Entre libros y pergaminos

El chirrido de la pava sobre la hornalla de la cocina le anuncia que el café a llegado a su máximo punto de ebullición, de una manera poco amigable y silenciosa, por lo que decide levantarse de su lugar de trabajo momentáneo y dirigirse hasta la cocina para poder acabar con el concierto de silbidos que en ella se desarrolla y así poder conservar el silencio y la clama que se expande por su hogar a esas horas que sobrepasan la media noche , pensando que tal vez sería mejor para su dolor de cabeza, producto del esfuerzo por concentrarse en esos enredosos artículos con sus incisos y acepciones del nuevo decreto que esta controlando a cerca de la tenencia de creaturas domesticas, el invocar una taza de café ya prepara, pero recuerda que gracias a una de las cinco excepciones a la ley de Gamp de trasfiguración elemental eso no es posible, por lo que se resigna y vierte el liquido marrón con total pasividad dentro de una taza que reposa sobre la mesada, impregnándose del aroma de aquel, para ella, elixir liquido y la toma entre sus manos para retomar hacia el lugar de su lectura.

Antes de regresar hasta su estudio, donde sabe le aguardan pilas de pergaminos en espera de ser revisados, detiene su andar por el pasillo en frente del cuarto de la mayor de sus hijos, donde a pesar de ser aquel incluso un horario indecente para el desvelo, se puede identificar por la ranura de la puerta la luz prendida por lo que decide desviar su camino para así ingresar hasta la habitación.

Una vez que logra desplazar la puerta sin hacerla rechinar, labor en la cual toda madre con el tiempo se vuelve experta, le es posible obtener un panorama completo del interior del lugar, por lo que su atención es inmediatamente captada por la imagen de su pequeña, con la cabeza y parte de su torso totalmente recostada sobre la mesa que utiliza de pupitre, mostrando claramente que su intención no era perpetuar su sueño allí ya que se encuentra utilizando de almohada una de sus carpetas cuyas hojas perfectamente escritas con esa caligrafía demasiado prolija para ser la de una niña de ocho años, se halla bastante arrugada y en proceso de mayor deterioro a causa de ser implementada para aquel fin.

Hermione suspira resignada, ella conoce a su hija, y sabe que a pesar de que la escuela a aquella edad no le exija demasiado ella siempre querrá dar el doble del esfuerzo que le piden, porque ella quiere saber, ella quiere tener las respuestas, a Rose no le gustan las dudas ni las incógnitas sin resolver, le molesta no comprender, y sobre todo, no ser capaz de algo; porque inevitablemente Rose heredo eso de Hermione, la tendencia a nunca saber cuando parar cuando se trata del conocimiento; por lo que intentando hacer el menor ruido posible deja su ya tibia taza de café sobre el escritorio y se dispone a acomodar las pertenencias allí dispersas, tarea que podría hacer con un movimiento de barita, sino fuese porque ello haría demasiado bullicio, comenzando por quitar de la mano de la niña un lápiz con que tenía la intención de continuar su tarea.

Aquella mujer de cabellos castaños arreglado en un gran moño algo desordenado a causa de algunos risos que se niegan a permanecer allí inertes, con la mirada escondida tras sus lentes de lectura y templanza de abogada preocupada por su trabajo, no muestra una imagen demasiado maternal para quienes no la conocen, incluso podrían decir que Hermione Weasley no es de la clase de madres que dan consejos sobre vestidos para las muñecas, recuerda el nombre de su súper héroe favorito y prepara tartas de melaza los domingos, pero no es así, ella se esfuerza por no ser así, porque ama a sus hijos y porque reconoce que le dedica mucho tiempo a sus actividades laborales, pero aquellos son sus hijos, sus únicos hijos, y aquella su única oportunidad de vivir sus vidas con ellos, y eso Hermione no lo piensa desperdiciar, solo que a veces, mas que de vez en cuando sus planes no coinciden con los de sus obligaciones, y ella se ve en el la odiosa encrucijada entre dedicarles mas horas a sus hijos o cumplir con su deber, lo que en general acaba en una cena un tanto apresurada, en la que comparte escasos minutos en familia luego de un día colmado de actividades individuales de cada miembro, para luego dirigir a cada uno de los niños a su cama, despedirse de su marido y encerrarse en su despacho a acabar con algún reciente informe de ultimo momento que parecieran ser la novedad del año por como se producen.

Y muy a su pesar, aunque a veces se queje y muchos no la comprendan, ella acepta que esa es su vida, ella siempre fue así desde que tiene uso de razón, y Rose es igual a ella en ese sentido, demostrándolo en cada cosa que realiza, en la forma en la que constantemente quiere superarse a sí misma, de la manera en la que intenta demostrar que ella es grande y puede relacionarse con sus primos mayores, incluso en su forma de hablar, siempre tan correcta, tan precisa; destacándose entre el resto de los alumnos de su colegio y siempre yendo por mas; y eso a Hermione le asusta…

Porque es cuando descubre entre los objetos extendidos sobre la mesa, un libro dos cursos mas avanzados que al que Rose asiste, que ella recuerda que ella hacia lo mismo, se internaba entre el mundo de la literatura, química y matemática, desarrollando temas mas complicados cuando ya acaba con sus deberes, aislándose del resto del mundo y perdiéndose así momentos invaluables de su infancia que ya no recuperara, porque no es que ella se arrepintiese de ser quien era, sino que acepta haber hecho las cosas un poco diferentes a lo habitual.

Menea su cabeza sutilmente en un intento por espantar aquellos fantasmas que la invaden a causa de la fatiga de la noche y termina de colocar el último blog de hojas en su lugar, para así como fin ultimo juntar todas sus fuerzas y levantar a su hija de la silla de madera donde se halla reposando para así colocarla dentro de su cómoda cama, por lo que luego de realizar aquello extiende el edredón color naranja y negro con motivos de los ""que su marido le obsequio, para acurrucar a su hija, ella se queda una vez mas observando inmóvil la respiración cálida de Rose, sintiendo como si aquello fuese su mismo aliento, estando segura que así es, porque Hermione a tolerado demasiadas situaciones dolorosas en una corta vida, que pareciera reflejar la trayectoria de alguien muchos años mayor, pero si hay algo de lo que ella esta segura es que si le faltasen sus hijos a ella se le acabaría el aire de cada día.

Recorre la mirada por el contorno de aquel cuarto y analiza aquellas paredes repletas de diplomas académicos y fotografías familiares, entremezclados con algunos escasos estantes con adornos y peluches, todo perfectamente alineado en un orden estructural, una decoración que representa demasiado bien a la dueña de aquel cuarto, porque así es Rose, organizada y detallista, una amalgama de matices infantiles y responsabilidad de adultos, y ella comprende que esta creciendo al no encontrar ya donde debería estar ubicado un cuadro de Disney que le regalo su madre y en su lugar hallar una tabla de horarios. Y es que a veces Hermione siente que ya no conoce realmente a su hija, cuando la escucha hablar con esa voz de mandona recientemente adquirida a su hermano Hugo, o hace alusión a algún conocimiento que ella no supiese que tuviera, y ahí ella recuerda escuchar la risa orgullosa de Ron diciendo que su pequeña es tan inteligente como ella, pero ella no esta convencida que aquello sea algo del todo bueno, porque ella no quiere que Rose sea como ella, ella desea que su hija sea aun mejor y que no tan solo tenga una vida productiva, sino fundamentalmente una vida feliz.

Pero no puede culparla, porque admite que a pesar de todo, cuando la ve allí sentada con el ceño entre fruncido sobre algún texto que no acaba de comprender, o le imita sus modismos característico del momento en que relata el desenlace de algún juicio reciente, como si ella misma estuviese dando a conocer información crucial en cada palabra pronunciada, y observa brillar sus ojos azules colmados de expectativa cuando le comenta sobre algún tema de su interés, Hermione no puede evitar notar un reconfortante cosquilleo en la boca de su estomago y controlar aquella voz de su interior que grita gozosa que aquella es su niña.

Abandona su intención de retirarse, sentándose a la orilla de la cama y posa una de sus manos sobre esa enredadisa melena pelirroja que cubre el rostro de su hija, acariciando con la yema de sus dedos con total contemplación por el contorno de sus mejillas, y es que Rose detrás de aquella personalidad centrada y madura aun es solo una niña, es una representación en miniatura de su mundo, de todo lo que es ella, de su forma de reírse y enojarse, de la manera en la que siempre intenta tener la razón, de cómo se coloca sonrosada al igual que Ron cuando lo alagan y esa eterna manía de morderse el labio cuando esta preocupada, y es que carga con la historia de sus padres, y se siente responsable de cumplir con sus expectativas y sueños, de demostrarles que ella cree en lo mismo que ellos y que es tan valiente como aquellos que lucharon por construir el mundo en el que vive, porque Rose nació en tiempos de paz, pero carga con la memoria de una guerra, una contienda en la que no tiene incumbencia pero que esta al tanto que aun provoca esporádicas pesadillas a sus padres, tíos y abuelos, y Hermione sabe que Rose es mas perspicaz que la mayoría de los niños de su edad, pero también sabe que a fin de cuentas es demasiado pequeña para comprender la complejidad de todo aquello, que para ella tiene la misma resonancia que cualquier relato histórico de sus libros escolares, y de alguna manera aquello a Hermione le transmite tranquilidad.

Y observa por ultima vez el rostro adormecido de la pelirroja y gira automáticamente su cabeza para analizar la ya fría taza de café olvidada sobre el escrito, y se percata que realmente esta agotada y que sus se encuentra perdiendo la batalla contra el peso de sus parpados, por lo que se inclina para darle un beso de buenas noches a Rose y así preparase para ir ella también a conciliar una cita con Morfeo, porque ha decidido que quizás en verdad sea demasiado tarde ya para continuar con su trabajo, y que incluso mañana tampoco le dedique la atención necesaria, ya que pasara la tarde del sábado con sus hijos, porque aquel documento después de todo no es tan urgente ni indispensable, y ella tiene mas interés en descubrir que cosas nuevas han aprendido Rose y Hugo esta semana, mientras disfruta del sol en su patio y de una escasamente comestible tarta de melaza, de esas que Ron se devora solo por el esmero que ella emplea en prepararlas.

Y cuando apaga la luz de aquella habitación, cierra despacio la puerta para evitar interrumpir las aventuras y andanzas de unicornios voladores y príncipes azules de su hija, porque si alguien le hubiera dicho a Hermione Granger, la sabelotodo de Hogwart, que 23 años después de aquel primero de septiembre de 1990, luego de tener que soportar todo por lo que atravesó en aquella edad temprana, que ella se encontraría allí en ese momento parada en el umbral de aquella puerta, resguardando el sueño de aquella niña con la sensación de no saber nada de la vida y de que lo único de lo que podía estar segura es el amor que le tiene a su familia, entonces ella no dudaría que no hubiese tenido reparos en repetir la historia.