2. On my way
Alec, Jace e Izzy habían estado bebiendo durante las últimas tres horas. La muchacha de los cabellos negros había extraído una de las botellas de vino de las cavas de su padre, debido a que Robert, Maryse y Max habían ido a Idris a resolver algunos asuntos con la Clave.
La verdad es que no tenían nada especial que celebrar, al menos que los corazones rotos fueran una de esas cosas que valdría la pena festejar. Porque lo que los cazadores de sombras querían hacer en realidad era poder ahogarse en alcohol hasta que el motivo de las heridas de sus jóvenes corazones se desvaneciera. Dentro de ellos sabían que aquella no era una solución verdadera, ni honorable, pero era lo que los mundanos solían hacer para resolver sus problemas de ese tipo así que ¿qué más daba?
Tal parecía que los tres chicos reunidos en el cuarto de Jace, que estaba en la parte más lejana del Instituto, se hubieran reunido ahí con el solo propósito de sumergirse en aquellas risas idiotas que salían de sus labios- al menos de los labios de Isabelle y Jace- para olvidar al "Jodido Merlion, ¿quién se cree que es? ¿Un hada?" (Más risas), o de la chiquilla tonta aquella de los cabellos rojizos que había llegado a complicar sus vidas de un modo admirable "Sí, la pelirroja que ahora resulta ser mi hermana ¿Cuál era su nombre, Izzy? ¿Classy? ¿Carmen?" (Más risas).
Alec había pasado la última media hora intercambiando maldiciones internas dirigidas hacia las risas estúpidas de sus hermanos, los estúpidos de los que Jace e Izzy se habían enamorado, o de aquel maldito brujo de porquería que un arranque de dignidad le había gritado que ya no quería verlo jamás en su vida porque estaba harto de que sólo le llamara cuando necesitaba algo y que sobre todas las cosas, estaba harto de verlo enamorado de alguien más, alguien, que por cierto, jamás lo amaría como el brujo aquel que era 50% brillos y 50% sarcasmo, lo amaba.
¿Qué Magnus lo amaba? ¡Por el ángel! Si apenas tenían seis meses de conocerse, habían estado saliendo a escondidas varias veces, Alec había pasado la mayoría de las noches en su departamento y habían librado una que otra batalla en la que alguno de los dos había estado a punto de morir pero… ¿Hablar de amor? Además, Alec no estaba enamorado de nadie, ni de Jace, ni de los hombres lobo que le habían coqueteado en un bar, ni de Jace, ni de Justin Timberlake (como Izzy no se cansaba de decirle que estaba desde que lo había descubierto viendo un vídeo del cantante mundano aquel), ni de Jace.
Los ojos azules del muchacho se posaron en los cabellos dorados de su parabatai y en el modo en el que sus labios se abrían en una sonrisa algo loca al tiempo que les servía a todos otra ronda de bebidas. No, de verdad no estaba enamorado de él, no como antes. Todos los sentimientos que antes lo hubieran confundido ya no estaban ahí. Es cierto que amaba a Jace, lo amaba porque el vínculo que los unía era algo eterno, pero aparte de ese amor profundo, de ese amor que era muy parecido al que Alec sentía por Izzy, no había nada más.
De hecho, el corazón del chico Lightwood estaba doliendo en su pecho al finalmente entender que quizá lo que Magnus había dicho era cierto, es decir, la parte en la que le pedía que no regresara a verlo nunca más, y si Magnus le había dicho eso porque pensaba que él todavía estaba enamorado de Jace, aquella despedida no tenía razón alguna de ser porque no era cierto.
El corazón de Alec se hundió en su pecho al pensar en la forma en la que Magnus lo había mirado al decirle aquellas palabras. Las pupilas doradas del brujo habían perdido el brillo al gritarle todo aquello. Había dolor en la mirada de Magnus, un dolor bastante evidente que Alec no había querido ver en aquel momento. Y es que si había dolor en los ojos de Magnus… ¿Había también amor?
-¡Amo esa canción!- dijo Izzy, cuando una nueva melodía empezó a reproducirse en el aparato de sonido que había metido al Instituto de contrabando gracias a Magnus Bane.
-Odio esa canción- dijo Jace arrugando la nariz- ¡Es para chicas!
-¡Conozco esa canción!- dijo Alec y al notar que había estado arrastrando las palabras, se dio cuenta de que por primera vez en su vida, estaba ebrio.
Los tres muchachos empezaron a reír y brindaron de nuevo por "el hada pretenciosa", "mi maldita hermana a la que besé" y "el brujo aquel", que fue lo único que Alec había dicho acerca de Magnus durante toda la noche. Él sabía que sus hermanos estaban ansiosos de enterarse de lo que había pasado entre ellos, pero Alec era demasiado reservado como para comentar los por menores de su vida amorosa.
Y es que, entre sorbos de vino y risas idiotas, el miedo de que Magnus no quisiera verlo de verdad remitía un poco. Porque aquella idea le causaba miedo, le hacía sentirse débil y Alec odiaba sentirse así. Toda su vida, el joven Lightwood había sido el chico fuerte, el hermano mayor que tenía que sentar el ejemplo. Alec era aquella persona que trataba de hacer felices a los demás sin preocuparse por su propia felicidad, pero el problema era que Magnus lo hacía feliz y Alec empezaba a necesitar aquella felicidad en su vida. Y aquello era algo demasiado nuevo para Alec, aquella ansiedad dulce que sentía al estar con Magnus, aquella necesidad de verlo frecuentemente y besarlo y tocarlo ¿qué era aquello? ¿De verdad no estaba enamorado de nadie?
La voz estridente de Isabelle que se había unido a la voz de la cantante de aquella melodía distrajo a Alec de sus pensamientos y había estado a punto de decir algo al respecto de la voz nada entonada de su hermana, cuando Jace se unió a aquel intento insufrible de canción. Alec abrió la boca con verdadera sorpresa al escuchar a Jace aniquilando la melodía, pero lo que lo sorprendió aún más, hasta el punto de dejarlo sin ganas de quejarse del ruido aquel, fue que las palabras que su hermana y su parabatai atacaban sin talento alguno, parecían tratar de darle un mensaje a él:
Mis palabras están enredadas en alambres de púas.
Mis acciones dicen lo que yo no he podido decir.
Porque de nuevo he fallado, he retrocedido un paso y no puedo dejarte ir.
Ojalá pudiera escuchar todos los consejos que me han dado.
Pero es imposible ver todo claramente a través del dolor.
Estoy atrapado en la lluvia, atrapado en la lluvia.
Y mi corazón está demasiado ebrio como para conducir, debería mantenerme alejado de ti.
Pero no puedo pensar claramente y solo te quiero a ti.
Cuando mi mente dice "no", mi corazón dice "ve".
Así que he tomado el camino y aunque mi corazón esté demasiado ebrio para conducir, voy camino a ti, camino a ti.
Cuando el coro de la canción pasó, Alec se puso de pie rápidamente como si la silla lo hubiera pinchado. Eso era. Tenía que ir a ver a Magnus, tenía que decirle que no estaba de acuerdo con esa decisión que había tomado y que le importaba poco que él no quisiera verlo porque "¿adivina qué, estúpido brujo? ¡Yo sí quiero verte!"
-¿Qué?- dijo Jace e Izzy paró la música en aquel instante.
-¿Qué de qué?- dijo Alec un poco confundido.
-¿Estúpido brujo?- dijo Izzy y Alec sintió que su cara se ruborizaba como un tomate radioactivo.
¿De verdad había sido lo suficientemente imbécil como para haber dicho aquello en voz alta?
-¿Tú y Magnus tienen ese tipo de relación?- dijo Jace riendo de forma maldita- ya sabes, las palabras sucias lo excitan y todo eso.
-¡Jace Wayland!- dijo Alec sintiendo que el mareo que doblaba sus piernas se debía más a la vergüenza que al alcohol.
-¡Lo sabía!- dijo Isabelle uniéndose a las risas de Jace- sabía que Magnus era un pervertido nato…
-¡Isabelle Lightwood!
-¡Alexander Gideon Lightwood y Magnus Bane besándose en un árbol!- gritaron Jace e Izzy al mismo tiempo.
-Tengo que irme…- dijo el joven de los ojos azules- tengo que ver a… Magnus.
Jace e Izzy rompieron a reír una vez más al tiempo que Alec bebía de golpe los restos de la enorme copa que su hermana pequeña le había servido y con paso tambaleante se dirigía hasta la puerta de la habitación de su parabatai.
-Hey, Romeo- dijo Jace entre risas- ¿Cómo demonios vas a llegar a Brooklyn?
-Taxi…- dijo Alec con determinación- voy a tomar un taxi. No me esperen despiertos. Díganle a mamá que probablemente me quede allá toda la vida…
-¿Puedo ser tu dama de honor?- dijo Izzy con una brillante sonrisa- ten cuidado hermano mayor, Jace y yo nos quedaremos aquí planeando tu boda con el estúpido brujo pervertido.
-¡Ve por él, tigre!- grito Jace, y poniendo los ojos en blanco, Alec salió de aquella alcoba acompañado de las risas de los idiotas aquellos que decían ser parte de su familia.
Sin importar que el mundo estaba dando vueltas a su alrededor, Alec salió a la calle sabiendo que aquella misión era importante y cuando el frío húmedo de una noche de lluvia rozó su cara, un rayo de cordura pareció atravesar su mente haciéndole cuestionarse qué rayos estaba a punto de hacer. Pero pasado un segundo, las dudas se desvanecieron: tenía que ver a Magnus, iba a decirle a Magnus miles de cosas. De verdad, estaba en camino de recuperar a su estúpido brujo pervertido…
-¡Salud!- dijo Magnus chocando su copa con las de Ragnor, Catarina y Rafael que se habían reunido con él aquella noche como una medida preventiva que le impidiera saltar del Empire State.
O al menos eso era lo que Rafael había dicho muerto de risa cuando Magnus les había llamado para que no lo dejaran sufrir en la soledad de su apartamento. Porque aunque todo era risas y diversión mientras las bebidas iban y venían de un lado a otro, lo cierto era que Magnus estaba haciendo un soberano esfuerzo por no dejar que el estúpido dolor en su corazón se hiciera evidente.
Él sabía que sus amigos iban a reírse de él si les decía que un cazador de sombras se había cansado de rechazarlo mil veces, y él no los culpaba, porque aquel comportamiento estúpido que había estado teniendo desde que había conocido a Alexander Lightwood era más propio de una quinceañera que del Gran Brujo de Brooklyn de cuatrocientos años de edad.
Pero de todos modos, le hubiera gustado que aquella bola de inmortales insensibles pudieran escucharlo, sólo eso, escucharlo. No quería que de pronto todos empezaran a trenzarse el cabello o que Rafael terminara haciendo sus uñas, o que Catarina confesara que tenía un nuevo romance con alguno de los médicos del hospital donde trabajaba. Sólo quería decirles que al parecer Alec Lightwood de verdad había derribado sus barreras y no sólo eso, quizá hasta le había atravesado el corazón con una de sus flechas y no había marcha atrás, estaba enamorado de él y aquello dolía como el infierno y no sabía qué hacer.
-Le doy cinco segundos para que empiece a suspirar desesperadamente por el cazador de sombras- dijo Rafael con su habitual tono hosco- ¿Es en serio Magnus? ¿Sufres así por un niño? ¿Cuántos años tiene Alexander Lightwood? ¿Doce?
-Sigue bebiendo y cállate Rafael Santiago- dijo Magnus acariciando a presidente Miau que estaba acostado encima de sus piernas antes de saltar y caminar con rumbo a la cocina.
-Magnus, si quieres hablar de Alexander, podemos hablar de Alexander- dijo Catarina con un tono de voz que le decía a Magnus que su amiga esperaba que él declinara la oferta.
-¿Pueden dejar de decir ese nombre?- dijo el brujo arrepintiéndose un poco de haberlos invitado. En serio ¿Por qué seguía siendo amigo de aquellas horribles personas?
-Te dije que si Alexander era el indicado, tenías que atenerte a las consecuencias- dijo Ragnor en su habitual tono serio de voz- pensé que habíamos dicho que cuando encontrarás a tu amor, lucharías por él hasta el final.
-Creo que voy a vomitar- dijo Rafael poniendo los ojos en blanco- no estoy lo suficientemente ebrio para esto, dame la botella Bane.
Magnus le pasó la botella al vampiro y suspiró pensando en las palabras de Ragnor. Sí, él ya sabía que haberse implicado de más con aquel estúpido cazador de sombras había sido una mala idea desde el principio. Es cierto que aquellos meses que habían pasado juntos conociéndose, hablando de mil cosas y experimentando otras tantas, le habían dado la esperanza idiota de que algo más sería posible entre ellos, de que Alec empezaría a sentir algo por él, pero lo cierto era que Magnus había estado construyendo castillos en el aire.
Aquel cazador de sombras no estaba enamorado de él y no lo estaría jamás. Alexander Lightwood estaba demasiado metido en el armario era casi un habitante de Narnia y como si eso no fuera poco, estaba el rollo aquel del honor de su familia, del rescate del apellido Lightwood y todas aquellas leyes que rompería por atreverse a estar con un subterráneo. El brujo intentó reír ante su propio chiste pero una punzada de un viejo dolor conocido se hundió en su corazón: él había pensado que aquel amor sería diferente, a veces se sentía de verdad diferente, pero lo cierto era que Alexander Lightwood había roto su corazón.
-¿Saben qué?- dijo Magnus, resuelto a que aquella noche no se convirtiera en una noche de lloriqueos, tratando de ahuyentar el dolor de la verdad que acababa de descubrir- el vampiro tiene razón ¡Vamos a beber como si fuéramos inmortales!
Los amigos rieron de las palabras de Magnus y suspiraron un poco aliviados. La verdad es que ninguno estaba de humor para curar las heridas que el amor suele dejar y por encima de todo, los cuatro eran bastante experimentados en aquel tema como para no saber que las heridas de Magnus sanarían con el tiempo y si algo tenían a plenitud los ahí reunidos, era eso,tiempo.
Los cuatro volvieron a chocar sus copas y Magnus estaba decidido a seguir adelante con su vida inmortal sin volver a pensar en Alec Lightwood y sus amigos problemáticos nunca, jamás, bajo ningún concepto cuando la voz de un espíritu errante que parecía estar siendo torturado por mil demonios llegó a sus oídos. Los ojos de sus acompañantes se abrieron de par en par, al igual que los de Magnus porque aquello no podía ser cierto… ¿Aquella voz desafinada era de…?
-Alexander…- dijo Magnus poniéndose de pie sin poder creerlo.
-Pensé que no podíamos decir ese nombre- dijo Rafael- ¿Quién le dijo que puede cantar? ¿No hay runas de la afinación para los hijos del ángel?
Magnus ignoró los comentarios de Rafael y se dirigió a la puerta de su apartamento para poder ver por la mirilla. Sí, no había duda que quien cantaba como si de verdad supiera cantar pero estaba fracasando miserablemente en el intento era Alec Lightwood, y a decir por el modo en el que caminaba, estaba totalmente ebrio.
Y aunque sabía que todo aquello tenía que ver con el alcohol en la sangre del Cazador de sombras, Magnus no pudo evitar sentir esperanza, de nuevo la esperanza. Como cantante Alec no tenía mucho futuro, pero aquel ridículo que estaba haciendo y que iba a ser visto y escuchado por las tres personas menos amables del universo subterráneo, podría hacer que el brujo pensara que quizá valía la pena disculpar al muchacho por haberlo usado del modo en el que lo había usado.
Los tres amigos se levantaron de sus asientos y Magnus abrió un pequeño portal en la puerta con un destello de sus dedos para poder mirar a Alec que seguía cantando aquella melodía que le sonó vagamente familiar al brujo:
Sí, todo mundo me dice que este amor es un camino sin salida.
Pero la única voz a la que le hago caso está diciéndome "ve", me dice "ve"
El sol está saliendo y está sobrio mientras la pasión se desvanece y me doy cuenta que estoy solo.
Y mi corazón con resaca está perdiendo la esperanza, pierde la esperanza.
¿A dónde vamos? ¿A dónde estamos yendo?
Y sé que ninguna palabra será capaz de detenerme, he pasado el punto de no retorno.
No me importa si esto duele, voy corriendo a ti, corro a ti.
Y mi corazón está demasiado ebrio como para conducir, debería mantenerme alejado de ti.
Pero mi mente no puede ver con claridad y solo te quiero a ti.
Cuando mi mente dice "no", mi corazón dice "ve".
Así que he tomado el camino y aunque mi corazón esté demasiado ebrio para conducir, voy camino a ti, camino a ti.
La canción se terminó y Magnus no sabía si reír a carcajadas, abrir la puerta para abrazar a Alec, correr a sus amigos que estaban muertos de la risa o golpearse mentalmente por atreverse a pensar que aquella serenata falta de talento, pero que había sido un gesto bastante romántico de parte del chico Lightwood, podía significar que Alec estaba dispuesto a aceptar que sentía algo por él, que quizá el cazador de sombras sentía una emoción más fuerte que solo la curiosidad que al principio había fascinado a Magnus pero que pronto había dejado de ser suficiente para él.
Magnus cerró el portal que había abierto y se quedó frente a la placa de metal pensando cuál sería su próximo movimiento o si en realidad tenía que haber un movimiento. Y es que, como la canción de Alec decía, su cabeza le pedía que no hiciera nada, que se olvidara del muchacho ebrio que estaba ahora tocando su puerta y simplemente siguiera bebiendo hasta el próximo milenio. Pero su corazón, su maldito corazón estaba latiendo en su pecho, rogándole que abriera la puerta y escuchara a Alec. La gente decía que los borrachos siempre dicen la verdad ¿Y si pasaba así con Alec, si lo que estaba cantando aquel chico era verdad después de todo? ¿Ni siquiera tenía derecho a esperar eso?
-No…- dijo Catarina sacándolo de su ensimismamiento de forma violenta- esto no significa que él está enamorado de ti. Magnus, esto significa que está ebrio y que cree que es un buen cantante, solo eso, así que no quiero que des marcha atrás con tu decisión de no verlo, no quiero que te vuelva a lastimar. Aunque no lo digas y aunque nosotros bromeemos con eso, Alexander Lightwood solo te hace daño, es como Camille…
-No es como Camille…- dijo Ragnor tranquilamente, sorprendiendo al brujo- es decir, él no tiene la malicia suficiente para dañarte, quizá te lastima, pero sé que él no sabe que lo hace. Magnus, voy a morir por decir esto, pero Rafael tiene razón: Alec es un niño, esto es demasiado nuevo para él, quizá está asustado, quizá…
-Quizá no deba volver a venir a estas pijamadas sentimentales- dijo el vampiro rodando los ojos- abre esa puerta para que nosotros podamos salir y tú puedas hacerle cosas sucias al cazador de sombras, no me importa si los dos están enamorados o no.
-¡MAGNUS!- decía la voz de Alec del otro lado de la puerta, haciendo que todos brincaran de susto por la intensidad de sus gritos- ¡Magnus, ábreme! ¡No estoy de acuerdo con tus reglas! ¡Quiero verte! ¡Le gusto a tu gato! ¡Si tú no quieres verme, Presidente Miau sí, pregúntale! Déjame entrar… ¡BAGNUS MANE! ¡ABREME!
-Abran ustedes- dijo el brujo corriendo a su habitación, intentando no reír por el modo erróneo en el que Alec lo había llamado- tengo que arreglar…me. Lo que sea, díganle que regresaré en un momento.
-¿Es en serio? ¿Ahora somos tus recepcionistas?- dijo Rafael fulminando a Magnus con la mirada- ¡Dijiste que esto sería una noche de chicos inmortales y Catarina! ¡No incluía Cazadores de sombras alcoholizados ni escenas melosas con ellos!
Magnus ignoró olímpicamente a su amigo y se alejó de sin agregar más. Tenía que calmarse un poco antes de enfrentar a Alec, tenía que estar tranquilo, tenía que pensarlo o sentirlo, lo que sea, sólo necesitaba un momento a solas.
Un minuto después, la puerta de entrada al departamento se abrió y Alec entró a él trastabillando un poco. Su rostro lucia mareado y un poco ausente, pero seguía siendo bello y Catarina entendió de pronto por qué Magnus estaba tan perdido por Alec Lightwood: aquella combinación de ojos azules y cabello oscuro siempre había sido la favorita del brujo.
-¿Catarina? ¿Ragnor?- dijo Alec reconociendo a los amigos de los que Magnus le había hablado vagamente en una de sus citas- ¿Rafael? ¿Quién invitó al vampiro?
Los dos brujos hicieron un esfuerzo por no echarse a reír del gesto molesto de Rafael, quien, decidido a no ser parte de aquel ridículo, atravesó la puerta de la entrada dispuesto a matar a Magnus Bane apenas se le presentara la oportunidad.
-Magnus… volverá en un momento- dijo Catarina dándose cuenta de que lo que Ragnor había dicho era verdad, Alexander Lightwood tenía demasiada bondad dentro de él como para dañar a alguien a propósito.
-¡Vine a decirle que estoy enamorado de él!- dijo Alec de forma directa, y en la habitación principal del departamento, el corazón de Magnus pareció detenerse al escuchar esas palabras, incluso Ragnor y Catarina se sintieron sorprendidos.
-¿Qué tu qué?- dijo Ragnor riéndose un poco- ¿Estás seguro?
-El taxista me ayudó a saberlo…- dijo Alec bastante serio, arrastrando las palabras al hablar pero dando aquella explicación con la seguridad de un profesor universitario de renombre.- El taxista me lo dijo, que las emociones no son blancas o negras, que si estaba confundido es porque siento algo por Magnus. Porque mi corazón late con fuerza cuando entra a una habitación en la que yo estoy, y me cuesta respirar cuando me mira o me besa; porque mi piel cosquillea cuando estamos lo suficientemente cerca como para que su aliento toque mi piel…
-¿En qué taxi te subiste?- dijo Catarina con una sonrisa enternecida- ¿Te dio su tarjeta? Creo que necesito hablar con ese hombre, es bueno ¿un escritor frustrado, quizá?
-Necesito ver a Magnus…- dijo Alec sin hacerle mucho caso a Catrina, derrumbándose en el sillón en el que antes había estado sentado Rafael- ¿Pueden traerme a Magnus?
-Magnus vendrá en un rato…- dijo Ragnor riendo divertido- espéralo aquí, no vayas a ningún lado Cazador de Sombras. Catarina y yo tenemos que ir a… mmmm…
-Evitar que Rafael concluya sus planes de asesinato en contra de Magnus- dijo Catarina- buenas noches, Alexander Lightwood.
-¿El vampiro quiere matar a mi estúpido brujo pervertido?- dijo Alec abriendo los ojos de par en par, sintiendo que a pesar del mareo podría lanzar miles de flechas sobre la persona que intentara dañar a Magnus- ¡Sobre mi cadáver! ¡Nadie va a matar a mi estúpido brujo pervertido!
Los dos amigo salieron del departamento ocultando la risa que quería brotar de sus labios al escuchar las palabras de Alec, pues los dos pensaban que "estúpido brujo pervertido" era un nombre lo bastante bueno y divertido para torturar con él a Magnus por el resto de la eternidad.
Alec se dejó caer de nuevo en el sillón pensando que Magnus no tardaría en llegar. Quizá él también estaba planeando el asesinato del jefe del clan de los Vampiros de Nueva York y aquello le parecía una idea muy buena, podía esperar. Además Alec no se iba a ir de ahí sin hablar con el Brujo, no señor. Tenía energía suficiente para esperarlo ahí mil años, claro que sí. Se quedaría ahí y le diría a Magnus lo que había venido a decirle… ¿Qué era aquello? ¿Tenía algo que ver con Classy? ¿O con Merlion? ¿Quién demonios era Merlion?
La cabeza de Alec seguía dando vueltas y de pronto, el alcohol y el esfuerzo que había invertido en llegar a Brooklyn le pasó factura, el muchacho dejó que su cabeza descansara en el respaldo del sillón y se dejó llevar por la somnolencia, luchando contra ella porque de verdad quería hablar con Magnus, pero sintiéndose vencido al final. Después de todo, aquella era la primera vez que estaba ebrio como una cuba y quizá Magnus le creería más si le decía aquello que tenía que decirle sin aquel mareo que confundía sus pensamientos y que le hacía decir aquella sarta de barbaridades.
Magnus entró a la sala minutos después y su corazón agitado e inmortal pareció enternecerse hasta su última fibra al contemplar el rostro dormido de aquel cazador de sombras que había puesto a su mundo de cabeza, y es que Alexander Lightwood de verdad parecía un ángel cuando sus ojos se cerraban y ninguna preocupación se reflejaba en su rostro.
-Estúpido Nephilim- dijo Magnus, sentándose en el suelo, contemplando el gesto dormido del chico, acariciando su cabello y depositando un suave beso en sus labios sin poder contenerse.- ¿De verdad estás enamorado de mí?
-Claro que sí, estúpido brujo pervertido- murmuró Alec sorprendiendo a Magnus, dibujando una sonrisa en los labios del brujo con aquellas palabras- si Rafael no te ha matado todavía, voy a decírtelo mañana…
-Hasta mañana entonces, Alexander- dijo Magnus, sabiendo que después de todo, su afán de no volver a ver jamás a aquel cazador de sombras había sido un torpe intento de liberarse de algo de lo cual no podría escapar ni aunque quisiera, no después de haber escuchado todo aquello.
Además, las acciones hablan más fuerte que las palabras ¿No pasaba lo mismo con aquella torpe serenata de Alec? Después de todo, aquella era la primera cosa genuina que Alec hacía por él y solo por él.
-Hasta mañana Bagnus Mane…- dijo el joven con un susurro casi inaudible- no olvides que estoy un poco enamorado de ti…
-¿Solo un poco?- dijo Magnus volviendo a acariciar su cabello- soy un estúpido y fabuloso brujo pervertido, eso deber ser suficiente para que estés totalmente enamorado de mí, no sólo un poco…
Alec le respondió con un ronquido suave y Magnus no pudo evitar echarse a reír. Él sabía que quizá el Cazador de sombras no recordaría nada al día siguiente, que quizá se sentiría demasiado avergonzado como para hablar de lo que había sucedido, pero eso no le importaba al brujo en aquel momento: porque aunque las palabras de Alec venían de un organismo intoxicado por el alcohol, los ojos del muchacho no podían mentirle, y aquellos ojos azules que lo habían flechado desde el principio, definitivamente estaban empezando a mirarlo con amor…
CANCIÓN: On my way- Lea Michele
NDA: HOLA A TODOS¡ (Es tan bonito saber que sí hay un todos por acá)
Primero que nada, algunas consideraciones sobre esta historia:
1. Recuerden que esto no tiene orden cronológico, la verdad todo es una locura de la bonita que no está respetando los tiempos de los libros, ni los de la serie, ni nada. Es bastante libre la verdad, entonces, si resulta que en este capitulo Alec ya está enamorado y en el otro no xD no se vuelvan locos, así es esto de la inspiración.
2. Si son menores de edad, no beban como Alec ni salgan a buscar al amor de su vida en ese estado. Yo sé que son más responsables que él y no es mi objetivo inducirlos al vicio, eso es del diablo. Si son mayores de edad y beben, inviten ¿digo qué? xD
3. Aunque puse como categoría a la serie de TV la verdad es que tomo algunas referencias de los libros de TMI y algunos de los otros muchos que Casandra Clare ha escrito, en serio esto es un bello desastre, así que... bue, si hay reclamaciones al respecto soy toda ojos.
4. GRACIAAAASSSS¡ De verdad jamás imaginé que mi locura de media noche tuviera una bienvenida tan bella y calurosa, no me lo esperaba, pero espero que les siga gustando, como dije, tengo miles de ideas extrañas aun y por lo visto me resulta alarmantemente fácil escribirlas xD
5. Cindy ya escuché esa canción de Bastille y lloré mil años, creo que sí es muy triste. Y claro que habrá capítulos tristes, de hecho el que sigue es algo así, so... gracias por la idea. Y Malia, amo a Ariana Grande con mi vida entera entonces "Into you" definitivamente estará en la lista de capítulos, gracias por la idea¡
6. Quien localice una referencia a la película "chicas pesadas" en este capítulo y me lo diga, elige la fecha en la que subiré el próximo capitulo, en serio¡ xD
MIL GRACIAS DE VERDAD¡ No saben cómo me divierto escribiendo esto, así que no sean tímidos y déjenme platicar con ustedes. Abrazos de oso para todos :3
