Como es costumbre aprovecho este primer capítulo para hablarle directamente a los lectores. Este Fic, o la idea principal de éste, ha estado en mi mente durante mucho tiempo ya, y pues me ha dado por escribirlo de una vez. Acostumbro apoyarme mucho en las historias originales al escribir fanfics directamente relacionados con los libros o lo que sea, es por eso que puede haber muchos Spoilers aquí.
Para aquellos que no hayan leído los libros de Harry Potter, les advierto que encontraran muchos Spoilers aquí.
Respecto a mi OC, Claire White (adoro ese apellido), es lo único en este Fic que me pertenece por el momento. Salvo algunas situaciones que irán apareciendo más adelante.
Quisiera hablar de ella un poco: la he creado pensando en una prodigio, más perfecta no es. Puede parecer, cuando vayan conociéndola más, que es buena en todo, pero debo recalcar que no es así. En lo académico, tanto en los conocimientos como en la enseñanza, tendrá excelentes habilidades (por algo le han pedido que enseñe en Hogwarts siendo tan joven), pero hasta ahí. El uso de dichas habilidades también están por sentadas.
Irán conociendo algunas falencias a medida que la historia avance; por ejemplo, el vuelo nunca se le ha dado bien. Y algunas cosas más.
Por ahora solo puedo pedirles que disfruten y opinen de la historia. Dejen reviews para saber qué tal voy.
Hay algo que aún estoy intentando decidir: una habilidad fuera de lo académico en la que Claire sobresalga. De muchas opciones me he reducido a dos, y no estaría mal que decidiéramos juntos al respecto. La primera es, por sorteo, los duelos de magia. La segundo, el canto.
Dejen sus opiniones!
Saludos!
Advertencias: No habrá pairing alguno entre Claire White y ninguno de los estudiantes. Ni con Bill Weasley, que aunque salieron en su época escolar, eso se ha acabado y Bill se casará con Fleur como en la historia original.
Sin embargo, acepto sugerencias al respecto de la vida romántica de ella, pues de eso solo he pensado en otro OC.
Capítulo 1.
La noche ya estaba cernida sobre el gigantesco castillo. La luz de las cientos de velas flotantes encendidas en el interior del Gran Comedor era visible desde la distancia, a través de las ventanas. Bajo las velas, y aprovechando la luz de éstas, decenas de estudiantes disfrutaban de su banquete de bienvenida, sentados frente a las cuatro largas mesas, cada una correspondiente a una de las casas del colegio. Los miembros del personal docente también se hallaban comiendo junto a sus pares en la mesa de profesores. Los estudiantes de primer año ya habían sido seleccionados tras una canción especialmente extraña cantada por el Sombrero Seleccionador, y se encontraban cenando y conociendo a sus compañeros mayores. En la mesa de Gryffindor, tres estudiantes de quinto curso comían como los demás, disfrutando de la última noche antes de llenarse de deberes y materias que estudiar.
Harry, Ron y Hermione (éstos dos últimos no se hablaban desde que el pelirrojo ofendiera al fantasma de Gryffindor unos minutos antes) tendrían que rendir los exámenes TIMOs al final de aquel curso, por lo que tendrían un año bastante pesado en lo académico. Según les habían dicho ya, desde el principio aquel año estaría lleno de trabajos y ensayos. Hermione era la única que no parecía estar preocupada por aquello, y eso que era la que tenía más asignaturas de los tres. Harry, por su parte, había decidido no pensar en ello antes de que comenzara a pasar. Ya bastante preocupado había pasado gran parte del verano como para además echarse encima la presión de los exámenes antes de tiempo. Por el momento, se concentraba solo en su filete y pastel de riñón, apresurado para comer un gran plato de su tarta de melaza favorita.
En la mesa de profesores, tres rostros nuevos podían apreciarse. Los estudiantes ya habían visto a Grubbly-Plank en el exterior, al bajar del Expreso de Hogwarts, realizando la tarea de reunir y conducir a los de primero; una tarea que hasta el momento siempre había sido realizada por Hagrid, quien por lo demás se encontraba ausente de la mesa de profesores. Harry reconoció a otro de los rostros nuevos apenas se dedicó a analizar a los profesores, antes de la Selección; Dolores Umbridge, una mujer bajita y redonda con cara de sapo y que hablaba con voz risueña y aguda que había estado en su audiencia en el Ministerio. La tercera mujer nueva, más joven que las otras dos, no tendría más de 26 o 27 años, y se hallaba sentada junto a la profesora Sprout. Ninguno de los estudiantes podía reconocerla. Aunque Fred y George estaban seguros de que la habían visto en algún lado. Ron también había insinuado lo mismo, pero tampoco pudo confirmarlo.
Cuando los estudiantes y profesores habían terminado de comer y el ruido del Salón comenzaba a elevarse, Dumbledore se puso de pie justo como lo había hecho para darles la bienvenida a todos.
Las conversaciones cesaron de inmediato y todos los rostros se giraron hacia el director. Ya todos con el estómago lleno, la somnolencia placentera comenzaba a tentarlos a todos para ir a la cama.
- Bien, ahora que todos consumimos otro magnífico banquete, pido unos momentos de su atención para el aviso habitual de principio de año – dijo Dumbledore. – Los de primer año deben saber que el Bosque en los límites del colegio está prohibido para los estudiantes… y algunos de nuestros estudiantes más viejos también deberían saberlo.
Harry, Ron y Hermione no pudieron evitar intercambiar sonrisas de satisfacción.
- El señor Filch, nuestro celador, me ha pedido por cuadragésima sexta vez, les recuerde a todos que la magia está prohibida en los pasillos entre clases, ni un gran número de otras cosas, todas las cuales pueden ser verificadas en la extensa lista sujeta a la puerta de la oficina del señor Filch.
El Director miró un segundo al viejo celador, como para demostrarle que había dicho lo que le habían pedido, antes de volverse hacia los estudiantes y continuar.
- Hemos tenido dos cambios en el cuerpo docente este año. Estamos muy contentos de dar la bienvenida a la Profesora Wilhelmina Grubbly-Plank, quien tendrá a su cargo la materia de Cuidado de Criaturas Mágicas; también nos encanta presentar a la Doctora Claire White, quien será su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.
La anciana que habían visto guiando a los estudiantes de primero al bajar del tren y la joven de cabello oscuro se pusieron de pie y dieron algunas reverencias para responder a los aplausos educados de los estudiantes, durante los cuales Harry Ron y Hermione se acercaron el uno al otro.
- Dumbledore no dijo el tiempo durante el cual la Profesora Grubbly-Plank estará a cargo de las Criaturas Mágicas. – comentó Harry, Y Ron asintió.
- ¿Dumbledore dijo Doctora Claire White? – preguntó Hermione. - ¿Cómo en los muggles que tienen postgrados?
Harry y Ron miraron a Hermione con reproche; al parecer a ella no le importaba tanto que Hagrid no fuera a ser profesor aquel curso.
- De igual manera, le damos la bienvenida a Madame Subsecretaria Dolores Umbridge, quien este año tendrá la tarea de supervisar para el Ministerio de Magia, las clases impartidas aquí en Hogwarts. – continuó Dumbledore, una vez que las profesoras hubieran tomado asiento. Hubo otros pocos aplausos. – Las pruebas para los equipos de Quidditch serán…
Dumbledore se detuvo bruscamente, mirando interrogante a Madame Umbridge. Como ella no era muy alta, hubo un momento en que nadie entendió por qué Dumbledore había dejado de hablar, pero entonces ella aclaró su garganta, "Ehem ehem", y se hizo claro que ella estaba de pie y que deseaba hablar.
Dumbledore solo miró hacia atrás un momento y entonces se sentó elegantemente, mirando con atención a Madame Umbridge, como si no quisiera otra cosa más que escuchar lo que tenía que decir. Los otros miembros del personal no pudieron ocultar su sorpresa. Lascejas de la profesora Sprout habían desaparecido bajo su pelo suelto y la boca de la profesora McGonagall era tan delgada como Harry nunca la había visto. Nunca antes un profesor nuevo había interrumpido a Dumbledore.
- Gracias, Director – comenzó Madame Umbridge, con una sonrisa idiota, - por sus amables palabras de bienvenida.
Aquella voz aguda volvió a provocar en Harry una repulsión que él mismo no pudo explicar. Sólo sabía que aborrecía todo sobre ella; desde su voz tonta hasta su mullida chaqueta rosa.
Bien, debo decir que es un placer haber regresado a Hogwarts - se rió, revelando unos dientes muy puntiagudos. - ¡Y ver las pequeñas caras tan felices que levantan su mirada hacia mí! - Harry echó un vistazo alrededor. Ninguna de las caras a las que podía ver lucía feliz. Al contrario, todos ellos miraban en otras direcciones como si tuvieran cinco años. - ¡Tengo muchas ganas de llegar a conocerlos a todos y estoy segura que seremos muy buenos amigos!
Harry se volteó hacia su izquierda, donde Fred y George se habían acercado nuevamente a Ron para susurrarles algo.
- Ya recordamos quien es ella, - dijo Fred. – La profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.
- Bill solía salir con ella, en su penúltimo año en Hogwarts, - dijo George. – Creo que ella es un año mayor que él.
- Claro; ella es la chica de la foto que está en la sala. – dijo Ron, con toda la obviedad ahora que recordaba.
Madame Umbridge aclaró su garganta de nuevo, pero cuando volvió a hablar parecía que sus problemas respiratorios habían desaparecido del todo. Se escuchó mucho más seria, hablando desde lo más profundo de ella.
- El Ministerio de Magia siempre ha considerado la educación de brujas y magos jóvenes de vital importancia. El raro don con que ustedes nacieron no puede desperdiciarse, sino que debe ser nutrido y pulido por una instrucción cuidadosa. Las habilidades antiguas de la comunidad de magos deben ser transmitidas a las siguientes generaciones o las perderemos para siempre. El tesoro de conocimiento mágico acumulado por nuestros antepasados debe ser preservado, repuesto y pulido por los que han sido llamados a la noble profesión de la enseñanza. – hizo una pausa y dio un pequeño saludo a los profesores más antiguos, de los cuales ninguno regresó el gesto.
Las cejas oscuras de la profesora McGonagall se habían contraído, por lo que parecía tener la mirada aguda de un halcón. Harry vio claramente como intercambiada una mirada significativa con las profesoras Sprout y White.
Umbridge soltó otra tos y continuó.
- Cada director y directora de Hogwarts ha traído algo nuevo a la pesada tarea de gobernar esta histórica escuela, y así es como debería ser, ya que sin el progreso habría estancamiento y decadencia. No obstante, al progreso hay que ponerle cierto freno por su propio bien, y nuestras tradiciones, probadas una y otra vez, a menudo no requieren ajustes. Un equilibrio, entonces, entre lo viejo y lo nuevo, entre permanencia y cambio, entre tradición e innovación...
El discurso se tornó aburrido para la mayoría de los estudiantes. Solo algunos de los prefectos, sobre todo Hermione, escuchaban atentamente, como notó Harry. Los profesores, sin embargo, escuchaban atentos completamente. Umbridge no parecía darse cuenta de que había perdido la atención del público casi por completo.
- Porque algunos cambios vendrán para bien, mientras que otros, a la larga, serán reconocidos como errores de juicio. De igual manera, algunos viejos hábitos serán conservados, mientras que otros, anticuados e inútiles, serán abandonados. Movámonos hacia adelante entonces, hacia una nueva era de franqueza, eficacia y responsabilidad, intentando conservar lo que debe ser conservado, y perfeccionar lo que necesita ser perfeccionado, y eliminemos prácticas que deberían de estar prohibidas. – y al finalizar, Umbridge se sentó simplemente, y Dumbledore comenzó a aplaudir.
Los demás profesores lo imitaron, aunque no de muy buena gana. Todo lo que Umbridge había dicho pasó por sobre los estudiantes, o la mayoría de ellos, al menos. Hermione, sin embargo, había comprendido cada implicación existente entre las líneas del discurso, como unos momentos más tarde, mientras Dumbledore retomaba su discurso, les indicó a sus amigos. El Ministerio estaba interfiriendo en Hogwarts, era la conclusión, lógica una vez que analizabas el discurso de la Subsecretaria del Ministro.
Finalmente, Dumbledore les había dado el permiso de retirarse a sus salas comunes, para una merecida noche de sueño. Ron y Hermione, como prefectos, debieron guiar a los de primer año para enseñarles el camino, así que Harry debió regresar solo.
Al otro lado del castillo, en el despacho del Director, Dumbledore se hallaba sentado tras su escritorio, de frente a una de las profesoras del colegio. Claire se hallaba sentada directamente frente al escritorio del Director, mirando a este.
- Pues diría que es peor de lo que pensaba, Director, - dijo Claire, seria. Como todos los profesores, había tomado muy en serio las palabras de la enviada del Ministerio. Claro que ella, como otros dos profesores, lo había hecho desde un punto de vista diferente. – Pero ahora entiendo a fondo lo que me había dicho.
Dumbledore asintió lentamente.
- Está claro que Madame Umbridge intentará, a cualquier costo, interferir con las enseñanzas aquí. Y con el respaldo del Ministro, podrá hacer virtualmente lo que desee. – dijo el Director. Claire asintió; ya había sido advertida acerca de eso, allá en Estados Unidos, una vez que hubo aceptado el trabajo de enseñar en Hogwarts. – Aunque debo admitir que no pensé que las cosas fueran a ser tan rápidas. Quisiera escuchar tu opinión acerca de Madame Umbridge y los posibles planes que quiere llevar a cabo.
Claire miró los ojos azules del anciano unos segundos antes de volver su mirada hacia Fawkes, el magnífico fénix que el Director había conseguido domesticar. Ya de estudiante había conocido al fénix, cuando ganara el Premio Anual y fuera invitada al despacho del Director para recibir la noticia. La mujer sonrió al ave, que ladeó la cabeza. Luego ella se volvió nuevamente hacia Dumbledore, tras haber pensado, nuevamente, en su teoría.
- Diría que Fudge está atemorizado; parece estar completamente convencido de que usted pretende arrebatarle el puesto de Ministro. – dijo ella. – Y sus intenciones de interferir con la enseñanza aquí, y me baso en parte en el libro recomendado por el Ministerio para Defensa contra las Artes Oscuras, solo puede ser para evitar que los estudiantes aprendan a usar magia para luchar, lo que indicaría que Fudge tiene la estúpida idea de que usted pretende formar un ejército o algo así, para tomar el poder de su cargo.
Dumbledore sonreía, complacido.
- Siempre fuiste una estudiante capaz de usar la lógica muy fluidamente. – dijo, asintiendo. Claire sonrió por su parte. – Y esa es, precisamente, mi opinión también. Lo que nos lleva al por qué te he pedido que vengas aquí esta noche.
Claire se puso seria nuevamente.
- Estoy seguro de que no tengo que decirte que quien corre más peligro, de manera directa, en estos momentos, es Harry Potter. Es imprescindible que Harry siga aprendiendo a defenderse, pero como tu bien has expuesto, debemos suponer que Fudge intentará a toda costa evitar que eso suceda. – Dumbledore adoptó aquella expresión que tomaba cuando hablaba temas de suma importancia. Se inclinó hacia delante en su silla, apoyando los codos sobre la mesa y juntando los dedos de sus manos. – Por eso debo pedirte que, sin importar lo que suceda, ni lo que la Subsecretaria llegue a hacer, no dejes de enseñarle.
La profesora juntó las cejas; aquella petición era de lo más peculiar. Claro que, considerando la situación, pensar que Umbridge pudiera llegar a sacar a todos los profesores actuales no era algo tan descabellado; tenía al Ministro de Magia apoyándola, después de todo.
- Les enseñaré tanto como pueda y quieran aprender, - prometió, decidida. – A todos los que quieran aprender.
Concentrarse solo en Harry le parecía un tanto injusto si había más estudiantes que sufrirían con las limitaciones que pudiera llegar a imponer el Ministerio. Ya el libro "guía" que aprobaba el Ministerio era… siendo educados, una basura. Habiendo podido encontrar a una bruja que hiciera el trabajo de enseñar, lo que le daba las facultades de estructurar un programa de enseñanza que estimara adecuado, aquel libro no tendría ningún uso. Era una suerte, y un desafío a los deseos del Ministro que, seguramente, Umbridge trataría de eliminar.
- Muy bien, - comentó Dumbledore con una sonrisa. - ¿Cómo te sientes respecto a tus clases?
Claire sonrió abiertamente.
- Bueno, será toda una experiencia nueva, - opinó la profesora. – Para nada parecida a lo que hago en los programas de Pregrado y Doctorado, pero enseñar es enseñar. Solo debo ajustar un poco el nivel de exigencia.
Dumbledore se mostró de acuerdo con aquello.
- Noté algunos detalles en tu programa de clases para los estudiantes que rendirán sus TIMOs este año. La falta de un libro guía más apropiado que el sugerido me llama la atención. – comentó Dumbledore. – Un poco más que los proyectos que le pedirás realizar a los estudiantes.
Claire se acomodó en su silla y sonrió un poco más abiertamente, y le explicó algunas de las cosas que pensaba aplicar aquel año, o lo que pudiera durar en el trabajo.
Harry llevaba un primer día de clases pésimo, que de hecho había comenzado la noche anterior. Había tenido un fuerte pleito con Seamus antes de irse a la cama debido a que él, quien siempre le había caído bien, había tenido problemas con su madre durante el verano debido a todo lo que estaba siendo publicado en El Profeta aquellos meses, desde que Voldemort regresara. La madre de Seamus no quería que él volviera al colegio debido a todos los rumores que existían en torno a Dumbledore y Harry Potter. Seamus naturalmente, no podía dejar de estar molesto con Harry, quien era quien había iniciado el, hasta el momento, rumor del regreso de Voldemort. Harry, por su parte, en un momento de enojo y estrés, se había defendido de una manera no adecuada, insultando a su compañero y a su madre por creer en lo que decía el periódico de los magos. En la mañana, aún algo molesto por el asunto de Seamus, se enteró además gracias a Hermione que habían varias chicas también que lo llamaban mentiroso y loco. Luego había tenido una aburrida clase de Historia de la Magia, y después de aquello, Ron había logrado interrumpir una buena oportunidad de charlar con Cho Chang, a quien no había podido saludar tranquilamente siquiera el día anterior (Neville lo había cubierto de una sustancia asquerosa en el tren). Más tarde, había tenido su primera clase de pociones, en la cual se las había arreglado para arruinar su preparación del "Trago de Paz" por haber estado distraído y no leer las instrucciones correctamente, lo que le había hecho acreedor de un regaño y burla públicos por parte de su profesor menos favorito del colegio, además de un 0 de calificación.
Ni siquiera la hora del almuerzo le había servido para relajarse un poco, pues Hermione y Ron se habían enfrascado en una nueva discusión. Y después de almorzar había tenido su segunda clase menos preferida del colegio; Adivinación. Y ya para cuando estuvo listo para ir a su siguiente clase, se dio cuenta de la cantidad de deberes que tenían ya: un ensayo de pie y medio sobre las Guerras de los Gigantes para el profesor Binns, otro ensayo de doce pulgadas sobre los usos del feldespato para Snape, y un diario de sueños de un mes para la profesora Trelawney. Y ahora tenía Defensa Contra las Artes Oscuras, que nunca iba separada de deberes también.
Harry salió del aula de Adivinación con Ron para dirigirse al salón de clases de Defensa para su última clase de aquel día. Tenía la esperanza de que fuera una sesión que le ayudara a distraerse. Iban a mitad de camino cuando Ron se detuvo, con la mochila abierta en sus manos.
- Diablos, olvidé el libro para esta clase. – dijo el pelirrojo.
- Pues ve a buscarlo, anda, - dijo Harry, algo impaciente. – Te guardaré un lugar en el salón.
Y su amigo cambió de dirección, regresando por el pasillo que recorrían a toda prisa para ir a la Sala Común de Gryffindor. Harry siguió su camino. Hermione no tenía adivinación, así que se verían allá mismo en la clase. Llegó a la puerta del salón justamente cuando esta estaba abriéndose. La joven profesora la sostuvo, sonriente, para dejar que los pequeños estudiantes de primero salieran.
- Recuerden leer los dos primeros capítulos de su libro para la próxima clase, - les recordó la profesora, despidiéndolos. Cuando todos los chicos hubieron salido, se fijó en Harry. – Oh, buenas tardes. Llega temprano, señor Potter.
Harry pudo notar su acento, y supo que no era británica.
- Buenas tardes, profesora. – saludó Harry. – La clase de Adivinación terminó antes.
La profesora White asintió.
- Bueno, puede esperar adentro a que los demás lleguen, si quiere. – le ofreció. – Cuando sea la hora, comenzaremos con la clase.
La profesora ingresó en el salón nuevamente, y Harry la siguió. Ahora que la había visto de cerca pudo notar lo joven que era en realidad. No era muy alta, Harry calculó que debía medir un metro con sesenta centímetros cuando mucho, aunque se veía un poco más alta con las botas de tacón bajo que usaba, pero no mucho.
- Se le ve cansado, - comentó la profesora, volteándose sobre su hombro para mirarlo. – ¿Un primer día difícil?
- Ni se imagina, profesora.
- Si, recuerdo que el quinto curso es muy pesado. – dijo la profesora, llegando hasta su escritorio al frente de los pupitres, volteándose y apoyando la cadera contra la orilla de éste. – Pero no se preocupe; los últimos años en el colegio pasan muy rápido. No se dará cuenta y estará terminando el curso.
Harry puso su mochila junto a una silla de uno de los pupitres de enfrente; normalmente no se sentaba en primera fila, pero como era el primero en llegar no quiso parecer maleducado y sentarse más atrás cuando estaba conversando con la profesora.
- Espero que no pase tan rápido, la verdad, - dijo Harry, - ya tenemos muchos deberes que hacer y los TIMOs parecen ser difíciles.
- No son imposibles de aprobar si uno estudia con tiempo. – informó la profesora, ladeando la cabeza. – Y bueno, para su consuelo esta primera clase será mayormente introductoria, así que no tomará demasiado tiempo. Creo que terminaremos temprano.
Harry esbozó su primera sonrisa del día.
- Es lo mejor que he oído en todo el día, - admitió el estudiante, y la profesora rió con suavidad.
