Osomatsu se encontraba en lo alto de una azotea con los pies apoyados en el borde de la cornisa mirando hacia abajo, había por lo menos veinte pisos de caída. Asustado, dio dos pasos hacia atrás.
"¿Piensas caer o actuar?"
Osomatsu se sobresaltó y miró al dueño de la voz, era él mismo susurrándole a escasos centímetros del oído. Solo había una cosa que les diferenciaba: la sudadera. La del doble era de color rojo como era común, pero la del verdadero Osomatsu estaba formada por una mezcla de rojo, azul, verde, morado, amarillo y rosa.
"No hay opciones de actuar, solo me queda…" pensó Osomatsu mirando hacía el vacío con miedo.
"Siempre hay maneras de actuar, pero quizás ninguna nos lleva al final deseado"
A Osomatsu no le dio tiempo a reflexionar las palabras del clon, antes de darse cuenta estaba cayendo, ni siquiera recordaba cuando había saltado. Cerró los ojos esperando el golpe, pero tardaba en llegar, eso provocó que los volviera a abrir encontrándose con él mismo cayendo, un reflejo originado por las cristaleras del edificio. Se fijó mejor en los colores que formaban su sudadera, los colores de sus hermanos.
"Si caigo…Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu, Jyushimatsu y Todomatsu caerán conmigo"
No quiero
Entonces se despertó.
Temblaba, tenía miedo. Miró a su alrededor, todo era blanco: el color de las paredes, la cama donde se encontraba recostado y… nada más, no había nada más en esa habitación donde había pasado los últimos tres meses viviendo. En un principio se adaptó bien, pero cada vez le costaba más seguir respirando entre esas cuatro paredes sin notar asfixia. Lo peor, hacía semanas que sus hermanos y él no recibían visitas.
La puerta de la estancia se abrió y aquel demonio entró junto a dos del personal de seguridad. El Matsuno tenía ganas de empujarlos, a ella y a los que la protegían, quería huir de aquel lugar, pero pudo controlar sus impulsos una vez más.
–Buenos días Osomatsu–le dijo la mujer con aire tranquilo.
–Todomatsu–contestó convencido.
–¿No hemos mejorado en nada eh? –comentó suspirando mientras apuntaba en su libreta–. Me preocupa después de tres meses.
Osomatsu no contestó, simplemente desvió la mirada en silencio.
–¿Has tenido una pesadilla? Estas sudando y pareces alterado.
–Estoy bien, déjeme ir–dijo con tono serio. Odiaba que la psicóloga siempre se percatara de esas cosas.
–No puedo ni me dejan. Escucha Osomatsu, como tu psicóloga te recomiendo que…
–¡Todomatsu! –gritó Osomatsu a todo pulmón, nada extraño, era muy normal escuchar gritos de la mayoría de pacientes.
–Tus hermanos murieron, despierta por favor–dijo la mujer esta vez con tono preocupado.
Osomatsu abrió los ojos de par en par y sintió un fuerte pinchazo en la zona del corazón. Nada en él reaccionaba, no era capaz de moverse, su cerebro quería pensar pero el resto de su cuerpo hacía un esfuerzo para evitarlo.
–Ellos si hubieran sobrevivido al parto serían diferentes en personalidad a tu invención ¿No ves que todo esto es una mentira?
Osomatsu en el fondo lo sabía, claro que lo sabía, incluso sumergido en la locura, su parte de lógica seguía viva en alguna parte de su cerebro. Era consciente que estaba soñando, el único problema era que quería vivir ese sueño eternamente. Cuando despertaba y escapaba unos escasos segundos de su locura se veía sumergido en una pesadilla que no soportaba, por eso huía y volvía a su mundo.
Sigue soñando
Sigue siendo feliz
Era la misma lógica quien se rendía y le decía esas palabras.
–Soy Todomatsu.
Atsuko tenía una fuerte depresión. En un principio comenzó tomando valerianas por consejo médico y la cosa se agravó hasta tener la necesidad de tomar ansiolíticos. Habían pasado unas semanas desde que todo salió a la luz y cada vez más personas se acercaban a la ciudad para visitar la tumba de los cinco sextillizos pequeños. En parte parecía algo bueno porque si sus almas estaban junto a su tumba jamás se sentirían solos, pero por otra parte eso le había traído más problemas.
En el psiquiátrico no dejaban visitar a Osomatsu, debido a la popularidad del caso muchos fans descubrieron que estaba internado allí y el centro tuvo muchos problemas evitando que entrara gente del exterior. Finalmente llegaron a la decisión de aislarlo para alejarlo del tema "matsus", incluso Atsuko sospechaba que lo habían apartado también de los otros pacientes y que estaba solo.
Sus problemas no terminaban allí, escasos días atrás fue a su casa el padre de Osomatsu completamente borracho y la empezó a amenazar. Los padres de Atsuko por suerte llamaron a la policía y se lo llevaron, pero la chica no interpuso ninguna denuncia por respeto a su amigo y tenía miedo de que volviera otra vez. Entendía perfectamente a los padres de Osomatsu ¿Cómo no entenderlos? Habían perdido al único hijo que les sobrevivió en aquel parto infernal y lo peor, unos extraños eran conocidos en todo el mundo como sus hijos. Porque siendo sinceros, las personalidades de Karamatsu, Choromatsu, Ichimatsu, Jyushimatsu y Todomatsu eran inventadas, quizás en verdad sus personalidades reales eran completamente opuestas. Quizás Ichimatsu tendría que haber sido el chico más alegre de toda la ciudad y Jyushimatsu un chico serio y estudioso.
–¿Eeeeh? Esa personalidad es aburrida–dijo un Jyushimatsu imaginario contestando aquella pregunta que Atsuko no había pronunciado en voz alta.
–Sería como si Jyushimatsu se transformara en pajamatsu.
–Oe Totty ¿¡A quién llamas pajamatsu!?
Los hermanos de las sudaderas verde y rosa comenzaron a "pelearse" mientras el de sudadera amarilla fingía un posado serio. Atsuko no pudo evitar forzar una sonrisa melancólica ante la escena.
–Ha pasado mucho tiempo desde que se lo llevaron–murmuró un chico de sudadera morada y con un aura negra desde una de las esquinas de la habitación–. Tendríamos que pensar una manera de sacar de allí al patán de nuestro hermano mayor.
–¡Yes brother! Se me ha ocurrido que podíamos…
–Pero es un psiquiátrico, es imposible colarse–dijo Todomatsu cortando e ignorando a su hermano mayor Karamatsu.
–Si vosotros existierais, todo estaría bien–susurró Atsuko.
–Si nosotros nos volviésemos reales las cosas seguirían estando mal, de manera diferente, pero mal–dijo Todomatsu.
–No somos sus hermanos, somos sus falsos hermanos ideales, nuestros padres jamás nos aceptarían, nos ven como falsificaciones–razonó Choromatsu.
–Es difícil de pensar y explicar, –dijo Ichimatsu–. El deseo de todos es que esos bebes revivan, dan por hecho que tendrán nuestra personalidad. Pero no tiene por qué ser así y se decepcionarían si el milagro ocurriera, seguramente odiarían toparse con la realidad, Osomatsu el primero.
–Pero puede que de alguna manera seamos nosotros ¿no? –dijo alegren Jyushimatsu, era el único que no parecía preocupado.
–Quizás sea posible, pero solo en un mundo donde existan los milagros–susurró Karamatsu mirando a la nada.
–Mientras tanto…–llamo la atención Ichimatsu que comenzó a caminar hacía Atsuko–…solo somos unos simples fanarts.
Atsuko no contestaba, no sabía que decir, simplemente miraba a las alucinaciones que su mente creaba. Se llevó las manos a la cabeza y se la apretó como si intentara detener a su propio cerebro. Su cordura estaba empeorando, cada vez las alucinaciones eran más reales, sentía que a ese paso acabaría como Osomatsu. Pocas eran las veces ya que su cerebro pensaba sin crear las figuras de los sextillizos, estaban comenzando a extinguirse. Se preguntaba una y otra vez como había acabado todo así, como unos dibujos en un cuaderno habían evolucionado a ese monstruo, un monstruo capaz de distorsionarles las mentes a ella y a Osomatsu, un monstruo que se había dado a conocer en todo el mundo.
¿Y ese monstruo era bueno o malo?
La puerta de su habitación se abrió, era su madre. Esa distracción provocó que las alucinaciones se esfumaran, Atsuko agradecía en parte esa vuelta a la normalidad.
–Han llamado del psiquiátrico, mañana volverán a permitir las visitas a Osomatsu. Al parecer a algunas personas del centro no les ha gustado nada ese extremo aislamiento.
Atsuko suspiró aliviada, se había quejado varias veces de esas medidas y por fin la habían hecho caso. No le extrañaba, Osomatsu tenía alucinaciones pero jamás mostró ningún tipo de violencia que pusiera en peligro a su alrededor, era demasiado tranquilo y no se merecía tal castigo. Seguramente ni sabía lo que estaba ocurriendo en el exterior y que la verdad había salido a la luz.
–Mañana pasaré a verle sin falta.
Atsuko cumplió su palabra y al día siguiente a primera hora de la mañana cogió el bus dirección el hospital psiquiátrico. Estaba muy nerviosa, no sabía que decirle, recordaba perfectamente lo que le dijo la psicóloga. Tenía que decirle la verdad a su amigo y no seguirle el juego.
Cuando llegó se llevó una buena sorpresa, estaba la madre de Osomatsu hablando con él. No era extraño que una madre visitara a su hijo, pero no lo había hecho hasta ese momento, Atsuko quería pensar que por miedo a cruzarse con la realidad.
Atsuko se acercó con cuidado y Osomatsu descubrió su presencia, pero no dijo nada. La madre no se percató de que la chica estaba a su lado.
–¿Qué pasa mama? –preguntó alterado. Atsuko sabía que era Jyushimatsu por el tono de voz que utilizaba.
–Lo siento…es culpa mía–comenzó a decir la madre llorando–. Tenía que haber hecho algo y en cambio, dejé que la impotencia te convirtiera en esto.
–No entiendo–dijo Osomatsu haciendo muecas como las que haría Jyushimatsu, pero esta vez a diferencia de las otras veces carecían de realismo y parecían forzadas. Estaba muy tenso.
–No tendría que haber hecho caso a tu padre y a los demás, tenía que haber luchado junto a ti para castigarles–prosiguió hablando su madre.
Atsuko no entendía nada ¿castigar a quién? Lo más importante, ¿Por qué Osomatsu temblaba de esa manera?
–Por favor, despierta cariño, no quiero perder al último de mis niños.
Osomatsu al escuchar las últimas palabras de su madre, se levantó de la silla cómo un resorte y echó a correr hacía la puerta para salir de la sala, los vigilantes se asustaron y le persiguieron. La madre de Osomatsu solo pudo quedarse sentada mirando desde el otro lado del cristal como su hijo desaparecía.
La mujer comenzó a llorar más fuerte. Atsuko sintiendo lastima por ella, sacó un paquete de pañuelos del bolso y se lo entregó. La madre se quedó sorprendida al verla, pero no dijo nada hasta que se secó las lágrimas.
–Quiero hablar contigo, vamos fuera.
La chica entendió muy bien porque quería hablar fuera, toda la sala les estaba mirando, incluso los trabajadores del centro. Todos parecían estar al tanto de la historia de los sextillizos y no podían hablar tranquilas en un lugar público sin que nadie vendiera la conversa a los medios.
Salieron y se sentaron en un banco de la entrada. No era muy apartado y solitario porque era muy utilizado por las visitas que querían salir a tomar el aire o fumar antes de su turno, pero siendo el psiquiátrico un edificio solitario en la montaña, no se atrevían a ir más lejos de la parada de autobús.
–El día en el que le conté la verdad a mi hijo…–comenzó a hablar la mujer finalmente–se la conté toda, incluso lo que ocurrió para que sus hermanos nacieran así, muertos.
–¿Hubo una razón?
Atsuko no se esperaba eso, daba por hecho que la muerte de los bebes había sido natural. No se había imaginado que pudiera haber una causa.
–Hubo una…negligencia médica–la voz era entrecortada, seguía llorando–. Ese error médico acabo con cinco de mis bebes. Osomatsu y yo sobrevivimos de milagro. Me quedé muy enferma, no era capaz ni de andar, mi marido tenía que llevarme en brazos a todas partes hasta que logré recuperarme. Obviamente, también entré en depresión. Mi hermana se encargó de Osomatsu sus primeros meses de vida, yo tardé meses en poder cogerlo sin desgarrarme por dentro, me recordaba todo lo ocurrido cada vez que le miraba.
Atsuko temblaba con cada palabra, "no puede ser" pensaba.
–Quería denunciar al hospital, ese error había hecho que no conociera a los que sin duda hubieran sido cinco de mis seis angelitos. Incluso dejaron secuelas de salud a Osomatsu, el único que me quedó. Pero no pudo ser…
–¿Por qué no denunciaste? –gritó Atsuko, pero no de rabia, era dolor.
–Eso me gritó Osomatsu cuando se lo conté–dijo la mujer que cada vez podía retener menos lágrimas en sus ojos–. Pero todos me decían que era imposible, que jamás ganaría el juicio. Era uno de los hospitales más famosos de Japón y…tenían muchos abogados contratados contra los que no podía competir una familia normal cómo la nuestra.
–No puede ser, tenía que haber una manera…
–No la había pequeña, el mundo no es nada justo. Yo obviamente sentí culpabilidad, rabia, tristeza, negación, odio…había noches en las que soñaba en mis seis bebes señalándome mientras gritaban que no entendían un mundo donde sus asesinos no experimentaban ningún tipo de castigo, Mi marido y todos los que me rodeaban intentaban restarle importancia al asunto, decían "no les dio tiempo a vivir, no eran personas del todo". Pero no aceptaba esas explicaciones.
–Osomatsu tampoco lo hizo…–Atsuko comenzaba a entenderlo todo.
–Tampoco lo hizo…–repitió la madre con un hilillo de voz–. De alguna manera Osomatsu siempre sintió que le faltaba algo, desde pequeño me lo decía y me horrorizaba, parecía algo sobrenatural y no lograba comprenderlo. Obviamente cuando le dije la verdad algo en él estalló, en un principio quiso vengarse pero yo me negué a decirle en que hospital ocurrió y los médicos que intervinieron. Tuvimos muchas discusiones al respecto pero siempre me mantuve firme en callarme, finalmente se rindió, pero de alguna manera eso solo le llevó a acumular más sentimientos negativos.
–Él lo ve como un asesinato, que asesinaron a sus hermanos y le arrebataron su propia salud.
–Sí, me arrepiento tanto de las cosas que le grité, no es verdad que Osomatsu se haya aprovechado de la memoria de sus hermanos, lo sé. Después de todo, Osomatsu es el único que los ha tocado con vida, aunque fuera dentro de mi cuerpo, él de alguna manera los siente como hermanos pequeños a los que incluso después de muertos tiene que proteger.
–Es extraño ¿no? –y triste pensó Atsuko, pero no se atrevió a decirlo en voz alta–. Parece como si hubiera algún tipo de conexión entre ellos que jamás ha desaparecido.
La madre de Osomatsu asintió y volvió el silencio. Ninguna de las dos se sentían incomodas, estaban demasiado sumergidas en sus pensamientos. De allí no se movieron hasta un largo rato después, hasta que encontraron las fuerzas para levantarse y continuar.
Jyushimatsu
Osomatsu recorría los pasillos pensando en su madre, en todo lo que sentían los dos en esos duros momentos. Incluso se había olvidado de que ese día había decidido ser Jyushimatsu. Los cuidadores del centro le llevaron a la sala de ocio. Por suerte cuando le permitieron recibir visitas otra vez, también le permitieron juntarse otra vez con los otros pacientes.
Conocía a la gran mayoría, algunos le resultaban terroríficos, entre ellos había asesinos. Se alegraba mucho de la gran seguridad del centro en momentos así, también de la prohibición de objetos contundentes que pudieran utilizarse como armas. Osomatsu se hablaba con pocos internos, sobretodo desde que se enteró que él ya era el "famoso sextillizo", los familiares de los internos se habían encargado de darles esa información.
No paraba de preguntarse qué había pasado en el exterior para que su popularidad estuviese así de elevada, le incomodaba en cierta manera. Es cierto que él mismo se había hecho famoso inventándose un fanart suyo, pero nadie sabía antes que existía. Cuando se notaba que era él o uno de sus hermanos, las personas de su alrededor simplemente pensaban que era un otaku de cosplay.
Después de mucho pensarlo, se decantó por leer uno de los libros que yacían esparcidos por el suelo, era de misterio y obviamente, fino y de tapa blanda, los de tapa dura y gruesos estaban prohibidos por poder usarse como armas. Se sentó junto a Aya, uno de los pocos pacientes con los que entablaba conversación, era una chica de 22 años que se volvió loca tras descubrir la gran cantidad de infidelidades que cometió su novio en sus cinco años de relación. Cuando una noche después de tener sexo con él le cortó el pene, decidieron ingresarla allí.
–Hace tiempo que no me comunico con mi padre, me siento triste–sonó una voz de hombre.
Osomatsu no apartó la vista de su libro, sabía perfectamente quién era por la voz, otro de los pacientes con los que más hablaba o más bien, era aquel hombre el que entablaba conversación con él siempre que podía. Pocos sabían su nombre verdadero y si lo sabían era porque se le escapaba a alguna enfermera o lo leían en algún expediente, la razón de esto era muy simple: creía que era el hijo de Dios y solo quería ser conocido como "el mesías", por eso estaba ingresado. Se rumoreaba que antes de ser recogido y llevado al psiquiátrico era vagabundo.
–Tu padre es muy injusto, si no fuera así ahora no estaría aquí, estaría en casa discutiendo con cinco idiotas iguales a mí.
–No es injusto, envía a las personas al cielo, o eso dicen, en verdad siempre le he querido preguntar si es verdad.
–Cuando te conteste avísame, tengo muchos milagros que pedirle–replicó Osomatsu con desgana.
–Los milagros nunca ocurren si la persona no ayuda a cumplirlos. ¿Quién eres hoy?
Osomatsu se sorprendió por la pregunta, no era ningún secreto el problema que tenía, pero el "mesías" no parecía alguien que estuviera al tanto de su alrededor.
–Jyushimatsu.
–Jyushimatsu no se comporta así, comienzas a despertarte ¿eh?
Osomatsu sintió un escalofrío, tenía razón, se había despertado sin darse cuenta. Eso le aterrorizaba, seguía deseando soñar, pero por otra parte estaba el daño que estaba produciendo a Atsuko y a su madre ¿Qué era más importante para él?
Choromatsu
Choromatsu era el hermano que menos se notaba cuando lo interpretaba. Karamatsu, Ichimatsu, Jyushimatsu y Todomatsu eran fáciles de diferenciar por las expresiones faciales, pero en cambio con Choromatsu necesitaba actuar para que las personas de su alrededor notaran la diferencia.
–Entonces ¿Qué harás? –preguntó Choromatsu.
–¿A qué te refieres? –preguntó Osomatsu sin entender.
–Me refiero a tu problema, reconoce que lo tienes. Necesitas salir de estas paredes, ya has hecho demasiado daño a mamá y a Atsuko.
–Si lo hiciera, tú y nuestros hermanos desapareceríais. No quiero que te vayas Choromatsu, de pequeño eras mi compañero de juego, mi mejor amigo. No te puedo abandonar.
La conversación parecía sacada de una escena de película de terror. Osomatsu hablaba solo y en voz alta, cambiando la voz y rostro facial cada vez que cambiaba de personaje. No se podía negar que lo hacía muy bien, cualquiera que lo viera no dudaría ningún instante en creer que estaba poseído.
–Esa infancia jamás existió–dijo Choromatsu, Osomatsu pudo sentir cómo su corazón se oprimía ante sus propias palabras–. Lo peor, actualmente ese Osomatsu tampoco existe.
La puerta de la estancia se abrió pero Osomatsu no se giró para ver quién era, simplemente lo ignoró y dijo en un susurro las últimas palabras que el Choromatsu de su subconsciente quería decir: "Vuelve a ser el Osomatsu de antes, no te conviertas en un recuerdo también".
–¿Que has dicho? –preguntó la psicóloga que se le acercaba con paso apresurado, no hacía falta mirarla para saberlo, el sonido de sus tacones al andar la delataba.
–Nada…–contestó con una voz lúgubre, la psicóloga pensó automáticamente que era Ichimatsu y dio un largo suspiro.
–Seguimos igual…
–…
Hubo un largo silencio y la mujer comenzó a buscar como siempre el expediente de Osomatsu en la carpeta, todo parecía seguir igual. Parecía…
–Quiero intentar salir de esto–exclamó Osomatsu con voz temblorosa, no parecía muy seguro de sus propias palabras.
–Me alegra escucharlo–dijo la psicóloga con una amplia sonrisa de satisfacción.
Ichimatsu
El día siguiente se despertó cansado, no había dormido bien por la noche. En parte era positivo porque en su calendario mental le tocaba interpretar a Ichimatsu y ese estado beneficiaba la imitación del personaje, pero por otra parte había decidido dejarlo.
Notaba su cerebro confundido, todavía no se hacía a la idea de que una parte de él ya se encontraba en el mundo real. La psicóloga le dijo el día anterior que nadie esperaba una recuperación inmediata y que lo entendería si necesitaba meses para curarse. Lo comparó con una desintoxicación a las drogas pero Osomatsu sospechaba que lo suyo era peor.
Ese día le dejaron ir a la sala de ocio muy temprano, cuando llegó habían apenas ocho internos, entre ellos su amiga Aya y al parecer una chica nueva que se le acercó a gran velocidad cuando le vio entrar por la puerta.
– ¿Tú eres Osomatsu? –preguntó la chica con una expresión alegre.
Osomatsu no sabía que contestar, tenía una batalla interna entre dos partes de él, una quería contestar "sí", la otra "soy Ichimatsu".
–Lo es–contestó Aya por él, se extrañaba de verle tan callado.
–Encantada, me llamo Kaori Miyano–dijo con una sonrisa–estoy muy ilusionada, soy una de las mayores fans de los sextillizos.
Osomatsu se fijó más en la chica, en las partes que quedaban descubiertas por el uniforme del psiquiátrico se veían una gran cantidad de cortes, morados y tiritas. El más notorio era el que tenía en el rostro, un gran corte profundo decorándole toda la mejilla derecha. No hacía falta ser adivino para saber que se autolesionaba, algo común entre los ingresados del psiquiátrico, cuando eso se notaba lo mejor era no hacer preguntas sobre el tema.
–Encantado–contestó finalmente el Matsuno.
–Yo soy una gran fan de Karamatsu, una Karamatsu girl se podría decir.
–Tsk, que asco, una fan de Cacamatsu–dijo Osomatsu con una mueca de asco, sin pensarlo había contestado como si en verdad se tratase de Ichimatsu.
La chica no se enfadó por las palabas del Matsuno, al contrario, comenzó a reírse con dulzura.
–Ichimatsu ¿eh? Jeje en el fondo sabes que es tú hermano favorito junto a Jyushimatsu–le dijo mientras le picaba con el dedo la mejilla para molestarlo.
–¡Eso no es cierto! –contestó Ichimatsu enfadado.
Se quedaron discutiendo durante un buen rato, "Ichimatsu" fingía sentir molestia por la presencia de la chica, pero en el fondo algo dolía. "Karamatsu girl" era una broma creada por Atsuko en uno de sus primeros doujinshis de los Matsuno, Karamatsu usaba ese término para referirse a las chicas que le necesitaban, chicas que en las historias no existían, pero en la vida real al parecer la cosa era muy diferente. Se puede ser psicópata o caer en la locura por tener problemas mentales de nacimiento, pero para ello han de haber siempre lamentos que despierten esos problemas, seguramente esa chica en algún momento necesitó a alguien a su lado, alguien que nunca llegó. Quizás, y en el fondo estaba convencido, deseó durante un largo tiempo que alguno de sus hermanos o él, sobretodo Karamatsu, existieran en la realidad para ser salvada. En verdad no era nada extraño buscar ayuda en personajes de ficción cuando ninguna persona de la vida real te la ofrecía.
Él era como ella, las fuerzas para seguir viviendo venían de sus personajes de ficción. Lo sentía por todas las personas que le querían, como su madre o Atsuko, pero era la triste realidad. Seguramente, incluso si conseguía olvidar a sus hermanos, el seguiría loco por perder su apoyo para vivir.
¿Pero por qué necesitaba un apoyo para vivir?
–¿Ichimatsu? –preguntaron Kaori y Aya a la vez, había cambiado la expresión de asco habitual de su hermano pequeño a una de pánico.
–Me siento mal, voy a pedir que me lleven a mi habitación para descansar.
Aya observó a Osomatsu con preocupación, ese cambio repentino de humor y de personalidad nunca se la había visto. Al Matsuno no le importó, simplemente comenzó a seguir cabizbajo al vigilante que le devolvería a su habitación de nuevo.
¿Por qué necesito apoyo? En el fondo lo sé
Se burlaban en el colegio constantemente de mí
No tenía amigos
Mi primera y única amiga fue Atsuko
Con Atsuko también se metían y no era capaz de defenderla
He estado tantos días ingresado en el hospital sin visitas
Todo por culpa de esta maldita salud
Nunca puedo jugar a deportes, me daba tanta rabia ver a otros niños jugando
Incluso odio ver a profesionales ejerciendo su profesión en la televisión
No era capaz de defenderme, ni de defender a nadie
Ni siquiera puedo hacer nada para defender a mis hermanos
Todos esos pensamientos provocaron que Osomatsu cayera de rodillas al suelo de uno de los pasillos, se había derrumbado. Soltó un grito desgarrador acompañado de lágrimas, no lo aguantaba más.
Nada fuera de lo normal para una pobre mente enferma
Todomatsu
Esa noche Osomatsu soñó con un antiguo recuerdo que había olvidado, pero que en esos momentos era necesario recuperar.
Él tenía unos ocho años y estaba escondido detrás de los matorrales de un parque, huía de unos matones que le quitaban constantemente el dinero y si no llevaba nada encima, le golpeaban. Eran tres y de su edad, para alguien tan débil cómo él era imposible hacerles frente. Siempre era así y no tenía nadie a quien recurrir, sin amigos, sin hermanos…Sus padres no eran una buena opción, su padre era muy tradicional, el típico patriarca japonés, creía firmemente que su hijo tenía que conseguir las cosas él solo sin importar su condición física para ser alguien en la vida.
A cada segundo que pasaba las voces de los abusones se oían con más claridad, Osomatsu sabía que iba a ser atrapado y no había más opción que huir, aunque eso implicase que la probabilidad de éxito fuera de un triste 10%, pero por una vez la suerte pareció estar de su parte y un pobre niño con el que solían meterse también apareció para captar su atención. Se sentía mal por él, hubiera preferido que le tocara recibir a alguien que se lo mereciera más como Chibita.
Pero cuando se disponía a irse, algo le detuvo. Detrás del niño que iba a ser la víctima, aparecieron dos chicos más grandes que él y de rostro similar, uno de ellos sostenía un bate con las manos.
–Nuestro hermano nos ha contado lo que estáis haciendo–dijo el mayor de ellos con voz lúgubre.
Los abusones perdieron el color, estaban pálidos. Osomatsu se alegró de verlos así y esta vez sí, salió del parque con una gran sonrisa en la cara, no tardó en escuchar los gritos de dolor de los niñatos que tanto le habían jodido.
"Que suerte tiene de tener hermanos que le protejan" pensó con una gran sonrisa adornando su cara, sonrisa que poco a poco comenzó a desaparecer para transformarse en una mueca de dolor. "Yo en cambio…" pensó mientras sus ojos comenzaban a volverse borrosos "Yo en cambio no tengo a nadie". Y otra vez esa sensación de que le faltaba algo le envolvió, otra vez ese sentimiento extraño que le acompañó desde su nacimiento le volvió a atacar, otra vez lloró sin saber exactamente la razón.
Y despertó, su cuerpo temblaba y no era capaz de pensar con claridad. Osomatsu lloraba, lloraba por su pasado, por su presente y por miedo a su futuro. Se sentía muy confundido, se suponía que cuando dejara de ser sus hermanos todo estaría bien, pero cuanto más "curado" estaba más sumergido en la locura se notaba, era demasiado irónico.
Necesitó una hora para reunir el valor suficiente para levantarse de la cama. Cómo ese día era Todomatsu se acercó a la ventana para arreglarse observando su reflejo, siempre intentaba estar lo más presentable posible cuando se trataba de su hermano menor o Karamatsu. Pero en esa habitación era difícil de conseguir porque no estaban permitidos los espejos, bastaba con romperlos para conseguir una buena arma. A pesar de ver su reflejo distorsionado, pudo notar cómo su rostro lucía demacrado, al parecer en esos momentos Ichimatsu era el único de sus hermanos a quién podía parecerse.
–Tiene una visita–escuchó que decía un guardia mientras abría la puerta.
–Voy–contestó desanimado.
Osomatsu creía que era Atsuko, pero se encontró con su madre, eso le extrañó porque no la veía con fuerzas para visitarle dos veces en tan poco tiempo.
–¿Cómo estas hijo? –preguntó forzando una sonrisa.
–Bien–contestó intentando imitar las expresiones de Todomatsu, pero no lo conseguía del todo.
La conversación era extraña, su madre no paraba de hacerle preguntas y algunas las contestaba siendo Osomatsu y otras Todomatsu, ya no controlaba a su propia mente y menos a su locura.
–Te veo más…despierto–dijo su madre finalmente con esperanza–. Me dijo la doctora que has decidido curarte.
–Sí…
–¿Te notas mejor hijo? ¿Más feliz?
No
Cada vez era más infeliz
Osomatsu ese día ya no se notaba vivo, no tenía ganas de moverse, ni siquiera de respirar. Quería ir con ellos.
Karamatsu
Los gritos a la mañana siguiente eran más estridentes de lo normal, también se escuchaban golpes y algo muy fuera de lo común, gritos de guardias. Unos internos habían escapado y estaban atacando a los trabajadores del centro. Era la primera vez que ocurría en su estancia pero no le dio importancia, tarde o temprano conseguirían acorralar a los enfermos, nadie conseguiría escapar. Pero la puerta de su habitación se abrió y entró la psicóloga con expresión de pánico, Osomatsu se sobresaltó levantándose de su cama al acto, sabía que eso no era nada bueno.
La psicóloga se apresuró a cerrar la puerta pero no fue lo suficiente rápida y finalmente se abrió de un empujón arrojándola contra el suelo. En su estancia entraron cuatro internos, dos de ellos altos y musculosos, uno de ellos sujetaba una silla que tenía que haber sacado del despacho de algún empleado, era imposible encontrarlas en zonas de pacientes. Para sorpresa de Osomatsu, el hombre no tardó ni un segundo en golpear con la silla a la mujer que se derrumbó en el suelo desprendiendo una gran cantidad de sangre.
Osomatsu estaba en shock, por una parte esa escena le gustaba de manera cruel, muchas veces había tenido el impulso de golpearla él también por su insistencia de despertarle de su sueño, `pero en el fondo se sentía mal de pensar de esa manera. La peor parte de él en ese momento, era la que miraba a la silla con deseo, un deseo enfermo.
El hombre que la golpeó alzó la silla nuevamente dispuesto a dar el último golpe, la mujer se movía pero no estaba lo suficiente consciente, no podía huir.
"Hoy eres Karamatsu ¿No? Karamatsu no dejaría que le pasara esto a una mujer, a una posible Karamatsu girl"
Eso es solo una excusa. No quiero usar a Karamatsu de esta manera.
Soy Osomatsu, no Karamatsu
"Pero duele"
"Decir eso una y otra vez no me los devolverá"
"No estoy bien, no puedo…"
"No quiero, no quiero que todo acabe así, ellos tendrían que estar conmigo"
"Los odio a todos, a todos esos médicos ¿Por qué soy el único que sobrevivió?"
"Nadie me dará nunca ese mundo que debía haber sido, ese en el que todos lloramos, reímos, jugamos, discutimos,…
Nadie
Nadie…
No soy Karamatsu, él es mi hermano, junto a Choromatsu, Ichimatsu, Jyushimatsu y Todomatsu. Yo soy Osomatsu, por eso lo he de hacer, he de reunirme con ellos…
Como sea
Sus piernas comenzaron a correr, no había vuelta atrás, solo tenía dos cosas en la cabeza: que un golpe fuera suficiente y que el cielo existiera.
Sintió el golpe en su cabeza. Todo su cuerpo tembló.
"Lo siento, mamá, papá, Atsuko…no he sido capaz de curarme nadie me puede ofrecer el mundo que debía haber sido, ese en el que todos lloramos, reímos, jugamos, discutimos,…."
Ojala en otro mundo, en otra época o en otra dimensión, mis sueños se hicieran realidad. Quiero estar con vosotros sin mentiras
Eso fue lo último que pensó su cerebro hasta que se silenció para siempre.
El día siguiente el periódico llegó con una noticia devastadora. Ya no quedaba ninguno de los hermanos Matsuno vivos, el hermano mayor murió en una revuelta del psiquiátrico. Todos lo comenzaron a ver como un héroe sin éxito, porque la doctora a la que protegió con su vida también murió, los internos la golpearon después de matarle. Dos víctimas mortales y una mentira. Osomatsu no tenía intención de protegerla, quería morir y en un lugar como ese, aprovechar esa oportunidad era la única manera de suicidarse.
Le enterraron junto los restos de sus hermanos, nadie dudo que ese fuera su sitio. Eso incrementó su leyenda, muchas fans quedaron devastadas, las flores ya no cabían alrededor de la tumba. Tampoco las lágrimas y lamentos de Atsuko y la madre de los sextillizos que inundaron el cementerio…
"Quizás en otro mundo, en otra época, o en otra dimensión…"
Por suerte para todos, ese universo soñado existía
El hermano mayor de los Matsuno se encontraba sentado en el banco de un parque, pensando donde tendría que ir o un lugar perfecto para esconder el dinero. Sabía que en cualquier momento vendrían las aves carroñeras a robarle, ese sería de los primeros sitios donde mirarían.
Estaba oscureciendo, pero todavía no era muy tarde, varias personas paseaban bajo la luz de los faroles. Entre las pocas voces que hablaban rompiendo la calma nocturna, hubo una que sobresalió.
–¡Espera Shiro!
El cuerpo de Osomatsu se paralizó. Se fijó en la silueta de esa chica y la examinó, pero no con lujuria como era normal en él, era un sentimiento extraño parecido al cariño. Sus labios reaccionaron por instinto.
–Hola Atsuko.
El cuerpo de la chica pareció tensarse, se quedó quieta y los tirones que hacía su perro a la correa no lograban cambiar su posición.
–Hola Osomatsu–contestó la chica, pero ella tampoco sabía de qué conocía a ese chico, se sentía igual de confundida.
–¿Sueles pasear por aquí a esta hora?
–Sí, cada día.
Tras decir eso, la chica se despidió haciendo un gesto con la mano y se marchó corriendo asustada de las sensaciones que estaba teniendo. Osomatsu sonrió tiernamente, sabía que la volvería a ver. Pero algo dentro de él dolió y su cabeza empezó a doler, ¿Qué le estaba pasando?
–Disculpe señor ¿Qué hace aquí a estas horas?
Todas las preguntas que le rondaban por la cabeza desaparecieron, el miedo comenzó a apoderarse de él. Miró a su derecha y se encontró con lo que temía, había dos policías, uno de ellos sujetaba una linterna. Osomatsu era tonto, pero no tanto, sabía perfectamente que eran sus hermanos. Tuvo el impulso de huir como hacia siempre, pero algo dentro de él se lo impidió.
–Me disponía a ir a casa para invitar a mis hermanos a un buen restaurante de sushi. Obviamente pago yo con el dinero que gané en el pachinko.
Todo se quedó en silencio.
La visión de los dos policías se hizo más clara, Osomatsu pudo distinguir a Ichimatsu y Jyushimatsu bajo los uniformes. Los dos tenían los ojos abiertos como platos, temblaban y sudaban mucho. Se notaba el terror en sus rostros, incluso en Jyushimatsu a pesar de seguir con la boca abierta como era habitual en él.
Osomatsu los comprendía, él tampoco entendía como había sido capaz de decir algo así. Normalmente ni estando borracho invitaría a sus hermanos a algo, menos a algo tan caro.
–¡Uoh brother!–gritó Karamatsu saliendo de unos arbustos.
Choromatsu y Todomatsu también aparecieron, habían perdido el habla de la impresión.
En el restaurante
–¿Estas bien Osomatsu? –preguntó Choromatsu, no estaba preocupado, simplemente tenía miedo.
–¿Por qué lo preguntas?
–Que uno de nosotros se comporte como un buen hermano, o directamente como un hermano normal, es siniestro–dijo Todomatsu.
Osomatsu no sabía que contestar, era el que menos comprendía sus propias acciones.
–Te compensaré esto my brother. The next time os invitaré yo. Iremos a the best restaurant of the…
Ichimatsu no le dejó continuar porque le agarró de la nuca y lo golpeó contra la mesa.
–¡Comida! ¡Comida! ¡Comida! –gritaba Jyushimatsu ignorándolo todo.
Ya habían captado la atención de todo el restaurante, no era nada extraño, siempre lo hacían y no solo por ser sextillizos y por lo tanto una rareza, también por su actitud.
"Sextillizos" pensó Osomatsu, hacía mucho tiempo que no pensaba en esa palabra sin recordar las molestias que ocasionaba haber nacido así.
La cena en el restaurante fue muy bien, no les echaron y siendo ellos era un logro, pero el camarero les trajo la cuenta a toda velocidad, quería que se fueran cuanto antes mejor. No era algo que le molestara después de vivir esa situación durante años.
Volvieron a casa muy tarde y decidieron irse a dormir los seis a la vez. "Ninguno de ellos me ha agradecido el detalle" pensó Osomatsu molesto, "después quieren favores los hijos de…"
Pero algo le seguía manteniendo intranquilo, tan incómodo se sentía que no podía pegar ojo. "¿Esa chica era una bruja o qué"? comenzó a pensar "¿Qué es esta sensación de vacío?".
No entendía nada de lo que le estaba pasando, menos entendía sus acciones. Finalmente se dejó llevar por un impulso y sus manos buscaron instintivamente las de Todomatsu y Choromatsu, los hermanos que dormían junto a él, agarrándolos de la muñeca con cuidado.
–¿Qué crees que estás haciendo? –preguntó Choromatsu sin elevar la voz, se había despertado por el gesto de su hermano.
Pero no recibió respuesta inmediata, Osomatsu estaba distraído buscando el pulso a sus dos hermanos, cuando lo encontró, se río suavemente.
–Por alguna razón, hoy estoy muy feliz–respondió finalmente Osomatsu.
Choromatsu palideció, ese no era su hermano, era un impostor, alguien lo había suplantado en el pachinko. Tenía que ir a poner una queja a la sala de juegos sí o sí.
Osomatsu después de ese gesto por fin se durmió, con una gran sonrisa en sus labios que perduró hasta su despertar.
"Sus corazones laten, nada puede ir mal"
Ese era un mundo ideal
Gracias por las reviews!
Sobre el final
Siento si el final es muy confuso (lo es xD). En un principio iba a terminar en tragedia y ya está, pero finalmente hice que todos renacieran en otra línea temporal por este motivo: mientras escribía la primera parte de este fanfic se me ocurrió un multiverso de Osomatsu inspirado en esta historia y este sería uno de esos universos. Quizás lo escriba más adelante, todavía lo estoy meditando porque tengo más historias pendientes y he de elaborar un poco más el argumento. De momento solo puedo decir que Osomatsu e Ichimatsu serían los protagonistas principales y que si lo escribo será más drama y angustia que esto, no se me está pasando por la cabeza nada bueno xDDDD
Anotaciones:
–Por lo que leo en las reviews he sido muy cruel, lo siento mucho xD La verdad es que la primera parte no me dio mucha pena escribirla pero esta sí, principalmente por el tema del hospital. Eso de perder a un hijo y estar cerca de morir por un error médico le pasó a alguien muy cercano, no es ficción, también es verdad que no se pudo demandar al hospital por ser de prestigio, es lo que tiene la cruel realidad. Lo del vagabundo creyéndose el enviado de Dios tampoco es inventado, hace años había uno en mi barrio que tenía ese problema y algunos compañeros de clase iban a burlarse de él, también es algo triste.
–Me he centrado en los sentimientos de la madre de los sextillizos y he dejado al padre de lado por una sencilla razón: lo contrario me parecería muy surrealista. Es un patriarca japonés a la antigua, están entrenados para no mostrar emociones ni sentimientos, para ser crueles y para ser machistas. Mis profesoras de japonés me lo han repetido en demasiadas ocasiones y no puedo olvidarlo xD Además en Osomatsu-kun se le nota en ocasiones esa personalidad "malvada" que les imponían a los hombres de la sociedad japonesa hasta hace muy poco.
