¡Hola!

Llegue más temprano de lo que pensaba y con un nuevo capítulo que espero les guste. Muchas gracias a todas las personas que pusieron en favoritos y siguen esta historia, espero no defraudarlos, todo esto lo hago de corazón y con la mejor disposición del mundo.

A propósito, resolví la duda y decidí que el relato sería un Oneshoot y tendrá 5 o más capítulos, para que sigan al pendiente, sin embargo, tendrá algo de escenas subiditas de tono y violencia, así que creo que tengo que cambiar el rating (si alguien sabe cómo hacerlo, por favor que me envié un mensaje con la explicación)

Además, necesito que con toda la paciencia del mundo, me indiquen como responder reviews, porque soy una escritora que se alimenta de sus comentarios y quisiera agradecerles por tomarse el tiempo de escribir para mis historias. Como lectora, detesto que cuando sigo una historia a menudo y le escribo a la escritora lo que me ha encantado, no me responda ni nada, es decir, nosotros sacamos un tiempito para escribir lo grandiosa que nos ha parecido el relato y las escritoras no pueden por lo menos responderle un review diciéndole gracias. ¡Por favor!

Hay una campaña de que cada vez que leemos una historia dejemos un review, pues yo opino que por cada review, el autor se tome la molestia de contestarlo uno a uno… ¿Qué tal? ¿Qué les parece la idea? Me la comentan, para discutirla (Si consigo saber cómo se responden los reviews)

Ahora sí, no más campaña política y gocen el capítulo…

Segundo capítulo. Obsessed

Soundtrack: Bourbon in your eyes- Devil Doll

Jugaba con la copa de bourbon, estaba hipnotizado por el vaivén del líquido acaramelado que le solicitó al camarero. No había tomado ni la mitad y ya se sentía embriagado, con los pies aletargados y su cabeza girando como una ruleta, semiinconsciente, solo escuchando a la rubia alta y sensual que se contoneaba en el escenario, observándole solo a él. Le coqueteaba atrevidamente, mientras insinuaba sus bragas blancas a través de la casi transparente falda que lucía, y en cualquier momento, empezaría a deshacerse de su sostén y a bailar a la niña buena en el escenario, como si solo hacer eso, le devolviera la inocencia, y ese pensamiento hacía reír a Steve. Últimamente no hacía más que asistir al mismo bar para verla cantar, y no le importaba más, ni siquiera emborracharse, porque detestaba el licor hasta para ahogar las penas, así que solo se dedicaba a pasearse sinuoso por el lugar con aroma a cigarro y whiskey. Siempre le pedía la misma canción a la dulce y linda Bianca y ella, con anhelos de ser tocada por el capitán, no dudaba en asentir y atender al hombre más importante de Norteamérica, la gloriosa Norteamérica. A menudo Bianca preguntaba el por qué de la tonada y Steve la observaba a los ojos para decirle que era por ella, que todo era por ella… Y que cruel se sentía diciéndole mentiras a una chica tan complaciente como la rubia, porque la ilusionaba, sabiendo que él jamás pertenecería a ella.

La obsesión que lo embargaba era más fuerte que el bourbon lujoso del bar y más poderoso que las curvas sensuales de Bianca, era solo un niño de 12 años. No había vuelto a hablar con Tony desde la vez de la expedición, pero Howard alimentaba su pecado hablándole de él, esperanzándolo enfermizamente. Nadie sabía cómo veneraba la imagen a blanco y negro del pequeño que siempre llevaba en su bolsillo izquierdo justo en el corazón, y la besaba con una devoción infinita, sintiendo que nadie superaba el amor que le profesaba a Anthony, ni siquiera su padre, porque Steve, bueno Steve… simplemente quería tenerlo para sí mismo; no le bastaba observarlo desde lejos, desde una foto vieja, él lo necesitaba, lo anhelaba como solo un ferviente siervo lo hiciese con su dios, como Bianca lo hacía con él. Eran demasiados los sentimientos que le embargaban, un orgullo singular por ver a SU pequeño genio avanzar rápidamente en los estudios, una ternura desbordante cada vez que pensaba en lo mucho que ha crecido y una avasallante lasciva de solo imaginar su boca tierna y ojos inexpertos, ansiosos de ser instruidos en los placeres de la carne.

Cuando Steve empezó a sentir ese sofocante calor y nada bajando esa excitación que se apoderaba de él solo por ver al pequeño Tony jugando distraídamente en el parque de la ciudad, pensó inmediatamente en él mismo como un sinvergüenza, como una persona sin escrúpulos. Se maldijo una y mil veces por desear algo prohibido, por percibir una sensación cosquilleante tocando lugares que ni un hombre o mujer habían logrado estimular, por cerrar los ojos e imaginar el cuerpo de un preadolescente bajo su poder, sus ojos marrones expresándole cosas obscenas y descaradas que él solo podía entender, y luego, las maldiciones no bastaron para contener la libido desatada y con el remordimiento sin tomar partido, robó la foto de Tony.

Una sonrisa burlona y ojos soberbios, gritando superioridad, a la par del cabello azabache y rebelde, lanzando descuidadamente el desafío de no poder ser domado y Steve, aceptando con pasión la apuesta, deseando desatar la bestia que yacía en su interior y doblegar al dulce, dulce Tony. Esa vez, con la fotografía en su mano izquierda y con el pensamiento de ser negado en el Reino de los cielos por tal infamia, bajó el cierre de su pantalón y con la otra mano, abarcó toda su erección. La apretó fuerte y de arriba para abajo, y sin dejar de ver la fotografía de su pequeño, imagino tocar la suave piel de sus muslos, morder la sinuosa curva del cuello frágil, escuchar de su boca los gemidos enloquecedores dirigidos a él, solo a él, porque Tony iba a ser suyo y de nadie más. –De nadie más- susurró al aire Steve, echando su cabeza para atrás y haciendo más presión en el pene goteante.

Giró su cuerpo para quedar en cuatro y allí, en el espacio entre sus brazos colocó la fotografía monocromática, visualizando al niño en su lugar y empezó a mover su cuerpo como si penetrará con vaivén sofocante a Anthony, a la par que ahorcaba su falo caliente y lloraba por el pecado aberrante que cometía y que lo hacía sentir tan jodidamente bien. No importaba si masturbarse con la foto de un niño le quitará el perdón de Dios, solo quería ensimismarse en su deseo y pensar después en las consecuencias, como jamás lo había hecho y como lo haría por primera vez en nombre de Tony Stark.

-¿Irás al camerino, Steve?- susurró a su oído Bianca, observándole con las mejillas sonrosadas y una sonrisa tímida.

Steve asintió y se levantó de la barra, tomó la cintura pequeña de la cantante y aspiró su olor a perfume barato y licor, nada parecido al cándido aroma a chocolate fundido y golosinas de Tony. Hizo una mueca en el rostro, cuando la rubia lo observó a los ojos y ella le beso la mejilla con su corriente labial, dejando una marca vulgar en la piel pálida del capitán. Trastabilló en sus tacones, sin sentirse desprotegida al lado de Steve y llegó al camerino, con las ansias bullendo en su interior, con la sumisión como plato fuerte ante el símbolo más importante de su país. Se desnudo, sin dejarlo de mirar a los ojos y cuando estuvo totalmente despojada, no solo de su ropa, sino también de sus inhibiciones, se acercó a Steve y le besó, frenética, deseosa de tenerlo después de tanto tiempo. Sonrió complacida y en medio de las boas con plumas y espejos de testigos, abrió su cuerpo y su corazón, entregó todo sin saber que al día siguiente, el capitán se embarcaría sin ella y no le volvería a ver jamás.

Nos leemos pronto, gracias de nuevo por leerme.

Pta. Lamento la notificación fantasma, aún me cuesta FF :v

#NinaCasillas