Y seguimos con la locura...
Parte 2: Pinocchio.
-¿Estas bien, Takao? –pregunto de nuevo, sin soltarme. Tuve que subir mi cabeza para poder verlo bien.
-Estoy bien, Shin-chan. –respondí.
...
Suspiró, como aliviado. Un atisbo de preocupación paso por sus ojos… ¿o fue solo mi imaginación? Luego de unos segundos, que parecieron horas en silencio, finalmente me soltó. Su mirada se fue hacia el chico de la máscara que ahora se encontraba en el suelo. Le jalo el brazo y lo puso de pie.
-Siete, nueve, tres. –pronuncio, lo que parecía ser el número de Kaneki. -¿Qué le estabas haciendo a cuatro, creo, dos? Muy claro te advertí que no te metieras de nuevo en problemas. Arima dijo que te quitarían la máscara, ¡y tú vas y atacas al nuevo! ¡¿Qué carajo está mal contigo?! –le grito, dando un puño a la pared. Se estaba contiendo de golpearlo, lo sé por la manera en que cerraba sus puños, furioso, y se alejaba del muchacho.
-Señor, yo…. Yo…lo siento. –trataba de decir por lo bajo, el peliblanco.
-¿Qué sientes? ¿El hacerme enojar cada dos por tres o el estar constantemente metido en una riña? Si tuvieras un poco del respeto y admiración que dices tenerme, ¡entonces no estarías causándome más problemas! –le gritó. Lo miraba con rencor. Kaneki se encogió, ahora parecía más pequeño que antes, lo miraba desolado.
-Yo…yo…-
-¡Nada! Te di mi confianza, y hable para cambiarte de pabellón, pero ya veo que nunca aprendes. –se ajustó sus lentes, y saco un pañuelo de su bolsillo. Se limpió la sangre que tenía en su mano izquierda, la cual había impactado antes en la pared.
-¡Oficial Nishio! –bramó, Midorima. Un sujeto delgado, con gafas, unos cabellos claros sobresalían un poco de su gorra. Al parecer había estado observando todo el asunto y en ningún momento intervino. "Vaya pedazo de oficial."
-¡Sí! Señor. –dijo, acercándose a donde estábamos nosotros, estaba temblando. Parecía asustado… ¿de Kaneki o de Shin-chan? ¡¿Shin-chan?! En qué momento había comenzado a llamarle por aquel apodo, de manera cariñosa. Me sonroje ante aquel dilema, yo no era cercano al oficial peliverde o nada por estilo, solo necesitaba que me follara. Mátenme, ahora.
-¿Nishio? ¿Qué hace la mierda de caballo en este pabellón? –fue Kaneki el que hablo ahora, observando al recién llegado.
-Oi, ¡Imbécil! –le gritó el oficial.
-¡Kaneki! ¡A callar! – Shin-chan lo fulmino con la mirada, hasta a mí me dio miedo. –Oficial, por favor escolte a siete, nueve, tres a la celda doce en el pabellón de asilamiento. –le dijo al castaño, este lo miro asustadizo.
-¡No! ¡Asilamiento no! –Kaneki tomo a Shin-chan por un brazo. "¡Apártate de él, imbécil!" Y como si hubiera escuchado mis palabras, Shin-chan se soltó de un manotazo.
-Escúchame bien. He sido muy, muy condescendiente contigo, y ya me harté. Me tienes hasta la coronilla, entiendo que seas como un hijo para Arima pero no te daré el poder de andar haciendo lo que te venga en gana. Y como si fuera poco, te metiste con el reo equivocado. –lo miraba furioso.
-¡Yo solo trataba de defenderte de este infeliz! –bramó el de la máscara. "¡Infeliz tu abuela!", rodé los ojos.
-¡Por Dios! No me hagas reír. –le calló Shin-chan. –Y no creas que no se lo hare saber a Arima, ya es suficiente. Como amigo y compañero que es, le informare de tus faltas. No te las paso más, Kaneki. –y con una última mirada filosa. –Nishio, llévatelo.
-S-s-¡Si, señor! –tartamudeó el oficial. –Andando, siete, nueve, tres. –lo empujo.
-¡No me toques, imbécil! –le grito. Oh, oh, gritarse a un oficial era un delito aquí. Y así, fue como se ganó un puño de Shin-chan.
-Respeta a las autoridades. –lo fusilo con la mirada. –Andando, cuatro, cero, dos. Te escoltare hasta tu celda. –me miró. No sé por qué, pero sentía que por alguna razón se estaba preocupando por mí. ¿Tenía malas intenciones? No, no, no… eso no era. Me sonroje pensando en lo que iba a tener que hacer con él.
-¿Takao? –inquirió, sacándome de mis pensamientos.
-Sí, señor. –dije sin más. Y comencé a caminar a su lado.
-¡El solo está tratando de meterlo en problemas! –grito detrás de nosotros en de la máscara, el oficial Nishio lo detuvo de acercarse a nosotros. -¡No se deje engañar por ese infeliz!
-Dos semanas, aislamiento. Sigue así y será todo un mes. –y con una última mirada, se dio la vuelta y comenzó a andar.
Avanzamos en silencio por los pasillos, subimos escaleras, seguimos caminando, en un silencio sepulcral. Fue el general el primero en romper aquella niebla.
-Y bien, ¿Qué sucedió allá atrás?
-Nada, señor. –mentí.
-¿Nada? Y porque razón, debía sujetarte contra la pared y romper su máscara. Takao, ¿Qué sucedió? –me dijo de nuevo, pero esta vez se detuvo y poso una mano en mi hombro para que me detuviera.
-Na-na-nada, ¡señor!
-Estas tartamudeando y ocultas la mirada. –me llevo hacia un pasillo más alejado, en aquel no había celdas, solo algunas oficinas que debían estar desocupadas para aquellas horas. Tomo mi barbilla y subió mi rostro. Ojos verdes, acusadores. -¿Qué sucedió? –dijo al fin.
Trague fuerte. –Nada, señor. El simplemente se acercó a mi cuando iba caminando. No le provoque o dije algo que lo hiciera molestar. –me estudio por unos segundos, bajando su mirada.
Finalmente, me saco de aquel pasillo y seguimos andando. –Te la dejare pasar esta vez, cuatro, cero, dos.- dijo, haciendo énfasis en mi número. Eso era yo en aquel lugar, un número. -¿Qué estaban haciendo a estas horas fuera de su celda? –pregunto de nuevo.
"¡Mierda! ¿Qué le iba a decir? ¿Qué venia de una reunión de bandas? Joder, joder, joder… ahora si estoy frito."
-Responde. –ordeno.
-Iba al baño. –mentí. Esta vez, no fue por el hombro. Me tomo por el codo fuertemente, girándome para verlo.
-¡Responde! –ordeno de nuevo. Su mirada acusatoria. –Estas mintiendo, y no te conviene hacer enojar a un oficial de alto rango. Responde, Takao. No lo diré de nuevo.
-Señor…. –respire profundo. –Estaba en la enfermería. –mentí de nuevo. Mejor dejo de hacer esta mierda, solo me meten en más problemas.
Su agarre a mi brazo fue más fuerte. Me dolía. Su mirada mordaz seguía fija en mí. –Se…ñor? –me atreví a subir la mirada.
-¡Deja de mentir! No tienes ninguna venda y sigues teniendo rastros de sangre en el cabello. ¿Crees que soy estúpido? –escupió furioso.
-No, ¡por supuesto que no!
-¿Entonces por qué no me dices la verdad? Te di una oportunidad para confiar, pero ya veo que no te importo. –Me soltó el brazo, miro su reloj. – ¡Mierda! La reunión. –se acomodó el traje. –Takao, te veo mañana en mi oficina, hora del almuerzo. –Y sin más, se alejó de mí.
-Por cierto, más te vale no faltar… si sabes lo que te conviene.-soltó esto último, mientras seguía su camino.
Estaba temblando, mis piernas parecían gelatina. ¿Y ahora qué coño le iba a decir mañana? Suspire frustrado, y seguí mi rumbo hacia la celda. Estaba agotado, aquel día había sido jodidamente molesto.
Me pare en frente de la puerta gris, tenía el número "1-4-8" enmarcado en letras negras sobre la puerta. Subí mi manga, y deslice mi brazalete por lector que estaba al lado de la puerta. Una vez registrado, ya no podría volver a abrir esa puerta en toda la noche, hasta que sonara el timbre del día siguiente, para que saliéramos a laborar.
Me quedé estupefacto. Un sujeto de cabellos morados, tez blanca, y overol naranja. Olfateaba un pañuelo de una manera… muy repulsiva. Casi vomito ante aquella escena. Parecía un sádico oliendo unas pantis. "¡Abran la maldita puerta, sáqueme de aquí!" gritaba en mi subconsciente.
-¡Dolce!-dijo el extraño sujeto. Cuando se dio cuenta de mi presencia, dejo su asqueroso acto y se giró a verme.
-Bonjour Monsieur. –añadió este. Ni cojones que me dijo. –No sabía que tendría un compañero de celda tan… adorable.-juro que casi vomito ante escuchar la manera que dijo "adorable". Perfecto, otro marica de compañero, justo lo que me faltaba. Pase por su lado, ignorándolo. Y me dedique a subir la escalera de la litera, me gustaba dormir arriba.
-Sí, bueno. Yo no quería tener un compañero de celda. –dije. Y era la verdad, es extraño que un reo estuviera solo, pero en mi poco tiempo ya me había acostumbrado y no quería a nadie para estorbar mi silencio.
-Eso me dolió, Monsieur.-dijo este.
-Lo que sea. –en ese momento se apagaron las luces, dejando solo un bombillo de emergencia, el que se encontraba arriba de la puerta, encendido. Esa era la hora del toque de queda, todo preso debía encontrarse en su celda, y no se encenderían hasta de nuevo mañana temprano.
-Nuevo. –le dije.
-Tsukiyama Shuu, para servirle. Y déjeme decirle que no soy nada nuevo. – resortes rechinaron, debía ser él, en la cama de abajo.
-Uhm, pues yo no te he visto por aquí. –añadí.
-Confinamiento.-
…
…
…
¡JODER! Estaba gritando internamente. ¿Esto es una broma? Debe ser una puta broma. Un compañero nuevo… no es nuevo, y venia saliendo de confinamiento, en el tiempo que yo estaba llegando. ¿Habrá estado involucrado en esa pelea? ¿Sería del bando de Imayoshi?... ¡¿De Hanmiya?! Joder, joder, joder. Dios que estas en los cielos, Jesús, madre, padre, abuela, abuelo, todos los difuntos santos de la familia Takao, no permitan que este tipo me viole.
Escuche una risa.
-¿Asustado, Kazunari? –trague saliva. ¿Sabía mi nombre? Casi me hago pipi. -¿Estas asustado?
"¡Por supuesto que no! Cabron." Y eso fue sarcasmo.
-No tengas miedo, Kazunari. Sin ofender pero, no eres mi tipo. –juro que por un segundo estaba aliviado. Sentí que podía respirar de nuevo, hasta que dijo:
-Hanamiya me dijo.
-Padre nuestro que estas en los silencios, santificado sea tu nombre…
Se escuchó de nuevo su risa. -¿Eres religioso? Eso no me lo dijeron. –añadió divertido.
-¿Qué sabes de mí? –pregunte.
-Todo. Desde antes de que llegaras aquí, my dear. Hasta sabemos que tienes diabetes. – y esto fue una mentira, ahora era yo el que se estaba riendo.
-Parece que ya estas mejor, ¿no? –Añadió. –Bueno, no tengas miedo, yo no te hare nada. Como dije antes, no me interesas. Nos llevaremos muy bien, Kazunari. –no sé si lo decía en serio, o trataba de asustarme más.
-¿Es cierto que estas con el general Midorima? –dijo este. Mierda…
-Si… ¡Sí! así es. –dije lo último, tratando de sonar convincente. Risas de nuevo.
-No te creo.
-¡Pero es la verdad! –le grite. Mentira tras mentira, asome mi cabeza para verlo en la cama de abajo. Estaba recostado con un libro a su lado, no vi bien de que era. ¿De dónde coño sacó un libro? ¿Cómo siquiera la gente puede conseguir algo, en este lugar? Decidí mejor no preguntar, la respuesta me asustaría, de seguro.
-Mentiroso, mentiroso. Pinocchio, te crecerá la nariz. –Perfecto, ahora me comparaban con un muñeco de madera. Rodé los ojos ante su comentario.
-Como sea, me importa un bledo lo que pienses. –me acomode de nuevo en mi cama.
-Kazunari, solo te digo una cosa… si vas a estar chupándosela a un oficial de alto cargo, ándate con cuidado. –añadió esto último y se sumó en el silencio. Ninguno habló de nuevo, esa noche.
Ya debía ser de día, el timbre que indicaba la hora de levantarse sonó, las luces se encendieron. Bostecé, un crujido se escuchó de la cama de abajo. ¿Eh?
Claro, ahora tenía un nuevo compañero… y de la banda de Hanamiya. Perfecto.
Me limpie un poco los ojos y me baje de la escalera. Gire a ver si seguía dormido, y me encamine al urinario que se encontraba en la esquina de la "habitación". Wa, nada mejor que ir al baño por la mañana.
-Linda manguera, monsieuir. –escuche una voz.
-¡Hijo de puta! –le grite. Mientras me subía el cierre del overol rápidamente. Se escuchó su risa.
Lo ignore y fui a la mesa de metal que estaba en la celda. La cual traía dos gavetas. Abrí la primera sacando mi cepillo de dientes, un overol limpio y jabón. Tome la toalla que estaba a un lado, y coloque mi brazalete en el lector, para abrir la celda.
Camine rápido hacia las duchas, dejando atrás de mí a la celda y al depravado que en ella se encontraba.
-Kazunari, ¡espera! –sentí pasos apresurados detrás de mí. Mierda, era Tsukiyama. Se encontraba a mi lado. –Que cruel, no me esperaste, compañero. Rompiste mi corazón. –poso un brazo por mi hombro, lo aparte.
-Idiota, eso te pasa por meterte con mi polla. –lo fulmine con la mirada.
-¿Por qué? ¿Solo se puede meter con ella el general? –se rio de mí, en mi cara. Bastardo, infeliz. Me puse rojo como un tomate ante su comentario.
-¡No, imbécil! –me aleje de él rápidamente.
Finalmente llegue a las duchas. Que suerte que no habían muchas personas, me quite el overol quedando solo en bóxer, gire a los lados a ver si no se encontraban algún idiota dando miraditas raras. Tome la toalla y las cosas y me aleje rápido hacia una de las duchas. Vi a Miyaji.
-Tak- no me importo, lo ignore. Entre a una de las taquillas y agradecí como el infierno que tuvieran seguro por dentro. La cerré y coloque mis cosas. Abrí la ducha.
Me quite la ropa interior y la colgué. Estaba de suerte, dentro alguien había dejado una pasta de dientes. Aplique en mi cepillo, mientras el agua me caía por el cuerpo. Estaba helada, pero no importo, quería relajarme un momento.
Me puse a pensar en cómo se supone que me acostaría con el general. Me dio escalofríos de solo pensarlo. Hoy debía ir a su oficina asi que… ¡No! Ni en un millón de años, ¿Cómo se supone que este con un hombre? Yo soy heterosexual. Admito que era atractivo, no debía pasar de unos 28 o menos, su espalda era ancha, y ese trasero, uh…. ¡No! Soy heterosexual.
Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Esas piernas… sus labios carnosos, ¿Qué sabor tendrán?
¡No! Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual. Soy heterosexual.
Y así me repetí este mantra mientras me duchaba. Alguien toco la puerta.
-Kazunari. –dijeron. Oh, oh. –Kazunari, sé que estás ahí.
-¿Qué quieres? Akashi. –dije, mientras me sacaba el jabón.
-¿Cuándo? –pregunto.
-¿Cuándo, que?
-¿Cuándo nos vas a demostrar que tienes algo con el general? –dijo, sobre el ruido del agua. –Ya sé que tienes un compañero nuevo, y no me emociona la idea de saber que Hanamiya tiene el ojo puesto en ti.
¿Cómo sabia eso? Bueno, es Akashi. Lo sabe todo.
-No lo sé…-dude.
-Imbécil. –me grito.
-¡Oi!
-Una mierda, ¿Cuándo? No lo preguntaré de nuevo.
-…
-¡Kazunari! –grito, golpeando la puerta.
-Hoy…-dije, sin más.
-Bien. –escuche pasos, creo que se había ido.
Frustrado, cerré la ducha. Tome la toalla y me seque. Recogí todo y me apresure a salir a cambiarme. Llegue rápidamente a donde había dejado mis cosas. Estaban comenzando a llegar más personas. Me vestí rápido y salí de aquel lugar, disparado hacia mi celda.
En el camino me encontré con algunos oficiales, haciendo su ronda diaria. Entre en la celda y deje mis cosas.
-¡AH! Vaya mierda. –estaba frustrado. Ahora, ¿qué haré? No me queda nada más que esperar lo peor.
La hora del desayuno llegó, permitiéndonos salir de nuestras celdas, de nuevo. Tsukiyama nunca llego, eso fue extraño. Salí rumbo al comedor, a buscar la masa grisácea impostora de comida.
En mi camino me encontré con el General Jaegar, era el que dictaba los días de trabajo en aquel lugar.
-Cuatro, cero, dos. –me llamo. Aquel moreno de ojos verdes.
-Señor. –salude.
-Hoy te toca día de trabajo. –me dijo, mientras revisaba la lista que tenía en sus manos.
-Sí, señor. ¿Qué labor es la de hoy?
-Te toca servicio comunitario. –me dijo. -Repórtate inmediatamente al terminar tu desayuno, en el pabellón C, limpiaran el patio trasero. –Me dio una rápida mirada.
-Entendido, señor. –le hice un saludo militar.
-Bien, y más te vale no meterte en problemas cuatro, cero, dos. –Y si más, se marchó de mi lado, puso sus ojos en blancos cuando la oficial Mikasa se acercó a nosotros. Trataba de escapar de ella. Me reí ante aquella situación, esa pelinegro siempre acosaba al General Jaegar. Sin más, seguí mi rumbo hacia el comedor.
Me adentre en el comedor, y me dirigí hacia la pila de bandejas de metal que se encontraba a un costado. Luego me dispuse a hacer la fila para que sirvieran el intento de desayuno. Esta vez no se trataba de una masa grisácea, sino de una amarillenta, y un vaso de leche. La cual parecía estar caducada. Casi vomito ante el aspecto repugnante de aquello, pero algo debía de comer, ¿no?
Me aleje de la barra y busque una mesa. Coincidencias, estaba el rubio de ayer, Sakurai, solo en una mesa. Las demás ya estaban ocupadas y no tenía muchas ganas de entablar conversación, así que me dirigí con rumbo fijo a la de Sakurai.
-Oi, me voy a sentar. –añadí sin más.
-¡Buenos días, Takao-san! –dijo, sonando animado el muchacho.
-Hi…hi, por cierto, ¿Qué te hiciste ayer? Desapareciste después del almuerzo sin dejar rastro. –moví con la cuchara de plástico la masa amarillenta, era tan espesa que no se movía, se suponía que aquello era avena. Se suponía. "Impostor."
-Eh…yo fui con el oficial para- le corte.
-Ya me imagino el qué, mejor no digas nada. –rodé los ojos.
-¡Lo siento! ¡Lo siento! Desaparecí sin decir nada, ¡lo siento! ¡Lo siento! –y comenzó con su sarta de disculpas.
Trate de darle un sorbo a mi vaso de leche cuando sentí un golpe en mi nuca. Escupiendo toda la leche en la bandeja. -¡Idiota! –grite, a quien quiera que fuese el responsable de aquello, sobándome la nuca.
-Idiota tu culo. –me dijo Miyaji, sentándose a mi lado. –Esta mañana me ignoraste en las duchas, y ayer también, bastardo.
-Ugh, lo que sea.
-No, deja de ignorarme. –me dio un puño en el brazo. –No porque este con Akashi, quiere decir que dejamos de ser compañeros, tonto.
-Vale, vale "amiguito". –le dije, burlándome.
-Bueno, ¿Qué harás entonces? –pregunto.
-¿El qué? –le dije, metiéndome una cucharada de la masa amarilla, cerré los ojos antes el amargo sabor de aquello. Puah.
-Sabes de lo que te hablo, tarado. Ayer soltaste la bomba de que estas con un oficial, ¿es en serio? -dijo, mirándome. Trague otra cucharada de la masa amarillenta y trague la leche.
-Lo es. -añadí.
-No te creo.
-Pues, es tu problema.
-Ka-zu-ri-kun~ dijo, un peli morado, sentándose al frente de mi. El cual perfectamente reconocí.
-Tsukiyama. ¿Que haces en esta mesa?
-Uno es libre para decidir donde sentarse. -dijo el otro.
-Takao, ¿conoces a este?-ahora fue Miyaji el que habló.
-Algo así...-me rasque la nuca. -Es mi nuevo compañero de celda.
-¡¿Qué?! -grito Miyagi en mi odio, haciéndome sobresaltar. Sakurai nos miraba en silencio. Tsukiyama se dedicaba a estudiar al nuevo -Sakurai-
-Si, si. Yo también me sorprendí ayer cuando lo descubrí en mi celda.
-¿Pero sabes si quiera de que bando es? ¡Hay que cuidarse de ese pelado!
-Scheiße. -pronunció, en lo que creo que fue alemán. -De Hanamiya, y ya aclaré que no me interesa de alguna manera Kazunari, así que ahora somos amigos. Pero por otro lado, el nuevo no esta nada mal~ -se giró, mirando a Sakurai de nuevo.
-¿Eh? ¿Yo? -dijo Sakurai, con la cuchara de plástico que tenía, metida en su boca.
Me palmee la frente. -Par de idiotas... Y no te preocupes Miyaji, nadie me pondrá una mano encima.
-Si, sólo el general peliverde. -dijo Tsukiyama burlándose de mi. Miyaji chasqueo la lengua.
-Tch, no lo creo todavía. A ti ni siquiera te gustan los hombres y eres virgen.
-¡Miyaji, idiota! Claro que no. -le callé, un sonrojó se avecino a mis mejillas.
-¿Virgen, Monsieur? Bueno, pero eso lo podemos arreglar. -Me guiñó un ojo y se lamió el labio inferior.
-¡Atrás depravado! -Miyaji le grito primero que yo. -No te atrevas a tocar a Takao.
-¿Por qué? ¿Tu si lo puedes tocar, ah?~ -le dijo el pelimorado.
-¡Que ninguno me va a tocar!-les dije molesto. Me pare de la mesa recogiendo la bandeja. -Me voy, debo ir a trabajar. -dije, alejandome a dejar la bandeja y lo que quedó de masa amarillenta en el contenedor.
-¡Takao, espera! Hoy tenemos servicio comunitario juntos. -venia Miyaji, corriendo tras de mi.
Finalmente llegamos al patio del pabellón C, nos dieron nuestros utencilios, que consistían en pinzas y bolsas para recoger la basura. Luego debiamos limpiar y pintar el lugar.
Se acercaba la tarde cuando terminamos de limpiar, sólo la mitad del inmeso lugar, nos permitieron ir a almorzar y tomar el descanso. Al día siguiente seguiríamos el trabajo.
No tenía mucha hambre, así que cuando termine mi trabajo, me oculte de la vista de Miyaji, para escaparme de el, tenía otro lugar a donde, lamentablemente, debía ir.
Pase de largo por el comedor, prisioneros y algunos guardias que me preguntaron a donde iba, yo dando alguna excusa que otra. Me dirigi hacia la oficina.
Me pare en frente de la puerta negra cromada que muy bien conocía. La tierra se movía, estaba ocurriendo un terremoto... O tal vez eran mis piernas que no dejaban de moverse como galantina.
Estoy asustado.
No se lo que va a suceder cuando atraviese esa puerta. La verdad es que lo se, pero no quiero admitirlo. O creo que lo se. Además, ¿que se supone debo hacer para provocarlo? Ya he dicho una mentira tras otra, una más no me matara.
Pudiera inventarle el que me gusta, que siempre lo he querido desde que lo conocí hace unos meses cuando lo vi en su oficina -la de farmacéuticos Midorima- cuando busque su firma. Si, esa serviría.
¿Pero y si es homofóbico? ¿Y si odia a los gays y me golpea y me dispara con una de las pistolas de su colección? ¿O si realmente es un depravado sexual y me termina violando fuertemente? Muchos de estos y más pensamientos oscuros me estaban nublando la mente desde hacía un rato.
Madre, tengo miedo.
Querida madre que estas en los cielos, ayúdame.
No podía dudar más, es ahora o nunca. Era el general o una banda de depravados. Era todo o nada. Tomo una respiración profunda. Se que dentro de unas horas me estaré lamentando por mi jodida decisión.
Que ilógico es toda esta mierda, una mentira me trajo a la cárcel, una mentira me llevó a este problema y una mentira me salvara de todo este asunto, o eso espero.
Abrí mis ojos, y me llené del poco coraje que tenía. Toque la puerta, dos veces. -Adelante. -escuché que dijo. Abrí la puerta y me deslice dentro de aquella oficina, pulcramente ordenada como la recordaba. Cerré la puerta tras de mí y ahí me quede parado.
-Señor. -dije. Tratando de sonar seguro de mí mismo. A partir de ahora todo depende de mí. -Aquí estoy.
-Takao. ¿Qué hacías anoche fuera de tu celda, con Kaneki? -pregunto él. Dejando el trabajo en su computadora y mirándome de frente. No me había invitado a sentar, o siquiera un saludo, como ayer. Estaba enojado.
-Señor...-no sabía que decir.
-Takao, quiero la verdad. -seguía consumiéndome su mirada.
-Pues, yo... Señor...
-¡Takao! -se puso de pie, arrastrando la silla tras de él. -Respóndeme, ¡ahora! -ordenó. Mientras se dirigía hacia mí.
Me encogí de hombros, deseando sólo entonces esconderme o por arte de magia, desaparecer de aquel lugar. En este momento envidiaba la falta de presencia de Kuroko, él hubiera podido salir de esta situación sin problemas.
-¡Cuatro, cero, dos! Abre la maldita boca y respóndeme. -golpeó la puerta con su puño, haciendo que me alejara hacia atrás y quedara contra ella. Estaba temblando. Sentía como se alzaba frente de mi, alto e imponente. No llevaba su uniforme, tan solo el pantalón verde militar y una camisa blanca de vestir. Dude un segundo antes de alzar la vista. Me miraba con desdén, desde arriba, fulminándome. Estaba hecho una furia, tal vez había tenido un mal día.
-Se...ñor...-trague de agregar, de nuevo. Y más vale no hubiera abierto mi boca. Golpeó de nuevo la puerta con su puño. Escuche un "click".
-¡Que respondas, te he dicho! Ayer evadiste la pregunta, pero hoy no te saldrás con la tuya, Takao. -grito.
-Pe-pe-pero señor, ¡No he hecho nada malo! No se enfur- me cortó antes de terminar.
-Claro que sí, ¡no respondes ante la orden de un oficial! Esa ya es para mí razón suficiente para pensar que estás haciendo mal, y eso merece un castigo.
-¡No, no, no! Lo siento, señor. Yo le diré que...
-¿Qué me dirás, ah? ¡No me vengas con una de tus excusas baratas! -sus gritos me estaban cansando.
-¡Me gustas! -añadí sin más. Y ahí estaba, la peor y más grande mentira. Es cierto que era atractivo, pero no tenía ningún interés romántico.
-¿Qué? -preguntó, se alejó unos pasos de mí. Gracias al cielo, ahora podía respirar.
-Así como he dicho, me gusta. -dije de nuevo, esta vez me trague mi orgullo. Subí la mirada para poder observarle, estaba desconcertado. Pero aun así seguía teniendo su ceño fruncido.
-Otras de tus basuras, no mientas. -por un segundo, apartó la mirada. Pero luego se incorporó de nuevo.
-¡Claro que no! Me gusta, señor. Y esa es la verdad.
-Si lo estás diciendo para cambiar de tema, no estas logrando nada. -se cruzó de brazos y me lanzo una mirada agría. Escalofríos.
-Lo digo porque es el momento adecuado, ya no puedo aguantarlo más, ¡Shin-chan! -lo miré. Estaba haciendo una buena actuación, creo. Si sigo así, me nominarían al Oscar. ¡¿Qué coño hago pensando en el Oscar cuando estoy a punto de darle mi culo a alguien?!
-¿Por qué dices eso ahora? ¡Y que no me llames así! -gritó, acomodándose sus lentes.
-Porque si, ¡Shin-chan siempre me ha gustado! ¡Y Shin-chan es Shin-chan! -le grite yo esta vez.
Me miro furioso. -¿Desde cuándo?
-Desde que fui a buscar su firma, hace unos seis meses. Usted me cautivo, es simplemente...-ojalá y esto funcione.
-¿Mi firma? Ah, claro. La que llevó a una de mis empresas a la quiebra.
-¡Pero yo no fui el culpable de eso! Sino el infeliz de Ackerman, ¡Usted lo sabe! -estaba desesperado. Yo no soy responsable del fraude.
-¡Y a mí qué! Estas aquí pagando por su pecado. Pero ese infeliz me las va a pagar.
-Gracias al cielo, espero que no me odie. Eso me alivia. -suspire, soltando el aire. Fingiendo como estar sumamente preocupado.
Arqueó una ceja. -¿Y eso en que te alivia?
-¡Porque yo le quiero! Y no sabe lo que me duele saber que usted piense que yo soy culpable, y eso no es cierto. -me lleve una mano al pecho, dándole más drama.
-Esa declaración es falsa, déjese de estupideces, cuatro, cero, dos.
-¡No son estupideces! -me acerqué y lo tome por su camisa, desesperado. -¡Yo le quiero! Y haría lo que sea por usted. -No sé en qué segundo, me tomó por el cuello de mi overol, me levantó y me estampó contra la pared. Cerré los ojos ante el dolor.
-Imbécil, ¡¿Eres consciente de lo que dices?! -me grito, de nuevo estaba muy cerca.
-¡Claro que sí! -me atreví a abrir los ojos para que creyera en mis palabras. -Que le quiero, y que-
-Y qué harías lo que sea- me dijo.
-Así es... Y... Yo...yo...
-¿Tu qué? Infeliz. ¿Matarías por mí? ¿Me defenderías? ¿Darías tu vida por mí? -añadió, dando énfasis en cada pregunta.
-Yo podría...-trague fuerte. No quería morir, y menos por un hombre al que... Sus palabras me sacaron de mis pensamientos.
-¿Te abrirías de piernas para mí? -soltó esto último. Me asuste, abrí los ojos como platos. Estaba desorbitado. No pensé que soltaría aquella pregunta de manera tan directa.
Pero, ¿era esto lo que estaba esperando, no? Adiós orgullo, moral, razón y dignidad. Y abrí mi boca.
-Lo que sea, señor. -dije, mis ojos clavados en su mirada. Una sonrisa lobuna se escapó por sus labios, jamás lo había visto haciendo aquella expresión.
-Esto te costará caro, Kazunari. -soltó su agarre por mi cuello y me arrastró hasta el escritorio. Me colocó boca abajo, mi cuerpo paralelo con la superficie del escritorio. Mi rostro contra el frío metal. Trague fuerte. Una mano estaba al lado de mi rostro, la otra me sujetaba mis manos por la espalda, pegándome hacía la mesa.
Había dicho mi nombre, de una manera oscura.
-Te lo advertí. Ahora atente a las consecuencias, Kazunari. -jaló fuertemente hacía abajo mi overol anaranjado. Tan fuerte que se desabotono al instante, lo paso por mis hombros, cayendo por mi espalda. Donde tenía las manos sujetas.
-Sh-Shin-chan, ¿qué haces? -pregunte nervioso. Aunque la respuesta era obvia.
Acercó su rostro al mío, su torso contra mi espalda, y me dijo al oído. -Dijiste que harías lo que sea por mí... Ahora te haré mío, Kazunari. -Mordíó el lóbulo de mi oreja. Con su lengua, bordeó mi oreja, la lamió y saboreo. Me estremecí ante aquel contacto. Una risita se le escapo ante mi reacción.
-Bastardo...-susurré por lo bajo.
-Eh, eh. Esa boquita. -me recrimino.
Me soltó los brazos para bajar más el overol, quedo sobre mi espalda baja. Para mi mala suerte, aquella ocasión no llevaba la guarda camisa. Mi pecho desnudo, se encontraba a merced del frío escritorio. Me giro de nuevo, ahora estaba boca arriba. Sujeto mis manos sobre mi cabeza, fuerte. Ejercía presión, pero no dolía.
Se relamió el labio inferior ante mi pecho desnudo y rostro probablemente sonrojado. Sentía fuego.
-Linda vista. -bajo de nuevo su rostro, esta vez se acercó a mi pecho. Le dio un casto beso a mi pezón derecho. Me estremecí. Y hay estaba de nuevo esa risita de autosuficiencia. Su lengua atrapó mi pezón, lo lamía lenta mente, provocando la excitación. Mordísqueo la protuberancia, un gemido involuntario se escapó de mi boca.
-Déjame escuchar más... -susurro, subiendo la mirada. Con su mano libre, tomo mi otro pezón, jugueteando, provocándome.
Otro gemido quería salir, mordí mi labio para no darle ese lujo. Mala idea. Me respondió el gesto, tirando de mi pezón con sus dientes. Abrí mis ojos exaltados, un grito ahogado murió en mi garganta.
-Déjame escucharte. -agregó de nuevo, Mordísqueando mi pezón, pero esta vez mas cuidadoso. Gemí.
Y ahí estaba de nuevo, esa risita sucia.
Pasó su lengua por última vez por mis pezones, y siguió bajando, deslizándose a lo largo y ancho de mi pecho. Dando pequeños y castos besos, chupetones y...
-Aagh.. Ah- gemí. Mordísqueo de nuevo mi abdomen y siguió bajando hasta mi ombligo, donde se detuvo y se encargó de el con su lengua.
Lamió, succionó y Mordísqueo por puro placer. Subió su rostro a la altura del mío. Me veía expectante. Miradas fijas. Sus mejillas también estaban enrojecidas. Calor. Paso su lengua por mi labio inferior, tirando de él con sus dientes. Sus labios se posaron sobre los míos, feroces, hambrientos. Se movían en una danza erótica. En el fondo, tenía que admitir que lo estaba disfrutando. Le correspondí el beso. Abriendo mi boca, mordía mi labio inferior, lo chupó y lamio. Un beso feroz, intenso cuando su lengua entro por primera vez. Experimentando, estudiando el interior de mi boca. Buscando mi lengua para lograr ese contacto.
Calor. Su mano viajó de nuevo a mi pecho, posándose sobre uno de mis pezones, jaló y jugo con él. Sin nunca despegar sus labios de los míos. Su lengua devorándome. Lenguas danzando el tango del placer.
-Umm...uh...mmm- gemidos venían. Tal vez de él o tal vez de mí. En aquel punto, sumido en el placer, mi consciencia nublada, jugaba con mi mente así como su lengua jugaba con mi boca. Jaló con sus dientes mi labio inferior, por última vez. Un tirón fuerte. Y se alejó, dando un último casto beso. Abrí mis ojos para observarlo a través de sus lentes. Verde contra gris. Respiraciones agitadas, buscando el oxígeno perdido. Su pecho subía y bajaba, sobre el mío. Una sonrisa ladina se posó en su boca.
Me giro sobre el escritorio, quedando ahora boca abajo. No soltaba mis manos, me sometía.
-Shin...chan.
-No tengas miedo. -arrastró mi overol, deslizándose sobre mis piernas, cayó al suelo, sobre mis zapatos. Una de sus piernas se deslizó entre las mías, abriéndome. Se acercó de nuevo, buscado el contacto con mi trasero. Aun llevaba mi bóxer puesto.
-Espera... ¡Espera! Shin-chan, yo no quiero, yo-
-Silencio. -me callo. Me soltó las manos y me dijo: -Colócalas bajo tu cabeza, acomódate. -Y como un niño pequeño, le obedecí. Apoyando mi cabeza sobre mis brazos.
Comenzó lentamente a bajar mi bóxer.
-¡Espera! -grite. Me jaló por el cabello y pegó mi rostro sobre el escritorio.
-Te dije que te callaras. -Bramó. En un tono se voz que no había escuchado antes. Escalofríos. Trague fuerte. Tengo miedo.
Una mano sujetaba mi cabeza, la otra me bajó la ropa interior. Su pierna abriendo las mías. Mi trasero quedó al descubierto. Una mano me golpeó, fuerte. Se escuchó el sonido resonando por la habitación. Me había dado una nalgada.
-¡Eso dolió, infeliz! -grite, tratando se zafarme de su agarre.
Otra nalgada.
-¡Para! - el sonido llego, junto con el dolor posterior a que su palma impactara en mi trasero. Justo entre mis nalgas. Dolió.
-Deja de provocarme. -me dijo, bajando hacia mi oído. Unas lágrimas traviesas se escaparon, el dolor.
-Ci-ci-cierra... La puerta. -susurré por lo bajo. Mientras trataba de pasar el dolor de antes.
-Ya está bloqueada. Desde antes. -dijo, mientras pasaba la yemas de sus dedos por mi trasero. Los desplazaba suavemente por la superficie. Ah, ese fue el 'click' que escuché cuando me retenía contra la puerta.
'Zas' la cuarta y fuerte nalgada llegó, junto con el dolor. Lágrimas se escapaban sin cesar.
Con su pierna, abrió un poco más las mías. -Abre la boca.
-¿Eh...? -dos de sus dedos se adentraron en mi boca. Se deslizaban por todo el lugar, húmedo. Toquetearon mi lengua, la movía con sus dedos. Quería morder al bastardo, pero me contuve.
-No te atrevas a morderme, o te azoto. -añadió. Obedecí. Su mano era pesada. Manos de hombre, y cada vez que chocaban contra mi trasero dolían como el infierno. Así que no lo mordí.
Sus dedos seguían jugueteando con mi lengua, un tercero se adentró.
-Uhh...ugh. -era imposible decir algo. La saliva se desparramaba de manera lasciva por sobre mis labios, ensuciando el escritorio.
-Buen chico. -se burló de mí. Sacó sus dedos. Colocó sus piernas entre las misa, abriéndome.
Un dedo, frío, se deslizaba sobre mi trasero, tanteando, bajando. Se sentía húmedo. Llegó hasta el punto entre mis nalgas, revelando aquel obsceno lugar. Sabía lo que venía.
Poco a poco fue introduciendo su dedo en mi interior.
-Agh...mmm- gemidos ahogados. El dedo intruso se deslizaba dentro de mí. Apreté mi trasero ante aquel contacto.
Una quinta nalgada llegó, sonora y fuerte.
-Relaja. -me dijo. Claro, como si fuera tan fácil mantenerse relajado en una situación como aquella. Mordí mi brazo, aguantando el dolor de su azote, y la extraña manera como se sentía su dedo en mi interior.
Un segundo dedo hizo acto de presencia. Creo que estaba preparándome para lo que venía. Los movía por el estrecho lugar, estirando, empujando en mi interior, entraban y salían sus dígitos.
Un tercer dedo llegó. Mordí fuerte, se sentía más apretado que los otros dos. Él lo disfrutaba, se podía sentir su excitación. Yo solo Mordía mi brazo, escondiendo los gemidos, evitando que las lágrimas escaparan.
Su mano libre se dirigió a mi próstata, la tocaba. Un escalofrío me recorrió la espalda, ante aquel contacto. Se acero a mi cuello, depositando besos en mi noca. Mientras sus dedos seguían jugueteando en mi interior y la otra se encargaba de mi miembro.
Subía y bajaba su mano lentamente, sentía que me estaba torturando. Yo ya estaba duro como una roca.
-Ra-ra-rápido... Más rápido. -trate de decir, entre jadeos.
Su mano en mi miembro se quedó quieta, sus dedos salieron de mí.
Y la sexta nalgada llegó. Joder.
-No me digas lo que tengo que hacer...-me respondió. Arrogante.
Sin ceremonias, introdujo sus dedos de nuevos, de un sólo golpe.
-Ahg...-su mano se posicionó de nuevo en mi próstata, esta vez su agarre era más fuerte. Me tocaba de manera feroz. Subía y bajaba fuertemente, por lo largo de todo el miembro. Dejo su labor, y masajeo mis bolas.
Mordí el brazo que tenía debajo de mí. Mierda, eso se sentía bien.
-Uhg...mmm.-siguió depositando besos en mi nuca, recorría mi cuello con su lengua, llegó a mis hombros en donde deposito pequeños mordiscos, sentí que succionó fuerte. Aquello de seguro dejaría marca.
Movía sus dedos en mi interior, dentro y fuera, dentro y fuera. Marcaba su propi ritmo, penetrándome.
Sus besos, la caricia de mi miembro, sumado con sus dedos, eran una combinación torturante. Sólo a una conclusión podía llegar aquel contacto.
Arquee la espalda sobré el escritorio, y así sin más, me deshice sobre su mano. Llegando la liberación del más puro placer.
Sacó sus dedos y alejo, ahora pegostosa, su mano de mi miembro. Suspire abatido, hacía tiempo que no estaba con alguien o al menos que me hubiera tocado. Después de un tiempo de abstinencia, se sentía sumamente placentero el terminar en aquel orgasmo.
-Dejaste mi mano echa un asco. -su risita sucia. -Ahora es mi turno. -dijo sin más. Colocó sus manos en mi trasero, separando mis nalgas. Me estremece.
Una cosa es que me masturbara, otra muy distinta es que me tomara por el culo. Me removí nervioso en el escritorio, tratando de alejarme, lo cual era imposible.
-Es...es...e..-
-Ni creas que me voy a detener ahora. -coloco su codo en mi espalda, presionándome contra el escritorio. No tenía escapatoria.
-Protección...-dije sin más.
-¿El qué? -inquirió.
-¡Un condón! Idiota. -exclame.
Alejo sus manos. Por un segundo se separó de mí. Pero no tardó de nuevo en acercarse. Y así, otro azote llegó, fuerte.
-¡Ahh! -sentí que tiro algo sobre la mesa, gire un poco mi rostro para ver que era. Divisé su billetera.
-Ya lo tengo. -dijo. Escuche como se rasgaba un empaque. Desabrocharse el pantalón, bajo la cremallera. Ahora estaba sudando, trague fuerte.
Volvió a colocar sus manos sobre mi trasero, abriéndome.
-Estira las piernas. -exclamo.
Sentí la punta de su miembro rozarme, tocándome. Me estremece. Y de nuevo se burló de mi con su risita.
Se fue adentro, poco a poco. Penetrándome. Dolía... Dolía como el infierno. Esto era diez veces más grande que sus dedos. Mordí de nuevo mi brazo para soportar aquel dolor. Por un momento se detuvo, y pensé que ya había terminado aquella tortura, pero estaba equivocado.
Se empujó fuerte dentro de mi. -¡Aghh! -exclame. Algunas lágrimas se escaparon. Y su risita llegó. Siguió adentrándose, poco a poco.
-No falta nada... -dijo por lo bajo. Se empujó duro contra mi. Abrí mis ojos conmocionado por el dolor, Mordí más brazo más fuerte que antes. Lágrimas salían sin pagar. Sus bolas rozando con mis nalgas.
Este bastardo... Algún día me las pagarás.
Acercó su rostro a mi cuello, deslizando su lengua, besándome.
Poco a poco, comenzó a salir de nuevo para poder entrar. Se movía despacio, buscando su ritmo. Al principio fue doloroso, pero luego se sentía mejor.
Su ritmo comenzó a aumentar cada vez, entraba y salía, como un vaivén sin fin.
Se movía a su gusto. Sus estocadas cada vez más profunda. No quería pensar en nada, mi vista estaba borrosa por las lágrimas de antes. Y una de sus manos se deslizó de nuevo hacia mi miembro, masajeándolo.
En una de esas me preguntó. -¿Te gusta? -no respondí.
Salió y se empujó de nuevo contra mí. Una estocada profunda y dolorosa.
-Responde. -me dijo. Otra vez hizo lo mismo, empujándose fuertemente contra mí, abriendo su camino en mi estrecho interior.
-S-s-si... Me gusta. -le susurre por lo bajo, lágrimas salían de nuevo.
Y así siguió con su danza caótica entre mis piernas. Una, dos, tres veces. Profundas en intensas estocadas, su miembro bombeaba en mi interior buscando ese punto.
-Joder...-escuche que dijo. Dos veces más, en ese punto, delicioso y doloroso, para sumirme en lo más pura lujuria, y correrme por segunda vez. Él no tardó mucho en acompañarme. Sentí como me quemaba por dentro. Y así, se dejó caer sobre mi espalda.
Respiraba pesadamente, sentía su respiración en mi nuca, haciéndome cosquillas.
Se apartó de mi, recomponiéndose. Pero aún no salía de mi interior.
-Date la vuelta. -me dijo. Trate de levantarme. Apoyándome en los codos, pero fue imposible, estaba agotado y me desplome de nuevo sobre el escritorio.
En un segundo, ya me había dado la vuelta, dejándome de nuevo la espalda contra el frío metal.
Estaba de frente, entre abrí mis ojos para observarlo. Respiración agitada, sus mejillas seguían rojas como el carmín.
Bajo su rostro al mío, acercándose. Chocando sus labios contra los míos, colisionando en un beso feroz. Me mordía y chupaba mis labios. Tiraba de ellos. Su lengua se abrió paso en mi boca, buscando la mía.
Se separó de mí. Me miraba, estudiándome con mis ojos, su nariz rozaba con la mía.
Y se movió. Me tense ante el contacto, seguí en mi interior. Me dio un casto beso y los labios y tomo mi mano derecha, uniéndolas.
-¿Shin...chan?
Me regalo una sonrisa. Nuestras manos entrelazadas, mientras se movía en el vaivén de nuestras caderas. Abrió un poco más mis piernas, buscando un contacto más profundo.
Volvía a conectar nuestras bocas. Besando ferozmente, nublando mi mente con la lujuria del momento, sólo me deje llevar. Se movía en un frenesí incontrolable, bombeando con más fuerza, buscando ese punto. Deseando la liberación y el placer.
Presionó más fuerte mi mano, dentro y fuera. Iba y venía, nuestras lenguas danzando, jugueteando.
Con su otra mano me tomo por la cintura, pegándome a él.
-Takao...-susurro. Nunca dejo de mirarme. Se acercaba cada vez más a ese punto.
-Uhmm... Ahg- gemidos. Se movía sin parar, más fuerte, profundo, rápido. Me estaba volviendo loco.
El escritorio rechinaba debajo de nosotros.
-Ahgg...
-Kazunari...
Y así, me beso, con nuestras manos juntas. Llegamos al clímax del momento.
Estaba sentando sentado en su silla, yo en su regazo, recostado sobre él. Acariciaba mi cabello negro con su mano, con la otra me abrazaba a él.
Era un contacto suave y gentil, luego del frenesí que acababa de suceder no me esperaba aquello. Me dio un beso en la coronilla. Mis mejillas seguían encendidas, tan rojas como las luces de un árbol de navidad.
-¿Fue tu primera vez? -me tomo por la barbilla, mirándome.
-No, que va. Siempre lo ando haciendo con hombres. -rodé los ojos antes mi sarcasmo.
-Takao. -me regaño.
-Si... Fue mi primera vez. -admití, me encogí en su pecho, escondiendo mi cabeza en su camisa blanca. Estaba toda arrugada. Yo llevaba puesto mi overol naranja y un punzante dolor en el trasero.
Se carcajeo con gusto, tonto. Le di una palmada, mirándolo de reojo.
-Y bien, ¿cómo estuvo eso? -preguntó.
-Como si trataras de meter un hot dog a través de una cerradura. Idiota. -hice un mohín.
Ahora se carcajeó más fuerte, con gusto. Se veía un poco más joven con esa expresión suave en su rostro, sin el ceño fruncido que tanto lo caracterizaba.
-¿Eres homosexual? -me atreví a preguntarle nervioso.
-No- no dijo nada más.
-Y... ¿por qué lo hiciste?
-Porque me gustas. -me hundí de nuevo en su pecho, mis mejillas ardiendo.
-Takao. -acaricio mi cabeza. -Tengo trabajo que hacer, no puedo seguir contigo aquí.
-Está bien. -me pare de la silla apresuradamente. Mierda, más vale que no. Sentí el dolor punzante en mi trasero.
-¡Coño!
-Takao, anda con cuidado. -me miraba, con una mueca de diversión.
-Como si fuera tan fácil, ¡destrozaste mi culo! -le solté. Y no hizo más que reírse. Se paró de la silla y me dio un beso en la frente.
-Y ni si te ocurra hacer esto con otra persona. O juro que te dejaré peor, no podrás caminar por un mes. -me dijo, con una mirada sería.
Jo-der.
-Como digas, Shin-chan. -le hice un saludo militar. Un timbre sonó, lo que significaba que el almuerzo y el descanso ya habían terminado.
-Debo volver. -dije, colocando mis manos detrás de mi cabeza. -Nos vemos. -me encamine hacia la puerta.
Antes de salir de la oficina, me dijo. -Te estaré vigilando, Kazunari. -me dio una última mirada y se dedicó a encender la computadora.
-No me gustaría que me vigile nadie más que tú, Shin-chan. -le guiñe un ojo y salí de aquel lugar.
Iba caminando poco a poco, por el dolor. Unas manchitas de sangre hacían un rastro en el suelo. Wow.
Las seguí, en donde terminaron. Subí mi cabeza para encontrarme con un peliceleste cubriéndose la nariz con ambas manos.
-¡Kuroko! ¡¿Pero qué carajos?! - le grite alarmado.
-Buen trabajo, Takao-kun. -con una mano me hizo el gesto de 'número uno' con el pulgar y con la otra se tapaba la nariz.
-Kuroko. ¿Acaso tu...? -lo mire nervioso, mierda. El no pudo haber visto eso, la oficina estaba cerrada.
-Para su mala suerte, sí. Debía conseguir pruebas, Takao-kun.
-Y por lo visto también conseguiste una hemorragia nasal. ¡Idiota! -le grite, y me fui del lugar echando humos. Con las mejillas encendidas, ¡qué vergüenza!
Camine, bajando con cuidado las escaleras, diciendo "ouch" en cada escalón que bajaba. Hasta que finalmente llegué a mi celda, se abrió para revelar que en su interior estaba vacía. Tsukiyama aún no había llegado. Me sentí un poco aliviado, quería estar solo.
Me dirigí a la cama, lo pensé dos veces antes de subir las escaleras de la litera, no quería hacer más esfuerzo así que sin darle más vueltas al asunto, me tiré sobre el colchón de la cama de abajo. Estaba agotado.
Tape mi rostro con la almohada. Las lágrimas comenzaron a salir. Sollozaba como un niño pequeño. El dolor y la vergüenza.
Madre, lo siento mucho.
Lágrimas me inundaban. Esto era difícil, no es la mejor decisión que pude haber tomado. Pero dadas las circunstancias no tenía otra opción.
Siempre me voy a arrepentir de esto.
La depresión llego, junto con más lágrimas.
Es muy duro. Tal vez si le hubiera entregado mi primera vez a Shin-chan, teniendo realmente sentimientos por él, habría sido diferente.
Pero no lo era. Y esta es la verdad, que me había acostado con él a causa de una mentira. Y era doloroso aceptarlo.
Entre sollozos, al menos había agradecido que hubiera sido Shin-chan el que tomo mi primera vez y no otro imbécil.
Me deje caer en el dolor, y mientras Morfeo llegaba, me dormí pensando en sólo una cosa.
Yo quería salir de este infierno.
Notas finales: el final es así porque... Debe ser así, no todo es colo rosa :v -Pero Takao, sabes que te amo con todo mi corazón-
Una pregunta: ¿Qué tal el lemon? Es mi primer lemon yaoi, lol. Ya había escrito, pero no de este genero...
Muchisisisimas gracias por seguir esta historia, de verdad que tenia mis dudas y pensé que a nadie le gustaria, pero me gusto mucho como la recibieron.
Sin más que añadir, me despido, prometo que sabran de mi pronto... Muy pronto, en mi otra historia, y tal vez se vengan otro one-shots locos por ahí, ñ.ñ
Criticas, comentarios, sugerencias, odio, amor, locuras, amenazas (?), lo que QUIERAN, diciendo que les parecio este two-shot, haganmelo saber en una review~ los amaría un millón más.
Besos, abrazos y piñas jugosas de Miyaji, cuidense mucho, nos leemos~ xx.
Pda: Por cierto, recién me cree un Facebook -fandom- donde hablo de yaoi y mis series favoritas, si quieren agregarme para comunicarse conmigo y hablar de locuras, sientanse libres de hacerlo. (El link en mi Bio)
