N/A Antes que todo quiero agradecer a los que le dieron fav y follow a la historia. De verdad significa mucho para mi que la lean y la sigan.
Y particularmente a quienes se tomaron un minutito para dejarme su comentario. Muchísimas gracias de verdad
Algunas aclaraciones antes de empezar:
1.-Aún no estoy segura si Eva y Allison tendrán alguna implicación romántica, puesto que había pensado en ellas como buenas amigas. Pero no lo sé. Aún no me decido. Así que si quieren opinar bienvenidos sean. Ya verán más adelante que tienen que ver las otras dos en la historia de ellas.
2.- Quizás los capítulos siguientes sean un poco más extensos, todo depende jeje
Espero que lo disfruten.
Capitulo 2
A poco más de media hora de allí. Emma se sobaba la sien incesantemente. Inhalando con lentitud, contando hasta el tres mil para evitar un colapso nervioso. Iba por el 213 cuando sintió nuevamente su voz.
-Swan...- No gritó, ella no era así, fue apenas una delicada mención de su apellido, pronunciado en un tono tan casual que estaba segura que su verdadera intención era que no la escuchase para poder tener un pretexto y llamarle la atención. Por que así era trabajar con ella. O mejor dicho, así era para ella trabajar con Regina Mills. Según otras personas de las que no estaba muy segura de su estado mental, la alcaldesa era una mujer agradable, responsable, cordial y abierta a debatir temas de interés de su pequeño y adorado pueblo a las afueras inmediatas de Boston. Muchas veces se había preguntado qué era lo que le podría haber hecho para que siempre tuviese una excusa para fastidiarla. Llegó a pensar muchas cosas sobre eso pero siempre acababa con la misma conclusión.
-El problema no es suyo, es mío- lo susurró apretando los dientes mientras se levantaba del cómodo sitial en el que estaba sentada. Repasó aquella frase en su mente y estuvo segura de que así era. ¿Por qué razón soportaría entonces a esa mujer? No tenía necesidad. Había caído de casualidad en ese pueblo que parecía salido de un cuento de Disney, dónde todos se conocían con todos, se saludaban en la calle con una sonrisa y hablaban de cosas cotidianas cuando se encontraban en algún local del diminuto centro. Ella amaba la ciudad, amaba su independencia entonces ¿Por qué? ¿Qué hacía ahí? Arrastró los pies hasta la puerta del estudio y al abrir sólo la miró. Estaba sentada solemnemente cual si fuera una reina. Con sus lentes apenas caídos un poco de más por la imperceptible loma de su nariz. Había notado su presencia. Por supuesto que sí. Pero sería indigno dárselo a conocer inmediatamente, así que continuó escribiendo sobre la hoja reposada en su escritorio. Emma suspiró y apoyó el peso de su cuerpo sobre una de sus piernas. Puso los ojos en blanco y volvió a maldecirse a sí misma. ¿Acaso pretendía que ella se anunciase? Si sabía que estaba allí parada. Estaba a punto de lanzar humo por la nariz cuando su voz resonó en la fría estancia.
-¿Piensa quedarse toda la tarde en la puerta?- Se quitó los lentes sosteniéndolos apenas con dos de sus dedos y levantó la mirada hacia la rubia. Ella resopló y se atrevió a entrar. Se puso de pie frente al escritorio y llevó sus manos a la cadera. Levantando de un golpecito el mentón le dio a entender su pregunta "¿Qué quieres?" Y Regina lo comprendió perfectamente.
-¿Sería tan amable de traerme un café?- la rubia estuvo casi segura de que la vena de su frente acababa de explotarle. Pudo sentir el pitido en sus oídos.
-¿Por qué no va usted sola?- Regina se incorporó sobre su asiento y señaló a su pierna enyesada que mantenía levemente levantada sobre un banquito. Arqueó una ceja esperando que la rubia comprendiera su respuesta. -¿Por qué no le pide a su secretaria?- La alcaldesa se volvió a acomodar para seguir trabajando pero antes respondió.
-No confío en mi secretaria- Emma arrugó la nariz. Y odió a ésa mujer con todas las fuerzas que su cuerpo le permitió. Esa mirada de damisela abandonada y en peligro era probablemente la razón que ella no pensaba admitir jamás, que en el fondo, muy pero muy en el fondo, no le caía tan mal. Por momentos podía ver a esa mujer amable de la que algunos hablaban. Pero eran pequeños flashes de milésimas de segundo, como aquel seguramente. En el que recordaba lo traumáticos que habían sido para ella los últimos días. Suspiró y asintió antes de darse la vuelta para cumplir una vez más su deseo.
-Sólo dos de azúcar, no cuatro como la vez anterior- rectificó antes de que la sheriff alcanzase la puerta. Emma apretó los puños y se sonó el cuello antes de tomar aire y salir. -
N/A: esto es todo por ahora
Espero que les haya gustado. Hasta la próxima.
PD: No olviden dejar su review en el cuadrito de abajo :D
