Pues aquí tenéis un nuevo capitulo, espero que os guste.

Los personajes no son míos

Un nuevo comienzo y un final anunciado

Cuando Harry llegó a Grimauld Place era ya la hora de comer. Después de hablar con Ginny había estado dando una vuelta por el callejón Diagon, con el único propósito de asimilar la conversación que acababa de mantener con la que oficialmente era ya su ex – novia. Todavía no sabía que pensar, pero en el fondo se alegraba de que lo hubiese comprendido; Ginny no era muy dada a hacer escenas (de hecho Harry la consideraba una de las chicas mas fuertes a las que había conocido), pero después de todo lo sucedido en el último mes Harry se la imaginaba como una bomba de relojería. Y a él mismo como el detonante de un gran cataclismo.

Mientras paseaba distraído se alegraba de ver como poco a poco la vida iba volviendo al callejón Diagon. Cierto era que la heladería de Florean Fortescue seguía con las ventanas cegadas por tablones, pero ya se iban viendo algunos signos de recuperación. Ollivander parecía que estaba haciendo reparaciones en su tienda y madame Malkin anunciaba su próxima apertura para la semana que viene en un gran cartel de color rojo, en el que prometía grandes descuentos. También el Emporio de las Lechuzas parecía tener muy cercana su apertura, ya que el establecimiento se encontraba abarrotado de lechuzas, gatos y sapos. Harry comprobó con desanimo que Sortilegios Weasley seguía cerrada y no parecía que fuese a abrir en breve.

Harry aun recordaba el aspecto del callejón Diagon apenas dos años antes, cuando fueron a comprar el material escolar y a visitar la tienda de Fred y George. Entonces se veían a muy pocos magos y brujas y los que tenían que ir por necesidad, como ellos en ese momento, hacían la compras a toda prisa y se movían en grupos muy compactos, como si temiesen ser atacados al quedarse solos (después se pudo comprobar que el ir acompañado no te libraba de ser atacado). Ahora, las personas a las que se encontró paseando como él, ya que realmente aun había pocos sitios para comprar, lucían una expresión totalmente distinta. Se sentían maravillados ante cualquier cosa, reían como niños; incluso pudo ver a dos chavales que serían un poco mas jóvenes que él, sentados en el bordillo de la acera intentando adivinar quiénes serían los nuevos profesores de ese año en Hogwarts.

Un poco más animado se dirigió al Caldero Chorreante a tomar una cerveza de mantequilla antes de regresar a casa. Al entrar vio que también estaba mucho mas concurrido que hace dos años. Allí estaba Tom, hablando dentro de la barra con una chica rubia que a Harry le era vagamente familiar. Cuando se acercó para pedir se dio cuenta de que era Hannah Abbot, compañera de su curso de Huffleppuf, miembro de el Ejército de Dumbledore que había luchado en la que ya era conocida como la Última Batalla. Contento de ver a alguien con quien poder hablar se acercó a ella para pedir, aunque en ese momento parecía muy ocupada colocando vasos y tazas.

- Vaya Hannah, no te conocía sin las coletas .

Al oír su nombre se sobresaltó un poco, pero al ver que era Harry le sonrío dulcemente y se encogió de hombros.

- Si voy a trabajar aquí me parece mejor perder un poco el aire infantil, ¿no crees?

- Claro, claro. ¿Pero que es eso de que vas a trabajar aquí? Pensé que ibas a seguir estudiando. Siempre se te ha dado muy bien Herbología, ¿no?

Hannah acabó de colocar un par de vasos recién lavados, apoyó ambas manos sobre la barra y le dijo:

- Gracias Harry, eres muy bueno. Pero ya sabes que los estudios nunca han sido lo mío. Apenas saqué tres TIMOS en quinto, y este año no me veo con fuerzas para volver al colegio y prepararme para los EXTASIS. Además, con la muerte de mi madre necesitamos otro sueldo en casa.

Harry recordó que a principios de sexto curso habían sacado a Hannah precisamente de la clase de Herbología para darle la noticia de que habían encontrado muerta a su madre. Se sintió un poco abochornado en ese momento por no haber recordado ese dato, pero Hannah hizo un además con la mano, como quitándole importancia, aunque los ojos le brillaban de una forma que minutos antes no lo hacían.

- Total, que la semana pasada me acerqué hasta aquí para ver si había algún trabajo en el Callejón Diagon que pudiese desempeñar y al entrar en el Caldero vi un cartel en el que buscaban camarera. Tom me dijo que se estaba haciendo mayor y que necesitaba a alguien joven al que no lo importase el trabajo duro, cosa que a mi nunca me ha importado. Además, creo que está buscando a alguien que se quede con el bar cuando el se jubile dentro de unos años, para ir enseñándole el oficio, así que...¿quién sabe?

Dejó la frase en suspenso, pero dando a entender claramente que era más que posible que ella acabase regentando el Caldero. Harry la felicitó de corazón, asegurando que se alegraba mucho por ella, aunque no pudo evitar pensar que si quería llevar un bar ella sola, tenía que perder antes la inocencia hufflepuff acumulada durante el colegio.

Por un momento Harry se encontró pensado en sus antiguos compañeros de colegio, en lo que harían ahora. Por descontado, Hermione retomaría sus clases cuando volviese de Melbourne: tenía pensado ir allí a por sus padres y devolverles la memoria (aunque se había dado cuenta de que era más complicado que un simple finite incantatem). Y Ron no tenía intención de volver al colegio. Pero sentía curiosidad por lo que harían Neville, las hermanas Patil, Seamus, etc.

Sabía que Lavender Brown iba a volver al colegio si no desarrollaba rasgos lobunos demasiado acusado, porque se encontraba en la misma situación que Bill unos años antes: había sido mordida por Fenrir Greyback cuando éste no estaba transformado. Ron le había contado que había estado en el Refugio, la vivienda de Bill y Fleaur, y había hablado con los dos durante varias horas sobre las posibles secuelas, ya que el caso de Bill era uno de los pocos conocidos. Bill le había dicho que no se preocupase, que solo había notado cierta afición por los solomillos de ternera poco hechos y una mayor tendencia a contemplar la luna llena y aunque Lavender no se fue muy convencida, estaba sin duda mucho mas animada que cuando llegó.

Entonces Harry se preguntó, no por primera vez que es lo que iba a hacer él.

- Draco, sal de tu habitación, tenemos que hablar contigo. Acaban de traer a tu padre del cuartel general de aurores.

Draco se encontraba tumbado en la cama matando moscas con su varita. Desde que había llegado a la mansión Malfoy después la Última Batalla, apenas había salido de su cuarto. Simplemente se quedaba allí mirando al techo sin atreverse a pensar en el futuro; un futuro que posiblemente incluía una larga estancia en Azkabán. Los pocos ratos en los que el cansancio le vencía y se quedaba dormido, invariablemente tenía pesadillas. En la más común se veía a si mismo intentando rescatar a Crabbe del Fuego Maldito, estirando la mano para ayudarle, pero siendo demasiado lento. Más que un sueño, era un recuerdo que volvía a él con una horrible exactitud.

La segunda pesadilla era, si cabe, aun más terrible que la primera, porque se añadían a ella sus propios miedos y temores, y más de una noche había tenido que morder la almohada para no gritar. En ella Draco era un poco mayor, quizás tenia veinticuatro o veinticinco años. Corría por un oscuro callejón que no conocía, por lo que tenía que ser alguno del Londres muggle, que apenas había pisado. Draco corría y corría, echando angustiosas miradas por encima de su hombro para ver si la persona que le seguía había logrado dar con él en ese mugroso callejón. Por su aspecto parecía que llevaba mucho tiempo huyendo: llevaba su cabello largo y desgreñado, una descuidada barba cubría la mayor parte de su rostro y llevaba puesto un gabán que distaba mucho de estar recién lavado. Cuando por fin vislumbraba el final de aquel interminable callejón, se paraba un segundo para recuperar el aire mientras sonreía aliviado,. Pero entonces una figura aparecía delante de él y sacaba la varita mientras decía:

No te valdrá de nada huir Draco, no tienes escapatoria. Te seguiré vayas donde vayas, te seguiré por toda la Tierra si es necesario. Es mejor acabar ya con esto, ¿no crees?

Invariablemente Draco se levantaba temblando. No sabía que podía significar ese sueño, ni quién era ese misterioso ser que le perseguía con tanto ahínco. Al principio pensó que era un mensaje que su conciencia mandaba a través del subconsciente, recordándole que pagaría por todos los crímenes de su familia. Pero después lo descartó, ya que no hacía falta que se le recordase nadie en sueños: era algo que tenía muy presente ya en las horas de vigilia.

Se levantó como a cámara lenta y se dio un largo baño de agua caliente, seguido de una rápida ducha de agua fría y bajo al salón, donde ya le esperaban sus padres. Aunque no dijo nada, sabía que una pregunta no formulada estaba flotando en el aire.

¿Qué vamos a hacer ahora?

Por primera vez en su vida Draco se sintió desprotegido. Todos los años anteriores su apellido y el temor que éste inspiraba le habían precedido, envalentonándolo, haciéndole sentir mucho más fuerte de lo que en verdad era. Pero ahora ya no quedaba nada de ese temor, de ese respeto que infundía ser un Malfoy. Ahora no eran nada, eran mucho menos que los Weasley. Su padre estaba sentado en una butaca de terciopelo verde enfrente del fuego, mirando como chisporroteaban las llamas con la mirada perdida. Narcissa daba instrucciones a Tipsy, la elfina doméstica que les servía desde hace incontables años, ordenando algo para cenar. Draco entró en el salón y se dirigió sin decir nada a un sofá situado enfrente de su padre y espero a que su madre se sentase a su lado, en la misma posición en la que se habían sentado desde que Draco tenía uso de razón.

Narcissa por fin cruzó el amplio salón con su elegante forma de caminar, como si flotase, se sentó al lado de su hijo y le cogió la mano. A Draco no le gustaban las muestras de cariño de su madre, las veía poco naturales, pero en ese momento sintió que no se conformaba con su mano, que la necesitaba a ella entera. Lucius por fin pareció percatarse de la llegada de su familia. Sin levantar la mirada del fuego dijo con voz queda aunque increíblemente audible:

- Ya están preparando la acusación. Me van a acusar de varios crímenes contra el mundo mágico como asesinato, ejecución de las tres maldiciones imperdonables, corrupción, soborno y un largo etc. Pasado mañana tengo la vista oral ante el Wizengamot en pleno.

- Pero padre – dijo Draco intentando buscar una solución -. ¿Cómo van a probar los crímenes de los que te acusan? Más de la mitad de los mortífagos murieron en la batalla. Otros como Goyle y Bulstrode huyeron justo después... Y no creo que las víctimas hablen, mas que nada por que no están en condiciones de hablar. No pueden probar nada.

Lucius por fin levantó los ojos del fuego y se quedó mirando a su hijo como si fuera la primera vez que le veía. Se pasó la lengua por los labios y dijo:

- Hijo, a veces creo que eres tonto. Me darán una buena de dosis de Veritaserum, no me quedará mas remedio que confesar. Me interrogarán sobre todos los crímenes cometidos en Inglaterra en los últimos cuatro años.

Claro. Veritaserum. Draco estaba tan preocupado en buscar una salida que ni siquiera había caído en esa opción. Además, siendo su padre uno de los pocos mortífagos que no habían huido, no iban a perder la oportunidad de apresarle.

Además, –prosiguió Lucius -. en el improbable caso de que yo no tuviese nada que ver con los crímenes que se me imputarán, me acusarán de cómplice, lo que viene a ser lo mismo. Y si eso les falla, cosa del todo improbable, te recuerdo que tu padre es un prófugo de la justicia. ¿O no te acuerdas de los sucesos del Departamento de Misterios? Me tienen atrapado.

- ¿Y no tienen miedo de que intentes huir ahora mismo? –preguntó Narcissa. Por su cabeza ya bullían distintas rutas de escape -. Podemos intentar salir esta noche hacia...

- No Narcissa, eso es imposible. En cuanto he entrado por la puerta se ha activado un hechizo anti-desaparición. De aquí solo puedo salir con un auror autorizado.

- Esperemos que sea Dawlish –dijo Narcissa recuperando una chispa de su ácido humor-. Todos sabemos lo inútil que es.

Eso estaba siendo demasiado para Draco. No solo se estaba viendo abocado al fracaso, a la marginación social y todo eso, si no que además no entendía las reacciones de sus padres. Su padre parecía que nada de lo que estaba contando fuese con él. Estaba resignado a pasar los próximos diez o veinte años siguientes en Azkabán. Y su madre se permitía hacer bromas sobre los aurores. Aquella conversación estaba tomando tintes surrealistas para él, no pudo aguantar más y toda la tensión acumulada saltó por los aires:

- ¿Pero se puede saber de que coño estáis hablando? –su madre hizo un mohín de disgusto pero no dijo nada -. Estáis aquí los dos hablando tan tranquilos, como si nada pasase. Vas a ir a Azkabán padre: ¡¡A Azkabán!! ¿Eso no te dice nada? Porque te recuerdo que ya estuviste hace unos años y no te gustó nada.

Pero Lucius se limitó a mirarle impertérrito. Entonces Draco se dirigió a su madre, y le espetó:

- Y tu madre, ¿cómo puedes estar tan tranquila? Aún no saben de tu participación, pero sin duda lo acabarán averiguando. Y aunque no lleves la Marca Tenebrosa serás acusada, eso seguro. Eres la mujer de Lucius Malfoy, ¡¡por Merlín!!! Pero seguro que algo podemos hacer, podemos sobornar a algún miembro del Wizengamot, a algunos funcionarios del Ministerios. ¡¡No sé!! ¡¡Algo!!

Lucius miraba a su hijo mientras recordaba cuando había llegado esa mañana al cuartel general de aurores. Nada mas llegar le habían tenido que meter deprisa y corriendo en un cuarto aislado en el que no podía penetrar ningún hechizo, ya que al entrar en el Atrio casi le habían linchado un grupo de magos. Después había tenido que aguantar como ese Cattermole le había insultado y como alguien a quién no había reconocido le ponía la zancadilla ante la risa de los dos aurores que le escoltaban. Pero eso eran cosas que no pensaba contar a nadie de su familia.

- Draco, pareces no darte cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas en una semana. Ahora no somos nadie, somos considerados poco menos que bestias, casi tan psicópatas como el Señor Tenebroso. Intentaré alegar que nos tenían secuestrados en nuestra propia casa. Quizás tú y tu madre os salvéis, ya que ni tenéis la marca ni se os puede relacionar directamente con nada. De hecho tu madre y tu casi seguro que no sois encarcelados –entonces miró a Narcissa que asentía brevemente con la cabeza, como comprendiendo la solución que proponía su marido -. Escúchame, aunque no te guste, es la única salida posible Draco.

Draco miró a sus padres desconcertado, pero su madre ya se había puesto en pie dando por finalizada esa conversación con una recomendación:

- Hijo, será mejor que te acuestes después de cenar e intentes dormir unas horas. Mañana nos espera un día muy duro.

- ¿Por qué madre?

Draco pensaba que iban a acompañar a su padre al ministerio, así que se sintió vagamente intrigado cuando su padre continuo hablando.

- Porque ha llegado el momento en que los Malfoy deben humillarse. Tu madre y yo no queremos esta vida que hemos llevado para ti. En los próximos meses, quizás años, tendrás que tratar con gente indeseable, con gente que ha propiciado tu caída en desgracia y mi encarcelamiento en Azkabán. Créeme Draco, ojala hubiese otra salida. Pero no la hay.

Entonces todas las luces de alarma se encendieron en la cabeza de Draco. No, aquello no era posible. No podían ir a pedirle ayuda precisamente a él.

- Por tu cara veo que lo vas entendiendo, cariño -Draco miraba espantado a su madre -. Mañana vamos a ir a ver a Harry Potter.


Bueno, pues ya ha hecho Draco su aparición.

Y a ver si me decís que os parece, eh?

Chau