Nota de la autora:

¡Hola, aquí estoy con un nuevo capítulo! XD

¡Gracias por los reviews y los favoritos! Estoy realmente feliz de encontrar algunos nombres conocidos que habían leído mi historia anterior. ¡Ojalá puedan disfrutar de esta también! Jaja, en realidad, la idea para esta historia vino a mi mente mientras pensaba arduamente en escribir algo acerca del Shinsengumi de nuevo, justo como en mi fanfic anterior. De todos modos, pensaba que si hacía eso, la historia no tendría demasiada diferencia con 'The Frozen Sword' XD Oh, simplemente culpen a mi bloqueo de esritora jajaja. Así que decidí escribir esta historia en un AU para probar algo nuevo. Todavía estoy un poco preocupada por ello =.=

(...)

¡Disculpen la nota de autora tan larga! Pero es que me siento emocionada XD ¡Comencemos a leer!


Pétalos de tiempo

II

Emoción


—¿Quién eres?

Chizuru se sobresaltó cuando preguntaron lo mismo, aunque él no se inmutó. Tras un denso silencio, se dio cuenta que ese hombre, quien no apartaba la vista, no le contestaría primero así de fácil. Así que se rindió y le dedicó una pequeña reverencia.

—Mi nombre es Yukimura Chizuru, soy la hija del doctor. Encantada de conocerte —dijo.

Él cerró los ojos por un momento antes de presentarse calmadamente.

—Saito Hajime... Capitán de la tercera división del Shinsengumi.

"Así que definitivamente es miembro del Shinsengumi..."

Chizuru no era demasiado aficionada a la Historia, pero había oído sobre Saito Hajime. De hecho, era uno de los guerreros más famosos del Shinsengumi. Secretamente, Chizuru quería saber un poco más sobre él, ahora que tenía en frente a una renombrada figura histórica... Pero lo único importante que sabía era que ese hombre no debía estar allí en ese momento.

—No reaccionaste negativamente al escuchar mi nombre —Saito rompió el silencio—, a pesar que el Shinsengumi no tiene una buena reputación... Así que parece ser que no estás relacionada con nuestros enemigos. Sin embargo, y aunque no puedo sentir su presencia aquí, tienes que permanecer atenta... Y hablando de eso, ¿puedes devolverme mis espadas?

—No —respondió Chizuru, pero entonces Saito entrecerró los ojos, y se apresuró a añadir—... Mi padre tiene tus espadas, pero ahora está durmiendo, no puedo despertarlo. Te las dará mañana por la mañana y también te explicará todo.

Saito permaneció silencioso antes de desenfocar su vista de Chizuru y mirar a través de la ventana.

—De acuerdo, no quiero causarle más molestias. Es grosero hacerle eso a tu salvador.

Repentinamente, volvió a Chizuru, haciéndola saltar en su lugar.

—Lamento si he sido un problema para ti. Gracias por salvarme, y no te preocupes, no planeo quedarme mucho tiempo. Tengo cosas que hacer —Saito bajó la voz y habló en un frío murmullo—... Deberías irte ahora, podría causar una mala impresión si siguieras aquí a estas horas.

La chica no podía pronunciar palabra. El viajero del tiempo creía que aún estaba en su época. Lo que la aliviaba un poco era pensar que Saito no parecía ser una mala persona... Por la mañana, le dejaría toda la responsabilidad y explicaciones al viejo científico loco que la había arrastrado a ese problema.

—De acuerdo, Saito-san —Chizuru hizo una reverencia y se alejó. Antes de cerrar la puerta, le habló a su espalda—. Y... buenas noches —Pero Saito no contestó, sólo permaneció con la vista puesta en las luces de la calle y las casas modernas fuera.

Ya en su habitación, Chizuru se quedó viendo el techo. Había llorado frente a un extraño que podía decir si alguien mentía o decía la verdad. Odiaba admitir que se sentía un poco mejor luego de ello. Los ojos cerúleos de Saito habían expuesto toda la pena que llevaba escondiendo por tanto tiempo.


Cuando llegó la mañana, Chizuru golpeó la puerta de la habitación del joven, y estaba segura que éste había fallado al tratar de abrirla, sin saber cómo funcionaba la perilla. Se rió disimuladamente y la abrió desde su lado. Ahora, el frío samurai la vio con un leve tinte de alarma, especialmente cuando encendió la luz del cuarto.

Chizuru se ofreció a ayudarlo para bajar la escaleras, pero Saito era demasiado orgulloso y se rehusó. Antes de que se encontrara con un sorprendido Yukimura Koudou, el hombre que había comenzado todo, Chizuru le había comentado sobre su encuentro con el guerrero la noche anterior y le demandó una explicación razonable para su víctima.

Con un largo suspiro y voz emocionada, Koudou comenzó a explicar: sobre la máquina del tiempo, sobre la era actual, sobre todo. Saito escuchó cada palabra con atención, y ésta vez no pudo ocultar su sorpresa.

—¿E-Esto es el futuro? —preguntó con los ojos muy abiertos— ¿Y... es imposible volver a mi tiempo?

Koudou asintió.

—Sí, aunque intentaré reparar la máquina. Pero no estoy seguro si vaya a funcionar dado que va a ser muy complicado...

—Es increíble —murmuró, y se encogió en la silla. El asombro era demasiado, incluso para alguien como él. Escrutó los ojos de Koudou, queriendo encontrar algún indicio de mentiras, pero no había ninguno—... Pero, si eso es cierto, quiere decir que ya estoy muerto en esta era.

Koudou y Chizuru no tenían nada que decir. Les invadió una repentina culpa, pero ella intentó romper el hielo.

—Eh, Saito-san... ¿dónde estabas antes? Quiero decir, te encontramos en la máquina del tiempo muy malherido y...

—Debería estar liderando a los guerreros en la Batalla de Aizu ahora mismo —susurró Saito con la mirada en el piso—... No aquí sentado como si nada ocurriera.

"Así que también es cierto que estaba en el campo de batalla antes de ser enviado a este año..."

Chizuru sabía que los samurais ponían el orgullo ante todo cuando se trataba de una lucha y, en este caso, y aunque había sido atrapado accidentalmente por ese experimento loco, no quitaba el hecho de que había abandonado a sus subordinados.

—Ah, acabo de acordarme de algo —dijo Koudou, tratando de cambiar el tema.

Tomó la katana y el wakizashi de Saito y se los devolvió. Las sostuvo como si lo hiciera con alguien muy querido.

—Gracias. Ahora no me queda nada más que éstas...

Tras un largo silencio, el samurai cerró los ojos y habló.

—¿Puedo volver a mi habitación? Necesito calmarme.

—Por supuesto, pero primero necesito cambiarte las vendas —dijo Koudou, pero Saito lo interrumpió.

—No es necesario. Simplemente necesito estar solo ahora.

Con eso, subió las escaleras llevando sus amadas espadas. Chizuru lo observó apretar los dientes por el dolor de las heridas, pero no le ofreció ayuda, sabiendo que se negaría, y especialmente ahora, que sabía la pasmosa verdad. Cuando escuchó que se cerró la puerta desde el piso de arriba, se giró con sus ojos marrones enojados hacia su padre.

—Ahora, papá, ¿te das cuenta del error que cometiste?

Koudou se veía arrepentido.

—Sí... Así que creo que dejaré mis preguntas para después —Se calló inmediatamente ante la mirada asesina de Chizuru—. Pero de tan sólo pensar que es el famoso Saito Hajime —murmuró para sí mismo—... Todavía no puedo creerlo. Al principio, pensé que era un samurai cualquiera.

—Eso es exactamente lo que pensé yo —dijo Chizuru—, aunque su verdadera identidad no es la gran cosa para mí. Ya sabes, nunca le presto atención a las clases de Historia.

Koudou suspiró, y después se dio cuenta.

—Oh, no, ¡tengo que ir al trabajo! —Aunque la clínica cerraba los fines de semana, Koudou tenía un puesto en un hospital— Lo siento, Chizuru, ¿pero podrías cuidarlo mientras no estoy? Al menos tiene que comer algo.

Chizuru abrió los ojos con sorpresa. Lo que realmente quería decirle era: "¡¿Planeas dejarme sola con un completo extraño venido del pasado?!", pero lo que le dijo, en cambio fue:

—Está bien...

Se odiaba por ello. A pesar de ser bastante honesta cuando se trataba de su padre, siempre decía que "sí" cuando le pedían ayuda. Ahora, su supuestamente tranquilo fin de semana se había ido por la borda gracias a Koudou y su excéntrico hobbie.

—Gracias, Chizuru. Oh, y si necesita cambiarse de ropa, que use las mías, aunque supongo que le compraré unas nuevas más adelante... Después de todo, parece una buena persona, siento como si tuviera un nuevo hijo —dijo sonriendo a Chizuru antes de marcharse.

"Los problemas me encuentran hasta en los fines de semana... ¿Acaso no puedo tener tiempo libre?"


La chica gruñó mientras comía su desayuno en soledad. Añoraba los fines de semana porque no tenía que hacer como si fuera alegre frente a las personas. A diferencia de las chicas comunes, Chizuru rara vez salía de fiesta con sus amigos. Se limitaba a verlos en la escuela y a veces iban de compras o al karaoke después de clases, aunque era más común que prefiriera volver a su casa rápidamente. Tras comer, le preparó un caliente tazón de avena a Saito. Ahora que Koudou la había hecho responsable, Chizuru se sentía más desdichada que de costumbre.

—Saito-san —llamó frente a su habitación con la comida en sus manos—, te traje el desayuno, voy a entrar.

—¡No te atrevas a entrar!

Chizuru se alarmó al escuchar esto, pero ya había abierto la puerta. Se quedó de una pieza al ver a Saito sentado en el suelo, con el pijama desabotonado y sosteniendo la espada.

—¡¿Qué estás haciendo?! —Dejó a un lado lo que llevaba y se acercó rápidamente al samurai— ¿No prentenderás...?

—¿No es lo suficientemente claro? —dijo fríamente, con emociones entremezcladas danzando en sus ojos: tristeza, rabia y decepción— He abandonado a mis hombres, he traicionado al Shinsengumi, he roto las reglas. No hay nada más que pueda hacer salvo cometer seppuku para expiar mi imperdonable pecado.

Chizuru no cabía en sí del asombro. Ahora tenía en frente a un hombre que quería suicidarse. Si hubiera llegado sólo uno o dos minutos más tarde...

—Déjame solo —Saito la miró—, estoy seguro que no querrás verlo. Sólo vete.

Normalmente, Chizuru hubiera asentido con la cabeza de modo obediente, sin importar cuán estremecedora fuera la petición. Pero ver a ese sujeto, que parecía haber leído su alma antes, le hizo sentir obligada a hacer algo. Ese era un asunto realmente serio.

—No... puedo hacer eso —murmuró, digiriendo una oración que jamás había pronunciado. Se dio ánimos y le devolvió la mirada—. En realidad, no me interesa lo que vayas a hacer, pero como una de las personas que te ha ayudado, creo que eres un desagradecido. ¿Cómo puedes ser capaz de terminar con tu vida tan fácilmente, después de todo lo que nos hemos esforzado?

Se sentía atónita por su propia honestidad. La presencia de Saito la instaba a expresar sus emociones. Permaneció con los ojos fijos en la mirada zafiro de Saito, dándole a entender que iba en serio.

—Nunca pedí tu ayuda... La Batalla de Aizu es por lejos mucho más importante que mi vida —respondió con voz de acero—. Si no puedo morir honorablemente en la batalla, la única manera de morir como un verdadero samurai es abrirme el vientre. Prefiero morir antes que vivir en la vergüenza.

—¡No me des más problemas! —explotó Chizuru con frustración— Escucha, si realmente quieres hacer toda esta cosa-del-suicidio-honorable, ¡al menos que no sea aquí! Con todo respeto, el seppuku no es en absoluto distinto al suicidio común en esta era. Incluso si te suicidas, ¡te creerán un estúpido en vez de un honorable samurai! Es algo cruel, ¡pero es la verdad! ¡La era de los samurais ha terminado hace mucho!

Saito se paralizó. Chizuru recobraba el aliento después de decir todo lo que pensaba en voz alta. No estaba siendo ella misma. Pero había algo en los ojos cerúleos del hombre, que la habían empujado a decir la verdad y sólo la verdad.

La atmósfera en la habitación era gélida, aunque fuera verano y el sol matutino brillara deslumbrantemente en el exterior. Saito le dedicó a Chizuru una nueva mirada profunda, antes de envainar la cuchilla y contemplar sus armas. Su largo cabello violeta escondía su expresión apesadumbrada.

—Así que... la era en que los samurais ya no son necesitados realmente ha llegado, ¿verdad? —Su tono usualmente neutral evocaba una pizca de tristeza— Nuestro Vice-Comandante había dicho lo mismo, que la era de la katana había terminado, y pronto sería reemplazada por las máquinas de Occidente... No quise aceptarlo al principio. He vivido con espadas durante toda mi vida. Pero ahora, al ver este futuro... No tengo otra alternativa excepto creerlo.

El dolor que destilaban sus ojos entristecieron a Chizuru, más aún después de escuchar sus palabras. Parecía amar sus espadas tanto, y ahora se sentía inútil al ver que sólo eran reliquias históricas en la era moderna.

—Saito-san... eh, ¡puedes comenzar una nueva vida aquí! —dijo, intentando consolarlo— Quiero decir, ¡esta era no es tan mala como crees! Hay muchas cosas divertidas que hacer... De hecho, ¡no han sido olvidados! El Shinsengumi es muy famoso y he aprendido sobre él en las clases de Historia en la escuela. Incluso tengo un libro...

—¿Mencionó alguna vez mi nombre? —preguntó Saito. Chizuru asintió, pero se sobresaltó cuando se acercó tanto que sus caras estaban a pocos centímetros— Déjame verlo... Quiero saber cómo morí.

"¡¿Eh?!"

—S-Saito-san, ¿estás seguro? —inquirió shockeada.

Nunca había pensado que le pediría tal cosa. Pero al ver el fuego azulado de determinación arder en sus ojos, sólo pudo asentir y volver de su habitación con el libro sobre Historia del Japón. Abrió la página que hablaba del Shinsengumi, y la leyeron juntos. Ahora la distancia entre ambos era realmente corta, y no pudo evitar que un sonrojo le adornara las mejillas. Después de todo, Saito era un despampanante hombre joven, era normal que la pusiera nerviosa.

—¿Puedes leerlo? Está escrito en japonés moderno —preguntó tentativamente.

—Está bien... No hay demasiada diferencia —respondió sin verla.

Se detuvo en algunas fotos antiguas de los miembros del Shinsengumi, y Chizuru podía jurar que lo había escuchado murmurar acerca de algunos hechos históricos, corrigiendo unos cuantos errores. Finalmente, llegaron a la página donde Saito Hajime era mencionado. Chizuru tomó aire y Saito continuó la lectura con expresión adusta. Recorrieron las letras con cuidado.

'Saito Hajime, el capitán de la tercera unidad, fue uno de los mejores espadachines del Shinsengumi. Era una persona misteriosa e introvertida, por lo que no hay fotografías que den indicios sobre cómo habría sido su apariencia...'

"¿Misterioso e introvertido? Bueno, era de esperarse..."

'Fue famoso por tomar lugar en la mayoría de los asesinatos, por su extrema lealtad al Shinsengumi y su habilidad de matar sin piedad...'

Inconscientemente, Chizuru se alejó un poco de Saito. Comenzó a temblar y éste se percató de ello. Habló calmadamente.

—No tengas miedo, no te mataré. Hice esos trabajos porque fui ordenado a hacerlo, pero no era mi intención. Siendo un samurai, el matar es algo normal si es que quieres sobrevivir. Tengo que admitir que el autor de este libro ha hecho una buena investigación a pesar de algunos errores menores...

La muchacha intentó serenarse antes de acercarse a Saito de nuevo. Después de todo, aún sentía curiosidad por la vida del viajero en el tiempo.

'Nacido en Edo,1844...'

Chizuru se maravilló al pensar cómo el hombre joven que tenía sentado al lado contaba realmente con 168 años de edad. La siguiente oración la hizo jadear de asombro.

'... Y murió en la Batalla de Aizu, 1868, a la edad de 24 años.'

Extraño, pero no hubo una reacción de Saito al leer ésto. Simplemente cerró el libro con lentitud y miró a la muchacha.

—¿Por qué pareces tan sorprendida? Era esperable. La Batalla de Aizu era en sí una lucha perdida para nosotros pero, como verdaderos samurais, no podíamos huir de ella —Se calló un instante y continuó—. Fui designado en esa ocasión como el líder de la batalla ya que el Vice-Comandante estaba herido. El Comandante ya había sido ejecutado, los demás capitanes habían muerto en las batallas anteriores y Souji, ya sabes, el Capitán Okita de la primera división, también había muerto de tuberculosis... Nagakura Shinpachi nos abandonó y este libro dice que vivió bastante luego de la guerra... Me alegro por él, de todos modos. Al menos uno de nosotros consiguió sobrevivir y disfrutar una vida larga. Sin embargo, realmente no esperaba que el Vice-Comandante fuera a morir apenas un año después de mí...

Saito apoyó la espalda contra el respaldo de la cama. Miró el techo, y Chizuru podía ver su pálida piel más blanca de lo que era. Para una persona del pasado, leer un libro de Historia era casi profético... y en ocasiones, demasiado aterrador.

—Saito-san... —Chizuru no podía encontrar palabras para reconfortarlo.

Pero entonces él rompió el silencio, cerrando los ojos y reviviendo su vida pasada.

—Si se supone que iba a morir en la Batalla de Aizu... ¿Quién soy? ¿Quién es el hombre aquí sentado?

Chizuru se sentía culpable. Ahora, Saito se veía totalmente deprimido debido a la lunática invención de su padre. Hizo una profunda reverencia.

—¡Lo siento, si solamente no te hubiéramos causado este problema, no habrías...!

—No necesitas disculparte —dijo débilmente—. No quiero culpar a nadie. Siempre evado las discusiones, es algo inútil. Incluso si estoy enfadado contigo, todavía puedes devolverme al campo de batalla. Así que, ¿cuál es el punto en enojarse?

Chizuru no dijo nada hasta que Saito se puso de pie. Él intentó verse rudo.

—Ahora que sé que cometer seppuku es algo estúpido en esta era, no creo que vaya a hacerlo. Gracias por salvar mi vida por segunda vez —Ella sonrió con sinceridad y lo imitó—. Sin embargo, este no es mi lugar. Viviré aquí hasta que tu padre haya terminado de reparar la máquina y pueda volver y pelear junto a mis camaradas hasta el fin de mi vida.

—Sí, estoy segura de eso —dijo Chizuru, aunque en realidad no creía tan fervientemente que Koudou pudiera arreglar ese dispositivo.

—Mientes —murmuró Saito, volviendo al tono neutral.

—Eh... Quiero decir... A veces es demasiado disparatado, así que no estoy tan segura —Se disculpó, intentando encontrar las palabras adecuadas, ahora que Saito había visto a través de sus mentiras.

Pero entonces sintió una gentil palmada en su hombro y admiró con sorpresa la pequeña sonrisa en los labios del samurai. Podía decir que Saito tenía fe en ese viejo científico loco que no paraba de darle dolores de cabeza, así que sólo le devolvió el gesto mientras pensaba en silencio...

"Simplemente no puedo decirle que todos los experimentos de papá han sido hasta ahora fracasos..."

—¿Estás escondiendo algo, verdad? —Su voz profunda la devolvió a la realidad.

—¡No! Quiero decir... eh —Chizuru se sentía incómoda. Su actuación no funcionaba si Saito estaba presente.

Resultaba que al principio era bastante irritante pero, inesperadamente, sentía que lo disfrutaría. No parecía tan malo mostrar sus verdaderas emociones de vez en cuando.

—Está bien si no quieres decírmelo —tranquilizó Saito y posó su mirada en el tazón de la mesa—. ¿Has traído eso para mí?

Chizuru asintió. Se sonrojó cuando Saito le agradeció y comenzó a comer. Tomó otra silla y se sentó cerca suyo. Normalmente, no le importaría y preferiría irse antes que acompañar a una persona que apenas había conocido. Incluso si hacía lo contrario, sería por no poder negarse al pedido de compañía de alguien. Pero Saito no se lo pidió. Chizuru lo hizo porque deseaba hacerlo.

—Nuestro Comandante provenía de una familia de granjeros, así que nos enseñó a nunca desperdiciar la comida —murmuró.

Chizuru apenas pudo escucharlo, porque se había quedado prendada de sus facciones atractivas. Desde tan corta distancia, podía apreciar su rostro con claridad, y el cabello violeta combinaba con aquello perfectamente. Desde ese ángulo, no se veía en absoluto como un salvaje asesino.

—Es de mala educación observar a la gente mientras come... —Sus palabras la hicieron sobresaltar.

Miró al piso con las mejillas rojas. Se sentía avergonzada y Saito lo había notado.

—¿C-Cómo está la comida? —preguntó nerviosamente, intentando deshacerse de la atmósfera incómoda.

—Está deliciosa.

Silencio.

—¿Qué? ¿Dije algo malo?

Chizuru se apresuró a sacudir la cabeza en negación con la cara aún más roja y esperó hasta que Saito terminó con su desayuno. Agarró el tazón y estaba a punto de irse del cuarto cuando recordó algo.

—Oye, Saito-san, ven conmigo. Cambiaré tus vendajes. Tus heridas son bastante serias, sabes... Si quieres sobrevivir en esta era hasta que vuelvas, debes escucharme, ya que vas a vivir aquí. Cuando te recuperes por completo, saldremos así puedes aprender más sobre esta época.

Saito asintió y la siguió.

—Lamento ser una molestia. En gratitud, intentaré ayudarlos en lo que necesiten. Cuento con ustedes.

Chizuru sonrió. En su corazón, había cierta felicidad al poder ser capaz de ayudar a Saito. Esta vez, no se sentía forzada a hacerlo. Como parecía que podía mostrar su honestidad libremente en frente suyo, comenzaba a encariñarse un poco con él...

"¡E-Espera! ¡¿Qué estoy pensando?! ¡Acabo de conocerlo anoche!"

Estaba cada vez más y más roja, cuando sintió un dedo picar su hombro, justo cuando estaba por bajar las escaleras. Se dio la vuelta y vio que Saito se había sonrojado también.

—¿Q-Qué ocurre, Saito-san? —preguntó dudosamente.

Había un patrón en todas las películas románticas que había visto: cuando un hombre y una mujer se sonrojaban al mirarse a los ojos...

"¡Deja de pensar estupideces, Chizuru! ¡Apenas lo conoces! ¡No puede ser "esa cosa"!"

—Quiero preguntarte una cosa, Yukimura —susurró Saito, aún con un leve tinte rosado esparciéndose por sus mejillas—... Es muy embarazoso. En realidad, quería preguntártelo anoche, pero estabas llorando y no me atreví...

Saito se acercó más, y ella continuó diciéndose a sí misma que tenía que calmarse. Ya tenía un novio... Bueno, si es que ese cretino siquiera valía la pena ser llamado como novio. Pero de todos modos, casi perdió el hilo al sentir los labios de Saito a tan sólo centímetros de su oído.

"Maldición, no puedo negarme... Después del evento de ciencia ficción anoche, ¿ahora va a ocurrir algo salido de un cuento de hadas?"

—Yukimura, ¿dónde está el baño?

Silencio.

Chizuru largó el tazón y explotó en carcajadas hasta llorar. Juró evitar las películas románticas y los cuentos de hadas por un tiempo. Pero se sentía bien reírse así. Ya hasta había olvidado la última vez que rió de ese modo.

—No te rías de mí... Sé que es embarazoso, pero ya no puedo aguantarlo —Saito se veía muy incómodo.

—L-Lo siento... —Chizuru se limpió una lágrima y lo guió hasta el cuarto de baño.

En realidad, era su baño privado, porque era la única que vivía en el segundo piso. La habitación de Koudou y la clínica estaban en el primero. Pero ahora, ya que Saito iba a convivir con ella al lado de su cuarto, tendrían que compartirlo. Aún riendo un poco, Chizuru le dio una rápida explicación sobre cómo usar un retrete moderno. Saito entró precipitadamente, azotando la puerta. Realmente ya no podía aguantarlo más. Para hacer las cosas peores, preguntarle a una chica sobre la ubicación de un baño era demasiado para alguien honorable como él. Minutos después, Saito salió con el rostro rojo e intentó evadir los ojos aún llorosos de Chizuru. Se guardó las ganas que tenía de reír y se agarró del estómago que ya le dolía, sonriéndole al viajero del tiempo.

Saito ni siquiera se había dado cuenta que la había hecho sentir mejor, simplemente sacándole a flote sus verdaderas emociones. A pesar de conocerse hacía menos de 24 horas, le había hecho expresar su miedo, su enojo, su tristeza y, más importante, un poco de su alegría.

Bajaron juntos las escaleras, y esta vez Saito no se rehusó a que lo ayudase a caminar. Por un instante, Chizuru pudo olvidarse de su vida falsa y también del bastardo de su novio.

"Por alguna razón... ¡tengo el presentimiento de que esto va a estar bueno!"


Nota de la autora:

Históricamente hablando, el verdadero Saito Hajime se las arregló para sobrevivir después de la guerra, pero seguí la ruta de Hijikata en el juego, en la que Saito cayó durante la Batalla de Aizu. Además, disfruté retorcer un poquito la historia XD

Aunque en el juego/animé, Saito utilizaba su apariencia de ropas occidentales para este punto, en esta historia todavía permanece con su look tradicional XD Porque guardaré la versión de Saito con pelo corto para próximos capítulos :P *pequeño spoiler*

¡Gracias por leer y no olviden dejar un REVIEW! ^_^


Nota de la traductora:

Bien, he aquí la segunda entrega, ojalá les parezca entendible y fluido el español xD Lo hice con mucho cariño xDD Se va poniendo interesante la cosa, ¡y lo mejor está por venir! :D Besos.