Disclaimer: Angel Beats! y todos sus personajes son propiedad intelectual de Key/Visual Arts. Hikari Kurenai me pertenece a mí.
Extensión: 1047 palabras.
Advertencias: Presencia necesaria de un OC. Situado antes de la llegada de Otonashi.
Resumen del capítulo: Al principio, solo había sido por su propia conveniencia pero, dándose cuenta que Tachibana no era una mala persona, Hikari decidió convertirse en su amiga.
Amistad
II. Otra perspectiva
— Y el ejercicio se termina así— concluyó Tachibana, mostrándole a su compañera como resolver un complicado ejercicio de raíces. Espero unos cuantos segundos una respuesta pero, al darse cuenta que Hikari no respondía, le dirigió la mirada, topándose con una expresión completamente confundida—. ¿Entendiste?
— Esto… ¿qué venía después de colocar la raíz en la fracción opuesta?— le preguntó, sonriendo para evitar que Tachibana se enojara.
No es que antes la hubiese visto en un arranque de ira pero, como la presidenta del Consejo Escolar siempre mostraba una expresión de póker, no había podido vislumbrar cuanta era la paciencia que tenía la albina. Por lo mismo, no se quería arriesgar a conocer un lado, tal vez, más violento, escondido bajo esos ojos serenos.
— Te… ¿perdiste al principio?
— ¡Lo siento! ¡Soy muy cabeza dura y se me olvido advertirte de eso!— gritó, casi desesperada, juntando ambas manos para pedir clemencia y aplacar al monstruo que Tachibana debía ser en realidad.
— No te preocupes— dijo Kanade, tratando de tranquilizarla, al ver como Hikari estaba a punto de ponerse de rodillas—. No tengo problema en enseñarte de nuevo— ofreció, escribiendo un ejercicio más simple con el cual explicarle.
Kurenai se limitó a quedarse mirándola fijamente, impresionada, al ver que la presidenta Tachibana no era ni siquiera la mitad de monstruosa de lo que pensaba. Siempre, aún sin conocerla, se había hecho una imagen mental bastante despótica y arrogante de la presidenta Tachibana y verla ahora, en su verdadera naturaleza, le causaba extrañeza y a la vez un alivio, pues no tendría que forzarse a ponerse a la altura de las circunstancias, sino que podría actuar con total normalidad.
— ¿Pasa algo?— le interrumpió la albina, al darse cuenta que Hikari, en vez de poner atención en la explicación, estaba mirándola a ella.
— Es que… como decirlo… pensé que eras más aterradora— se sinceró—. Ya sabes, siempre tienes una aura misteriosa y seria a tu alrededor…
— Ya veo.
— Pero no lo digo con mala intención— se apresuró a aclarar—. Es genial que seas así y no como el monstruo déspota y arrogante que se formo en mi imaginación.
Tachibana se limitó a lanzarle una mirada comprensiva y volvió a explicarle la materia de matemáticas. Esperaba que, en esta ocasión, Kurenai entendiera todo.
— Muchas gracias, Tachibana. ¡Realmente eres una gran maestra! Incluso mejor que los profesores de acá— la elogió, mientras guardaba sus cuadernos y continúo, un poco más animada, levantándose de la mesa para encaminarse a la salida—. ¿No has pensado en ser maestra a futuro?
Kanade, sorprendida ante la pregunta, tomando en cuenta el lugar en el que se encontraban, sólo se limitó a responder:
— No… nunca pienso mucho en el futuro.
— ¿En serio?— expresó Hikari, desconcertada, cuando ya salían del recinto para dirigirse al interior de la escuela, pues había clases por la tarde—. Siempre pensé que eras el tipo de persona que preveía el futuro.
Ante esa declaración, el desconcierto de Kanade creció. ¿A qué se refería Hikari con "prever su futuro", si en ese lugar— en el que se encontraban ahora— no había futuro para nadie? Algo debía estar mal con la azabache, pues todos los seres humanos que llegaban a ese mundo se percataban, tarde o temprano, de que estaban muertos.
Tratando de no hacer algo mal ni, mucho menos, decir algo que pudiese afectar a su compañera, decidió— por el momento— evitar darle esa información a Hikari y, evadiendo la apreciación personal de su compañera, le preguntó:
— Y tú, ¿qué quieres ser a futuro?
— ¿Yo?— respondió, mientras ponía ambas manos detrás de su cuello, en una pose despreocupada—. Quiero ser una artista. Me gustaría ser tan genial como para poder estar en un museo, con mis obras en exhibición— expuso, un poco emocionada y añadió, con orgullo injustificado—. De todos modos, no me queda de otra, ya que en los estudios y en los deportes me va muy mal— concluyó, con una estridente risa.
— ¿Pintas?
— Eh… sí… aunque este último tiempo casi no he podido hacerlo, por los exámenes. Si mis papas se llegasen a enterar de mis notas, creo que no viviría mucho como para contarlo— declaró, un poco desanimada.
— Me gustaría ver tus dibujos y pinturas— dijo la muchacha de pelo níveo, tratando de animarla.
— ¿En serio?... ¡Ya sé! ¡¿Qué tal si hago un retrato de ti?— le ofreció Hikari, con los ojos mostrando un brillo inusual, ya que la perspectiva de dibujar la había alentado.
Desde hace mucho tiempo que no dibujaba ni retrataba a nadie y, que la ocasión para hacerlo se le ofreciera en bandeja, era perfecto. Además, debía sopesar el hecho de que no sería un retrato de cualquier persona, sino que de Tachibana, la Presidenta.
— ¿Seguro que quieres hacerlo?
— ¡Por supuesto! Y, apenas lo termine, te lo regalaré— dijo, acalorada, al darse cuenta que estaba tomando mucha confianza con Tachibana, siendo ese el primer día que hablaban y conversaban tan abiertamente. Sabía que ya no estaba en edad para emocionarse como si fuera una niña, pero estar con la albina era lo más cercano que conocía a estar con una amiga—. ¿N-no te molesta?
— No. Sólo me sorprende un poco…
— ¡Qué no te sorprenda! Además me gustaría retribuirte la ayuda, ¿qué dices?— le preguntó.
— Está bien…— susurró, mientras fijaba su atención en el tablero de anuncios del pasillo, el cual estaba cubierto de afiches de una nueva presentación de la banda Girl Dead Monster. Con gesto desaprobatorio, se dirigió al tablero, lista para sacar esa publicidad no autorizada.
— ¡Woo! ¡¿Habrá un concierto de GirlDeMo?— la interrumpió Hikari, al gritar la nueva noticia. Hace mucho tiempo aquella exitosa banda no tocaba en público y, saber que lo harían dentro de dos semanas, simplemente la excitaba. Al darse cuenta que Kanade había quedado a centímetros de arrancar sin delicadeza los afiches, se atrevió a preguntar—. ¿A ti no te gusta… GirlDeMo?
— No he podido escucharlas bien— contestó cortante, dándole la espalda a Kurenai.
— Entonces, ¿qué tal si vamos juntas a…?— comenzó a proponer, ilusionada, pero detuvo sus palabras, al ver que Kanade arrancaba los afiches, como si esas pequeñas piezas de papel fuesen parte de una frustración, escondida durante mucho tiempo y que, ahora, daba sus primeros pasos hacia la libertad.
Fin Capítulo II. Otra perspectiva
Por: Nana Walker
