrará en su cuerpo, por completo, hasta librarla de sus ataduras. Cuando eso ocurra, recuperará la movilidad en un corto tiempo pero… por decirlo de algún modo. La serpiente -esta vez no logró reprimir la palabra-, se apoderará de usted.
-¡¿QUÉ?! -gritó sin poder contenerse más. Mantuvo los ojos fijos en su profesor deseando que todo fuese una broma, pero la seriedad que encontró en la mirada del mago, solo hizo que comprendiera cada vez más la gravedad de la situación-. ¡QUE ESA COSA SE VA A APODERAR DE MÍ! ¿QUÉ QUIERE DECIR CON ESO, PROFESOR? -, continuó al borde de la histeria, perdiendo toda la fuerza que había usado para contenerse, y perdiendo también todo el sentido común al gritarle a su profesor, con el que, sin saberlo aún, tendría que compartir muchos días más…
Snape inhaló y exhaló procurando mantener la calma. Después de todo no podía pedir que la joven se mantuviese impasible ante tal noticia.
-Granger, primero, está en mi despacho así que no se atreva a volver a gritarme -le espetó con voz amenazante-, segundo, no es seguro que su voluntad desaparezca por completo, lo más probable es que la posesión sea más bien débil, y tercero, me parece bueno que sepa que será consiente de todo lo que haga. Es decir, aunque que este realizando algo contra su voluntad estará como espectadora de sus… de las acciones que realice.
Hermione oía las palabras reverberando en su mente… "lo más probable es que la posesión sea más bien débil"… "será consiente de todo lo que haga"… "estará como espectadora"… Esta vez, no alcanzó a decir nada; la serpiente, deslizándose como una sombra, subió por su mentón.
Snape, tenso, observaba la escena, sintiéndose horriblemente impotente. Y él tenía la culpa. Él y nadie más. Y esa verdad le pesó como cemento cuando la boca de Hermione se abrió, sin que ella pudiese hacer nada para evitarlo, y la serpiente de humo entró, aumentando de pronto su velocidad.
Hermione sintió como algo helado se acumulaba rápidamente en su pecho. De pronto se detuvo de golpe y el frío comenzó a expandirse… a sus brazos, piernas, dedos, boca… a cada centímetro de su piel. A cada célula de su cuerpo. Pasados unos segundos, en los que se sintió como un témpano de hielo, la sensación de completa frialdad e inmovilidad fue menguando lentamente. Hasta que, por un segundo, se volvió a sentir dueña de si misma. Pero oh, error. Comprobó de inmediato que se movía… no porque ella lo quisiera, y sin poder evitarlo. Era exactamente como Snape había dicho. Espectadora de sus actos. Se sentía como si todo su ser, toda su voluntad, se hubiese replegado a un rinconcito de su mente, pudiendo solo asomarse a las ventanas que eran sus ojos para saber que pasaba, sin poder intervenir.
Se sentó y se desperezó ante la mirada de su profesor, que sostenía firmemente la varita bajo la capa. Completamente consiente de lo que hacía, pero sin poder evitarlo. Esbozó una sonrisa felina. Sus manos, moviéndose como guiadas por hilos invisibles, buscaron su varita. Entonces recordó que se le había caído en el pasillo. Fue como si le hubiese dado esa información a otra persona, que compartía con ella, su cuerpo, pero tenía todo el control. Esa "persona" se levantó con determinación en dirección al pasillo, pero una figura obscura se le plantó en frente.
La chica bufó con aburrimiento. Hermione, aterrada, notaba que se movía, gesticulizaba e incluso pensaba, sin poder evitarlo. Era una sensación horrible e indescriptible. Estaba ahí, dentro de su cuerpo, pero no tenía el control. Sintió la textura de la capa bajo sus manos cuando puso los brazos en jarras. Sentía también el aire entrando y saliendo por su nariz. Sentía como algunos rizos le caían sobre el rostro y deseo apartarlos, pero sus manos no le obedecían.
-Oh vamos -dijo, con una voz extraña. Sin duda era su voz, pero sonaba sedosa, casi seductora y… escalofriante-, necesito mi varita.
Su profesor negó con la cabeza sin apartarle la vista de encima.
-Señorita Granger -comenzó Snape, expectante- si esto salió como supongo, me puede escuchar.
La joven hizo una mueca burlona, mientras Hermione se moría de ganas de asentir como la cabeza, para confirmarle a su profesor que si lo escuchaba, pero su rostro lo único que hizo fue una mueca… una mueca que ella nunca le habría echo a un profesor. Y menos a Snape.
-Bien -continuó, tentado a decir "cinco puntos menos para Gryffindor", y es que no estaba acostumbrado a que sus alumnos lo tratasen así… más bien, un alumno nunca lo había tratado así-, le advierto que tendré que hacer algo que no le va a gustar, pero es por su propio bien… -estuvo a punto de agregar "y por el mío".
-Atrévase -dijo la chica, evidentemente desafiante para la zozobra de Hermione, que notó como su profesor estaba perdiendo la paciencia. Y con razón. Un hombre como él, ex-mortífago y seguramente temido por muchos, no debía a estar acostumbrado a que chicas de dieciséis años lo tratasen como un igual.
El profesor alzó una ceja, y Hermione comprendió que había aceptado el reto que ella, sin desearlo, le había planteado.
-Everte Statum -dijo Snape apuntando a la chica con la varita. Al instante, como golpeada por una fuerza invisible, perdió el equilibrio y cayó hacia atrás, sobre el sillón en que hace un rato estaba tendida. Cuando la joven se disponía a ponerse de pie, con una expresión de rabia en el rostro, el profesor volvió a agitar la varita-. Desmaius -dijo finalmente, y Hermione cayó, inconsciente, sobre el sofá.
