29 de Agosto del 2005

Spinelli llegó a su primera clase del día y tomó un asiento justo al lado de su mejor amiga Gretchen. Era cierto que cuando niña no era buena en matemáticas, pero desde que supo acerca del pequeño "negocio familiar" y sobre lo que sus padres esperaban de ella, no tuvo más opción que estudiar toda clase de cosas que un espía secreto del gobierno debe saber, porque por más divertido que parezca en las películas, ser espía es un poco como ser astronauta, todos quieren ese trabajo, pero no se puede ser tonto para obtenerlo.

Había conseguido entrar a clase de Cálculo Avanzado gracias a la ayuda que Grundler le había brindado durante la secundaria, hasta que, por fin, pudo entender la materia por sí misma, e incluso le tomó cierto gusto.

Gretchen se giró hacia ella cuando la vio tomar asiento.

-Es bueno saber que tomaremos esta clase juntas.

-Sí, me imagino que te sientes bastante sola en el resto de las clases avanzadas a las que los mortales no conseguimos entrar.

-Tú estás en clases de arte de verdad. A los demás nos enseñan a hacer dibujos con el nivel de un niño de kínder –ciertamente el talento más marcado de Spinelli seguía siendo el arte. Tenía planeado convencer a sus padres de dejarla entrar a la Universidad de Nueva York para estudiar pintura como una fachada para su vida de agente secreto, y una vez que terminara, simplemente no serlo. Ejercer su carrera (y su vida) y no la de sus padres.

-¿En serio esas son sus clases de arte? ¿No estudian las características de las vanguardias? ¿Del barroco? ¿Romanticismo? ¿Nada?

-No entiendo una maldita palabra de lo que dices, Spin.

-Bien, ahora al menos sabes cómo se siente el resto del mundo cuando hablas sobre… no sé… cualquier cosa.

-Disculpen el retraso –las interrumpió la voz de un hombre de aproximadamente 35 años que entraba al salón de clases en ese momento. –El tráfico es terrible a esta hora –agregó mientras escribía "Dr. Michel Smith" en el pizarrón. –Bien, permítanme presentarme, soy el Dr. Smith, y quien se atreva a llamarme "profesor" o "maestro" está reprobado en automático. Tengo un doctorado, no lo olviden. Seré su instructor en la hermosa asignatura de Cálculo Avanzado.

La clase comenzó sin más preámbulos. Las chicas escribían lo que el Dr. Smith explicaba, Spinelli con más calma que Gretchen (no porque lo entendiera mejor, claramente, sino porque no le preocupaba o interesaba tanto como a ella).

-Perdón, Dr. Smith –interrumpió Gretchen después de 15 minutos de clase, -creo que cometió un error.

De inmediato, todos en la clase giraron la vista hacia ella. Tenían los ojos como platos y algunos de ellos habían dejado caer la quijada al no poder contener el impacto. Silencio sepulcral en el salón.

-¿Dónde está el supuesto error, señorita Grundler? –Dijo él, con un tanto de altanería, tratando de proteger el orgullo que se le había puesto en juego.

-En la tercera derivada, el resultado no me cuadra.

Inmediatamente, Spinelli notó también el error, y juraría que muchos otros en la clase también, pero no se atrevió a decir nada. Justo cuando Smith giró la vista hacia el pizarrón, se borró de inmediato su sonrisa en el rostro.

-Todos, a excepción de la señorita Grundler, tienen el resto de la clase libre.

Las dos chicas intercambiaron miradas ante las palabras del maestro. Spinelli murmuró un "te espero afuera" y Gretchen, quien pudo leer perfectamente sus labios, asintió.

Llegó la hora del almuerzo, y con ella, el momento en que los seis chicos se reunirían para intercambiar experiencias acerca del primer día de clases. El primero en llegar a la cafetería fue TJ Detweiler. Se colocó en la fila, justo detrás de Gordy, o sea, nadie con quien pudiera entablar ninguna conversación. Cada vez que de reojo alcanzaba a percibir las puertas abrirse, giraba la mirada para observar si se trataba de alguno de sus amigos, hasta que en uno de esos momentos, le cubrieron los ojos desde la espalda. Eran unas manos suaves, que él sabía, no podrían pertenecer a nadie más que a una persona en el mundo.

Inmediatamente tomó esas manos entre las suyas, y sin dejar de sujetarlas, se giró para recibir a Spinelli con una sonrisa que ella le devolvió. De repente, sin darse cuenta, ella tenía el rostro inclinado hacia arriba, mirando fijamente a los ojos de él, que se inclinaban hacia adelante junto a su cabeza, haciendo que las caras de ambos trazaran dos líneas paralelas, mientras él sostenía las manos de ella contra su pecho. Cualquiera que los viera en ese momento, penetrando el espacio personal el uno del otro, podría haber jurado que eran los novios más enamorados del mundo. Excepto porque no eran novios.

-Oh, por favor, consigan una habitación y dejen que la fila avance.

Las palabras del chico que se encontraba justo detrás de TJ los hicieron salir del trance y caer en la cuenta de la posición en que se hallaba. Inmediatamente rompieron el contacto visual, fingiendo que nada había ocurrido, y, tras percatarse de que la fila se había recortado frente a ellos, caminaron hacia el frente, uno al lado del otro avergonzados.

-Uhm… ¿quieres pasar tú primero?

-Oh… sí, claro –respondió ella mientras se colocaba frente a él.

Una vez que cada uno tuvo su bandeja con comida, fueron a ocupar asiento en una de las pocas mesas libres de la cafetería. No pasaron cinco minutos antes de que los seis estuvieran juntos.

-Entonces, ¿qué tal estuvo su día? –Indagó Vince, al percatarse de que nadie hacía conversación por centrarse en su comida.

-Pues hoy Gretchen corrigió a un maestro –se apresuró en decir Spinelli, "Oh, esa mirada de 'te voy a matar' de Gretch no tiene precio" pensó.

-Doctor -aclaró ella-, y tampoco fue la gran cosa.

-¡Wow! –Exclamó Gus- ¿corregiste a alguien con un doctorado? ¡¿En el primer día de clases?!

-¿Qué si lo corrigió? ¡Debiste de haberlo visto cuando se le quitó la sonrisa del rostro al darse cuenta de que se había equivocado! Por cierto, Gretch –"Esa mirada de nuevo, qué divertido es hacerla enojar"- ¿qué pasó cuando se quedaron solos en el salón?

-¡Wuuuuuuuuuuu! –Todos los chicos se apresuraron a hacer burla antes de que Gretchen pudiera decir algo.

-¡Oh, vamos, Gretch! ¡Sólo es broma! –Dijo Mikey, quien seguía siendo el más dulce de todos, al notar la molestia de su amiga.

-¡Hey! ¿Qué van a hacer hoy? –TJ cambió el tema.

-Tengo el primer entrenamiento del año, viejo –apuntó Vince. –La temporada inicia en tres semanas y nos tocará abrirla.

-Yo iré a las audiciones para las porristas –confesó Spinelli. –Mi madre me está obligando –aclaró después de notar todas las miradas sobre ella. No estaba mintiendo, sus padres le habían dicho que ser una porrista le ayudaría a adquirir ciertas habilidades que le ayudarían a ser un espía, y ella accedió sólo para que dejaran de insistir. Odiaba ese tema de conversación con ellos.

Spinelli agradeció a sus adentros que la campana sonara antes de que alguien pudiera hacer cualquier comentario al respecto. Se apresuró en dejar su charola en el sitio correspondiente y salió del lugar hacia su próxima clase.

Cuando llegó la hora, Spinelli se encontraba entre muchísimas chicas aspirando exactamente a lo mismo: entrar al grupo más exclusivo de toda la preparatoria. Ella lo logró sin problemas, todo lo que había aprendido en clases de ballet hacía que convertirse en una porrista fuera cosa de niños. Sin embargo, parecía ser que de entre todas las chicas que lo consiguieron, ella era la única que no estaba entusiasmada con el hecho. O al menos eso es lo que pensó Jessica Weber cuando la vio.

Jessica, también conocida como Jess, sería la encargada ese año de dar uniformes a las chicas nuevas del equipo. La entrenadora Williams los tenía guardados en su oficina, siempre tenía de todas las tallas (un rango muy bajo de tallas, tomando en cuenta la clase de chicas que entraban a las porristas). Corresponderían dos juegos para cada chica, de modo que ninguna tuviera excusa cuando se necesitaría presentarse dos días consecutivos con él (también porque había chicas que lo llevaban a diario, pero esa es otra historia).

-Muy bien, novatas, síganme.

Y con estas palabras las condujo por un pasillo hasta llegar a una habitación llena de artefactos deportivos. Abrió la puerta y les indicó que esperaran afuera. Al cabo de unos minutos, salió con montones de ropa en las manos sólo para encontrarse con que las Ashleys, miembros del equipo de porristas, molestando a las nuevas.

-O sea, ¿y tú qué te crees que haces aquí, Spinfea?

-O sea, ¿no tienes suficiente con haber arruinado el nombre de Ashley? ¿Ahora quieres arruinar el equipo de porristas con tu presencia?

-Me complacería también arruinar sus caras con mi puño, pero alguien se me adelantó.

-¡Hey! ¡¿Qué hacen ustedes aquí?! –Jessica reaccionó a la situación antes de que se volviera más tensa.

-O sea, sólo veníamos a ver a nuestras nuevas amigas.

-Sí, pero, o sea, ¿cómo es que aceptaron a eso en el equipo?

-Eso no es de su incumbencia, fuera de aquí.

-Eres una aguafiestas, o sea, de lo peor, Jessica. –Y con eso, las cuatro chicas se marcharon.

Jessica repartió los uniformes a todas y una por una se fueron retirando, hasta qué al final sólo quedaron ella y Spinelli.

-Oye, Ashley, ¿cierto? Lamento lo ocurrido con aquellas chicas.

-En realidad, debo decir que prefiero que me llamen Spinelli, y por favor, no te preocupes por eso. En serio, estoy acostumbrada; desde el kínder no he dejado de pelear con ellas.

-¡Wow! Entonces se conocen desde hace mucho tiempo.

-Algo, sí. Tampoco voy a fingir que soy ninguna clase de víctima, el semestre pasado puse gusanos en su casillero –Jessica rio.

-¿Entonces fuiste tú? Debo decir que no me encanta que la gente se comporte de ese modo, pero por Dios, la cara que pusieron el día de los gusanos fue épica.

-Valió la semana entera de detención.

-Y a todo esto: odias a las Ashelys, no te veías entusiasmada cuando te aceptaron y, no te ofendas, pero no parece que tengas la personalidad de la mayoría de las chicas que quieren ser porristas. ¿Qué demonios haces aquí?

-Mi madre me obligó. ¿Tú qué haces aquí? No pareces la clase de persona engreída que las porristas suelen ser.

-Me gusta esto. No me gusta la gente. He tenido que aprender a separar las cosas. No voy a dejar que nadie se interponga entre las cosas que me interesan y yo.

-Bien, eso suena genial. Jessica, ¿cierto? Supongo que nos vemos en el entrenamiento del jueves.

-Seguro, será un placer encontrarte por aquí.

Y con eso, Spinelli abandonó la sala. Jessica espero un momento para asegurarse de estar sola y se desplomó en un asiento de la oficina.

-Por favor, Jess –se dijo a sí misma,- no lo hagas de nuevo.

Jenny Griswald bajó corriendo las escalaras de su casa. Ella sabía que su primo la visitaría esa tarde. Había llegado la noche anterior a la ciudad y ambos estaban ansiosos por verse. Así que, cuando escuchó el timbre, supo de inmediato que sería él. En cuanto abrió la puerta, lo vio ahí, con la sonrisa que siempre tenía cada vez que se veían. Lo abrazó por los hombros y él a ella por la cintura.

-¡Gus! ¡Te extrañé tanto!

-Y yo a ti, Jenny.