Disclaimer: Los personajes de SNK no me pertenecen son de Hajime Isayama.
Días después
Llevaban una semana tratando de comprender qué demonios había pasado, nunca había pasado algo como eso en la historia de los dragones, nunca se escuchó decir que un dragón compartiese su corazón con un… humano. Era verdad que ellos cuando encontraban a su pareja tenían la opción de darle la mitad al otro a cambio de obtener la de tu amante pero nunca se había visto que un dragón de apenas dos días de nacido diese voluntariamente su corazón a un humano, para salvarle la vida.
Estos días eran unos de los peores ya que ambos, tanto dragón como humano, no dejaban que nadie los separase, si alguien trataba de tomar al niño el dragón comenzaba a chillar haciendo doler los oídos de todos los presentes y si alguien tomaba al dragón el niño lloraba sin que pudiesen hacer nada por callarlo. El pocas palabras no podían separarlos excepto cuando les daban de comer y cuando el niño necesitaba cambiar sus pañales.
Otra que notaron fue que cuando los dos niños estaban juntos él bebe pelinegro tenía su espalda inmaculadamente blanca, cosa que no era así cuando se separaba del dragón. Cuando lo cargaban alejándolo del dragón, un dibujo emergía en su piel. Un bebe dragón idéntico a Eren aparecía y lo más raro era que si Eren estaba despierto el dragón en la espalda del humano también lo estaba. No tenían idea de porque pasaba esto pero estaba claro que no querían ni podían estar separados.
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–Está volviendo– dijo Carla al ver como su hijo después de casi diez días por fin volvía a su forma humana. El hecho de que en su forma dragón arrancara la mitad de su corazón lo había dejado imposibilitado de volver a su forma humana, ahora después de tantos días por fin volvía a ver su cabello castaño y su piel morena. Lo más increíble era que el niño humano estaba en la misma cama que su hijo con sus inmensos ojos verde mercurio mirando fijamente como el dragón negro iba desapareciendo y lentamente el cuerpo humano iba tomando forma.
–Eh estado pensando en un nombre para el niño– dijo Kenny quien no apartaba la mirada del único humano en la habitación, su curiosidad en este caso estaba haciéndose más fuerte y sabía que las respuestas estaban todas en el niño. Esa pelusa de cabello negro se iría con él lo antes posible, aun si eso significaba tenerlo llorando toda su vida. Ese niño seria suyo.
–Eren– lloro Carla cuando este volvió nuevamente a su forma humana, lo único que tenia de diferente era la rosada cicatriz en medio de su pecho, la cual compartía junto al humano. Quiso abrazarlo pero antes de que incluso pudiese tomarlo en sus brazos este ya se encontraba estrechamente junto al humano. Los hermosos ojos azul verdosos de él solo miraban a los mercurio del humano, la risa de ambos cuando sus manos se juntaron fue contagiosa y aun cuando no quería que su hijo dependiese de un humano, sonrió ya que este era feliz con ello, Eren era feliz.
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Diecisiete años después.
– ¿Cómo estas cariño? – Pregunto una mujer quien a pesar de tener pequeñas arrugas adornando sus cansados ojos sonreía alegremente –Supongo que con frio, hace varios días ya que ha comenzado a nevar. Me gustaría tanto poder llevarte a casa y comer todos juntos como hace años atrás– su voz melancólica logro hacer que aquel con quien hablaba gruñera –Lo siento, lo siento– se rio moviendo sus manos frente a su cuerpo negando –Es solo que se siente solitario el estar y comer sola en casa– suspiro sentándose en una piedra que estaba hecha para que cualquiera que viniera a ese lugar se sentase y estuviese cómodo –Tu padre aun no pierde la esperanza de encontrar a tu sabes quién. Yo tampoco lo hago pero… con cada día que pasa siento que él está más y más lejos– otro gruñido la hizo detener sus palabras.
Cerrando la boca observo el lugar donde hace años vivía su solitario y único hijo. La cueva era grande, espaciosa ya que con el tiempo a causa de los arrebatos del muchacho esta había comenzado a resquebrajarse. Tenía que admitir que el muchacho aun así tenia buen gusto, la inmensa cueva tenía dos caminos además de la principal entrada que estaba tras una cascada, un camino llevaba a otra gran cueva que tenía grandes cantidades de paja, que era donde dormía y la otra que tras caminar mucho llevaba a una parte oculta en medio del bosque en el que vivían. Solo se podía llegar a tal lugar por medio de ese camino oculto por la cascada o… volando.
Cosa que era imposible para un humano, pero no para ellos. Por lo que encontrar a su hijo en el claro tendido bajo el sol era algo normal en los días de verano, el chico amaba poder estirarse y volar por el cielo despejado.
– ¿Crees que papá lo encontrara esta vez? – no pudo evitar preguntarlo pero sabía que fue un error cuando el inmenso dragón le gruño herido y levantándose se giró para irse en la dirección del claro que aun cubierto de nieve era hermoso. Miro al negro dragón irse con la cola arrastrándose en el suelo, sus alas se movieron sutilmente como si estuviese preparándose para desplegarlas y volar, quizás en estos momentos era lo mejor.
Eren.
Su pequeño y único hijo llevaba más de siete años encerrado en su forma de dragón. Trataron de mil maneras de encontrar una solución pero siempre todas guiaban a la misma respuesta, y esa era la "persona" que su marido se encontraba buscando.
Su hijo había demorado una semana en transformarse por segunda vez en dragón, la primera fue cuando era solo un bebe, pero la segunda fue cuando el "humano" desapareció junto a Kenny, Eren se había vuelto literalmente loco el segundo día que no vio al pelinegro, al tercer día lo habían tenido que sostener bajo hechizos dentro de la su habitación. Para el cuarto día su cuerpo comenzó a llenarse de escamas negras que comenzaron a esparcirse desde la cicatriz en su pecho, el quinto y sexto día tuvieron que buscar algún lugar donde podrían encerrarlo ya que su cuerpo comenzó a ganar forma, las escamas estaban en todo su cuerpo y solo sus ojos eran lo que lo identificaba como su hijo.
Para el séptimo día, Eren ya era un dragón. A pesar de solo tener diez años en su forma de dragón era increíblemente grande, media sus buenos ocho metros de alto y unos doce de largo. Pero eso no era nada comparado a lo que ahora media, eran veinte metros de alto y casi los treinta de largo, la largura de su cola era impresionante y realmente no sabían si dejaría ya de crecer o no, pues solo tenía diecisiete años y normalmente un dragón dejaba de crecer a los veinte y uno.
La fuerte ventisca que llego desde el camino por donde se había ido su hijo y el sonido de alas levantando el vuelo fue lo único que le advirtió de que estaba sola nuevamente. Conociendo a su hijo eso quería decir que no volvería en mucho tiempo más. Suspiro, solo rogaba que su marido volviese pronto con noticias, buenas de preferencia.
«––––– –––––»
Correr. Dios llevaba días sin correr de esa manera. Sus cortas pero fuertes piernas lo ayudaban en la para nada fácil subida en la montaña, llevaba más de una semana tratando de poder llegar a la puta cima y pareciese que cada vez que pensaba que ya faltaba menos, esta se hacía más alta ¿era eso posible? Su mente le gritaba que era una idea estúpida pero había algo raro en esta montaña.
–Kenny– lo llamo sin levantar mucho la voz, el hombre mayor se giró a mirarlo y contrario a Levi, Kenny no se veía cansado mientras trotaban en subida. Como mierda lo hacia el hombre, no lo sabía pero estaba seguro que tenía que ver con su sangre de dragón –Esto es una mierda, está claro que esta puta montaña tiene un hechizo– dijo tan sutilmente como el solo podía hacerlo. Kenny levanto una ceja y riéndose negó con la cabeza.
–Eso es imposible, estamos a solo dos días por terminar, pero si tu perezoso culo ya está cansado pues darte la vuelta y volver– dijo sin darle otra mirada mientras se daba vuelta y seguía trotando. Estuvo tentando a darse la vuelta y bajar pero… si ese maldito pero, solo bufo y lo siguió. Sabía que si no seguía al jodido hombre seguramente se perdería y ni siquiera lograría llegar al puto pueblo antes de que se lo comiese algún animal. No es que fuese débil, pero algo en su sangre siempre hacia que estos fuesen tras su culo y no de una manera linda.
–Maldito hijo de puta–murmuro más para sí mismo pero aun así…
–Desde cuando la jovencita murmura para sí mima, ¿Acaso me tienes miedo?– se burló el viejo de él. Gruñendo le grito que se fuera a la mierda antes de comenzar a correr nuevamente.
Trotando tras el hombre que conocía desde que tenía uso de razón observo a su alrededor, este lugar le recordaba vagamente a donde vivía antes de que Kenny se lo llevase a recorrer los distintos pueblos, le recordaba a una mujer y a un niño de su edad, uno que tenía una cicatriz igual a la suya en el pecho. Eren. Lo recordaba y cada vez que pensaba en él, el tatuaje en su espalda comenzaba a arder, como si este se moviese aun sobre su piel cosa que ahora no creía tan imposible ya que cuando cumplió quince se dio cuenta que él pequeño dragón crecía cada año. Recordaba que a los diez el dragón ya era grande pero aun así solo ocupaba el centro de su espalda, pero cada año que paso después de eso el tatuaje comenzó a crecer, ya no era ni un bebe dragón, ni tampoco uno más grande, ahora era gigante, sí, gigante. El dragón ocupaba toda su espalda las alas se extendían y abrazaban cada uno de sus hombros mientras que la larga cola parecía querer enroscarse alrededor de su cuerpo, las grandes patas traseras del dragón desde hace unos meses habían comenzado a bajar y ahora se posaban cada una en el inicio de sus nalgas.
La primera vez que le comento a Kenny sobre ello, el viejo solo se había reído de él diciéndole que era su imaginación pero más tarde se dio cuenta junto a Levi que el pequeño dragón paso a ser el Gigante dragón. Kenny no lo dejo investigar sobre que significaba pero ya que él era el hijo de puta que era, igual busco información y por lo que sabía ese dragón significaba su unión a una persona que él no recordaba. Levi sabía que vivió junto a dragones, Kenny era uno pero más allá de la familia Jaeger nunca conoció a nadie más, quizás si los buscaba ellos le dirían algo más sobre el tatuaje pero eh allí el problema, Kenny insistió en que lo mejor era no volver a verlos. Que ya bastantes problemas habían causado en esos diez años que vivieron juntos.
Siendo la persona que era ahora entendía que era una pérdida de tiempo ir por un tatuaje, aun cuando el puto tatuaje se moviese y días como en luna llena la cola del mismo se metiese justo entre sus piernas, haciendo que su entrada ardiera y anduviese como perra en celo. Joder, eso era caer bajo.
Jadeando miro el cielo, ya era casi entrada la noche, seguramente en cualquier momento el vejete ese pararía y podrían descansar un poco. No es que estuviese muy cansado, pero hace días que no lograba conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada algo lo tenía inquieto y lo peor es que su corazón no dejaba agitarse con solo ver un pájaro volando sobre sus cabezas. ¿Podía ser más estúpido? No a menos que el vejestorio frente a él tropezase y cállese montaña abajo.
– ¿No hubiese sido más fácil que cambiases a dragón y nos ahorraras el gasto de energía?– le pregunto cuando Kenny se detuvo y comenzó a buscar pequeñas ramitas para hacer una fogata, el mientras tanto busco un lugar donde no hubiesen tantas piedras y pudiesen dormir sin muchos dolores. Kenny se giró a mirarlo un segundo diciéndole con su petulante mirada que su pregunta era estúpida, porque ya sabía la respuesta.
Sentándose sobre una gran piedra que había observo en silencio como el hombre prendía la fogata, no lo sorprendió cuando Kenny inflo sus pulmones y fuego salió por su boca. Haber vivido toda su vida rodeado de dragones hacia qué cosas como estas fuesen pan de cada día. Levantando la mirada observo el cielo anaranjado que poco a poco iba volviéndose azul, Kenny tarareaba una vieja canción que desde que lo conocía venia escuchando y el simplemente se quedó allí esperando tranquilamente como siempre a que el otro hombre terminase de cocinar y pudiesen irse a dormir rápidamente.
Dejándose caer de la piedra uso esta para apoyar su espalda, no era lo más cómodo pero seguro que le serviría para descansar un momento. Cerrando los ojos dejo escapar todo el aire de sus pulmones, como extrañaba la suave y cómoda cama de su amante, extrañaba los besos suaves y los fuertes brazos que lo rodeaban en las noches, no era un romántico ni nada, tampoco es que amase al estúpido hombre pero podía decir que se sentía cómodo con él ya que este no preguntaba ni tampoco pedía explicaciones por sus fugases salidas con Kenny.
El hombre solo aceptaba lo que Rivaille le daba y no pedía nada más. Kenny sabia también de ello pero no dijo nada al respecto excepto que nunca podía compartir su cuerpo con otro humano. Rivaille no había comprendido en primera instancia que significaba eso pero tiempo después de conocer a su "amante" y querer llevar su relación a una de real amantes se topó con el gran, gran problema de no poder tener sexo con él. Su cuerpo había reaccionado a cada uno de los suaves toques de su amante pero cuando se sobre excitaba o sentía al hombre aproximarse desnudo sobre su cuerpo su pecho se oprimía, la cicatriz en su pecho parecía que se fuese abrir por el errático movimiento que daba al respirar más agitado y el jodido dragón en su espalda era como si comenzase a desgarrar con su garras su piel.
La última vez que lo habían intentado Rivaille había tratado de ignorar todos los otros síntomas y cuando su amante había estado a solo un impulso de adentrarse en su cuerpo, su corazón se detuvo. Si, su corazón dejo de latir y él estuvo casi veinte minutos muerto. Si no hubiese sido por Kenny ahora mismo no estaría contándolo. Por lo que en pocas palabras no podía tener sexo. O por lo menos no con ese humano, le dijo Kenny. Pero como Rivaille era terco seguía volviendo con el hombre aun cuando sabía que su relación nunca sería una realmente. Pero los besos y suaves caricias parecían ser lo bastantes buenas ya que su pareja no lo había echado de su lado.
–Mierda– escucho gruñir a Kenny. Abriendo los ojos observo como este se levantaba y observaba fijamente el cielo –Mueve el culo Levi, debemos movernos– agrando su propio bolso Kenny comenzó a caminar adentrándose en el bosque – ¡Muévete Levi!– volvió a gritarle, pero cuando se levantó y recogió su bolso ya era tarde. Un inmenso dragón marrón estaba frente a ellos impidiéndoles escapar. Kenny gruño mostrando sus dientes afilados y el dragón le devolvió el gruñido aún más fuerte.
Y en menos de un segundo el dragón había desaparecido y un hombre castaño y delgado estaba frente a ellos, además de completamente desnudo. Pero fue su rostro, sabía que conocía al hombre pero no recordaba de dónde. La mirada del hombre se posó en Kenny y volvió a gruñir recibiendo un gruñido de parte de su acompañante igual, pero momentos después los castaños y casi verdosos ojos del hombre desnudo se posaron en él. Levi lo miro tratando de recordar de donde lo conocía pero su mente parecía estar desconectada al ver a tan inmenso dragón.
–Rivaille– el hombre lo llamo al tiempo que lentamente se acercaba como si quisiese asegurarse de que se trataba de él y fue solo cuando el castaño estuvo más cerca y a la luz de la luna que lo reconoció. Su pecho se apretó al recordar al hombre con que vivió parte de su infancia.
–Grisha– susurro. El hombre corrió lo poco que los separaba y en menos de un segundo tenia ropa sobre su antes desnudo cuerpo, recordaba que Kenny igual hacia algo parecido cuando se bañaba y la verdad era que a él igual le gustaría poder hacerlo. Se sorprendió cuando el hombre se acercó tanto a él que cuando menos lo pensó ya lo tenía abrazado a su cuello. Sin saber cómo reaccionar solo dejo sus brazos caer a cada lado de su cuerpo, no comprendía por qué tanta ilusión por ver a un humano como él, la verdad es que cuando vivía con ellos siempre supo que a la mujer de Grisha no le gustaba, ella parecía detestarlo sobre todo cuando dormía con el moreno quien era el que realmente lo arrastraba en las noches a su cama.
–Dios, no sabes por cuanto te he buscado– tomándolo de los hombros el castaño lo recorrió con la mirada dos veces, como si buscase cualquier tipo de herida o daño o lo que sea que estuviese pensando –Sé que es extraño pero realmente necesito que vuelvas con…–
–No– lo interrumpió Kenny de pronto –Levi no ira a ningún lugar contigo– interponiéndose entre ellos Kenny le gruño mientras ocultaba al pelinegro tras su cuerpo.
–No te metas en esto– gruño el antes sonriente Grisha, su rostro se oscureció mientras sus ojos se volvían dagas heladas –Es por tu culpa que mi hijo sufre, todo esto sucedió por tu maldita culpa– le termino por escupir, Kenny no pudo hacer nada cuando el dragón más viejo levanto su mano y como si controlase el viento este hizo que Kenny volase varios metros lejos de ellos.
–Que…– trato de decir, aunque la realidad sea dicha no tenía idea de lo que estaba pasando allí – ¿De qué se supone que tiene la culpa Kenny? – interrogo volviendo su mirada el doctor Grisha quien ahora lo miraba seriamente aunque sabía que él no corría peligro a su lado.
–El té alejo de nosotros o mejor dicho de mi hijo solo por el placer de tenerte– le dijo pero aun así, no entendía de que iba todo esto –Quiero que me escuches atentamente Rivaille, puede que Kenny te ocultase todo lo referente a tu niñez pero yo te contare lo que paso solo necesito que mientras yo te lo diga volvamos a casa– una suave sonrisa en el amable rostro del hombre le dijo que a pesar de su sonrisa él se lo llevaría le gustase o no.
No sabiendo que responder miro a Kenny quien no lo miraba pero se notaba derrotado, volviendo la mirada asintió suavemente a Grisha.
–Bien comencemos con algo simple. ¿Recuerdas a Eren? – Kenny gruño y el solamente asintió de nuevo ¿Qué mierda estaba pasando? – Bueno recordaras que la última vez que se vieron ambos tenían nueve a diez años– a pesar de lo oscuro que estaba el hombre comenzó a caminar tranquilamente a su lado al tiempo que volvían al lugar donde Kenny había hecho una fogata – Mi hijo cuando era un bebe hizo algo que nunca comprendimos a que se debía, él con solo dos días de nacido arranco la mitad de su corazón– abriendo los ojos sorprendido giro su rostro observo al hombre mayor quien solo le sonrió suavemente, quiso preguntar "como" pero mejor guardo silencio dejando al hombre seguir contando –Te preguntaras como fue pero la verdad es que simplemente se transformó en un dragón y rasgando con sus garras su pecho saco la mitad de su corazón, todavía recuerdo como en su pequeña pata sostenía la mitad latente de su corazón– los ojos de Grisha brillaron con lo que parecían ser lagrimas pero no dijo nada al respecto –Pero lo que más nos impresiono fue ver como esa misma pata se adentraba dentro del pecho de otra persona quien tenía su corazón desgarrado y casi sin latidos– y fue ahí cuando comprendió a donde quería llegar el hombre, girándose miro a Kenny buscado la verdad a esas palabras pero este no lo miraba confirmando lo que Grisha decía, su corazón se apretó como si este le confirmase la verdad –Ese niño como supones eras tú Rivaille, tú tienes la otra mitad del corazón de mi hijo– Y solo con esas palabras fue que todas las piezas del rompecabezas cayeron en su lugar.
La razón del tatuaje, de porque este mismo se hacía cada año más grande. De porque no podía unirse o acostarse con otra persona, el porqué de que su corazón se agitaba de solo ver a un pájaro surcando los cielo… todas las cosas a las que no encontraba lógica ahora las comprendía. Todo se debía a que en su cuerpo había algo que realmente no era suyo, porque aunque fuese diluida en su cuerpo si había sangre de dragón.
–Y es por lo mismo que ahora necesito que vuelvas conmigo, Eren… te necesita–
Sin decir nada volvió asentir ya que aunque no le gustase la idea ahora se daba cuenta que su vida no dependía de él, todo dependía de Eren. Un niño al cual no recordaba, ni quería. Pero a quien su vida le pertenecía.
«––––– –––––»
– ¿Estas bien?– le pregunto Grisha cuando volvió a su forma humana y se acercó nuevamente al pelinegro quien se veía más pálido de lo que ya era y sus ojos parecían dos perlas brillantes. Joder viajar sobre un dragón era algo que rogaba a todos los cielos no tener que volver a repetir.
–N-No es nada– logro decir un susurro apenas audible pero que el dragón logro escuchar claramente. Sin creerle realmente Grisha lo guio por el camino, uno que vagamente recordaba y que estaba seguro llevaba a la cabaña en donde vivió ya mayor parte de su niñez. Fue solo cuando el hermoso y frondoso bosque se abrió ante ellos que vio la cabaña, por un momento sintió que después de tanto tiempo por fin volvía a casa.
El leve movimiento de las cortinas de la ventana le dijo que alguien los había visto y solo fue cosa de segundo para que la mujer que parecía detestarlo cuando niño saliese por la puerta de enfrente para correr a los brazos de su marido o pareja como le decían los de su raza. La mujer sollozo en el pecho del hombre como si llevase mucho tiempo sin verlo, pero más allá de eso volvió la mirada a la casa, de alguna manera esperaba ver salir al niño de ojos azul verdosos que recordaba pero la casa parecía tan silenciosa que solo daba la impresión de estar vacía.
Un suave viento revolvió sus cabellos y solo con mirar un poco hacia atrás supo que era Kenny, a pesar de no haber querido venir el hombre solo voló diciendo que no lo dejaría solo. Y lo agradecía ya que no sabía que encontraría en ese lugar, esas personas puede que cuidasen de él cuándo niño pero el tiempo cambia a las personas, algunas para bien y otras para mal.
– ¿Rivaille? – la suave y más madura voz de Carla lo sorprendió, volviendo el rostro encontró los dorados ojos de la mujer fijos en los suyos. Ella lo miraba, lo escaneaba buscando cualquier cosa que le dijese que no era un sueño y el realmente estaba allí –No puedo creer que estés aquí– sollozo dejándose caer de rodillas al suelo. Incomodo, asustado y sobre todo estupefacto no supo cómo reaccionar a todo, estaba seguro que esa era la misma mujer que lo detestaba por alejar a su único hijo de sus brazos. Claro que recordaba como ella lo miraba mal cuando Eren dormía sobre su pequeño pecho o cuando este mismo besaba sus mejillas, era algo que cuando niño no tomo importancia pero con los años analizo y llego a la simple conclusión de que eran celos de madre. No podía decir que ahora no lo comprendía ya que a pesar de que Eren era su hijo el niño siempre había estado pegado a su cadera como si hubiesen nacido juntos. Aunque ahora que lo pensaba ellos compartían más que solo una niñez juntos.
Después de diez minutos en los que la mujer lloro y solo cuando ella se calmo fue que pudo preguntar.
– ¿Donde esta Eren? – y si hubiese sabido que eso conllevaría a otra ronda de lágrimas no hubiese abierto su puta boca.
«––––– –––––»
Se preguntaba si en algún momento lo dejarían descansar, hace unas horas se encontraba subiendo una puta montaña de la cual paso a dar un pequeño paseo sobre un inmenso dragón y ahora se encontraba caminando hacia una jodida cascada. ¿Qué venia después? ¿Nadar contra la puta corriente? Eran cerca de las doce de la noche o eso creía ya que la luna esta sobre sus cabezas y gracias a ella no estaba chocando con cada maldita rama de los putos árboles. El suave pero constante sonido de agua cayendo le llego como un maldito relajante, de solo imaginar en zambullirse bajo el agua tenía a su cuerpo ansioso, no se había bañado desde la mañana y se sentía realmente asqueroso.
Solo levanto la mirada del suelo cuando el incómodo silencio se vio obstaculizado por el fuerte ruido que producía la cascada. La verdad fuese dicha no recordaba este lugar, siendo que cuando niños con Eren siempre encontraban nuevos escondites para asustar a los padres de este. No pudo evitar emocionarse al notar como la luna se reflejaba hermosamente sobre las cristalinas aguas, ahora deseaba más poder sumergirse bajo esas aguas. Sin saber porque se acercó a la orilla, notando que efectivamente el agua era tan pura que hasta lograba ver las rocas más pequeñas a través del agua.
–Eren esta tras la cascada– fue lo único que le dijo Carla. Asintiendo se sacó las botas y la camisa, su pálida piel quedo al descubierto y un jadeo lo hizo girar el rostro. Carla miraba fijamente su espalda y creyó escucharla decir algo como "Es Eren" pero lo ignoro y sin pensarlo mucho camino dentro del pequeño lago que se formaba bajo la cascada. Cuando el agua estuvo a la altura de sus caderas sintió la inquietante sensación de que lo observaban y no solo eran las miradas de los que estaban tras él. El dragón en su espalda ardió y comenzó a palpitar logrando que su cuerpo se calentase.
Mierda. Había olvidado que era luna llena.
Levanto la mirada a la luna maldiciéndola por ser tan inoportuna pero aún se detestaba más a él mismo por no recordar la maldita fecha. Volviendo su mirada a la cascada di un paso pero fue ahí cuando vio el otro par de ojos que lo observaban, eran unos inmensos ojos azules verdoso que brillaban tras la fuerte corriente de la cascada, quedándose estático observo como el gigante dragón lentamente salía de la cueva. El no tuvo problemas con la fuerza de la cascada ya que su cabeza logro dividir el agua, Levi levando la mirada y su cuello protesto cuando el dragón salió de detrás de la cascada y quedo a solo unos metros de él.
– ¿Eren? – pregunto no creyendo que tan inmenso dragón fuese el pequeño niño con el que solía dormir acurrucado.
Pero como si se tratase de un hechizo, su espalda latió por última vez antes de que sus ojos le mostrasen la peor y más espeluznante experiencia de su vida. El dragón comenzó lentamente a temblar antes de que su cuerpo comenzara el cambio. Sus huesos comenzaron a crujir como si se rompiesen y volviese a armar, la escamas negras comenzaron a caer dejando solo un halo de luz ya que estas desaparecían como luciérnagas, lo peor fue ver como los músculos temblaban y después de contraían, en un momento llego a pensar que era una maldita masa gigante de músculos. Pero incluso así no pudo moverse de donde estaba.
Fue después de lo que parecieron horas que vio el cabello castaño de un largor impresionante, vio al ahora no tan niño que le había salvado la vida. Eren estaba a solo dos metros de él, aun con la cabeza gacha ocultando su rostro, aun así Levi logro ver como su cuerpo era de un inmaculado color dorado, su piel parecía brillar con la luz de la luna, su cabello caía tan largo que incluso flotaba sobre el agua pero solo fue cuando el muchacho frente a él levanto el rostro que su cuerpo reacciono sin su permiso. Camino hipnotizado por esos grandes y penetrantes ojos que no dejaban de observarlo, como si tuviese miedo de que si apartaba la mirada el hechizo puesto sobre ellos desaparecería.
A solo un paso se detuvo impresionado ya que el agua le llegaba a la cintura mientras que al moreno apenas le cubría de la cadera hacia abajo, su mirada viajo por un corto segundo por los impresionantes músculos que brillaban, su mirada volvió a los ojos del muchacho notando que este igual lo miraba y saber que él lo observaba calentaba su pecho y sobre todo su cuerpo. Esta vez fue el moreno quien dio el paso que los separaban, antes de que pudiese reaccionar una mano se posó en su mejilla y un fuerte brazo rodeo su cintura.
Lo siguiente que supo es que unos cálidos labios devoraban castamente los suyos y después el agua se encargó de ocultarlos de los demás.
¡Gracias por leer!
¡Gracias a las cuatro personitas que me agregaron a favorito, las amo!
E incluso cuando no recibí reviews voy a seguir publicando por que le he puesto mucho empeño a este fic :`)
Nos vemos en el próximo capitulo que estoy pensando en subir el próximo sábado ^^
(tiene mas de la mitad del cap así que no os desesperéis)
Cuidense.
¿Review?
DarkEmi
