I

El muchacho de ojos verdes


—¡Amigo! ¿Tienes grupo de trabajo? —bien, que tonta soy. Acabo de ver al muchacho y ya lo estoy llamando "amigo". Yo que él simplemente me ignoro, sí, esa es una buena idea.

Mi nombre es Isabella Swan, pero prefiero se llamaba Bella o Bells, tengo dieciséis años y ahora le estoy hablando a un desconocido. Soy bajita, tengo ojos color chocolate y me adoro leer. Cabello hasta los hombros de color marrón y piel blanca.

Ahora ya soy una universitaria y estoy dispuesta a afrontar todos los retos que se me vengan. ¿Buen discurso, verdad?

Me lo acabo de inventar, en lo que ese muchacho me da una respuesta.

—No. —dice negando con la cabeza.

—¿Quieres trabajar conmigo? —bueno no solo conmigo, pensé. Con mi grupo que es otra chica más.

—Ya…—pobre muchacho, está muy asustado. Creo que debo de parecerle un tanto extraña.

Me acerque a su sitio. Me parece un tanto simpático. Tiene ojos verdes como las esmeraldas, una sonrisa muy linda y sus largos cabellos son dorados y están todos alborotados. Sexy. Ropa linda que resalta su tan perfecta figura.

—¿Cómo haríamos el trabajo? —su voz insegura me saca de mis pensamientos. —¿Nos agregamos al Facebook o algo?

—Ya, me parece bien. ¿Cómo te busco? —pregunto.

—Edward Masen. —dice.

Digito en mi —muy antiguo— celular su nombre y me topo con una foto de perfil que confieso me parece atractiva.

—¿Cómo te busco a ti? —dice.

—Bella Swan. —digo.

Digita cada letra con delicadeza en su iPhone. Un chico con dinero, pienso.

—No te encuentro, ¿esta eres tú? —pregunta riéndose dejando a relucir sus dientes. Me muestra un listado de cuentas con mi mismo nombre, ninguna soy ella.

—¿Me permites? —digo tomando su móvil con mis manos.

—Claro.

Su celular se siente frágil en mis manos. No está tan cuidado pero es un celular que siempre soñé con tener. ¿Y si lo tomo fuertemente y huyo a Japón con él? Al fin y al cabo solo sabe mi nombre.

Escribo mi nombre completo y rápidamente encuentro mi cuenta de Facebook, le doy en la opción "Agregar a amigos" ya que yo aún no mandaba la solicitud.

—¿Te parece si también trabajamos con Ric? Se sienta a mi lado y creo que no tiene grupo…—dice. Su voz se va perdiendo en el ambiente.

—Perfecto. Ya somos cuatro entonces, solo lo coordinamos bien y hacemos el trabajo.

—Listo. —dice. Y la conversación quedó zanjada.

Las clases siguieron con total normalidad. Llevaba apenas dos días y ya tenía muchas cosas por hacer. Tareas, trabajos, algunos en grupo —como este— y otros individuales. Era todo un caos mi cabeza. Por suerte tenía ya una amiga, se llamaba Angela.

Angela Weber se sentaba a mi izquierda, era pequeña y vivía a una hora de la Universidad. Como era verano iba con short y dejaba al relucir sus piernas, no perfectas pero sí bronceadas. Era un poco relajada y creo que apenas se peinaba pero era la única con la que me hablaba así que creo que tendré que hacer todos los trabajos con ella. ¿Qué puede pasar?

Eran poco más de la una de la tarde y eso significaba una cosa: salida. ¡Genial! Otro día había acabado y aunque era jueves me sentía tranquila. Sí, tenía muchísimo por hacer pero por alguna extraña razón estaba tranquila.

Tomé mi mochila, me la coloqué en el hombro y salí. Esta vez Angela no estaba conmigo así que me tocaba ir sola. Estaba saliendo y pude notar una silueta familiar caminar de manera apurada hacia la parada de los buses.

Caminaba muy rápido, tanto que a lo lejos podía pensar que era un tanto extraña su manera de caminar. Mi mente empezó a imaginar cosas pero saqué todo eso de mi cabeza. No tenía tiempo para pensar en otras cosas, esa no era mi prioridad ahora.

De camino a casa hacía un resumen de mi día, como siempre hago. Tenía que pasar por mi hermana y, como mi horario no ayudaba mucho, iba tarde.

Cuando llegué a la escuela ahí estaba. La saludé, tomé su mochila —con ruedas— con mi mano libre y empezamos a caminar directo a casa. Preguntándole en el camino cómo había sido su día. Yo no quería decir nada con respecto al mío.

Llegué a casa junto con mi pequeña hermana. Su nombre es Alice y tiene ocho años. Bueno, no es tan pequeña. Tiene cabello negro y es mi pequeña duende.

Mi mamá, René, estaba cocinando. ¿Saben? Envidio totalmente el poder que tiene mi madre para cocinar, yo intento hacer algo y me da dolor de estómago. Ya lo intenté.

Luego de haber almorzado y ver online un capítulo más de nuestra serie de TV favorita, me encargué de la limpieza. Soy una especie de adicta a la limpieza, tengo la sensación de que si no lavo un plato cobrará vida. Sí, estoy loca.

Ya había dejado el comedor limpio. Tampoco es que tengo una gran casa y la limpieza sea trabajosa. En verdad, vivo en un pequeño departamento o como le digo yo, mi hueco de Hobbit. Contamos con una sala-comedor-cocina, un baño y dos habitaciones: una para mí y la más amplia para mi madre y Alice. La casa no es tan grande pero estamos cómodas. Es nuestro hogar.

Me senté frente al ordenador para revisar mi correo. No tenía nada. Entré a la página de Facebook y empecé a digitar mi clave. No había nada nuevo, salvo algunas publicaciones dignas de un like. Al lado derecho pude ver mi lista de amigos conectados. Un nombre me llamó la atención.

Edward Masen.

Se encontraba en el tope de mi lista, conectado desde su ordenador me informaba Facebook.

Algo en mi reaccionó. Por alguna extraña razón en mi rostro se formó una sonrisa. No soy de las que inician las conversaciones así que decidí revisar su cuenta.

Había fotos de viajes pasados, de él cuando era niño, de su familia. ¡Wow! Sí que estaba diferente ahora. No es que sea un Adonis pero definitivamente me parece un chico atractivo. Creo que tengo una especie de "maldición", siempre considero guapo a muchachos mayores que yo. Y justo tenía la edad de un amigo mío que viajó hace poco más de un año. Tenía 21 y no solo eso, cumple años el mismo mes que yo. ¿Coincidencia? Tal vez.

Había cerrado mi cuenta así que decidí buscar algo que hacer. Tenía algunas tareas que podía avanzar pero opté por pasar el tiempo de otra manera. Me coloqué los audífonos, puse un tema en mi celular y empecé a pensar en el chico de ojos oscuros y el por qué, en cuestión de horas, me causaba sensaciones extrañas.