La iniciación

Fui hacia la cola donde los demás iniciados estaban esperando, aun había algunos chicos quienes tenían que decidir, así que esos instantes me permitieron relajarme un poco y dejar de temblar.

Después de mí, se pasaron cuatro chicos más de mi facción. Molly y Drew, de los cuales no había dudado en ningún momento, ya que des de pequeños los tres habíamos dicho que siempre nos mantendríamos unidos, y unos días antes de las pruebas, hablamos y decidimos que los tres estaríamos juntos, en Osadía.

Los otros dos chicos no los conocía mucho. De Christina solo sabía que era una chica que nunca se callaba y que incluso llegaba a herir con sus habladurías. El otro chico era Albert, un chico alto y corpulento, no me parecía muy osado pero según se había dicho en el colegio, había sido presionado por sus padres para cambiar a Osadía.

Cuando ya hubimos decidido todos, y aun teniendo miedo de lo que pudiesen estar haciendo, miré fugazmente a mis padres. Ellos tenían la mirada perdida y al ver que yo le miraba, su mirada cambió de perdida a furiosa, cosa que me destrozó por dentro. ¿Había elegido correctamente? ¿O solo había pensado en mis intereses sin pensar en los demás?

Mis pensamientos se perdieron tan solo en el momento que vi que todos los osados empezaron a correr hacia las escaleras, de golpe entendí para qué hacían aquello, para mostrar su valía y valentía.

Bajamos todos esos pisos a toda prisa hasta llegar a la parada de tren. Era claro lo que nos iban a hacer, primera prueba: saltar a un tren en marcha.

Al principio estaba asustado y empecé a dudar de mí en el momento en que vi los faros acercándose. Decidí acercarme al andén tanto como pude, y entonces, en cuanto apareció ante mí un vagón vacio, me lancé con tanto impulso como pude. Aterré de lado, pero fui uno de los que saló más bien parados. Estaba orgulloso de mi actuación.

Mientras estábamos yendo por la ciudad vi, en el otro lado del vagón, a la chica rubia que antes me había hecho decidirme. Decidí acercarme y ver qué era lo qué hacía.

Rígida –la llamé- ¿crees que podrás con esto? –enrojeció ella.

Déjala en paz –saltó Christina, una chica de mi ex facción- no te metas con ella.

Eso, eso, no os metáis con ella –era el otro chico de Verdad, Albert.

Realmente no había pensado como se podía tomar ella lo de rígida, de hecho siempre les habíamos llamado así a los abnegados, por lo tanto no podía entender qué era lo que le podía doler.

Pero si solo le ha dicho la verdad, vosotros más que nadie nos tendríais que comprender –esta vez intervino Drew- ya sabéis que ella no podrá con esto.

Yo sí que podré. Sé que podré. –La chica intervino, su voz me caló, me encantó.

Bueno sí, digamos que ya veremos lo que sucederá. –era un chico alto, erudito, se veía muy inteligente y preparado para lo que nos pudiese venir.

Eso, eso. La violencia no es buena. –era la chica que estaba agarrada a él, supuse que era su novia.

Chicos, dejadla ya. Ya veremos cómo se desenvuelve durante la iniciación –en este caso era un chico de pelo despeinado, un transferido de Erudición.

La Rígida que tiene defensores ya, será señal que ella no puede defenderse sola, no podrás con esto, Rígida. –dijo Molly.

La discusión seguía entre mis dos colegas de Verdad, Molly y Drew, y el chico erudito y Christina. Yo me perdí en la mirada de aquella chica, se veía asustada y avergonzada, ya que lo que había sucedido, en parte, era por ella.

Tenía unas facciones muy marcadas e iba igual vestida que todos los abnegados, quizá no era hermosa, pero a mí me había captivado.

El resto del viaje fue muy rápido, ya que estaba totalmente absorto en mis pensamientos, o más bien dicho en esa chica, pero de repente algo sucedió, los osados antiguos empezaron a saltar.

No se veía nada, era negra noche, lo único que veía eran personas lanzándose al vacío y realmente no me apetecía nada hacerlo, pero sabía que si no lo hacía me quedaría sin facción, cosa que no pensaba hacer.

Vi a otros iniciados dispuestos a saltar, entre ellos estaba ella, la chica rígida y misteriosa, y yo también decidí hacerlo.

Cogí carrerilla y salté. No pensé en nada. Solo me lancé al vacio y por un momento creí que volaba, pero de golpe aterricé con los pies en un tejado. Estuve muy orgulloso de tal y como lo había llevado a cabo. Vi que ella también estaba bien, con la cual cosa estuve tranquilo.

Estaba dispuesto a hacer lo que fuese después de eso, no quería quedarme sin facción, y mucho menos sin ella.