Los personajes que aparecen aquí no son de mi propiedad son de Stephanie Meyer, yo solo soy una fan de ella que juega con los personajes y las situaciones en la que se concentra la historia.
Aunque todavía esta en progreso este fan fiction, espero que les guste es lo primero que escribo y en verdad espero que les guste. Bien han pasado años desde que subí el primer capítulo y debo decir que he estado muy ocupada, ademas de que perdí la contraseña y no podía recuperarla :P Aquí les dejó el segundo capítulo y bueno, ya irán entendiendo un poco más la historia a medida que avanze.
2.
Las estrellas se deslizaban a través de la pequeña abertura de la cueva, estas parecían guiñarle a un tenso Ian tendido sobre una vieja y sucia colchoneta, a él solo le parecía que se estarían burlándose de su desgracia, un pequeño brazo que cruzaba su estómago lo apretó, no pudo evitar que en su rostro se trazara una diminuta sonrisa para que después su rostro se transformará en uno lleno de amargura, nunca debí dejar que esto sucediera esas seis palabras se las repetía día tras día cada vez que observaba a su pequeña Wanda llevar su blanca y fina mano a su vientre y verla acariciando su abultado estomago con infinita ternura, esa imagen no hacía más que hacerlo sentir culpable, culpable por dejar que sucediera, culpable por hacer sentir mal a Wanda con su deprimente estado de ánimo, culpable por ser tan egoísta, culpable por no llevar una vida mejor, culpable por dejarse vencer por el deseo.
Ian parecía atormentarse por los recuerdos de aquella tarde.
Ian caminaba pesadamente por los sinuosos corredores de las cuevas, el sudor se deslizaba por debajo de su camisa haciendo que esta se aderiera a su espalda y pecho como una segunda piel, hacía un calor como los mil demonios, se quitó la camisa para dejar ver sus bien definidos pectorales y la colocó sobre su hombro, dejó soltar un suspiro de satisfacción cuando una pequeña brisa se deslizo sobre él refrescándolo, continuo caminando con una gran sonrisa sobre su rostro aunque el cuerpo le ardiera con cada paso pronto la vería y la besaría hasta que ella perdiera la conciencia. Se detuvo y se llevó la botella con agua a la boca, un chorro se deslizo por su garganta con rapidez a través de su garganta refrescándola, se limpiaba el sudor que cubría su frente con el dorso de su mano, cuando vio que una sombra se deslizaba en el túnel que daba hacia los maizales, su cuerpo se tensó instantáneamente, cuando se estaba viviendo en una situación como aquella en la que los humanos eran rastreados un instinto de supervivencia te regía y el instinto de Ian se había encendido en ese momento, su mano se cerró en torno a la botella con fuerza, Ian comenzó a moverse lentamente a través del corredor sin hacer demasiado ruido, el corazón le palpitaba con fuerza, podía oírlo en sus oídos, entró en el maizal, la luz que se reflejaba de los espejos hacia que las sombras sobre la tierra fueran alargadas.
Ecos de pasos se escuchaban a través del maizal.
Ian se giró buscando al causante de esos sonidos, se internó buscando a la sombra que había visto escabullirse por las cuevas, pensaba encontrar a Jamie por ahí escondido como últimamente lo hacía, pero no fue así, dio vueltas al maizal pero no alcanzaba a visualizar nada, todas esas sombras lo hacían confundirse, su corazón palpitaba a un ritmo incesante.
Los cabellos de su nunca se le erizaron.
De la nada unos brazos lo tomaron por la espalda haciendo que Ian diera un pequeño brinco y su corazón se detuviera un momento, se escuchó una risa infantil y cantarina.
¡Bu!
Ian soltó un suspiro aliviado, se dio la vuelta para encontrarse con una rubia bajita que lo miraba con burla.
— ¿Te asuste? —le preguntó Wanda mordiéndose el labio inferior tratando de contener una risa que amenazaba por salir, un mechón de su cabello se deslizó hacia enfrente y ella lo aparto, ese simple gesto hizo que a Ian le diera un ataque de ternura, sonriendo negó con la cabeza y se acercó a ella, le plantó un suave beso en los labios y se alejó.
— ¡Me vuelves loco! — le dijo alzando la vista hacia el cielo y sonriéndole de aquella manera que derretía el corazón de Wanda.
—Y… ¿Eso es bueno? —le pregunto con timidez.
Ian volvió a sonreír y la miró intensamente, Wanda no pudo evitar bajar la mirada y fue cuando ella se dio cuenta de que él era mucho más hermoso de lo que ella pensaba, siempre lo miraba al despertar y le parecía lo más dulce que nunca había visto en su existencia, Ian era bello de otra manera, hermoso, pero ahora que lo veía así se dio cuenta de que era guapo de otra manera, una en la que ni siquiera podía encontrar una palabras para definirlo. El sudor cubría el pecho de Ian haciéndolo brillar, un deseo por tocarlo la asaltó, con timidez se acercó a él y le paso las manos por el cuello atrayendo su rostro hacia ella, Ian confundido por su actitud la dejó hacer disfrutando la sensación de que Wanda tomará la iniciativa por primera vez, los labios suaves de ella se deslizaban sobre los de él sin pena alguna, succionando y abriendo los rojos labios de Ian, él le devolvió el beso con ternura, pero ella no quería eso, cuando Wanda le mordió el labio inferior fue lo que lo volvió loco, tomó su rostro entre las manos y la beso con fuerza, deslizando su lengua entre la boca de Wanda, los dos estaban tan juntos que se pensaría que de un momento a otro podrían fundirse el uno en el otro.
Las manos de Wanda parecían tener vida propia, se deslizaban de arriba abajo sobre el pecho de él, los dedos de ella parecían delinear cada musculo, Ian se estremeció de placer, las manos de él dejaron el rostro de su amada para comenzar a deslizarse hacia abajo dejando una sensación de hormigueo en donde tocaban, primero pasando por su cuello, por sus hombros. Wanda se removía bajo las caricias de Ian, sus rodillas parecían no sostenerla, se movieron sin dejar de tocarse hasta que la espalda de ella tocó la pared de roca, algo, una sensación que no supo identificar, se instaló en su vientre bajo, cerró las piernas instintivamente y comenzó a buscar en el cerebro de Pet alguna explicación de lo que le sucedía, pero no podía concentrarse cuando las manos de Ian se movían de aquella manera tan deliciosa sobre su cuerpo. Ian movió las manos sobre los costados de los pechos de Wanda, trataba de controlarse, indeciso siguió besándola, se apretó contra ella, ya ambos jadeaban, pero la falta de aire no fue un impedimento para que dejarán de besarse. Los pantalones de Ian parecían haberse encogido y él lo sabía, el control que tenía sobre él se le deslizaba entre los dedos, cada vez que el trataba de apaciguar el beso y alejarse, Wanda lo atraía más hacia ella, besándolo con más energía que antes.
Cuando las manos suaves de Wanda se deslizaron hasta la cinturilla de su pantalón, Ian perdió el control sobre él y se dejó llevar, deslizo los dedos hacia el pequeño tirante de su vestido de verano y tiró de él, depósito suaves besos a lo largo de su mandíbula hasta llegar a su hombro.
Wanda se estremecía al tiempo en el que los besos de Ian bajaban, su respiración entrecortada, jadeos de placer salían de su boca y una sensación extraña se instalaba en su vientre bajo, eran tantas las sensaciones que pensó que de un momento a otro podría morir por la intensidad de estos sentimientos tan nuevos, nunca había deseado algo como lo hacía ahora, deseaba algo con desesperación. Algo de lo cual no sabía de qué se trataba.
Wanda sintió como Ian la recostaba sobre la arena purpura de la cueva, él la beso con intensidad y pasión, su mente nublada por el deseo no la dejaba pensar y solo atinaba a continuar besándolo sin medida.
Las grandes manos de él se desplazaban a lo largo de las piernas de Wanda. Los alargados dedos de Ian se deslizaron entre las temblorosas piernas de Wanda haciendo círculos a lo largo de su camino, Wanda buscaba los labios de Ian con desesperación, las manos de ella estaban quietas sobre la musculosa espalda de él apretando a medida que un jadeo salía de su boca.
Cuando los dedos de Ian se encontraron con el tesoro oculto entre las blancas y tersas piernas de Wanda se detuvo y la miró, ella tenía sus ojos azules tan abiertos y oscurecidos por el deseo que la línea plateada en sus ojos parecía líquido, por un momento pensó que ella se arrepentía de la situación y comenzó a retirarse con lentitud, ella sintió la perdida y casi llora de frustración. Sin saber que más hacer lo atrajo hacia ella por el cuello como ya lo había hecho, se apretó contra él y comenzó a besarlo con lentitud esta vez tomándose su tiempo para disfrutar las sensaciones que la embargaban.
—Ian… —la voz de Wanda lo regreso a la realidad. Hablaba entre sueños.
Ian la atrajo hacia él y deposito un beso en el rubio cabello de ella.
—Te amo— le susurro. Se acurruco contra ella y la miro por última vez antes de rendirse al sueño.
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Hmmm... Una última cosa... Soy muy lenta para estas cosas, así que solo les pido un poco de pasiencia(:
Besos y abrazos.
JC. Carstairs.
