Disclaimer:

Ni los personajes ni la historia me pertenecen. El fic es de Reiya, autora en ao3,

quien amablemente me ha permitido traducirlo y adaptarlo al español que es lo único por lo tengo crédito.

Los links del fic original y links de contacto con el/la autor estan en mi perfil. Por favor revisar

Traducción realizada con su permiso.

Ver las notas finales

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Capítulo 2

El ver a Viktor cruzando por la puerta causó que Yuuri se congelara en su puesto.

Fue vagamente consciente de mirarlo fijamente, pero no pudo encontrar forma de detenerse. Viktor se veía perfectamente calmado mientras se acercaba al mostrador, con sus manos enguantadas enterradas en los bolsillos de sus pantalones y una relajada sonrisa en su rostro. Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas debido al calor del día, un tinte de rosa que resaltaba sus pómulos. Un mechón de cabello había caído sobre su rostro, pero Viktor se lo quitó sin problema antes de inclinarse contra el mostrador, esperando por Yuuri expectantemente.

Yuuri pudo sentir los ojos de Phichit perforando la parte trasera de su cabeza mientras se hacía camino al mostrador, y su lengua se sintió como lija en su boca repentinamente. No tenía idea de qué decir. Había un millón de cosas que querría decir al ser confrontado por un hombre hermoso que le volvía a sonreír, pero ninguna de ellas era realmente apropiada para la ocasión.

—Ah, hola —balbuceó Yuuri.

El suspiro de decepción que Phichit soltó detrás de él le indicó a Yuuri que sus esfuerzos por sonar calmado y compuesto habían fallado miserablemente.

—Hola —respondió Viktor, aparentemente impávido.

— ¿Puedo ofrecerte un café? —preguntó Yuuri en un intento de volver a actuar profesionalmente, pero sin conseguirlo del todo—. ¿O té? O, am… ¿una bebida?

Tartamudeó débilmente al tiempo que señalaba sin entusiasmo al cartel detrás de su persona donde había una extensiva lista de bebidas de la cual se podía escoger. Desde su lugar en la caja registradora, Otabek le lanzó una mirada que se reflejaba entre lástima y diversión. Yuuri consideró seriamente la posibilidad de simplemente hundirse detrás del mostrador y desaparecer de la vista de todos. Parecía que estaba destinado a sonar como un idiota cada vez que Viktor Nikiforov estuviera cerca.

—Tomaré otro latte —respondió el ruso, aparentemente inconsciente del desastre que eran los intentos de conversación de Yuuri Katsuki—. Disfruté tanto el que tomé el otro día que simplemente tuve que regresar.

Yuuri no estaba seguro de que sus habilidades para preparar café fueran tan buenas como para que tal declaración fuera cierta, pero no pudo evitar sentir un inesperado placer ante aquellos elogios.

—Un latte —repitió con un asentimiento de cabeza, y luego se giró hacia las máquinas para preparar la orden. Phichit estaba trabajando en la máquina de junto, añadiendo montículos de crema batida sobre el último brebaje que había preparado.

—Claaaaaro —murmuró, y Yuuri pudo notar la media sonrisa en su voz sin siquiera tener que mirarlo—. Fue por el café que volvió.

Yuuri lo ignoró.

Con enorme cuidado, Yuuri preparó la bebida de Viktor, asegurándose de recrear el perro de espuma sobre el latte a modo de toque final. Viktor había parecido extremadamente encantado con el detalle la última vez. A demás, Yuuri al menos podía admitirse que deseaba volver a verlo sonreír.

Cuando la bebida estuvo lista, la llevó hacia el mostrador cuidadosamente, tratando de no derramar ni una gota del líquido. Viktor estaba allí, apoyado de forma casual, y su rostro se iluminó cuando vio a Yuuri aproximándose.

— ¡Dibujaste otro poodle! —exclamó cuando Yuuri empujó la taza hacia él—. Te lo agradezco, Yuuri.

Ante el sonido de su nombre, Yuuri se congeló. Un pánico helado se filtró repentinamente por sus venas. ¿Cómo es que Viktor sabía su nombre? ¿Acaso era algún tipo de acosador? ¿Qué tal si el hecho de que se hubiera presentado en el café el día anterior no había sido una coincidencia? ¿Acaso Yuuri había desarrollado accidentalmente un crush con algún tipo de rarito encantador que lo había rastreado y...?

Viktor claramente notó la horrorizada expresión en el rostro de Yuuri porque retrocedió rápidamente, viéndose mortificado.

—Dios, lo siento —balbuceó, levantando las manos en señal de rendición—. No quise decir… yo no…

Tosió torpemente, y rascó la parte trasera de su cabeza con una avergonzada expresión en su rostro.

—Es solo que tú...ah, llevas una etiqueta con tu nombre —indicó Viktor, señalando la extremadamente obvia etiqueta que se encontraba sujeta la camisa de Yuuri.

Yuuri quiso golpear su cabeza contra la superficie del mostrador y luego desaparecer, en ese orden exacto.

—Lo siento —se volvió a disculpar Viktor, viéndose todavía avergonzado—. No me di cuenta de lo raro que eso sonaba hasta que lo dije.

—Está bien —le tranquilizó Yuuri, quién se sentía tan avergonzado como Viktor se veía. Bueno, si alguna vez le iban a dar una señal de que su vida amorosa nunca funcionaría, el que no pudiera tener una simple conversación con Viktor sin ponerse en ridículo probablemente lo era.

—Yo sólo...ah, iré a sentarme —añadió Viktor rápidamente. Tomó su café y se retiró velozmente con sus mejillas brillantemente sonrojadas.

Cuando Yuuri regreso a las máquinas, pudo notar como los hombros de Phichit se sacudían en una risa silenciosa.

—Eso salió muy bien —dijo, disimulando su risa cuando Yuuri se volvió a unir a él sin siquiera mirarlo—. Retiro todo lo que dije acerca de él, Yuuri. No es para nada encantador, es un completo ñoño. Son la pareja perfecta.

Brevemente, Yuuri meditó acerca de cuál sería la mejor forma de vengarse de Phichit, antes de darse cuenta de que todavía tenía clientes esperando. El asunto tendría que esperar hasta que fuera de noche y estuvieran en su departamento, donde Phichit no pudiera escapar y hubieran suficientes almohadas con las que pudiera golpearlo. Así que simplemente decidió lanzarle una reprochable mirada a su amigo, quien continuaba riendo.

Unos pocos minutos después, el ruido del café había bajado considerablemente, y Yuuri se vio liberado de sus responsabilidades en la máquina de café para poder ir y limpiar las mesas que estaban vacías. Tomando un poco de líquido para limpiar y una franela, comenzó a limpiar las que estaban más cerca de él, refregando furiosamente para intentar eliminar los anillos de café que quedaban grabados sobre la madera. Mientras se movía alrededor del lugar, notó a Viktor sentado en una mesa de la esquina. El ruso se había quitado la chaqueta del traje, quedando solo con una camisa y el chaleco. El chaleco era gris y hecho a medida, sólo unos cuantos tonos más oscuros que su cabello, y llevaba las mangas de la camisa arremangadas, revelando así los perfectamente esculpidos brazos que habían debajo.

Yuuri sintió su boca secarse ante la vista. Realmente era injusto que Viktor tuviera permitido venir aquí y verse tan ridículamente bien como para distraerlo.

Gradualmente, la limpieza que Yuuri se encontraba realizando en las mesas lo llevó más y más cerca de donde Viktor se encontraba sentado. El ruso tenía su laptop abierta enfrente de él: un elegante y visiblemente costosa máquina cuyo precio ni siquiera podía imaginar. En la pantalla se mostraba lo que parecía ser algún tipo de reporte, un documento lleno de números infinitos y notas que aburrían a Yuuri solamente con observar. Por la mirada en el rostro de Viktor, probablemente también estaba de acuerdo.

Mientras apilaba las tazas usadas de la siguiente mesa, Yuuri se preguntó la razón por la que Viktor había decidido trabajar en el café como si fuera otro pobre estudiante que sólo estaba allí para tomar ventaja de lo baratas que eran las bebidas y del Wi-Fi. El ruso de seguro tenía una elegante oficina en donde sus necesidades podrían ser mejor atendidas. Aunque, el hombre podría ser tal como Phichit, quién insistía en que la ajetreada y bulliciosa la cafetería era el único lugar en dónde podía realmente concentrarse. Y considerando que las calificaciones de Phichit nunca habían sido menos que perfectas, Yuuri asumía que debía de haber algo de verdad en sus palabras.

Yuuri continuó limpiando, acercándose cada vez más y más hacia dónde Viktor se hallaba sentado. Eventualmente llegó a la mesa que se encontraba detrás de la del ruso, y ya allí, empezó a echarle miradas de vez en cuando. Varios segundos después, Viktor dejó salir un suspiro y cerró el reporte que había estado observando.

Con el archivo ahora fuera de vista, lo único que quedaba era el fondo de pantalla de la computadora. Sin embargo, en lugar de alguna aburrida imagen estática o el logo de alguna compañía, la imagen en la pantalla era una de carácter personal. En ella, se veía a Viktor sentado en un jardín, llevando ropa de verano casual y a la moda, y luciendo radiante frente a la cámara. Sus brazos estaban colgados alrededor de un adorable y peludo poodle que se encontraba sentado junto a él con la lengua felizmente fuera de su boca. El poodle se parecía tanto a Vicchan que Yuuri casi sintió dolor, aunque el perrito en la fotografía era mucho más grande.

— ¿Es tu perro? —balbuceó Yuuri sin poder contenerse.

Viktor miró hacia atrás sorprendido, y luego regresó la mirada hacia su pantalla rápidamente. Le brindó una sonrisa cariñosa la foto, y cuando giró la cara para volver a ver a Yuuri, este sólo pudo ver orgullo en su mirada.

—Sí, ese es mi Makkachin —confirmó Viktor, casi sonando como un padre orgulloso—. ¿Acaso no es maravilloso?

—Es adorable —concordó Yuuri, y luego rápidamente añadió—: ¡Lo siento, no era mi intención husmear!

Viktor solo desestimó su disculpa.

—Es lindo conocer a alguien que lo aprecie —le dijo a Yuuri, todavía observando la foto de su perrito con cariño—. Lo traje conmigo desde Rusia hasta aquí. No sé lo que haría sin él.

Yuuri hizo un sonido de entendimiento, e internamente pensó en lo injusto que el mundo estaba siendo con él. Primero arrojaba a Viktor dentro de su vida, alguien que era totalmente inalcanzable y estaba completamente fuera de su liga, y luego resultaba que este era una persona que amaba los perros y que además tenía el segundo poodle más adorable que Yuuri había visto en la vida. Eso era jugar sucio.

— ¿Tú tienes un perro, Yuuri? —preguntó Viktor, sus ojos de volviéndose hacia Yuuri con la curiosidad brillando en ellos. Yuuri sintió su corazón hundirse ligeramente, la ola de tristeza golpeándolo tan fuerte y repentinamente que casi se sintió sucumbir ante ella. Ya casi había pasado un año, pero Yuuri seguía sin entender completamente cómo era posible que Vicchan ya no estuviera con él.

—Yo… lo tenía —dijo eventualmente con la voz apagada. Viktor debió captar el significado trás sus palabras de forma inmediata porque la expresión en su rostro rápidamente cambió a una de simpatía.

—Lo siento —respondió Viktor con un tono serio en la voz, y Yuuri solamente fue capaz de lograr que un suave "gracias" pasará a través del nudo de su garganta. Hablar de Vicchan todavía le era doloroso, pero era lindo tener a alguien que comprendiera. Por lo que Yuuri podía ver, Viktor amaba a su perro tanto como Yuuri había adorado a Vicchan.

Una tos intencionada sonó detrás de ellos y Yuuri se giró, encontrándose con Seung-gil, quién con una inalterable expresión en su rostro observaba el equipo de limpieza que Yuuri había abandonado y las mesas todavía sucias que quedaban alrededor de ellos. Yuuri saltó para atrás velozmente, intentando verse casual. Mientras platicaba con Viktor, su cuerpo se había acercado más hacia él inconscientemente y ahora se encontraba detrás del ruso. Lo suficientemente cerca para sentir el calor que Viktor irradiaba y su aroma, aquella placentera y casi floral esencia de la crema de afeitar.

Apresuradamente, Yuuri puso un par de metros de distancia entre ellos e intentó que su expresión regresara a ser la misma profesional de antes. Seung-gil no pareció convencido. Pero afortunadamente, este no le dijo nada y sólo se giró para continuar limpiando las mesas que el nipón había dejado abandonadas.

—Lo siento, no debería estarte distrayendo del trabajo —se apresuró a decir Viktor. Yuuri estuvo tentado a decirle que él era una distracción muy placentera, pero se tragó las palabras antes de que pudieran salir de su boca.

—Fui yo quien te interrumpió —indicó, señalando con su cabeza hacia la pantalla en donde la fotografía de Makkachin era todavía visible.

—No me importa que lo hicieras —dijo Viktor con una sonrisa mientras observaba al nipón por debajo de sus pestañas—. De todos modos, tú eres mucho más interesante.

Yuuri ni siquiera tuvo tiempo para sonrojarse porque Viktor continuó con sus cosas, actuando como si nada hubiera pasado.

—Y le daré tus cumplidos a Makkachin —dijo el ruso con una risa ligera, para luego regresar su vista a la foto—. Ama recibir elogios.

Yuuri logró realizar lo que pareció ser una sentimiento de cabeza, antes de verse forzado a alejarse para esconder el brillo escarlata que subía por sus mejillas y se hacía camino hasta la punta de sus orejas. La casual actitud coqueta de Viktor era muy mala para su corazón, ya que causaba que este saltara y latiera más rápido en los momentos menos oportunos.

Yuuri regresó a limpiar las mesas, todavía mirando de forma ocasional hacia la dirección de Viktor por su vista periférica. Eventualmente tuvo que regresar a sus labores en la cafetería, ayudando a Phichit con las órdenes. No pasó mucho tiempo antes de que Víctor se levantara para marcharse, tomando su laptop y haciéndose camino hacia el mostrador.

Ya era la tarde cuando eso sucedió, así que Yuuri tenía clientes esperándolo cuando Viktor se acercó. Yuuri se giró justo a tiempo para ver como el ruso sacaba un billete de su cartera y lo dejaba caer en el tarro de propinas que estaba junto a la caja registradora.

—Te veré después, Yuuri —le dijo Viktor con otra tranquila sonrisa. Luego salió por la puerta, desapareciendo entre el bullicio que había afuera en la calle. Yuuri se le quedó mirando por un largo momento, antes de que el repentino chillido de felicidad de Phichit lo sacara de sus pensamientos.

—Yuuri —dijo Phichit mientras sacaba el billete que Viktor había dejado en el tarro de propinas—. Tu novio nos acaba de dejar una propina de $50 por un café de solamente $2.

— ¡Él no es mi novio! —protestó Yuuri, decidiendo abordar el tema más importante primero. Phichit solo rodó los ojos—. Nos hemos encontrado… ¿qué? ¿ tres veces?

—Como sea, será mejor que continúes coqueteando con él si con ello continuamos recibiendo este tipo de propinas —bromeó Phichit mientras movía el billete de $50 en frente de la cara del nipón—. Vamos, Yuuri. Hazlo por el equipo

Yuuri observó el billete y se sintió culpable.

—Probablemente debería decirle que está dejando demasiada propina —reflexionó, observando como Phichit volvía a tirar el billete en el tarro de propinas. Que le dejara propinas grandes en el restaurante era una cosa. Pero que le dejara $50 por un café era ridículo.

Phichit se le acercó al escucharlo hablar, viéndose horrorizado.

—No, definitivamente no tienes que hacerlo —declaró Phichit con un escandalizado tono de voz—. Aquí todos compartimos las propinas, y este es el dinero más fácil que he conseguido en la vida. Si un chico lindo te quiere lanzar dinero porque le dibujas perritos en el café, bajo ninguna circunstancia debes decirle que pare.

—De acuerdo —aceptó Yuuri, decidiendo que no valía la pena discutir por ello. Aunque en realidad era halagador, y no pudo evitar aceptar que en realidad necesitaba el dinero. Pero algo en el asunto simplemente no se sentía bien para él.

Phichit debió notar su expresión de duda porque rodó los ojos, viéndose exasperado.

— ¡Vamos, Yuuri! —exclamó—. El perfecto sugar daddy está prácticamente lanzándose a tus pies ¿y no vas a tomar ventaja de ello? ¿sabes cuántas personas matarían por estar en tu lugar en este mismo instante?

—Eso de que está prácticamente a mis pies no es cierto —señaló Yuuri, sintiéndose ligeramente exasperado. No creía que unos pocos encuentros y unos cuantos comentarios coquetos contarán en realidad. Y aún si lo hacían, no tenía intención de "tomar ventaja de ello" como Phichit había sugerido—. De todos modos no quiero ayuda. No la necesito. Puedo arreglármelas solo.

—Bien —cedió Phichit—. Pero aunque no estés interesado en su dinero, tienes que admitir que es lindo y que claramente está interesado en ti. Dejar que esta oportunidad se desperdicie sería prácticamente un crimen. Como tu mejor amigo, mi deber es lograr que al menos puedas coger con alguien antes de que el trabajo te lleve a la muerte.

Yuuri simplemente resopló y sacudió su cabeza, para luego alejarse. Pero a pesar de eso, no pudo eliminar esa pequeña parte de él que se rehusaba a ignorar por completo las palabras de Phichit. Su amigo sólo estaba bromeando, era obvio. Pero Viktor era muy guapo y encantador, además amaba a los perros. Y Yuuri ya podía empezar a sentir un aleteo en su corazón cada vez que el rostro de Viktor venía a su mente. Yuuri no tenía interés en su dinero, pero en Viktor como tal…

No podía negar que tal vez había desarrollado un ligero crush.

Estaba muy jodido.


Después de ese día, Viktor continuó regresando regularmente al café.

Yuuri lo veía en casi todos los turnos. Usualmente, el ruso llegaba al café tal como lo había hecho la primera vez y platicaba con el nipón antes de realizar su orden. Luego, se retiraba hacia una mesa junto con su laptop y su teléfono, sonriéndole a Yuuri ocasionalmente mientras ambos trabajaban. En los días más tranquilos, Yuuri se pasaba un rato por la mesa de Víctor, y ambos caían en una conversación casual para pasar el rato. Viktor era alguien con quien hablar era sencillo. Siempre tenía historias que contar, principalmente acerca de Makkachin y de las varias locuras que hacía el perrito, lo que mantenía a Yuuri enganchado hasta que la multitud de clientes regresaba y él se veía forzado a volver al trabajo. Viktor continuaba siendo tan coqueto como siempre, pero eso difícilmente le molestaba. De hecho, aunque nunca se lo admitiría a Phichit, él lo disfrutaba.

Los días en los que el ruso llegaba de visita eran siempre los favoritos de Yuuri, y sentía su ausencia profundamente los días en que no. Y parecía que aquel sentimiento era correspondido, ya que Guang Hong le había informado que Viktor se había visto extremadamente decepcionado cuando llegó un día en el que Yuuri no tenía turno.

La creciente cercanía de ambos tampoco pasó desapercibida para el resto de los trabajadores del café. Tanto Otabek como Seung-gil habían hecho muy directos comentarios acerca de las frecuentes visitas que Viktor le hacía al local para poder ver a Yuuri, Seung-gil con su estoica expresión y Otabek con una sutil y traviesa mirada en sus ojos. Phichit, por supuesto, no dejaba que nada se le escapara, y su naturaleza juguetona y burlona no tenía descanso. De alguna forma, llegó un tiempo en el que el apodo de Viktor era: "el Viktor de Yuuri", y el nipón no estaba seguro de cómo sentirse al respecto.

A medida que los días se transformaban en semanas, Yuuri se dio cuenta que Viktor de alguna forma se había vuelto fácilmente parte de su vida. Con cada día que pasaba, Yuuri aprendía algo nuevo acerca de él. Cada pequeña pieza de información salía naturalmente entre sus conversaciones, y Yuuri almacenaba todas en su memoria. Empezó acostumbrarse a ver el rostro del ruso, a escuchar su voz. Una voz que Yuuri a veces imaginaba ya tarde en la noche, susurrándole cosas que hacían que su rostro se pusiera de un tono escarlata cuando las recordaba a la mañana siguiente.

Incluso se dio cuenta de que su mente tenía la tendencia de pensar en Viktor aún durante los días en los que no lo había visto. Y hoy era uno de aquellos.

Hoy era su único día libre de la semana, así que estaba tomando completa ventaja de ello. Puede que el verano hubiera empezado a llegar a su fin, pero los días todavía se mantenían placenteramente cálidos, con la brillante luz del sol iluminando la ciudad. Durante sus días libres, Yuuri normalmente se forzaba a ir al estudio de baile. Después de todo, no sería bueno que estuviera fuera de forma y fuera de práctica. Pero cuando se despertó esa mañana, decidió en un impulso que prefería ir a correr. No el tipo de brutal carrera o larga maratón con pesas en su mochila qué Minako solía forzarlo a atravesar, sino un placentero trote a través de Central Park.

Phichit ya se había marchado hace tiempo para tomar sus clases de la mañana, lo que significaba que Yuuri estaba solo. La distancia de su apartamento hasta el parque era solamente de veinte minutos a pie, por lo que decidió caminar a ritmo pausado. Cuando finalmente llegó, comenzó a trotar por una de las rutas más conocidas, disfrutando del sol sobre su rostro y de la sensación de libertad que venía con el conocimiento de que no tendría que trabajar en la noche.

Yuuri permitió que su mente vagara mientras corría y su cuerpo caía en un familiar ritmo. El parque era hermoso, una de sus partes favoritas en la ciudad. Lo había amado desde que llegó, teniendo sólo 18 años y estando completamente aterrado. Mudarse a los Estados Unidos había sido una enorme decisión, y aún hoy en día, Yuuri se preguntaba si había sido la correcta. Su época en la universidad había sido increíble; cuando no estaba tirando de sus cabellos debido al estrés, por supuesto. Había aprendido muchísimas cosas y también había mejorado muchísimo en sus habilidades de baile. Su sueño había estado tan cerca de ser una realidad que casi lo había podido saborear.

Pero luego, todo comenzó a salir mal. Y ahora, aquí estaba: con una deuda más grande de lo que jamás creyó, con dos trabajos -uno de los cuales era el único tolerable y ninguno que quisiera continuar haciendo- y con nada funcionando como él lo había planeado. A veces se preguntaba si, después de todo, lo mejor hubiera sido que se quedará en casa a trabajar en el onsen.

Pero si se hubiera quedado en casa, se recordó Yuuri, nunca hubiera conocido a Phichit. Phichit, quién se había unido a Yuuko y a Takeshi como parte de los mejores amigos que había tenido. Phichit, sin quién Yuuri no podía imaginar vivir.

Además, si nunca se hubiera mudado, tampoco hubiera conocido a Viktor y a sus despampanantes ojos azules y sonrisa en forma de corazón. Viktor, quien siempre reía con facilidad, quien seguido tenía una sonrisa en su rostro, y quien siempre tenía una nueva fotografía de su perrito Makkachin para poder enseñarle a Yuuri cuando fuera al café.

Yuuri estaba tan atrapado en sus pensamientos acerca de Viktor, que cuando notó la figura alta que se acercaba hacia él, su pensamiento inmediato fue que todo se trataba de su imaginación. Sin embargo, tan pronto salió de su aturdimiento, se dio cuenta que la persona enfrente de sí era real.

Viktor se encontraba paseando casualmente por el parque, viéndose completamente imperturbable ante el calor del día. Llevaba una camisa color salmón y abierta del cuello que dejaba al descubierto la pálida columna de su garganta, junto a unos inmaculados pantalones color crema. Un par de gafas oscuras encontraban colgando de su nariz, protegiendo sus ojos del sol. En su mano, sujetaba una correa que estaba anclada a un muy familiar poodle. Makkachin era aún más adorable en persona, con su pelaje perfectamente peinado mientras caminaba felizmente junto a su dueño.

En comparación con él, Yuuri sabía que se veía como un completo desastre. Había salido esa mañana bajo la suposición de que ese día no se encontraría con nadie que conociera, y su elección de vestimenta era un reflejo de ello. Llevaba una vieja camisa raída, desgastada, e incluso deshilachada en algunas partes. Los shorts eran viejos y ligeramente demasiado apretados, esos que continuaba repitiéndose que debía tirar pero que al final no tiraba. Yuuri también estaba seguro de que su rostro estaba completamente rojo y de que estaba bañado en sudor, lo que causaba que su camiseta se pegara a su cuerpo incómodamente.

Por un breve momento, Yuuri consideró tirarse hacia el primer arbusto que viera para esconderse hasta que Viktor hubiera pasado. Pero desgraciadamente, la suerte no estaba de su lado. Antes de que pudiera llevar a cabo su plan, Viktor lo vio, y levantó su mano a modo de saludo.

Yuuri bajó la velocidad de su paso para solo caminar, resignándose a su destino. Una sonrisa apareció en el rostro del Viktor a medida que Yuuri se aproximaba, sus ojos se pasearon sobre el cuerpo sudado de Yuuri antes de fijarlos firmemente sobre su rostro.

—Yuuri —comenzó a decir Viktor, y su voz sonó extrañamente más aguda de lo normal, aunque Yuuri no pudo entender porqué—. Hola.

—Hola —respondió Yuuri, y su voz sonó un poco ahogada.

Sin embargo, antes de que tuviera tiempo de poder decir nada, un par de insistentes patitas se clavaron contra su pecho. La peluda carita de Makkachin apareció justo debajo de la suya, y Yuuri intentó no sucumbir ante el peso extra. Una babosa lengua se hizo camino hacia su rostro para brindarle una entusiasta lamida antes de que Makkachin finalmente se alejara, ladrando felizmente.

— ¡Makkachin! —le regañó Viktor, luciendo claramente avergonzado—. En verdad lo siento, usualmente se comporta mejor con los extraños.

Yuuri apenas prestó atención a sus palabras porque ya se encontraba agachado y acariciando la cabecita del poodle con cariño. Makkachin frotaba su cabeza contra la mano de Yuuri al tiempo que dejaba salir otro emocionado ladrido. El pelaje se sentía suave bajo los dedos del nipón, y este casi olvida a la otra persona que se encontraba junto a ellos ya que su atención estaba completamente entregada al adorable perrito.

Una corta risa sonó por encima de su cabeza, y al levantar la mirada, notó que Viktor los observaba con una radiante expresión.

—Le agradas —dijo el ruso mientras observaba como Makkachin le daba otro baboso beso—. Nunca lo había visto encajar con alguien tan rápido.

—Es mucho más lindo que en las fotos —confesó Yuuri al tiempo que se ponía de pie, con Makkachin todavía empujándose felizmente contra sus piernas.

—Lo es —concordó Viktor, y luego señaló el sendero en frente de ellos—. ¿Te gustaría pasear con nosotros por un rato? Estoy seguro de que a Makkachin le encantaría tenerte cerca más tiempo.

Yuuri bajó la mirada, encontrándose con los suplicantes ojos cafés de Makkachin, y supo que no tenía forma de rehusarse.

—Seguro —aceptó, esperando que su voz no delatara el frenético latido de su corazón que poco y nada tenía que ver con el previo esfuerzo físico de su caminata.

— ¡Excelente! —exclamó Viktor.

La correa que llevaba Makkachin iba floja, por lo que Viktor le permitió guiar el camino. El perrito anduvo sin prisa, deteniéndose ocasionalmente para oler algún interesante punto en el césped.

— ¿Vienes aquí seguido? —le preguntó Viktor con curiosidad mientras caminaban.

—Cada cierto tiempo —respondió Yuuri encogiéndose de hombros—. No tengo mucho tiempo libre, así que vengo cuando puedo. ¿Qué hay de ti?

—Usualmente llevó a Makkachin al Washington Square Park porque está más cerca —dijo Viktor, brindándole otra cariñosa mirada su perrito—. Pero mis reuniones del día de hoy fueron canceladas, así que quise darle un largo paseo como premio. Nunca antes habíamos llegado al final de este parque, pero él quería vivir una aventura. No llevo mucho viviendo aquí, y siempre es bueno darle un vistazo a la ciudad, así que no me importó caminar tanto. Y ahora mismo, me alegra mucho haber venido.

La última parte fue dicha con su mirada fija en Yuuri, y este inclino su cabeza para esconder su avergonzada sonrisa. Quiso responderle con una frase igual de buena, pero nunca había sido bueno para responder al coqueteo. De hecho, y de acuerdo a Phichit, era increíblemente malo en el asunto. Así que prefirió aferrarse a otra de las palabras dichas por Viktor para continuar con la conversación.

— ¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí? —prefirió preguntar Yuuri. No era lo que habría esperado decir, pero realmente tenía curiosidad. El ruso le había mencionado una vez que había traído a Makkachin desde Rusia, pero en realidad nunca habían hablado acerca de su trabajo.

—Ya casi un año —le dijo Viktor con vos ligera—. Pero mi trabajo consume mucho de mi tiempo y siento como si apenas hubiera podido ver la ciudad. Mi padre me envió aquí para establecer una rama americana de nuestra compañía, pero apenas me ha dado el tiempo para poder ver el resto del país por mí mismo.

Viktor lo dijo tan casualmente, pero Yuuri inmediatamente se puso alerta cuando las palabras "nuestra compañía" salieron de entre sus labios. Siempre había asumido que el trabajo del ruso tenía algo que ver con negocios o finanzas, y era claro que le pagaban extremadamente. Pero por como sonaba, Viktor no era simplemente un empleado más en el lugar donde trabajaba. Tenía conexiones familiar, unas muy poderosas. Y probablemente, tenía aún muchísimo más dinero de lo que Yuuri inicialmente había creído.

Lo cual volvía aún más ridículo el hecho de que el ruso estuviera aquí hablando con él.

Sin embargo, Yuuri no tuvo mucho tiempo para pensar en ello porque Viktor le volvió a hablar.

— ¿Qué hay de ti? —le preguntó—. Mencionaste un par de veces que tu familia vivía en Japón. ¿Qué te hizo venir aquí?

—Me mudé aquí por la universidad —le respondió Yuuri, decidiendo bajar su mirada hacia Makkachin en lugar de mirar al ruso a los ojos—. Estudié en "The Ailey School" durante cuatro años aquí en Manhattan. Creí que este sería el lugar dónde podría hacer las cosas en grande pero…

Se encogió de hombros en un gesto de impotencia. Sin importar lo mucho que había llegado a disfrutar de la compañía de Viktor, no se sentía preparado para contarle acerca de su más grande fracaso. Esa herida continuaba demasiado fresca aun.

—Las cosas no se dieron cómo las había planeado —decidió decir para terminar, con sus ojos todavía perdidos en la distancia—. Pero tengo deudas que pagar, así que aquí me tienes. Claro que quiero regresar a casa algún día, pero por ahora, mi vida está aquí.

—Estoy seguro que eres un fantástico bailarín —respondió Viktor con la vista fija en Yuuri. El nipón no sabría decir si se lo dijo a modo de halago o no, pero esperaba que así fuera. Viktor nunca lo había visto bailar, y probablemente nunca lo haría. Y aun si lo hiciera, Yuuri no era nada especial. Sólo uno más entre docenas de bailarines que además había arruinado su gran oportunidad.

Después de eso, la conversación se desvió hacia temas más ligeros. Viktor le contó acerca de alguna de las travesuras que Makkachin había hecho en el parque unas horas antes, deteniéndose ocasionalmente para acariciar el pelaje del perrito. Yuuri le respondía con historias de su día anterior en el trabajo. El como una de las máquinas de café prácticamente había explotado en medio de uno de los turnos, y como las habilidades de comunicación de Phichit lograron calmar a varios clientes, para el alivio de todos.

La conversación entre ellos fluyó con facilidad, siendo ocasionalmente interrumpida por el insistente ladrido de Makkachin que indicaba que también quería unirse. Sus pasos los llevaron hacia el lugar en donde Yuuri había estado originalmente, y este se encontró parado en la salida de la ruta más cercana hacia su casa.

—Probablemente debería regresar —le dijo Viktor reluctantemente, al tiempo que señalaba con la cabeza hacia la salida del parque. Había disfrutado pasar tiempo con Viktor, incluso muchísimo más de lo que debería. Y estar con Makkachin había iluminado su día considerablemente. Pero no podía imponerles su presencia por más tiempo. Hasta donde sabía, Viktor pudo simplemente haberlo invitado a estar con él por pura cortesía, así que no quería abusar de aquello al quedarse más tiempo del debido. Sin mencionar el hecho de que Yuuri de seguro debía de estar apestando a sudor, y que tampoco se había recuperado del ejercicio realizado más temprano esta tarde.

—Oh —dijo Viktor, sonando casi sorprendido ante la idea de que Yuuri tuviera que irse. Luego su expresión se transformó en una neutral, aunque Yuuri podría jurar que vio un destello de decepción en sus ojos—. Por supuesto. No era mi intención retenerte.

— ¡No lo hiciste! —soltó Yuuri de golpe, esperando que Víctor no mal entendiera sus palabras y pensara que en realidad quería irse—. Quiero decir... disfruté de estos momentos aquí, contigo.

Para su tormento, parecía ser que su inhabilidad de decir frases coherentes alrededor del ruso no se había desvanecido por completo.

—Yo también lo disfruté —le dijo Viktor con el rostro iluminado—. Y estoy seguro que Makkachin también disfrutó de tu compañía ¿no es así muchacho?

Makkachin soltó un ladrido para expresar que estaba de acuerdo, y Yuuri se inclinó para brindarle una última caricia sobre su cabecita. Luego se volvió a erguir y giró para ver a Viktor.

—Adiós, Viktor —le dijo al otro hombre, prefiriendo hablar con palabras cortas para evitar enredarse de nuevo. Ya se había avergonzado lo suficiente.

—Adiós, Yuuri —respondió Viktor mientras el nipón se volteaba para marcharse. Cuando esté volteó a ver atrás, casi le pareció que Viktor estaba a punto de decir algo más. Pero en lugar de hablar, simplemente se despidió de él con la mano, y Makkachin también levantó su patita en imitación a su amo.

Yuuri sintió como una sonrisa se formaba en su rostro a medida que se alejaba del parque. Y esta permaneció mientras se hacía camino por las bulliciosas calles, sintiéndose inusualmente contento.

Fue sólo cuando ya estuvo cerca a su apartamento, que a la mente de Yuuri llegó un pensamiento. Algunas de las cosas que Viktor había dicho esa tarde despertaron su curiosidad, así que sacó su teléfono para rápidamente dirigirse hacia la barra de búsqueda y tipear: "Nikiforov".

A pesar de lo corta que fue su búsqueda, Yuuri tuvo su respuesta inmediatamente. "Nikiforov Industries" dominaba toda la primera página de resultados. De acuerdo a google, la compañía estaba dirigida y bajo la propiedad de Dmitry Nikiforov. La expresión de su rostro en la foto que estaba anclada a la información era severa, nada que ver con las brillantes sonrisas que Víctor le daba y a las que Yuuri ya estaba acostumbrado. Pero había algo en el rostro de ese hombre que se le hacía familiar, algo en el corte de sus pómulos y en sus fríos ojos azules. Cuando Yuuri investigó a mayor profundidad, sus sospechas fueron confirmadas. Dmitry Nikiforov aparecía como padre de un solo hijo, el único heredero de su compañía:

Viktor Nikiforov.

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Nota de traductor:
Bienvenidos a este nuevo capítulo!

Esta vez me pareció realmente interesante todos los temas que se están tocando. Yo creo que el tema de Yuuri bailarín ya se ha tocado en muchos fics antes, aunque no sé si el fracaso en el baile también se había metido allí, pero se me hace bastante interesante y ya veo por dónde es que Reiya va en esto. Muy de seguro tiene que ver con la muerte de Vicchan, que en este fic sí pasó, pero probablemente pasó igual que en el anime con el patinaje.

Me está encantando como la relación de ellos dos se va desarrollando, cómo se van conociendo poco a poco, como están colados por el otro y ninguno dice nada. Bueno, Viktor intenta mostrarlo pero Yuuri no quiere darse cuenta XD. Yuuri todo inconsciente de lo que siente Viktor, me imagino el pre infarto que debió tener el verlo todo sudado y con ese pantalon corto tan chiquito UFFFF! XD

Y mi Yuuri como siempre con sus problemas de autoestima que no se da cuenta u_u

Realmente todo esto me emociona muchísimo, La forma de escribir de Reiya siempre me encanta, y espero que les haya gustado a ustedes también.

Trataré de subir el cap los capítulos una semana después de que se suban en inglés, no prometo nada, pero lo voy a intentar.

Gracias a todos por leer, a los que dejaron comentarios y dieron favorito al fic. Si pueden, por favor vayan al fic original,dejen kudos y comentenle a Reiya-san aun si es en español!
El link está en mi perfil!
Nos estamos leyendo!