Lo primero, gracias a los que habéis comentado, subiré siempre que pueda, intentaré subir uno cada semana e intentaré hacer los capítulos más largos, I promise~
Aclaraciones: En esta historia, muchos países conservan sus fronteras y sus nombres actuales, a pesar de estar basado en el siglo XV o por ahí –ni yo misma lo sé-, aunque también hay otras fronteras modificadas, por ejemplo, la frontera entre Alemania y Rusia.
Cap 2: No eres el único que tiene problemas.
El día de la muerte del rey de Francia tampoco fue un día feliz y tranquilo para Ludwig Beilschmidt, heredero del trono de Alemania, y Gilbert, su hermano mayor y regente. Ambos se enfrentaban a una gran amenaza que les había dejado largos días fuera de su hogar. Apenas unas semanas antes, un desconocido, un traidor, había reunido a un grupo de militares y, actuando por su cuenta, habían destruido una ciudad cercana a la capital rusa. Ambos reinos llevaban años en tensión, y ese ataque había sido la gota que colmó el vaso. Gilbert, al enterarse de que el que dirigía el ataque en persona era el mismo zar Iván Braginsky, decidió ir hasta allí para aclarar lo sucedido y negociar la paz. Su plan consistía en viajar solo, pero a mitad de camino el joven Ludwig se le unió. El rubio llevaba varios días siguiéndole en secreto y cuando decidió que ya estaban demasiado lejos de casa para que le mandase de vuelta, apareció de entre los arbustos como si nada, con una leve sonrisa que se le formó al ver la cara del mayor.
-¿Qué demonios haces tú aquí? –gritó Gilbert con su potente y ronca voz al ver la silueta del otro frente a él.
-¿No puedo? Esto te incumbe a ti tanto como a mí –replicó el alemán mientras dirigía a su caballo hacia el prusiano. Su voz sonaba firme y decidida, aunque en su interior aún seguía sonriendo por la impresión que le había causado al albino.
Ya en el frente, las cosas se habían puesto muy difíciles para los germanos, que tuvieron que refugiarse en un amplio bosque cercano. Desde luego, Iván se lo había tomado muy en serio.
Con la bruma, que parecía ocultarlo todo a posta, no pudieron evitar separarse. Ludwig dejó de sentirse tan seguro ante la ausencia de su hermano y más inseguro se sintió cuando de pronto todo el bosque quedó en calma. Ya no se oía el zumbido de las balas y ni los pasos apresurados de los soldados, ahora tan sólo se oía el silencio, un silencio estremecedor e inquietante que ponía de los nervios al joven alemán.
No supo con certeza cuánto tiempo estuvo buscando a Gilbert, hasta acabar desorientándose por completo.
-¡Scheiße! –murmuró Ludwig mientras caminaba sin rumbo fijo, vigilando a su alrededor, atento a cualquier señal de vida que pudiera aparecer. Pero esta no apareció y su preocupación no hizo más que aumentar con el paso de las horas. Empezaba a cansarse de tanto andar para nada, y aún no había ni rastro ni de Gilbert ni de ningún otro ser humano. A pesar de estar completamente solo, se sentía vigilado y cada poco se daba la vuelta, o incluso, a veces se sobresaltaba con el ruido de sus propios pasos. El verdadero susto llegó cuando reconoció una silueta huyendo entre la niebla. Se giró a tiempo para verla un segundo, antes de perderse de nuevo en la nada. No llegó a reconocer quién era, ni a qué bando pertenecía, pero sólo el hecho de encontrárselo le devolvió las fuerzas. Con el corazón a punto de salírsele del pecho, echó a correr tras él.
Tras una corta carrera le perdió la pista. Se paró a tomar aire y analizar el sitio donde se encontraba. La niebla era menos espesa, pero no conseguía divisar ningún árbol, por lo que dedujo que debía haber llegado a un claro. Un claro en el que le esperaba una desagradable sorpresa.
Estaba sentado en el suelo tratando de pensar algún plan que le sacase de aquel siniestro lugar cuando divisó más siluetas, esta vez caminando lentamente hacia él. Se puso en pie de un salto, entrecerrando los ojos intentando reconocerles. No debían ser más de cuatro, uno de ellos iba en cabeza, los otros, unos pasos más atrás. Daba la impresión de que al cuarto lo llevaban por la fuerza…
A Ludwig se le cortó la respiración cuando reconoció a Gilbert. Tenía las manos atadas a la espalda y a su lado, los dos hombres forcejeaban con él constantemente para evitar que se escapase. Ludwig tenía la vista clavada en el prusiano y sólo se fijó en la figura del que parecía ser el cabecilla cuando lo tuvo peligrosamente cerca. El alemán se sobresaltó y le miró de arriba abajo; era un hombre vestido de negro, el más alto de todos, con diferencia además, y también el más imponente. Sus ojos violáceos, cargados de ira, contrastaban fuertemente con su sonrisa, aparentemente tranquila.
-Vaya, mira a quién tenemos aquí –su voz le produjo a Ludwig un escalofrío, que se esforzó en disimular- Tenía muchas ganas de hablar contigo, da~.
El ruso dejó escapar una leve risa, parecía divertirle la situación, aunque de pronto su expresión se tornó seria y su sonrisa se desvaneció. Por el uniforme que llevaba Ludwig, se imaginó que tendría un cargo importante, cosa que le venía muy bien.
¿Sabes quién soy? –dio un paso hacia él, quien por acto reflejo retrocedió.
El germano intentó conservar la calma, aunque su hermano no ayudaba mucho. Seguía revolviéndose, lanzando miradas asesinas a sus captores y algún que otro codazo cuando encontraba la ocasión. A los pobres hombres les estaba costando lo suyo retenerle. En cambio, al más alto no le costó mucho hacerle parar. Se dirigió al prusiano y le lanzó una mirada de advertencia, que el otro ignoró. Con gesto cansado, le dio una patada en la rodilla izquierda, la cual ya tenía lastimada. Gilbert soltó un grito de dolor y cayó al suelo de rodillas. Ludwig también reaccionó, avanzó un paso hacia ellos soltando un sonoro "¡Nein!", que llamó de nuevo la atención del grupo.
-Aún no has respondido a mi pregunta –reprochó el ruso encarándose con él- ¿Sabes quién soy?
Ludwig hizo todo lo posible por desviar la mirada de su hermano, procurando que su voz sonara firme.
-Eres Iván Braginsky, wahrheit? (¿Verdad?)
Iván asintió, de nuevo con esa sonrisa inquietante asomando tras su bufanda.
-Entonces supongo que ya sabrás por qué estoy aquí, nyet?
-Es todo un malentendido, esos militares…
-Ya sé que es un malentendido –cortó con impaciencia- Después de todo, no tengo más remedio que creerte, da? Pero…Es que no es la primera vez que hay malentendidos entre nosotros…-desvió la mirada hacia el suelo, recordando las numerosas quejas y discusiones de sus padres acerca de esos temas, temas a los que él no daba importancia, hasta que le tocó resolver uno. Porque para eso estaba ahí, para pasar frío y aburrimiento hasta encontrarse con unos desconocidos y ponerse a hablar de temas inútiles e incómodos. Pero esta vez no sería así. Tenía un plan. Este sería el último enfrentamiento, o al menos, uno de los últimos.
Ludwig tensó la mandíbula, no le gustó nada el tono que empleó Iván.
-No tiene por qué haber más enfrentamientos, yo mismo me encargaré de que los culpables…
-Basta –volvió a cortar el más alto- todo eso está muy bien, pero…Yo tengo un plan mejor.
Sonrió y se dio la vuelta para mirar a Gilbert, que había escuchado toda la conversación en silencio, cosa rara para él, a decir verdad. El prusiano se estremeció al notar la mirada de Iván clavada en él y alzó la vista, intentando adivinar qué era lo que pretendía. El ruso se estuvo unos momentos en silencio, para después girarse de nuevo hacia Ludwig.
-Te importa mucho, ¿Verdad? –preguntó agachándose al lado de Gilbert.
El menor no sabía qué contestar, la pregunta le había pillado por sorpresa. Hizo amago de contestar pero guardó silencio. Gilbert ladeó la cabeza, también estaba desconcertado, ¿A qué venía ahora eso? El ruso resopló y analizó por última vez la expresión del rubio, que seguía indeciso con su respuesta. Sin decir nada más, cogió del pelo al albino, obligándole a echar la cabeza hacia atrás, y desenvainó una daga que llevaba atada al cinturón. Gilbert se puso tenso al notar el filo de la daga contra su cuello. Lo mismo hizo su hermano, que apenas podía contener ya los nervios.
-¿Por qué no contestas? –preguntó Iván mientras ponía una mal fingida cara de decepción- Si no significa nada para ti –miró de reojo a su rehén- entonces, no te importará si pruebo mi daga con él, da? –apretó la daga contra su piel, haciendo que un hilillo de sangre bajase por el cuello de Gilbert, que observaba atentamente los movimientos de Ludwig, disimulando inútilmente el miedo que le paralizaba los músculos sin remedio.
-¡Sí me importa! –exclamó Ludwig intentando controlar su nivel de voz- Bitte, no es necesario derramar más sangre.
El alemán mantenía la mirada fija en el filo. Mientras, Iván, satisfecho, se encogió de hombros.
-Entonces está decidido –anunció mientras retiraba la daga y la volvía a enfundar. Se incorporó, alejándose unos pasos de Gilbert, para alivio de ambos hermanos. Alivio que duró poco- Me lo llevaré para asegurarme de que no incumples tu promesa, da?
Tanto Gilbert como Ludwig se quedaron mudos ante la idea del ruso.
-¿Q-Qué promesa? ¿De qué hablas? –logró balbucear el menor.
-De la que estás a punto de hacer~ -contestó Iván con satisfacción, todo marchaba según el plan- Es fácil, tú ahora vuelves con los tuyos e informas a tu rey de nuestra promesa, da? Sólo tiene que prometer que su gente no volverá a molestarme durante una buena temporada y yo a cambio prometo cuidar bien de mi rehén –con una amplia sonrisa miró al prusiano y les hizo un gesto a sus hombres para que le pusieran de pie, cosa que Gilbert no les puso nada fácil, pero a base de tirar y tirar lograron levantarle.
-No puedes llevártelo –protestó el alemán con los puños apretados y todos los músculos en tensión.
Iván le dirigió una mirada burlona.
-¿Por qué no?
-Porque…Porque él es el gobernante de nuestro reino.
Buscó con la mirada la aprobación de Gilbert, temía haber hablado más de la cuenta, pero por un momento este pareció estar tan confuso como Iván, cosa que no le ayudó mucho a calmar los nervios.
-¿De verdad eres un rey? –Iván se giró hacia su prisionero con gesto de sorpresa, cosa que agradó enormemente a Gilbert.
-Ja, algo así, no te lo esperabas, ¿Eh? –alzó la barbilla con arrogancia- Estás nada menos que ante el regente del trono de Alemania.
A pesar de todo, la sorpresa de Iván no tardó en ser sustituida por una completa indiferencia.
-No importa, ya se buscarán a otro.
Miró por última vez a Ludwig, dio otra orden a sus hombres y se pusieron en marcha, dejándole atrás y llevándose a Gilbert a rastras mientras este forcejeaba y gritaba toda clase de insultos y amenazas, para mayor desesperación de sus captores. El joven príncipe se quedó un rato estupefacto pensando en lo que acababa de pasar. Se habían llevado a su hermano ante sus propias narices. Tenía que volver. Tenía que hacer algo, y rápido.
El germano abrió lentamente los ojos. Sentía un martilleo terrible en la cabeza y la luz de la mañana, que se colaba intensa por los enormes ventanales, le cegó, haciéndole soltar un quejido. Intentó moverse, sin mucho éxito, su cuerpo no quería obedecerle. Cuando se le aclaró la vistasSe fijó en el techo de la habitación en la que se encontraba, le parecía muy familiar; era la suya. Poco a poco empezó a recordar qué había ocurrido. Tras el encuentro con Iván Braginsky en el bosque, había echado a correr hasta más no poder en un intento inútil de salir de la zona, cosa que consiguió un par de horas después, en las que, siguiendo el curso de un río, llegó hasta una gran villa de casas pequeñas y humildes, construida en ambos lados del río y unida por un ancho y austero puente de piedra. No paró más que lo justo para comprar comida y agua, a pesar de estar atardeciendo se negó a pasar la noche allí. Avanzó a paso rápido, disminuyendo la velocidad obligado por el cansancio, no quería perder las fuerzas antes de tiempo. Por desgracia eso le fue inevitable. La falta de sueño y el agotamiento hicieron mella en él y a los pocos días de haber partido de la villa, se encontraba deambulando por un mal marcado camino de grava, haciendo un gran esfuerzo para dar cada paso y luchando por mantener los ojos abiertos hasta que no pudo más. Cayó rendido y la vista poco a poco se le fue nublando. Cuando despertó, ya en palacio, pensó que se trataba de un sueño cruel, que cuando despertara, si es que llegaba a despertar, estaría de nuevo tirado por el camino. Pero no, estaba allí. Lo había logrado.
Aún aturdido, hizo un nuevo intento por levantarse, lo que llamó la atención de una mujer con delantal que miraba distraídamente por la ventana y se acercó con pasitos rápidos a ayudarle. Hablaba muy rápido, no dejaba de moverse ni un segundo y su voz sonaba temblorosa, al igual que el resto de sus gestos.
-Menos mal que habéis despertado, mein herr –murmuró casi con desesperación- Nos teníais muy preocupados, cuando vimos que no volvíais…Ay... ¡Algunos empezaban a pesar que habíais muerto! ¿Dónde se encuentra vuestro hermano? Nadie ha vuelto a saber tampoco de él…Ojalá se encuentre bien...
Ludwig arrugó la frente, buscando una manera de explicarle lo sucedido a esa dramática dama a la que casi se le salían las lágrimas de la emoción. Guardó silencio un momento intentando ordenar sus ideas y después le relató todo lo sucedido de la forma más clara y simple que pudo. La damita escuchó su relato en silencio, suspirando y ahogando grititos exagerados, cada vez más nerviosa, moviéndose en el sitio constantemente. Cuando el príncipe dejó de hablar, salió de la habitación. Ludwig se preparó mentalmente para lo que se le venía encima. Reproches, preguntas, decisiones, más y más preguntas, cada vez más incómodas y pesadas...Algo le decía que al finalizar el día acabaría deseando no haberse despertado.
Time for reviews~!
Bueno gentecillas del mundo, al final de cada capítulo me dedicaré a responder a vuestros comentarios. ¿Por qué? Porque tengo mucho tiempo libre y lo he visto hacer en más de una ocasión.
Namakemono97: Tú no hables mucho que tu nick tampoco es lo mejor del mundo xD Y claro que sé quién eres, lo sé con solo mirarte la foto (Que por cierto, yo no tengo, muy mal)
Incestyaoiland: Merde, ahora yo tampoco puedo dejar de ver a Arthur vestido así ;_; Se supone que la caja solo tiene cuadrados en la tapa y los malos malos...No los voy a desvelar, aunque con este capítulo creo que ha quedado bastante claro x3
Kayrekampa: ¡Pronto dejaré de ser principiante! O eso espero...Aun así me alegro de que te haya gustado^^. No sé quién le habrá dado el café, pero lo que ha hecho debería ser ilegal xD
