A/N: Esto era originalmente un solo fic, pero la inspiración traiciona y como todos siguen el mismo hilo, se quedan juntos.

Notas: Uso de nombres humanos, Paola Sanchéz es mi versión Nyo! de Pedro Sanchéz (MexicoNorte). Alex, Josue Alejandro/Joshua Alexander, OC de Texas. (Propiedad de Chillis)

Género: Family/Humor

Rating: K

Disclaimer: Solo es mio lo que no es de nadie.


¿Quién dijo que ser padre era fácil?

"Es un mundo completamente nuevo, un mundo lleno de aventuras y nuevas vivencias, de nuevos sentimientos." Habías leído una vez en una de esas revistas de maternidad que las mujeres suelen comprar, que tu mujer tenía en la casa.

Tú, Alfred F. Jones, estabas totalmente de acuerdo con ello, criar a un niño era algo totalmente nuevo para ti. Hay cosas que no te enseñan en la escuela, cosas que no vienen en tu disco duro –cof en el de los hombres cof-, cosas tan simples como darle la comida a tu hijo.

Estabas sentado en el suelo de tu nuevo living, ¡nuevo y renovado living!, habías tenido que decir adiós a los muebles sobrios con puntas peligrosas, mientras le dabas la bienvenida a los juguetes por todas partes y las paredes rayadas con los adorables, y nada legibles, dibujos de tu pequeño.

Oh, sí que era un mundo nuevo.


— Alex — susurro Alfred el nombre de su hijo. — Tu mommy ha salido, así que solo quedamos tú y yo.

El bebe de grandes ojos avellana observaba a su padre mientras este le hablaba. Tenía sus mejillas enrojecidas. Vestía un mameluco color tinto. Su cabello era castaño, un tanto más claro que el de su madre, y como aun no aprendía a hablar se limito a balbucear. Lo que realmente trababa de hacer, era preguntar dónde estaba su mamá, pero Alfred no comprendía prácticamente nada.

—Tu madre es la experta en traducción. — Comento rascándose la nuca algo avergonzado. — Tratare de adivinar, ¿okay? — Hizo una pausa breve. — Are you hungry? ¿Tienes hambre? — Repitió la pregunta en los diferentes idiomas, pues ese era el consejo de la abuela para enseñarle ambos al pequeño.

Momentos después Alfred tenía un biberón en la mano y lo mantenía a la altura de los ojos del bebe, mientras intentaba en vano que bebiera un sabroso y exquisito jugo de zanahoria, cualquiera podría asegurar que esa no era exactamente el ideal de mañana perfecta del rubio.

—Tienes los mismos ojos de tu madre— le dijo sonriendo tranquilamente. El bebé lo observó curioso. Alzó sus manos mientras reía. — ¿Quieres darme un abrazo? — preguntó un poco sorprendido al notar los movimientos de su hijo. El pequeño, riendo, comenzó a jalarle el cabello cuando sus manos tocaron la cabeza del mayor. El hombre tan solo aguantaba el dolor con una sonrisa en sus labios. El pequeño Josué Alejandro, o Joshua Alexander, dependiendo a cuál de sus progenitores le preguntaras, miraba divertido a su padre pues había encontrado un juego nuevo. Hacer enojar a dad.

Paola había partido temprano en la mañana porque tenía turno en el hospital, usualmente trabajaba muy poco y siempre que lo hacía, Alex se quedaba con su abuela materna. El pequeño Jones era los ojos de sus abuelos, todo lo que el menor podría querer, sus abuelos lo tenían para él… Que vida, ¿no?

La castaña había dejado una lista pegada en la pared de la cocina con las tareas que Alfred debía hacer:

9:00 Bañar y vestir a Alex

11:00 Alex jugo de zanahoria

11:30 Alex siesta

¡Llego a la hora de almuerzo, amor!

Pd: Nada de jugar afuera Alfred, hace mucho frío. Pd2: Nada de galletas con chocolate para Alex, mucha azúcar. Pd3: ¡Que Alex NO vea televisión!

Paola

Eran las 12:30 y Alejandro aún no se vestía y menos se había tomado su maldito jugo de malditas zanahorias. Alfred gruñía cada vez que miraba ese maldito papel.

Jones se dio por vencido, salió del living en dirección a la cocina, estaba solo un poco malhumorado, ¿como él, Alfred F. Jones, no iba poder obligar a su hijo de tres años a tomar un jugo?

La respuesta no tardó en llegar, el mayor sonrió triunfante.

Alex intentaba formar una torre con sus legos cuando vio a su 'pá llegar, tenía una mano atrás de la espalda y con la otra le mostraba el feo biberón con el jugo adentro.

—Te propongo un trato, baby— le dijo su padre, el bebé lo miró interesado − Tú tomate el juego de mommy y yo, te dejo comer las cookies – le mostró el paquete que tenía escondido en su espalda.

La criatura estiró sus pequeños bracitos en dirección al biberón, y bajo la atenta mirada de su padre se bebió hasta la última gota. Que niño más inteligente, es hijo mío.

Alejandro tiró el biberón al piso y apuntó a las galletas, el mayor sonrió y tomó al bebé en brazos.

Very good, Josh— lo felicitó orgulloso. —Creo que podemos ver un rato tele, ¿no? — el pequeño movió frenéticamente su cabecita en asentimiento.

14:30 PM.

En la habitación principal se encontraban los dos hombres de la casa, envoltorios de galletas y frituras adornaban el piso junto a una botella de Coca-cola.

Alfred y Alex figuraban recostados en la cama matrimonial, el mayor llevaba solo unos vaqueros gastados, que dejaban ver claramente el hueso de la cadera y el pequeño seguía en pijama.

La habitación era amplia y sus paredes estaban pintadas de blanco, la mayoría de los muebles combinaban con el color de las paredes. Una amplia ventada daba al las montañas y el otro ventanal daba paso al jardín trasero.

La cama era tamaño king, a petición de Alfred, y el rubio podía asegurar que no se habían equivocado de tamaño al elegirla, con todas las cosas que podía hacer con Paola…-ejem- pero esa es otra historia.

En una de las esquinas, reposaba tranquilamente la lámpara de pie favorita de Paola, Mary se la había regalado el día de su matrimonio y ahora la lámpara se mecía tranquilamente con el viento que entraba por la ventana abierta.

'No salgas afuera con Alex, hace frío…'

Los dos machos estaban viendo tranquilamente un partido de soccer, Alfred no era muy fan de ese deporte en especial, pero al ver que a su hijo le divertía esos palos que se movían, lo dejó.

Después de terminar un paquete de galletas, vino otro y después otro y luego más jugo y así.

Los minutos pasaban y el pequeñín parecía aburrido de ver la tele, ahora otra cosa atraía su atención: la lámpara bailarina.

El mayor no se dio cuenta que el infante se había bajado de la cama y ahora caminaba hipnotizado mirando el objeto que se movía.

— ¡Oh vamos, estaba al lado, métela al arco imbécil! — mascullaba al ver que los cabrones, como diría su muy amada esposa, no podían hacer ni un decente gol.

"Van cerca de la portería, quedan los últimos 2 minutos de partido, señores y el Real está empatando a menos que uno de nuestro jugadores saque la cara por el equipo y aquí viene la estrella…"

Alex sonrió divertido al escuchar a su dad decir esas malas palabras, tomó con sus manos el cuerpo bailante de la lámpara y comenzó a mecerla hacía él.

"Se acerca a la portería y el número 8 bloquea pero no se la puede y viene Y VIE- SEÑORES!"

La pesada lámpara cedió ante la fuerza del mini-Jones y cayó sobre él.

— ¡GOOOOOOOOL! — gritó el mayor, miró a su lado buscando al pequeño para celebrar con él, al no verlo escaneo la habitación preocupado. Oh, fuck me.

El infante lo miraba sentado en el piso, con carita se circunstancias y miraba los pedazos rotos de opalinas que estaban esparcidos por el piso.

— ¡Alexander!− Alfred llegó donde el pequeño estaba en un abrir y cerrar de ojos, lo tomó en brazos y comprobó que no se hubiera lastimado- ¿Are you okay baby? – le preguntó preocupado a su casi copia en pequeño.

El menor observó con atención el desastre que había provocado, mientras tanto en la televisión seguían celebrando el triunfo del equipo ganador.

— ¡Alfred, bebé, ya llegué amor! —

Ambos se miraron, uno horrorizado y el otro… pues el otro sólo se reía.

— ¿Chicos, dónde están? — Se escuchaba la voz de la castaña desde el piso de abajo –Aquí arriba, love— Contestó el rubio, al tiempo que dejaba al pequeño en la cama y apresuradamente comenzaba a limpiar el desastre de comida que tenían sobre ella y el piso.

− Alfred, ¿Dónde está mi beb- ¡ALFRED JONES QUE PASÓ AQUÍ!− 'Oh fucking Shit…'

El pequeño Alex que seguía sentado en la cama miró a su dad y vio como este le guiña un ojo. Aplaudió y se rió más fuerte, tenía al mejor papá de todo el mundo.

Que pasó después del grito de Paola, bueno es algo que se quedará en esas paredes, pero hay veces que no se puede hacer nada para arreglar la comadrería que hay entre hombres y menos las que hay entre padre e hijo.

Y eso era algo que Alfred sí sabía muy bien.