Hola, traigo nuevamente el fic y quise ponerme mucho más al corriente con otros, por eso tarde y bueno, aquí tienen.

Gracias por comentar el fic, me mueve mucho que aunque sean pocos lo lean y les guste.

Notas:
»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»» Cambio de POV
El inicio y final de un flash empezara y terminara con una oración en negritas.
Negrita
en una sola palabra es importante.
Cartas, escritos o –pensamiento – entre guiones.
Lugares Irán con cursiva y negrita.


Mismo camino, Mismo destino.

Capítulo II: Cobardía


Quede pensante, la picardía de Zelda había ofuscado mis pensamientos con destreza, me había dejado sin habla, sin armas para defenderme y con intensas ganas de más.

¿Qué era esto? Yo deseando más… ¿Yo deseando más…? Pero había recordado mi altruismo. ¿Acaso comenzaba a pensar más en mi? Era lo que había recomendado Agitha pero nunca la escuche enteramente.

Después de aquella acción había quedado rendido, ahora estaba completamente seguro de mis sentimientos, pero confuso aun sobre los suyos… ¿Fue un consuelo o fue una muestra de afecto verdadero? ¿Por qué hizo eso? No lo tenía claro.

Habían pasado cuatro años, casi cinco, desde que todo lo que Ganondorf había hecho, iniciado y terminado, había dejado Ordon para servirle a Zelda, dejado a Ilia, posiblemente la única mujer con la que pude haberme asentado, pero no era mi deseo en realidad. Mi deber con Hyrule había quedado en servirle a la princesa siendo aprendiz del Sir de Hyrule para que cuando este muriera yo lo trascendiera. Aun era demasiado joven para sustituir al viejo hombre.

Durante nuestros encuentros y roces sentimentales él que había dado más había sido yo… mí corazón que con cada encuentro en cada de esos cuatro años le había entregado para amarla, aunque en ese momento no estaba seguro de lo que sentía con exactitud. ¿Qué había de Zelda? No comprendía y por desgracia no concilie el sueño del todo.

A la mañana siguiente me levante y mire al espejo frente al baño, observe como mi rostro tenía ojeras del poco descanso y me notaba cansado, mire al grifo y nuevamente al espejo.

Me di una ducha placentera y luego me vestí con mi uniforme. Estaba claro que no dejaría el verde, Zelda me había hecho el favor de zurcirlo para poder usarlo nuevamente. Había olvidado después de todo que hoy me tocaba ir a la montaña de la muerte para quedar con términos para el comercio goron con Darbus, el líder de los Gorons. Y esta vez Zelda me acompañaría.

Me encontraba sumamente nervioso y ansioso al mismo tiempo por poder verla. Enfrentármele en el carruaje en el cual sólo iríamos nosotros dos, a solas.

El sonido de la puerta siendo tocada había terminado por sacarme de mis pensamientos. Parecía insistente además.

-¿Joven Link? Joven Link, por favor, abra la puerta – comento la consejera de la princesa Zelda, Ravena, con un tono suave como de costumbre.

Me acerque y le abrí la puerta -¿Sucede algo?

-¡Sí! La princesa ha solicitado su presencia en el viaje para esta mañana pero como no llegaba me ha enviado…

-Mi presencia… ¿Viaje? ¡Oh, Nayru santa! –Había preguntado recordando que era el viaje temprano. Me vestía a la carrera, aun faltaba acomodarse la túnica con el cinturón y mis botas – ¿Qué hora es?

-Son pasadas de las diez – Mi preocupación aumento aun más. No llegaríamos a tiempo en el carruaje –Dígale a su alteza que se prepare para un viaje rápido – comente mientras seguía con mi labor – ah… y alisten a Epona, de inmediato… por favor.

-Sí, en seguida, joven Link.

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Por otra parte se encontraba Zelda, mirando hacia la entrada del castillo por donde se suponía iba a llegar Link.

El castillo no había cambiado mucho, a excepción de que las puertas de la entrada ya no estaban y cualquiera podía ir a exigir audiencia con la princesa Zelda –que pronto seria coronada reina– Hyrule comenzaba a cambiar después de que el rey de los demonios hubiera sido derrotado.

Zelda no se veía preocupada por lo que había pasado la noche anterior. Estaba decidida y dispuesta a explicarle a Link todo lo que ella sentía por él, si es que él daba el segundo paso, y ser capaz de confesarse para pedirle que sea su amante, su pareja… su rey. No había ningún problema con ella, según los registros la primera princesa Zelda se había casado con su mejor amigo, hace mas de mil años… no había sido la primera vez que se eligiese a un no noble como rey mientras tuviera las cualidades.

De repente escucho como los casquillos de un caballo resonaban por la entrada al establo real.

La princesa, llena de curiosidad, se acerco hacia la intersección de la vuelta para observar como el joven se acercaba y en menos de unos segundos ya lo tenía en frente.

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Observe como me miraba, era una sorpresa para ella verme nuevamente montado en Epona para salir de la ciudadela después de unos largos meses. La mire y me sentí nervioso y como la sangre me fluía rápidamente, pero no era el momento.

-Siento la tardanza… y lo siento, pero el carruaje nos retrasara – Mire a la princesa como me miraba con culpa, ella tenia razón pero en todo caso haría lo que tenía que hacer.

-Bien – Asintió y subió tras de mí como en aquella ocasión en la batalla final. Tome las riendas y arriando a epona…

-¡Vamos! – Epona como de costumbre salió disparada al campo. Si que había montado en ella para entrenarla, pero no como para salir de paseo, le hacía mucha falta.

Habíamos salido por la ciudadela y rápidamente tome directo al camino de la salida este de la ciudadela. Este llevaría casi directo a un sendero para llegar al campo de Eldin y entrar en Kakariko.

El tramo normal era de media hora y con Epona un cuarto de hora.

-Princesa – Dije sin pensar - ¿Qué fue eso de ayer? – pregunte sin mirarla.

Cuando me voltee un segundo ella no tenía expresión alguna, quiero decir, una mala no… más bien parecía avergonzada y seria en ese momento. La comisura de sus labios fue mordida y luego sin contestarme nada se escondió tras mi espalda. No me moleste ni nada… sentí calidez y era tan agradable que no reclame. Pero a decir verdad me provocaba aun más ternura… ¿Qué debería hacer en esta situación, Midna?

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Pensaba que podía confesarle mis sentimientos, pero no puedo ni verlo a los ojos si saca los temas así… siempre me pareció que al mirarme me sentía inmersa en un mundo distinto.

Todo empezó cuando nos conocimos…

Sentí como mi corazón latió al mirar sus bestiales ojos azules… No podía parar de sentir calidez y una extraña confianza recordando cosas que no había visto nunca. Así era, el encuentro de elegidos ante la situación de agonía del reino.

Con el venia la sombra con la que converse poco después de que el reino cayó bajo la opresión de Ganondorf.

Si no me hubiera rendido, Zant y los suyos, pero principalmente Ganondorf, hubieran obtenido un trozo de la trifuerza de la sabiduría, cosa que no podía permitir. Mi gente no sabía de la posesión de la trifuerza en manos de la familia real, creían que aun se encontraba en el reino sagrado como las leyendas de antaño. Por alguna adversidad del destino esto no era así. Aunque permanecían cerca, la trifuerza había sido separada en la mano de cada elegido y por ende… Ganondorf u otra entidad maligna también, es por eso que este destino era inevitable, lo tenía presente desde que era una niña y mis padres sabían mi destino.

No había que lamentarse ya, era tarde para luchar y más si el héroe elegido no había aparecido en ese momento. La desgracia siempre recae sobre Hyrule mientras está desprotegido.

De pronto sentí que una presencia había entrado y con valentía trate de enfrentarme, sin embargo lo que vi era a Midna y un lobo, juntos que había llegado hasta mi. Antes Midna me había ofrecido su ayuda y acepte con gusto.

Ya que les había contado todo Midna fue gustosa y me presento a la figura lobuna, de pronto ambos cruzamos la mirada y pude verlo en su verdadera forma. Ese cabello rubio… esa mirada profunda y valerosa. Los labios que hablaban con verdad y justicia. Me quede unos segundos callada y sentí que mi corazón había despertado… "Link…" Sin que me dijeran supe su nombre.

Desde que Midna se fue me ha tratado con más delicadeza, pero ¿No ama a Midna? De lo contrario no lloraría por ella además de que podría haberme tomado como suplente de su cariño… es por eso que me carcomía por dentro y evitaba confesar lo que sentía desde entonces, sentía cobardía… miedo al rechazo de Link. Con el paso de los años que habíamos compartido nos unimos al punto de ser mejores amigos, nunca tuve uno pues no me dejaban salir, es por eso que ahora que Link es mi mejor amigo temía perderlo por culpa de mis sentimientos amorosos.

-No es nada, lo siento… creo que sólo es el vértigo de que Epona va demasiado rápido y temo caerme – Mentí, Link me dirigió una sonrisa y luego me dijo:

-Oh, es mi culpa todo esto, iríamos más tranquilos de no ser por mí – Me dijo un poco arrepentido y decepcionado de sí, eso mostraba su rostro.

-No, Link… Es mi culpa – Dije sabiendo que de no ser por lo que había hecho, aquella equivocada decisión que tomé, Link no se sentiría de esa manera y estaría concentrado.

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De reojo la observe –No es tu culpa… Zelda – Paré en seco y luego le dije – podemos ir más despacio si asi lo quieres – estaba siendo amable y a la vez sin darme cuenta me porte como un caballero y con picardía acaricie su mejilla – Zelda… de todos modos tenemos que hablar de eso, sé que es lo que te molesta, entonces no preguntare por el momento más de esto, hay asuntos pendientes – volví a dar rienda, y más rápido de lo que jamás pude pensar habíamos llegado a Kakariko y subido hasta la cúspide de la montaña gracias al elevador de las minas y las botas de hierro.

-La audiencia con su majestad Zelda empieza en sesión – dijeron un par de gorons acompañándonos a la princesa y a mí frente al líder, Darbus, quien se poso frente a la princesa Zelda.

-Y bien, cuáles son sus tratados, joven reina de Hyrule – Comento el Darbus quien observaba con una cara feliz a la princesa y a mí, aunque pocas veces pareciera una expresión feliz o alegre.

-Eh, me alaga el titulo de reina, aunque aun no lo soy, os agradezco, gran Darbus de la tribu Goron – Zelda hizo una reverencia – Implementamos mi gente y yo la amplitud del territorio de la ciudadela para hacer más seguro el tramo entre Kakariko y la capital, por ende también pido auxilio para crear un pasaje más tranquilo de la villa Ordon a la capital.

-Nos pide mano de obra y expansión territorial, de acuerdo a la desaparición de la tribu Sheikah la villa Kakariko se convirtió en nuestro territorio y por eso nos pide una expansión, ya veo – Tomo su barbilla y asintió.

-¿Entonces está de acuerdo con ello? Recuerde que no sólo pienso en mi gente, también hablaba de sus intereses, tales como las ventas de agua termal. He oído de mis fuentes que en varias ocasiones han perdido la mercancía por bandidos Bulbin.

-Yo también comenzaba a pensar en ello, su majestad – El Goron asintió – Me reusó a pensar que es una mala idea y acepto sus términos.

Darbus y Zelda empezaban a formar sus tratados y términos para aquellas construcciones y demás, unos minutos más tarde cuando estábamos a punto de partir, Darbus ordeno a sus hombres dar "la sorpresa"

-Bueno, se me ha ocurrido que ustedes dos se queden a ver el espectáculo de Goro-sumo como bienvenida.

Ambos nos sentamos alrededor de la multitud y comenzaron a luchar, cada goron caía bajo la fuerza de su líder, incluso uno de los ancianos goron término cayendo, siendo este su ex maestro.

-Nadie es desafío para mi – Dijo Darbus riendo estruendoso.

-¿Qué tal Link? –dijo el anciano goron que había caído, siendo el ultimo candidato.

-¿Yo? –Dije un poco sorprendido – Pero es el jefe, el es demasiado para mí, supongo.

-Venciste a Ganondorf, muchacho – Comento risueño – no creo que yo sea más poderoso que tu – comento Darbus.

-Bueno, en realidad fue gracias a la fuerza de la espada maestra que pude culminar mi tarea – Reí un poco – Así yo…

Todos comenzaron a aclamar para que subiera y pudiera hacer un esfuerzo por ganarle al jefe. Unos minutos después ya estaba preparado, subí con las botas puestas y dando pasos fuertes me uní al círculo. Me había quedado sólo con pantalones y no tenia camisa ni parte de la túnica.

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Era hilarante... una sensación de mezcla entre nervios, la risa "disimulada" y la verdad de ese sentimiento tan nervioso, me quede tiesa con esa demostración, su cuerpo me dejaba helada, me ponía de punta. mire con determinación a aquellos pectorales de su cuerpo. Guarde la compostura minutos después, no quería parecer obvia.

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Habían dicho que era la hora, de manera que ambos nos impulsamos haciendo fuerza, todos se impresionaban e incluso Zelda me miraba con un tanto de nervios y alegría.

Tenía que hacerlo, tenía que impresionar a la princesa a toda costa, con todo mi esfuerzo tome los costados de Darbus, ya que no alcanzaba sus hombros, y lo impulse hacia atrás con fuerza, las botas eran pesadas, tanto como él y la fuerza acumulada me había ayudado. Pero Darbus no era fácil de digerir, el también me impulso hacia a tras tratando de ganar la ronda, una y otra vez, ambos haciendo uso de la fuerza del otro, y al final en un descuido logro tirarme de la plataforma.

Caí de glúteos, me sobé y Zelda me miro con preocupación, con un gesto y un el pulgar arriba le di a entender que todo iba bien.

-Primera ronda, Darbus gana – Los gorons lo aclamaron.

Era la segunda y última ronda, yo estaba decidido a ganar, entonces iríamos a una tercera, de nuevo observe sus tácticas, desistía y volvía al juego, hasta que en el momento que desistió, como no pensaba que lo observaría, cayó preso de la derrota.

-R-Round dos, g-ganador, Link – La princesa aplaudió y con una risilla me di cuenta de que tenía que ganar la última, a como diera lugar. Los gorons se vieron un poco nerviosos.

Ambos nos veíamos exhaustos, débiles. Una vez más nos tomamos de los brazos y costados y comenzamos a empujarnos el uno con el otro hacia la caída de la plataforma. Con mucha fuerza y estrategia logre darle la vuelta al juego, Darbus se rió con ganas y luego me susurro – Ahora veo cuanto es el poder de un enamorado para impresionar a una mujer ganando un juegos – En ese instante este dejo de aplicar fuerza y cayó de la plataforma.

Todos quedaron boquiabiertos, no podía ser verdad, había ganado a su jefe.

-R-Round tres… g-gana Link – dijo el contador – e-esto… ¡Es increíble!

-Muchacho, deberías venir más seguido, ya no tengo más competencia – todos se rieron y se sintieron un poco ofendidos pero a la vez no le tomaban demasiada importancia.

Zelda aplaudió con risas y cuando la observe ella paro y me dedico una cara alegre, sentí como el corazón se me salía del pecho con ver lo hermosa que era.

Al final de la tarde, ambos habíamos quedado alegres de que todo resultara bien.

Habíamos terminado de cenar algo y yo había salido a dar un paseo con epona en el establo.

-Ojala pudiéramos hablar, como cuando era un lobo, tuviese tantos consejos que pedirte – La yegua relincho como forma de asentir. Ambos estábamos tirados en el pasto, mientras yo miraba al cielo.

-Epona… creo que me enamore de la princesa. Han sido ya cuatro largos años siendo su confidente de emociones que su personalidad fuera de la fría armadura que muestra a otros… me dejo estupefacto. Con el tiempo el latir de mi corazón se aceleraba con su presencia, que recuerdos. De verdad me enamore de ella, es hermosa tanto por fuera como por dentro.

Me quede dormido, profundamente… o eso creía yo.

Sentí como unos pasos tras de mí, pronunciados y pesados, iban hacia mi ubicación. Mire alrededor, pero no estaba ni epona ni el castillo, no había nada. Una risa burlona y dicha resonó en ese ambiente, me mire, mire mis brazos, estaba completamente despojado de los ropajes del héroe y en cambio sólo tenía puesta mi ropa de Ordon.

-Tú… tú y todo este mísero reino… en todo este mundo, se arrepentirán de no optar por mi tiranía – Era Ganondorf, me levante, observe que con él se encontraban Zelda, Midna e Ilia, tiradas en el suelo, sufriendo – Elige… ¿a quién de estas mujeres vas a salvar?

-L-Link – Dijo Ilia por lo bajo – Link… sálvame….

-N-No, Link… compartimos muchos recuerdos, juntos… s-sálvame… -Dijo Midna.

-… L-Link… salva… salva a otra…

La risa de ganondorf me hizo salir de mí razón, estaban sufriendo – Yo…

-Link – una voz resonó en la obscuridad, me maneaba de un lado al otro hasta que desperté de golpe. Ya era de noche.

-¡Ganondorf! – Grite al despertar, Zelda me miro un poco traumatizada del susto.

-¿Perdona…? – Zelda mi miro de nuevo – Link…

-Zelda… perdona, yo…

-Lo has soñado, ¿de nuevo? Link… el temor y el sufrimiento no debes mezclarlo… no tienes culpa que reprochar. Lo correcto era asesinar a Ganondorf y punto – me tomo de una mano y me miro – Deja de culparte del bien que le has hecho al mundo – me abrazo, poso su mano sobre mi cabeza y luego la junto con su pecho.

El aroma de su perfume y su calidez me hicieron acelerar el pulso, la observe de reojo y luego de repente la abrace, mis ganas pudieron conmigo.

-Zelda… estabas sufriendo, Midna, Ilia y tu… no podía salvarlas a todas.

-Pero lo hiciste, ya nos salvaste.

Las lágrimas inundaron mis ojos y fueron a parar a su vestido, Zelda seguía acariciándome y en un segundo comenzó a cantarme. Comenzó con un tarareo y luego la canción decía.

-No llores… no lo hagas más… Escucha a mi corazón – Luego de eso siguió tarareando.

-Zelda – Dije y ella me respondió con un "¿Sí?" – Estoy enamorado… de usted, su majestad.

Ella no me dijo nada, simplemente me abrazo un poco más fuerte. Comenzó a sollozar pero no me dijo la razón, quede sin habla y luego… regresamos dentro del castillo.

Mi habitación se encontraba cerca de la suya – Buenas noches, su majestad – Me incline y bese el dorso de su mano – Descanse…

-Igualmente, Link – Hizo una reverencia y cerró su puerta… mientras con cansancio yo me dirigía a la mía.

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Me sentí tan torpe, sentía que el mundo se caía a pedazos. Mientras Link pastaba en el establo me iba a dirigir a hablar sobre lo de la noche anterior, sin embargo había recibido una carta de un pariente lejano, reclamando Hyrule puesto que no tenía ni rey o reina y que como era la princesa del reino, creían que era intolerable la forma del gobierno. Aclamaban que me casase lo antes posible.

Me quede pensante en ese momento, no había de que preocuparme, por mi bien, tenía a mi marido seguro en ese momento, y luego leí las condiciones… No podía ser cierto, mis padres me habían elegido un marido antes de que tuviese uso de razón.

Quede en silencio y maldije por lo bajo, era una burla del cielo, de las diosas… estaban impidiendo mi unión con el hombre que amaba e imponiendo un matrimonio del cual no estaba enterada.

Cuando link se había ido sentí un vacio dentro de mí, no era posible que después de cuatro años el sintiese amor por mí, jamás fuimos capaces de decirnos que nos amábamos en secreto de todos…

Era una maldición del mal… que no pudiéramos estar unidos…

Me tire hacia la cama con dolor en el pecho y dormí todo lo que pude.


Continuará…

¡Llegaron los problemas, llegaron ya! Que tal… bueno… este es el nudo de la historia, la verdad que no será muy largo el cuento y no sé, quizá haya sorpresitas para todos. Bueno me despido hasta el siguiente, chao.