Capítulo 2:
Apareció en un pequeño apartamento, donde vivía con su amiga desde que dejó Hogwarts. De vez en cuando los padres de alguna de las dos pasaban de visita, pero ambas sabían que los sábados eran sus días. Y los aprovechaban como ellas querían.
-Hola, Katie-la saludó Angelina, que vivía con ella-¿Conseguiste el pulidor? Genial ¿Me lo podrías prestar?
Katie le tendió la mano, distraída, y Angelina retiró el pulidor.
La castaña se dirigió inmediatamente a su habitación. Se sentó en su cama y abrió el libro. Pasó la página, luego de su pequeña dedicatoria comenzaba el primer capítulo.
La chica comenzó a leer con mucho interés.
-Oye, Katie-la interrumpió Angelina, entrando a la habitación-No sé si lo sabrás, pero será mejor que lo sepas ahora, leí El Profeta esta mañana y…pues…resulta que George…
-Ya lo sé-la cortó ella-Lo tengo en la mano.
Le enseñó la tapa del libro que aún no había empezado a leer y su amiga suspiró aliviada de no tener que ser la portadora de las noticias.
-Va dedicado a mí-le dijo Katie, y ella la miró con la boca abierta
-¿Qué?
-Sí, mira.
Angelina leyó la dedicatoria y abrió mucho los ojos, tal como lo había hecho su amiga en la librería.
-¿Ya has empezado a leerlo?
-No-respondió ella-Ven, ya quiero verlo.
Angelina se sentó a su lado y le regresó el libro. Mientras que ella buscaba la página donde se había quedado. Y al llegar, comenzó a leer en voz alta.
Esta es una historia de dos jóvenes, que hallaron el verdadero amor en sus vidas. Pero sin proponérselo, el destino les jugó una mala pasada.
Nuestra historia comienza en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, situándose en 1990, el segundo año comenzaba para un par de gemelos revoltosos, característicos por sus dones para causar problemas. La ceremonia de iniciación estaba por comenzar. Y ya todos estaban sentados en sus sitios.
-Que empiece de una vez, tengo hambre-exclamaba un niño pelirrojo, de doce años, con su hermano apoyando sus palabras mientras hacía ruido con sus cubiertos.
-Fred, ya basta-le decía su autoritario hermano, Percy-Te pareces a Ron cuando mamá tarda mucho en cocinar.
-No soy Fred, soy George-lo corrigió el chico, con voz monótona. De pronto, su gemelo le dio un codazo en las costillas y éste se volteó.
-¿Qué?
-Mira, ya están llegando los de primero.
George giró la cabeza hacia adelante y vio a una fila de temerosos niños de primero preparados para ser seleccionados.
Él no pudo evitar que su atención reparara en una chica, bastante alta para tener once años, con cabello largo y castaño y ojos del mismo color, miraba todo el Gran Comedor, parecía muy nerviosa. George no sintió que el corazón le explotaba, ni le saltaba, ni todas esas cursilerías que su madre miraba en las novelas muggles. Simplemente sintió que se acaloraba, y le pareció que ninguna chica podía ser más bonita que esa, que era única y que no le iba a costar nada conseguirla. (Tengan en cuenta que era un niño de doce años, por lo que la confianza no era precisamente lo que le faltaba)
Katie sonrió brevemente.
-¿Con que se trata de una novela romántica?-le preguntó Angelina
-Eso parece-contestó ella, tratando de aparentar que le daba igual si George aún la quería o no.
-Continúa-dijo su amiga
Katie tomó aire y siguió leyendo en voz alta:
Esperó pacientemente hasta que la profesora se dignara a pronunciar el nombre de la chica. Ni siquiera volvió a protestar por su hambre, que cada vez era más grande. Después de que "Artemis, Harold" fuera destinado a Hufflepuff, la profesora gritó:
-Bell, Katie.
La chica del cabello castaño se separó de la fila y se acercó al sombrero. Mientras George murmuraba: Katie. No quería olvidar su nombre.
Después de unos segundos, el sombrero exclamó: ¡GRYFFINDOR!
Él se levantó de su silla y comenzó a aplaudir y silbar, su gemelo lo imitó, solo por costumbre.
Katie llegó nerviosa a la mesa de Gryffindor y se sentó junto a unas chicas, lejos de ellos.
-Ven, Fred-le susurró su hermano y se acercaron hacia ella.
-¡Bienvenida a Gryffindor, Katie!-exclamó George, detrás de ella. Haciendo que se sobresaltara.-Si en algún momento quieres desobedecer alguna regla o conseguir algunas bombas fétidas. George y Fred Weasley estarán a tu servicio.
La chica sonrió tímidamente y asintió con la cabeza. Los gemelos sonrieron y se volvieron a sentar en su antiguo lugar.
Después del discurso de Dumbledore todos empezaron a comer. Y lo que Fred no pudo dejar de tener en cuenta era que su hermano no dejaba de mirar a Katie. Le dio un codazo y cuando él lo miró, sonrió y le guiñó un ojo. Algo se estaba formando allí…
La joven terminó de leer y suspiró.
-¿Y bien?-preguntó Angelina
-No quiero seguir-murmuró ella-Me duele recordarlo…
Dejó el libro en la mesita que estaba junto a su cama y se recostó sobre el colchón. Angelina se sentó a sus pies.
-Buenas noches, Kat…-
-Buenas noches-respondió ella con la voz quebrada.
La muchacha salió de la habitación y se dirigió a la suya, a comenzar a pulir su escoba.
Mientras tanto Katie se quedo allí, mirando el techo, esa noche no iba a dormir, de eso estaba segura. Ese tonto de George, ¿después de todo lo que pasó no lo quedo claro de que ya nada iba a volver a pasar? ¿Y que ningún libro lo cambiaría?
Se secó los ojos bruscamente con la manga, e intentó dormir. Y no pensar en él….
