Tan solo pude sentir los fríos labios de mi maestro un par de segundos más. Alucard no hizo nada, supongo que le pillo tan de sorpresa como yo misma me sorprendí por haber reaccionado de aquella forma. Pero entonces se oyó un chasquido y la puerta de la habitación se abrió de par en par.

Me moví tan deprisa que dudo que tanto Walter como Integra se hubiesen dado cuenta de lo que acababa de ocurrir. Cuando me vieron yo me encontraba como antes, limpiando mi arma.

- ¿Qué ocurre aquí? – preguntó Integra mirando el vaso caído en el suelo, con el vino derramado.

- Nada – respondí más deprisa de lo que hubiese querido. Podía notar mi cara caliente, probablemente estaba colorada. Entonces para colmo de males, mi maestro se echó a reír, pero no de cualquier manera no, a carcajadas. Vi como Walter decía algo a Integra al oído y esta cambió radicalmente de tema.

- Tenéis una nueva misión, infiltraros en este hotel y destruir al objetivo – indicó mostrándonos unos papeles y fotografías que había depositado en la mesa. Debí de poner mala cara porque Integra me tranquilizó – No te preocupes, no será como aquella vez y no tendrás que ir en el ataúd, deberéis pasar desapercibidos para poder registraros en el hotel sin problemas y sin llamar la atención, ¿de acuerdo? – dijo mirando a propósito a Alucard, el cual sonreía de satisfacción.

- Claro… sin problema, mi ama. Podríamos pasar perfectamente por una pareja de humanos enamorados, no lo crees ¿agente?

Toma golpe de efecto, toma mirada lasciva que me penetró como una de sus balas. Descarado, arrogante, obviamente no se lo va a tomar en serio.

Al llegar al hotel, me temblaban las piernas. Mi maestro se había metido en su papel y en lugar de sus ropas habituales se había puesto un sencillo traje y gafas de color oscuro. Lo peor de todo es que a mi me hicieron ponerme un vestido que me parecía hacer más mayor, este llegaba justo por las rodillas y era terriblemente feo, me escondía en mis gafas, igualmente oscuras y para coronar el conjunto, un sombrero ridículo cubría mi cabeza. Rogué para que no nos registrasen el equipaje, una maleta donde guardábamos nuestras armas.

- Tenemos reservada la suite y por favor… que nos sirvan el mejor vino que tengan. Estamos de luna de miel, ¿sabe?

Dicho esto se perfiló esa estúpida sonrisa en su cara y me atrajo hacia sí cogiéndome por el hombro. Creí morir de vergüenza. Aquella situación parecía divertirle mucho pero yo estaba muerta de miedo, así que decidí centrarme en la misión y en cumplir nuestro objetivo. En otra ocasión estuvimos en una situación parecida, pero ahora era bien diferente.

La suite era increíble, lujosa, lo que más me llamó la atención fue la cama, tan enorme que te podías perder en ella, estoy segura que incluso mi maestro cabía de sobra a lo largo. "Una cama, cero ataúdes", preferí en aquel momento no preguntar cómo haríamos para dormir. Como no se sabía exactamente cuando aparecería nuestro objetivo, se hizo reserva para tres días. "Tomarlo también como unas pequeñas vacaciones", había dicho Integra, pues sabía que eliminar al vampiro sería cuestión de segundos. También había un jacuzzi, televisor gigante con sonido envolvente y toda clase de lujos. Me gustaba mirar todo, abrir cajones, armarios, ver el surtido para el aseo que ponían a disposición de los huéspedes, todo. Encendí la tele, la apagué, comprobé que funcionaba todo. Estaba tan embelesada viendo todo que no me percaté que habían traído la botella de vino que Alucard había solicitado. No mostró interés en lo que le rodeaba, simplemente se sentó y comenzó a servirse de la botella.

- Me estás poniendo nervioso, para de una vez – me regañó.

- Lo siento, maestro. Es que esta habitación es increíble, en el baño hay un jacuzzi y…

Creo que ya debí hablar suficiente porque mi maestro se llevó la mano a la cabeza, exasperado, sería mejor no hacerle enfadar. Presentía que estaba más contento por la misión pero ante el personal del hotel solo actuaba. No sacaba el tema de aquel beso y yo no me atrevía a recordárselo. Agité la cabeza bruscamente, "ahora no hay que pensar en eso, Victoria", concéntrate en la misión.

- ¿Cuándo aparecerá nuestro objetivo? – se me ocurrió preguntar.

Antes de contestar, mi maestro parecía estar meditando la pregunta. Movió la copa y dio un largo sorbo.

- ¿Por qué lo hiciste, Victoria? – soltó de repente cambiando de tema.

Nunca me llamaba por mi nombre, obviamente estaba pensando en lo que me temía, ¿acaso le importaba realmente? Pero no supe qué responder, me había pillado totalmente desprevenida, sentí que me ardían las orejas y agaché la cabeza para no tener que mirarle. "Lo haría de nuevo, otra vez, y si fuese necesario 10 veces más, 100 veces, 1 millón, toda la eternidad". Eso me hubiese gustado contestarle pero fue demasiado tarde.

- Eres una estúpida y una ingenua. No se que pretendes pero yo no soy como esos idiotas humanos a los que puedes ablandar con tus encantos.

Ni siquiera lo pensé, le abofeteé sin dudarlo, incluso la copa que tenía en la mano se le cayó al suelo, las gafas se le quedaron torcidas. Mi corazón latía con furia, de todos los seres mediocres y arrogantes tuve que enamorarme del peor de todos. Tampoco me asombró su reacción, se echó a reír, igual que cuando le di el beso. Da igual lo que haga, no conseguiré nada. Después de carcajearse, me asustó mucho cuando rápidamente, y en una fracción de segundo, había tirado el sombrero y las gafas, me tiró a la cama y me apresó fuertemente por las muñecas, quedando encima de mí. Su pelo negro caía sobre mi cara y sus ojos estaban furiosos de ira, las piernas me comenzaron a temblar temiendo lo peor.

"Dios mío, va a matarme" fue lo primero que pensé mientras cerraba los ojos con fuerza. Pude sentir su aliento, frío como el hielo, resoplando en mi rostro, tenía tanto miedo que no pude evitar orinar. Aquello fue peor pues mi maestro se dio cuenta, siguió riéndose como loco. Había conseguido provocarle, pero no de la forma que pretendía en un principio. Iba a morir ahí mismo, a manos de mi maestro, iba a morir…

- Por favor... si vas a matarme, hazlo rápido… - dije suplicante, aún con los ojos cerrados y con lágrimas contenidas.

- ¿Matarte?

Ahora se rió más fuerte, pero no me soltaba.

- ¿Matarte dices? No seas ridícula, agente. Únicamente quiero comprobar algo…

¿Qué será lo que tiene que comprobar Alucard? ¿Cómo reaccionará Victoria? Muy pronto el tema comenzará a "arder" como en el mismísimo infierno.

Gracias a los que me habéis dejado vuestro comentario, que me anima a seguir escribiendo esta historia.

Disclaimer: estos personajes pertenecen a su autor original.