Capítulo 1

—Liaisons Nocturnos Konoha —dije mientras acunaba el teléfono de la

oficina en mi oreja—. Le habla Hinata. ¿En qué puedo servirle?

—Sí, Hola —susurró nerviosamente el hombre en el otro extremo del

teléfono—. E-estoy buscando... compañía para esta noche. Me gustaría una pelirroja.

Hice una mueca. Teníamos al menos una llamada de estas al día, y me había convertido en una veterana en desviar la repugnancia de las personas mal informadas que llamaban. Por supuesto que no había manera de no entender lo que estaba buscando, ya que claramente había declarado "pelirroja" de una manera bastante obvia.

—Liaisons Nocturnos Konoha es un servicio de citas, señor. No un servicio de acompañantes. Ahora, por favor, nunca vuelva a llamar.

Hubo una pausa en el otro extremo de la línea.

—Oh —dijo el sujeto repugnante—. Bueno, eso está bien. ¿Cómo puedo acceder a su página web? Quisiera acceder a las informaciones de perfiles para citas pero no me permite hacerlo sin una contraseña.

—La contraseña es su número de identificación de la Alianza —dije, mi

voz increíblemente agradable por años de responder llamadas

telefónicas cuestionables—. O puedo verificar sus credenciales y

conseguir que inicie una conexión temporal. Si puede decirme quién es

su líder de manada, estaría más que feliz de hacer la revisión de

antecedentes...

—¿Mi qué? — Definitivamente un civil en la línea. Un "natural", como a mi jefa le gustaba bromear en la oficina. Decidí hacerme la tonta de todos modos.

—Si no tiene un líder de manada... ¿tal vez tenga maestro? —Si este

hombre estaba familiarizado con la sociedad no-muerta en modo

alguno, captaría la indirecta.

—¿Eh? — por lo visto sigue siendo un civil. Trataré de comprobar probando más palabras codificadas.

—¿Aquelarre? ¿Rey Hada? —No me pude resistir—. ¿Gran Señor?

—¿De qué está hablando, señora? —El hombre en el otro extremo de la

línea había perdido la paciencia. Había desaparecido el tono

zalamero y agradable, siendo sustituido por el típico y corriente de cliente enojado.

Salvo que definitivamente él no era uno de "nuestros clientes".

—Lo siento —dije con mi voz más dulce—. Pero Citas Nocturnas Konoha tiene

una clientela exclusiva. Nuestro servicio de citas está solamente abierto a referencias de clientes actuales y permisos especiales. Tenga un buen día, señor...

—Espera un minuto —comenzó el hombre, le colgué el teléfono

de todos modos. Las posibilidades de que llegara a ser un cliente eran

casi nulas, a menos que tuviera la suerte de encontrarse con un vampiro en busca de un nuevo amigo. Por tanto, no era de mi interés el ser amable con él.

Desde el fondo de la habitación, Sakura se rió disimuladamente mientras tecleaba en su escritorio.

—Siempre te tocan las raras.

—Por supuesto que sí — giro en mi silla para mirarla. Los ojos verdes de Sakura estaban pegados a la pantalla del ordenador, aunque tenía una sonrisa en el rostro—. Recibimos llamadas raras debido a que el nombre de la empresa suena como el de un servicio de acompañantes. Y me tocan porque tú no estás contestando el teléfono.

—Estoy ocupada —dijo ella, pero torció la boca.

—Parte de tu trabajo es contestar el teléfono —repliqué, exasperada—.¡Yo soy la gerente de la oficina! Si alguien no tendría que contestar el teléfono, debo soy yo.

—Pero eres muy buena en eso. —Sakura con su voz aniñada y su sonrisa pretende tranquilizarme —. Además no tengo ni la mitad de la paciencia que tú tienes con los raros.

Solo me limito a resoplar mientras que Sakura se rie. Como es mi hermana menor, se salía con la suya en casi todo. Hojeó la pila de folders que sé dentro estaban llenas de perfiles a digitar sobre su escritorio.

—Liaisons Nocturnos Konoha es un nombre estúpido, pero ¿de qué otro modo podría llamarse un servicio de citas que atiende exclusivamente a lo paranormal?

—¿Coitos con Colmillos? ¿Sumisos con Collar Antipulgas? —dije

sarcásticamente, girándome hacia mi pantalla para quitar la ventana emergente y brillante que me recordaba registrar la llamada

en la base de datos—. ¿Carne Fresca para Perezosos?

Sakura hizo un pequeño ruido de frustración. Yo hago una mueca mientras me arrepiento. Eso fue insensible de mi parte.

—Eres demasiado dura con ellos. No todo el que tiene cola es un

imbécil.

—Lo siento —dije, manteniendo mi voz alegre—. Sabes que no quise decir eso. El horario es extraño y los clientes son aún más extraños, pero me gusta estar aquí.

Era cierto, este puesto era bien pagado, manejaba la oficina como si

fuera mía, y lograba vigilar a mi hermana menor veinticuatro horas al

día, garantizando su seguridad. La vida era buena, aunque un poco

extraña.

Mi trabajo era crear nuevos perfiles y emparejar clientes, además de

dirigir la oficina. El trabajo de Sakura era comprobar a nuestros clientes para verificar que las citas siguieran en pie, también debe dar seguimiento después de la cita para asegurar que todos se divirtieron. Incluso actualizar los perfiles con estatus "exclusivo" si era necesario. Ese era el trabajo más fácil en nuestra pequeña oficina. Por lo general ella terminaba en cuestión de horas y luego ponía su computadora en modo de juego, pasando el resto del día jugando Warninja.

Al otro lado de la habitación, Sakura tomó una bocanada de aire y luego contuvo el aliento.

—Oh, mierda

Yo me giré para mirarla de nuevo.

—¿Qué pasa? — conozco esa expresión y sé que no es para nada buena...

—Perfil #2674, eso es lo que pasa —dijo con ansiedad.

Oh, Dios. Ni siquiera tenía que acceder al perfil para saber quién era.

—¿Qué hizo Karui ahora?

Karui cancelaba citas regularmente, era agresiva como el infierno, y

había causado más de un problema con los chicos, y no sólo de la variedad de pulgas y garrapatas. Con toda clase de ellos. A algunos chicos les gustaba eso; por eso pedían citas con ella ya que esperaban que una chica lobo fuera feroz y atrevida.

Pero en nuestra oficina la odiaban. No deja de causarnos problemas.

—¿Qué hizo ahora? —repetí ya que no oía respuesta de Sakura, ahora estoy anticipando la llamada de reclamación que seguro llegaría.

—Canceló una cita con un cambiador gato a través de la página web. —Sakura se pasó los dedos a través de su corta y esponjada melena rosa, dispersando los finos cabellos a través de sus mejillas—. No te preocupes, puedo manejarlo.

Fijé la mirada en la postura rígida de Sakura con preocupación, observando sus brazos en busca de cualquier revelador brote de pelaje. Cuando Sakura entraba en pánico, realmente entraba en pánico, y era mi trabajo tranquilizarla y encargarme de la situación. Su vida dependía de ello.

Hice mi voz tranquilizadora.

—¿Por qué es ese un problema de "oh, mierda"? Karui siempre les

cancela a los gatos.

Teníamos una serie de quejas en su expediente de 1 Km de largo. Si

alguien cancelaba una cita, se les cobraba una tarifa por inconvenientes. Sin embargo, nuestra jefa, Mei, siempre renunciaba a sus tarifas, y Karui abusaba del privilegio.

Yo sospechaba que Karui y Mei tenían algún tipo de acuerdo oculto además del contrato

estándar, pero no iba a preguntar.

La única razón por la que Karui todavía era admitida en el servicio de citas era porque el grupo de miembros mujeres de la Alianza era muy pequeño en comparación con el de miembros masculinos.

Especialmente tan atractivas y dispuestas a salir como Karui. No podíamos darnos el lujo de perderla; era un buen negocio. Por lo tanto, pusimos una nota en su perfil de que prefería citas caninas con la esperanza de disuadir a algunos clientes. Sin esperanza alguna, no disuadía a muchos.

—Pero este no es cualquier cambiador gato —dijo Sakura mientras me dirigía a su escritorio. Sus ojos iban de un lado a otro en la pantalla—. Es una cuenta nueva. Uno del clan Namikaze. Y su cuenta está marcada con una bandera.

Una bandera significaba que alguien era poderoso y peligroso, y que no debíamos cabrearlo o la jefa nos haría cosas terribles. También significaba que Mei se había saltado el proceso de configuración regular y había creado esta cuenta ella misma. Tenía interés personal en su éxito.

Habíamos aprendido desde hace mucho tiempo a no fastidiarla con las cuentas marcadas con bandera. No, si valorábamos nuestro trabajo.

—Oh Dios —susurré—. ¿Tengo que llamar a Mei por la cancelación?

Mei Terumi era la sirena que había comenzado Liaisons Nocturnos Konoha; y era un poco inflexible. No estaría contenta cuando se enterara que Karui había jodido una cuenta marcada con bandera.

—Diablos, no —dijo Sakura mirándome como si me hubiera crecido otra cabeza. Se inclinó sobre el teclado y empezó a teclear frenéticamente—. Puedo manejar esto. Sólo dame un minuto.

—Sakura... —advertí, preocupada por su reacción—. Tenemos que ser

cuidadosas cuando se trata de cuentas marcadas con bandera. Déjame llamar a Mei y ver cómo quiere manejar la situación.

—De ninguna manera. Voy a arreglar esto —dijo mientras tecleaba

furiosamente, con la mirada fija en la pantalla—. Dame cinco minutos y

puedo fingir una falla en la base de datos y borrar todos los registros de

las últimas veinticuatro horas...

—¡Sakura! Mi Dios, ¡no! —Traté de agarrar sus muñecas, pero mi

hermana menor era más rápida que yo—. No toques la base de datos.

Vas a limpiar cada registro individual que ha sido actualizado desde la

última copia de seguridad. No toques nada. Voy a llamar a Mei.

Volví a mi escritorio y hojeé mi directorio interno. Mei estaba de

vacaciones, así que necesitaba su número de celular. Odiaba la idea

de llamarla y molestarla mientras estaba fuera, pero odiaba aún más la idea de que me despidiera. Y estaba segura de que despediría a alguien si descubría que de alguna manera habíamos arruinado una cuenta marcada con bandera.

Marqué.

—Soy Terumi—dijo una voz ronca.

—¡Mei! ¡Hola! Yo...

—Estoy en Las Vegas en este momento, y tú no —continuó la

grabación con una voz burlona—. Y no puedo atender el teléfono en este momento. Estoy

un poco... atada. —Una risa sensual—. Si esto está relacionado con el

trabajo, puede esperar hasta que vuelva. De lo contrario, deja un

mensaje.

El correo de voz pitó y yo colgué.

Había cometido el error de dejar un mensaje una vez y ella me había regañado y amenazado mi trabajo. Sabía que era mejor no hacerlo de nuevo. Cuando uno de los novios

ricos de Mei se la llevaba de fin de semana, no le gustaba ser

molestada.

De vuelta al principio, entonces.

—Si perdemos la cuenta, estamos en serios problemas, Nata —dijo

Sakura—. Va a despedirme.

Temía que tuviera razón. No sólo Mei tenía una relación susceptible

(léase poco clara) con el clan Namikaze, sino que también tenía poca tolerancia hacia los humanos. La única razón por la que empleaba en su negocio a chicas tranquilas y "normales" como Sakura y yo era porque podíamos trabajar todas las horas del día y teníamos prohibido salir con la clientela. El círculo de amigos de Mei estaba limitado por cosas como la luz del día y una luna llena.

Sakura volvió su mirada de preocupación hacia mí.

—¿Qué vamos a hacer?

Me trasladé a la parte trasera de la oficina y me incliné sobre el

escritorio de Sakura, decidida a tomar el control de la situación.

—Está bien. Vamos a resolver esto. Abre el perfil de Karui. A ver si registró a donde iría en su cita con Namikaze esta noche.

Liaisons Nocturnos Konoha monitoreaba estrictamente las actividades de los clientes. La fecha, hora y lugar de una cita eran registrados y detallados, tanto para su protección como la nuestra. Nunca se sabía cuando una guerra entre especies iba a estallar porque alguien había salido con alguien más perra. Literalmente.

Los dedos de Sakura golpearon ligeramente el teclado, y luego silbó.

—Bien, lo registró. Cena en Ichiraku y un par de noches en el

Kumogakure después.

—Cena y una fiesta privada, ¿eh? —Karui se movía en círculos más

rápidos que la mayoría de las chicas, humanas o no. Aun así, tenía buen

gusto, y el restaurante era caro. Al menos estaba consiguiendo que este chico la tratara bien.

El teléfono en mi escritorio sonó de nuevo. Automáticamente fui a

contestarlo.

—Liaisons Nocturnos Konoha. ¿Puedo ayudarle?

—Sí —dijo el hombre en la línea con una voz ronca falsa—. Me gustaría

tener una cita esta noche. Una pelirroja.

Él otra vez. Ahora no era el momento. Puse los ojos en blanco y colgué el teléfono, luego volví al escritorio de Sakura.

—Abre la cuenta de Namikaze de nuevo.

El teléfono sonó.

Ya estaba empezando a irritarme. Rara vez teníamos tantas llamadas

tan seguidas, y casi nunca se producían antes del anochecer, que era

nuestro período de intensa actividad debido a los vampiros que se

despertaban. Dado que era media tarde, significaba que el raro estaba

probablemente volviendo a llamar.

Era hora de solucionar esto. Me dirigí de nuevo a mi escritorio.

—Dame un momento, Sakura, y resolveremos esto. —El teléfono sonó por segunda y tercera vez antes de que lo descolgara y contestara con mi voz más baja—. Liaisons Nocturnos Konoha. Si sigue llamando, maldito pervertido, voy a llamar a la policía y decirles que está solicitando sexo en nuestro negocio.

Una risa profunda retumbó a través del auricular, sin duda no del último

hombre. El calor inundó mi cuerpo ante el sonido líquido, y sentí a mi

cara enrojeciendo ante la sensación.

—¿Llama a todos sus clientes pervertidos —preguntó el hombre—, o sólo estoy de suerte?

Me mordí el labio. Mi corazón se hundió.

—Lo siento. Pensé que era... no importa. ¿En qué puedo ayudarlo,

señor?

—Tengo un pequeño problema —dijo con una voz deliciosa, agradable

y suave—. Tenía una cita muy importante esta noche y ella acaba de cancelarme.

—¿Cuál es su número de perfil, señor?

Me lo dio y lo ingresé al sistema, aunque ya sabía lo que revelaría. La

cita de Karui.

El perfil del cliente se abrió. Líder del clan Namikaze —oh, diablos—

VIP en nuestro servicio. No había foto en la base de datos, y su historial era breve, el número de su perfil completamente nuevo. No había utilizado nuestro servicio antes de establecer la cita con Karui. Mi interlocutor súper seductor al parecer se llamaba Naruto Namikaze. Apostaba a que era absolutamente hermoso. Alto, rubio y bien

parecido, para coincidir con sus genes de puma. Un rostro sensual para armonizar con la voz pecaminosa. Y un montón de músculos.

—Tranquilícese, cariño. —Hizo una pausa y luego dijo en voz baja—. ¿Ve mi problema?

Eso me hizo volver a la tierra. Dejé de imaginarme los abdominales del

cliente y presioné el ratón, con las mejillas calientes.

—Veo que Karui Daigo canceló su cita, correcto —dije—. Y no soy su

cariño.

—Karui accedió a pasar la semana conmigo —dijo con palabras tranquilas, como si no pudiera imaginar que hubiera un problema—. Es vital que tenga una acompañante hasta el domingo.

Irritación pasó a través de mí. La desfachatez de los cambiadores

siempre menospreciando a los humanos.

—Pues bien, señor, me permito sugerirle que la próxima vez examine el perfil de su cita un poco más de cerca. Si se hubiera fijado en el historial de citas de Karui, habría visto que tiene unos cuantos malos hábitos, como aceptar citas con cambiadores gato y luego dejarlos plantados en el último minuto. Un poco de investigación simple podría haber evitado esta pena. —Al darme cuenta que mi tono era un poco

antipático, agregué un "señor".

Se rió con su garganta ante mi áspero sermón.

—Va a tener que perdonarme por no estar demasiado familiarizado con

su sitio web. —Su voz vibró en mi oído—. No estoy acostumbrado a

buscar mujeres en línea.

No, apostaría que no. Si era la mitad de sexy que su voz, caerían sobre

él de forma regular.

—No obstante —continuó—, tenemos que arreglar esto. ¿Está Mei? ¿Debo hablar con ella?

Ignoré las dos últimas preguntas. Obviamente, él estaba en buenos términos con mi jefa. Obviamente, esta era una mala noticia para mí.

—No puedo obligar a Karui a salir con usted, señor.

Me animé.

—Llámeme Naruto —dijo, la inflexión en su voz transformándose en persuasión. Lo que hizo temblar mis muslos traidoramente—. Y si Karui no va a salir conmigo, necesito que me encuentre otra cita.

—Puedo hacer eso. —Pan comido. Poniendo el teléfono contra mi

hombro, comencé a teclear, ingresando su número y la cita de hoy en el generador de perfiles—. Deme sólo un momento y buscaré en la base de datos. Estoy segura de que podemos encontrar a alguien en poco tiempo.

—No vampiros —dijo—, o cualquier tipo de no-muerto. —Luego hizo una

pausa—. ¿Cuál es su nombre?

Escribí sus criterios de búsqueda en el sistema con el ceño fruncido. La

cosa de "no-muertos" limitaba mucho mi búsqueda. Las mujeres

cambiadoras eran raras, y si omitía hombres y no-muertos, podríamos tener un problema para conseguir a alguien para esta noche, por no

hablar de la próxima semana.

—Mi nombre es Hinata Hyuga—dije distraídamente, cruzando los

dedos mientras esperaba que los resultados del perfil aparecieran.

Justo cuando le di mi nombre, tocaron la puerta de la oficina y un

hombre magnífico entró, con un par de lentes de sol ocultando sus ojos.

Me quedé boquiabierta. Era hermoso, alto, moreno y bronceado. Su traje era caro, sonrió y sus dientes blancos como perlas brillaron ante mí.

Incluso desde mi escritorio, podía oler el denso almizcle de su colonia.

Un poco fuerte, pero típico de los tipos seguros de sí mismos.

Sakura se levantó de inmediato y se fue al cuarto de archivos, como

siempre hacía cuando un cambiador entraba al edificio. Olí el olor

talcoso del perfume con el que se roció sus puntos de pulso, el olor fue

abrumador y empalagoso cuando se combinó con la colonia del

extraño.

El hombre debía haber venido para la creación de un nuevo perfil.

Mei prefería que manejara a esos en persona, levanté un dedo hacia

mi cliente, indicando que necesitaba un momento. Él asintió con la cabeza y se sentó justo frente a mi escritorio, mirándome con interés.

Sentí aumentar el calor en mis mejillas y presioné la tecla Enter unas cuantas veces más, sólo para distraerme.

Aparenta estar ocupada,

aparenta estar ocupada.

—¿Hinata? —El hombre en el teléfono sonaba divertido, y tuve que

devolver mi atención a la llamada telefónica—. Eso es muy clásico para una chica moderna. ¿Es usted un vampiro?

Intensamente incómoda, hojeé algunas carpetas en mi escritorio,

evitando el escrutinio del hombre frente a mí.

—Si fuera un vampiro —dije suavemente—. Sería una tostada quemada en estos momentos ya que es mediodía. —La luz del sol entraba por la ventana detrás de mi escritorio, y todo el frente de la oficina en el centro comercial era ventanas—. Soy humana. Lamento

decepcionarlo.

—Oh, no estoy decepcionado —dijo en una voz baja que hizo que los

dedos de mis pies se curvaran.

Entre la llamada telefónica y el hombre frente a mí, que se veía

totalmente interesado en mi conversación, iba a morir de vergüenza.

Los resultados de mi búsqueda finalmente aparecieron y la

computadora produjo un sonido para mí. Gracias a Dios.

Un solo perfil malo apareció en mi pantalla.

—Parece que le hemos encontrado una buena pareja, Naruto—dije,

desplegando la labia comercial—. Naomi Hitoaime resulta estar libre

esta noche, y está muy interesada en salir con todo tipo de

cambiadores, de acuerdo a su perfil.

Hizo un ruido retumbante de asentimiento.

—¿Y qué es ella?

—Una cambiadora —dije evasivamente.

—¿De qué tipo? —presionó.

—Aviar.

Una pausa incómoda.

—Va a tener que ser más específica que eso. – Contuve un suspiro, sabiendo a dónde se dirigía esto.

—Arpía.

El hombre frente a mí, sonrió.

Hubo una pausa en el teléfono, como siempre pasaba cuando el perfil de arpía salía a relucir. Luego, en voz muy baja, dijo:

—No voy a salir con una arpía, Hinata.

No podía culpar al hombre. Las arpías tenían mala fama. Daban a las

psico-novias un nuevo significado. Tendían a desquiciarse por pequeñas cosas, y a continuación las cosas se ponían realmente feas.

Mierda contra la pared, no es broma.

—Tenemos un doppelganger en archivo —dije con desesperación—.

Pakura puede presentarse como hombre o mujer, dependiendo de sus necesidades.

El teléfono se quedó en silencio por unos segundos.

—Hinata, ¿estás casada?

Dios, su voz sonaba más sexy que nunca.

Di que sí. Miente y di que estás casada.

—No —suspiré—. No lo estoy.

—¿Estás viendo a alguien?

No me atrevía a mirar al hombre frente a mí, lástima que no me pudiera ocultar debajo de mi escritorio.

—No. —Mi vida personal es demasiado complicada para siquiera

pensar en traer a un novio a la mezcla. Preocupada, miré a la puerta de entrada de la sala de presentación, pero no vi a Sakura. Esperaba que ella estuviera bien.

—Entonces parece que eres mi cita, ¿no?

—¿Qué? —espeté, e inmediatamente después le arrojé la norma de rechazo—. La Alianza Paranormal no permite citas de humanos/cambiadores, a menos que sea permitido por un visado especial.

—Tengo abogados. Déjame los detalles a mí.

—Señor Namikaze —dije, desesperada—, no salgo con clientes.

El hombre frente a mí, se sentó recto y se inclinó hacia delante, como si

su interés se hubiera despertado.

Murmuró:

—Eso es una verdadera pena.

Mi cara, posiblemente, no podría volverse más roja. No en lo humanamente posible.

—Haz una excepción o déjame hablar con Mei. —El hombre al

teléfono no iba a aceptar un no por respuesta, y enfoqué toda mi

concentración de nuevo en él. Estaba empezando a ponerme un poco irritada por sus despóticas exigencias.

—Mei no está disponible.

—Entonces, parece que sólo tenemos una opción.

Mierda. Mei me iba a despellejar viva si salía con un cliente. Estaba

prohibido. Perdería mi trabajo. Por otra parte...

Me quedé mirando la bandera en su perfil. Iba a perder mi trabajo de cualquier manera,

¿verdad? Tal vez si salía con el señor Namikaze, podría convencerlo de

mantenerlo en secreto. Mei nunca tendría que saber que había

frustrado su cuenta, y tomaría unas copas con el hombre para luego

decepcionarlo fácilmente. Parecía lo suficientemente agradable como para pasar un buen rato.

Suspiré.

—Creo que está cometiendo un error, Sr. Namikaze.

—Naruto.

—Sigue siendo un error.

—¿Por qué? Tienes un nombre muy bonito, una voz sexy, y estás libre

esta noche —dijo con su tono halagador—. Eres, al menos un miembro auxiliar de la Alianza, estás trabajando para Mei, por lo que no será nada difícil de explicar, como por qué me sale una cola a veces. Y ya crees que soy un pervertido, ¿recuerdas? Así que no habrá ninguna sorpresa.

¿Eso era una broma? Mi protesta salió como un chillido seco. Esta era

una mala idea.

—Tengo que decir que estoy esperando con impaciencia nuestra cita —continuó Naruto—. Tendré la oportunidad de poner cara a esa dulce lengua tuya.

Me sonrojé otra vez. Maldita sea.

Pensando mucho, miré más allá a la sala de archivos y vi a Sakura

paseándose, frotándose los brazos. Esa era una mala señal. En este

momento ella tenía mucho estrés encima: la jodida cuenta, la ira de

Mei, y el cambiador de la sala. Un nudo de pánico se formó en mi

garganta cuando Sakura cerró de golpe la sala de archivos. Muy mala

señal. Ya que era mi trabajo evitar que Sakura se agitara, eso significa

deshacerme del cambiador que se sentaba frente a mí. Y para hacer eso, tenía que conseguir que el otro cambiador colgara el teléfono. Me aparté de mi escritorio, tratando de obtener una analogía de privacidad.

—Sólo cenar —murmuré en el receptor, cediendo a pesar de mis

recelos. No podía mirar al hombre que estaba al otro lado de mi

escritorio mientras aceptaba la demanda de Naruto. Todo en mí, gritaba que era un gran error, pero tenía que hacer algo. Sakura estaba a segundos de perder el control—. No toda la semana. Y no iré al hotel con usted.

—A menos que quieras —agregó. Puse los ojos en blanco ante su arrogancia.

—No querré. Confíe en mí.

—Ya veremos —dijo, muy confiado—. Nos encontraremos en el

restaurante a las siete y media. Hasta entonces, dulce Hinata. —

Colgó el teléfono.

Dejé el teléfono con alivio. Uno de los problemas zanjado, faltaba otro.

El hombre frente a mí, sonrió.

—Hola, soy Taruho —dijo, tendiéndome su mano.

—¿Era él? —gritó Sakura, su voz ahogada por la puerta—. ¿Estoy ya

despedida?

Me aclaré la garganta y le dirigí al hombre frente a mí una mirada de

disculpa.

—¿Me disculpa un momento?

—Por supuesto —dijo con un guiño.

Corrí a la sala de archivos y cerré la puerta detrás de mí.

Inmediatamente, puse una mano en mi boca, sintiendo náuseas por el

perfume intenso y empalagoso. Mis ojos se humedecieron.

—Kamisama, Sakura. Si rocías más esa cosa, él pensará que tenemos un jardín de rosas aquí.

—Es un cambiador —dijo entre dientes y pulverizó otro chorro en el

aire—. Sólo estoy siendo cuidadosa. Por lo tanto, ¿estoy despedida?

—No del todo —dije, abanicando el aire. La sensación de vergüenza y

nerviosismo no me dejaría, no importaba lo duro que tratara de

calmarme—. He arreglado las cosas.

Sakura parecía confundida.

—¿Qué quieres decir con que "arreglaste" las cosas?

—Voy salir con Naruto Namikaze esta noche. Tomando el lugar de Karui.

La mandíbula de Sakura se abrió por completo.

—¿Qué? No se nos permite salir con los clientes. Eres normal, no

paranormal. No tienes la documentación apropiada. —Ella sacudió la

cabeza, mirando la puerta cerrada detrás de mí para asegurarse de

que nuestro invitado no iba a entrar—. Eso es muy amable de tu parte,

hermanita, pero Mei perderá los estribos si se entera.

—No lo diré si tú no lo haces —dije—. Para el momento en que ella

regrese de sus vacaciones, estará ya resuelto.

Ella sacudió la cabeza, su pelo corto y fino volando sobre sus hombros.

—No seas loca, Nata. Puedo solucionar este...

Agarré su brazo y la pellizqué, como solía hacer cuando éramos niñas.

—Si borras un archivo de la base de datos, te juro verteré agua sobre la

placa base de casa. ¿Me entiendes? —Ante su mirada fija, continué— Soy la gerente de la oficina. Déjame manejar esto.

Me sacó la lengua en respuesta, y supe que había ganado.

—¿Vas a estar bien? —preguntó bruscamente, cambiando de tema—. ¿Tienes que ir?

—Estoy bien —dije, mientras se frotaba los brazos de nuevo—. Todo está bajo control.

—Mierda. —Quería extender mi mano hacia ella de nuevo, pero sabía por experiencia que sólo agravaría las cosas.

—Yo me ocuparé de este tipo. Tú quédate aquí y te cubriré hasta que te sientas mejor, ¿de acuerdo?

Tenía los labios apretados en una línea firme, y asintió con la cabeza.

—Derriba algo para tener una excusa para quedarte aquí y limpiar. Pero no el frasco de perfume. Mi almuerzo no resistirá si lo pulverizas otra vez.

Una vez más, Sakura dio un tenso asentimiento. Le marqué un pulgar hacia arriba y me deslicé fuera de la habitación.

—Muy bien —dije, con mi mejor sonrisa—. Ahora, si tan solo pudiera ver su identificación de la Alianza, podré abrir su perfil.

Me llevó cuarenta y cinco minutos configurar la cuenta de Taruho. Por lo

general consigo configurar más rápido sin dejar de ser amable y

habladora, pero Taruho era un charlatán y un ligón para echar de una patada. Trabajé de manera constante, echando miradas furtivas a la puerta cerrada de la sala de archivos. No había ni un solo sonido, lo que me preocupaba un poco, pero no podía mostrarlo.

Taruho estaba decidido a conquistarme. Rechacé sus avances y mantuve las cosas estrictamente profesionales, enviando su solicitud para una cita a una pequeña y bonita were-león que pensé que podría adaptarse a él. Una vez que Taruho tuvo su perfil en papel

impreso y de haber yo rechazado su último piropo, no había nada más que él tuviera que hacer, salvo marcharse. Seguí trabajando durante unos minutos después de que saliera, por si acaso se decidía a volver, pero no lo hizo. A continuación, salté fuera de mi escritorio y corrí hacia la sala de archivo, abrí la puerta.

Un bonito lobo gris yacía en el suelo, la cabeza entre sus patas. La

ropa de Sakura estaba descartada en el suelo, mezclada con algunos

archivos caídos.

—Oh, Sakura —la reprendí.

El lobo gimió.

Cogí su camisa desgarrada, examinándola para ver si era remendable. No lo era. Poniendo los ojos en blanco, volví a mi escritorio y abrí mi cajón inferior, luego levanté un gran sobre de manila para revelar una pila de camisas de emergencia. Cogí una rosa y cerré el cajón otra vez.

Vivir con una were-lobo significaba tener una gran cantidad de ropa

desgarrada. En los seis años desde que Sakura se había transformado,

había aprendido a adaptarme a sus necesidades. Pero eso no significaba que yo no pudiera quejarme con ella al respecto. Volví a la sala de archivo y dejé caer la camisa de color rosa delante de ella.

—La última de un color normal —bromeé—. Si cambias una vez más, tú opción se reducirá a las camisetas de Doraemon que encontremos en el estante de liquidación.

Ella me gruñó, sus labios caninos curvándose hacia atrás en un gruñido.

Sonreí y le arrojé la camiseta.

—Sólo un pequeño incentivo adicional.

-Más tarde-

Estuve dándole vueltas todo el día a qué ponerme para mi cita. Una

parte de mí quería llevar algo que fuera tan sexy como un funeral. Dado que el sr. Naruto Namikaze estaba pensando en echar un polvo, quería que él entendiera tan pronto como me viera que no iba a anotar esta noche. Necesitaba algo que gritara "fuera de los límites", debía verse puritano, y posiblemente Amish. O esa era la idea.

Sin embargo, mi parte femenina se rebelaba al no potenciar lo mejor de

mí. Naruto era probablemente atractivo y seguro. Yo, mientras tanto, no había tenido una cita en seis años.

Fue lo primero que cambió en mi vida después de que Sakura se

transformara, y gustosamente lo había dado por zanjado. Proteger a

Sakura se había convertido en mi vida, y todo giraba en torno a ella.

Y sin embargo... ahí estaba yo, a punto de tener una cita. Sólo yo y un

hombre que buscaba conocer a una chica guapa, encantarla, y con suerte llevársela a la cama. Tragué saliva. Nada de presión.

Para empeorar las cosas, íbamos a un restaurante de lujo. Tenía que parecer que pertenecía a ese lugar, verme atractiva y segura.

Después de todo, tenía que estar en guardia alrededor del Sr. Namikaze.

Tenía que estar sumamente segura de mí misma, y tranquila, como el

infierno. Balones a la pared, no tomar prisioneros, hacer que no se interese en una mujer fuerte que era humana y normal y que además tuviera una

hermana mitad lobo.

Después del trabajo, me pasé una hora revisando mi armario. La

mayoría de mi ropa era práctica, y nada parecía muy adecuado para

una cita. Terminé poniéndome un vestido con vuelo, sin mangas, de

color negro, con bordes de satén aguamarina. Era bonito y femenino.

La falda era más corta de lo que recordaba y el escote lo

suficientemente marcado como para mostrarlo generoso,

probablemente fuera por eso que se había pasado en mi armario sin

usar, por mucho tiempo, con las etiquetas todavía puestas. En realidad no era del todo seductor, pero para alguien como yo, nunca hubo una ocasión para usarlo.

Me puse un par de pulseras y unos pendientes de aro, y retiré mi pelo

largo, lacio, negro azulado, superfino en un moño en lo alto de mi cabeza. Yo no tenía tiempo para secarlo hasta dejarlo esponjoso.

Después de todo, no estaba tratando de impresionar al señor Namikaze, ¿verdad?

Y sólo porque no estaba tratando de impresionarlo, añadí una segunda

capa de brillo de labios.

Antes de salir por la puerta, pulvericé sobre mi ropa un chorro de

ambientador y las había dejado secar con una hoja de perfume floral para el caso de que el olor a hombre lobo distintivo de Sakura se quedara en mí.

No lo podía oler porque era humana, pero casi todos los cambiadores

tenían una nariz diez veces más aguda que la mía, y había tenido varios sustos. Mis sandalias de tiras negras habían estado al aire, en el porche por la misma razón.

Ichiraku estaba en el corazón de Valle del Fin, en el centro del País del Fuego, donde se atiende a una clientela de negocios y turistas que buscan gastar dinero en la cena. El último restaurante al que había ido era el Burger King, así que estaba nerviosa.

Mi hermana estaba en casa durmiendo la siesta después de su cambio

más reciente. Siempre hacía estragos en ella, así que le dejé el coche y tomé un taxi hasta el restaurante. Me quedé mirando por la

ventana mientras nos dirigíamos hacia nuestro destino, tratando de no

ponerme demasiado ansiosa, el bolso apretado cerca de mi pecho

como una pelota de fútbol transportada en territorio enemigo.

Cuando entré en el restaurante, mis tacones resonaron con fuerza en las

baldosas de mármol, llamando la atención del maître. Esto fue un error

grande y gordo. Debería haber llevado algo con un dobladillo más

largo, o un escote menos pronunciado. O simplemente haber anulado

la cita. Si Mei se enteraba de que estaba saliendo con uno de los

clientes, incluso a petición suya, sería despedida de mi puesto de

trabajo, no importa cuán importante fuera la cuenta.

Los humanos eran una moneda de diez centavos por docena, incluso

los que no se alteraban por las inclinaciones extrañas del jefe o de las

solicitudes de los extraños clientes. La comunidad de la Alianza era

exclusiva, y todos los clientes eran ricos y poderosos. Algunos tenían

mucho dinero, gracias a su longevidad, y algunos simplemente tenían

un carisma natural que atraía a los humanos hacia ellos.

Un par de humanas afligidas como Sakura y yo, bueno, tal vez sólo yo,

estaban fuera de su clase. Si ella tuviera que elegir entre los empleados

humanos leales y los clientes, Mei siempre elegiría a los clientes.

—¿Sí, señorita?

Sonreí al maître, con la esperanza de que no pudiera sentir mi

nerviosismo.

—Estoy aquí para reunirme con el Sr. Naruto Namikaze —dije sin aliento—.

Tenemos una reserva para cenar.

El maître ni siquiera miró hacia abajo a su lista. Él me dirigió una sonrisa

forzada, conocedora.

—El señor Namikaze estará aquí dentro de poco, señorita. Puede esperar en el bar.

—Oh —dije, un poco sorprendida de que mi cita no hubiera llegado

todavía—. Claro. —Dejé que me dirigiera al interior.

Cuando me acerqué a la barra, comencé a sentirme un poco irritada

por la ausencia del Sr. Namikaze, que no podía molestarse ni en llegar a

tiempo. Si se trataba de algún tipo de movimiento pasivo-agresivo para

poner al insignificante humano en su lugar, no era divertido. Con una

pequeña mueca, pedí un appletini y me senté en mi banqueta a esperar.

El appletini era caro pero sabroso e hizo cosas maravillosas para relajar mis nervios. Me bebí la mitad de mi copa antes de que me obligara a

reducir la velocidad. No quería estar borracha en el momento en que el

hombre llegara al restaurante.

Pasaron diez minutos, y jugué con el trozo de fruta en el borde de mi copa.

¿Dónde estaba? Tal vez no se presentaría. Tal vez había llamado a la

agencia de nuevo y le había dicho a Sakura que no iba a presentarse.

Sabía lo que la Alianza buscaba en una mujer, en especial los

cambiadores. Todos sus perfiles de citas decían lo mismo, musculosa,

fuerte y agresiva. Llamativa. Entusiasta. Moralmente ambigua. La

mayoría de las mujeres cambiadoras perseguían a los hombres tan

apasionadamente, como ellos respondían. Incluso las mujeres vampiros

eran criaturas elegantes y delicadas.

¿Yo? Era un chiste de escritorio para el glamour. Una pelinegra tímida

encerrada en unos apretados pantys que iba a cortarle la circulación.

Me había echado un vistazo, reído, y pedido quedar con la arpía,

después de todo. Molesta por el pensamiento, le di un mordisco a la

fruta y succioné el líquido. Después de diez minutos más, este tipo podría

considerarse a sí mismo sin cita. No iba a esperar aquí toda la noche

como una patética perdedora. Puse la cáscara de la fruta en una

servilleta y me tragué de golpe el resto de mi bebida.

Para el momento en que pasaron siete minutos más, lo entendí. Ya era

suficiente. El Sr. Namikaze no iba a venir a nuestra cita improvisada. Una

parte de mí suspiro de alivio. Por lo menos Mei no tendría nada por lo

que estar molesta otra vez, y había cumplido todas mis obligaciones.

Dejé un par de dólares para el camarero, apretando mi bolso bajo el

brazo, y a continuación, al apartarme de la barra, lo vi.