Disclaimer: Los personajes y lugares que aparecen en el fic no son de mi propiedad, a excepción de Casey Nayron, Anne Sullivan y todo lo relacionado con la Fundación Seward.


Capítulo 2¿Otra Navidad contigo?

En pleno centro de Londres se alzaba una casa de tres plantas de ladrillo rojo y con un gran jardín a su alrededor que los muggles creían abandonada. Y es que, tras echar un rápido vistazo al edificio se llegaba a aquella conclusión. El jardín estaba descuidado, con un césped que podría tapar a un adulto hasta las rodillas y con una hilera de árboles tan frondosos que ocultaban la pared de la casa que había tras ellos. La verja de hierro que rodeaba al edificio estaba muy oxidada y apenas quedaban algunos restos de la pintura azul brillante que seguramente la habría cubierto en sus orígenes. La casa en sí misma imponía respeto a todo aquel que la veía, a pesar de los cristales rotos en las ventanas, de las decenas de tejas que ya no tenía y del musgo que empezaba a trepar por las paredes.

Los muggles de aquella zona residencial del centro creían saber la razón de la permanencia de aquella casa, aún cuando de lejos se veía que desentonaba con el resto de casas de alrededor. Creían que los dueños de aquella casa eran una familia muy influyente que durante años se había negado al derrumbe de la casa, pero que tampoco deseaban habitarla. El rumor de que el edificio estaba encantado era más fuerte y creíble que cualquier otro argumento, y por eso poca gente se atrevía a pasar si quiera por al lado. Los muggles no se equivocaban en sus sospechas ya que la casa era el edificio más mágico de la zona.

Hacía más de treinta años que la casa pertenecía a una familia de magos que, a la muerte del último de sus miembros, había pasado a ser propiedad del Ministerio de Magia a fin de que todos los encantamientos realizados en ella sirviesen al mundo mágico. En 1965 el Ministerio cedió la propiedad al profesor Arthur Seward, quien la convirtió en una institución especializada en los estudios para la defensa contra la magia oscura.

Era una escuela conocida en todo el país e incluso más allá gracias a la calidad de sus enseñanzas y al creciente número de alumnos que cada año solicitaban una plaza allí. Después de recibir las excelentes calificaciones y una nota de la profesora McGonagall, a Remus Lupin y a Cassandra Nayron no les había sido difícil conseguir una plaza.

- Y no olvidéis que quiero el trabajo para el próximo jueves. – recordó el profesor Golsdawn antes de que sus alumnos abandonaran el aula.

Era un mago de 62 años que llevaba dando clases en la Fundación Seward desde que ésta había comenzado su andadura. Impartía la asignatura Protección y defensas mágicas, una de las más importantes ya que enseñaba todo sobre los métodos existentes para contrarrestar efectos de pociones, encantamientos y el ataque de seres y animales de origen maligno. En aquella clase los alumnos aprendían desde el encantamiento escudo más básico hasta las pociones más complicadas. Por ello, al ser una asignatura tan amplia era la que tenía más horas de clases y también más trabajos. Y ése último aspecto era el que no agradaba a la mayoría de los alumnos, como le sucedía a Casey.

- Es que aún no he terminado el trabajo de Contraembrujos y para el miércoles tenemos que entregar un resumen del capítulo dieciséis del libro de la profesora Surays. Y ahora esto. Me estoy empezando a agobiar. – bufó Casey cuando estaban saliendo del aula.

- Ya te dije ayer que empezaras con el resumen, pero preferiste irte a casa en vez de quedarte a terminarlo. – le recordó Remus con un tono que a la chica ya le era familiar.

- Me recuerdas a Lily cuando me perseguía para que acabase la tarea. – repuso la chica con una mueca.

Iban hacia el piso superior de la casa, donde estaba situado el pequeño comedor de la escuela, ya que aquel era su descanso para el almuerzo.

Aunque desde fuera parecía imposible que el edificio pudiese albergar una escuela por las dimensiones que tenía, la magia jugaba ahí un papel fundamental. La casa seguía teniendo sólo tres plantas hacia arriba, pero además contaba con tres plantas subterráneas y cada habitación era cuatro veces lo que aparentaba desde el exterior. Era la única forma de albergar a ciento veinte alumnos distribuidos en tres cursos.

En la clase de Remus y Casey eran casi cuarenta personas, de las cuales una minoría venía de Hogwarts ya que casi todos provenían de otras escuelas mágicas de países cercanos. Aún así, no se daban muchos problemas a causa del idioma.

El comedor no era tan grande como el de Hogwarts, ni la comida tan exquisita, según opinaba Casey. Consistía en una habitación enorme con dos mesas alargadas en los laterales y una mesa redonda más pequeña entre ambas, donde comían los profesores. Remus fue a sentarse en la mesa que estaba más alejada de la puerta y Casey se sentó frente a él.

Mientras comían estuvieron comentando las clases de aquella mañana y Remus volvió a insistirle a la chica para que no dejara todo para el último momento.

- Ya lo sé. – repitió ella con desgana. – Y ahora me tocará quedarme aquí en la biblioteca cuando acabemos las clases. ¿No podrías quedarte conmigo y así acabo antes?

- Ya sabes que he quedado con Sirius a la hora de salida. – Remus siguió comiendo sin mirarla porque sabía muy bien la cara de lástima que ella pondría para que él la ayudase.

- Pero si no vas no le va a pasar nada. Así va aprendiendo y cuando las chicas lo dejen plantado ya sabrá lo que se siente. – repuso Casey alegremente, imaginando lo divertido que sería ver a Sirius Black en una situación así.

- No voy a... – empezó a replicar el chico, que se vio interrumpido por la llegada de una lechuza.

Cogió el pergamino que el animal tenía en la pata y se dispuso a leerlo, extrañado. En los meses que llevaba en la escuela era la primera vez que recibía una carta, ya que normalmente las lechuzas llegaban a su casa y él leía las cartas cuando volvía después de las clases.

¿Cómo estás Lunático?

Ya sé que ayer nos vimos por la tarde, cuando Sirius y yo salimos de la academia, pero hay algo que tengo que proponerte y nuestro amigo no puede enterarse. Al menos no de todo.

Mis padres van a pasar la noche de Navidad en casa de un viejo amigo que va a hacer una especie de fiesta a la que yo, gracias a Merlín, no estoy invitado. Y como voy a estar solo había pensado que os vinierais a casa conmigo esa noche y hacer una fiesta en toda regla. En realidad la idea ha sido de Lily, que no quiere ir a casa del prometido de su hermana y le hace ilusión que estemos todos juntos, como el año pasado. A mí también me gustaría mucho porque este año nos estamos viendo poco y eso hay que remediarlo.

Y tú te estarás preguntando por qué Sirius no debe saberlo...

Es parte del plan que Lily y yo hemos confeccionado para que ni él ni Casey se echen atrás. Ella está a punto de recibir una carta que Lily está escribiendo ahora, donde le asegura que Sirius no vendrá a la fiesta. (No te preocupes, esta carta lleva un encantamiento personalizado y sólo la podrás leer tú. Si Casey la leyera vería una carta pequeña donde te pregunto qué tal va todo y poco más).

Y tu parte del plan viene ahora. Sé que esta tarde vas a ver a Canuto. Yo ya le he dicho que Casey no va a venir porque se quedará con su familia, pero no se ha quedado muy convencido. Tú tendrás que decirle después que has visto cómo Casey escribía la carta rechazando la invitación o algo por estilo para que se convenza. La idea es que ninguno de los dos sepa que el otro va a venir. Y los problemas que surjan cuando se vean en mi casa ya los solucionaremos en su momento.

Contéstame cuando llegues más tarde a casa, para decirme si tenemos que insistir más o si ya está más que convencido.

¡Ah! Y si Casey te pregunta algo, Sirius no puede venir a la fiesta ¿de acuerdo?

Saludos,

Cornamenta.

PD: Anne ya ha dicho que vendrá y tú estás obligado a venir también, así que nada de excusas¡que te conozco!

Remus terminó de leer la carta y la guardó en un bolsillo. Casey le miraba curiosa.

- ¿Y bien¿A qué viene esa cara de felicidad?

- Era una carta de James. – contestó el chico volviendo a su comida. – Nos ha invitado a pasar la noche de Navidad en su casa.

- A mí no me ha invitado nadie. – apuntó Casey frunciendo el ceño.

Pero Remus no tuvo tiempo de corregirla ya que llegó una segunda lechuza. Esta vez la carta que traía iba dirigida a la chica.

- ¿Seguro que Black no viene? – quiso asegurarse Casey unos minutos después, cuando ya había leído la carta que Lily le había mandado.

- ¿Qué dice la carta?

- Que no va a ir.

- Pues entonces así será, porque James me lo ha dicho también en esta carta. – aseguró Remus señalándose el bolsillo. - ¿Irás o no?

- ¡Claro que iré! Si él no va, yo me apunto. – Casey sonrió y siguió comiendo.

Faltaban veinte minutos para la siguiente clase.

Dos horas y media después Remus se despedía de la chica, que se iba a quedar en la biblioteca para acabar sus trabajos. Él se colgó la mochila al hombro y se colocó la bufanda antes de salir a la calle.

- Diez minutos más y te encuentras una estatua de hielo.- lo saludó Sirius, que estaba apoyado en el portón exterior del edificio.

Remus se acercó a su amigo y se saludaron con un choque de manos. El licántropo le dijo que no fuera tan exagerado, se ajustó la mochila y comenzó a caminar. Pero tuvo que pararse y darse la vuelta para ver por qué Sirius no lo estaba siguiendo.

- ¿Nayron no sale a esta hora también? – preguntó el moreno intentando sonar casual. Estaba mirando no muy disimuladamente hacia la puerta por la que Remus acababa de salir y de pronto, al darse cuenta de cómo habían sonado sus palabras, añadió. – Quiero decir, que vais juntos a clase y sois muy amigos. Así que pensé que la esperarías, por lo menos para decirle que hoy no vas a acompañarla a casa.

- Nunca la acompaño a casa Canuto. Vivimos en zonas distintas. – explicó Remus sin dejar de observar cómo su amigo volvía a mirar hacia la puerta. – Además, Matthew Jones vive en su misma calle y es él quien la acompaña a veces.

Sirius se volvió rápidamente hacia su amigo con el ceño fruncido. La última frase parecía haberle gustado muy poco, y eso que no sabía que Remus lo había inventado para ver cómo reaccionaba. Jones existía, pero iba un curso por delante de ellos y nunca les había dirigido más de tres frases, además, Remus desconocía dónde vivía.

- ¡Ah! Entonces ya se habrán ido, claro. Aunque no los he visto salir... pero... – Sirius divagaba. No sabía qué decir para no parecer lo que su amigo estaba pensando.

- No han salido. – reveló el licántropo con cierta satisfacción. – Casey tenía que terminar unas tareas y me pareció verla con Jones en la biblioteca.

Sirius miró otra vez hacia la puerta y le sonrió a una chica que estaba saliendo. Se dio la vuelta y comenzó a caminar junto a su amigo. Pronto empezó a preguntarle por las clases, los trabajos... para desviar cuanto antes la opresión que tenía en el estómago. Pero Remus, aunque le seguía la corriente, se había dado cuenta del cambio que su amigo había experimentado al decirle aquello sobre Casey.

Hacía mucho que había notado que Sirius se sentía de una manera extraña con ella, aunque nunca lo confesara. A veces, Remus llegaba a pensar que su amigo no tenía ni la más remota idea de lo que estaba ocurriendo en sus sentimientos y, como era tan orgulloso, jamás aceptaría que quizás estaba sintiendo algo distinto por Casey. Y si no lo aceptaba no se iba a dar cuenta de lo que significaba aquella opresión en el estómago.

A lo mejor era cuestión de tiempo, como le había dicho James la primera vez que hablaron del tema a espaldas de Sirius. Y sin embargo, el tiempo pasaba y el chico le hacía ver al mundo que cada día soportaba menos a Casey.

Los dos amigos pasaron la tarde dando vueltas por el Londres muggle, comprando algunas cosas y paseando entre los adornos de la Navidad que se acercaba.

- Supongo que James ya te habrá avisado de la fiesta ¿no? – preguntó Sirius cuando pasaron por una tienda de ropa cuyo escaparate estaba demasiado adornado.

- Sí, me mandó una carta esta mañana. – afirmó Remus. – Me apetece mucho pasar ese día con vosotros, como hacíamos últimamente en el colegio. ¿A ti no?

- Sí que me apetece... aunque no sé si voy a ir.

- Casey no va ¿no te lo ha dicho Lily?

- ¿Seguro que no irá? Que cada vez que nos vemos acabamos peor y no me gustaría fastidiaros la fiesta, y menos en casa de James. – se apresuró a decir Sirius.

- Casey me lo dijo esta mañana. – reiteró Remus. – Va a pasar las vacaciones con su familia.

- ¡Oh! Entonces... entonces sí que iré. – anunció Sirius con jovialidad. – Lo vamos a pasar genial.

- Sí, todos juntos como...

Remus no pudo continuar con la frase. En la acera de enfrente acababa de ver a una chica de mediana estatura, delgada y con un sencillo recogido en el cabello negro y rizado. Iba a acompañada por un chico alto y de pelo castaño. Ambos iban cogidos del brazo, riendo.

Sirius miró hacia el mismo lugar y rápidamente volvió la vista para observar el gesto sombrío en la cara de su amigo. Aquella chica era Anne, e iba tan pendiente de su acompañante que no se percató de la presencia de dos de sus amigos a tan sólo unos metros de ella.

- Anne parece que... parece que está ocupada. – titubeó Remus volviendo a la realidad. – Será mejor que sigamos y no le digamos nada.

Sirius asintió en silencio y siguió a su amigo, que avanzaba ahora con paso ligero.

Remus casi no habló durante el resto de la tarde.

Mientras que Sirius había aprovechado la tarde para ver al licántropo, James y Lily habían salido de la academia y se habían ido a la casa del chico.

Ahora estaban en una acogedora sala del piso superior de la casa. La habitación era la biblioteca del padre de James, quien tenía la lectura como una de sus grandes pasiones. No era muy grande y las estanterías repletas de libros que cubrían casi tres de las cuatro paredes ayudaban a la sensación de que la estancia pareciese más pequeña de lo que en realidad era. En la única pared que quedaba libre brillaba el fuego de una chimenea de mármol gris.

A través de la única ventana de la habitación (situada en el hueco que habían dejado entre dos estanterías) podía verse cómo el sol se escondía para dar paso al anochecer. Parecía que hacía bastante frío en la calle y el cielo estaba tan despejado que tal vez nevase durante la noche, pero James y Lily no sentían ese frío. Ambos estaban sentados en el sofá que había frente a la chimenea, con varios libros y pergaminos esparcidos sobre la mesita que tenían delante.

Habían ido allí a terminar un par de tareas pendientes de la academia y, una vez acabadas, se habían quedado sentados en el sofá, mirando el fuego. Lily tenía la cabeza apoyada en el hombro de James, y él rodeaba a su chica con los brazos.

- ¿Crees que funcionará nuestro plan? – murmuró Lily después de un rato en silencio.

- Estoy seguro que vamos a estar los seis en la fiesta. – respondió James agachando la cabeza para darle un beso en la nariz.

- Casey se va a enfadar mucho conmigo por haberle mentido.

- Sirius probablemente también se enfadará. – repuso el chico con serenidad.- Pero dudo que el enfado les dure toda la noche, a lo sumo nos dejarán de hablar un par de horas, pero nada más.

- ¿Tú crees? – insistió Lily levantando la cabeza y acariciando el cabello indomable de él. – Los dos son muy orgullosos y cuando se sientan 'traicionados' les va a costar perdonarnos.

- Con las chimeneas, las puertas y las ventanas bloqueadas y sin varitas no les va a quedar otro remedio que permanecer aquí. Acabarán por olvidarlo.

James sonreía con un brillo malicioso en la mirada que a Lily le recordó a su época de travesuras en el colegio. Acercó su rostro al de ella y se besaron lentamente.

No se oyeron las palabras 'te quiero' de ninguna de sus bocas porque no eran necesarias. A esas alturas habían aprendido que demostrar su amor era más sencillo y más sincero que intentar decir las palabras. Una caricia que erizase la piel, un gesto sin traducción en ningún idioma, una mirada cálida y cargada de significados, un beso inocente y a la vez revelador era todo lo que ellos necesitaban para gritar al mundo en silencio que se amaban, que eran una sola alma con dos mitades. ¿De qué servían las palabras si sólo con mirarse a los ojos ya se lo decían todo?

Cuando media hora más tarde la señora Potter abrió la puerta de la habitación con sigilo, se quedó allí parada observando con ternura la escena. James y Lily volvían a estar abrazados, ella con la cara medio escondida en el cuello de él y James con los ojos cerrados y acariciando el cabello espeso de ella. Dorea Potter quiso abandonar la estancia y hablar con su hijo más tarde, pero se le escapó un suspiro y James abrió los ojos. No se enfadó ni se avergonzó porque su madre le encontrara de aquella forma con Lily, al contrario, esbozó una sonrisa en la que su madre leyó toda la felicidad que siempre había soñado para su hijo.

La mujer se acercó silenciosamente a ellos, para no despertar a Lily, que parecía dormida. Dejó un pergamino atado con una cinta azul sobre la mesa y antes de marcharse cruzó una mirada con su hijo. Él seguía sonriendo cuando dijo 'gracias' sin emitir un sonido. Dorea le sonrió en respuesta y salió de la habitación.

Con todo su pesar, James tuvo que apartarse un momento de Lily para alcanzar la carta. La chica, que no estaba dormida, abrió los ojos y se acomodó de nuevo sobre James cuando él hubo cogido el pergamino, lo abrió y leyeron la carta juntos.

James, Lily ¿cómo estáis? (No preguntéis, porque vosotros sólo os separáis cuando Lily se va a dormir a su casa. Y como todavía no es hora de dormir asumo que todavía estaréis juntos).

La idea de la fiesta me parece magnífica y prometo que estaré allí, nada de excusas esta vez.

Canuto está plenamente convencido de que Casey no va a ir y, aunque sólo aceptó asistir a la fiesta cuando le aseguré que ella no iría, creo que no le terminar de agradar la idea de que sólo estemos nosotros cinco.

Hemos hablado varias veces del tema y ya sabéis lo que pienso de la actitud que Sirius tiene con ella, pero creo que la noche de Navidad vamos a necesitar de toda nuestra paciencia para aguantar los reproches cuando esos dos se vean. Habrá que empezar a pensar una solución (¿Lo de encerrarlos en una habitación sigue estando en pie?).

Por cierto Lily, si Sirius te pregunta por casualidad por un tal Jones síguele la corriente y dile que es amigo de Casey. Cuando salí de la escuela Canuto me preguntó por ella (quiso hacerse el casual pero fracasó estrepitosamente) y me inventé que ella y ese chico (Matthew Jones) eran amigos para ver cómo reaccionaba.

Yo sólo dije que a veces la acompañaba a casa porque vivían muy cerca, no insinué nada más, pero creo que Sirius piensa que hay algo más que amistad entre ellos. ¡Tendríais que haber visto la cara que puso! El día que consiga tragarse el orgullo tan grande que tiene, aceptará que está colado por ella.

Espero veros pronto, y no olvidéis contarme vuestras ideas para el desastre que se avecina en la noche de Navidad.

Un abrazo,

Lunático.

- Así que Sirius está celoso. – rió Lily cuando terminó de leer la carta.

- Si lo encerrásemos con Casey a lo mejor le diría lo que siente. – pensó James en voz alta.

- ¿Qué le va a decir si él no sabe lo que siente? – Lily puso los ojos en blanco y suspiró. – Va a ser una noche difícil.

- Va a ser muy divertida. – opinó James dándole un sonoro beso en la mejilla. – Venga, que te acompaño a casa.

Recogieron los libros y pergaminos y bajaron a la entrada de la casa. Mientras James cogía los abrigos, Lily se acercó a la sala de estar para despedirse de los padres de su novio. Una vez abrigados, los dos salieron a la calle y anduvieron unos doscientos metros cogidos de la mano. La protección de la casa llegaba hasta aquel punto para evitar apariciones indeseadas. Cuando llegaron a la esquina de la calle, el punto de aparición más cercano, ambos desaparecieron después de esconderse tras un árbol enorme para que nadie los viera.

James y Lily se besaron por última vez aquel día en la puerta de la casa de los Evans. El chico esperó a que ella cerrara la puerta para darse la vuelta y bajar los escalones. Dos minutos más tarde volvía a estar tras el árbol enorme que había cerca de su casa.


N/A¿Y? La fiesta de la noche de Navidad parece que será... movidita por lo menos jeje. Todo eso lo veremos en el siguiente cap que espero poder subir antes de las vacaciones de semana santa... las clases me están ocupando más tiempo del que había previsto.

Quiero daros las gracias a todas las personas que me habeis dejadorr's, porque sois geniales y porque me alegro un montón cada vez que abro el correo y veo el aviso de otro rr nuevo

Así que os mando un beso enorme a cada una!

Muchas gracias y hasta la próxima!

Nasirid