El viaje lo hicieron en silencio, la tensión podía cortarse con un cuchillo. Castle miraba por la ventana. Que cabezota es, esa maldita manía de querer controlarlo todo, como si no se fiara de mí, he organizado dos bodas, soy un experto. Mientras, Beckett ponía toda su atención en la carretera, ignorando los ceños de su prometido. Todo el día restregándome que él ya ha organizado dos bodas, que sabe como hacerlo, que así estaré más relajada. Sí, Castle, mira que bien te fue con las otras dos, una loca y una explotadora.
-¿Dónde es? –preguntó él cuando ella aparcó. Beckett por toda respuesta señaló la entrada a Central Park y empezó a caminar, sin esperarlo. Testaruda.
No tuvieron que caminar mucho antes de encontrarse con Ryan y Esposito, quienes los saludaron alegremente.
-¡Aquí está la parejita! ¿Cómo van esos preparati…
(Miradas "Ni una palabra más" por parte de Castle y Beckett)
-¿Dónde está el cuerpo? –preguntó ella, mientras Esposito y Ryan miraban a Castle con curiosidad. Espo los llevó hasta el escenario del crimen. Allí Perlmutter se encontraba arrodillado, tapando parcialmente el cadáver.
-Inspectora Beckett –saludó.
-Perlmutter.
-Fracaso sentimental de la inspectora Beckett.
-Perlmutter –masculló Castle mientras Ryan y Esposito intentaban no reírse.
-¿Qué tenemos? –Beckett ignoró el mote que el forense había puesto al escritor, aunque en el aquel momento una parte cruel de ella estaba de acuerdo con el sarcástico doctor. Perlmutter se apartó un poco y señaló.
-Varón, treinta y pocos, dos disparos en el pecho.
-¿Eso fue lo que lo mató? –preguntó Castle.
-No, eso es lo que puedo ver. Para saber la causa de la muerte tendré que esperar a la autopsia. Dios, Castle, más de cinco años jugando a ser poli y no has aprendido nada.
-Le cuesta atender –comentó Beckett con veneno.
-Sí –sonrió Castle -. O quizás necesite mejores profesores.
-Perdón –Ryan los interrumpió -. ¿Nadie se ha percatado de eso? –señaló la boca del muerto, Beckett y Castle lo miraron, sorprendido.
-¿Es lo qué creo que es?
-A primera vista sí, pero quería esperar antes de sacarlo. ¿Puedo?
-Adelante.
Perlmutter cogió el objeto que alguien había colocado a la fuerza en la boca del cadáver y lo sostuvo en alto.
-Es la figurita de una tarta de bodas. El novio.
-Vaya, parece que a este novio tampoco lo quería nadie –comentó Castle con amargura, ganándose una mirada de advertencia por parte de Beckett.
-Un par de novios cabreados investigando el crimen de un novio muerto –le dijo Esposito a Ryan -. Esto va a estar divertido.
