[D O S]

Viktor mira a su paciente detrás de la ventana polarizada, lo ve tan exhorto en su escultura incluso cuando los hombres de la limpieza entran y ordenan a su alrededor. Él no deja de hacer su trabajo.

—Atenea es la joya de éste lugar. Un savant de los prodigios, un destacado entre todos...— comenta Yakov mientras clava la mirada en el adolescente asiático.— Su cuerpo resistió los efectos de la droga y su cerebro está en toda su capacidad— explica. —Fue un milagro haberlo encontrado...

—¿Pero?— inquirió Viktor, no podía dejar de ver a ese chico de cabellos ébano, al parecer le decía algo a los de la limpieza pero el micrófono no estaba encendido.

—Pero como todos los savants, sus capacidades para socializar no son satisfactorias.

—¿Es por su condición o por otra cosa?

—Al principio creímos que era por su condición— comenzó, eso llamó la atención del ruso—...pero...con la llegada de Donna...supimos que no.

—¿Qué sucedió con la mujer?

—Donna era joven, unos veintiocho, casi tu edad...Atenea se mostró muy tímido al principio...pero a medida que pasaron los meses, se mostró interesado en ella— explicó mientras se volteaba y buscaba entre carpetas. — Donna lo notó, creyendo que era un avance. La realidad era otra.

—¿Qué?

— Atenea la había estado manipulando todo el tiempo— Viktor abrió sus ojos desmesuradamente. — Le hizo creer que ella era importante, a nosotros también— al parecer encontró lo que estaba buscando. — Cada vez que no quería hacer algo, amenazabamos con impedir que la viera, él parecía perder el control y seguidamente, hacia lo que le pedíamos— le entregó la carpeta. —Aquí están las anotaciones de Donna— la carpeta tenía otro nombre: Tanya Ivanov, supuso que Donna era para engañar a Atenea. Leyó algunos párrafos de las observaciones y vio con interés lo escrito. — Son de sus últimas observaciones.

—Claramente...

—De una mujer enamorada— completo Yakov. — No sabemos hasta qué punto llegó su relación...se cree que tuvieron relaciones de índole sexual.

—Vaya, Atenea es todo un caso.

—Sí que lo es— exclamó con un tinte de orgullo, como si no quisiera aquello. — Nos hemos dado cuenta que su capacidad social es nula y podría estar desarrollando una vena sociopata. Lo cual es todo un descubrimiento.

—¿Creen que es por la droga o por ser savant?

—No podríamos saberlo, existe la posibilidad de que la enfermedad ya estuviera en él.

—¿Hicieron un test?

— No. Incluso si lo hiciéramos no podríamos decir cuánto de lo que dice es verdad...Su capacidad mental...— Yakov se detuvo, Viktor vio la preocupación en su rostro. Prosiguió:— Excede la nuestra.

—Es un error.

—¡No!— exclamó Feltsman. —Tienes que ver sus resultados en todos las áreas...¡es un genio!

—Pero es un psicópata.

—Son detalles...— se encogió de hombros— pero con la disciplina adecuada podrá ser un arma para la nación.

Viktor Nikiforov dudó de aquello. Su vista se clavo en el adolescente de diecisiete años, su cabello largo y negruzco caía un poco más allá de sus hombros, su semblante de concentración, sus manos callosas trabajando en la escultura que, adivinaba, era una Afrodita. Era hermoso, de una manera irreal y preocupante. Sus rasgos asiáticos le daban una apariencia exótica y su cuerpo menudo...

De un momento a otro, Atenea clavo la mirada en la ventana, como si adivinara sus pensamientos. Sus orbes rubíes penetraron en todo su ser. Probablemente aquellos ojos eran producto de la droga...pero le daba un aire tan sobrenatural que enseguida se encontró sin aliento.

Reafirmó su teoría: Ese adolescente era hermoso, demasiado, para su propio bien.

—Ten cuidado, Nikiforov— le advirtió Yakov. —Es un experto en manipulación.

Viktor asintió.