:·:·Frozen Love·:·:
Jack & Elsa
Un amor congelado
Summary: Jack Frost había pensado que su vida como guardián era suficiente, con la misión de proteger a cada niño del mundo junto con sus otros compañeros guardianes y la diversión en sí pero todo esto cambia cuando se entera de la existencia de una hermosa mujer con poderes similares a los suyos. Nadie sabe quién es realmente, sólo recibe un mensaje del Hombre de la Luna: "La Reina de las Nieves, Elsa"
Pairing: Jelsa (Jack Frost & Elsa)
El Origen de los Guardianes y Frozen no me pertenecen son obras de Dreamworks y Disney.
N/A: Después de tantos pensamientos, ideas descartadas y búsqueda de inspiración finalmente el cap 2 está terminado. Perdón por la demora, en estos días estoy muy ocupada con los deberes que impusieron mis profesores y al parecer, no han tenido piedad O.O; apenas puedo pensar en algo para escribirlo. Tengan paciencia conmigo, les doy muchísimas gracias para los que siguen y han dejado reviews de mi primer fic de Jelsa, espero que les guste este cap y muy pronto o cuando pueda publicaré más cap's y quizás, más fic de Jelsa.
En serio, adoro mucho a esta pareja ¡Viva Jelsa!
Nevada II: preludio de la nieve blanca
Ha pasado dos semanas desde que había hablado con Norte acerca del tema sobre la Reina de las Nieves, nada pareció haber cambiado que obtener un poco de información que hubo una reina con poderes similares a los suyos y que vivió en un reino llamado Arandelle.
A pesar que el líder de los guardianes le dijo con sus propios labios que era todo lo que sabía, una parte inconsciente de su pensamiento le decía que Norte escondía algo. Podía sospechar que sabía más de lo que podía aparentar, no era desconfianza lo que sentía hacia el guardián del asombro, parecía que había motivos para ocultarlo y es por esa razón que Jack decidió no indagar más con el asunto.
Las tinieblas apenas podían visibilizarse gracias a las bellas figuras de arenas doradas rondando en la durmiente ciudad de Noruega, obra de los poderes del sueño de Sandman o mejor conocido como Meme, el guardián de los sueños que ahuyentaba las pesadillas y llenaba el paisaje hostil a uno lleno de luz.
Cada figura de las arenas doradas representaba los sueños de cada niño, es tan increíble las formas que se presentaban podían ser muchos más grandes que las otras como dinosaurios, robots gigantes, peces y entre otros. La imaginación no tenía límites, al igual que el asombro, la memoria, la esperanza y la diversión.
Jack sonrió tras contemplar las figuras de arenas mientras se sentó en un árbol para descansar. A pesar que siendo un inmortal no sentía cansancio, frío o fatiga; a veces, necesitaba tomar su tiempo a solas para pensar con más claridad.
Del bolsillo de su sudadera azul sacó el cuento que Jamie se lo había prestado, hace unas semanas, Jack quiso devolvérselo pero el chico se había negado y amablemente le pidió que se lo quedara, ya había leído el cuento varias veces y su hermana Sophie estaba tan fascinada que ni le hacía falta volver a leerle.
El joven guardián trazó sus dedos en la lisa superficie del libro, que titulaba con letras mayúsculas y en negrita "La Reina de las Nieves" sobre un recuadro con la sencilla ilustración de la personaje en un ambiente gélido pero mágico ante sus ojos. Hojeó el libro como lo había hecho las veces anteriores en que estaba solo, prefería leerlo en sus ratos libres y más, cuando no estaba en presencia de sus compañeros guardianes (no quería que Conejo lo fastidiara por estar interesado en un cuento de niños o que Hada junto con Meme y los duendes de Norte curiosearan mientras leía en silencio); en el cuento narraba la historia de dos hermanos en un encuentro peligroso y mágico con la Reina de las Nieves, una mujer tan hermosa como su nombre con poderes de manipular la nieve y el hielo a su antojo tanto que podía crear tormenta helada y un castillo al pico de la montaña que relucía bajo los rayos de la luz.
Desde que Jamie se lo ha mencionado, Jack estuvo muy interesado con el asunto de su existencia hasta el punto que no podía dormir de sólo pensarlo (a pesar que era un inmortal). Sonaría ridículo si admitiera que, al igual que Jamie y su hermana, quería que exista, existiera o haya existido la Reina de las Nieves.
Era un guardián después de todo, y debería olvidarse de este asunto que había surgido todo por un antiguo libro. A pesar que sea muy poco junto con la información que aportó de Norte, había algo que lo inquietaba.
Si Norte mencionó que hubo una reina de un desconocido reino llamado Arandelle y podía controlar poderes de invierno, entonces, eso respaldaba su existencia. Sin embargo, Norte había escuchado aquello, así que no estaba seguro si ese hecho podía ser verosímil al 100%.
Suspiró para sus adentros, miró el libro cerrado y se dispuso a guardarlo en su bolsillo para luego mirar a la luna pendida en el vasto cielo nocturno. Pensar demasiado lo frustraba, pero no como lo fue en sus 300 años sin saber quien era, nada más que Jack Frost, el espíritu errante que viajaba al mundo sin destino, sin nada en la mente y sin ningún objetivo.
Ahora, era diferente y su vida ha cambiado desde que supo por qué fue elegido como guardián.
A pesar del silencio en el ambiente, junto con el Hombre de la Luna, Jack podía jurar que lo estaba observando y su intensa luz plateada era muestra de su compañía silenciosa.
Se preguntaba en qué estaba pensando ahora el Hombre de la Luna, podía suponer que estuvo escuchando sus inquietudes y preocupaciones todo el tiempo incluso su interés repentino hacia la Reina de las Nieves.
-Hey, ¿Qué tal? –saludó, sin importar que lo único que recibiría de él era su silencio sepulcral- ¿Cómo va todo ahí arriba? –pausó mientras se enderezaba para sentarse más cómodamente y abrazaba su personal- Supongo que… me haz estado observando todo este tiempo… -el silencio de la luna lo tomó como un sí- Me siento algo avergonzado que tanto Norte y tú se hayan enterado de esto… a pesar que no me digas nada, sólo quiero hacerte una pregunta –su expresión divertida se tornó seria y pensativa- Hay algo que… siempre me ha inquietado… -dio un suspiro para despejar su vacilación, al mirar nuevamente la luna, se armó el valor para soltarlo- ¿Crees que la Reina de las Nieves… existió? –tras el silencio sepulcral que dominaba el ambiente, excepto el armónico sonido de los grillos y la respiración de Jack, éste podía considerar un "no" de parte de la luna o unos minutos pensando- Necesito saber algo de ella… sonaría ridículo si te dijera esto, pero… sería grandioso si en verdad lo fuera y si hubiera una oportunidad de conocerla, estaría feliz que haya alguien que se pareciera a mí. Sé que suena infantil o caprichoso, tú dirás que mi deber como guardián junto con la compañía de mis amigos y que ya no soy invisible para los niños, es suficiente y que ya no estoy solo –Jack no pudo evitar que su sonrisa se tornara tenuemente melancólica- Sin embargo, no puedo evitar sentirme solo… siento que algo me falta, aunque, no estoy seguro que es. Pero eso –dibujó una alegre sonrisa en su rostro cuando su vista se alzó en lo alto del cielo- tú lo sabes ¿no?
La luna brillaba silenciosamente en el oscuro y helado cielo, era tan fulgurante que ahuyentaba las tinieblas que cubrían el mundo como si los protegiera con su luz tal como aquella vez cuando despertó. A pesar de no recibir ni una sola respuesta, el guardián seguía sonriendo.
-Me alegra que me hayas escuchado –sus dedos comenzaron a juguetear la rugosa superficie de su personal- No es que espero que este deseo se cumpla, tan sólo quiero saber el misterio que aguarda en ella; puedo jurar que no sólo Jamie y Sophie sean los únicos que piensan lo mismo que yo, sino también el resto de los niños que también han escuchado y están deseándolo. Me gustaría que esto no fuera solamente una ilusión, un sueño o más bien, un cuento de hadas –y levantándose de su ubicación, Jack supo que su pequeño descanso se terminó y era hora de continuar su labor como guardián- No robaré más de tu tiempo, me tengo que ir… es hora de la diversión –se despidió con una brillante sonrisa, el guardián de la diversión desapareció con el Viento para llevar el invierno a otras ciudades, cuyas temporadas cálidas estaban llegando a su fin.
Después de la partida del guardián del invierno, el Hombre de la Luna tras escucharlo atentamente, sonrió. Muy pronto, Jack sabrá que sus sinceras plegarias se cumplirán y se llevaría una gran sorpresa; también sería la respuesta a lo que él tanto estaba buscando.
Ya había pasado como horas, días o semanas. La verdad, no estaba segura, pero juraba que pasó un tiempo desde su despertar.
Ella no entendía qué estaba haciendo aquí o cómo llegó. Tan sólo existía y nada más.
Aún recordaba ese momento, al principio había sido confuso, lleno de sorpresa, asombro y diversión; pero luego, la realidad la golpeó de una manera desconcertante y dolorosa cuando cayó cuenta de algo.
Y eso pasó, en unos días atrás.
-Flash Back—
Silencio. Tan sólo fue recibida por un silencio sepulcral teniendo a la luna como su silencioso testigo.
Examinó el lugar de donde provino nuevamente, pero su mente no encontró ni una pequeña respuesta para orientarse. Había mucha nieve cubriendo la superficie y el ambiente pintaba blancura nítida que al entreverse la mínima luz del sol irradiaba un color fantasmalmente gélido y el perfume invernal podía olerlo por doquier.
Al mirar más arriba, el techo era de hielo, mejor dicho, ella parecía encontrarse en el mar congelado subterráneo. No había nada más que nieve, hielo, rocas y estalactitas colgando en el techo.
¿Cómo llegó hasta aquí?
La chica suspiró para sí.
Al contemplarse, vio lo que tenía puesto. Un vestido entallado a su cuerpo esbelto, azul claro de un material suave y brilloso como la seda, las mangas y su capa color celeste era de un material fino y exquisitamente adornado de patrones de copos de nieve brillando a la luz de la luna. Parecía como si este vestido fuese creado por el mismo hielo que presentaba el helado paisaje, demostrando que todo lo frío tiene su belleza.
Se tocó el cabello, al verlo, pudo notar que era largo y algo alborotado pero elegantemente recogido con una trenza larga descansando sobre su hombro izquierdo, con pequeños copos de nieve adornando en él.
La joven se dio cuenta de una cosa, a pesar de su fina y desabrigada vestimenta (por muy hermosa y llamativa que fuera), no estaba experimentando el frío que reinaba en el bosque. Es más, ni una pisca helada sufría como para desear algo abrigado.
Era extraño.
Levantándose del mar congelado donde despertó, sus palmas se apoyaron sobre la áspera superficie que en ese mismo instante… patrones de copos de nieve sólido se dibujaron en una gélida y atrayente luz azul pálida y blanca.
La chica jadeó sin aliento para levantarse de golpe y llevarse las manos a su boca.
Acaso… ella hizo eso.
Se miró ambas manos.
Imposible, ninguna persona podía haber hecho hielo con las manos como si nada.
Para comprobar sus sospechas, la joven caminó hacia una gran roca situado cerca del mar congelado y llevó sus dedos a su superficie rugosa y áspera.
El resultado fue lo mismo, en cuanto sus dedos lo tocaron el hielo blanco apareció en una pequeña ráfaga cristalina con brillos plateados y patrones de copos de nieves azules dibujando en el mismo. El miedo y la vacilación de la chica fue reemplazado por asombro, ¿Ella hizo esto? ¿Acaso ella podía crear hielo con sólo tocar las cosas con sus dedos?
La motivación y entusiasmo no tardaron en apoderarse en sus pensamientos, sonriendo más animada comenzó lo primero que se le ocurrió.
Juntó ambas manos y de ellos, surgió una luz añil pálido con forma de un copo de nieve que lo lanzó al cielo y explotó como un fuego artificial, copos de nieves azules danzaron en el aire mostrando su delicada y helada belleza.
Al contemplarlo, sonrió con asombro y alegría. Era increíble que pudiera hacerlo, mejor dicho, ¡era maravilloso! Nunca pensó que sería capaz de hacer algo tan bello y tan mágico.
Miró sus palmas una vez más, ¿qué más podía hacer ahora?
Al mirar nuevamente el mar, pudo notar lo grande y vasta que era a sus ojos, tan inmensa que podía caminar sin problemas a un desconocido destino. La superficie era oscura y muy rústica, el hielo era grueso y áspero carente de belleza.
Probó con pisarlo, al hacerlo, la superficie brilló en un azul pálido fulgurante con luces blancas en el centro. Sin evitar ocultar su entusiasmo y felicidad, la joven corrió. O mejor dicho, patinó en el mar congelado con ráfagas suaves de hielo y nieve adornando su extensión con hermosos y elegantes patrones.
Se detuvo para mirarlo, en el terreno marítimo helado era ahora una bella obra maestra de la magia invernal.
Entre risas y un entusiasmo que nunca antes pensó en expresarlo, la chica decidió explorar el lugar. No estaba segura en dónde estaba o cómo terminó aquí, es más, no tenía ningún recuerdo de quién era en verdad.
Tan sólo sabía que su nombre era Elsa, la Reina de las Nieves.
Elsa, al mirar hacia arriba nuevamente, ahí emitía una luz mucho más brillante. A diferencia de la luz del paisaje helado, esa luz era cálida y le recordaba al fuego, muy opuesto al hielo y a su recién descubierto don y eso la reconfortó. Supuso que más allá estaba el sol, en el exterior.
Al ver que estaba lejos de su alcance, Elsa decidió crear lo primero que se le vino en su mente. De sus manos extendidas emitió una ventisca blanca en el aire y creó una escalera blanca escarchada en el suelo, colocó uno de sus pies en el primer escalón, al hacerlo, el escalón fue cubierto por la luz azul pálida cambiando su superficie rústica a un hielo reluciente y pulido.
Sin más dudas, Elsa subió en ella sin pausa ni prisa, a pesar que su emoción estaba a mil. La escalera fue creciendo en el aire y convirtiéndose en una elegante estructura de hielo que relucía en bellos colores del arcoíris por la luz del sol.
Al llegar finalmente en el exterior, fue recibida por un los dorados e intensos rayos del sol, en lugar de cegarse por su luz debido a sus ratos con la oscuridad, Elsa admiró al sol pendido en lo más alto del cielo azul. Estaba rodeada de grandes pinos verdes perenne bañados en nieves puramente blancas que emitían brillos preciosos como si estuvieran hechos de azúcar y el fresco perfume de invierno se asomó agradablemente en su nariz.
Sin embargo, a pesar de disfrutar la belleza que otorgaba la naturaleza invernal y su magia recién descubierta, Elsa tenía muchas dudas en su cabeza que la inquietaba mucho y no podía encontrar ni una sola respuesta por más que intentara recordarla.
Tal vez, si llegaba más allá de su ubicación, podía encontrar a alguna persona y preguntar en dónde estaba.
Había demorado más de lo que había calculado, no sentía cansancio alguno ni tampoco fatiga, aún así, necesitaba charlar con alguien. Necesitaba información ahora.
Sus esperanzas se iluminaron en cuanto divisó a lo lejos, un grupo de niños jugando a la guerra de nieve. Estaban abrigados con ropa hecho de materiales gruesos para conservar calor junto con accesorios hechos de lana como gorros, bufandas y guantes, todos tan bellos y coloridos que contrastaban con lo blanco y frío que presentaba el ambiente invernal.
Podía ver la felicidad brillar sobre sus sonrisas, la energía y la diversión reinar sobre sus inocencias tan puras.
-Hola –saludó con alegría la chica de ver a otro ser humano, se acercó al grupo de niños- Hola.
Sin embargo, los niños parecían estar tan absortos en sus diversiones que ni repararon a su presencia. Ella frunció levemente el ceño, luego vio a una niña que se dirigía a donde estaba, suspiró de alivio.
-Hola, pequeña –saludó alegremente a la niña mientras se inclinaba a su altura- Quisiera preguntarte en dónde es-…
Antes de terminar con su cuestionamiento, la niña la traspasó completamente. La joven rubia se quedó congelada en su sitio y sin aliento, la incredulidad no tardó en asomarse por su rostro.
Al voltearse vio a la niña dirigirse hacia una adulta, supuso que podía ser su madre.
Tratando de olvidarse lo ocurrido hace un instante, intentó hablarle a la señora.
-Disculpe, señora. Necesito que me diga en dónde esta-… -la mujer la ignoró pasando de largo, más bien, atravesándola como si no estuviera ahí.
Más personas la traspasaron, ignorándola, sin reparar de su presencia, sin escucharla.
La chica no pudo evitar sentirse triste y desconcertada, sus ojos azulados bien abiertos por el shock estaban cristalizados por lágrimas que amenazaban en escapar.
Nadie podía verla ni oírla.
¿Qué estaba sucediendo con ella?
Al verse sus manos y su reflejo en el agua, ella existía. Su magia era la prueba de su existencia. Era real.
Si era cierto, entonces, ¿por qué nadie lo sabía?
Sin tener nada que hacer ahí, la joven hizo ademanes de abandonar la comunidad con pasos pesados y lentos. Sin un rumbo fijo, sin saber de su vida ni la razón de su existencia.
Tan sólo… podía afirmar su nombre.
"Elsa, La Reina de las Nieves"
El nombre que la Luna, testigo de su nacimiento y de su magia, le dio ese nombre con sus silenciosas palabras.
Pero, eso fue lo único que le dijo.
-Fin del Flash Back—
Recordar ese momento, le hacía muy doloroso al caer en cuenta que era invisible para todo el mundo. No tenía casa, no tenía familia, no tenía ni una pisca de recuerdos… no era nada más que un rumor, un ente que existía sin ser visto ni ser oído por la gente.
Estuvo vagando si rumbo fijo, resguardada por los helados brazos invisibles del viento y los rastros de nieve bajo sus pies que le recordaba lo que ella era.
¡Qué cruel era el destino!
No podía hacer nada. La magia que el invierno le regaló era lo único que tenía para apaciguar el dolor de su soledad, recordó que estuvo caminando tan lejos como podía (sin sufrir cansancio, estrés o fatiga), tan lejos a donde el invierno iba hasta que más allá en las altas montañas heladas inhabitadas por algún ser humano, se detuvo cuando se encontró con algo que le hizo abrir ampliamente los ojos de asombro.
Un castillo en la punta de la montaña.
Ese castillo… precioso a simple vista, que emitía una luz bellamente gélida que le recordaba a su magia y su superficie era perfectamente pulido y traslúcido… como un cristal. Completamente transparente y bien tallada.
Se quedó quieta en su lugar, contemplando en silencio aquella bella obra de arte que nunca antes lo había visto desde su despertar. La belleza de aquel edificio la dejó sin habla.
Con pasos lentos y vacilantes, Elsa avanzó hacia el castillo hasta llegar a sus enormes puertas de doble batiente que terminaba en punta. Al tocarlo, sintió un tacto frío en sus dedos.
Era hielo.
Sin embargo, ese hielo era tan firme como un cristal transparente. No se derretía al tacto de sus dedos ni tampoco se resquebrajaba. Se preguntó si ese castillo fue hecho por alguna mano humana o por algún arquitecto talentoso.
Pero lo más importante, ¿alguien vivía ahí?
Elsa levantó su puño para llamar a la puerta, pero, se abrió lentamente antes que sus nudillos llegaran a tocarlo. Parpadeó ante aquello, pero eso no la detuvo para avanzar su camino.
-¿H-Hola? –pronunció vacilante sin recibir una respuesta. Se sentía como si invadiera una casa ajena, si bien este lugar fue construido al pie de la montaña nevada, se supone que alguien lo había hecho para vivir ahí ¿no?
Al entrar al castillo, contuvo el aliento a lo que estaba admirando. Si afuera era precioso, adentro la dejó sin palabras. En el lobby, toda su visión era el color como su vestido y cada detalle brillaba armoniosamente con la habitación, decorados con cristales de hielo bien tallado que irradiaba en tonos desde un turquesa brillante a un índigo pálido.
Cada habitación que Elsa había explorado en el castillo la dejó mucho más asombrada que nunca, todo era una obra de arte digno de ser ovacionado por gente que compartiera sus gustos. Por alguna extraña razón sentía que el lugar tuviera algo mágico, como si por obra de una magia hizo surgir todo el hielo de la nada.
Acaso…
Elsa se detuvo un momento para mirarse las palmas y luego, negarse con la cabeza.
Era imposible que ella lo haya hecho. Recién descubrió el poder de su magia y… no recordaba haber hecho algo así. Algo tan bello y asombroso.
Exploró en la última habitación que se encontraba en el piso superior del edificio, en cuanto cruzó por el umbral de la puerta, lo que vio la dejó muda y aturdida.
A diferencia de las otras habitaciones, aquella estaba hecho un desastre. Cientos de fragmentos de cristales de hielo se esparcían por doquier, llenando el suelo de diminutos vidrios rotos venidos de la gran lámpara araña de hielo despedazada junto con las puertas del balcón y otros hielos alargados en picos peligrosamente puntiagudos clavando la pared.
Elsa miró entre confundida y atemorizada.
¿Qué pudo haber sucedido aquí?
Parecía como si hubiera pasado una guerra ahí. Ante los escombros, era como si permaneciera rastros de alguna pelea violenta, pelea en la que hubo posibles heridos y cero vencedores.
Avanzando en el centro de la sala, con su magia reparó las puertas rearmándolas y colocándolas a donde debía estar, desapareció los picos de hielo junto con los fragmentos de cristales rotos y reemplazó la lámpara por una nueva, liviana y más bella que la anterior.
Ahora la sala parecía nueva y distinta que la que vio hace unos momentos. Era como si al haber restaurado la sala, desapareció todo rastro de hostilidad y apaciguando la inquietud de su interior.
Elsa contemplaba la sala desde una nueva perspectiva. A pesar de verse como debería ser, el cambio parecía casi notable por su intervención. Parecía que los elementos que agregó fueran parte de la sala sin siquiera verse alterada.
Es como si su magia complementara a la perfección con el castillo.
Al ver que no había ni una sola alma en el edificio, eso ya no importaba. La primera vez que Elsa puso un pie ahí, sentía que finalmente encontró su hogar, su casa, un lugar a donde pertenecería de verdad.
Así fue como Elsa vivía ahí, en el gran castillo de hielo. Al pico de la montaña nevada, abrazada por el viento helado, el bello amanecer brillando a sus ojos y el cielo vasto haciéndole compañía.
-Elsa –pronunció una voz familiar para ella, una llena de infantilismo y simpatía pura.
La chica, que hace unos ratos contemplaba la bella vista que le otorgaba el helado paisaje, desvió para centrarse en su amigo.
-¿Qué ocurre, Olaf? –preguntó con una sonrisa.
Olaf es un muñeco de nieve que ella misma había creado hace unos días atrás desde que se instaló en el castillo, Elsa lo hizo tras recordar haber visto a varios niños jugando en la nieve y construyendo muñecos graciosos y elegantemente vestidos. Ella lo había hecho con la magia que sus manos canalizaron, creando un muñeco de cuerpo pequeño, cabeza desproporcionada, patas medianas y una gran zanahoria como nariz (Elsa lo consiguió de una verdulera cuando paseó en la ciudad).
Inesperadamente para la chica, el muñeco se movió y habló. Eso la llenó de susto y estupefacción, jamás creyó que su magia podía crear vidas en la nieve. A pesar de la sorpresa, decidió ponerle un nombre a su amigo, de una manera extraña que se le había ocurrido, le puso de nombre Olaf.
Olaf le sonó muy bonito y mucho más original que Helado o Frosty que eran los nombres que muchos niños usaban con sus muñecos.
A su amigo no le molestó. Tan sólo le sonrió ampliamente a su creadora y pronunció su frase "Hola soy Olaf ¡y me gustan los abrazos!", que más tarde se convirtió en su eslogan.
-Cuando podemos pasear por la ciudad, estoy muy aburrido aquí –le contestó con una pequeña mueca de tristeza para luego cambiarla a uno entusiasmado- Me gustaría explorar un poco afuera, bajo el sol y jugar.
Elsa suspiró. Era cierto que permanecía en el castillo todo el tiempo, sin siquiera salir al exterior, al mundo desconocido. Desde que descubrió que era invisible para todos, Elsa sintió que no valía la pena explorar las afueras; no quería repetir esa sensación de soledad y vacío.
El castillo era el único lugar que sentía como si fuera su verdadero lugar y con Olaf, sentía que ya no estaba sola.
Aunque, si bien terminó de darle toques y arreglos a su casa, sentía que necesitaba explorar un poco, más allá de las montañas y del bosque. A pesar que nadie podía verla ni oírla, eso no quería decir que no se podía conocer el mundo.
Le encantaba jugar con Olaf, pero también, él era como un niño recién nacido y tenía que conocer lo que todavía no había conocido, eso era… el exterior.
Puede que Elsa le atemorizaba la idea, pero ahora que estaba Olaf a su lado, sentía que podía hacerlo.
Inclinándose a la altura del pequeño muñeco de nieve, Elsa le regaló una sonrisa sincera.
-De acuerdo, Olaf. Vamos juntos a la ciudad –
El muñeco saltó más entusiasmado que nunca.
-¡Que bien! Podemos ir a la ciudad, a ver todo… juegos, nieve, sol y más juegos –a pesar lo inocente que se veía Olaf, Elsa no pudo evitar reírse, muy pronto su amigo conocería el mundo y ella también. Quien sabe, podía ser maravilloso y divertido.
Continuará…
¿Qué les pareció? Apareció Olaf, me gusta mucho ese personaje es tan divertido y simpático y me agrada mucho tanto que decidí que aparezca en esta fic y en este cap ^^
Espero Reviews! Y lamento mucho por la tardanza, para los fanes de Jelsa les voy a avisar que tengo pensado escribir otro fic de ellos y aparecerán otras parejas jeje
Saludos y nos vemos en el siguiente cap!
Saludos
Underword XD!
