Disculpen mi repentina desaparición de casi un mes, es que los finales están feos y aun no acaban hahaha D: y pues estuve haciendo este capítulo poco a poco en mis ratos libres. Paso lento pero nunca me detengo hahaha xD.

Me pone feliz que este fic halla tenido reviews positivos, me animaron mucho a continuar esta cosas que no se en que se vaya a convertir después xD

Reviews:

ariscereth: Esta pareja también es de mis favoritas, espero no decepcionarte. Ya pronto estaré actualizando más seguido, saludos :D

Ahora, los dejo con el capítulo :D *no me vayan a golpear mucho -w-*


CAPITULO 2: Cabellos celestes

Había un clima muy agradable en el pueblo de Rodorio, algunas nubes pasaban frente al sol proporcionando sombra en algunos momentos.

Una pequeña jovencita de caballeo castaño llamada Agasha, hacía algunos adornos florales para venderlos más al rato.

Vivía con su padre que era un señor un poco mayor, su casa era humilde, no tenía muchos lujos pero nunca les faltaba lo indispensable. Su pequeña florería era ahí mismo en su casa. Aunque era pequeña, siempre vendían sus flores. A las personas les encantaba los arreglos que armaban.

-Agasha- habló amablemente el padre- necesito que entregues un pedido a esta dirección- le entregó un pequeño pedazo de papel que tomó la joven.

-Está un poco retirado- comentó mientras leía la dirección- pero lo haré- respondió optimista.

-Esa es mi hija- su padre revolvió sus cabellos castaños- es ese arreglo que tienes que entregar- señaló un enorme ramo de tulipanes y rosas rojas que estaban sobre la mesa en donde colocaban la mercancía.

La oji verde se despidió de su papá, tomó el ramo y comenzó a caminar por aquellas calles empedradas. Saludaba amablemente a algunas personas y estas le regresaban el saludo de la misma manera. Miraba como avanzaban algunas carretas tiradas por caballos cargando pacas o personas.

Luego de media hora de caminata, ya estaba llegando a la dirección cuando de pronto, por el rabillo del ojo, juraría que miró unos largos cabellos celestes moviéndose con el viento mientras se internaban en el bosque que estaba ahí enfrente. Volteó rápidamente pero ya no había ni rastro y decidió acercarse rápidamente para ver si de suerte encontraba al dueño de esa hermosa cabellera, pero por más que se asomaba, no pudo encontrarlo.

-¡Agasha!- se escuchó la voz de una señora mayor.

-¿Eh?- volteó para ver quien le hablaba.

-Es por aquí, ese es el arreglo de flores que le había pedido a tu padre- explicó amablemente mientras se acercaba.

-¡Señora Aileen!- saludó la castaña muy animada mientras le entregaba el ramo- no tenía idea que se había venido a vivir hasta por acá.

-Me gustó este lugar porque es tranquilo, así, puedo convivir con la naturaleza el resto que queda de mi vida- sonrió- a propósito ¿Qué hacías ahí metiéndote al bosque? Es enorme y puedes llegar a perderte si no lo conoces.

-Verá señorita Aileen, me pareció ver unos cabellos celestes muy bonitos que desaparecieron por aquí pero no pude ver de quien se trataba.

-Creo que se trataba del Señor Albafica- respondió la señora mayor esbozando una sonrisa.

-¿El Señor Albafica?- cuestionó Agasha.

-¿No me digas que no sabes quién es? Es uno de los doce caballeros dorados que protegen a la señorita Athena y también protege este pueblo haciendo guardia casi todos los días.

-¿Es posible que llegue a conocer a un caballero dorado?- la joven no cabía en su emoción.

-Es muy probable pequeña- le sonrió Aileen amablemente mientras recibía el arreglo.

-Quiero conocer a ese caballero, saber cómo es, y si es posible, hablar con él y…- sus animados sueños fueron interrumpidos por la voz de la ancianita.

-Querida, si estás pensando en conocer a ese caballero te será muy difícil, no deja que nadie se le acerque- comentó.

Agasha se quedó pensativa, ¿Qué los santos de Athena no son sociales? Su curiosidad comenzó a despertarse cada vez más. La castaña se despidió de la señora mayor y corrió de regreso a su casa. En todo el trayecto no podía lograr sacarse de la cabeza aquellos cabellos que apenas logró divisar, aunque no logró apreciarlos, se le habían hecho muy bellos especialmente por ese color azul al igual que el firmamento.

Solamente tenía doblar a la derecha para llegar a su casa, cuando le pareció ver una capa blanca ondeando al viento al sentido contrario de donde Agasha tenía que dar vuelta. Sonrió ampliamente pensando que sería aquel caballero de quien ya estaba comenzando a desear conocer, que no lo pensó ni dos veces y corrió rumbo a aquel callejón en donde había desaparecido. Se situó al inicio de aquel estrecho y algo obscuro camino y sus ojos brillaron al encontrarse con esa misma capa ondeante.

-¡Espera!- llamó Agasha intentando recuperar el aliento.

-¿Eh?- el caballero dorado miraba por arriba de su hombro izquierdo para saber quién lo llamaba.

La joven se acercó hasta quedar a un metro de distancia del santo y este dio media vuelta para quedar frente aquella muchachita que aún seguía intentando acompasar su respiración. Aquellos ojos oliva no la engañaban, estaba frente a un caballero dorado. Comenzó a observarlo, tenía puesta su armadura, pero gracias a la poca luz que entraba por aquel callejón, pudo percatarse que aquel color azul de esa larga cabellera no era del mismo tono que había observado hace rato. Era un azul más obscuro, parecido al azul del mar.

-¿Se te perdió algo?- indagó algo confundido el santo.

-Perdón, me confundí- las mejillas de Agasha estaban rojas por la vergüenza de haber cometido aquella equivocación.

-No me digas que te equivocaste de caballero- habló divertido mientras aquellos orbes lo observaban sin entender mucho- ¿a quién estabas buscando?

La castaña estaba a punto de mencionar el nombre de aquel santo, pero se detuvo a pensar en que si lo mencionaba, cabía la posibilidad de que comenzaran a difundir rumores o estarlos relacionando, así que mejor decidió hacer como que no recordaba aquel nombre. ¡Qué pena causarle problemas a aquel misterioso dorado sin que este supiera de su existencia!

-La verdad no sé cómo se llama… señor… emmm…

-Kardia- contestó velozmente inflando el pecho orgulloso- caballero dorado de Escorpio. Espero que tengas suerte en encontrar a ese que buscas, pero con encontrarme a mi es más que suficiente ¿no lo crees?- sonreía con picardía haciendo que Agasha se sonrojara un poco y liberara una risita de nervios- bueno, antes de irme, ¿cuál es tu nombre?

-Agasha- respondió aún bastante ruborizada.

-Mucho gusto en haberte conocido- dio media vuelta- la próxima vez que te vea, te invitaré a salir.

Kardia comenzó a caminar con una sonrisa en el rostro dejando a una florista muy sonrojada intentando asimilar lo que había pasado en ese momento. Su sueño de conocer a un caballero dorado se hizo realidad ¡incluso la había amenazado con invitarla a salir! No podía negar que era bastante atractivo, aquel cabello azul al igual que sus orbes del mismo color podían hechizar a cualquier mujer, pero Agasha sólo tenía a alguien en mente: conocer al señor Albafica.

La oji verde emprendió de nuevo su regreso a casa, al llegar, ahí se encontraba su padre entregando un ramo de margaritas a una pareja que se detuvo a comprarlas.

-¡Hija! ¿Cómo te fue?- decía muy alegre a modo de saludo.

-¡Muy bien papá!- contestó de la misma forma- no sabía que la señora Aileen se había mudado para allá.

-Ella sólo quiere pasar sus últimos años en la tranquilidad, lejos del bullicio de la ciudad- explicó el padre.

-Sí, es lo mismo que ella me dijo.

-Agasha, ocupo que comiences a hacer algo por mí- habló en tono serio.

-¿Pasa algo padre?- aquellos ojos verdes se abrieron de curiosidad.

-Yo siempre llevo flores al patriarca y para la señorita Athena, pero ya me cansa estar haciendo ese recorrido, así que pensé que tu serías la indicada para realizar ese trabajo- sonrió.

-¡Claro papá!- se expresaba con gran emoción- quizás así pueda conocer a ese caballero- pensó con un leve sonrojo en sus mejillas.

Dos horas más tarde, las manos de la joven se encontraban sosteniendo un arreglo de azucenas blancas y algunas florecillas rosas dándole un toque elegante y hermoso.

-Espero que le gusten las flores al patriarca, papá- hablaba muy animadamente.

-Te apuesto que sí- dijo con una amplia sonrisa colocando su mano derecha sobre la cabeza castaña de sus hija- a él y a la señorita Athena le encantan las flores que vendemos.

-Bueno papá, será mejor que me vaya antes de que se haga más tarde- dijo a modo de despedida. Moría de ganas por conocer a aquel misterioso caballero, era como si hubiera quedado prendada por aquel bello color celeste de sus cabellos que se movían libremente con el viento. En cuanto lo conociera, no dudaría ni un momento en ofrecerle su amistad.

Luego de haber pasado aproximadamente quince minutos, llegó a la entrada del santuario. Caminó hasta estar frente al primer templo. Se veía majestuoso y aquellos tallados en mármol, le daba cierto aire de elegancia a la casa, más por la figura de la cabeza de borrego que se encontraba tallada del mismo material situada en lo alto de la casa.

Comenzó a subir despacio las escaleras, su papá le había hablado que tenía que cruzar por las doce casas del zodiaco para llegar con el patriarca, definitivamente sería un largo camino. No podía negar que se sentía algo nerviosa por saber cómo serían aquellos cuidadores, si la tratarían bien, si la mirarían raro, entre otros pensamientos que la agitada mente de la florista proporcionaba a pesar de que su padre ya había avisado que sería su hija quien lo relevara en aquella tarea.

Subió los escalones hasta que llegó a la entrada del primer templo. Bellos rayos de luz iluminaban el interior gracias a que algunas zonas del techo estaban cubiertas de cristal. Agasha entró a pasos queditos como si fuera un gato, observaba los pilares de mármol que iban desde el suelo hasta topar con el techo, cruzaba el inmenso salón donde no había mueble alguno pero suponía que las habitaciones como la sala, comedor y demás cuartos se encontrarían en otro lugar de la casa. La florista miraba con cada detalle el bello lugar.

-Tú debes de ser la hija del florista- se escuchó una suave pero a la vez imponente voz haciendo que Agasha detuviera su andar y su corazón palpitara con cierto miedo. De una de las habitaciones salió uno de los caballeros dorados portando su armadura.

-S..sí…- habló en tono nervioso- quería saber sí podría dejarme pasar… no quería husmear en su casa, se lo juro- se disculpaba mientras sus mejillas se enrojecían haciendo que el santo liberara una tierna risa.

-Tranquila no te preocupes, es normal que sientas curiosidad- caminó hasta estar a un metro de la florista- mi nombre es Shion de Aries y cuido esta casa.

-Shion…- repitió en un susurro. La armadura de oro captó de inmediato su atención, pero luego dirigió su mirada verdosa a la cabellera del santo percatándose que no era el color que esperaba ver.

Los ojos borgoña del borrego se abrieron un poco de curiosidad ante la acción de Agasha de mirarle algunos mechones de su cabellera rubia.

-¿Tengo algo en el cabello?- indagó curioso llevando una de sus manos a la cabeza.

-¡No! ¡Claro que no!- se disculpaba efusivamente con las mejillas mucho más coloradas- sólo que… me parece que tiene un bonito cabello…- sonreía de oreja a oreja invadida de la pena reprendiéndose mentalmente por no haber tenido otra excusa mucho mejor. Ahora pensaba que Shion la miraría raro o pensaría que era una completa estúpida por soltar un comentario así.

-Bueno… supongo que… gracias…- agradeció en un tono algo apenado ya que nadie le había dicho un cumplido así o al menos no que lo recordara.

-Me dio gusto conocerlo señor Shion, iré a dejarle estas flores al patriarca antes de que se sequen. Y por cierto, mi nombre en Agasha.- Terminó de decir velozmente mientras reanudaba automáticamente su paso veloz debido a la vergüenza que sentía en ese momento.

-Que niña tan tierna- dijo para sí mismo el guardián de la primera casa mientras dibujaba una sonrisa en su rostro mirando como la florista desaparecía a la distancia.

"Eres una tonta", "pensará que eres una clase de bicho raro", "ya no te dejará cruzar por su templo". Ese mar de pensamientos, golpeaban la mente de la joven florista mientras se dirigía a la segunda casa. Esta vez, sólo pediría permiso para pasar y responder solamente a lo que le llegaran a preguntar. Esta vez sería mucho más discreta al mirar el cabello de los santos, no fuera a ser que de nuevo tendría que volver a usar de pretexto el cumplido que había usado con Shion. Qué pena.

Al llegar a la casa de Aldebarán, este la saludó muy sonriente y de inmediato le dio el permiso, pero tampoco era el color de cabello que esperaba ver, este ni se le acercaba. Sus cabellos eran tan blancos como la nieve. En Géminis, fue lo mismo, aquellos cabellos no eran del tono de azul que buscaba; el santo de Cáncer ni tenía el cabello largo al igual que el de Leo.

Cuando llegó a la entrada de Virgo y comenzó a cruzar, sentía una fuerza poderosa. Al principio se sintió algo intimidada pero no pensaba en regresar. Cuando llegó a la mitad de aquella gran habitación, encontró al guardián de aquel templo en posición de loto con sus orbes cerrados. Asumió que se encontraba meditando, así que comenzó a caminar sin hacer ruido no sin antes, después de haber pasado por un lado de él, miró su cabellera. Le pareció hermosa, pero no era del color que esperaba.

-¿Buscas a alguien en especial?- habló tranquilamente el de la sexta casa.

-No señor…- contestó la florista algo apenada.

-Volteaste a verme, pero sentí que no era yo quién aparentemente buscabas- volvió a usar ese tono tranquilo aun permaneciendo en la misma posición dejando a Agasha pasmada.

-¿Cómo es que usted… pudo…?

-A pesar de ser completamente ciego, el resto de mis sentidos están altamente desarrollados, así que no me es necesario ver para darme cuenta de lo que hay alrededor de mi- explicó pacientemente.

Agasha no articuló ni una palabra, puesto que no sabía que responder ante la respuesta del dorado.

-No te preocupes- habló de nuevo el santo de Virgo- no me has causado ni un tipo de molestia si eso es lo que estás pensando, puedes pasar libremente por mi casa. Por cierto, mi nombre es Asmita de Virgo. Espero que encuentres a esa persona que buscas.

-Mi nombre es Agasha- contestó sonriente haciendo una reverencia a modo de despedida e irse de ahí.

Cruzó por la séptima casa pero el guardián no se encontraba en aquél lugar. La florista sintió un gran alivio pero no podía dejar de pensar que podía haber una alta probabilidad que quizás ese santo fuera el de la bella cabellera celeste. Se preocupó un poco por ese detalle, pero luego recordó que aún le quedaban más casas que pasar y quizás en algunas de ellas se encontraría ese caballero que tanto anhelaba por conocer.

-¡Qué sorpresa!- exclamó eufórico Kardia de Escorpión cuando miró a Agasha apenas dando un paso en su templo- no me imaginaba que nos encontraríamos tan rápido- se dibujó una gran sonrisa en su rostro.

-¡Hola señor Kardia!- saludó muy animadamente- sólo venía a dejarle estas flores al patriarca.

-Te acompaño- le guiñó el ojo pasando uno de sus brazos por los hombros de Agasha haciendo que ella se volviera a ruborizar.

Caminaron juntos hablando de cosas triviales, solamente que el de Escorpio nunca se callaba y parecía un yo-yo hablando de él mismo todo el tiempo. Llegaron a la novena casa que también se encontraba vacía. Luego cruzaron el décimo templo donde El Cid rodó los ojos al mirar a Kardia y Agasha se había decepcionado de nuevo al no ver que tenía los largos cabellos celestes. Llegaron a Acuario y de inmediato salió el de la onceava casa al reconocer la estrepitosa voz de Kardia resonando en todo el templo.

-Kardia ¿Y ahora…?- el santo hizo una pausa al mirar a su amigo con la joven- ¿…qué demonios te traes?- habló de nuevo en su clásico frio tono de voz.

-Degel, ella es mi nueva amiga, se llama Agasha- respondió con gran positivismo pegándose a la florista al cuerpo y por parte de ella, solamente sonrió nerviosamente. Observó los cabellos de Degel, pero eran de un color verde esmeralda, admitió que eran un bonito color, pero no el que buscaba.

-Suéltala ahora- ordenó el de Acuario autoritariamente.

-Degel, no seas aguafiestas…-

-Ahora- interrumpió el peli verde.

A Kardia no le quedó de otra más que obedecer, sabía que si no obedecía a su mejor amigo, las cosas se pondrían feas. No era que le importara mucho, pero de alguna forma quería quedar bien con Agasha. No vaya a ser que Degel lo atacara ahí mismo y lo derrotara y que la florista lo viera besando el suelo no iba a ser bueno para su reputación.

-Disculpa todos los percances de mi compañero- se disculpaba el santo bajando la cabeza simulando una reverencia para luego reincorporarse- no entiende que hay personas con cosas que hacer. Veo que le llevas flores al patriarca.

-No se preocupe, fue divertido estar un rato con él aunque a veces da a entender que se quiere mucho- dijo divertida mientras cierto santo de Escorpio se cruzaba de brazos y miraba a otro lado. Por dentro deseaba quemar a Degel- iré a dejar estas flores antes de que se haga más tarde- dijo finalmente y salió de ahí.

Ya sólo quedaba una casa. Él tenía que estar ahí, ese caballero de melena celeste.

Al comenzar a cruzar la casa de Piscis, no pudo evitar en percibir un delicioso aroma a rosas, algunos pilares tenían enredaderas con bellos rosales color carmesí. Agasha estaba impresionada de esas bellezas naturales. En las casas anteriores no tenían ni un tipo de adorno parecido al que estaba presenciando. Llegó hasta el final de la casa y sus orbes olivo se llenaban de la hermosa imagen del paisaje de rosas rojas que adornaban los costados del templo dejando un sendero libre que daba al templo del patriarca. Decidió primero ir a dejarle las azucenas y luego se dedicaría a observar las rosas. Por otra parte, se sentía un poco desanimada debido a que la última casa se encontraba sola.

La florista caminaba por una larga alfombra roja y se arrodilló al estar a unos cuantos metros del patriarca.

-Ahora yo estaré entregándole las rosas su Ilustrísima, aquí le traigo unas bellas azucenas, espero que le gusten a usted y a la señorita Athena.- Estiró sus manos junto con el arreglo.

-Son hermosas- habló el patriarca Sage levantándose de su asiento y tomando las flores- me alegra que te hayas ofrecido a traernos estos detalles.

-Mi padre ya se cansa y no podía dejarlo hacer todo el trabajo.

-Me enorgulleces Agasha, tu padre tiene la suerte de tener una hija tan buena como tú.

-Gracias Señor- se puso de pie- ya iré a mi casa antes de que mi padre se preocupe por mí, además, quiero observar un rato el bello jardín de rosas que hay allá afuera.

-No lo hagas- ordenó serio.

-¿Por qué?- se sorprendió ante la reacción de Sage.

-Son rosas venenosas, si las tocas o hueles su fragancia mucho tiempo, morirás inmediatamente.

A Agasha se le erizó la piel al escuchar la explicación. ¿Cómo es que algo tan hermoso fuera a ser tan mortal? Y obediente, decidió que cruzaría velozmente aquel lugar teniendo cuidado con las rosas.

Pasaron aproximadamente dos semanas de estar llevando aquellos pedidos. Cada tercer día llevaba flores diferentes al patriarca, pero como siempre, no se le cruzaba aquella oportunidad de conocer al de cabellos celestes. Estaba completamente segura que habitaba la doceava casa porque ya había conocido a Dohko que habitaba la casa de libra y Sísifo en Sagitario, que se encontraban vacías la primera vez que había dejado el primer pedido, pero ni uno de los dos contaba con aquella particular característica.

Un día, le tocó llevar diversas flores, algunas rosas, margaritas y tulipanes conformaban aquel arreglo. Salió de su casa y a medio camino se desató una tormenta. Agasha en vano intentaba cubrir aquel ramo pero las gotas eran demasiado fuertes, hasta que en eso, sintió como una suave tela blanca la cubría desde la cabeza obligándola a detener su paso.

Levantó su mirada para descubrir quien había sido su "salvador" y grande fue su sorpresa al divisar aquellos largos cabellos azules como el firmamento que se encontraban ya bastante mojados por la fuerte lluvia provocando que estos se pegaran al dorado metal de la armadura desparramándolos levemente por la amplia espalda del caballero. Miró su rostro y le pareció perfecto, como si de una obra de arte de los dioses del Olimpo se tratara pero lo que más le llamó la atención, fueron esos bellos ojos azules cobalto. Era un azul que en su vida había visto y le sentaban muy bien haciendo juego con su cabellera. Pero esa miraba le transmitía algo que no podía entender.

-Señor…- Agasha estiró una de sus manos como si quisiera tocar al santo.

-No me toques- dijo sin emoción alguna haciendo que la florista retirara su extremidad bastante confundida.

El caballero sólo dio media vuelta y comenzó a avanzar dejando a una Agasha hecha un mar de miles de pensamientos inexplicables, mirando esos cabellos celestes como se alejaban cada vez más y más.


Ya se que me quedó medio raro esto, aun soy una pequeña novata *se esconde debajo de una piedra*.

A última hora se me ocurrió ese detalle de los cabellos, estaba piense y piense en como continuar la historia y de la nada se me vino a la mente ese detalle mientras observaba como eran los cabellos de los demás caballeros xD. Espero que no haya quedado tan raro xc.

Lamentablemente tendré que apegarme a la historia original porque así me la sentencié al inicio de la historia, así que no se les haga extraño que me esté quejando que lloro hahahah xD. Pero no será la única que haga de esta pareja, tengo otra en mente un poco diferente, tengo ganas de hacerla con otra trama, pero ya será después cuando acabe esta cosa.

Definitivamente Kardia es otro maldito Milo, en algo tenían que parecerse, pero ese sujeto me cae muy bien xD.

De vez en cuando habrá intervenciones de los personajes que están escuchando la historia de nuestro guapo, tierno y sensual Shion. Les advierto que a veces lo harán en la parte emocionante. Les digo desde ahorita para que luego no me quieran apedrear *se vuelve a esconder debajo de una piedra*

Espero que les haya gustado el capítulo, ya pronto saldré de vacaciones y podré actualizar más pronto.

Nos leemos :D