El Samurái Naranja
Capitulo 2: Un digno sucesor
Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto yo solo uso a los personajes con el fin de entretener
En uno de los dojos del país del hierro se puede ver a un muchacho de quince años, rubio de ojos azules y con raras marcas de bigotes en las mejillas con ropa de entrenamiento y un bokken quien estaba practicando katas mientras tenía los ojos vendados.
― ¿Todavía aquí Juushiro? ― entro preguntando un hombre de unos sesenta años con la cabeza cubierta de vendas y ataviado con un sencillo yukata purpura y su espada en la cintura.
― ¡Oh! ¡Eres tu Ojii-sama! ― dijo contento el contento parando de practicar e inclinándose respetuosamente― Ya sabes que me gusta perfeccionar el estilo lai ― dijo el el rubio rascándose la nuca.
― Será mejor que vayas a dormir, te recuerdo que mañana tendremos que levantarnos temprano para ir hacia el país del fuego cuidando la caravana del Daimyo ― dijo el anciano en un leve tono estricto.
― Tienes razón, Ojii-sama ― dijo mientras se ponía en posición defensiva y se quitaba la venda de los ojos― pero antes, ¿Qué tal un combate de practica con tu nieto? ― pregunto sonriente a lo que Mifune sonrió y fue a recoger un bokken poniéndose en posición.
― ¿Crees que podrás vencerme? ― pregunto serio pero sonriente el anciano.
― Solo lo sabré si lo intento ― contesto Juushiro desapareciendo de repente y reapareciendo a unos pasos de Mifune desenfundado su bokken para atacar pero el viejo fue más rápido y pudo parar sin mucho esfuerzo el ataque de su nieto.
― Has mejorado― comento contento Mifune, desde que lo encontró en el bosque hace quince años Juushiro había crecido como un buen muchacho de noble corazón y que cada día ponía todo su empeño para mejorar su técnica con la espada, en pocas palabras era un autentico samurái en toda la extensión de la palabra y eso ponía muy feliz a Mifune pues no se equivoco en convertirlo en su sucesor.
―Tch, no lo suficiente al parecer― comento un tanto molesto, desde pequeño su sueño siempre había sido el vencer a su abuelo, era su máxima meta en la vida, después de casarse claro. Juushiro no se rindió y se lanzo a atacar a Mifune haciendo un desenfunde aun mas rápido el cual volvió a ser parado por el viejo samurái quien comenzó un duro combate de kenjutsu a toda velocidad donde los dos daban lo mejor de sí.
― Al parecer te subestime un poco― murmuro el viejo samurái suspirando de cansancio―, olvide que ya no soy tan joven.
― No digas eso Ojii-sama, aun eres lo suficientemente fuerte como para mantenerme a raya― dijo con orgullo el rubio.
―Tampoco es como si eso fuera un gran logro― comento el pelicano con expresión neutral molestando un poco a su nieto.
― ¡Ahora veras! ― gritó el ojiazul poniéndose en posición de desenfunde para luego volver a hacer gala de su monstruosa velocidad y lanzo otro tajo chocando su bokken con la Mifune quien esta vez apenas pudo parar el golpe y tuvo que usar toda su fuerza para parar el golpe pues aparte de una gran velocidad, Juushiro tenía una fuerza descomunal para su edad, con la cual era capaz de romper una armadura de un puñetazo― ¿Qué te pareció ese golpe, eh?
―Hmf, si sigues así podrás sobrepasarme algún día ― contesto Mifune mientras se separaba de Juushiro para luego poner el bokken en su lugar ―, suficiente practica por hoy― musito el anciano bostezando― ahora vete a dar un baño y luego a dormir, nada de entrenamientos a media noche ― ordeno Mifune pues su rubio nieto a veces se escapaba por las noches para practicar en el bosque.
―Está bien, Ojii-sama ― dijo el rubio para luego dirigirse a la puerta del dojo e ir directo a su habitación.
―Por cierto, espero que no sea un problema el ir al país del fuego― comento el viejo con algo de pesar.
Juushiro se detuvo al instante y frunció los labios, antes de responder― No te preocupes por mí, preocúpate por ellos si se meten en mi camino ― contesto con algo de enojo para luego salir del dojo.
Mifune se sentía realmente orgulloso de su nieto adoptivo, aun a la corta edad de quince años ya había sido nombrado samurái por su destreza con la espada y su valor, volviéndose así la segunda persona más joven en convertirse en samurái después de Mifune quien a los dieciséis años se convirtió en samurái. Lo único que preocupaba al viejo general era que Juushiro sentía un profundo desprecio por los ninjas, tanto así que no quería ni que los nombraran en su presencia. Su rencor a los ninjas tuvo origen dos años atrás cuando una gran cantidad de ninjas de Kirigakure comandados por el Mizukage Yagura atacaron la fortaleza donde residen, fue una lucha sin cuartel donde perdieron a michos compañeros y seres queridos, al final fueron ayudados por la resistencia de dicha aldea quienes sabían de los planes de Yagura e intentaron detenerlo para que el País del Agua no entrara en guerra con el País del Hierro, afortunadamente ganaron pero a un alto costo, Mifune jamás olvidaría ese día.
――――― FLASHBACK―――――
Se ve a Mifune corriendo de regreso a la fortaleza a toda velocidad seguido de varios samuráis y algunos ninjas que fueron a ayudarlos, hacia poco les llego el reporte de que algunos ninjas enemigos se habían adentrado en la fortaleza y habían atacado a civiles, cosa que lo preocupaba mucho, pero le preocupaba aun mas su nieto pues a sus trece años dudaba que pudiera hacerle frente a ninjas tan fuertes como aquellos.
― ¡Apresuren el paso! ― ordeno el general a lo que sus hombres asintieron, aunque Mifune estuviera calmado en su voz se podía percibir algo de preocupación por los civiles y su nieto pues la mayoría de los samurái habían salido a interceptar a los ninjas en la frontera del País del Hierro y solo unos quedaron a resguardar la fortaleza, en un principio las cosas estaban yendo mal hasta que llegaron los ninjas de la resistencia quienes ayudaron a vencer a los otros shinobi y avisaron a Mifune de que Yagura había mandado otro pelotón a atacar la fortaleza por un punto diferente lo cual lo dejo impactado y tomo a algunos hombres para regresar y socorrer a los demás samuráis que debían estar en graves problemas. A su grupo se había unido la líder de la resistencia, Mei Terumi, una hermosa mujer de pelo rojo-castaño y de ojos azules, quien fue la que le aviso sobre el segundo ataque que el Mizukage planeaba y gracias a ella pudieron vencer a Yagura a pesar de ser un Jinchuuriki además de vencer a sus tropas por lo que ya terminada la lucha emprendieron veloz carrera de regreso.
Al llegar a la fortaleza se quedaron horrorizados al ver una gran cantidad de muertos entre los cuales habían ninjas, samuráis y civiles.
― ¡Sepárense y busquen heridos! ― ordenaron Mei y Mifune a lo que ninjas y samuráis se dispersaron rápidamente para dar atención a cualquiera que estuviera herido.
― Yo voy por este lado, usted quédese aquí por si queda algún enemigo ― dijo Mifune mientras se marchaba a su casa a ver que todos estuvieran bien, desde que recibió la noticia del ataque a la fortaleza tuvo un muy mal presentimiento respecto a su nieto y quería ver que tanto él como los miembros de su familia estuvieran bien, leyeron bien, otros miembros de su familia. Hacia relativamente poco Mifune se había casado al fin con una dulce mujer que trabajaba en su casa y esta había quedado embarazada por lo que temía que algo le hubiera pasado.
Mei por su parte se fue a buscar más heridos hasta por el lado sur, donde se puso a buscar y lo único que habían ahí eran muchos cadáveres de los hombres de Yagura y otros samuráis, demasiados cadáveres lo cual le preocupaba pues significaba que hubo una gran lucha, de todos modos se puso a buscar por si había alguien hasta que se topo con una escena no menos que horrenda y macabra. Frente a ella había al menos cincuenta cadáveres de ninjas de la niebla rodeando a un niño rubio de unos once o doce años con la mitad derecha de su yukata quemada y llena de sangre, el cual sostenía una katana llena de sangre mientras llorada amargamente, Mei enfoco mejor la vista y vio a los pies del niño a otra persona que parecía ser una niña quien tenía varias quemaduras en el cuerpo, sobre todo en el rostro y respiraba pesadamente.
― ¡¿Estás bien?! ― pregunto alarmada la líder de la resistencia. De inmediato el niño pareció reaccionar y se puso en guardia para atacar― No tienes que preocuparte, no te hare daño ― dijo intentando sonreír para tranquilizarlo, ¿Seria él quien mato a todos esos shinobi de la niebla? Eso era lo más seguro al ver la escena lo cual preocupo a Mei pues no parecía que confiara en ella con la mirada de odio que le estaba dando.
― ¡Ninja!― gritó tétricamente el rubio mientras que a una velocidad impresionante se acerco a Mei dispuesto a rebanarla por la mitad pero esta dio un salto hacia atrás para evitar el golpe.
― ¡Ya te dije que no soy tu enemigo! ― le recrimino enojada pero ese niño lo único que quería era rebanarle el cuello, pues cada tajo que lanzaba era a matar, ahora no le quedaban dudas de que él había sido quien mato a los hombres de Yagura., aun a su corta edad ese niño tenía un instinto asesino que helaba la sangre, era muy similar a una bestia que busca saciar su incontrolable sed con sangre.
― ¡Muere! ― grito al tiempo que volvía a desaparecer y esta vez reapareció justo encima de la pelirroja quien rápidamente desenfundo un kunai para parar el ataque pues de no haber sido así la hubiera decapitado. Su pelea siguió por un buen rato donde Mei esquivaba todos los ataques del niño quien no se detenía y cada vez que uno de sus ataques era rechazado volvía a atacar de inmediato.
― ¡Maldición! ― mascullo la ojiazul al ver que ese rubio era cada vez más rápido y se le comenzaba a hacer difícil el esquivarlos, encima aquella niña necesitaba atención medica y él no dejaba que ella ni se acercara― ¡Deja de atacarme!
― ¡Malditos ninjas! ¡Ustedes nos atacaron primero! ― contesto rabioso.
― ¡Esa niña que cuidas necesita atención medica! ― le dijo Mei en un intento de apaciguar su furia― ¡Si no la llevamos con un medico morirá!
― ¡No le pondrás un dedo encima! ― aseguro poniéndose en posición de ataque― ¡Cuando llegue el abuelo y acabemos contigo la llevaremos al hospital!
― ¡La pelea ya terminó! ¡Nosotros vinimos a ayudar a los heridos! ― Mei se estaba desesperando, aquella niña empeoraba y ese rubio testarudo no parecía querer reaccionar.
― ¡Mientes! ― asevero atacando nuevamente. Mei no se había percatado de algo, ese niño tenía ojos rojos como la sangre y con la pupila rasgada además de que transmitían una sensación de rencor y dolor, como si fueran los de un demonio.
…
Ya en su casa Mifune entro cuidadosamente y reviso cada cuarto en busca de su mujer y su nieto pero no los encontró, estaba a punto de rendirse e ir a buscarlos afuera hasta que escucho un sollozo que venía de un cuarto cerca de donde estaba por lo que se apresuro a entrar.
― ¡Mifune-sama! ― dijo emocionada su mujer. Una linda castaña de ojos negros que usaba un kimono rojo con decoración de flores y de unos treinta años de edad la cual aparentaba unos siete meses de embarazo.
― ¡Moriko! ¡¿Estás bien?! ― pregunto preocupado el viejo samurái pues en el estado en el que se encontraba era aun más vulnerable.
― ¡Estoy bien! ― aseguro con lágrimas en los ojos mientras corría a abrazar a su esposo― ¡Pero Sanae y Juushiro-sama están en el sur! ― su voz sonaba muy preocupada pues de ese lugar fue de dónde provino el ataque y allí estaban su hija mayor con el nieto adoptivo de su esposo los cuales habían ido a conseguir unas cosas para la cena y temía por su seguridad.
Mifune al escuchar eso se tenso de inmediato, si no mal recordaba su nieto le había dicho que acompañaría a su hijastra a comprar algunas cosas para la cena y el sembradío precisamente quedaba en el lado sur donde según uno de los samuráis heridos se habían colado los ninjas y comenzaron a matar a los civiles. El viejo general una vez que se volvió a asegurar que su mujer no corría peligro se apresuro a llegar al lado sur de la fortaleza para ver si su nieto estaba bien, se había quitado un gran peso de encima al ver que su mujer estaba bien pero aquel mal presentimiento no dejaba de golpearle el pecho.
…
Mei estaba muy cansada de tener que esquivar los ataques del niño quien parecía no cansarse, encima tuvo que salvar a un par de sus subordinados que quisieron llevarse a aquella niña pero desde luego que el rubio se los impidió y de no haber sido por ella seguro hubieran muerto.
― ¡Juushiro detente! ― grito Mifune al ver a su nieto con katana en mano intentando matar a los aliados, si bien el viejo no se fiaba mucho de los ninjas estos le habían demostrado que no querían guerra y eso hablaba bien de ellos pues él tampoco quería una guerra. Mifune quedo impactado al ver como había quedado el lugar donde antes había un sembradío ahora todo estaba cubierto de sangre y cadáveres, al ajustar la vista pudo ver a una niña con quemaduras que parecía muy lastimada por lo que ordeno a unos de sus hombres –los cuales habían llegado con él- que se la llevaran al hospital para y el se quedaría a detener a su nieto.
― ¡Ojii-sama! ― exclamo el rubio al ver a su abuelo llegar, quien por algún motivo no se puso a atacar a los ninjas.
― ¡Detente Juushiro! ¡Ellos son aliados! ― dijo el general en un intento de que su nieto entrara en razón y dejara de atacar a los ninjas.
Juushiro no dijo nada y se puso aun mas furioso de ver como su abuelo quien era su ejemplo a seguir estaba defendiendo a esos malditos ninjas que de la nada comenzaron a atacar a civiles inocentes además de arruinarle la vida a su compañera. No perdió tiempo y volvió a arremeter en contra de los ninjas pero Mifune se interponía entre ellos deteniendo cada tajo de Juushiro con su Kurosawa, no se iba a detener hasta matar a cada ninja que estuviera dentro de la fortaleza incluso si apenas llegaba, para él todos eran unos asesinos y no iba a perdonarlos por atacar su hogar.
― ¡Juushiro! ¡No me obligues a usar la fuerza! ― advirtió el anciano viendo que el rubio no pretendía parar, algo que se le paso a Mifune fue que los ojos de su nieto dejaron de ser azul cielo para convertirse en rojo sangre, cosa que lo dejo algo sorprendido pero de igual forma no iba a permitir que su nieto atacara a quienes les habían salvado la vida pues aunque tuviera su orgullo de samurái, tenía que admitir que hubieran podido morir sin su ayuda.
― ¡Los matare a todos! ― gritó el ojirojo rabioso y fuera de sí.
Mifune solo suspiro cansado y se puso en posición de ataque. Justo cuando Juushiro iba a llegar a uno de los ninjas de la niebla Mifune se interpuso entre ambos y desenvaino su espada a una velocidad imposible de seguir para el ojo humano y justo después Juushiro cayó al suelo inconsciente pues el viejo solo uso el lado romo de su espada. Mifune al verlo así solo volvió a suspirar y se lo subió al hombro para llevarlo al hospital.
―――――FIN DEL FLASHBACK―――――
Luego de eso Juushiro paso dos semanas encarcelado pues cuando se despertó lo primero que hizo fue atacar a los ninjas médicos por lo que tuvieron que tenerlo en confinamiento hasta que todos los ninjas se fueron, y aun ahora su corazón todavía estaba lleno de odio y rencor, cosa que preocupaba al viejo pues mañana tendrían que ir a un país donde la fuerza militar en su mayoría eran ninjas y no sabía cómo reaccionaría su nieto rodeado de todos esos shinobis. Dio otro pesado suspiro y se marcho del dojo para poder darse un baño e irse a dormir.
…
Por los pasillos de la casa de del general samurái iba una muchacha de unos quince años de pelo morado oscuro quien vestía un kimono azul con estampados de girasoles la cual tenía el rostro cubierto en su totalidad por vendas a excepción de su ojo izquierdo el cual era verde claro.
― Juushiro-sama, se que esta acechándome ― dijo calmadamente mirando a un punto en especifico del pasillo.
― Tch, ¿cómo es que siempre me encuentras? ― pregunto un frustrado Juushiro saliendo de su escondite mientras chasqueaba la lengua.
― Puedo sentir su presencia perfectamente ―dijo la muchacha encogiéndose de hombros, y de pronto sintió como le pasaban un brazo por la cintura― ¡Juushiro-sama! ¡¿Qué hace?! ― pregunto alarmada al ver la picara sonrisa en el rostro del ojiazul.
― Pues quiero pasar tiempo de calidad con mi prometida― dijo sonriente mientras besaba los labios de la pelimorada aun por encima de las vendas.
― ¡Deténgase! ― chilló quitándoselo de encima mientras miraba a todos lados nerviosa― ¡Si Oka-san no encuentra nos va a castigar!
― Pffff, de seguro esta con Ojii-sama dándonos otro hermanito― musito el rubio haciendo puchero pero de repente sintió que alguien le daba un fuerte coscorrón.
―Sanae, cuantas veces les tengo que decir que no me gusta que se anden besuqueando, además lo que yo haga en mi habitación solo nos concierne a mi esposo y a mi― dijo Moriko enfadada, ella solo iba a por algo de agua cuando vio que su hija salió a dar un paseo nocturno siendo acechada por su prometido quien no perdía ocasión para abrazarla y besarla, si bien eso le alegraba pues a pesar del incidente de hace dos años él había mantenido su promesa de casarse con ella, no le gustaba que dieran esos espectáculos, aun cuando fuera dentro de la casa.
― Ouch, eso dolió, Moriko-san― dijo Juushiro sobándose la cabeza.
― ¡Oka-san! ― dijo exaltada la ojivede al ver a su madre― Emm… pues… nosotros solo estábamos… Eeehh… ¿Cómo decirlo? ― la muchacha balbuceaba cosas sin sentido buscando la manera de excusarse con su progenitora cuando sintió que volvieron a abrazarla por la cintura, solo que ahora era por detrás.
― ¡Solo le demostraba cuanto me gusta! ― gritó algo molesto el joven samurái, no importaba cuanto se cuidara de que su futura suegra no lo viera cuando acechaba a su prometida, esta siempre lo reprendía con un coscorrón y lo mandaba a freír espárragos.
― Ya lo sé, pero no quisiera que después la gente hablara mal de ustedes y los vieran mal en la calle― dijo calmadamente la mujer.
―Tch, como si me importara la opinión pública― contesto molesto el ojiazul, todavía recordaba como muchos le habían dicho que desistiera de su relación con Sanae pero él les calló la boca pidiéndole matrimonio cuando tenían catorce, en un principio ella no acepto porque se sentía acomplejada por sus cicatrices pero luego de mucha insistencia por parte de Juushiro acabo aceptando, y no se arrepentía.
Moriko solo suspiro cansada y se llevo a su hija dejando solo al joven samurái quien se fue a dar un baño para luego acostarse a dormir, pues tendría que estar a plena capacidad mañana para no decepcionar a su abuelo.
…
Ya en la mañana arribo la caravana del Daimyo del País del Hierro quien se encontraría con el daimio del País del Fuego para firmar unos tratados y decidió que llevaría a sus mejores samuráis para asegurar su protección, los cuales fueron seleccionados por el propio Mifune y entre los cuales se encontraba su nieto Juushiro quien usaba una armadura samurái igual a la de Mifune pero en color naranja además de un casco y una máscara de gas del mismo color.
― Buenos días, mi señor ― saludaron respetuosamente Mifune y Juushiro inclinándose frente al Daimyo quien había salido de su carruaje para hablar con su súbdito. El Daimyo era un hombre entrado en años pero menor que Mifune, de pelo negro y ojos color miel con algo de sobre peso quien vestía ropa muy formal de acuerdo a su estatus
―Buenos días Mifune-san ― devolvió el saludo el Daimyo cortésmente.
― Pronto comenzaremos nuestro camino, solo estamos preparando unas provisiones para el viaje, le ruego espere un momento mas ― dijo el viejo general aun inclinado.
―No hay problema― contesto sonriente el ojimiel― ¿Por cierto, quien eres tú? ― pregunto curioso al ver a un niño con armadura.
―Mi nombre es Juushiro, mi señor ― contesto el rubio serio pero respetuoso.
― ¿No eres algo joven para ser un samurái? ― volvió a preguntar aun más curioso el Daimyo, jamás pensó que vería a un niño en armadura blandiendo una espada lo que lo hizo desconfiar un poco sobre si realmente estaría seguro.
―Es joven, pero su voluntad es fuerte y su espada es firme y precisa ― se apresuro a decir Mifune quien pudo ver el brillo de la duda en los ojos del Daimyo.
― Puedo hacerle una demostración de mis habilidades, si usted lo desea ― ofreció el rubio con todo el respeto posible para que su señor no lo tomara como un reto.
― Esta bien, quiero ver que puedes hacer y será una buena forma de matar el tiempo― dijo el pelinegro con una sonrisa.
― ¿Y qué propone, mi señor? ― pregunto cortésmente el joven samurái.
El Daimyo se lo pensó un rato y luego se le ocurrió algo que podría resultar, dio un par de aplausos y del carruaje en donde venia bajo un muchacho de unos veinte años de tez blanca, cabello castaño y ojos negros como la noche y una expresión de molestia y una mirada altiva que iba vestido con un fino kimono verde con estampado de hojas de cerezo y quien portaba una hermosa espada de empuñadura negra y con detalles en oro con una funda verde con detalles azules― Él es el prometido de mi hija, Sorachi Momoe ― hablo el Daimyo presentando a su yerno― No es por alardear pero es un gran espadachín, ¿Crees poder seguirle el paso, Juushiro-kun? ― pregunto con algo de arrogancia el pelinegro.
―Creo que no tendré problemas― contesto humildemente Juushiro.
― Muy bien, entonces acompáñenme al dojo― dijo Mifune levantándose y haciendo una reverencia para luego caminar hacia el dojo mas grande que tenían siendo seguido por el Daimyo y su yerno además de Juushiro quien a pesar de llevar máscara Mifune podía notar que estaba un poco molesto de que lo creyeran inferior a un niño rico y mimado como ese. Además de ellos los siguieron varios samuráis quienes querían ver si Juushiro lo haría morder el polvo o lo dejaría ganar, aunque intuían que sería lo segundo. Ya en el dojo ambos espadachines se pusieron en posición de ataque para iniciar utilizando sus espadas en vez de los bokken a petición del Daimyo, cosa a la que nadie se opuso.
― Listos, comiencen― dijo calmadamente el general samurái sentado al lado del Daimyo y viendo a su nieto, solo esperaba que no se le pasara la mano.
Ambos estaban frente a frente esperando a que alguien hiciera el primer ataque el cual fue hecho por Sorachi quien rápidamente desenvaino su espada y lanzo un tajo vertical el cual fue parado por Juushiro sin mucho esfuerzo con un rápido embate provocando que Sorachi retrocediera por la fuerza del golpe.
― Eres fuerte ― musito el castaño planamente.
― Gracias― murmuro algo aburrido el rubio, de verdad creyó que ese tipo seria mas fuerte pero la verdad sus ataques dejaban mucho que desear.
Sorachi no perdió el tiempo y nuevamente se lanzo al ataque esta vez con un tajo horizontal que Juushiro simplemente esquivo con un salto quedando detrás de él aun sin desenvainar.
― ¿Te burlas de mí? ― pregunto molesto el castaño pues su oponente no hacía más que esquivar sus ataques y o hacia el mínimo esfuerzo por atacar.
―No ― comento sin muchas ganas haciendo que su oponente diera un giro rápido para intentar herir a su oponente pero nuevamente fue fácilmente esquivado.
― Ese muchacho es muy hábil― exclamo sorprendido el Daimyo al ver las habilidades del joven samurái.
―Tiene que serlo, es mi sucesor― dijo con orgullo Mifune sorprendiendo al pelinegro.
― Vaya eso no me lo esperaba― musito pensativo, si eso era cierto y de seguro lo era, Momoe tendría algunos problemas.
Sorachi estaba realmente frustrado, ese maldito samurái solo estaba jugando con él y solamente desenvaino una vez y fue para parar su ataque.
― ¡¿No piensas atacar?! ― pregunto furioso lanzando más ataques los cuales fallaban miserablemente.
― No― contesto planamente el rubio.
Sorachi harto de eso comenzó a acelerar el paso y lanzaba tajos a diestra y siniestra con toda su fuerza, Juushiro lo único que hacía era esquivar sus ataques y suspirar.
― ¡Muere! ― gritó fastidiado el yerno del Daimyo lanzando una poderosa estocada a toda velocidad que dejo impresionado a más de uno, menos a Mifune.
― ¿Podemos terminar ya? ― pregunto el joven rubio desviando la espada de su oponente con la mano desnuda sin mucho esfuerzo haciendo que este se tambaleara y cayera pesadamente al suelo mientras dejaba su posición de ataque y caminaba hacia la salida.
― Simplemente impresionante― comento maravillado el gobernante del País del Hierro a lo que Mifune solo suspiro tranquilo de que su nieto adoptivo no hubiese hecho una locura, por un momento que debería ir alistando su traje blanco para hacer el harakiri.
― ¡Maldito! ― mascullo Sorachi furioso de ver como había sido dejado en ridículo. Rápidamente se paro y con katana en mano listo para matar a ese desgraciado.
Juushiro volvió a suspirar cansado y desapareció ante la atónita vista de todo el mundo y volvió a reaparecer medio segundo después detrás de Sorachi mientras envainaba su espada.
― ¡¿Cómo rayos…?! ― antes de que Sorachi siquiera pudiera terminar su oración su espada se hizo pedazos y su kimono quedo hecho pedazos los cuales cayeron al suelo dejando su torso expuesto mientras todos incluso él quedaban con la boca abierta.
― (¡Que rápido!) ― pensó el Daimyo, ninguno de sus guerreros era ni la decima parte de lo rápido que era el sucesor de su general.
― (Mejor voy alistando el traje blanco y mi poema) ― pensó con pesar Mifune ante la innecesaria demostración de fuerza de su nieto.
― (Creo que me pase) ― pensó tranquilamente el rubio, pero solo se encogió de hombros y salió por la puerta dejando a Sorachi semidesnudo y con su orgullo mancillado.
― Me disculpo por el comportamiento de mi nieto, mi señor― se apresuro a decir Mifune al ver la expresión de sorpresa del Daimyo sin saber si era de alegría o de enojo.
― ¡Su nieto es único! ― dijo exaltado el pelinegro sonriendo como un niño ante tal demostración de fuerza.
― Realmente lo es― dijo sonriente Mifune feliz de no tener que dejar solas a su mujer y a sus hijos.
…
De camino al carruaje del Daimyo Juushiro se topo con quien siempre se alegraba el día, su querida Sanae quien llevaba un rollo en las manos. Por lo general los samuráis tenían prohibido aprender ninjustu bajo ningún motivo, sin embargo sellar cosas dentro de rollos era conocido como un antiguo arte que fue adoptado por los samuráis hacía doscientos años por lo que era lo único más cercano a un ninjustu permitido.
― ¡Hola Sanae-chan! ― saludó alegre el rubio quitándose la máscara y dejándose el casco.
― Buenos días Juushiro-sama, le traje esto para su viaje ― dijo igualmente feliz extendiéndole el rollo.
― ¡Oh! Que sorpresa― musito el rubio tomando el rollo― ¿Qué es? ¿Una carta de amor para el viaje? ― pregunto burlón.
― ¡¿Cuándo va a dejar de decir esas cosas vergonzosas?! ― pregunto sonrojada lo cual no se notaba por las vendas que cubrían su rostro.
―Lo hare cuando dejes de llamarme con el "sama" ― dijo este encogiéndose de hombros.
― Es muy infantil ¿sabe? ― dijo la pelimorada en tono recriminatorio.
― Pero así me quieres― comento el rubio abrazando a su prometida.
― ¿Qué dijo Oka-san? ― le recrimino Sanae mirándolo fijamente con su ojo a lo que Juushiro solo bufo molesto.
― No importa, ella no está aquí, así quee… ― el rubio iba a posar sus labios cuando sintió que lo golpeaban con algo muy pesado.
― ¿Qué decía, Juushiro-sama? ― pregunto Moriko saliendo de la nada y dándole otro coscorrón a su yerno con un rollo que iba a llevarle a Mifune mientras cargaba a un niño de casi dos años de pelo negro y ojos igual negros quien miraba feliz como golpeaban a su hermano mayor.
― ¡¿Cómo es que siempre lo sabe?! ― pregunto exaltado el rubio a lo que su suegra solo se encogió de hombros.
― Instinto materno― dijo esta calmadamente― despídete Sanae― ordeno Moriko.
― ¡Iroo! ― gritó feliz el niño extendiendo sus brazos para que Juushiro lo cargara.
― Al menos se que tu siempre me querrás Tokagero ― dijo el rubio recibiendo al bebe y juntando su mejilla con la del pequeño mientras hablaba con falso dolor en sus palabras.
― ¡tiii! ― decía feliz el niño abrazando al ojiazul.
―Y pensar que muchos decían que Mifune-sama ya no estaba en edad para procrear― comento Sanae viendo a su hermanito jugar con su prometido mientras su madre se sonrojaba.
― Gallo viejo da buen caldo― musito Juushiro encogiéndose de hombros recibiendo otro poderoso coscorrón solo que ahora no era de Moriko sino de su abuelo.
―Tú siempre tan imprudente, ¿No Juushiro? ― comento el anciano muy molesto.
― ¡Su familia es muy divertida Mifune-san! ― dijo inusualmente feliz el Daimyo quien venía detrás de Mifune con un muy avergonzado y furioso Sorachi quien iba vistiendo un uniforme de entrenamiento.
―Los presento ― dijo Mifune aclarándose la garganta― ellas son mi esposa Moriko y mi hijastra Sanae
―Buenos días, mi señor ― dijeron al unisonó Moriko y Sanae haciendo una reverencia.
― Muy buenos días― contesto el pelinegro con una inclinación de la cabeza.
― ¡Papi! ― llamo la atención el bebe lanzándose a los brazos del viejo general.
― Hola hijo― contesto Mifune recibiendo en sus brazos a su retoño quien sonreía feliz de estar en brazos de su padre. Luego de un rato muy ameno llego el momento de despedirse donde Juushiro le robo un beso a Sanae ganándose un coscorrón por parte de su abuelo y Moriko para después marcharse junto con la caravana rumbo al país de fuego.
…
― ¡Los estaremos esperando! ― gritaron ambas mujeres viendo como la caravana se alejaba.
― ¿Crees que Juushiro-sama este bien? ― pregunto preocupada la castaña consiente del profundo odio que su yerno profesaba a los ninjas.
― Él estará bien― contesto simplemente la ojiverde.
― ¡Papiiiiiii! ― se puso a gritar Tokagero triste de que su papa se estuviera alejando ya que como todo niño a esa edad temía que su papa no volviera pero fue rápidamente consolado por su hermana y su madre.
…
Mientras tanto en el carruaje del Daimyo, este estaba aun muy contento de ver lo fuerte que era ese samurái de nombre Juushiro y pensó que no le molestaría tener a alguien tan habilidoso en su familia, incluso ya estaba planeando algo.
― ¿Y a ti que te paso? ― pregunto burlona una joven de dieciséis años, de tez blanca pelo rojo como la sangre recogido y adornado con una fina peineta , ojos color miel la cual iba vestida con un kimono de princesa azul marino el cual tenía varios estampados de peces koi.
―No me molestes ― musito enojado Sorachi recordando la humillación de la que fue víctima.
― Tranquilo Sorachi-san ― dijo el Daimyo tratando de calmar los ánimos pues desde siempre ambos se habían llevado fatal. Ni siquiera supo cómo fue que consintió que ambos fueran a casarse si se odiaban, ¡Ah, sí! Su mujer lo había obligado alegando que era el mejor partido que su hija podría encontrar, era en momentos como ese en los que se arrepentía y prefería deshacer ese absurdo matrimonio.
…
Fuera del carruaje iban los demás samuráis a pie listos para cualquier eventualidad que se presentara.
― ¡Ouch! ― gritó molesto Juushiro al sentir que le daban otro coscorrón― ¡¿Por qué me pegas, Ojii-sama?! ― pregunto molesto el rubio.
― Por tu gracia de dejar semidesnudo al yerno del Daimyo― contesto serio el general.
―Tch, el se lo busco por atacar por la espalda― dijo encogiéndose de hombros.
Mifune solo suspiro y siguió caminando, desde siempre Juushiro había sido alguien que seguía al pie de la letra el código samurái el cual prohibía atacar a un enemigo a traición o atacar a alguien que no se pudiera defender por lo que no toleraba que alguien hiciera tales bajezas, incluso se sabía de memoria el código samurái, sus rituales e incluso sus reglas. Mifune solo volvió a suspirar y miro a su nieto quien se veía algo tenso pues no quitaba la mano de su espada y sus pisadas eran más profundas de lo normal. Ese sería un muy largo y molesto viaje.
Hasta aquí!
Espero les haya gustado el cap, un aviso, en este fic Naruto no va a aprender NI UN SOLO NINJUTSU, solo va a pelear con taijutsu y kenjutsu además de algunas armas que eran usadas por los samuráis de japon, por lo que no esperen ver a Naruto haciendo el rasengan.
Bueno en este cap pudimos ver algo del pasado de Naruto y de su familia, en el próximo cap va a llegar de una vez al país del fuego para no alargar el viaje innecesariamente.
(Modo Germán Garmendia On)
Y si te gusto no te olvides de comentar y darle follow, subo capítulos casi todos los días, Ok no XDDD uuun abrazo psicológico y espero que estén pendientes del próximo cap donde llegaran al País del Fuego donde tal vez y solo ¡TAL VEZ! Naruto vea a su familia, pero eso lo deciden ustedes XDD
(Modo Germán Garmendia OFF)
Contestando a los reviews:
DarknecroX: qué bueno que te gusta la historia y la sigas. Ojala también te guste el cap. Saludos.
CCSakuraforever: Gracias por el apoyo, pero como dije arriba Naruto solo va a luchar con kenjutsu, taijutsu y alguna otras armas típicas de los samuráis. Saludos.
Alessia Scarlet: me alegra que te guste el fic y ojala te guste esta cap. Saludos.
Gjr20900: qué bueno que te gusto la historia y gracias yo siempre intento hacer historias originales que nadie más hace, o si las hacen a veces quedan tiradas, te lo digo porque he visto historias buenísimas que nunca tuvieron un fin. Por lo del estilo hitten mitsurugi pues la verdad no, Naruto va a pelear usando el estilo Iai, el cual es el mismo que usa Mifune el cual consiste en desenvainar rápidamente para atacar o defender y luego volver a envainar, si mal no recuerdo. La verdad en varios fics he visto que siempre que Naruto tiene una katana van y le ponen el hitten mitsurugi y eso ya está algo gastado, aunque en samurái X era buenísimo, lástima que me arruinaron la infancia con aquella ova donde Kenshin regresa con Kaoru solo para morir en sus brazos ;w; perdón si hice spoiler XDDDDDD. Saludos.
Reload32: pues aquí tienes la conti, ojala te guste. saludos
