¡Los calzoncillos no se llevan en la cabeza!

Regalo para karinacruz


Disclaimer: los personajes pertenecen a Verónica Roth y sus respectivos dueños, yo sólo los tomo un rato para compartirles la historia que inventé.

Personaje: Al

Edad: 2 años.


Un simpático pequeñín corría por la casa mientras sus risas llenaban las paredes blancas y negras, a la vez que era perseguido por un hombre alto y fornido: su padre.

—¡Albert! —Gritaba el hombre muy sonriente—, ¡Ven, vuelve acá! ¡Los calzoncillos no se llevan en la cabeza!

Sus rechonchas piernecitas no lo hacían llegar muy lejos, aunque sí lo suficiente para que su papá lo persiguiera alrededor de la mesa de la sala. Todavía con el pelo mojado después del baño, y su papá con una toalla para terminar de secar a su hijo, ambos veraces disfrutaban de las carreritas en su alegre morada.

—¡Cuidado! ¡No vayas a tirar el florero...!

El padre habló demasiado tarde; el niño había tropezado con la mesita donde estaba el objeto, haciendo caer las flores y el agua. Sin embargo no reparó en eso, sino en el hecho de que su hijo sollozaba sin cesar, con pequeñas lágrimas de cocodrilo en sus mejillas.

El llanto del niño era desconsolador y demasiado estridente —Al siempre había sido un niño muy risueño, ¡aunque era de lo más difícil calmarlo cuando lloraba!— lo que atrajo la atención de su madre que hasta entonces había estado en la cocina. Al contrario de su marido, ella supo inmediatamente cómo alegrar a su hijo.

—Albert, cariño, hay helado.

El niño sonrió casi al instante, dejando sus pequeños sollozos y comenzando con lo que parecían risas, a la vez que su madre lo tomaba en brazos —ante la mirada atónita de su padre—, lo envolvía en la toalla que con la este había intentado secarlo y lo llevaba a la cocina entre risas.

Fue cuadro enternecedor el de aquella casa veraz: los jóvenes padres compartiendo helado de vainilla, a la vez que su hijo —esta vez con los calzoncillos donde debían ir— reía adorablemente.