Disclaimer: Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a J.K .Rowling
Capítulo 2
Draco Malfoy miraba el cuerpo de la joven fallecida pensativo. Tenía la piel más blanca que había visto nunca. El informe que habían realizado los santiarios era bastante completo, pues al fin y al cabo no había mucho donde mirar. La piel de la muchacha no tenía ni un rasguño, ni hematomas ni cortes, y por más que habían buscado no habían encontrado marcas de colmillos o mordeduras. Los sanadores habían comprobado su organismo, y todos los órganos internos estaban intactos, sin perforaciones ni signos de enfermedades, y sin ninguna marca que significase magia negra. Sin embargo, todos estaban totalmente muertos por la falta absoluta de sangre. El auror había comprobado los pliegues de la víctima uno a uno, como le había recomendado Hermione la noche anterior, pero no había encontrado absolutamente nada. Ahora miraba a la joven prácticamente desesperado.
La chica se llamaba Alinne Jonhson. Era una bruja de 32 años que trabajaba en una pequeña tienda del callejón Diagon de amuletos y objetos protectores contra la magia oscura. Draco siempre había admirado la capacidad de los forenses por arregar a las personas después de abrirlas, investigar en su interior y cerrarlas de nuevo. Era toda una obra de arte, allí tumbada sobre la camilla plateada del depósito parecía una auténtica muñeca de porcelana. Tenía el cabello castaño claro hacia atrás, semi oculto por su cabeza y sus hombros. Sus ojos cerrados tenían unas largas y bonitas pestañas que hacían juego con sus pómulos marcados. Seguro que había sido muy guapa, pensó Draco para sus adentros.
Un voz grave le sacó de sus pensamientos.
- Malfoy, si has terminado ya tenemos que llevarla con su familia, el funeral es mañana, y están esperando que les devolvamos el cuerpo.
Draco suspiró, en momentos como aquel odiaba su trabajo. Pensar en aquella familia que había perdido su ser amado. Y él ni siquiera tenía una teoría que plantear, ni un sospechoso. Se giró consternado y se dirigió hacia la salida de aquella sala fría que todavía le ponía los pelos de punta.
- Haz lo que tengas que hacer – dijo sin mirar al forense – ella ya no puede decirnos más.
. . .
25 de Marzo
Ron Weasley estaba sentado sobre la cama de matrimonio de su habitación, su rincón favorito de la casa hasta ese momento, ahora, le parecía fría y distante, como si fuese la primera vez que estaba allí. Su mirada estaba perdida en el vacío, sin un rumbo fijo, pues al fin y al cavo su vida había perdido el sentido. Hermione Granger lo había sido todo para él desde hacía siglos, desde el momento que habían reconocido que estaban enamorados el uno del otro habían creado una vida juntos, dos preciosos hijos, una casa, un hogar. Un hogar que había desaparecido de la noche a la mañana. Un puño golpeó la puerta del cuarto dos veces, pero Ron ni siquiera se dio cuenta. Giny asomó la cabeza desde el pasillo, preocupada porque su hermano no había bajado ya.
Hacía apenas día y medio que Hermione había aparecido muerta en la biblioteca de su casa. Ron había trabajado aquella noche en aquel caso que llevaba de cabeza al departamento de aurores, y cuando había terminado su turno y había vuelto a casa su esposa no estaba. La había buscado por toda la casa hasta dar con el cuerpo, ya frío, en el suelo de la acogedora biblioteca. Al principio no podía creer lo que veía, después se había querido morir. Aún, en esos momentos, se preguntaba porque no era él el muerto y ella la que se preparaba para el funeral, seguro que así las cosas irían mucho mejor.
- Ron… - escuchó en la lejanía la voz de su hermana pequeña, pero ni siquiera pudo entender sus palabras.
Notó como unas suaves manos le acariciaban el rostro, pegajoso por las lágrimas que no dejaban de caer. Pero él estaba en otro lugar, un lugar oscuro, de donde jamás podría salir si ella no regresaba. Te amo Hermione Granger, siempre te amaré. Las palabras resonaban una y otra vez en su mente, pues no había mayor verdad. Su cuerpo adormecido notó como unos brazos intentaban levantarle de la cama. No se resistió, simplemente se dejó llevar por ellos, sin pensar, con la mente totalmente en blanco y un horrible y oscuro vació en su interior.
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La casa de Alinne Jonhson era un pequeño loft en el centro de Londres, en un edificio viejo a primera vista, pero reformado con magia por completo. Draco había subido en el viejo ascensor temiendo por quedar atrapado en aquel lugar de muggles, pero el viejo cacharro no había parado ni un segundo, llevándolo al séptimo piso sin problemas. Ahora estaba en el interior del piso, un gran salón- comedor se abría ante sus ojos, la luz de la tarde entraba por un gran ventanal que ocupaba una de las cuatro paredes por completo. La cocina se separaba de esta habitación por una barra de mármol rojo. Había dos puertas de madera, una que llevaba a un pequeño aseo de color azul celeste y la otra a la habitación, donde una cama doble reinaba en el centro, acompañada únicamente de un gran armario donde solo había encontrado ropa, y un par de cuadros apoyados sobre la pared.
No había señales de magia negra en ningún punto de la casa, ningún extracto de pócima preparada de forma reciente, ni ningúna sustancia sospechosa que pudiese ser en realidad un veneno mortal. Aun así el auror recogió unas cuantas muestras de alimentos y bebidas para llevar al departamento de pociones y venenos del ministerio de magia, por si las moscas.
Ahora miraba entre los libros de la estantería que había junto a una de las puertas, en busca de alguna pista que le pudiese orientar hacia cualquier pista que le llevase hacia una teoría con algo de sentido. Pero la búsqueda acabó en nada de nada. Draco suspiró frustrado. Aquel caso se le iba de las manos, notaba cada paso en falso que daba, y cada vez se frustraba más. Se dejó caer en el sofá de la víctima y escondió su blanca cara entre las manos.
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- ¿Ni un solo rasguño entonces? - preguntó la mujer de mediana edad llevándose la mano a la boca, pensativa. – que extraño..
- Es realmente extraño, si – Draco paseaba de un extremo a otro del despacho de Hermione exponiendo todas sus ideas y lo poco que había encontrado, por no decir nada.
Después de su frustración en la casa de la víctima había decidido hacer una visita a la mente más increíble que conocía para ver si ella podía ver algo que ante sus ojos estaba oculto. Durante todos esos años había aprendido que Hermione era la persona más inteligente que conocía, y aunque las primeras veces había sido todo un golpe hacia su orgullo, ahora en cuanto no encontraba la solución a un caso iba a pedirle consejo. A veces le parecía increíble como durante los seis años del colegio no se había dado cuenta de lo increíble que era aquella mujer.
- Y nada en la casa…
- No – dijo secamente Draco – Mañana a primera hora iré a ver a la famila, a ver si puede orientarme algo. Hoy era el funeral y me ha parecido que quizás fuese un poco pronto para que hablen de ella.
- Si, haces bien – comentó Hermione en sumida en sus pensamientos.
Dentro de un rato iré al escenario del crimen, a ver si al equipo se le escapó algo clave, pero sinceramente creo que se nos escapa algo en este caso que no encontraré en el puente de Londres.
- Yo también lo creo – contestó la mujer mirando al auror con sus castaños ojos - pero ¿qué?..
Draco la observó con la mirada entrecerrada, su mente se había puesto en marcha, como un mecanismo de engranajes que se movían lentamente para buscar la solución al problema. Y es que Hermione Weasley siempre encontraba la respuesta, costase lo que costase.
Espero que os haya gustado este segundo capítulo y que no sea mucho lío lo de mezclar escenas anteriores con las del presente (tras el asesinato de Hermione) y que podais seguir bien el hilo de la historia. Gracias por seguir leyendo XOXO.
