Bueno... ¡he aquí el capítulo dos! espero les guste mucho... la verdad me esforcé mucho en él, suerte que la insipiración estuvo presente

quería agradecer de todo corazón a todos aquellos que me escribieron reviews en el primer capítulo, la verdad, son todos escritores maravillosos, ¡muchísimas gracias!

¡Ojalá que este también me dejen muchoos reviews!

gracias nuevamente, Rosie

Disclaimer: los personajes lugares y nombres de SCC pertenecen al grupo CLAMP


Shaoran PDV

Las manos me temblaban, sudaba frío, y me había parado, mientras que, congelado, miraba a la chica de ojos verdes en frente de mí, y sostenía su muñeca con una mano, mientras que la otra era aferrada por la mano de otra joven mujer.

Emma Linée dulce y simpática… como una cobra.

La mujer más asquerosa, ácida y maliciosa que conocí en mi vida, tenía el encanto y la astucia de una serpiente, y creyó ser más inteligente que yo, al intentar ocultar esa escalofriante faceta suya, para llevarme al altar feliz y contento.

Claro que en fuero interno, sé, que lo que ella hacía, era puro teatro, por que, seamos sinceros… ¿acaso esa víbora de cascabel con fríos ojos azules no iba a saber que mi familia mi obligaba? Un poco difícil que no lo supiera.

Me sentía como un inmigrante ilegal entre la línea de la frontera.

¿Volver al país que le daría derechos y seguridad…? ¿O cruzar la línea a un futuro mejor pero turbulento hasta que consiguiese la ciudadanía…?

Sakura levantó la cabeza, me observó, atónita, mientras un silencio sepulcral se instalaba en aquel auditorio, lleno de libros de leyes y diplomas, y repleto de detalles en madera vieja y encantadora… cálida.

Sentí como subían las aguas y la presión tronaba en mis oídos.

¿Qué hice? ¿Qué hice? ¡¿Qué hice?!El cobarde en mi interior se ahogaba en su llanto.

—Tenemos que hablar, Shaoran Li— mi madre se paró, elegante y fina— son sólo nervios, volveremos en cinco minutos

—¡No! ¡Nada tenemos que hablar!— grité, deshaciéndome de la mano de Emma y quitándole el sello a Sakura, para depositarlo con furia en el sello húmedo de tinta— no amo a esa mujer, por muy encantadora que sea, y no puedo ofrecerle una vida de cariño fingido…— suspiré, iracundo

Supe que mi madre había fruncido el ceño, por las exclamaciones de mis hermanas, esto era mala señal.

—No me interesa el castigo que quieras darme…—reí amargamente— lo aceptaré con gusto, siempre que pueda estar junto a la mujer que sí he amado, y de la que me has separado sin posibilidad de elección… ya no soy más ese niño cobarde que amargaste toda una vida sólo para este momento, ponte orgullosa, madre, ahora soy un hombre, corté las cadenas con las que me atabas, no voy a aceptar a ninguna otra mujer en el altar que no sea la jueza que hoy iba a entregarme sumisamente a un matrimonio infeliz, sólo por mi cobardía.

Me giré, antes tomé nuevamente a Sakura de la muñeca, ella todavía parecía sorprendida, mi brusco movimiento la obligó a pararse y salir del escritorio.

—Por eso…—le impuse a mi rostro una sonrisa socarrona, y avancé con Sakura a rastras hasta llegar donde mi madre— a no ser que aceptes mis libertades… despídete de tu hijo… hasta luego, Señora Li— la saludé fríamente, sin la mínima confianza, tratándola como a una extraña, la extraña que me había quitado todo, y me había adormilado para ello… bruja de tez pálida, con la manzana envenenada en las manos.

—Ni siquiera le has preguntado si te quiere acompañar, hi-jo— estaba usando la estrategia de dejarme en vergüenza

Me di la vuelta, cuidadosamente tomándola de la cintura, sumergiéndome en sus ojos verdes, y preguntándole con toda ternura

—Sakura… si puedes perdonarme… si realmente ahora entiendes lo que significas para mí…—supliqué, sin dejar de mirarla— ¿me acompañarías por el resto de mis días…?

A ella se le llenaron los ojos de lágrimas y se lanzó contra mi pecho, musitando con la voz quebrada:

—Claro que sí.

Sonreí y la abracé más fuerte, luego, me separé un poco y le guiñé un ojo, esa era mi señal para que nos largáramos de allí… pero antes… tomé el papel en el escritorio y lo destrocé, para que nadie pudiera unirme de ninguna ilegal forma a esa serpiente de cascabel…

—Shaoran…— la voz de Emma se escuchó desde el fondo— me vas a dejar… ¿Así? Tan fácil… ¿me vas a herir de esta forma, dejándome en ridículo ante estas personas?— su voz pretendía fingir que se sentía herida

—No puedo darte un amor hueco, Emma, y no voy a pretender de ti sólo tu título de nobleza y tus millones— le susurré, aún de espaldas

—Te di mis mejores años… ¡Mi juventud, Shaoran! ¡Te la entregué en bandeja!

—¡Ni tú ni yo jamás hemos querido al otro!

—¡No puedes deshonrarme a mí! ¡A Emma Linée! ¡Noble inglesa!

—¡Poco importa que seas noble! ¡eso no puede hacer que te ame!— escupí, dándome la vuelta

—¿Y me vas a dejar aquí, plantada, por eso…?

—Sakura Kinomoto, te recuerdo que te estoy dejando por ella, que es mucho más mujer que tú, así que no la trates como si fuera una cosa.

Esas palabras se hundieron a fondo en su pecho, y yo las vomité para que así fuera, para que no pudiera perseguirme, o hacerme quedar como el malo de la película.

—Ahora, si nos disculpan— hice una pequeña reverencia y alcé a Sakura en vilo

Salí de aquel horrendo lugar, percatándome de algo esencial y entonces le murmuré a Sakura, en tono burlón.

—¿Qué tal si vaciamos mi cuenta bancaria antes de que la cierren y te invito a cenar?

Ella se rió escandalosamente y se aferró con fuerza a mi cuello.

—Extrañaba tus bromas— rió

—Yo te extrañaba a ti…—le susurré— aunque lo que digo es bastante enserio…

—Me di cuenta— sonrió, y me guiñó un ojo

A la salida, nos tiraron arroz. Aquello me pareció de lo más adecuado, claro, que al parecer, no veían a Sakura, oculta en mi pecho.

Conduje su BMW como un loco hasta el banco, en donde, apurado, saqué todo el dinero disponible en mi cuenta.

Me sorprendí que mi madre no la cerrara…

Oh, me dije, olvidas que tienes un espía en el banco. Me reí ante el pensamiento y sonreí… gracias, Daidoji, pensé.

—Bueno, mi agente cero-cero-cinco, misión cumplida.

—Me quiero imaginar que te darás cuenta que estás con una suma elevada de dinero desconocida en Tomoeda, cuando te lo pueden robar todo.

—Veinte años de artes marciales lo curan todo, mi Sakura.

Mi Sakura…vaya… que bien se siente decirlo.

—¿A dónde quieres ir a comer?— le pregunté

—Mmm no sé…— lo pensó— ¿Qué tal allí? Sirven un pescado excelente y no es tan caro.

—Donde tú quieras— le guiñé un ojo

Se sonrojó, otra cosa que extrañaba de ella.

Entramos allí, los dos sin saber qué decir… se sentía tan a gusto que nadie te reconociera y pusiera el ojo encima… respiré, natural y tranquilo, por primera vez en mucho tiempo, disfrutando de la calma antes de la tormenta.

El lugar no era muy grande, pero estaba muy bien decorado. Se podía ver el mar desde algunas partes, zonas con grandes vidrios, en las que la gente se arrinconaba para disfrutar del espectáculo de la luna llena. Todo estaba decorado en madera blanca y paredes celestes, en las mesas, manteles de color natural y un pequeño recipiente en forma de esfera, con agua y una pequeña vela flotando dentro. A mi suerte, no había mucha gente en el lugar… o al menos, nadie a quién temer. Corrí la silla de Sakura para que ella se sentara, y luego me senté en la mía, cómo exigían las reglas de un caballero.

—En fin, estuve doce años fuera, tiene que haber algo para que me cuentes— le sonreí a Sakura

—Oh sí, hay muchas cosas…— ella parecía distraída, enfocó la vista hacía mis ojos, y luego continuó hablando después de recordar por un momento— Me recibí en la escuela de leyes… Rika se casó, Tomoyo… ¿la recuerdas? Bueno, nos sorprendió a todos, comprando las acciones de un banco, y sosteniendo la empresa de juguetes y ese banco, nadie creyó que siguiera economía…

—Créeme, yo tampoco lo hubiera creído…—reí, automáticamente, al recuerdo de haberme encontrado con ella en un banco por primera vez…

—Todos nuestros amigos ahora forman una familia…—recordó algo— ¡Tendrías que ver lo feliz que están Yamasaki y Chiharu…!

—Bueno, a nosotros tampoco nos falta mucho para eso…

Se sonrojó.

—¿Y me puedes contar tú que has hecho en estos años?

—Estudiar, estudiar y estudiar…—resoplé— relaciones internacionales…, aburridísimo, administración de empresas…

—Vamos, dime.

—No hice nada muy interesante, bueno, para mí, pero lo cierto es que conocí muchas celebridades nobles… condes, duques, marqueses… todos tenían un extraño sentido del humor…

—Siempre con Emma, ¿Verdad?

—A mi desgracia, sí…—de pronto una duda me asaltó— ¿Tú? ¿alguna parejita…?

—Sí… — sus mejillas se tornaron aún más rosadas—tuve un par de novios…

—Novios, no— negué con el dedo— experiencias piloto… como yo, lo mejor para el final… mi cerecita.

—¿Entonces sí planeas quedarte?

—Claro.

Una mujer de cabello corto castaño, y los ojos del mismo color se acercó, para tomar el pedido.

—Buenas noches, señores, ¿Qué querrían comer esta noche…?

Y la cena pasó, entre comentarios incómodos, risas, y algún que otro recuerdo melancólico, mientras yo me ponía al corriente de la vida aquí… esta noche respiraba tranquilo, una sensación que me maravillaba, y a la que no podía acostumbrarme.

Noté de repente, que, en el medio del restaurante, habían armado una pista de baile debido a la hora… ya nos íbamos, pero decidí, de todas formas, sacarla a bailar.

—¿Me concedes esta pieza, Sakura?

Me sonrió y tomó mi mano, era una canción lenta.

Llegamos a la pista, la tomé de la cintura, ella pasó sus brazos alrededor de mi cuello, y descansó su cabeza sobre mi pecho…

Me maravillé con su aroma, su calor, lo dulce que era; su cabello, sus ojos.

—Jamás voy a separarme de ti nuevamente, me mataría del dolor— le susurré

—Lo tomo como una promesa, lobito, no me vuelvas a dejar…— me pidió

—Nunca, nunca jamás.

Y bailé, así, con ella, inmerso en su perfume, en su voz, en su dulzura… hasta que terminó la canción, y nos fuimos.

Al día siguiente me desperté, soñoliento, miré hacia el techo, y me encontré con un techo blanco.

Al levantar la vista observé una habitación de proporciones medianas, muy bien decorada, al ser invierno, noté que la temperatura era agradable también. Salí de esa habitación con piso de madera, una ventana bastante grande, y un televisor hacia fuera. Era una casa, una casa enorme. Hermosa, moderna, cálida y muy bien distribuida.

Entonces lo acontecido anoche irrumpió en mi cabeza.

—Buenos días ¿dormiste bien en la habitación de mi hermano…?— preguntó Sakura, cuando entré a la cocina, en la que se observaba un gran ventanal, un desayunador de mármol y tecnológico equipamiento de cocina.

—Sí— sonreí— buenos días… hey, Sakura, ¿y tu hermano?

—Vivo sola, Shaoran— sonrió ella, estaba en pijama, pantalones de algodón blancos y una remera color crema, vieja, manchada…y encantadora

—¿Pero no me dijiste que era la habitación de tu hermano?

—Sí, cuando viene de visita.

—Te ayudo con el desayuno— le ofrecí

Me sonrió, y así pasamos aquel día juntos.

PDV Desconocido.

Estaba oscuro, a pesar de ser de día, en aquella oficina fría y oculta, en algún lugar del Caribe.

Dos hombres entraron, eran altos, de piel trigueña y ojos miel, con el pelo marrón oscuro.

Su complexión delataba su fuerza, y las cicatrices en sus cuadrados y amenazantes rostros, su pasado, nada bueno.

Ambos acompañaban a una mujer de piel trigueña, también, con un traje gris, elegante, el pelo largo y desmechado, por la cintura, los ojos castaños.

—Buenos tardes, Señor— saludó ella, respetuosamente

—Quiero mis respuestas, Demetria.

—Lamentablemente soy yo quién tiene que darlas…—suspiró, mientras observaba al hombre sentado en ese asiento de cuero, mullido, y moderno, detrás de un escritorio, un hombre de unos 50 años, pero cuyo pelo chocolate y ojos verde musgo le daban, junto con su figura, una apariencia más joven.

—Habla.

—Nuestro plan ha fracasado, déjeme decirle, el acceso a los Li está cortado, no hay manera de penetrar en su empresa— le entregó una carpeta azul, con la nariz respingada de manera orgullosa

El hombre examinó con rapidez el informe, arrugando la piel de su frente, esa piel dañada por años y años de sol.

—Ya veo…

—Sakura Kinomoto, treinta años, ligeramente más grande que Shaoran Li, unos tres meses, reside en Tomoeda, Japón, a dos horas de Tokio, es jueza, especializada en casos de quiebra y delincuencia empresarial, el mejor promedio de la clase.

—Al parecer, un obstáculo que nos dificultará las cosas.

—Sé que hallaremos la manera de quitarla del camino sin dejar rastro.

—Hay que llegar a cualquier costo hasta los Li, pero…— agregó, con firmeza— que los Lineé se conecten a ellos, es primordial, emparéjalos, a como dé lugar, necesitamos ese matrimonio.

—Comprendo, señor.

—Ah, y Demetria…

—Diga.

—Nos mudamos de locación la próxima semana, Holanda, precisamente, pero tú…

—Déjeme adivinar, me voy a Japón.

—Exactamente, por algo eres importante en este… digamos… negocio.

Demetria asintió altivamente y salió, con sus dos custodios. Tenía el paso de una leona al acecho, la mirada del lobo que busca entre las sombras, la gracia de una gacela.

Relevó a sus custodios cuando se halló en la seguridad de su enorme departamento.

Allí, se sirvió un vaso de Whisky, lleno de hielo. Luego, tomó un cuaderno de cuero marrón, impreso en la tapa, lo abrió, y con una pluma hizo una anotación con cuidado, luego, sonrió con malicia.

Sakura PDV

No podía creer el tener a Shaoran aquí, en mi casa, tan frecuentemente vacía. A mi pesar, luego del desayuno tuve que ir a trabajar.

El día pasó, lento, en mi taciturnidad. Parecía adormilada, sedada por algún extraño fármaco…

Y es que él había llegado para quedarse, y ahora éramos pareja…

El concepto me pareció excesivamente difícil de comprender, quizás fuera que no quería hacerme esperanzas por si él llegara a arrepentirse…

De pronto, alguien llamó a mi puerta, era Alma, mi asistente.

—Señorita Sakura, ha llegado una importante visita para usted…

—Pero…yo no programé nada…— me confundí

—Sí, señorita, fíjese en su anotador, lo programó la semana pasada.

—Gracias, Alma— le sonreí

—De nada— sonrió, tenía el pelo castaño oscuro, en lacio en la parte de arriba, y lleno de bucles en las puntas de su muy largo cabello, además de los ojos celestes, y la cara cuadrada pero delicada

—Que pase.

Ella cerró la puerta, y volvió con un hombre de tez pálida, y los rasgos suaves, con anteojos, y los ojos azules, además de un pelo negro azulado, que resultaba realmente extraño.

Venía vestido elegante-sport, parecía sacado de uno de los anuncios de Armani.

Me paré para saludarlo, estrechándole la mano e invitándolo a sentarse. Cuando se la estreché besó el dorso con suavidad. Aquello me robó un sonrojo al encontrarme desprevenida.

Me compuse y senté en el escritorio.

—Me presento, Sakura Kinomoto, Jueza, especialista en casos de quiebra y corrupción empresarial.

—Eriol Hiraguisawa, Juez, especialista en demandas a bancos y servicios.

—Dígame Señor Hiraguisawa, ¿qué era lo que me quería consultar?

—En realidad, Señorita Kinomoto, quisiera comenzar a discutir un caso que vendrá próximamente, es sumamente complicado, por lo que durará un tiempo, ya nos han mandado las primeras redacciones.

—Oh bien— algo para distraerme

—Creo que quizás podríamos llamarnos por nuestros apellidos a secas, para empezar.

—Me parece bien— sonreí

Y me puse a analizar esas redacciones.

Shaoran PDV

Había recorrido la casa de Sakura al menos unas cinco veces, antes de revisar su biblioteca y encontrar un libro que yo mismo le había regalado hace tiempo, me alegró saber que no me había odiado tanto en esos años como para tirar todo lo que hubiera sido tocado por mis manos.

Era un libro interesantísimo, bueno, en realidad era una novela, una de esas que a mí me encantaban. Supe que a Sakura no le habría gustado mucho el libro, o quizás, me dije, no sería tan apasionada a la lectura como para leer un libro estilo diccionario.

Me sentía un parásito, al estar todo el día mirando el techo, a pesar de que, por ahora, el dinero me sobraba para pagarle a Sakura mis gastos e incluso podría pagar los suyos. Me dije que conseguiría un trabajo, al fin y al cabo, tenía contactos por todos lados, y tenía un promedio espectacular en la universidad…

Comencé a leer el libro, concentrado a más no poder.

Hasta que leí una parte… que hablaba de una familia separada. Eso me hizo acordar que jamás supe qué fue de mi padre.

Mi madre se limitó a decirme "no está" y con eso pensé que habría muerto.

Me pregunto si me dijo la verdad…

Mi celular sonó, alto y estridente, sacándome de mis pensamientos.

—Li.

—Dime Daidoji, ah y gracias por retrasar el bloqueo de mi madre, así pude sacar el dinero…

—Esto es grave, Li, tu madre bloqueó tu caja de ahorro, allí tienes todos los planes para la empresa, y mucho dinero Li, tus ahorros de toda la vida, tienes que conseguir esa clave en treinta días o pasará a ser de la empresa.

Me quedé mudo, en el teléfono. Todos… todos mis ahorros de la vida, mis planes para la empresa, las cartas de mi padre… las que mi madre me dijo que me dejó antes de morir, y que nunca me dejó abrir. Todo.

—La conseguiré.

Corté la línea, y con la mente acelerada, comencé a intentar descifrar esa clave, antes de que Sakura llegara, robándose toda mi atención.

Emma PDV

Estaba sentada, en la enorme mansión de los Li, molesta, de una manera animal.

Todos mis planes se estaban yendo por la borda, ¡que digo se estaban! ¡se fueron por la borda! Necesitaba recuperar a Shaoran Li.

Era un propósito que compartíamos con mi familia, una familia quebrada, casi en bancarrota.

Necesitaba con urgencia engatusarlo, llevarlo al altar, que firmara el maldito papel y que fuera sellado oficialmente, para obtener sus millones. Luego, solo harían falta unos meses para que el matrimonio fuera válido y un heredero, para asegurarme aquella fortuna. Luego, sólo necesitaría aprender el funcionamiento de la empresa, cuando eso quedara resuelto, unas gotitas de veneno en el licor…

Y del resto se encargaría mi familia.

—¿Pudo cerrar su cuenta, Ieran?

—Sí, Emma, pude, pero Shaoran es un hacker tremendo, no tardará más que unos cuantos días en desbloquearla.

—¿Shaoran es un hacker?

—De los mejores, de pequeño le fascinaban los libros, en especial de informática, y no sé quién pudo ser su maestro, pero, ¡Válgame el cielo! Es la pesadilla y el sueño de una agencia de inteligencia.

—¿Entonces alguna vez cometió delitos?— traté de parecer horrorizada

—Jamás, y él jamás lo haría, pero en nuestra mansión el sistema de seguridad se reiniciaba cada tanto, porque andaba mal, y Shaoran siempre extraía el código.

—No se preocupe, el plazo debe ser muy corto para que él adivine, además es un banco—

—No te confíes, Emma, la dueña de ese banco es Tomoyo Daidoji, no le dará la clave, pero extenderá el plazo bajo cualquier amparo legal para que él lo consiga—

—Quizás, podamos sobornar a algún psiquiatra, decir que es esquizofrénico, o que tiene trastorno de personalidad.

—Descártalo, siendo el heredero de la empresa la jueza Kinomoto estaría presente, es la representante más importante.

Lo que iba a decir a continuación era un tema delicado, pero decidí sacarlo a flote.

—¿Mandarlo con su padre?

—Hien me odia, ese hombre quiso el control de mis bienes, pero no pudo obtenerlo, y créeme, maneja negocios bastante turbios.

—¿Turbios? ¿Mafia?

—No exactamente, pero puede arruinarte si quiere, Shaoran sacó esa inteligencia de él.

—¿Alguna posibilidad de un acuerdo?

—Emma, aquí no se hacen acuerdos, y menos con un hombre que quiere el control de mis bienes y los tuyos.

Me callé la boca, Ieran no debía saber que yo no tenía bienes, y que el dinero estaba justo y contado para realizar el plan.

Suspiré, tragándome mi ira.

PDV desconocido.

Era la estación lluviosa y fría en Japón, invierno. Demetria bajó por primera vez, sin sus custodios, estaba vestida de lo más elegante. Zapatos de tacón, una falda blanca y un cárdigan azul, por encima, un tapado negro, que cubría todo su vestuario, un sombrero en la cabeza.

Sacó un móvil negro de su bolso blanco, mientras bajaba del avión.

—Recuerda, por ahora tienes que ser pasiva.

—Sí, jefe.

—Y a él no le puedes hacer el más mínimo daño ¿entiendes? Físico o emocional, no podemos dejar que se suicide.

—Estoy enterada.

—Espero tu reporte, dos semanas, máximo, Demetria.

Ella cortó el teléfono.

Se instaló en el hotel, mirando el panorama desde su lujosa y enorme habitación. Sacó un cuaderno y anotó un primer encabezado.

—Prepárate Emma Linée, eres la primera…

Sakura PDV

Llegué, agotada, a mi casa. Me había empapado… ¿Por qué se me ocurrió dejar el auto tan lejos…?

Al entrar, luego de acomodar el auto en la cochera, observé a Shaoran, distante y concentrado, mirando hacia el televisor.

—Hola, extraño— lo saludé, bromeando.

Él se rió, luego se paró y amago abrazarme, me eché hacia atrás.

—Estoy empapada, te vas a mojar— reí

—A mí no me importa mucho— se rió él, abrazándome

—Debería importarte, te puedes enfermar.

—La que te vas a enfermar eres tú.

—Sí, ahora subiré a cambiarme.

—Pero antes… quería preguntarte algo.

—Dime.

—¿Ahora somos novios, verdad?

La pregunta me descolocó, ¿lo éramos…?

—¿O al menos quisieras ser mi pareja?

Asentí con la cabeza.

—Te amo tanto, Sakura— me susurró

No me dio tiempo a responder, por que enseguida sus labios estuvieron sobre los míos.

Percibía su calor con más intensidad, debido a que estaba fría y empapada, y me aferré a él.

Parecía el paraíso…

Pero como siempre, alguien tiene que interrumpir. El timbre sonó, estridente, y me separé de él.

—¿Puedes abrirles tú? Estás menos empapado, me cambiaré y bajo.

—Claro —asintió él, pero antes de dejarme ir me dio un beso en la mejilla

Al bajar encontré a Tomoyo Daidoji, mi mejor amiga, sentada en el sillón, charlando con Shaoran, aunque más seriamente de lo que hubiera imaginado.

—¡Sakura!— ella se levantó y, escandalosamente, se acercó a abrazarme— ¡Pero como que no me cuentas que estás en pareja con Li!

—¿Co-co-como te enteraste Tomoyo?

—Me di cuenta, Li estaba muy sonrojado al abrirme la puerta, además de que vive contigo, perdonen por interrumpir el beso.

Sentí cómo se me encendían las mejillas.

—¿Cuál es el motivo de tu visita?— le pregunté, observé cómo Shaoran se levantaba para ir a cambiarse de ropa

—Nada demasiado importante, ¡Solo que te he extrañado, mi amiga! Quería invitarte a la fiesta de la próxima semana que daré como celebración de los 40 años de la compañía de juguetes— sonrió

—Estaré encantada de ir— le sonreí

—¡Ven con Li!—pidió— y si quieres, invita a alguien del trabajo.

—Sabes… hoy conocí a un juez… creo que harían buena pareja— le dije en tono cómplice

Ella se rió, feliz. Pasamos un rato charlando, incluso preparé café.

—Tengo que irme…— miró su reloj— otro día tienes que venir a visitarme.

—Claro.

Nos despedimos efusivamente, Shaoran bajó, entonces, y se acercó a despedir a Tomoyo.

—Cuida bien esta carpeta, Li.

Aquel tono de despedida me resultó demasiado escalofriante, y serio.