¡Hola chic s! Espero que les guste y muchas gracias por leer y por comentar. ¡Son unos amores!

Capítulo uno: La época negra de Gran Bretaña

Severus Snape como ministro de magia. ¡No puedo creerlo!

Se había quedado sin palabras, observando la alta figura totalmente vestida de negro que continuaba mirando por la ventana, hacia el cielo que de pronto se había tornado gris y oscuro.

Había dejado las flores sobre la mesa de noche junto a la cama y no había dicho más desde su llegada. Tenía un sinfín de preguntas que hacerle, pero no estaba segura de siquiera saber por dónde comenzar.

— Profesor Snape…

— ¿Cuándo saldrá del hospital, señorita Granger? — le interrumpió con brusquedad, sin siquiera permitirle terminar.

¿Disculpe?

Finalmente se dio la vuelta para observarla y no pudo evitar notar que se había puesto súbitamente nervioso.

— Conversé con los medimagos que le asisten y ellos me informaron que ha estado internada desde hace tres semanas. Les pregunté si sus heridas eran de gravedad, pero me informaron que había mejorado lo suficiente como para poder marcharse finalmente.

Despegó los labios por unos segundos, pero volvió a cerrarlos sin saber qué decir. Los negros ojos de Severus Snape, que siempre habían parecido infinitos pozos oscuros y sin vida, ahora brillaban tan intensamente que le causaba un poco de miedo. Tenían un pequeño dejo de súplica que lograba traspasar su usual máscara de frialdad y era lo suficientemente evidente como para que ella pudiera notarlo.

Finalmente su profesor de pociones se encontraba indefenso y asustado.

— ¿Acaso averiguó todo acerca de mí, profesor?

— Necesito que venga conmigo, señorita Granger. Podrá descansar el tiempo que necesite, si así lo desea, pero necesito que venga conmigo.

Se sonrojó sin poderlo evitar y a pesar de que se esperaba el usual sarcasmo al que su ex profesor de pociones la tenía acostumbrada desde su infancia, este sin embargo no llegó. Hasta le dio la impresión de que hacía grandes esfuerzos por ser paciente y "comprensivo".

Eso le causó un poco de miedo.

— ¿Ir con usted, profesor…? — dijo, con apenas un hilo de voz. El hombre hizo un ademán de querer responder con algún tipo de ironía o burla, pero se dio cuenta de que se contuvo a último minuto y simplemente asintió.

— Como nuevo ministro de magia, ahora dispongo de propiedades que ni siquiera necesito. Le prometo que habrá tantas habitaciones entre nosotros que no tendrá que preocuparse de toparse conmigo, más de lo estrictamente necesario.

— Un momento. ¿Usted está sugiriendo que debemos mudarnos juntos?

— ¡Diablos, Granger! — finalmente estalló y supuso que había estado conteniéndose por mucho tiempo. — ¿¡A qué demonios creía que me refería con "venir conmigo"!?

— ¿Y por qué cree querría vivir con usted? ¿Qué tengo yo que ver con el hecho de que usted haya sido electo como ministro de magia?

— ¿No se da cuenta de lo estúpido que suena? ¡Yo! ¡Ministro de magia y hechicería! ¿A qué imbécil se le ocurrió, semejante tontería? — hizo una breve pausa para respirar. Demasiado breve, puesto que continuó gritando. — ¿Qué idea puedo tener sobre leyes? Además, ¿cree que me siento cómodo con la idea de que un sinfín de reporteros me persigan día y noche, esperando verme fallar para escribir sus estúpidos artículos en mi contra? — tomó El Profeta con manos temblorosas debido a la adrenalina del momento. Lo desplegó frente a los ojos de la chica y señaló uno de los artículos. Apenas si pudo leerlo, debido a lo mucho que temblaba el nuevo ministro de magia.

"Por increíble que parezca, Severus Tobías Snape se convierte en el nuevo ministro de magia.

Con un pasado más que dudoso y al parecer, convertido en un héroe de la noche a la mañana, el antiguo director de Hogwarts y mortífago encubierto durante los años en los que transcurrió la guerra…"

Dejó de leer y en cuanto no tuvo otra opción, ya que el hombre había apartado el periódico violentamente de su vista y literalmente lo había incendiado de solo mirarlo, al arrugarlo entre sus manos y arrojarlo al suelo a un par de centímetros de la cama. Los ojos de la chica se entretuvieron por un momento, con las formas negras y retorcidas de la tinta, que brotaban del papel mientras se calcinaba.

Al alzar la vista y volver a hacer contacto visual con el antiguo director de Hogwarts y ahora ministro de magia, se percató de que él continuaba con la vista fija sobre el pequeño incendio y que sonreía como si de seguro imaginara que calcinaba a sus enemigos en aquel papel.

— Si se supone que la prensa lo sigue a todas partes, ¿cómo es que no están aquí?

— Los medimagos tienen prohibida la entrada de la prensa en las instalaciones y tienen un sinfín de hechizos para detectar animagos o cualquier intento de pasar desapercibido y tomar fotografías. ¿Por qué cree que no han venido a molestarla, con tediosas preguntas sobre la guerra y sobre su mejor amigo, Potter?

— ¡Oh! — volvió a sonrojarse y sonrió un poquito. — Ya pensaba yo, que no les resultaba interesante y que por ello, no habían venido a verme.

— De todas formas se enteran de todo, no sé cómo lo hacen. A través de la prensa fue que supe que usted estaba aquí.

— ¿Y no podía preguntárselo a la profesora McGonagall o al mismísimo Harry?

— ¿Y cree usted que con toda esta locura de ser el nuevo ministro de magia, he tenido tiempo para socializar y pasar por el castillo para saludar? — hizo una breve pausa para inspirar profundamente. — ¿Piensa aceptar mi propuesta o no, señorita Granger?

— Pero si prácticamente no me está dejando más opción. Me hace sentir que si termino negándome, usted morirá o algo parecido. ¿Al menos podría explicarme qué demonios es lo que está pasando?

El profesor de pociones se puso en pie y ajustándose las túnicas, echó un rápido vistazo a su alrededor y luego volvió a mirarla. Hermione no comprendía ni una pizca y comenzaba a preguntarse si es que acaso estaba a punto de morir y tenía una de esas alucinaciones, cuando tenías un pie más en el mundo de los muertos que en el de los vivos.

— Esta tarde podrá marcharse y entonces le explicaré todo durante nuestro viaje. Estaré afuera, preparando todo el papeleo para su egreso.

— Pero usted no puede firmar esos documentos.

— ¿Olvida acaso, que soy el nuevo ministro de magia?

Nota: Espero que les guste y pues las dejo en un poquito más de suspenso, mientras termino un par de tareas que debo en la universidad. No se preocupen que en el próximo todo estará bien explicado y ya veremos si la castaña, acepta el ofrecimiento tan extraño que el profesor Snape le hará. Besitos y por favor no olviden decirme lo que piensan.