Los sentimientos por una persona que quieres pueden cambiar en cualquier momento. Para Serena el amor por Diamante era lo único que existía. Para Darien, el sufrimiento de su mejor amiga era el pan de cada día. Pero era ese mismo sentimiento visto desde dos ángulos diferentes, el que cambiaría sus vidas para siempre. A veces el amor llega camuflado en traje de amistad.
Esta historia está basada en la letra de la canción 'Amiga Mía' de Alejandro Sanz. Encontrarán un par de alteraciones en los personajes como diferencias de edades, profesiones y relaciones, pero aún así sigue siendo un S&D, aunque al principio no lo parezca... Además, tendrá un juego de tiempos que irá del pasado al presente y del presente al pasado de forma muy seguida. Espero que lo disfruten!
Nota legal: los personajes no me pertenecen, son creados por Naoko Takeuchi para su manga Sailor Moon, pero la historia es completamente original. Tampoco me pertenece la letra de la canción que inspira esta historia, solo me pertenece la idea.
2. Viaje al pasado 1.
- Mami! - Peruru, con su mochila en la espalda corrió desde la entrada de su jardín hasta el lugar donde Serena lo esperaba con los brazos abiertos.
- Cómo te fue en tu primer día, mi príncipe? - agachada para estar a la misma distancia, Serena le preguntó con dulzura a su hijo mientras le limpiaba un poco la carita que estaba manchada por dulce.
- Bien - el niño se abrazó al cuello de Serena - Es muy divertido venir a estudiar! - el niño estaba animado.
- Es usted Serena Tsukino? - Una mujer alta y elegante se acercó a la rubia y a su hijo.
- Si señora, soy yo - La rubia se puso de pie para encarar a la hermosa peliverde que tenía en frente.
- Mucho gusto - la mujer extendió su mano para estrecharla con la de Serena - Soy Setsuna Meio, la maestra de Peru - miró con cariño al niño - Quisiera hablar algo con usted, me permite unos minutos?
- Claro - Serena volvió a inclinares para hablar a su hijo - Amor, ve a jugar un momento mientras hablo con tu maestra, si?
- Solo si me llevas a casa de tío Darien, quiero mostrarle un nuevo dibujo - el pequeño hablaba entusiasmado. Darien y Serena eran las únicas personas que motivaban el talento artístico de Peruru y por eso el niño siempre quería mostrarles sus creaciones.
- Vale cielo - le dio un beso en la frente - ve a jugar - le puso de pie cuando el niño se alejó y volvió su mirada a la maestra - Y bien, cuénteme...
- Sabe usted que Peruru está avanzado para tener cinco años y que tiene una habilidad artística impresionante? - la mujer hablaba tranquila.
- Sí, lo se, y se lo agradezco en gran parte a mi mejor amigo, pero hay algo mal? - Serena sabía muy bien lo que le dirían. Desde un año atrás no encontraba escuela donde aceptaran a su hijo y no quería optar por una escuela para genios donde no lo dejarían ser niño.
- Solo que me parece que Peru estaría mejor en una escuela especializada - y ahí iba de nuevo.
- Entiendo lo que me dice señorita Meio, pero no quiero enviar a mi hijo a una escuela donde no pueda ser un niño normal - Serena le hablaba cansada - quiero que corra, juegue, se relacione con niños de su edad.
- No tengo ningún problema con promoverlo un poco para que haga trabajos más adecuados a su conocimiento - la mujer percibió la frustración en la voz de Serena - solo era una opinión personal.
- Se lo agradezco - miró su reloj - ahora, si me disculpa, debo irme - buscó a su pequeño con la mirada y lo llamó con la mano - Hasta mañana Señorita Meio.
- Hasta mañana señora Tsukino - la mujer vio partir al niño y a su madre a bordo de un lujoso auto deportivo color plata.
Después de hacer una parada en un restaurante de comidas rápidas, recoger un grueso sobre en la oficina de correos y pasar por una pastelería, el auto deportivo se estacionaba en un garaje subterráneo. Bajó cargando las bolsas y con su pequeño hijo presidiéndole el paso.
- Buenas tardes señora Tsukino - el vigilante del edificio la recibió con un cordial saludo - hace mucho no venía por acá.
- Buenos días Malachite - la sonrisa sincera de Serena hizo sonreír tímidamente al hombre uniformado - El trabajo no me dejaba venir.
- Si, lo se, trabaja en un nuevo proyecto y por cierto, ya compré su nuevo libro, mi esposa dice que es muy interesante - Malachite era un hombre noble y atento. La conocía desde años atrás y era de las pocas personas que no pensaba mal de su relación con Darien.
- Salúdeme a Esmeralda de mi parte - Miró a su hijo que respetuosamente guardaba silencio - Amor, llama el ascensor, esto pesa - le mostró las bolsas y el niño corrió al elevador - Feliz día Malachite.
- Igualmente señora.
Después de ingresar un extenso código en el ascensor, este los dejó en una hermoso penthouse. Este no era como el suyo que tenía un toque familiar. Este era de un estilo minimalista, con muebles en blanco y negro y una que otra fotografía dispuesta por ahí.
- Darien! Espérame! - Una figura extraña entraba a la sala. Darien caminaba desnudo con una hermosa mujer pegada a su espalda, igualmente desnuda.
- Por Dios! - Serena tapó los ojos de su hijo antes de seguir hablando - Darien por favor, si vas a hacer esas cosas no salgas de tu habitación - entre la risa y el regaño, la rubia halaba a la pareja - Y hola Nehe, hace mucho no te veía.
- Hola Serena! - la mujer se bajó de la espada de Darien. Estaba avergonzada - un placer verte de nuevo - y tras decir esto, desapareció por el pasillo.
- Quieres avisar antes de venir? Ese maldito vicio tuyo... - Darien intentó disculparse mientras ponía sus manos en la entrepierna intentando taparse.
- Ya Darien, ve a vestirte, Peru quiere enseñarte algo y te traje la cena - Serena le dio la espalda a su bien dotado amigo y caminó guiando a su hijo hacia la cocina.
Un par de minutos después, Darien y Neherenia entraban a la cocina. No estaban ni tomados de la mano, ni abrazados. Como muchas veces anteriores, ese era un encuentro casual.
- Hola Peru! - la pelinegra abrazó al pequeño que estaba entretenido con una hamburguesa - haz crecido mucho!
- Claro! Han pasado dos años, no ves? - a Peruru nunca le había caído bien la novia de su tío.
- Siempre tan adorable - La mujer ignoró al pequeño y miró a la rubia que comía al lado de su hijo - Perdona el show, no sabíamos...
- Tranquila, me he acostumbrado - la rubia respondió con educación - Y perdona no traerte nada, no sabía que estabas acá.
- Tranquila, ya me iba - removió los cabellos de Peru, le dio un beso a Serena en la mejilla y otro igual a Darien - Nos vemos después - y diciendo eso, dejó a Darien, Serena y Peru solos en la barra de la cocina.
- Ahora si me dicen a qué se debe la sorpresa? - Darien besó en los cabellos a Peru, en la mejilla a Serena, esculcó las bolsas sacando una tercera hamburguesa y se sentó al lado de la rubia.
- Peru quería visitarte y mostrarte un nuevo dibujo y yo necesito de tu ayuda - Se limitó a responder Serena mientras sus ojos divagaban en otro mundo.
Terminaron de comer conversando sobre su día. Darien se entusiasmó con la alegría de Peru por ingresar a la escuela mientras que Serena seguía distraída.
Después de mostrarle a Darien un nuevo retrato, esta vez de su maestra, Peruru se quedó dormido en el sofá. Serena se levantó y fue a coger a su hijo para llevarlo a la habitación de huéspedes, pero Darien se le adelantó, alzó al niño y lo dejó en el cuarto que generalmente usaba cuando se quedaba con él.
El pelinegro volvió a la sala donde encontró a su amiga revisando un extenso documento. Sin decir nada sirvió dos vasos con whisky, se sentó al lado de Serena y dejó los vasos en la mesa de centro.
- Problemas con Diamante, dilemas con la imaginación o desacuerdos con los libretistas? - Preguntó Darien divertido al ver que su amiga parecía removerse los sesos con algo. No soportaba verla sin el brillo de sus ojos o sin demostrar su desbordante alegría.
- Me creerías si te digo que un poco de todo? - Serena el entregó el extenso documento - aunque el último es el que me tiene más molesta.
- Que se tenga el mundo, Serena Tsukino está molesta? - dijo con dramatismo el pelinegro mientras revisaba las hojas por encima y entendía lo que sucedía - Serena, cambiaron por completo tu historia!
- Ajam... - la rubia tomó su vaso y lo bebió de un trago antes de recostar su espalda en el sofá - Lo peor es que ya firmé y no puedo quitarles los derechos. Argumentan que los finales trágicos no venden.
- Ahí entra tu problema de inspiración - dejó el documento en la mesa y tomó el vaso para beber un poco del líquido ambarino - Te pasa siempre que critican tu estilo - acarició con cariño el rostro de Serena - pero donde entra Diamante?
- Llevamos juntos a Peru al jardín - empezó a desahogarse - cuando lo dejamos, intentó convencerme de irnos a su casa - miró a su amigo - Sabes lo que eso significa - meneó una mano como quitando importancia a lo que decía - el caso es que lo rechacé y se enfureció - miró a su amigo con los ojos encharcados por las lágrimas que amenazaban con salir - Darien ese hombre me domina, no soy capaz de mantenerlo a raya mucho tiempo.
- Serena pero lo haz hecho perfecto este último mes - Darien intentaba darle ánimos. Después de su último encuentro con Diamante, la rubia le había prometido negarse y hacerle entender al padre de su hijo que no era una muñeca para jugar - Si de verdad te ama, sabrá entenderte, solo necesita que le abran los ojos.
- Supongo que tienes razón - le sonrió la rubia - solo que la carne es débil.
- Si es por eso, yo puedo hacerte el favor... - Darien entre bromas se insinuó masajeando los hombros de Serena.
- No seas tonto Chiba! - La rubia se removió haciendo que la soltara - Acabas de acostarte con Neherenia de nuevo y vienes a decirme esto? - Serena estaba entre divertida y enojada.
- Qué puedo decir a mi defensa? Soy todo un semental! - agregó orgulloso - Además, la otra vez lo pasamos bien...
- Estaba ebria Darien - Serena lo miró con reproche. En tantos años de amistad no iba a negar que había tenido un par de encuentros en la cama con ese apuesto hombre que tenía al lado, pero era una mujer fiel a sus sentimientos y esos encuentro solo había sucedido en momentos de flaqueza - Estaba ebria y deprimida, tu te aprovechaste de mi - le saco la lengua como si fuera una niña pequeña.
- Tú te metiste a mi cama a llorar, cabeza de chorlito - le sacó la lengua también y ambos rompieron en risas por unos minutos.
Eso era lo mejor de su relación. Durante años habían compartido todo, incluyendo la cama. Pero seguían siendo los mismos. A veces adultos expertos en negocios, a veces niños que se divierten con tonterías. Su amistad era tan fuerte que sin importar que el mundo se viniera abajo, juntos podrían sobrepasar lo que fuera.
- Ahora si, hablemos de algo más serio Daien, necesito que leas esto - la rubia buscó en su bolso otro gran mamotreto y lo entregó a su amigo.
- Vamos entonces a la biblioteca, esto va para largo y no quiero que mi espalda se destroce.
Como siempre que Serena trabajaba en una nueva historia, se reunían para leerla juntos, encontrar detalles a cambiar y mejorarla antes de entregarla a Sammy, Presidente y editor principal de la editorial Tsukino.
Acomodados en dos escritorios, Darien con la historia impresa y Serena con la laptop, pasaron horas leyendo el nuevo proyecto. Entre risas y correcciones la noche avanzó rápidamente. Serena bostezaba frente al computador y Darien ya no leía al mismo ritmo. El cansancio los dominaba.
- Sere... - Adormilado, Darien puso el documento que leía sobre el escritorio - Vamos a dormir, mañana continuamos en mi oficina si quieres.
- Supongo, mañana debo levantarme temprano a llevar a Peru - La rubia cerró el portátil y se puso de pie.
- Yo te acompaño, no tengo citas en la mañana - Darien también se paró y caminaba al lado de Serena hacia la puerta de la biblioteca - Y después desayunamos en mi oficina para terminar con esto, te parece?
- Si, creo que es lo mejor - soltó en un fuerte bostezo.
- Hey! Pero no me tragues, León! - despeinó un poco a su amiga y la abrazó por los hombros caminando con ella por el pasillo que los llevaba a sus habitaciones - Hasta mañana Sere - le dio un beso en la mejilla - te quiero.
- Y yo a ti - le dio un sincero abrazo a su amigo y antes de abrir la puerta de la habitación donde dormiría con su hijo le dio un beso en la mejilla - Gracias por ayudarme.
- No agradezcas nada - la miró a los ojos - tus libros son un éxito y debo asegurarme de vender buenos productos - un beso una vez más en la mejilla - descansa... - y diciendo eso entró en su habitación.
Una vez solo, Darien se lanzó a la cama sin preocuparse por quitarse la ropa o los zapatos. Alzó la mirada al techo y dejó su mente divagar en viejos recuerdos que llegaban con solo pronunciar una palabra.
- Serena... - soltó en un suspiro antes de empezar a viajar en la máquina del tiempo.
- Flashback -
- Serena qué haces acá? - Darien, adormilado, vio a su amiga entrar en su habitación vistiendo la camiseta que él le había prestado para dormir.
- Es que... - Serena caminaba con dificultad gracias a la gran cantidad de alcohol que había tomado en compañía de su amigo - No puedo dormir.
- Ven - Darien se levantó sin importar que solo estuviera en bóxer. Se acercó a Serena y la abrazó contra su cuerpo.
Habían hablado durante horas de la forma en que Diamante la había rechazado porque según él, había quedado gorda después del embarazo y ya habían pasado cinco meses desde el nacimiento de Peru. Desde que había concebido a su hijo, Diamante la evadía una y otra vez.
- Dime la verdad, estoy gorda? - la rubia empezó a sollozar en el pecho de Darien.
- Serena no digas tonterías - La alejó y la miró directamente a los ojos - te vez hermosa.
- Entonces demuéstramelo - Serena se alejó y sin decir más, se quitó la camisa de Darien quedando cubierta solamente por unas provocativas bragas de encaje blanco.
- Serena... - tomando aire y haciendo uso de todo su autocontrol intentó vestir de nuevo a Serena.
- Tu tampoco! Lo vez, estoy gorda, fea y ya no parezco una mujer! - la rubia se movía para que su amigo no la vistiera.
- Dios! Serena te vez perfecta! - Y sin pensar en lo que hacía, se lanzó y atrapó los labios de su medio desnuda amiga con los suyos en un apasionado beso.
Serena respondió con ansia el beso. Estaba completamente destrozada. Sentía que por su descuido no podría despertar bajos instintos en un hombre y Diamante se lo recordaba día tras día. Por eso la fiereza de Darien le devolvía algo de confianza. Necesitaba sentirse mujer, sexy y deseada.
Para Darien era algo que siempre había querido hacer. Aunque respetaba la relación de la rubia con el padre biológico de su hijo, no podía negar que Serena le gustaba desde que la conoció, pero hablar de sentimientos con ella era imposible. Amaba su relación de amistad desprendida, confianza total y apoyo incondicional, temía que todo eso terminara por confesar sus sentimientos.
Movido por la pasión y el deseo, el moreno acostó a Serena sobre su cama, se deshizo de las prendas que los cubrían a ambos y comenzó un torturante pero placentero recorrido por el cuerpo bien moldeado de la rubia con sus labios.
Saboreó los aún hinchados pechos, mordisqueó los sensibles pezones, lamió el plano abdomen y degustó con posesión el delicioso sabor la humedad de Serena. Con cada roce, la rubia gemía fuertemente. El contacto era fuerte y violento, pero era eso lo que necesitaba para volver a confiar en ella misma.
- No vuelvas a decir que estás gorda o fea - Darien se ubicó encima de Serena y le habló con rabia mientras la miraba a los ojos, abría el cajón de su mesa de noche en busca de un preservativo y se lo colocaba.
- Hazlo Darien - le suplicaba Serena sin quitar la mirada de la de Darien - muéstrame que aún puedo despertar los deseos de un hombre.
Sin decir nada más, el pelinegro la penetró de un solo golpe y sin buscar una sensación progresiva, empezó a dar estocadas fuertes y rápidas. Tomó a Serena por las caderas, la alzó un poco para entrar completamente en ella y asumió un ritmo desenfrenado mientras su boca mordía y halaba los duros pezones de su amiga.
La sensación era completamente carnal, estaban teniendo sexo en su más completa definición y ambos gozaban. Los gemidos crecían con cada movimiento y ambos estaban cerca de tocar el cielo.
Un grito sincronizado salió de los dos amantes que alcanzaron el orgasmo al mismo tiempo. Quedaron unidos por unos pocos minutos más mientras sus respiraciones se calmaban y retomaban el aliento.
- Te quedó claro Serena? - Darien rompió el silencio mientras salía del interior de la rubia y se acostaba en su lado de la cama dándole la espalda. Se sentía mal, aunque amaba en secreto a esa mujer y había soñado en más de una ocasión el tenerla entre sus brazos, su fantasía estaba muy alejada de la realidad. Hubiera querido más romanticismo, tratarla como una princesa, como SU princesa, pero no había podido hacerlo - No porque ese imbécil te rechace quiere decir que estés mal.
- Gracias - se limitó a responder la rubia antes de cubrirse con la sábana y quedarse dormida.
La mañana asomó por entre las cortinas del cuarto donde Darien y Serena dormían abrazados sin saber en qué momento lo habían hecho. El pelinegro se sentó en la cama despacio, observó a su amiga por unos minutos y justo cuando iba a levantarse, sintió la dulce voz de Serena a su espalda.
- Lo de anoche nunca sucedió - la rubia no quería arruinar la confianza de Darien - prométemelo.
- Nunca sucedió - Darien volteó a mirarla y se dio cuenta que estaba a punto de llorar - No te preocupes cabeza de chorlito, nada ha cambiado entre nosotros - le dio un beso en la frente y caminó desnudo al baño - Aunque si no quieres que se repita, sería bueno que te vistieras y salieras de mi habitación - le agregó haciendo uso de su buen sentido del humor - amanecer con una mujer hermosa y desnuda a tu lado es una gran tentación.
- Darien! - Serena lanzó su almohada a la puerta del baño y rompió en risas mientras se levantaba - por eso te quiero feito.
- Y yo a ti feita, pero de verdad, ve a vestirte y a alimentar al pobre Peru que ya empezó a llorar - habló divertido Darien desde el baño.
- Fin de Flashback -
- ...Qué debo hacer para que te des cuenta que Diamante no es el hombre para ti? - y con esa pregunta en el aire, se quedó dormido profundamente.
El nuevo día se abrió paso bajo una fuerte cortina de lluvia. Darien ya llevaba un par de horas despierto. Había preparado el desayuno, las cosas suyas, de Serena y de Peru, además de una merienda para que el niño llevara a su jardín. Y como ni su amiga ni su ahijado habían despertado, se encaminó hacia el cuarto que usaban.
La imagen lo enterneció enormemente. Serena dormía de lado abrazando a su hijo que se acurrucaba como un bebé en el pecho de su madre. Los dos se veían felices y cómodos, tanto que daba pesar despertarlos, pero debía hacerlo o el pequeño llegaría tarde a su segundo día de escuela.
- Serena, despierta - con cariño se sentó al lado de su amiga y la movió recibiendo solo un manotazo al aire como respuesta, así que intentó con el pequeño - Peru, hora de levantarse... - el niño imitó el gesto de Serena, cosa que hizo reír al pelinegro a carcajadas. Físicamente el pequeño podía parecerse mucho a su padre, pero la verdad es que su personalidad era una perfecta mezcla entre la de Serena y la suya.
Con cara de travesura, Darien recogió una de las almohadas que reposaban en el suelo y la sostuvo por encima de su cabeza, preparando su atentado.
- Que despiertes, cabeza de chorlito! - gritó alegre el pelinegro y estrelló la almohada en el rostro de Serena.
- DARIEN CHIBA! - una iracunda Serena salió de debajo del mullido cojín y justo cuando iba a pegarle a su mejor amigo una vocecita los hizo reír.
- Ustedes no dejan dormir! Vayan a jugar afuera! - Peru lanzó la frase tapándose hasta la cabeza con la manta y reacomodándose en la cama.
- Debo decir a quién le sacó eso? - Darien preguntó divertido mientras su amiga se levantaba de la cama.
- Bueno, bueno, me vas a ayudar a pararlo o a juzgar mis deliciosos hábitos de sueño?
Después de una corta batalla que terminó con un Peruru enojado bajo la ducha, una Serena apurada y un Darien divertido, los tres salieron juntos del lujoso apartamento. Y tras dejar al pequeño en el jardín, los dos autos deportivos se estacionaron en el parqueadero de las oficinas principales de "Milenio de Plata".
- Buenos días jefe, buenos días Serena! - una alegre Karmesite los recibió abriendo la puerta de la enorme oficina - Me alegra verte de nuevo.
- Ah... Sere... Le debes a Karmesite un par de cajas de pañuelos y un final feliz - Darien apenas recordó contarle a su amiga.
- Los pañuelos te los repongo, el final, no creo poder complacerte - Serena le dio un beso en la mejilla a la secretaria de Darien - por ahora, puedes conseguirnos un par de capuchinos, algunos panecillos y el periódico de hoy? Tenemos trabajo que hacer - la sonrisa sincera de Serena animó a la mujer.
- Claro, una nueva historia en mente? - preguntó la secretaria.
- Una nueva historia en papel - Darien le mostró el mamotreto que había leído durante la noche - Karme, si quieres, puedes tomarte la mañana libre.
- Tranquilo jefe, la invertiré en terminar de leer la novela - la mujer salió de la oficina dejando a los dos amigos solos.
- Bien, manos a la obra mi cabeza de chorlito - Darien se acomodó y siguió con su tarea de leer mientras Serena sacaba su laptop y se preparaba para trabajar.
Las horas pasaron rápidamente. El medio día llegó y ni el pelinegro ni la rubia se dieron cuenta. Solo una corte de mujeres los hizo mirar hacia la puerta de la oficina y dejar a un lado las correcciones de la novela.
- Es mi hermano Karme, entro cuando me de la gana - la voz de Rei sonaba bastante alta e hizo sonreír a los dos amigos que se prepararon para la ecatombe.
La hermosa pelinega irrumpió en la oficina seguida por una castaña alta y bastante agraciada, una peliazul recatada pero hermosa y una rubia coqueta.
- Serena Tsukino, se te olvidó qué día es hoy? - Rei encabezaba una formación de mujeres fingiendo enfado.
- Eh... Qué día es hoy? - La rubia miró a Darien buscando una respuesta pero el moreno estaba en las mismas.
- Iríamos con Amy a mirar el traje de novia, increíble que no recuerdes ni la boda de tu cuñada! - Ahora era Mina, la rubia quien regañaba.
- Chicas déjenla, está trabajando en una nueva novela - Amy, la peliazul, intervino al ver que Darien mostraba señales de enojo por el show.
- Nada de eso Amy - Lita, la castaña, miró a Darien - Podemos llevarnos a Serena? Sea lo que en lo que trabajen esperará hasta mañana.
- Llévensela, hagan lo que quieran pero dejen la algarabía en mi oficina - Darien cerró el documento que tenía en las manos y miró a su amiga - Te mando los apuntes y recojo a Peru, no te preocupes.
- Gracias Darien - la rubia se levantó animada, le dio un sonoro beso a Darien en la mejilla y salió aún metiendo la computadora en el bolso - Te quiero feo! - gritó antes de salir del todo.
- Y yo a ti mi princesa... - soltó Darien en un susurro que quedó en el aire antes de que su mente viajara de nuevo al pasado.
- Flashback -
- Darien ayúdame, por favor! - una rubia de coletas atravesaba uno de los patios de la escuela a toda velocidad - Necesito tu ayuda y no puedes decirme que nooooooooo - la rubia tropezó con una piedra y cayó de frente contra el suelo.
- Hay por Dios, eres una cabeza de chorlito completa - Darien reía mientras corría a ayudar a la jovencita - dime en qué puedo ayudarte.
- Tengo un examen mañana de matemáticas y no quiero que tu hermana o Amy me gocen por no saber nada, dime que me vas a explicar, siiii? - Serena hacía un tierno puchero. Contra eso quién podía decirle que no.
- Te ayudo, solo si mamá Ikuko me reserva un poco de pie de limón para la merienda - Darien se hacía el interesante.
- Te sedo el mío si quieres, no me importa, pero tengo que ganar ese examen o no me dejarán salir en un año.
Entre risas, juegos y charlas, caminaron juntos hasta la casa Tsukino. Llevaban un par de meses de conocerse y pronto se habían vuelto inseparables. Darien cuidaba, protegía y ayudaba a la torpe rubia de coletas. Serena alegraba, divertía e iluminaba los días de Darien. Tanto así que ya ambas familias se conocían bien y no era raro verlos en la casa de uno o del otro.
- Darien que gusto me da verte! - Ikuko Tsukino saludó al pelinegro con cariño mientras lo invitaba a pasar con un familiar gesto.
- Gracias señora Tsukino, a mi también me alegra - como todo un caballero, Darien besó la mano de Ikuko - Le molesta que estudie con con Serena?
- Para nada cariño - acomódense en la mesa para el almuerzo y estudian después - la mujer cerraba la puerta - Serena, tu padre quiere hablar contigo, es sobre la historia que le entregaste hace unos días.
- Historia? - Darien miró extrañado. Sabía que en la única materia que Serena no necesitaba ayuda era en literatura y lenguas.
- No lo sabes Darien? - Sammy, un chico de unos 16 años entraba al comedor cargando aún su mochila - esta tonta empezó a escribir historias desde que llegamos a Tokio - revolcó los cabellos de su hermana con cariño - y papá quiere publicar su primera novela, puedes creerlo? 12 años y con una novela publicada?
- No me habías dicho nada de eso - Darien miró a la chica que ahora estaba más roja que un tomate.
- Samuel! - Serena enfadada se lanzó sobre su hermano a pegarle pero este la abrazó y le dio un tierno beso en la frente.
- Acostúmbrate tontita, la fama llegará pronto a tu vida y serás tu quien alimente a las familias Chiba y Tsukino - Soltó a la rubia y se sentó a la mesa.
Tras un almuerzo alegre entre comentarios de Sammy e Ikuko alabando el talento de Serena y preguntas de Darien por la dichosa novela, Darien y Serena se enclaustraron en la biblioteca a estudiar.
El pelinegro y su paciencia parecían estar agotados con la incompatibilidad de Serena con las matemáticas. Después de tres horas la rubia no lograba hacer bien un ejercicio y en verdad necesitaban un descanso.
- Me esperas me cambio de ropa? - Serena se levantó de la mesa y dio una dramática vuelta como si estuviera modelando. Su uniforme mal llevado, con la camisa por fuera, la falda más arriba de lo debido y las medias abajo le daban un ligero toque rebelde que al pelinegro le llamó la atención de inmediato - No estoy presentable y ahora viene el editor general de mi padre a ver mi creación.
- No te gusta vestirte bien, verdad? - Darien, riendo por el inocente dramatismo de Serena.
- Eso de vestirse de princesa no va conmigo y mi padre insiste en que esté perfecta para aparentar profesionalismo, puedes creerlo? Una niña de 12 años profesional? - la jovencita soltó una carcajada que terminó contagiando a Darien.
- Ve a vestirte entonces, te espero acá - el pelinegro se acomodó.
- Puedo pedirte un favor, tu padre vende los libros que edita mi padre - Serena buscaba algo en un armario - puedes leer algo de esto mientras hago algo por mi apariencia? - le extendió un documento encuadernado con una sonrisa en los labios - es mi primera novela.
- Ve tranquila, aunque no entiendo porque me la muestras, es un documento confidencial, no? - hojeó el documento mientras hablaba.
- Si, pero creo que tienes talento para ayudarme a corregir errores - la sonrisa sincera de Serena iluminaba toda la biblioteca - di que si Darien!
- Está bien, ve - y así se puso a leer el documento.
Era joven, ni había cumplido los 15 años, pero podía reconocer fácilmente la belleza de una mujer y aunque Serena no tenía todo su cuerpo desarrollado, su sonrisa, la inocencia de sus actos y la alegría desbordante le atraían enormemente. No pensaba decírselo, pero era cierto que esa pequeña, en dos meses, se había metido en su mente y en su corazón.
La historia que tenía entre manos hablaba de una princesa a la que le arrebataron todo. Su familia, su prometido, su reino y hasta su vida. Era tan triste y conmovedora que le costaba creer que había sido escrita por la niña alegre que salió de la biblioteca minutos antes. El dolor se podía palpar con las manos, la novela parecía estar escrita por alguien que en verdad sufría mucho, pero conocía a la familia Tsukino y eran cariñosos, amables y para ellos Serena era la princesa de la casa.
Sería posible... No, era imposible que esa princesa de la novela reflejara algo de la princesa Tsukino. Era una idea absurda. Pero con cada página tenía más ganas de conocer a la rubia. Tenía mucho talento, eso no era de negar. Ambos habían crecido entre libros y podía diferenciar una buena historia de una que no tenía futuro y su amiga sí que tenía un buen futuro como escritora.
- Estoy presentable? - la dulce voz de Serena asustó al pelinegro que se quedó sin habla.
Ciertamente, el uniforme no favorecía mucho a su amiga. No era la chica más voluptuosa, pero tenía una delicada figura que se entallaba perfectamente sobre un delicado vestido blanco con tirantes y falda amplia que caía vaporosa sobre las rodillas de Serena. Sus coletas habían desaparecido y el largo cabello rubio estaba decorado con una cinta blanca a modo de diadema y unos lindos zapatos de bailarina cubrían sus pies.
- Princesa... - dejó escapar de sus labios el pelinegro sin pensar.
- Qué? Dijiste algo? - Serena, sonriente, daba una vueltita para mostrar su apariencia.
- Solo que pareces una princesita - Darien se sonrojó al decir aquello. Con Serena solo podía decir la verdad.
- Gracias, pero que quede entre los dos no más, no quiero que me molesten por andar disfrazada de la realeza.
- Esta bien, serás mi princesa en secreto - invitó a Serena a sentarse y tras hacerle un par de comentarios y piropos por la historia, volvieron a las matemáticas.
- Fin de Flashback -
- Jefe, Samuel Tsukino lo llamó mientras estaba reunido con Serena - Karmesite entró a la oficina con confianza - Dice que quiere cuadrar contigo una firma de autógrafos de Serena para el lanzamiento de la película.
- Lo llamaré más tarde - el pelinegro volvía de sus recuerdos con resignación - Karmesite, puedes conseguirme un ramo de rosas amarillas y una tarjeta en blanco?
- Regalo para Serena, señor? - Para la secretaria de Darien, igual que para Andrew, no era un secreto que el pelinegro quería más de lo debido a su amiga.
- Si - soltó un suspiro - recordé algunas cosas y me dio por comprarle rosas - con sus ojos demostró que había sido pillado.
- Está bien jefe, algo más? - Karmesite escribía todo en su agenda.
- Sí, pide almuerzo para tres, comeremos con Peru hoy.
- Me invitará a comer? - haciéndose la inocente, la pelivioleta y esbelta mujer respondió.
- Otra dramática? - le sonrió con complicidad - y gracias por todo Kar...
- Por nada jefecito - Karmesite trabajaba para Darien desde que asumió la presidencia de las librerías. Era una mujer atenta y confiable, además de perspicaz, cosa que hacía que el trabajo en conjunto fuera perfecto.
Mientras, en una tienda de novias, las chocas jugueteaban con vestidos mientras Amy hacía su aparición. Serena miraba con ilusión el vestido que siempre había soñado usar en su boda, que obviamente, tendría que ser con Diamante. Lita revoloteaba con algunos vestidos de dama de honor, en compañía de Rei. Y Mina revisaba los accesorios que complementarían el vestido de Amy.
El sonido del celular de Serena alarmó a las cuatro chicas. Todas miraron el bolso con recelo. Siempre que a Serena la llamaba alguien, era sinónimo de una huida inmediata. Con una sincera disculpa en su rostro, la rubia tomó el teléfono y lo llevó a su oreja.
- Hol...
- Serena Tonta, dónde diablos estás? Te estoy esperando hace una hora! - la voz de su hermano mayor atravesaba la bocina con un volumen exagerado.
- Sammy! Lo siento, estoy con Amy y las chicas viendo el traje de novia... - se disculpó al recordar que su hermano la había citado en la mañana para hablar de "algo" y luego a almorzar.
- Dale un beso de mi parte a Amy y vente ya para la oficina! - aún estaba enfadado, aunque no era nada nuevo para él, siempre era lo mismo - Y encarga a alguien a tu demonio, no quiero verlo revoloteando por ahí.
- Cuando tengas hijos, Samuel, te vas a dar cuenta que es imposible no llevarlos contigo todo el tiempo - le soltó enfadada - Pero tranquilo, antes de llevarlo a la cueva del ogro, prefiero dejarlo con un verdadero caballero.
- Quieres dejar de hablar así? Hablo en serio Serena, tenemos que hablar de trabajo y Peruru te distrae.
- Ya Sam... - Dijo resoplando - voy para allá y Darien recogerá a Peru, contento?
- Pobre hombre Serena, déjaselo al padre - otro regaño más. Aunque Sammy era muy estricto, en verdad amaba a su hermana y a su sobrino. Pro en su vida solo había cabida para Amy y el trabajo.
- Voy para allá, no molestes - la rubia colgó el celular y miró a sus amigas - Lo siento chicas pero Samuel no anda de buen humor...
- Ya sabemos, te vas de nuevo - Lita se acercó con unos vestidos en la mano - Deberías darte unas vacaciones Serena, tu vida solo gira alrededor de Peru y tus libros, descansa en algún momento!
- Lo haré Lita, después de que salga la película de mi libro - alzó su mano derecha - lo prometo.
Y así salió la rubia camino a las oficinas de la editorial Tsukino. Conducir a la oficina de su hermano siempre era un motivo de tensión. El maniaco del control de Samuel Tsukino era todo lo contrario a ella y siempre terminaban peleando por cualquier cosa.
- Buenos días Jefe - Serena sonriente se paraba en la puerta de la oficina de su hermano con una pose militar - ya puede respirar tranquilo.
- Dime qué voy a hacer contigo Serena! - Sammy, con su pulcro y bien llevado traje, se levantó, caminó hasta su hermana y le dio un dulce abrazo.
- Quererme Sam, quererme - le sonrió como cuando era niña y se sentó sobre el escritorio - Lánzalo, qué quieres de mi? Te adelanto que aún pulo mi próxima novela.
- Haber reina de la tragedia - Sammy se quitó el saco, aflojó su corbata y se sentó sobre un cómodo sofá. Ya estaba acostumbrado a la informalidad de las reuniones de trabajo con su hermana - Planeo hacer una firma de autógrafos por todo Japón antes del estreno de la película con la que dañaron tu libro, ya leíste el libreto?
- No me lo recuerdes - La rubia se quitó los tenis y montó los pies a la mesa - pero la firma ayudará a que quieran la historia original, estoy de acuerdo - caviló algún pensamiento - cuándo comenzamos el viaje?
- Cuadraré con Darien eso y deberás llevar a tu hijo contigo, la gente ama a ese demonio - soltó entre risas Sammy - Ahora, quieres ponerte los zapatos, buscar algo decente que vestir y venir a almorzar con mamá y papá?
- Qué tengo de malo? Los jeans son cómodos - Serena miraba su ropa. Un jean azul petróleo, una camisa de botones blanca transparente que le quedaba algo holgada pero que dejaba ver su esbelta silueta interior, cubierta solo por un sostén rosa palo.
- Olvídalo, vamos, nos esperan en un restaurante del centro - Sammy se levantó y salieron juntos.
En una enorme mansión en las afueras de Tokio, un apuesto hombre de cabellos platinados caminaba de un lado para otro como una fiera enjaulada.
- Mira Diamante, estamos quebrados y a menos que consigas algo que remedie esta situación, la familia BlackMoon se irá al olvido - un joven de cabellos rojos regañaba a su hermano mayor.
- Rubeus, no es mi culpa que dilapidaras la plata de papá - Por fin lo miró - yo puedo salir adelante, ya pensé en algo, pero tu, no se que harás.
- Claro! Como la madre de tu hijo es millonaria y corre a tus pies cuando te da la gana de buscarla! - Rubeus alzaba la voz poco a poco - Soy tu hermano menor, piensa en mi!
- Eso debiste pensarlo antes de hacer torcidos con las empresas de papá - Diamante miró una fotografía en el escritorio - Agradece que Zafiro renunció a todo y se marchó, porque seguramente te mandaría derecho a prisión.
- Diamante no lo harías...
- No me tientes Rubeus - cogió una chaqueta de cuero - Iré a recoger a mi hijo, necesito convencer a Serena de que quiero vivir con ella o terminaré en la calle del todo y gracias a ti.
- Te vas a arrepentir Diamante, si me dejas solo te vas a arrepentir! - con esa amenaza en el aire, Rubeus quedó solo en el despacho. Su hermano le daba la espalda y se las cobraría, tarde o temprano.
Moñona de capítulos... Estreno fic con dos capítulos, ya tengo hasta el 5 escritos, pero si se portan bien,d e acá a mañana les dejo todos...
