Holaaa lectores, bueno no recibi los reviews que esperaba pero me alegra saber que al menos le llamo la atencion a unos cuantos (fav, foll, views).
aqui les dejo el cap 2 y como ya dije antes, no tendra muchos capitulos, creo que son 5 o 6.
Ya saben FT no me pertenece y FWM tampoco, son de sus respectivos dueños.
Nos leemos abajo.
Ese día en la práctica, Natsu bateó mejor que nunca, las pelotas de béisbol golpeaban lo alto del techo del gimnasio. Gajeel no podía sacarlo del juego. Sting, el tipo de tercera base, se burló de él cuando se tomó un descanso para tomar agua.
—¿Cómo venceremos a Los Raiders la semana que viene si ni siquiera puedes hacerle un strike a un estudiante de primer año? —Sting golpeó con su guante a Natsu en el trasero para hacerle saber que bromeaba. Sting cursaba el último año y siempre tenía un ojo en Natsu.
—Cállate, Sting —dijo Gajeel—. Por lo menos yo no soy la pequeña perra de Lucy Heartflila como lo es Nat-Nat Dragneel —Algunos de los chicos rieron, pero Natsu sólo desvió la mirada. Él sabía que Gajeel estaba cabreado porque no le gustaba perder, pero desearía que no arrastrara a Lucy en esto, especialmente después de lo que ella le había contado.
—Oye, Dragneel —continuó Gajeel—, deja de perder tu tiempo, hermano, Lucy coquetea, pero nada más y definitivamente no es para un estudiante de primero.
El rostro de Natsu se calentó con una repentina e intensa ira. Gajeel se acercó y se detuvo ante Natsu mientras se sentaba en la parte inferior de las gradas, mirando el guante en su mano. Se dijo a sí mismo que ignorara las burlas de Gajeel. Todos sabían que era un hablador. Natsu era el novato del equipo y no quería hacer nada para que no lo relegarán a la banca, pero Gajeel simplemente no lo dejaría pasar, se puso de pie sobre Natsu, sonriendo.
—Te está usando, hombre, si quieres salir con ella es mejor que te acostumbres a tener las pelotas azules…
Natsu se levantó y miró al alto y larguirucho lanzador a los ojos. Su cuerpo era firme. Dejó caer su guante al suelo, las manos en puños. Gajeel sonrió con diversión mientras el equipo se juntó alrededor de ellos.
—Maldición, el chico se cabreó —dijo Gajeel.
El entrenador, quien había estado mirando todo desde su silla, gritó sin levantarse. —¡Dejen de actuar como chicas! Den diez vueltas alrededor del gimnasio. ¡Todos! No necesitamos este drama cuando tenemos nuestro próximo juego la siguiente semana. Adelante. Saquen sus traseros de aquí.
Los chicos no guardaron rencor. Después de su casi pelea en el gimnasio, Gajeel volvió a estar bien con Natsu nuevamente. Bromeó y golpeó su trasero con el guante. Todavía lo llamaban "El Chico." Natsu hubiera pagado una buena suma por un apodo diferente, pero se le quedó.
La semana siguiente, en su primer juego, Natsu hizo lo posible para actuar como los chicos mayores. Ignoró a las chicas gritando en las gradas. Prácticamente la mitad de las niñas de primer año fueron a animarlo. Él fue el siguiente al bate. Se lamió los labios, escupió a un lado y raspó sus zapatos en la tierra junto al plato de home.
—Ve por la carrera, Nat. —Escuchó decir a Lucy mientras preparaba su postura. La adrenalina se dispersó a través de su sistema cuando se centró en los movimientos del cuerpo del lanzador. El movimiento de su brazo señaló una bola rápida, y después golpeó la pelota para un doble, enviando a casa a dos jugadores. Natsu estaba en la zona. Ya no podía oír los aplausos o abucheos, ni siquiera los de Lucy. No se permitió echar un vistazo hacia el banquillo o a las gradas mientras se encontraba en posición en el campo derecho. Estos bateadores golpeaban las pelotas muy altas y tenía que mantener los ojos abiertos.
Entre cada entrada, miraba a escondidas a Lucy y cómo hacía las siguientes alineaciones y preparaba botellas de agua para el equipo.
—El lanzador te tiene en la mira —le dijo a Sting durante la séptima entrada.
—Sí, lo sé. —Frunció el ceño, golpeando el bate sobre sus talones para desprender una mata de hierba.
—Sólo ajusta tu postura y ve tras la pelota —aconsejó.
—Eso haré. —Y eso es exactamente lo que Sing hizo en su próximo turno al bate, llegando a la primera base sin problemas.
Después del partido, Natsu caminó casualmente al estacionamiento con los otros chicos, fingiendo no notar a las chicas esperando por ellos.
Mantuvo el rostro serio cuando Lucy corrió para alcanzarlo.
—Oye, buen juego, Nat.
Sintió los ojos de sus compañeros de equipo en ellos. Asintió con la cabeza y puso su mochila en el maletero de su auto. Temía que, si la miraba, lo convertiría en una bola de papilla sonriente y todos notarían como se sentía exactamente.
Ella se inclinó hacia él y, con rastro de humor en su voz, le susurró—: Bienvenido, chico duro. —Entonces, se alejó, chocando los cinco con los otros chicos, hablando sobre las jugadas del juego. Ninguna otra chica podría ser tomada en serio de esa manera. Ella, incluso, felicitó a Gajeel por no permitir que el otro equipo hiciera tantas carreras, ganando un asentimiento respetuoso.
Natsu evitó mirar a Lucy en los pasillos al día siguiente. Las cosas se habían enfriado, pero no quería darle a Gajeel una razón para hablar de más. No quería problemas en el equipo, pero sobre todo, no quería que ningún chisme se extendiera y afectara a Lucy. Cualquier tiempo que pasara con ella tendría que ser lejos de ojos curiosos.
Lucy sorprendió a Natsu después de la escuela, esperándolo junto a su auto.
—¿Ahora eres demasiado genial para mi? —preguntó. Su sonrisa era débil y no tan confiada como siempre, eso hizo que se sintiera mal. Natsu se sintió, de pronto, un completo idiota. Él lo hacía por su propio bien. Diablos, no pensó que a ella le importara mucho.
Ahora quería tranquilizarla. —Sabes que tú eres la genial, Lucy. —La mejilla de él tiro hacia un lado en una sonrisa—. ¿Quieres un aventón? —preguntó. Hubo una pausa antes de que contestara, él sintió la familiar mezcla de nerviosismo y emoción en su estómago como cuando no sabía si ella aceptaría o lo rechazaría.
Lucy se mordió el labio inferior y asintió.
Desde ese día en adelante, Natu llevó a Lucy a casa después de la escuela. Algunos días llevaba a algunos amigos de primer año, también, pero Lucy siempre tenía su lugar. Los otros chicos estaban tan enamorados de su presencia, anonadados de cada palabra suya, sonriendo como un puñado de nerds e intentando impresionarla. Ella se reía en los momentos adecuados y parecía que le gustaba su atención.
Pero cuando sólo quedaban ellos dos, nunca iban directamente a casa. Él la llevaba por papas fritas y refrescos o volvían al parque y simplemente hablaban.
A medida que el clima se hizo más templado, bajaron por el Río Potonac, metiendo los pies en el agua y tratando de atrapar ranas. Natsu no sabía que había tanto de que hablar con una chica. Algunas noches, cuando volvía a casa después de la práctica, ellos chateaban por horas sobre todo y nada.
Ella lo llamaba llorando cuando su padrastro, Rufus, hacía comentarios despectivos y hablaba sobre el drama entre sus amigas. Hablaban de béisbol, ella era fan de Los Orioles y él de Braves Guy. Él despellejaba a Los Orioles sin piedad, porque eran malos, pero ella lo tomaba como una campeona. Y tenía que admitir que ella se emocionaba totalmente cuando recitaba las estadísticas de bateo. Sabía que Lucy sólo pensaba en él como un amigo, pero eso no le impidió desear y coquetear cada vez que tuvo el valor. Ella siempre se echaba a reír como si fuera una broma. Pero él no bromeaba. Y no podía dejar de esperar.
Fue un viernes de abril cuando Lucy llamó a Natsu después de las prácticas.
—¡Hola! ¿Puedes venir por un minuto? Quiero mostrar algo.
Se oía emocionada, despertando la curiosidad de Natsu.
—Sí, seguro.
Natsu se dio una ducha rápida y estuvo en su auto diez minutos después. Se sorprendió al ver el auto de Levy, la amiga de Lucy, y otros dos autos estacionados enfrente de la casa de Lucy. El auto de su mama no estaba ahí; debía estar aún en su trabajo. Lucy lo dejó pasar y lo llevó a su dormitorio en el sótano. Nunca había estado allí antes. Pasaban rato en la sala y en la cocina porque su mamá tenía reglas estrictas acerca de los chicos.
Natsu se sintió mareado cuando entró en la habitación de Lucy y quedó rodeado por su abrumadora esencia. Su cabeza se arremolinaba con galletas de vainilla. Se humedeció los labios y tragó saliva, apoyándose contra la pared con tanta naturalidad como pudo. Él era el único chico ahí abajo, pero todas las amigas de Lucy lo saludaron y pareció no importarles. Carteles de Los Orioles y bandas de chicos estaban colgados en la habitación de Lucy. Su gusto en música y equipos deportivos era igualmente atroz. Las amigas de Lucy se tiraron en su cama sobre sus estómagos, y se callaron cuando ella fue a su armario y sacó un trozo de papel, con una sonrisa maliciosa.
—Quería a mis mejores amigos juntos porque tengo algo que mostrarles… ¡Fui aceptada por la UNC! —Alzó la carta de aceptación de un lado a otro y todas gritaron, saltaron, brincaron por la habitación, y la abrazaron. El estómago de Natsu se encogió. Fue inundado con una extraña sensación de miedo y tristeza ante la idea de que Lucy se iría en cuestión de meses. Tan lejos.
Pero cuando ella se giró hacia él, radiante, forzó una sonrisa y dijo—: Eso es impresionante. —Ella lo abrazó, apretando fuerte su cuello, y cuando él envolvió sus brazos alrededor de su cintura, vio que sus amigas intercambiaban miradas. Sabían lo que sentía por ella, pero no le importó.
Natsu vio movimiento en la puerta cuando los padres de Lucy bajaron, todavía vestidos con su ropa de trabajo.
—¡Llegaron! —Lucy daba saltitos.
—Hola, chicas —dijo la mamá de Lucy—. Oh, y Natsu. ¿Por qué están todos tan entusiasmados? —Lucy le entregó la carta. Ella la leyó y luego sonrió—. ¡Lucy, esto es maravilloso! ¡Felicitaciones!
Rufus tomó la carta y la leyó mientras la mamá de Lucy la abrazaba.
—¿Has sido aceptada en alguna otra escuela? —preguntó Rufus.
Lucy se puso rígida mientras salía de los brazos de su mamá. —Um… no presenté solicitud en otras escuelas —dijo con un hilo de voz.
La habitación se quedó en silencio.
—Oh, cariño... —La postura de su madre se hundió.
—Mamá, sabes que este es mi sueño —suplicó.
Su madre miró hacia otro lado y cerró los ojos, como si se preparara para algo.
—Hay escuelas muy buenas aquí en Virginia —dijo Rufus. Su voz se hizo más fuerte a medida que hablaba—. Matricularse fuera del Estado es ridículo.
—Solicité los préstamos estudiantiles —dijo Lucy.
—¡Ese no es el punto! Todavía tenemos que conducir hasta allí, y hay otros gastos para tener en cuenta. Estás siendo egoísta, Lucy. ¿Y sabes qué? No puedo decir que me sorprenda. —Se cubrió los ojos con las palmas de las manos y se frotó la cara, murmurando por lo bajo—. Igual que tu maldito padre.
—Rufus —siseó su madre mientras deslizaba la mirada a través de todas las personas en la habitación.
La sangre abandonó las mejillas rosadas de Lucy, dejándole una palidez fantasmal. Era la primera vez que Natsu era testigo de uno de los comentarios filosos de Rufus. A veces, se preguntaba si Lucy exageraba o era demasiado sensible cuando hablaba de su padrastro. Ahora sabía que no era así.
—Creo que es hora de que todos se vayan —dijo Rufus, luego dio media vuelta y salió de la habitación. La mamá de Lucy le dirigió a ella una mirada triste antes de seguirlo.
Natsu miró a Lucy, esperando que llorara, pero no lo hizo. Se levantó frotándose los brazos, con la mirada distraída como si estuviera en algún modo de auto-preservación. Miró a Levy, quien estaba de pie con una mano tapándose la boca.
—Adelante, chicas. Estaré bien —dijo Lucy. Las chicas se fueron del sótano en silencio, apretando el brazo de Lucy al pasar, pero Natsu no se movió. La tomó de la mano y ella lo miró con ojos vidriosos.
—Lo hiciste, Lucy. —Lo miró sin expresión, y él puso las dos manos sobre sus hombros, apretándolos hasta que sus ojos se despejaron y ella realmente lo miró. Entonces, dijo las palabras que le dolían—: Entraste, y ahora puedes marcharte de aquí.
El siguiente lunes, Lucy se acercó a Natsu en el estacionamiento de la escuela.
Natsu no estaba seguro de lo que había ocurrido, pero en algún lugar a lo largo del camino, ella había dejado de pedir aventón y se suponía que él la llevaba a su casa todos los días.
—Hola —dijo—, no necesito un aventón hoy.
—¿Te irás con Levy? —preguntó.
—Um, no. En realidad, Sting me llevará hoy.
A Natsu le tomó un momento poder asentir. Lucy se acercó y le dio un abrazo rápido antes de correr hacia la camioneta azul de Sting. Sting saludó a Natsu y él devolvió el saludo, pero de pronto, se sintió como "El Chico" que todo el mundo llamaba. Sting tenía siete centímetros y seis kilos más que Natsu, y probablemente tenía que afeitarse todos los días. Cuando el motor de la camioneta de Sting rugió a la vida, Natsu se volvió muy consciente de su vieja "Caja de juguete" en comparación con el 4x4 nuevo.
Con cada minuto que pasó con Lucy, permitió que sus esperanzas aumentaran. Cuando la hacía reír, a veces se olvidaban que no eran iguales. Hubo momentos en que pensó que tenía una oportunidad de luchar por su corazón. Pero a medida que la realidad se impuso, también lo hizo un amargo y abatido pozo en su interior. ¿Cómo pudo pensar que Lucy lo miraría diferente? Un chico enamorado de una chica fuera su alcance.
Sting llevó a Lucy a casa todos los días de la semana. El viernes, Natsu vio a Sting besarla contra su camioneta antes de abrir la puerta del pasajero para ella. Natsu respiró profundo mientras se subía a su auto y cerraba de golpe la puerta. Encendió el motor y sacó el auto del estacionamiento haciendo rechinar los neumáticos, un hecho que ni siquiera sabía que la caja de juguete pudiera hacer. No miró atrás, temiendo que el ardor en sus ojos se convirtiera en lágrimas que bajaran por su rostro.
En casa, la mamá de Natsu estudió su cara cuando entró. —¿Mal día en la escuela, chico?
—Por favor, mamá. No me llames así.
Caminó pisoteando hasta su habitación, pero ella estaba justo detrás de él en las escaleras, se quedó de pie en la puerta mientras él se lanzó sobre la cama.
—¿Puedo hacerte un bocadillo?
—No —dijo bruscamente. Cuándo su mamá puso su mano en la cadera, corrigió su respuesta—. No, gracias.
Ella lo dejó solo durante una hora, luego le trajo un vaso de agua. Se sentó en el borde de la cama, y él también se sentó.
—¿Qué te pasa? —preguntó.
Luchó con decirle o no, pero decidió abrir su boca. —¿Conoces a Lucy? ¿La jefa del equipo?
Su mamá asintió con la cabeza. —Es una chica dulce. Siempre se acerca y me habla en las gradas. Y sé que ustedes pasan mucho tiempo juntos.
—Sí, también. —Se aclaró la garganta—. Supongo que ahora es la novia de Sting.
Su mamá se mordió el labio y asintió. —¿Ella sabe cómo te sientes?
—Creo que es bastante obvio. Todo el mundo lo sabe.
—¿Pero se lo has dicho?
La frustración estalló en su pecho. —¿Cuál es el punto, mamá? Es una estudiante de último año. Me trata como si fuera su hermano pequeño o algo así.
Su mamá reajustó su cuerpo para deslizarse más cerca de él en la cama.
—Natsu, escucha. En un par de años, cuando ambos estén fuera del instituto, la diferencia de edad ni siquiera les importará. Confía en mí.
—No quiero esperar un par de años.
Su madre le habló con tanta calma que casi lo volvió loco. —Cariño, recuerdo lo que se sentía ser un adolescente. Se sentía como si la escuela fuera el mundo entero y no hubiera nada más importante que eso, pero no es así. Tienes una gran e increíble vida esperando por ti. Y la chica correcta está ahí afuera.
—No quiero a ninguna otra chica. —Su mamá no lo comprendía. No podía entender cómo Lucy había llenado todo su corazón y no dejaba espacio para la posibilidad de cualquier otra persona.
Natsu no pudo soportar la mirada de lástima que su mamá le dio, así que apartó la mirada. Pasaron unos minutos en silencio antes que ella le diera unas palmaditas en su brazo y Natsu oyó sus pisadas sobre la alfombra mientras salía de la habitación. Se secó unas cuantas lágrimas calientes de sus mejillas, odiándose por llorar como "El Chico" que era.
Durante las siguientes dos semanas, Natsu evitó a Lucy en la escuela y se fue a su casa inmediatamente después de sus juegos. La oyó llamando su nombre después del juego, pero él no estaba listo para hablar todavía. No quería su lastima y no quería tener que mirar los labios que Sting besaba todos los días. Con seguros y deliberados movimientos, Natsu se subió a auto y se alejó, ignorando la imagen de Lucy corriendo detrás de él por el espejo retrovisor. Siguió conduciendo, aunque sentía como si una carga de ladrillos hubiera sido tirada sobre su pecho.
En la escuela al día siguiente, hicieron contacto visual desde el pasillo, y él se metió en el baño de hombres. Treinta segundos más tarde, oyó la puerta abrirse y un par de zapatos de tacón hicieron clic en el piso. Estaba apoyado en el fregadero y sintió sus ojos casi salirse de sus órbitas cuando Lucy caminó por el cuarto. Sólo Lucy Hearflilia entraría el baño de hombres. Eso casi le hizo sonreír, pero el dolor en su interior derribó esa reacción. Un estudiante de primer año entró detrás de ella, le lanzó miradas lascivas, y luego dio media vuelta y se fue.
—¿Por qué estás evitándome? —preguntó con una mano en su cadera.
¿Acaso no se daba cuenta? Natsu estaba harto de ser el chico bueno. Tipos como Gajeel eran unos idiotas y todo el mundo los amaba. Natsu intentó hacer todo bien, pero no logró ni una mierda.
—No quiero molestar a Sting por salir contigo.
—A Sting no le importa. Sabe que somos amigos.
"Amigos". Natsu sabía que su rostro estaba tenso cuando la miró.
—Tienes bastantes amigos, Lucy. No necesitas a un chico de primer año. Estoy harto de todos los que me miran como si fuera un patético por tu culpa. Ve a hablar con Levy si necesitas un amigo.
Pensó que se sentiría mejor al decirlo, pero sólo se sintió destruido. Sus ojos se humedecieron y deseó regresar el tiempo.
—Eso es genial, Nat. Muchas gracias. —Su voz sonó ahogada, se dio la vuelta y se marchó.
Antes de la práctica, Natsu estaba en las bancas, apoyando su frente contra la barra de metal del frente y mirando fijamente al campo. Escuchó a Gajeel y a Sting hablando en un rincón.
—¿Tu y Lucy conseguirán una habitación de hotel para el baile de graduación? —preguntó Gajeel.
—¿Estás bromeando? —dijo Sting—. Su mamá la hace regresar a casa a las doce y media. Incluso le mintió diciéndole que estaba quedándose con Levy, pero no se lo cree.
—Eso apesta. Supongo que no conseguirás nada.
A Natsu se le erizó la piel y miró hacia ellos en contra de su mejor juicio. Sting no respondió, solo se encogió de hombros. Luego, metódicamente, se puso los guantes mientras Gajeel lo analizaba mirándolo a los ojos.
—A no ser que… Ya lo hiciste,¿verdad? —Gajeel echó su cabeza hacia atrás y aulló y aplaudió con sus manos. Algunos de los otros chicos comenzaron a acercarse para ver lo que pasaba.
—No, mantengamos esto para nosotros —dijo Sting.
Pero Gajeel siguió, con una sonrisa lasciva extendiéndose por toda su cara. —¿Qué vas a tener que hacer para alcanzar eso, hombre?
—Amigo, vete al diablo. —Sting trató de alejarse, pero los chicos ya estaban rodeándolos.
—¿Qué está pasando? —preguntó alguien.
—Sting anotó. —Gajeel dijo esa última frase con un movimiento provocativo de caderas, y algunos de los chicos comenzaron a reír y golpearon a Sting en el hombro. Natsu probó su bilis, pero no podía moverse y no podía apartar la mirada. Sting apartó a todos, con una mirada dura en su rostro.
—¿Por qué te vas? —pregunto Gajeel.
—No estamos teniendo esta conversación. —La voz de Sting tomó un tono nervioso que sólo alimentó al bastardo de Gajeel.
—¿Tan malo fue? ¿Qué hizo ella? ¿Simplemente se quedó allí acostada?
Por un segundo, la furia ardió en los ojos de Sting, y Natsu esperó que le pateara el culo a Gajeel de una vez por todas, pero Sting era demasiado sensato para eso. En su lugar, señaló con un dedo a Gajeel y habló con los dientes apretados. —Cállate, hombre. No es así.
Natsu no podía sentir sus piernas mientras se alejaba del grupo. Miró una última vez al equipo reunido, luego recogió una pelota perdida y la lanzó tan fuerte como pudo. Con un golpe fuerte, abolló una pared de metal.
Sting se dio la vuelta en la esquina, su mandíbula firmemente apretada. Cuando vio a Natsu, sus ojos se suavizaron. —Lo siento —dijo Sting.
—¿Por qué? —Natsu se encogió de hombros y se quedó congelado ante las emociones estrellándose a través de él—. Vamos a jugar.
chanchan y fin del seg cap(aunque creo que en el libro era como el 3 o 4.
bien, dejen reviews y comenten que les parecio. El sig cap lo subire en los proximos dias.
Nos leemos!
Nick Reus
