Cae el sol y aun sigo soñando

sale el sol y no te puedo encontrar.

Y cada vez que vuelvo aquí

siento que vos

me arrojaste a la inercia

sin novedad, sin decepción.

" Cae el sol ", Soda Stereo.

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" Las dos caras de la Luna "

Capítulo dos: Niflheim

- Eso es, señorita Granger, todo lo que sé.

Albus Dumbledore calló, esperando alguna reacción por parte de la muchacha que estaba sentada frente a él, preparándose para algún llanto sin consuelo o una recriminación, un ataque de ira quizás, y fue por ello pareció en extremo sorprendido al notar que Hermione Granger no hacia nada. Nada. Siguió sentada allí, con la misma cara inexpresiva, y con un par de ojos marrones perdidos en el abismo del reloj de la pared. Y así pasaron trece interminables segundos, hasta que solo murmuró un insípido " Oh" y dejó caer la vista al suelo.

- Señorita Granger,...-

- No es necesaria su preocupación, Director. Estoy bien.- Le interrumpió, sonriendo de una manera forzada. Se levantó.- Adiós.

Dumbledore deseó por un momento levantarse, pedirle que reaccionara, animarla a conversar, a desahogarse, pero las fuerzas le faltaron.

- Adiós.- Dijo Dumbledore, medio resignado, medio triste, bajando la mirada.

- No falte a mi clase, Granger.- dijo Severus Snape, que estaba de brazos cruzados sentado en un sillón sobre el cual recaía todo la sombra de aquel despacho. La muchacha, quien tenía la mano en la manija de la puerta, contestó:

- No tengo una razón para la cual faltar.

Y luego se marchó, dejando un gélido silencio en el lugar.

- No debes ser tan frío con ella, Severus. Ella también tiene el mismo dolor que tú.- Dijo Albus, mirando una extraña esfera azul que descanzaba en su escritorio.

- Lo sé, por eso lo dije.- contestó Snape, cerrando los ojos.- Granger se parece un poco a mi, ...solo que es más débil, más extraña y, por supuesto, Gryffindor.

Sonrió levemente.

¤¤

En cuanto Hermione cerró la puerta del despacho del director del colegio, pensó en que todo había sido un mal sueño del cual despertaría en unas horas. De seguro despertaría, se bañaría, vestiría, desayunaría con sus amigos y luego vería a Draco, esperándola como cada semana sentado en el suelo, al lado de la puerta a una habitación sin nombre y sin destino, de esas que plagaban el castillo y difíciles de distinguir con sus similares. Claro que, para ellos, aquella puerta no era igual a las otras. No solo por aquella imagen de un reloj con forma de ojo hecha en plata, si no por que allí podían estar tranquilos y disfrutar el tiempo juntos, queriéndose... O por lo menos ella queriéndolo...

Abrió los ojos y se encontró nuevamente frente a aquella puerta, que parecía haber estado esperando el momento en que ella llegará allí, sola, completamente sola, para poder reírse o para poder entregarle algo.

- No es un sueño, Draco en verdad se fue.- Dijo Hermione, de pie. Pareció entonces que un manto de hielo comenzaba a cubrirla, ya que su voz y sus ojos se tornaron fríos, formando una pared que evitaba que los sentimientos se dejaran ver.- Me dejó sola. Cumplió como debía hacerlo. Va a seguir las reglas Malfoy y de paso pone un final perfecto a nuestra relación. El final trágico, que debe destruir a la mujer y hacerla una desgraciada de por vida, un final que era obvio y que parece increíble cuando ocurre. ¡ Claro, claro ! Era tan obvio que no lo creí. Aún... me resisto a creerlo.- Apoyó la mano en la puerta, y la otra rodeó la manija de plata de esta. Tocó con la frente la madera, y sintió que una lágrima quería derretir el hielo y quebrar la sombra de su mirada. - Ninguna lágrima, Hermione, ninguna.- Se dijo, apretando los ojos con fuerza-. No vas a llorar por él, no te atreverás a hacerlo.

Soltó la manija y se alejó corriendo de aquel lugar. Aquella tímida lágrima que intentó salir, fue a dar a ese río interior, en el que aguardan más lágrimas y donde se acogen más tristezas.

Un río que comenzaría a desbordarse.

¤¤

"¿ Qué será este lugar? "

Se preguntó Draco Malfoy, entrando a la habitación con el ceño fruncido. No había nada en aquella sala, solo muebles, muchos objetos mágicos y las paredes repletas de cuadros y uno que otro adorno de muy buen gusto. El muchacho, quien había llegado a esa extraña mansión hace pocos minutos, se sentó en el enorme sofá negro de cuero con las piernas cruzadas, y se puso a analizar cada detalle del lugar, esperando encontrar alguna señal que le indicara el motivo por el cual él estaba allí.

" Esto será muy importante "

Las palabras de su padre le inquietaban. Y además le revolvían todos sus otros pensamientos, les daba una cuota extra de complejidad, y otra más de menos valoración. Ahora lo único que podía pensar era en el motivo que lo tenía allí, esperando quizá que cosa que podría cambiar todo. Draco Malfoy comenzaba a sentirse como parado en un castillo de naipes.

La puerta se abrió.

Subió la mirada, y observó como dos chicos de más o menos su edad entraban en la habitación, bastante serios y con ropas elegantísimas pero de corte antiguo. Ellos le devolvieron la mirada, y se sentaron en unas sillas que estaban cerca de la chimenea, sin dirigirle la palabra.

"¿ Qué harán estos aquí?" Pensó, desviando la mirada hacia el reloj de oro que colgaba arriba de la chimenea. Notó, con curiosidad, que había cinco flechas doradas, y que tres estaban marcando donde se escribía " Sala de encuentro". Forzó un poco más la vista, y vio que en una estaba su nombre tallado, y en las otras dos los nombres " McLyn" y " Nocteluce" .

- Hey, McLyn.- llamó Draco, esperando confirmar quien era el o la hija de aquel mortífago que había retado a su padre en el Bosque Prohibido. La muchacha, que tenía el cabello negro y amarrado en una trenza que parecía no acabar, lo miró interrogante.

- ¿Qué deseas?- preguntó, mirándolo con la curiosidad brillando en el mar de sus ojos. Draco sonrió.

- Hola- dijo encogiéndose de hombros, y volviendo a mirar el reloj. La chica se quedó mirándolo unos segundos más.

- Tu eres un Malfoy, ¿no?- le preguntó.- Pareces uno.

Draco la miró, con una pequeña sonrisilla bailándole en los labios.

- Si, soy Draco Malfoy.- afirmó.

- Oh, es difícil ganarle a los dragones.- dijo la joven McLyn, volviendo a sentarse como antes.

- Cierto- contestó Draco, que no tenía idea a que se refería ella especialmente, pero estaba seguro de que no se equivocaba al responder.

¤¤

- Podemos afirmar que la teoría de Theodore McMillan es completamente errónea, puesto los brujos no pueden hacer uso de sus poderes sin una varita; y los que si pueden, dejan de recibir la calificación de "brujo", "hechicero" o " mago". Claro, tomando en cuenta que hace setecientos años no existían los avances de hoy, se puede entender esta tendencia de los magos eruditos de la época a calificar como pares a la gente que tenía el brazo tatuado con treboles y que podía realizar magia poderosa sin el uso de una varita. -

El profesor Binns, de Historia de la Magia, parecía especialmente interesado en el tema de los Flecheros, al cual su clase de hoy estaba dedicada. Escribía con afán sobre la pizarra, dibujaba símbolos y hablaba sin parar, como si la vida que ya no tenía y que ni siquiera que cuando respiraba se le notaba, le hubiese poseído en clase. La mayoría de los alumnos que iba a la clase de Binns no tenía el más mínimo interés por la Historia, por lo cual aprovechaba para dormir una buena siesta, o estudiar para otras asignaturas en caso de aburrimiento extremo; exceptuando claro, a la mejor alumna de la clase, a Hermione Granger.

La muchacha solía tomar apuntes en más o menos dos pergaminos por clases, y podía recordar cada palabra del profesor si se lo preguntaban puesto que, como ella era de raíces muggles, la Historia de la Magia resultaba un tema apasionante. Y aunque cualquiera que supiese lo que estaba ocurriendo pensaría que ahora ella estaría abstraída, llorando quizás, y cometería un grave error. Hermione estaba incluso más atenta a lo que decía el profesor, tomando apuntes como si la mano se le hubiese revolucionado y con la vista pegada al libro de clases, revisando las imágenes que Binns explicaba.

El estruendo del timbre indicó que las dos horas de Historia de la Magia habían terminado, y todos se levantaron de sus pupitres esperando salir luego de aquella sofocante aula. El profesor tomó sus libros y, cruzando la pizarra, desapareció. Algunos rieron al ver como los libros de Binns, que eran sólidos, se cayeron al no poder cruzar la pared junto con su amo.

- ¿Vamos?- Preguntó Hermione, acomodándose la mochila a la espalda. Harry y Ron, asintieron.

" Esto es demasiado extraño. ¡No puede estar tan normal! " Pensó Harry, mirando a su amiga mientras caminaban rumbo al Gran Comedor, ya que se acercaba la hora del almuerzo y los tres estaban realmente hambrientos. " Solo se ve un poco más... *robotizada*... parece hacer todo inconscientemente, como siguiendo una rutina." Arrugó el ceño, mientras sentía como Hermione conversaba sobre alguna cosa con Ron. " ¿ Y si se lo está guardando todo para no preocuparnos? O ... o quizás no ha tomado el verdadero peso de todo esto..."

- Ron, debes tomar apuntes la próxima clase, por que yo no te los podré dar.- dijo Hermione bastante seria. Ron, quien intentaba también parecer normal, pensaba, sin saberlo, igual que Harry.

- ¿ Por qué no ?- preguntó Ron, también serio, pensando en que a lo peor Hermione tenía entre manos un plan terrible.

- Hermione- llamó Harry, dándose vuelta y quedando frente a su amiga, quien le miró con la misma seriedad que había mantenido todo el día. Claro, para sus amigos aquello era un tipo muy frío de seriedad, y por ello era objeto de sus dudas.- Quiero que me digas que te ocurre.

- ¿Perdón?- Preguntó Hermione, como si no entendiera a que se refería Harry. Aunque internamente sentía como si el veneno que le estaba carcomiendo las entrañas comenzara a desbordarse, y con ello dejara de ser un secreto todo lo que sentía, toda aquella cruel realidad que pasaba como cuchilladas por su cabeza, todo aquel dolor que quería devorarla.

" No preocupes a tus amigos, Hermione, no te atrevas a hacerlo" se dijo, esquivando las miradas de Harry y Ron, quienes esperaban una respuesta.

- Queremos saber que te ocurre. Tu y Dumbledore ya nos contaron lo que pasó, así que si crees que no sabemos todo...

- ¿ Dumbledore? ¿ Por qué tenía que contarles? -



- Estaba preocupado por ti.- Contestó Harry.- Al igual que nosotros.

- Hermione, solo queremos saber que ocurre contigo.- intervino Ron.

Hermione lo miró y luego rodó los ojos, lo que provocó en el pelirrojo un sobrepaso del límite que él tenía de paciencia. Primero fue un leve color rojo en las mejillas, luego unas palabras algo endebles por la rabia:

- Ya, ok, sabemos que el perro de Malfoy se fue para lamerle los zapatos a Voldemort, pero en verdad eso no es lo que importa. Lo que importa es saber como estás tu. - Ron miró al suelo, como si no pudiese ya mantener la mirada con aquella Hermione tan fría y distante que tenía al frente- Estás... como siempre, pero a la vez tan diferente... te volviste una chica fría y dura como una pared de hielo, Hermione. Y si estás pensando que somos tan tontos como para no entenderte, bueno, pero por lo menos desahógate con nosotros. O por lo menos llora, no lo sé, ¡haz algo!- finalizó el pelirrojo, tomándola por los hombros como si intentara hacerla reaccionar. De no haber sido por Harry, quien lo miró enfadado, Ron hubiese olvidado sus principios y sacudido a Hermione.

- ¡Ah, entiendo!. Por que Draco se fue, me dejó para siempre sin siquiera darme una explicación, y por que más encima se fue para matar gente por gusto en servicio de Voldemort, debo tirarme al suelo a llorar, a insultar a Dios por hacerme tan desgraciada, e intentar acabar conmigo. Claro, si. Si quieren comienzo a llorar ahora y empezamos al espectáculo de la " Pobre Hermione abandonada". - Dijo Hermione, mirando con enfado a sus amigos, quienes la observaban atónitos.

- No queremos eso, solo queremos que no te pudras por dentro- dijo Harry mirándola con ternura.- Queremos lo mejor para ti, eso es todo.

- ¡ Qué manera de preocuparse por mi ! A lo mejor Dumbledore cree que la mejor manera de ayudarme es contarles, la tuya Harry debe ser la de mirarme con lástima y la de Ron casi golpeándome, pero ¡ No es la forma ! - Gritó.

- Perdóname por ser tan bruto contigo, Hermione, pero es que me muero de preocupación por ti.- dijo Ron, y tomando sus cosas se marchó.

- Quizá yo también deba irme.- dijo Harry, mirando al suelo.

- Creo que es lo mejor.- Dijo Hermione desviando la vista.-

Harry se marchó corriendo para alcanzar a Ron y Hermione se quedó sola en el pasillo. Nada pasaba por allí, ni siquiera el viento, y Hermione se preguntó de porqué iban por ahí si el pasillo no llevaba al Comedor. Quizá una burla más del destino, hacer que se peleara con sus únicos amigos y dejarla sola en el pasillo más recóndito del castillo para que viera que en verdad estaba sola.

Sola como siempre.

¤¤

- Bueno, bueno, tenemos que apostar algo, Draco- dijo Zabinni, tomando una botella de alcohol con una mano y alzándola como emblema de guerra. Draco, al ver el estado de ebriedad de su amigo, rió a carcajadas, sin saber que él estaba igual o peor.

- ¿Cómo que, Blaise?... Aunque sea lo que sea te voy a ganar- dijo Draco, sacando otra botella de la hielera. Ambos Slytherin, que tenían una relación parecida a la amistad, estaban de vacaciones en las Islas Canarias, debido a que sus familias habían decidido juntarse en aquel verano por asuntos de los cuales ningún chico se enteró nunca.

- Como agarrarse a alguna chica... - Zabinni tomó un poco más, y la risa de la idea que se le ocurría le hizo escupir algo del licor. - ¡Agarrarse a una Gryffindor!- dijo, riéndose con más ganas, a pesar de que se había mojado el pecho con el líquido etílico.

- ¿Para qué apuestas si sabes que vas a perder?- Preguntó Draco, quien se sacaba la polera para solo quedar en el ajustado traje de baño negro. Como estaban en un hotel, exclusivo para magos con los bolsillos llenos de dinero, las chicas que estaban por los alrededores de la piscina le miraron con cara de hambre.- ¿Ves? Tengo más 'armas' que tú.- Alardeó Malfoy, al tanto de las muchas miradas femeninas, y una que otra masculina de envidia, que recorrían su cuerpo. Tomó un poco más de la botella- Además tu te chorreas, no sabes tomar- apuntó riendo.

- Niños, no saben lo que dicen- dijo Zabinni, valiéndose del hecho de que Draco Malfoy tenía quince y él ya había cumplido los dieciséis.

- Bueno, apostemos.- Aceptó Draco, dejando la botella en el suelo y luego tirándose a la piscina en un clavado que hubiese sido perfecto sin el alcohol que llevaba en el cuerpo.

- Apostemos una escoba de carreras nueva a que tu no te puedes llevar a la cama a una Gryffindor y luego dejarla para burlarte en el Gran Comedor de sus " virtudes". - Dijo Blaise, sentándose en la silla de playa y moviendo el líquido en la botella que sostenía. Draco sacó la cabeza del agua, y se tiró toco el cabello rubio hacia atrás con las manos.-

- Yo una vez me acosté con una Gryffindor, y te diré que en "esos momentos" lo que menos les importa es la casa.- dijo Draco, nadando hacia la orilla de la piscina para poder beber un poco más.- Asi que es una apuesta tonta.

- ¿ Esa Gryffindor fue Granger?- preguntó Zabinni, sacándose los lentes de sol.

- ¿ Quién?- Preguntó el rubio, escandalizado.

- Granger, la amiga de Potter... - Blaise sonrió- Pero veo que no. Yo tampoco. Es muy difícil, gasta mucho tiempo entablar una conversación amigable con ella. Mis hormonas no me permiten ese gusto.

- Estás loco, yo no me acercaría a ella para... para eso. Además, ni siquiera está tan guapa.

- No la haz visto en pijama, Draco.- Apuntó el chico de ojos verdes, dibujando el aire una figura femenina bastante voluptuosa y por demás exagerada. Bueno, después de todo, había que incentivar a Draco para que compitiera.

- ¿Tu si?- Alzó una ceja, incrédulo.

- Casualidad...- Guiñó un ojo, pícaro- Pero bueno, ¿Aceptas o no? Si crees que no puedes, mejor dejémoslo así... Nada de apuesta.- Propuso Zabinni, sabiendo que Draco aceptaría de todas formas.

- Acepto, perdedor- sonrió Draco, recibiendo del empleado la tercera botella de la tarde.

Draco Malfoy despertó sobresaltado. Miró alrededor y el reloj de oro le indicó que se encontraba en la habitación de antes, y por la hora, dedujo que se había dormido, esperando, al menos unas dos horas. Se peinó un poco con las manos, y se refregó los ojos para luego sentarse correctamente. Se dio cuenta de que los otros chicos también se habían quedado dormidos, y que una nueva chica se encontraba sentada al lado de él, con la vista perdida en algún lugar.

-¿ Qué soñabas?- preguntó la chica, mirándolo con curiosidad.

" Cosas que creía olvidadas"

- Eso no importa.- se limitó a contestar. - ¿ Quién eres?

- Bueno, digamos que eso tampoco importa- contestó la muchacha, sin mirarlo y sonriendo.

El reloj de la habitación movió una aguja, tallada con el nombre "Von Housen Bolt ", hacia " Sala de Encuentro". La quinta aguja, tallada con el apellido " Archer ", no se movió.

¤¤

Hermione no fue a almorzar, a pesar de que le rugían las tripas. Sabía que si iba, Harry ni Ron le hablarían, pero que si tendrían reservado su puesto enfrente de ellos, por lo cual sería inevitable verlos a la cara, y sería también inevitable sentirse más sola aún y peor consigo misma y con sus amigos, injustamente afectados por su pesar.

Fue a la torre de Gryffindor, dijo la contraseña y luego de saludar fugazmente a una Ginny algo nerviosa por una tarea no hecha, subió hasta el cuarto de chicas de sexto grado y allí, después de cerrar la puerta con una conjuro, comenzó a buscar en su baúl algún hechizo que le permitiera crear una escoba voladora. Al no encontrar ninguno, fue a buscar a un chico del equipo de Quiddicht y le pidió su Saeta de Fuego, para luego bajar corriendo hasta los campos verdes del castillo y montar en ella hasta subir a lo más alto del Castillo, algo parecido a un campo de fútbol enorme que en verdad era el techo de Hogwarts, y allí se sentó.

No tenía clases hasta las tres de la tarde, que era Pociones, así que decidió quedarse allí a dormir un poco. Quizás sumergirse en un mundo ficticio le ayudaría a pasar con un poco más de bien el mundo real. Y si no funcionaba, leería un libro, o intentaría un hechizo nuevo, o haría algo que no le permitiera pensar en Draco y por ello en la tristeza que se le revolvía en el pecho. En la decepción, en la ira, en la rabia, y a la vez en la risa que le daba pensar que era, a pesar de sus buenas calificaciones, el ser más estúpido del planeta...

Olvidar, eso era lo mejor. A pesar de que en verdad nada de lo que sentía tenía aún un nombre que lo identificara completamente, lo mejor era convertirlo en nada, en solo un cadáver tirado al abismo del tiempo. Y claro que sabía que eso no podía ser, que todo lo que sentía no se podía tirar a la basura como un pergamino sucio, pero la ilusión de que si se podía eliminar todo aquello parecía ser suficiente por el momento.

Sintió unos pasos acercándose hacia ella, pero no quiso voltear a ver quien era, por que no le interesaba en lo más mínimo.

- Debemos hablar.- dijo una voz que Hermione reconoció instantáneamente como la de Blaise Zabinni.

¤¤

- Jóvenes, acompáñenme- la voz del empleado que los había recibido irrumpió en la habitación y quebró su denso silencio. Todos se levantaron, unos más impacientes que otros, y se dirigieron a la puerta. - Síganme- repitió el mayordomo, caminando por el pasillo lentamente. Los jóvenes obedecieron en silencio, observando todo el pasillo con curiosidad ya que, cuando llegaron, no habían pasado por allí. Había estatuas de yeso, y la que más gustó a Draco fue una que representaba a un ángel sufriendo por la mordedura de una serpiente que tenía en el cuello. Curiosamente, aquella estatua marcaba un punto de referencia en la mansión, ya que era donde doblaron y se encontraron a una especie de callejón sin salida que tenía, en el fondo, una puerta enorme con un tres hecho por una serpiente de plata.

- Qué poco original.- Murmuró la chica McLyn, haciendo que Draco riera. Mejor era que no viese su casa, o destruiría al decorador.

- Jóvenes, cuando terminen vendré a buscarles para llevarlos al ala norte de la mansión, donde están sus habitaciones y su comedor respectivo. Si necesitan algo, estaré en el jardín alimentando al dragón. - El mayordomo sonrió fríamente- Aunque dudo que requieran de mis servicios- Añadió con sarcasmo.

" Lo siento, Hermione, pero debo seguir adelante. Algún día comprenderás, y... quizás un día yo también lo haré" Pensó Draco, antes de que el mayordomo abriera las enormes puertas a las que el trayecto les había llevado. Era una habitación, aquella que se les presentaba frente a frente con un viento helado,de amplias dimenciones, con las paredes de piedra y ningún objeto en ella, exceptuando a un encapuchado alto, con manos de uñas largas sosteniendo lo que parecía ser un bastón hecho de plata.

- Buenos días.- saludó la voz fría que todos reconocieron como la de su Lord.

- Buenos días- contestaron todos, algo nerviosos ante la cercanía de Voldemort. Era cierto que todos los habían conocido desde pequeños por una razón o por otra, pero extrañamente ahora era diferente. Era como si el abismo que siempre existió entre ellos y Lord Voldemort se agigantara de igual forma que si un troll hubiese metido a su familia dentro de una taza de té.

- Siéntense, por favor- Pidió como en una burla, con esa voz silbante, arrastrada, resbalosa que se le caía de los labios, o lo que quedaba de ellos. Todos obedecieron, y lo miraron fijamente. Él se sacó la capucha, mostrando aquel rostro deforme que asustaba a tantos y que asqueaba a los otros.

- ¡Jesús!- murmuró la joven McLyn- Esto siempre me sorprende.

Todos, sobretodo el chico de apellido Nocteluce, miraron a la muchacha sorprendidos.

¿Estaría loca?

- Señorita McLyn, tendrá que acostumbrarse.- Dijo Voldemort, enfadado.-

- Es que podría hacerse una cirugía estética.- Dijo la joven, provocando que todos se alejaran un poco de ella. De seguro, pensaron, ahora vendría un rayo verde y acabaría con ella; pero lo único que hubo fue una risa estruendosa de parte de Lord Voldemort.

- Señorita, ¡Eso es muggle!- dijo.

- Oh, es verdad.- dijo la muchacha, sonrojándose.

- Recuérdenme no confiar en ella.- Murmuró Nocteluce, rodando los ojos.

" Recuérdenme no confiar en nadie" Susurró para si mismo Draco, bromeando de forma irónica, sin siquiera sospechar que en un momento u otro, cercano o lejano, le entregaría algo más que la confianza a alguien...

Y que como resultado obtendría cosas que siempre tuvo y que creía ya no conservar...

Además de un precio que tendría que pagar a costa de sangre.

Con sangre de serpiente, y de león.

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Nota de la Autora.

| ¦ :-) Hola!! Oh, al final si me dejaron reviews!! Que emoción î_î ¡¡ Los quiero mussho!! :) Como se dieron cuenta, me emocioné escribiendo, por lo cual me despido ya... les deben doler los ojitos!! T.T Ah... quieren saber a que se refieren las últimas frases? Porque advierto que no son textuales... ¿ Quien saber, eh, eh? Pues... déjenme reviews para motivarme y así seguir la historia!! Jajajajaja XD

Byes!

ðð Akane Wakashimatzu.ðð

Pd: tengo un perro y se llama Neruda :)

Pd2: el cap. se llama así porque en la mitología escandinava, Neflheim, según el mito de creación del mundo, es la región del frío.

Pd3: Se me olvidó comentar el capXD ... Ven? Ya saben cual era la apuesta de la que hablaba Blaise!! - en Se ama por que se ama ¬¬- XD Y el motivo por el cuál Draco no se acordaba bien! HiP hIp! .-. Y... bueno... Blaise le fue a decir algo a Hermione... ¿ Será eso? O.O Y si si es eso... que pasará? :O ¡ Ni yo lo sé! XD

Pd4: Reviews, reviews, reviews, reviews,,reviews, reviews, reviews, reviews ,reviews, reviews ,reviews, reviews,reviews, reviews!!

Pd5: XD No, no soy tan obsesiva... :P

PD6: Aunque igual quiero reviews!! jajajaja