Por amor a quien realmente eres, no quien deberías ser
Las puertas del gran salón se abrieron. Por ella entró el Rey, seguido de su séquito.
El Señor de Invernalia, permanecía sentado sobre su silla, observando la llegada del Rey. Gendry era el Rey, sí, pero había insistido en guardar las formas. Estaba en tierras de Lord Stark, en el frío Norte.
―Lord Stark, me presento ante vos.
―Bienvenido a Invernalia, mi Rey ―Lord Rickon se levantó y se agachó ante el Rey, pero este le obligó a levantarse.
―Dejémonos de formalidades. He venido a Invernalia con una razón.
Jon volvió a su asiento, con sus hermanas: Lady Sansa y Lady Arya. Robb había muerto en la Guerra de los Cinco Reyes, Bran se había quedado Más Allá del Muro. Y Jon.. Bueno, su destino todavía era del todo desconocido para los Stark.
―Entonces, mi Rey, ¿a qué habéis venido a Invernalia?
―He venido, Lord Stark, a pedir la mano de vuestra hermana. Para que ella sea mi reina y la Reina de Poniente.
Rickon miró a sus hermanas. Sansa sonrió, espléndida. Arya bajó la mirada. Estaba claro que el Rey, que Gendry, más bien, había venido a por la más bella de las Stark. Parecía un sueño hecho realidad, lo que su tía Lyanna y Robert Baratheon no pudieron hacer, unir los dos linajes. Ya fuese por amor o no, pero no lo hicieron. Y Sansa… Su matrimonio con el enano había sido invalidado, así como nunca llegó a haber enlace alguno en el Valle, ni con su heredero ni tampoco con Meñique. Pero Sansa quería casarse, siempre lo había querido.
Y seamos francos, merecía tener la boda de sus sueños. Y un rey, el Rey de Poniente, era el mejor partido. Sansa ya tuvo la opción de casarse con un rey, pero Gendry era mucho mejor.
―Estoy seguro de que mi hermana Sansa se complacerá en aceptar su petición, majestad ―confesó Rickon.
El Rey miró confundido.
―Disculpad, Lord Stark, pero no es con vuestra hermana Sansa con quien deseo casarme.
Los tres Stark se miraron confundidos. Rickon sin saber qué decir. Sansa, asustada. Y Arya, curiosa.
―¿No?
El Rey negó con la cabeza.
―No, Lord Stark. He venido a pedir la mano de vuestra hermana Arya. Aquella con quien viajé durante un tiempo. Aquella de quien, ciertamente, me enamoré. Y Lady Sansa… No pretendo deshonrarla. Si lo desea, puede venir a Desembarco del Rey, vivir en la Corte, esta vez sin miedos, y buscar a un hombre que pueda hacerla feliz. Pero… es con su hermana con quien deseo pasar el resto de mi vida. ¿Qué decís, Lord Stark?
Rickon miró a Arya, quien no sabía qué decir. Desde que volvió a Invernalia, había vuelto a ser más mujer, dejando que le creciese el cabello, por ejemplo.
―¿Qué dices tú, hermana?
Arya miró al Rey.
―¿Podré cazar, montar a caballo, batirme en duelos…?
―No me casaría con vos si os dedicaseis a coser y cocinar.
Arya sonrió.
―Entonces me casaré con vos, mi Rey.
