II. Llegada a Oeste.
Año 3741, ya habían pasado dieciocho años desde que el general Inu Taisho intervino en las tierras oeste. Pero aun la mayoría de las personas seguía con una mentalidad cerrada y discriminaba a los que eran diferentes, pero a diferencia de antes ya no los mataban.
En medio del bosque y rodeada por arboles frondosos que comenzaban tener tonos de anaranjado y marrón acusa de que se aproximaba el otoño, había una pequeña pero acogedora cabaña de madera, con chimenea y techo de paja; el terreno era limitado por una cerca de madera, la cual llegaba hasta el otro lado del puentecito que servía para cruzar un riachuelo que pasaba enfrente de ella. En el jardín delantero se hallaba un huerto de hierbas medicinales y en la parte trasera había un gallinero y un pequeño establo que ya no se usaba. Hay era donde vivían una anciana de baja estatura, cabello canoso que era curandera y una jovencita de piel clara, cabello azabache y ojos chocolate.
– ¡Kagome! ¿Dónde estas?– grito la anciana desde la puerta de la cabaña.
– Aquí Kaede.– le contesto cuando iba cruzando el puente.– Fui a dejarle flores a mi madre y padre.– la anciana sonrió, no podía culparla de querer ir a la tumban de su madre, hacia diez años que había muerto y Kagome no tenía a nadie mas que a ella.
– ¿Iras al pueblo?– pregunto al ver que Kaede tomaba una canasta y su chal.
– Si, no quiero que le abras a nadie y que…
– No me pasee por los alrededores del pueblo.– a completo la joven.– Siempre lo dices.
– Nunca esta de más.
– Si encuentras fresas ¿Traes?– dijo ilusionada, ya que era una de sus frutas favoritas.
– Claro, ahora práctica tus estudios.– la joven asintió y vio marchar a la anciana mujer, cerro la puerta y fue a tomar uno de los libro de su madre. Ya que "por practicar sus estudios" Kaede se refería a práctica tu escritura y lectura.
Mientras tanto en las tierras del este, un padre estaba discutiendo con su hijo menor en los jardines del palacio, ya que su terco hijo no quería acatar una simple orden.
– Pídeme lo que sea menos eso.
– No te lo estoy pidiendo, te lo estoy ordenando.– poniendo más énfasis en la última frase.
– Para eso tienes a tus guerreros ¿Por qué tengo que ir yo?
– Por que quiero, eso te hará madurar. Y de una vez te lo advierto si no vas al oeste vete olvidando de Tessaiga, Inuyasha.
– No puedes hacer eso, esa espada es mía, a Sesshoumaru no le pusiste condiciones para dársela.
– Él no me dio motivos para hacerlo.
– Es tan injusto.– el joven se derrumbo en el pasto sabiendo que ya había perdido esta batalla con su padre.
– No llegues tarde a comer.– dicho esto el padre regreso al palacio.
Inuyasha se recostó en el pasto poniendo sus brazos detrás de su cabeza y se quedo contemplando el cielo que ese día estaba despejado, solo alguna que otra formación algodonosa de nubes se formaba de vez en cuando.
– Kuso, ¿Por qué tenía que amenazar con eso?– dijo al recordar lo sucedió con su padre.
– Cuida tu vocabulario amigo mío.
– Cállate Miroku.– se incorporo para ver mejor a su mejor amigo, de ojos como el zafiro, cabello negro sujeto por una pequeña coleta y que vestía con un koromo azul marino debajo de una okesa morada, vestimenta típica de todo monje.– Yo lo cuidare cuando tu seas hombre de una sola mujer.
– Eso fue bajo.– reclamo mientras se sentaba junto a el.
– ¿Dónde dejaste tu bastón ese?
– Shakujou, ¿Cuántas veces te tengo que decir que es Shakujou? Si lo sigues llamando "bastón ese" buda te castigara.
– Lo que tú digas.– recostándose de nuevo sobre el pasto para ignorarlo.
– Lo deje en el templo, se esta purificando.– duraron un buen rato en silencio, Miroku ya comenzaba a pensar que su amigo se había quedado dormido.– Inuyasha.– le llamo mientras con una varita que encontró en el suelo le picaba las costillas.
– ¿Ahora que quieres?– contesto y trato de quitarle la varita, pero no pudo.
– No estás muerto me alegro. ¿Por qué no quieres ir?
– No hay nada interesante allí. Además te apuesto que tendré que poner buena cara todo el tiempo, ir a reuniones con gente que no conozco y me la pasare encerrado y luego esta esa ropa…– coloca sus brazos sobre su cara para no gritar.
– Encontraremos algo que te guste.– sugiere sabiendo que a su amigo no le gustaba la idea de cambiar su zubon, uwagi y sus jikatabi.
– Tu vivías allá ¿Es por lo menos cómoda esa ropa?
– No lo recuerdo, hace mucho, mucho tiempo que uso esto.– señalando su traje de monje.
– Si yo tengo que ir, tú iras también bonzo.
– Soy monje.
– ¿Tú, monje? No me hagas reír.– Miroku solo suspiro en otra ocasión hubiera seguido discutiendo con el, pero ahora quería pensar en el viaje que realizarían a su tierra natal.
– Sera bueno regresar.– dijo para si mismo.
La noche llegó rápido y Kagome estaba muy preocupada por Kaede que aun no llegaba del pueblo, nunca se había tardado tanto ¿Acaso algo malo le paso?
– ¿Qué hago? Ya es muy noche, pero le prometí que de noche no saldría. Kaede ¿Dónde estas?– se debatía mientras iba de un lado para otro dentro de la cabaña.
Poco después se escucho el galope de un caballo, Kaede no llevaba caballo ¿Quién sería? Se asomo por la ventana pero no veía con claridad ya que las nubes tapan la luz de luna por lo que todo era muy oscuro, distinguió la silueta de alguien que se aproximaba a la puerta y el miedo la invadió.
– Kagome ¿estás despierta?– el corazón de la joven se calmo al reconocer la voz de Kaede.
– Ya era hora que llegaras.– dicho al momento que abría la puerta.
– Lo siento mi niña, pero la esposa del panadero ya dio a luz y la ayude.– la anciana dejo su canasta en la mesa y colgó su chal junto a la puerta.
– ¡Ya veo! ¿Qué fue?
– Niña, su nombre será Mayu.
– Me gustaría conocerla…– dijo melancólica.
– Kagome sabes que…
– Lo se, no pienso ir.– desvió su cara de la de ella y se dirigió a su cuarto.– Me voy a dormir, que descanses Kaede.– la anciana la vio con tristeza entrar a su cuarto ¿Hasta cuando las cosas cambiarían?
Al día siguiente, seis guerreros a caballo; dos jóvenes dentro una carroza negra con una medía luna con una flor de loto pintada en dorado en sus dos puertas, que era el kamon de la familia Taisho y el interior de piel beige, era tirada por cuatro caballos negros y conducida por su cochero, iban por el sendero del bosque que dirigía a la ciudad de oeste.
Dentro del carruaje los jóvenes trataban de disfrutar el viaje, pero solo uno de ellos si lo hacia, mientras que el otro de ojos dorados y cabello negro, corto y rebelde, iba de mal humor.
– ¿Por qué esa mala cara?
– Pudimos a ver ido a caballo, no me agradan las carrozas, no sientes la velocidad, el aire contra tu cara y… ¡Son tan ostentosas!
– Tú tienes la culpa, tu padre pensó que si ibas a caballo escaparías y honestamente yo también.– dijo el joven monje con calma.
– Sesshoumaru pudo haber ido, es el mayor esto le corresponde a él.
– Amigo también es tu obligación, recuerda que formas parte de la familia Taisho. Además solo será una o dos semanas.
– Ahora que lo pienso mejor no hubieras venido…
– ¿Por qué? ¿Acaso no te agrada mi compañía?
– No es eso, es porque eres "monje", tienes "poder espiritual" y en esa tierra mataban a gente como tu.
– ¡Y es ahora que me lo dices! Me llevas a mi muerte. Aun no consigo una linda esposa y no eh dejado descendencia.– dijo Miroku con demasiado dramatismo a lo que a su amigo le provoco una risita.– Ahora te burlas de mi desgracia, eso no es de amigos.
– Tranquilo…– logro decir después de que controlo su risa.
– ¿Cómo quieres que este tranquilo?
– Lo único que tienes de monje es la ropa.– comentario que provoco que su amigo lo fulminara con la mirada.– No te enojes, lo que en verdad iba a decir es que lo único que tienes que hace es no decir que eres monje y no trates de chantajear con tus supuestos exorcismos.
– No son "supuestos exorcismos", son reales.
– Lo que tú digas, Bonzo.
– Ya te dije que soy monje. ¿Algún día me trataras con respeto? ¿Cómo se le debe tratar a un representante de Buda?– vio a su amigo a la cara y por la expresión de este, supo que era un no rotundo y suspiro.– Tengo una duda ¿Qué hago con mi ropa? Es de monje, cuando llegue me lincharan.
– Para que luego no digas que no hago nada por ti, ten.– lanzándole una mochila.
– Lo tenías todo planeado ¿verdad? El hacerme creer que mi fin se acercaba, para tu poder burlarte…
– Solo me desquite, por no tratar de convencer a mi padre de que no soy apto para este viaje.
– Con este amigo para que quiero enemigos.– meneo la cabeza de un lado a otro y luego cambio de plática.– ¿Con quien nos reuniremos?
– Con Lord Dokumo Naraku.
– Nunca he oído hablar de el.
– No es de nuestra tierra, mi padre no confía en él, pero las personas de oeste si y por eso mi lo dejo a cargo.
– ¿Por qué esa desconfianza?
– Según mi padre es porque aun que dice que apoyo la libertad, no es de todo sincero y sus mas cercanos son personas extremistas, del viejo régimen.
– En otras palabras iremos a vigilarlo.– Inuyasha asintió.– Entonces a dar nuestro máximo esfuerzo, no hay que fallarle al general.
Al los ocho días la dirigencia llego a una enorme casa beige de dos pisos, de grandes ventanales, un amplio jardín delantero y con un pórtico hexástilo que iba desde el suelo al techo, era la casa de Lord Dokumo.
Los dos amigos bajaron del carruaje luciendo ropa típica de esa región, Inuyasha vestía camisa blanca holgada, pantalón y zapatos marrones; mientras que Miroku llevaba pantalón negro, chaqueta verde militar, camisa y botas cafés.
El día estaba nublado y hacía frío, lo cual les recordó al clima de su hogar.
De inmediato fueron recibidos por Lord Dokumo y su servicio.
– Sean bienvenidos a mi casa, soy Lord Dokumo Naraku. Es un placer para mí tenerles aquí. Usted debe ser el joven Taisho.– dirigiéndose a Inuyasha.
– Así es, mucho gusto, él es mi amigo Miroku.– señalando educadamente a Miroku.
– Mucho gusto.– dijo Miroku al momento que hacía una reverencia.
– ¿Cómo les ha ido de viaje?
– Agotador, pero todo muy bien, gracias.– contesto Inuyasha.
– Entonces vayamos a sus habitación para que puedan descansar.– Naraku hizo una señal a sus sirvientes y estos fueron por el equipaje de los visitantes.– Síganme, por aquí.
– ¿El clima es siempre así?
– Oh no, por lo general es soleado, pero nos acercamos a épocas de lluvia. Por cierto, sabiendo que su visita es para conocer el lugar joven Taisho me eh tomado el atrevimiento de conseguirles un guía, le aseguro que quedara satisfecho.
– Es usted muy amable, pero preferiría conocer el lugar solo con mi amigo.
– Ya veo, pero creo conveniente que primero debe conocerle y luego ya usted dirá.
Mientras Inuyasha y Naraku iban conversando, Miroku admiraba la casa, que sin duda era tan lujosa como el exterior. El piso era de mármol blanco y negro semejando a un tablero de ajedrez, las escaleras eran de madera finamente barnizadas y con un único barandal de lo que parecía era yeso del lado izquierdo con columnas acanaladas, ya que por estar pegadas a la pared no necesitaban del otro barandal; las paredes estaban pintadas con líneas verticales blancas y beige intercaladas entre si. El pasillo superior que conducía a los dormitorios, tenía en el suelo una alfombra con elegantes bordados, mientras en las paredes colgaban cuadros de paisajes del campo y lámparas de cristal para iluminar en la noche.
– Hemos llegado espero sea de su agrado.– Naraku abrió la puerta y se vio una habitación muy amplia, tanto que cabían perfectamente las dos camas matrimoniales y todavía había espacio para una mesa para dos personas, un sofá con vestidura aterciopelada roja para tres personas y un ropero grande de roble; el suelo no estaba totalmente cubierto por una alfombra, por lo que se lograba la madera rojiza bajo de ella.
– Esta perfecto, gracias.– agradeció Inuyasha.
– Los dejo. Mandare a alguien para la cena, que descansen.– dicho esto, Naraku salió de la habitación. Al oír los pasos de Naraku lo bastante lejos Miroku decidió hablar.
– ¿Puedo darte un concejo?
– Adelante.
– Si quieres su confianza debes ser más amable, conozcamos al joven que dice.
– Supongo que tienes razón… Esta bien, pero si resulta ser un enclenque no aceptamos. Voy a dormir, deberías hacer tú lo mismo.– Inuyasha se tumbo boca abajo en una de las camas y se estiro.
– Si, estoy molido.– estiro sus músculos y se dejo caer de espaldas en la otra cama, que para su comodidad era muy cómoda.
A la mañana siguiente el sol se mostró más, pero el aire seguía frío. Después de desayunar algo en compañía de Naraku, fueron a la calle principal de la ciudad, donde a los costados de la calle se encontraban tiendas de sombreros, librerías, tiendas de ropa, joyerías, bares, cristalerías, heladerías,
– Me alegro que accediera a conocer a nuestro guía.
– Si bueno… ¿Dónde dijo que estará?– pregunto Inuyasha ya que llevaban tiempo caminando y no llegaban a su destino.
– En la posada de Madame Tsubaki, es la de la esquina que divide la calle en dos.
La posada era un edificio de tres pisos, el primer piso estaba pintado de verde oscuro en el exterior, tenía dos grandes ventanales y masetas con flores rojas colgaban fuera de ellas, el letrero de la posada estaba tallado en madera y estaba sobre la puerta principal. Los pisos de arriba que era donde se encontraban los cuartos estaban pintados por fuera de blanco, el marco de las ventanas era de color verde oscuro y en la cornisa había masetas con flores violetas.
Mientras, en lo profundo del bosque, Kaede y Kagome buscaban las ultimas plantas medicinales que crecía solo en la humedad del bosque, antes de que las hojas de los arboles fueran a caer, cuando el crujir de unas ramas las alerto.
Continuara…
Que bueno que les gusto, me alegro mucho; como es un poco raro no estaba segura de subirlo o no. Solo espero no decepcionarlas.
Domo Arigato: hakudoshi, Maritza, ryomahellsingy reeven.
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Palabras usadas:
Dokumo= Doku: Veneno y Kumo: Araña. (De nuevo me lo eh inventado)
Zubon: pantalón como el que se usa para entrenar karate.
Uwagi: chaqueta.
Jikatabi: son unos zapatos.
10 de enero de 2010.
