-No vamos a hacerte daño –dijo un ciervo que se le había acercado, que se hacía llamar T.K.
-Nosotros somos animales de fiar –añadió una liebre con voz dulce, cuyo nombre era Kari- Cuéntanos qué te ha pasado, princesa.
-¿En serio? –Mimi alzó su bello rostro bañado en lágrimas, esperando a que los animales se impresionaran con su belleza, pero al ver que no lo hacían dijo con tono molesto… pero dulce-. Un cazador me ha amenazado con una trucha. Creo que todo ha sido obra de la reina, que me odia.
-Qué villanía la de la reina –se indignó el ciervo.
-Qué villanía la de las truchas, tendrían que colgarlas a todas por se desagradable sabor –añadió la liebre Kari.
-¿Desde cuando comes truchas, tú no eras vegetariana? –Se sorprendió el ciervo.
-Vamos a llevarte con el guardabosques, que es compasivo y te dará una cama donde dormir –dijo la liebre, cambiando de tema.
Mimi aceptó y se subió encima del ciervo.
-¿Pero qué haces? –Se quejó el animal-. No puedo cargar contigo.
-¡No esperarás que una princesa como yo recorra todo este camino a pie! –Respondió la princesa gritando… pero con timidez.
Estuvieron diez segundos andando hasta que Mimi dijo que no podía soportar más tiempo subida en ese huesudo lomo, así que usó a la regordeta liebre como asiento. Al fin vieron una casita de madera y los animales se sintieron aliviados, mientras Mimi, que estaba muy cómoda, se decepcionó de que el trayecto fuera tan corto. Tan pronto como Mimi puso un pie en tierra los animales huyeron despavoridos.
Mimi entró en al casa, y como estaba muerta de hambre se comió la sopita que estaba en la mesa, y como también estaba muerta de sueño durmió en la camita del dormitorio, pero se despertó a media noche para quitar un guisante del colchón que le había amargado la noche. Bajó las escaleras para quejarse a un enano que acababa de entrar.
-¡Niño, ve a quitar el guisante que hay debajo de mi colchón!
-¿Quién eres tú? –Preguntó.
-¿Cómo que quién soy yo? –Se indignó la princesa-. Soy Mimi pinky power flower precious princess –y alargó la mano para que la besara, pero para su sorpresa el enano la rechazó-. ¡Habrase visto semejante soberbia!
-Soberbia la tuya, que vienes a mi casa, te comes mi comida, duermes en mi cama y encima me insultas –contraatacó el enano.
-¿Qué? No puede ser… ¿Tú eres el guardabosques? Si eres un enano.
-No soy un enano –contestó el guardabosques-. Solo soy un poco bajo –se ruborizó.
-Además, el narrador de la historia está diciendo todo el tiempo que eres un enano.
-Y yo siempre tengo razón, preciosa Mimi –dije.
-De entre todos los estúpidos, tú eres el menos estúpido –me guiñó un ojo.
-Me halagas, princesa –dije abrumado ante tanta benevolencia.
-Fuera de mi casa –me echó el guardabosques, y no volví a meterme más en la historia.
-¿Y qué le lleva a una señorita de sangre azul a aposentarse en mi humilde morada? –Inquirió el guardabosques.
-Humilde desde luego que lo es, y podrías limpiar un poco para variar… En fin, que mi malvada madrastra, Sora La Lubricadora, quiere matarme porque tiene envidia de mi, que soy un dechado de virtud. Tienes que hospedarme en tu casa, guardabosques.
-¿Y qué gano yo con eso?
-Es un honor –se escandalizó Mimi… pero con dulzura.
-Está bien –aceptó el guardabosques-. Pero con una condición: mientras yo trabaje, harás las tareas del hogar.
-¡Ni hablar, me acabo de hacer las uñas! –replicó Mimi.
-Bueno, entonces puedes dormir en el mullido suelo del bosque –dijo el guardabosques abriendo la puerta.
-Eres malvado, guardabosques.
Mimi finalmenta aceptó las condiciones y se fue a dormir a un colchón latex natura que compró en el chino del bosque, aunque en realidad no era un chino porque allí trabajaban nutrias, pero como trabajaban tan arduamente Mimi concluyó que eran chinos. El guardabosques no le caía nada bien, pero le aseguraba protección, así que la pobre tuvo que apañárselas como pudo.
Como era impensable que alguien de su condición… PONERSE A LIMPIAR, su agudo ingenio se las apañó para escaquearse amorosamente de aquella cruel imposición. Llamó al ciervo T.K y a la cierva Kari y les invitó a su casa para agradecerles que le ayudaran la noche anterior. Cuando los animalitos estuvieron dentro, Mimi salió corriendo de la casa, los encerró dentro y gritó hermosamente:
-¡No saldréis de aquí hasta que esté limpio como una patena!
De esa manera consiguió librarse de esa carga por lo menos una semana. En cuanto a la comida, no tenía que calentarse demasiado la cabeza porque la pizzería del bosque le hacía descuentos por ser ella.
El guardabosques, que se hacía llamar Izzy, no era precisamente la persona más agradable y social del mundo. Cuando llegaba a casa apenas decía una palabra y se pasaba la mayor parte del tiempo con su ordenador portátil. Mimi se cabreó con el por la poca atención que le prestaba, pero no tardó en acostumbrarse a su presencia como se acostumbraba al enanito que tenía en el jardín de su palacio.
Entretanto, el corazón, tan negro como el tizón, de Sora La Maquinadora se hizo más negro que… el tizón.
-Dime donde está, Joe Espejo –ordenó un día al espejo.
-Espera que haga uso de mis poderes mágicos. A ver –puso los ojos en blanco, pero luego los abrió y se conectó a un ordenador-. Ella ha colgado sus fotos en Factbook… Está conectada a la red WEEDLAND15. El módem está en la casa del guardabosques, así que ella se ha alojado cerca de allí, si no directamente allí. No sé como cojones he averiguado esto, lo único que puedo decir es que el narrador no tiene ni puñetera idea de informática.
La malvada Sora se dispuso a maquinar otra de sus maldades. Se disfrazó de vieja, cogió una manzana y se adentró en el bosque.
