Bueno, segundo capítulo :D Disfrútenlo.
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Capítulo II: Chaqueta
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Desde que salió del consultorio psicológico, el más joven de los hermanos Kaiba se hallaba agotado física y mentalmente de todas las descargas que ocasionó ese momento; tenía dolor de cabeza y unas ganas de recostarse en la cama y cerrar los ojos. Nunca creyó que una sesión podría agotar tanto. La sesión fue difícil, no imaginaba que a la primera se iba a sentir como si hubiese corrido un maratón… Lo que la mente trabajaba.
Jamás pensó que tendría el valor de confesar lo que sentía, pero fue algo, que de alguna forma, pudo liberar un poco la presión que tenía, aunque no sabría lo que pensaba ella, pero no le importaba, al menos no escuchó que lo estaba juzgando.
No recordaba que tenía clases en la tarde y si por él fuese no asistiría, pero debía cumplir con sus quehaceres, antes que el susodicho tenga la perfecta excusa de sacarlo de ahí, no importase que esté a punto de graduarse.
Las horas de clases fueron algo lentas para él, su asiento era fijo, cerca de la ventana, recostó su cabeza cubriéndolo con sus brazos, y volteó dando una pequeña vista al panorama, pensando lo ocurrido en la mañana, si lo que había dicho era lo correcto, si la psicóloga no contaría nada a la prensa o cualquier medio envidioso para desprestigiar a la Corporación Kaiba.
—Quiero dormir… —cerró por un momento sus ojos, buscando la forma que sus pensamientos dejasen de torturarlo, pero una mano ajena interrumpió el descanso de ese joven.
— ¡Ey, Mokuba! —un chico despeinaba el cabello de él para que se animara. El menor de los Kaiba levantó su rostro con pesadez. —Anda… ¿Aún con esa cara?
—Es la única que tengo. —volvió a recostarse. No tenía ánimos para discutir con su compañero.
—Ya se te cambiara cuando te comente… —el chico atrajo una silla para sentarse al lado de Mokuba. Este sin levantar el rostro, solo miró de reojo las acciones de su amigo y bufó algo cansado. —Encontré un par de chicas que nos acompañará para a la fiesta de nuestra graduación. Además, una se interesó mucho en ti. —Mokuba le hizo malos ojos.
—Me voy. —se levantó sin prestarle atención a su compañero.
—P-Pero… No he terminado de hablar, Mokuba. —el chico expresó desánimo mientras veía a su compañero recoger sus cosas.
—Vinieron por mí. —informó. Su compañero se asomó por la ventana y vio una limusina con uno de los guardias de Kaiba Corporation.
—Tu hermano si te cuida. —rió, pero al ver la expresión de Mokuba dirigiéndole una mirada de molestia. Su compañero dio un pequeño puchero. —Anda, ¿por qué me miras así?
—Adiós. —salió del salón sin dirigir ninguna mirada a nadie. La verdad no quería hablar ni entablar una conversación por cualquier cosa con sus compañeros, solo deseaba llegar y recostar su cabeza en la almohada. Se sentía agotado.
Al llegar a la limusina, uno de los guardias le abrió la puerta.
—El señor Kaiba quiere cenar con usted, joven Mokuba.
Este solo se limitó a mirarlo, cosa que hizo sudar al guardia; con los hermanos no se sabía cómo podrían reaccionar. Mokuba terminó por subirse a la limusina mientras que el otro dio un gran suspiro, relajándose de que no hubo acciones agresivas no verbales.
Rumbo a la mansión Kaiba, Mokuba pensaba en la forma de zafarse de esa cena, sobre todo porque quería dormir no quería estar con su hermano; estaba cansado y no quería lidiar nada que tuviese que ver con él.
Miró sus brazos y subió las mangas de la chaqueta de la escuela, mostrando unas vendas en cada brazo. Siempre trató de ocultar esas heridas de todos y desde ese momento, siempre se vestía con ropa de mangas largas. Volvió acomodarla cuando se dio cuenta que el chofer lo estaba mirando por el retrovisor.
— ¿Qué miras?
—N-Nada, joven.
Llegando a la mansión, Seto lo esperaba en la puerta junto con varios guardias y personal del servicio. Mokuba salió de la limusina y trato de todo para no tener contacto visual con él. Los dos no se dirigieron ninguna palabra. Llegaron a la mesa grande y cada persona del servicio servía exquisiteces realizado por chefs importantes, pero el menor no prestaba en lo más mínimos a los detalles culinarios, solo mirada hacia un punto de la esquina del comedor; Seto solo s limitó hablar por teléfono mientras comía. Dejó el manos libres a un lado de la mesa y miró como Mokuba solo movía la comida con el tenedor.
— ¿Irás a mi acto de graduación? —preguntó de la nada el menor aún si dirigirle la mirada.
—No lo sé, estoy muy ocupado con el nuevo proyecto. —respondió secamente. Mokuba ya no le extrañaba esa expresión, sobre todo si era algo referente a él.
—Bien… —hubo un gran silencio, algo que por un momento incomodó al mayor.
—Yo no te pedí que estudiaras. El dinero sobra y podías estudiar en privado.
—Quería tener por lo menos una vida normal, como cualquier chico de mi edad — expresó con molestia. No, esa no era la razón por la cual Mokuba decidiera estudiar en una escuela pública, aunque tuvo educación en casa y que gracias a ello, pudo pasar automáticamente a todos los grados hasta el segundo de secundaria, pero su razón principal era por no querer ver a su hermano en todo el día. Desde lo ocurrido esa noche y con ese duelo de Yugi y Aigami, tomó la iniciativa de no estar siempre a su lado, sentía que se hacía daño y que lo que sentía no estaba bien.
—Tú no eres un chico normal, eres vice-presidente de una de las corporaciones más grandes que hay.
—Quiero ser un chico normal, tener amigos, así como Yugi.
—Amigos… —Seto río con cierta ironía.
—Sí, amigos, aunque tú no consideres a los chicos como tus amigos. —Detestaba que su hermano lo mirara con esa sonrisa burlona, lo odiaba cada vez que él hacía ese gesto con cualquier cosa que le pareciese poca cosa, lo odiaba tanto porque… Era una de las cosas por los cuales le atraía demasiado.
—Mokuba, sabes que me parece una estupidez eso de la amistad. —le dirigió esas mirada llena de altanería y soberbia, cosa que hizo acelerar el corazón del menor.
—No me mires así.
— ¿Por qué?
—Por favor, no me vuelvas a mirar así… —apretó fuertemente la cuchara, cosa que no se le escapó de vista a Seto. —Mejor me voy. No tengo hambre. —Se levantó dejando la cena entera. No le dirigió sin siquiera una mirada. Ya no soportaba tenerlo cerca.
—Solo quería comer con mi hermano esta vez, pero por lo que veo, no se puede porque no tienes tiempo.
— ¡¿Hablas de tiempo?! ¡Aunque yo no estuviese en una escuela, no tendrías tiempo para mí! —indicó fúrico. Se dirigió a la salida del comedor hasta que una mano tomó su brazo fuertemente.
— ¡Espera ahí, Mokuba! —Seto se había levantado de la mesa para detener los pasos de su hermano. —Debemos hablar…—Lo arrastró hasta el estudio privado, cerró la puerta y lo arrojó en el sillón grande. Seto harto de esa actitud, no tuvo compasión de haberlo tratado de esa manera.
— ¡¿Qué te pasa, Seto?! —buscó la forma de alejarse, contando que ese jalón en su brazo le dolió por las heridas que tenía cubiertas.
— ¡Eso es lo que te pregunto!
—No sé de qué hablas…
—Desde ese día que te envié a Egipto hasta el día de hoy, has estado actuado tan diferente conmigo.
—Sigo siendo el mismo… —El mayor vio cómo su hermano bajó la mirada y buscaba la forma de alejarse de él. Decidió sentarse a su lado, buscando esa respuesta que quería.
—Siempre me has llamado "Hermano" —Si, Mokuba sabía perfectamente eso. Después de esa noche, no consideró volverlo a llamar así, sobretodo porque ya no lo veía como un hermano, sino algo más que eso… —Solo dices mi nombre cuando estás enojado conmigo. —Seto se acercó más a su lado, tratando de entender lo que le sucedía. —Quiero que vuelvas a ser el mismo hermano de antes, pero te has alejado de mi… —El corazón de Mokuba casi explota al tenerlo tan cerca. Desde aquella vez no volvió a tener gestos cariñosos con él; no lo abrazaba, trataba estar siempre alejado o no verlo en todo el día, y desde esa noche, había sido la última vez que tenía contacto cercano con él.
Tenerlo tan cerca, por dentro sentía unos enormes impulsos de abalanzarse hacia él y besarlo. Apretó fuertemente el sillón para detenerse, mordió sus labios y cerró sus ojos, sabía exactamente que si no hacía eso, haría algo que se arrepentiría.
—Nada… Nada volverá a ser igual… —se levantó dejando a Seto solo en el estudio y dejándolo con más dudas.
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Habían pasado varios días desde aquella discusión. Mokuba se encerró en su cuarto y Seto decidió no molestarlo por ahora. El menor decidió volver a terapia, buscando la respuesta ante sus sentimientos enfermizos, sobretodo porque ha llegado a un punto de herirse cortándose los brazos con una hojilla cada vez que su ansiedad crecía y más cuando siente culpa al tener ciertos pensamientos.
El menor de los Kaiba decidió mostrarle las vendas a su terapeuta y enseñarle las heridas.
— ¿Desde cuándo te cortas?
—Hace tres años.
— ¿Por qué comenzaste hacerlo? —No recibió una respuesta enseguida.
—Me da vergüenza decirlo…
—Está bien, dímelo cuando estés listo… —concluyó. El más chico quería olvidar por un momento ese suceso y se fijó en la carpeta que llevaba consigo la psicóloga, mientras ella escribía algunas anotaciones. —Dime, Mokuba, ¿has tenido alguna experiencia sexual con otra persona? —El joven Kaiba se ruborizó al escuchar la pregunta. Seguro la profesional esperaba una afirmación ya que era normal que los jóvenes de su edad hayan tenido alguna experiencia.
—No…—los dedos de sus manos comenzaron a moverse de forma irregular. —He tenido oportunidades con algunas chicas, pero a la final… Termino por rechazarla.
— ¿Y eso por qué?
—Porque… Porque pienso en él… —respondió sin más. La psicóloga silenció por un momento.
— ¿Te atraen las mujeres?
—Creo que sí.
— ¿Crees que sí?
—Debe ser así, ¿no?
— ¿Tú que crees realmente? —hubo un gran silencio, Mokuba trataba de buscarle una respuesta a ello.
—Seto y yo somos hombres y sé que la homosexualidad ya no es considerada como enfermedad mental, pero no es correcto aquí.
— ¿Y tú crees que debería ser así?
—La verdad… No. —respondió dudoso. Hubo otro bloque silencioso y eso aumentó la ansiedad.
— ¿Te has masturbado? —la preguntó he hizo que Mokuba comenzara a tener un ataque brusco de ansiedad, buscando como herir sus brazos con sus uñas. —Cálmate… —la psicóloga tomó su mano para tranquilizarlo. Se dio cuenta que existía un conflicto en esa área, así que decidió por unos minutos tratar de confortarlo, hasta que vio que se calmó.
—Es algo… vergonzoso de responder…
—No lo respondas si no quieres…
—No, quiero hacerlo… —Mokuba respiró profundo, buscando la manera en que su lengua pudiese pronunciar las palabras adecuadas. —Comencé a los quince, pero… Pensando en él... —Mokuba volvió a enseñarle las vendas de sus brazos. —Yo me hago esto para castigarme por pensar en Seto de esa manera. —dio otro respiro pero más profundo, no pudo evitar llorar y las lágrimas comenzaron a caer. —Esa noche encontré su chaqueta blanca en su cama, esa chaqueta que siempre me había encantado, sobretodo porque había veces en el que él me lo colocaba encima cuando dormía en el trabajo.
— ¿Qué ocurrió entonces?
—Yo me acerqué a su cama, me senté… tomé la chaqueta… Olí ese perfume que emergía en ella, me recordaba tanto a él… —dio una sonría nostálgica. —me dejé llevar tanto por su olor que por un momento mi mente imagino que él estaba conmigo… Hasta el punto en el que dejé llevar. Solo pensaba en él, y comenzó a aparecer imágenes de Seto al desnudo en mi mente, como siempre lo había visto y me sentí acalorado; comencé a… a tocarme… encima de mi pantalón… —Mokuba de forma irregular comenzó a mover sus piernas —Y cuando me di cuenta, estaba todo húmedo el pantalón. —el chico cubrió su rostro. —Me sentí tan asqueado por haberme excitado con la chaqueta de mi hermano, que salí corriendo para el baño. Rasguñé mis brazos y mi rostro mientras lloraba. —Mokuba comenzó a llorar. —Me sentí la persona más enferma… —se insultaba una y otra vez. La psicóloga le acerco unos pañuelos y esperó a que terminara de llorar. El menor se limpió las últimas lágrimas calmándose y respiró algo acelerado.
— ¿Desde ahí comenzaste a cortarte? ¿A autocastigarte?
—Sí… Cuando lo recordaba y cada vez que pensaba en él de esa forma.
—Durante la masturbación, aparte de tu hermano, ¿no piensas en otras personas?
—Creo que si me gustan las mujeres, me atraía, pero luego con lo ocurrido, yo solamente pensaba en él. Comencé a ver… pornografía homosexual porque… Me imaginaba… que era yo estando con él…
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Continuará...
Edades de los personajes: Seto (23), Mokuba (18)
En Japón, la mayoría son conservadores, por eso no es legal el matrimonio homosexual allá.
¡Nos vemos!
