Capítulo 1.— Aniversario
Petersburg, Virginia.
Observó al público directamente, escondiendo en lo más profundo de su alma la inseguridad que la embargaba cada vez que alguien le preguntaba sobre él, algo frecuente, especialmente tras sus conferencias, pero había algo diferente esta vez. Sentía que se fallaba a si misma cada vez que sus piernas flaqueaban por los recuerdos, especialmente tras dar un discurso lleno optimismo, orgullo y fuerza de voluntad, en los que hablaba acerca de cómo había salido del hoyo en el que él la había dejado, de cómo había sobrevivido, y recuperado las ganas de vivir que él le había quitado.
No pudo responder. No esta vez.
Sentía como las miradas se enfocaban en ella, si los asistentes antes prestaban atención a alguna otra cosa, ahora ya no lo hacían. Todos permanecían expectantes, el morbo los movía, ver el miedo reflejado en ella no era algo habitual, no después de más de diez años de los hechos.
—Puede repetirme la pregunta — articuló finalmente, intentó sonar firme, pero su intento fue en vano. Sus manos se agarraban con firmeza al podio, mientras intentaba mantener la compostura.
—Todos sabemos que, Richard Tanner, fue abatido por la policía local, sin embargo las pruebas que lo inculparon fueron meramente circunstanciales, es un hecho que se debatió públicamente. Muchos llegamos a la conclusión de que la manera en que prácticamente retó a los policías a disparar no coincide con la personalidad que mostró…
—Según recuerdo, tú no estuviste ahí durante nuestro cautiverio, para saber cómo se comportaba, de haber sido así estoy segura de que a la policía le encantará escuchar tu hipótesis —. La conferencista y gran parte del público buscaron entre los asistentes a quien había hablado. Las miradas ahora se enfocaron en una mujer que estaba sentada en la última fila, su cabello en un descuidado moño y su vestimenta oscura y poco formal destacaban entre las personas a su alrededor. El hombre intentó agregar algo, pero ella no se lo permitió. —. Y respecto a tu pregunta, la identificación de Tanner se hizo mediante testigos oculares, documentos que certificaban su relación con la cabaña, cámaras de vigilancia de las autopistas, entre otros. La identificación posterior que hayamos o no hecho nosotras, no cambiaba nada. Como comprenderás, luego de haber estado más de un año en cautiverio y sometidas a diferentes tipos de torturas, estábamos demasiado ocupadas intentando ponernos de pie otra vez como para prestar atención a la opinión pública. ¿Alguna otra pregunta? — incómodos, los asistentes desviaron las miradas y el hombre que había hablado anteriormente bajo la cabeza avergonzado—. Lo supuse.
—¿Alguien más tiene alguna pregunta? — insistió la mujer sobre el podio. Observó a su alrededor, buscando la causa de su miedo súbito, pero ya no estaba y ni siquiera era capaz de decir claramente que era lo que la había puesto de aquella manera. Acostumbraba a lidiar con preguntas como las de aquel hombre, y la respuesta siempre era la misma "Este no es el momento, ni el lugar indicado para hablar al respecto. Esta vez estamos aquí por…", la razón siempre difería: a veces se trataba de sus libros, otras sobre sus temas de estudio, y muchas otras veces eran charlas de autoayuda para víctimas —.Dentro de unos minutos estaré en la sala conjunta para la habitual firma de libros —. Dio por cerrado el tema y bajó del escenario, varias personas conocidas se acercaron a ella para hablar un poco antes del siguiente evento, pero amablemente se apartó y busco un lugar más apartado, esperando la siguieran.
—No se como puedes hacer esto —. Unos minutos más tarde ella la alcanzó —. No entiendo de donde sacas la paciencia para responder tanta idiotez.
—¡Eve! — la regañó, pero aun así sonrió —. No me dijiste que vendrías.
—¿Que paso allá? Hace mucho que no te veía así de paralizada.
—Su pregunta me tomó por sorpresa.
—¿En serio? — preguntó con fingida sorpresa —. Te quedaste como idiota mucho antes de que él hiciera su pregunta.
—¿Qué haces aquí? —. La cortó de golpe, olvidando todo sentido de la cortesía y la emoción por verla.
—¿Además de salvarte el culo cuando te quedaste en blanco allá arriba? — la respuesta de la otra mujer fue interrumpida por un hombre que se acercó a ellas.
— ¿Joan Aros? ¿Eve Lane? — preguntó a ambas mujeres. Sin esperar confirmación entregó una pequeña caja a cada una de ellas e inmediatamente se fue sin esperar respuesta. Cuando estaba un par de metros más allá se giró hacia ellas — Les desea un feliz aniversario —antes de que ellas pudieran reaccionar echó a correr en dirección a la salida
—¡Hey! — Eve le entregó la pequeña caja a Joan, no necesitaba verla para saber que contenía, en su lugar corrió tras el mensajero, a quien alcanzó un par de metros más allá. Lo tomó por la solapa de la chaqueta y lo lanzó contra la pared, causando un alboroto que llamó la atención de los asistentes que aún estaban en esa sala — ¿Quién te envío? —. Sabía que era un callejón sin salida, a aquel hombre lo había enviado un desconocido y a ese, otro desconocido, uno que hace mucho tiempo había abandonado el lugar. Cada año era lo mismo, quien quiera que fuera, contactaba a un par de personas cualquiera en las calles para que llevaran su paquete y su mensaje, una cadena improvisada de mensajería.
—¡No me lastimes! — suplicó el hombre intentando levantar las manos en señal de rendición —. Solo soy el mensajero. Me topó a tres cuadras de acá, me ofreció 200 dólares y me dijo exactamente qué hacer —. Explicó rápidamente.
—¡Suéltalo! — Joan no tardó en llegar junto a ellos y con su mano libre intentó apartar el brazo de Eve del cuello de aquel desconocido, cuya piel comenzaba a adquirir un tono poco natural —. ¡Eve! — no fue necesaria una segunda advertencia. Tomó una respiración profunda antes de soltarlo y marcharse del lugar.
Esquivó con agilidad al tumulto de personas que se había formado en la sala, los escuchó murmurar y hacer suposiciones. Estaba segura de que un par de ellos la señaló sin disimulo alguno.
Había tenido la vaga esperanza de que aquel año podría esquivar el obsequio anual del acosador. Pero la había encontrado, aún cuando no había dejado ningún rastro de su viaje. Había sido un viaje impulsivo, y su destino era incierto hasta que recibió aquella llamada, había querido compartir la noticia con Joan, aunque sabía que esta sentía tan poca emoción de verla, como ella misma de visitarla.
—¡Eve! — estaba tan ensimismada que no se había percatado de que la mujer la seguía, aunque sólo había dado un par de pasos fuera del hotel. Se detuvo solo para ver cómo ella ponía de nuevo en su mano la pequeña caja, cuyo lazo parecía aún más brillante al estar bajo el sol —. ¿A qué viniste ? No creo que hayas venido solo a escuchar mi charla.
—¿Por qué no? Tal vez solo quería recordar viejos tiempos — no fue hasta ver la furia en la cara de Joan, que se percató de lo que había dicho. Lo último que ellas querían era recordar las circunstancias bajo las que se habían conocido —. Lo siento — hizo una pausa antes de continuar — Me llamó la Señora Harrison. Encontraron a Elena, viva —dijo finalmente.
—Imposible — su rostro se distorsionó por el tumulto de emociones que la invadieron —. A pasado mucho tiempo…creí que él…Dios mío…
—Está en el hospital desde anoche, pero recién hoy por la mañana llamaron a sus padres. Cuando me llamó no pudo decirme mucho por teléfono, ya que no es mucho lo que saben hasta ahora, los médicos aún no los dejan verla.
—¿Que implica que haya aparecido? —preguntó con temor, apretando en su mano el aborrecido obsequio —.¿Cómo cambia eso las cosas?.
—No lo se — respondió escuetamente, guardando sus pensamientos para sí misma. Sabía que la aparición de aquella chica podía poner en duda todo lo sabían de quien fue su secuestrador y tirar abajo todo lo que había logrado reconstruir hasta entonces, pero no había necesidad de decírselo, no aún.
Washington DC. Dos días después
El Doctor Spencer Reid caminaba tranquilamente hacia su departamento. El caso había resultado ser más confuso de lo que parecía en un inicio, admitía que se había sorprendido con el desenlace del caso, sintió lastima por Wallace, y también por Jesse, en cierto punto ambos habían acabado siendo víctimas de las estratagemas de su madre, quien no dudaba en sacrificarlos para que el mundo la viera como la madre perfecta que creía ser.
Era de madrugada cuando por fin llegó a su edificio y se permitió pensar en la humeante taza de café que bebería en cuanto pudiera, mientras continuaba con la lectura que lo había mantenido abstraído durante el viaje. Un pequeño paraíso idílico en su propio departamento.
Sin embargo sus pensamiento se vieron interrumpidos al percatarse de una camioneta desconocida estacionada justo frente a su edificio, algo inusual, especialmente a aquella hora de la madrugada. Sabía que ni el modelo ni la matrícula correspondían a algún otro habitante del vecindario, el que las luces estuvieran apagadas indicaba que el conductor intentaba pasar desapercibido —algo poco inteligente considerando el gran tamaño del vehículo — y al interior se podía observar la sombra de una persona, sin embargo la escasa luz no le permitía al perfilador ver más rasgos del conductor.
Determinó que no representaba una amenaza y volvió a pensar en el envolvente aroma de su café, mientras continuaba su camino hasta la entrada del inmueble.
—¡Doctor Reid! — había sacado las llaves de su bolsillo cuando el conductor del vehículo lo llamó. Resultó no ser un él, sino una ella que había dejado su escondite y caminaba en su dirección. Por precaución se aseguró de soltar los botones de su abrigo para permitir un acceso más libre a su arma —. ¿Podemos hablar? — en cuestión de segundos la mujer estaba frente a él y Spencer pudo ver que se trataba de una vieja conocida de la Técnica de la UAC, las había visto hablar en una ocasión — Te busque en Quantico, pero me dijeron que estabas fuera del estado.
—Trabajábamos en un caso, acabamos de regresar — respondió de manera escueta —. Podrías haber dejado un recado con García. No tenías que venir hasta aquí a esta hora.
—No quiero que ella se entere de que vine — el agente inmediatamente se preguntó cómo es que había sabido su dirección si no había sido la mujer quien se la había dado —. No preguntes como conseguí tu dirección, ni de que hora estoy esperando aquí. ¿Podemos ir por un café? Vi que hay una cafetería a un par de cuadras. En serio no muerdo — agregó al ver que no respondía.
Reid asintió —al menos tendría su café — y se encaminó hacia la mentada cafetería, con la mujer siguiéndolo de cerca. La observo de reojo, era de contextura menuda y rasgos asiáticos, cabello negro en un moño firme y vestía casi igual al día en que la vio en aquella convención. Habían mantenido una acalorada discusión respecto a la posibilidad de los viajes en el tiempo, pero no sabia mas nada de ella, durante la conversación Penélope jamás la había llamado por su nombre y ella tampoco se había presentado, a pesar de que se mostraban claramente cercanas entre ellas. Él pensó que aquello podía deberse a que era una vieja conocida del mundo hacker del que provenía García, asi que no hizo preguntas y se dispuso a escuchar su conversación en silencio.
—¿Recuerdas a Collins?, en aquella convención — preguntó de pronto. Spencer asintió, su encuentro con el joven Psiquiatra había sido una de las pocas cosas que rescataba de aquella convención. Eric Collins era catalogado como un genio, niño prodigio que se había graduado de Harvard antes de tener edad para beber, sin embargo su obra "Análisis de conductas Psicópatas" presentaba muchas contradicciones y puntos en los que él mismo discrepaba en base a su experiencia y no dudó en hacérselo saber. El orador y él habían acabado enfrascados en una discusión que solo tuvo fin tras anunciarse un breve receso —. ¿Crees realmente en lo que dijiste sobre Richard Tanner?
—Por supuesto, en su libro lo expone como ejemplo clásico de un Psicópata, y aunque todas la pruebas materiales apuntaban a él, según testimonio de sus alumnos, familiares y vecinos, no encajaba en el perfil.
—Pero eso es lo que hacen los psicópatas ¿no?, esconden su verdadera naturaleza de los demás.
—Hay rasgos que es imposible ocultar, la falta de empatía en general se disfraza con facilidad al ser adultos, pero de niños no, muchos psicópatas inician torturando pequeños animales, realizando experimentos destructivos o dañando a otros niños, tienden a ser manipuladores o aislarse, muchas veces manifiestan conductas narcisistas o autoritarias y todos esos pequeños detalles van dejando un rastro, una pista que nos puede decir mucho de su personalidad de adultos. Y según la poca información que se tiene, Tanner no presentaba ninguno de esos rasgos. E incluso yendo más allá del perfil, hay otros factores a considerar, el tiempo por ejemplo. El ignoto mantenía cautivas a siete mujeres y además se encontraron restos en descomposición de un hombre, y de al menos otras seis víctimas. Eso no lo hizo una persona con una familia y un trabajo estable de tiempo completo.
—¿Un cómplice?
—No, todo apunta a un psicópata narcisista que trabaja solo, sus víctimas son sus obra, él no habría compartido el trabajo, realmente disfrutaba hacerlo. Tenía dos tipos de víctimas, las trataba de manera diferente, a las mujeres las dominaba, sus torturas eran controladas, minuciosas, estrictamente calculadas, no perdía el control. En cambio con las víctimas que mataba, parecía desatar toda la furia, era impulsivo, no había una estructura o un plan. El único objetivo parecía ser causar el mayor dolor posible antes de la inevitable muerte—. Se habían detenido justo fuera de la cafetería —. Lo siento, te incomode.
—No, no es eso.
— Tu lenguaje corporal te delata. Te parece si entramos ya por el café y de paso me dices que es lo que quieres hablar conmigo —. Al entrar se encontraron con la cafetería vacía, solo había un par de empleados que conversaban animadamente tras la caja registradora. Fue ella quien pagó la orden, y tras recibir el pedido caminó hasta la mesa más alejada de los empleados, hubiera preferido salir del lugar, pero fuera hacia demasiado frio.
—No me has puesto incomoda, solo me ha sorprendido que supieras tanto del caso. Creí que se habían perdido gran parte de los archivos del caso.
—Mi maestro, Gideon, estaba muy interesado en el caso y consiguió información por sus medios. Ofreció el apoyo de la UAC a la policía local, pero la rechazaron diciendo que ya tenían al culpable y no indagatoria más allá. Algo normal considerando que tenían en sus manos a uno de los asesinos seriales más grandes de los últimos tiempos, un asesino que ningún estado buscaba, ya que nadie sabia que existia. Tenían mucha presión por darle un buen final al caso.
—Y el asesino muerto en una confrontación con la policía local era un final perfecto.
—Luego de eso cerraron el caso y la información relacionada quedó guardada en cajas de cartón en una oficina.Unos meses más tarde un pirómano incendió parte de las oficinas de policía y ahí se perdieron gran parte de los documentos relacionados al caso —dijo rápidamente Reid antes de dar un largo sorbo a su café, a la vez que observaba como ella quitaba el revolvedor que traía el café y lo reemplazaba por uno que traía en su bolso —. Gideon pidió entrevistarse con las chicas sobrevivientes, pero ninguna aceptó.
—Lo siento por eso.
—¿De esto querías hablar? ¿Sobre el caso Tanner?
—Algo así.
—No es mucho lo que te puedo decir, aparte de lo que ya te he dicho, asi que si venías en búsqueda de algo más te has equivocado de persona.
—No necesito información sobre lo que Tanner hizo o no, lo viví en persona, cada día durante 587 días...
