High School DxD no me pertenece, pertenece a su respectivo autor. Yo hago esto sin ánimo de lucro, solo para pasar el rato.
Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.
Yo hago esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.
-comentarios.
-"pensamientos".
-*hablando por teléfono, comunicador, etc.*
-[Nimue]
-[Ddraig, Albion, etc.]
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Capítulo 1:
HERMANOS
Territorio de Tannin - Inframundo
Han pasado nueve años desde el incidente en el que David nació y Tannin se lo llevo, protegiéndolo de Kokabiel. Actualmente nos encontramos en el [Inframundo], más concretamente en el territorio del [Rey Dragón] Tannin. Ese lugar era de uso exclusivo para dragones. Ellos eran los únicos que vivían en ese lugar.
En uno de los tantos lugares de dicho territorio era donde normalmente vivía el joven dragón. Una extensa llanura verde con un enorme lago de aguas cristalinas. Ese lugar solía ser frecuentado por los dragones ya que sus aguas frescas y claras eran perfectas para darse un agradable baño. No muy a lo lejos se podía ver un enorme bosque. En el cielo otros dragones volaban tranquilos, o lo hacían hasta que llegaron las crías. Un grupo de diez crías de dragón volaban veloces persiguiendo a alguien.
Ese alguien era un niño castaño de nueve años que reía fuerte. Vestía unos pantalones anchos e iba descalzo y en el cuello tenía una cadena de plata que sujetaba una pequeña cruz de plata. Volaba con dos alas de color marrón claro.
El niño esquivaba con habilidad las bolas de fuego que le tiraban las crías. El por qué el chico y las crías volaban como si escaparan de algo es fácil… estaban jugando. David había sido criado por Tannin. El pequeño luchaba como un verdadero dragón. Todo lo que provocaba a su paso cuando peleaba era destrucción absoluta.
Además, no solo usaba su fuego, sino que este era algo extraño y aterrador para cualquier dragón. Su fuego era mata dragones, dragonslayer. Ningún dragón podría controlar esa magia, por obvios motivos, pero el niño lo había conseguido. Él podía usarlo gracias a su parte humana. A pesar de que los genes de dragón eran mayoritarios, tenía una pequeña parte humana, la cual le sería beneficiosa en un futuro. El cómo aprendió a usar ese fuego, que era una parte de él como cualquier dragón y su fuego, era curiosa.
Alfheim - un par de años atrás
El pequeño David se había despertado en un extraño bosque. Lo raro era que no lo reconocía, y él era capaz de reconocer cualquier bosque del territorio de Tannin. Había algo en ese bosque que le daba tranquilidad, una extraña pero relajante tranquilidad. Los arboles de ese lugar eran los más grandes que había visto en toda su vida. Eran tan altos que no veía el final y tan gruesos que dudaba que Tannin pudiera abrazarlo entero, aunque hubieran cinco como él. La hierba era fresca y blanda. Al ir descalzo podía sentir perfectamente el cosquilleo que le daba en la planta del pie. El aire era fresco, pero no sabía porque era un poco diferente al del su casa. Camino siendo guiado por sus instintos dragontinos. Camino y camino un buen rato hasta que llego a una ciudad. Era una ciudad asombrosa.
Todo estaba construido con materiales de la madre naturaleza, oséase madera. Las casas eran una composición de temas naturales y suaves y elegantes líneas, con resplandecientes torres opalescentes y extrañas avenidas enlazadas. David miraba asombrado la ciudad. Muchas casas estaban construidas sobre los árboles, otras a ras del suelo y otras en medio, manteniéndose de una forma mágica. El pequeño dragón caminaba a través de las calles con la boca abierta, admirando la maravilla que tenía delante. Estaba tan embelesado por la belleza del lugar que no se dio cuenta de que los habitantes de esa ciudad se les quedaban mirando asombrados.
-Un dragón.
-¿Qué hace aquí un hijo de la destrucción?
-Es un hijo de Gaia, como nosotros.
-Pero también es humano.
-Un mestizo.
-Increíble.
-Nunca supimos de algo parecido.
Gracias a sus sentidos de dragón, David pudo oír los susurros, por lo que dejo de observar el lugar para fijarse en las personas. El pequeño castaño nunca había vivido con criaturas que no fueran dragones, por lo que esa gente le era algo extraño. De repente se sintió temeroso e intimidado ante tantísimas miradas sobre su persona. Las personas de ese lugar no parecían viejas, ya que no había ninguna que tuviera esa apariencia. Al contrario, todos eran gente hermosa. A pesar de no haber visto a otra persona en su corta vida, el castaño podía decir sin duda que esa gente era hermosa. Tenían el cabello largo, lacio y parecía suave. También tenían unas extrañas orejas. El pequeño se quedó parado en su sitio mientras se encogía, pero no de miedo, sino por vergüenza.
De entre todas las personas del lugar, una pequeña niña de preciosos cabellos dorados y de hermosos ojos verdosos se fue acercando al pequeño. La niña antes se encontraba junto a su madre, pero al ver a ese pequeño caminando y mirando maravillado el lugar se paró y se dedicó a observarlo. Algo le llamaba la atención sobre ese niño. Cuando observo que se paraba y miraba a todos lados con pena y vergüenza le causo una adorable sonrisa a la niña. Al ver que estaba perdido y no se acercaba a nadie, la pequeña decidió acercarse hasta él, a pesar de que su madre le decía que no se acercara.
-Hola. – Saludo la niña – Me llamo Anawiel, ¿Quién eres tú?
El pequeño dejo de mirar a la gente de su alrededor para mirar a la niña. Algo en su interior se movió. Era una sensación agradable para él. La pequeña se fijó en los ojos rasgado del dragón.
-M-me llamo David, David Draconis. – decía nervioso, pero no sabía el porqué.
-No eres de por aquí, ¿verdad?
-N-no.
-¿Y de dónde eres?
-Del territorio de Tannin.
-¿Tannin?
-Si. Mi tío.
-¿Qué eres?
-Soy un mestizo de dragón y humano. ¿Y tú?
-Soy un elfo.
-¿Un elfo?
-Si. – respondió alegre la niña.
David estaba alucinando. Tannin le había contado que solo había una raza muy antigua y poderosa. Incluso podría decirse que es la más antigua de todas. Esos eran los elfos, hijos de Gaia, al igual que los dragones.
Los elfos eran tan viejos como el mundo mismo. Eran la raza más antigua y poderosa. Su magia y poder llegó en el pasado a superar incluso a una tan avanzada como la asgardiana. Sus armas eran las mejores con diferencia. Su inteligencia solo era igualada por los dragones, al igual que su poder. Pero se suponía que los elfos actuales, los habitantes de Alfheim eran más pacíficos y atrasados tecnológicamente.
David miraba son sus ojos castaño-verdosos rasgados a la niña elfo rubia delante suyo. Lo que acababa de descubrir era algo increíble.
-Anawiel, ¿qué ocurre aquí?
Ante ambos niños se presentó un elfo. Su apariencia era de un hombre de unos treinta. A pesar de eso no tenía ni arrugas ni entradas ni canas. El hombre era bastante alto, de largos cabellos amarillo pálido y profundos ojos grises. Vestía con atuendos élficos blancos y elegantes. De lo que David se había dado cuenta de que ninguno llevaba calzado, al igual que él.
-Mi señor Eldelbar. Este niño parece perdido. Solo lo estaba ayudando. – hablo con respeto la niña mientras hacia una leve reverencia.
El elfo mayor miro al pequeño dragón. David pudo notar como si el elfo estuviera viendo a través de él, como si le viera el alma. La profundidad de ser mirada le daba estupor.
-Ven conmigo, pequeño dragón.
David lo único que hizo fue asentir.
-Tú también Anawiel.
-Sí, mi señor.
El elfo empezó a andar, siendo seguido por ambos niños. La niña miraba al castaño, el cual seguía observando todo el lugar. Estuvieron andando durante un rato. Al final llegaron a su destino.
El sol descendía detrás de las montañas y las sombras crecían en el bosque. Los senderos pasaban ahora por unos setos donde la oscuridad ya estaba cerrándose. Mientras marchaban, la noche cayó bajo los árboles y los elfos descubrieron los faroles de plata.
De pronto salieron otra vez a un claro y se encontraron bajo un pálido cielo nocturno salpicado por unas pocas estrellas tempranas. Un vasto espacio sin árboles se extendía ante ellos en un gran círculo abriéndose a los lados. Más allá había un foso profundo perdido entre las sombras, pero la hierba de las márgenes era verde, como si brillara aún en memoria del sol que se había ido.
Del otro lado del foso una pared verde se levantaba a gran altura y rodeaba una colina verde cubierta de los mallorn más altos que hubieran visto hasta entonces en esa región. Qué altos eran no se podía saber, pero se erguían a la luz del crepúsculo como torres vivientes. Entre las muchas ramas superpuestas y las hojas que no dejaban de moverse brillaban innumerables luces, verdes y doradas y plateadas. Eldelbar se volvió hacia ambos infantes.
-Bienvenido a Caras Galadon, nuestra capital. El lugar del cual hemos marchado es un pequeño poblado. Vamos.
Del otro lado del foso corría un camino de piedras blancas. Fueron por allí hacia el este, con la ciudad alzándose siempre a la izquierda como una nube verde; y a medida que avanzaba la noche, aparecían más luces, hasta que toda la colina pareció inflamada de estrellas. Llegaron al fin a un puente blanco, y luego de cruzar se encontraron ante las grandes puertas de la ciudad: miraban al sudoeste, entre los extremos del muro circular que aquí se superponían, y eran altas y fuertes y había muchas lámparas.
Eldelbar golpeó y habló y las puertas se abrieron en silencio, pero David no vio a ningún guardia. Los viajeros pasaron y las puertas se cerraron detrás. Estaban en un pasaje profundo entre los dos extremos de la muralla y atravesándolo rápidamente entraron en la Ciudad de los Arboles. No vieron a nadie ni oyeron ningún ruido de pasos en los caminos, pero sonaban muchas voces alrededor y en el aire arriba.
Lejos sobre la colina se oía el sonido de unas canciones que caían de lo alto como una dulce lluvia sobre las hojas. Recorrieron muchos senderos y subieron muchas escaleras hasta que llegaron a unos sitios elevados y vieron una fuente que refulgía en un campo de hierbas. Estaba iluminada por unas linternas de plata que colgaban de las ramas de los árboles, y el agua caía en un pilón de plata que desbordaba en un arroyo blanco.
En el lado sur del prado se elevaba el mayor de todos los árboles; el tronco enorme y liso brillaba como seda gris y subía rectamente hasta las primeras ramas que se abrían muy arriba bajo sombrías nubes de hojas. A un lado pendía una ancha escala blanca y tres elfos estaban sentados al pie. Se incorporaron de un salto cuando vieron acercarse al trio, y David observó que eran altos y estaban vestidos con unas mallas grises y que llevaban sobre los hombros unas túnicas largas y blancas.
-Esta es mi morada y la de mi esposa.
Uno de los guardias tocó una nota clara en un cuerno pequeño y le respondieron tres veces desde lo alto. Una escalera apareció de repente frente a ellos, por las cuales empezaron a ascender.
Al fin, a mucha altura, llegó a un talan grande, parecido al puente de un navío. Sobre el talan había una casa, tan grande que en tierra hubiese podido servir de habitación a los hombres. Entró detrás de Eldelbar y descubrió que estaba en una cámara ovalada y en el medio crecía el tronco del gran mallorn, ahora ya adelgazándose pero todavía un pilar de amplia circunferencia.
Una luz clara iluminaba aquel espacio; las paredes eran verdes y plateadas y el techo de oro.
-Bienvenido a mi casa, pequeño dragón.
-Wow.
Mientras observaba a su alrededor, junto a la pequeña elfa, el dragón pudo ver que no estaban solos.
En dos asientos que se apoyaban en el tronco del árbol, y bajo el palio de una rama, había una mujer. Se incorporó para dar la bienvenida a los dos pequeños huéspedes, según la costumbre de los elfos. Muy alta era, tanto como Eldelbar. Estaba vestida de blanco y los cabellos de la mujer eran de un rojo como el fuego y, pero no había ningún signo de vejez en ellos, excepto quizás en lo profundo de los ojos, pues éstos eran azules y penetrantes como lanzas a la luz de las estrellas y sin embargo profundos, como pozos de recuerdos.
-Pequeño dragón. – susurro la mujer, clavando su mirada en el infante.
-¿Qué es lo que ves? – le pregunto Eldelbar.
La mujer se acercó hasta el pequeño dragón. Una vez estuvo frente a él se arrodillo hasta estar a su altura. Se había percatado de la niña rubia que estaba a su lado, pero el niño que tenía delante le llamo la atención. Algo le había dicho que iba a ir alguien importante, y ese alguien había llegado. La mujer miro directamente a los ojos del niño. Este se perdió en los ojos azules de la mujer y fue entonces que su mente colapso de repente. Dejo de ver. Solo veía oscuridad. Su cuerpo no se movía. Sus ojos seguían fijos en los ojos de la mujer. Estuvieron unos diez minutos así, hasta que la mujer deshizo el contacto visual. Fue entonces que el cuerpo del niño se desplomo. Su cuerpo hubiera chocado con el suelo de no ser porque Anawiel lo sostuvo.
-¿Qué has visto? – volvió a preguntarle Eldelbar a su mujer.
-El futuro.
-¿?
-Ese niño conocerá a otro. Ambos serán muy importantes. En sus manos está el evitar la caída de todas las [Dimensiones].
-¿A qué te refieres?
-Alguien entre las sombras quiere provocar la destrucción de todo.
-¿Los [Dragones Oscuros]? – pregunto serio el elfo.
-Estarán involucrados, pero no son la mente de todo. Pero hay algo, algo que será lo peor que se haya visto en mucho tiempo.
-¿Qué pasara?
-Trihexa.
El elfo se quedó callado con la cara de asombro y terror. Trihexa, el [666], la [Bestia del Apocalipsis]. Los elfos sabían que el Dios Bíblico Yahvé había sellado a la [Bestia]. El que alguien quisiera liberarlo significaría el fin de todo.
-Pero no es lo único. – Siguió la mujer – He visto más. A todos los seres, todos los Dioses de todas las religiones uniéndose para luchar contra la amenaza. Y sus algunos de esos guerreros serán ese niño y el [Sekiryuutei].
-¿El [Rojo]?
-Si. El actual portador cambiara el mundo, y ese pequeño dragón lo ayudara en ello.
-¿Cómo es posible que ese dragón viniera aquí? Nadie puede venir.
-Eso es porque yo lo invoque. Cuando se tenga que ir le darás esto. – La mujer se acercó hasta el escritorio y cogió un papel, el cual se lo entrego al hombre – Solo con esto podrá venir aquí. – Hubo un pequeño silencio – Me voy a descansar. – Cuando estaba a punto de desaparecer de la vista hablo otra vez – Enséñale el antiguo poder de fuego para luchar contra dragones. – y se fue.
Eldelbar se quedó pensando en las palabras de su mujer. El futuro se veía horrible, pero podía salvarse. La prueba estaba en el pequeño dragón que había en ese lugar. Dirigió su vista a donde descansaba el castaño. La pequeña rubia estaba sentada sobre sus piernas mientras dejaba que la cabeza del pequeño descansara en ellas.
Enseñarle a ese niño el poder de fuego para luchar contra los dragones... El elfo podía sentir que ese niño era un mestizo de dragón y humano. Si fuera un dragón por completo entonces no podría controlarlo, ya que lo mataría. En este caso, había una probabilidad.
El pequeño empezó a abrir los ojos y cuando su vista se aclaró lo primero que vio fue a Anawiel.
-Por fin has despertado. – sonrió la rubia.
-Ha sido muy extraño. – Decía el niño mientras se incorporaba despacio – He sentido como si de repente estuviera flotando en la nada.
Fue entonces que el elfo se puso delante del niño.
-Ven.
Al igual que había pasado antes, los niños siguieron al hombre. Bajaron por las mismas escaleras por las que antes habían subido a la plataforma. Rodearon el gran árbol y caminaron por caminos en la hierba bien cuidados hasta un gran lago de agua cristalina y fresca. El poco viento que soplaba apenas movía el agua.
-¿Por qué estamos aquí? – pregunto el niño.
-Estamos aquí para enseñarte el antiguo poder de fuego para luchar contra dragones.
-Pero yo soy un dragón. Y cualquiera puede luchar contra los dragones, aunque no es recomendable.
-No del todo. Eres un mestizo. Ningún dragón puro podría controlar este poder. Y tienes razón. Cualquiera puede luchar contra un dragón, pero así como el poder sagrado es el modo más letal para acabar con los demonios, el poder de los caza dragones es el más indicado para luchar contra los dragones. Además, este poder es el más eficaz contra cualquier criatura existente.
-¿Y qué poder es ese? – el castaño estaba cada vez más interesado, al igual que su amiga rubia.
-Sentaos y escuchadme. – ambos niños se sentaron en la hierba, observando al alto elfo de pie, dándole la espalda al lago – Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven, dragones y elfos vivíamos en paz, tranquilos. Pero fue entonces que la tragedia llego. Muchos de nuestra raza y de la raza de los dragones se vieron atraídos e influenciados por la oscuridad, pasando a ser [Dragones Oscuros] y [Elfos Oscuros].
-Tannin me ha hablado sobre los [Dragones Oscuros], y algo me suena de los [Elfos Oscuros].
-Los [Dragones Oscuros], aquellos de los que decían que podían igualar al poder de Ddraig y Albion. Una lucha surgió entre nosotros y los oscuros. Esa fue la mayor guerra que este mundo haya conocido, pues duró milenios y todos los mundos existentes en ese momento se vieron afectados. A esa guerra, la primera que la existencia vivió, la llamamos la [Guerra de la Cólera]. Fue tal el coste de la guerra que los elfos creamos una [Magia] para luchar contra los dragones ya que nuestras armas les afectaba poco debido a una poderosa [Magia Oscura] que crearon al ver como derribaron a su líder, Ancalagon, con una de nuestras espadas, [Hadhafang].
-¿Y porque solo contra los dragones?
-Porque eran los más peligrosos. Si bien los dragones y elfos éramos los seres más poderosos que existen, cada uno a su modo, los dragones son sinónimo de destrucción total cuando luchan. Los [Elfos Oscuros] consiguieron aumentar el poder de esos dragones, haciendo que superaran a la mayoría de estos. Fue entonces cuando creamos el poder del fuego caza dragones. El primer "arma" dragonslayer. A pesar de aumentar el poder de los [Dragones Oscuros], no aumentaron el suyo, ya que sabían que los dragones podrían causar una mayor destrucción. La [Magia] para cazar dragones fue nuestra salvación.
-Caza dragones…
-Así es. Ese poder servía para matar dragones. Era nuestra mayor arma. Las únicas armas mata dragones actuales son las espadas [Gram] y [Ascalon], pero no se pueden comparar al poder de la [Magia Dragonslayer]. Desgraciadamente, los elfos nos hemos reducido hasta casi la extinción. Quedamos muy pocos de los míos antiguos. Nuestro tiempo ha pasado. Pero quedan nuestros sucesores, aunque gran parte de nuestro poder se haya debilitado.
-¿Y porque queréis enseñarme ese poder a mí?
-Grandes cosas se avecinan. Necesitaras el poder para combatirlas y desgraciadamente tu poder de dragón no será suficiente. Necesitas más.
El castaño sonrió para fijar su vista en el elfo que tenía delante.
-Bien. Acepto. - el hombre sonrió y le entrego el papel que la mujer le había dado. - ¿Qué es esto?
-Es para que puedas volver aquí. Nosotros estamos en un lugar al que solo unos pocos pueden llegar, desconocida salvo para dos dragones. Nadie más puede entrar aquí.
-¿Y cómo he llegado yo?
-Porque mi esposa te convoco. Ahora me marchare. Nos vemos mañana, joven dragón.
-¡Espera!
-¿Qué ocurre?
-Esto no puedo decírselo a alguien, ¿verdad?
-¿A quién quieres decírselo?
-Bueno… me gustaría decírselo a Tannin. Él ha cuidado de mí desde bebe.
-¿El [Rey Dragón]? – El hombre estuvo pensando un rato hasta que volvió a hablar – Solo a él. No puedes decirle a nadie más.
Dicho esto, el hombre se fue, dejando solo a ambos niños. Estos se pusieron a hablar hasta que el castaño se tuvo que ir porque se preocuparían, su familia. La niña se puso triste pero volvió a sonreír cuando David le prometió que el próximo día volvería.
XXXXX
Una vez que uso el papel que le dio el elfo, el pequeño David había vuelto a aparecer en el bosque en el cual se desmayó, en el territorio del [Rey Dragón]. Sabía que no podía decirle nada a nadie sobre eso, salvo a Tannin. Era en quien más confiaba y el único al que le diría algo.
Con rapidez salió del bosque mientras buscaba al dragón. No tardó mucho en encontrarlo ya que este estaba dormido cerca del lago.
-¡Tannin! ¡Tannin! ¡Tengo algo importante que decirte!
El dragón abrió perezosamente un ojo para luego cerrarlo y estirarse, soltando un largo bostezo. Luego abrió los dos ojos y fijó su mirada en el crio.
-¿Qué ocurre cachorro? ¿Estaba durmiendo?
-¡Es algo muy importante que no puedes decirle a nadie!
El dragón le miraba curioso. La seriedad con la que hablaba era algo que casi nunca veía. Eso solo significaba que el tema era muy serio. Miro a todos lados para cerciorarse de que no hubiera nadie escuchándolos.
-Bien, te escucho.
Durante un largo rato David le contó a Tannin todo sobre lo que había descubierto. El dragón se encontraba alucinando. Él no había vivido el tiempo de la guerra dragontina, había nacido después de eso, pero siempre supo sobre los elfos, incluso pudo hablar con varios de ellos. El saber que aún había era algo que lo alegraba mucho.
-Entiendo. Uno de los Antiguos Elfos. Es increíble que aún existan. – Murmuró para si – Lo que me has contado es algo interesante, cachorro.
-¿A que si? – sonrió el niño mostrando sus dientes, resaltando sus afilados colmillos.
-Y esa niña…
-¿Anawiel?
-Esa misma.
-¿Qué pasa con ella?
-Nada. Descríbemela.
El niño sonrió y la describió de pies a cabeza, también lo que habían hecho mientras se encontraba en el extraño bosque.
-Hum, interesante. Muy interesante. – susurro sonriente el dragón.
-¿Interesante?
-Nada, nada. No me hagas caso. Ahora ve con tus hermanos, te están buscando.
Dicho esto, el niño sonrió otra vez y extendió sus alas de dragón, volando mientras buscaba a sus hermanos dragones. Una vez desapareció de su vista el dragón suspiro mientras posaba su mirada en el cielo.
-Me parece que algo va a ocurrir dentro de poco. Será mejor que vaya con él la próxima vez.
XXXXX
A la mañana siguiente, David y Tannin fueron hasta el bosque donde el día anterior el cachorro se desmayó. Con una mano sostenía el papel y la otra la ponía en la pata de Tannin. Un brillo blanco salió del papel, cegando a ambos. Cuando volvieron a abrirlos se encontraron en frente del lago en el que David y Anawiel estuvieron ayer.
-Humph. Al menos no hemos aparecido en el quinto pino. – comentó el infante.
-Así que lo has traído.
Ambos dragones miraron a su derecha para encontrarse con un serio Eldelbar y una nerviosa Anawiel.
-Hola. Este es Tannin. – presentó al enorme dragón morado.
-Encantado. Hacía mucho que no veía a un elfo. – dijo el dragón.
-[Rey Dragón] Tannin. Un gusto conocerte. Yo soy Eldelbar, [Rey de los Elfos].
La niña rubia se alejó del lado del elfo y se acercó hasta el [Rey Dragón]. Con su manita acaricio las escamas de su pata derecha.
-Wow. Son increíbles. – Susurró con asombro – Y muy suaves.
-Gracias, pequeña.
-Anawiel, iros a jugar un rato. Luego os llamaremos.
-Si. ¡Vamos, ayer encontré un sitio interesante!
Mientras ambos infantes se alejaban para jugar, Tannin y Eldelbar hablaban sobre cosas importantes. El elfo le contaba al dragón y este mostro sorpresa ante lo que le contaba el elfo. No eran buenas noticias. Si algo sabia el dragón era que si un [Antiguo Elfo] le decía que había visto el futuro, debías fiarte.
Pero sin duda lo que más le sorprendía era hablar con uno de los [Antiguos Elfos]. Actualmente había dos tipos de elfos. Unos eran los [Elfos de la Luz], los cuales habitaban en el [Reino de Alfheim], y otros eran los [Elfos Oscuros], que habitaban en [Svartálfaheim], pero dudaba que fueran los mismos. El pensar que aún quedaban [Antiguos Elfos], aquellos que sobrevivieron a la [Guerra de la Cólera], era algo asombroso. Se preguntaba si los [Elfos Oscuros] serían los mismos que los [Antiguos Elfos Oscuros].
-Y eso es lo que pasara. – termino el elfo.
-Ya veo. Así que ese cachorro y el actual [Sekiryuutei]. Esto es algo increíble. Muchas cosas sorprendentes en apenas un día. ¿Está completamente seguro?
-Así es, señor dragón.
-Entonces, ¿es cierto que le vas a enseñar vuestra? La verdad es que estoy sorprendido que aun exista ese arte. Yo aún no había nacido cuanto la [Guerra de la Cólera] hubo finalizado, pero he oído historias y relatos de aquella época.
-Cierto es que vamos a enseñarle ese arte. Me temo que solo con su poder no tendrá suficiente. Cuando aprenda esa [Magia], esta se convertirá en parte de él, como si hubiera nacido con ella.
-Un dragón caza dragones. Es algo irónico.
-Señor dragón, debería de ir preparándose. No falta mucho y lo que pasara afectara a todos. Es posible que seres que dejaron la lucha tiempo atrás ahora deban retomarla.
-… creo que debería darle indirectas a los [Maous]. Quizás alguno la capte. Pero tengo que ser muy sutil y cauto para no revelar cosas innecesarias.
-Sería de agradecer. Aun no es tiempo para que mi raza vuelva a salir a la luz. Quizás sin estos futuros sucesos hubiéramos desaparecido sin que nadie, salvo nuestros parientes lejanos, se diera cuenta.
Durante los siguientes dos años, el [Rey Elfo] le estuvo enseñando la magia, hasta que esta se volvió parte del pequeño castaño. Durante esos dos años, Anawiel y David forjaron una hermosa amistad. Nadie, salvo Tannin y David, supo sobre la aun existencia de los elfos.
Territorio de Tannin - actualidad
Principios de la década dos mil. Han pasado varias cosas en el mundo humano. El atentado a las Torres Gemelas, el cambio de siglo, el Euro empieza a circular, etc. Tantas cosas habían cambiado allí, pero eso no afectaba al pequeño dragón. Él estaba feliz con su vida en el territorio de Tannin, su hogar. Lo que pasa es que la cosa se puso muy interesante cuando cierto niño castaño de cuatro años apareció de repente en medio del bosque.
David iba tan tranquilo caminando mientras cazaba su comida cuando un extraño olor llego a su nariz. Los dragones son los seres con los mejores sentidos, superando incluso la visión nocturna vampírica y demoniaca. El pequeño se puso a correr entre los arboles con una habilidad digna de dragón.
Después de estar un par de minutos corriendo, llego a un pequeño claro, donde vio a un niño castaño de unos cuatro años. El niño estaba tumbado en el suelo y parecía estar dormido. En un principio pensó en acercarse, pero fue entonces que vio a una niña. La niña tenía el pelo largo y negro y ojos negros como la oscuridad más profunda, vestida con un vestido de lolita gótica. Un escalofrió recorrió su espalda. Esa niña… no era para nada normal.
-¿Qué quieres? – pregunto la niña sin mirar a David.
-Eso debería de preguntarlo yo. – Respondió el niño mientras se acercaba - ¿Quiénes sois vosotros?
-Yo soy Ophis. Él es el [Sekiryuutei].
David paro su paso y su boca y ojos se abrieron como nunca. La [Diosa Dragón del Infinito] estaba justo delante de él y no solo ella, también estaba uno de los dos [Dragones Celestiales]. Normalmente cualquiera se acojonaría y saldría corriendo, pero esa no fue la reacción del castaño.
-¡Hostias! ¡Como mola! ¡La jodia [Diosa Dragón] y el puto [Sekiryuutei]! ¡Hoy es mi día de suerte!
Ophis desvió su mirada al niño, el cual se encontraba mirándolos con un brillo en los ojos. Normalmente cuando alguien la veía o se ponía en guardia o salía corriendo.
-¿No me vas a atacar o correr? – pregunto la niña con voz monótona.
-¿Por qué debería? ¿Tú vas a atacarme? – preguntó alzando una ceja.
-No… a no ser que me molestes.
-Pues ya está. – camino hasta que se sentó al lado del pequeño niño – Entonces, ¿este es el [Sekiryuutei]? Pero si es un dragón. ¿No se supone que solo humanos o híbridos pueden portar [Sacred Gears]?
-Eso es porque Great Red y yo le hemos dado un cuerpo y parte de nuestros poderes.
El niño estaba alucinando. Prácticamente le acababa de decir que ese crio antes era humano y ahora era prácticamente el hijo de los dos [Dioses Dragones].
-Así que es vuestro hijo.
-¿Nuestro hijo? No lo he parido.
-Pero le habéis dado un cuerpo y poderes. Prácticamente lo es. ¿Y cómo es que antes era humano y ahora es un dragón?
La morena quito su vista de David para fijarla en el pequeño castaño.
-Había sufrido un accidente de coche. Pude notar el aura de Ddraig. No sé porque lo lleve conmigo ni porque le dimos esto. Lo único que sé es que algo grande está por venir, y este niño está involucrado.
Esas palabras resonaron en la mente de David. Eran las mismas que había oído de los elfos. Salió de sus pensamientos cuando vio que Ophis lo miraba atentamente. No sabía el motivo, pero tenía la ligera sospecha de que Ophis no se lo había contado todo.
-¿Qué vas a hacer con él? – preguntó el joven volviendo su mirada al niño.
-Nada.
-¿Nada? Lo salvas de morir, le das un nuevo cuerpo y poderes, ¿y ahora lo abandonas?
-¿Qué quieres que haga con él?
-…
-…
-…
-…
-Podría quedarse conmigo.
-¿Quieres cuidarlo?
-En parte se parece a mí. Además, algo me dice que debo hacerlo.
-Bien. Te lo encargo.
-Perfecto. – Miro fijamente a Ophis - ¿Es que nunca cambias tu cara?
-¿A qué te refieres?
-A que no has hecho ningún gesto desde que hemos hablado.
-…
-…
-Bueeeeeno. ¿Y qué sueles hacer?
-Lo que quiera.
-Qué respuesta más seca.
-Somos dragones. Hacemos lo que queremos, y si alguien se entromete lo eliminamos.
-…
-Mmm.
David paro de jalarse los pelos al ver que el niño estaba despertando.
-Encárgate de que no muera. – fue lo último que dijo Ophis antes de desaparecer.
David miro al castaño menor. No dijo nada y espero a que se incorporara. El niño abrió sus ojos, mostrando que eran marrones y sus pupilas estaban rasgadas.
-¿Dónde estoy? – Miro a David - ¿Quién eres tú?
-Mucho gusto. Me llamo David Draconis. ¿Y tú?
-Issei Hyodo… o eso creo. – respondió Issei rascándose la cabeza.
-Encantado compadre. Oye, una cosita, ¿qué es lo último que recuerdas?
Issei cerró los ojos mientras pensaba.
-No me acuerdo. – respondió en un susurro mientras fruncía el ceño.
-¿No? Pues solo te diré que bienvenido al club.
-¿?
-Eres un dragón.
-¿Un… dragón?
-Sip.
-¿Tú también eres uno?
-En realidad soy mestizo humano-dragón. Digamos que, según me conto cierta loli dragona, tuviste un accidente, en el cual murieron tus padres. Entonces esa loli cogió tu alma y el [Boosted Gear], las arranco de tu cuerpo y junto a Great Red te crearon un nuevo cuerpo de dragón, junto a algunos poderes.
-…
-…
-…
-…
-…
-Bueeeeeno, tengo hambre. ¿Tú tienes hambre? – el pequeño asintió – Bien. Pues vamos a cazar algo.
El pequeño no entendía nada. No sabía quién era, salvo su nombre y apellido, no sabía qué lugar era ese ni como había llegado allí, porque lo que le había explicado David no lo había entendido. Lo único que sabía es que era un dragón y que David era otro. Ese chico le daba buena vibración, por lo que no se apartó de su lado en ningún momento.
Issei miraba a todos lados, curioso, mientras hacia lo que David le decía. Cuando consiguió cazar un conejo, que no parecía uno, el niño pequeño no sintió nada. Ni asco ni repulsión, nada. En todo caso un poco de lastima por el conejo cazado. Una vez que estuvo cazado, David hizo una pequeña hoguera con su fuego de dragón.
-Vaya. Eso ha sido genial. – decía asombrado Issei.
-Tú también puedes hacerlo. Prueba.
Issei asintió. Aspiro aire y luego lo soltó. Para su desanimo, no salió ni una pequeña llama.
-Jo. – se quejó desilusionado.
-Tranqui, enano. No se nace sabiendo. A mí me costó aprender a usar mi fuego.
-¿Te enseñó tu padre?
-No. Yo no tengo padres. – respondió alzando los hombros.
-¿No tienes?
-Nop. Pero no me pone triste. Es cierto que no los conozco, pero ellos dieron su vida por mí, eso es algo por lo que siempre les estaré agradecido. Además, Tannin y los demás dragones son mi familia.
-Oye David…
-Puedes decirme hermano.
-¿Hermano?
-Claro. Somos hermanos. No hace falta ser hermanos de sangre para serlo.
Issei sonrió con alegría ante las palabras del mayor.
-Entonces bien, hermano.
Esa palabra, saliendo de la boca del pequeño lleno de alegría al mayor. Si bien adoraba a sus hermanos dragones, pero ellos no eran aun capaces de hablarle, solo gruñirle. Quizás con el paso de los años…
-Entonces yo te enseñare, hermanito.
Después de cocinar el conejo, Issei y David se pusieron a comer y luego a descansar. Pasaron un par de horas en las que el pequeño le hacía preguntas al mayor.
-¿Y tienes alas?
-Por supuesto. – respondió mientras sacaba sus alas marrones.
-Wow. ¿Poder sacar las mías?
-En un futuro sí. Incluso podrás volar a gran velocidad. El viejo Tannin es muy rápido, a pesar de su enorme tamaño.
-¿Tannin?
-Ah, cierto, no te he hablado de él. Tannin es un [Rey Dragón]. Su fuego es el más ardiente que hay. Le llaman el [Blaze Meteor Dragon], cuyo aliento de fuego es tan ardiente como el impacto de un meteorito.
-Wow. Parece mi fuerte.
-Lo es. Además, ser la pieza de [Reina] aumenta su poder.
-¿Pieza de [Reina]?
-Ya te lo explicare más tarde. Ahora creo que lo mejor será que vayamos a buscar al viejo.
Después de apagar el fuego, David e Issei caminaron hasta salir del bosque. El pequeño no se separaba del mayor. Luego de salir, vieron la llanura donde se encontraban todos los dragones. Todos dejaron de hacer lo que estuvieran haciendo para fijar su vista en el pequeño del castaños. Este tembló de miedo y se escondió detrás del mayor.
-Tranquilo, hermanito. No te harán nada.
Aun sin separarse del mayor, ambos hermanos avanzaron entre los dragones.
-Ese niño.
-El [Sekiryuutei].
-También huelo un extraño olor.
-Ese niño… tiene algo…
Los susurros no se hicieron de esperar. Después de caminar durante un pequeño rato, llegaron hasta estar en frente de Tannin.
-Viejo.
-Cachorro, ¿quién es él?
-Oh, cierto. Issei, preséntate. – sonrió el mayor.
-H-hola. M-me llamo Issei Hyodo.
-Encantado, cachorro. Yo soy Tannin, jefe de estos dragones... Un momento… ¿Ddraig? – pregunto asombrado el Rey Dragón.
En el brazo izquierdo de Issei apareció una gema verde, la cual asombró a ambos hermanos. De la gema salió una voz profunda.
-[Esa voz… ¿Tannin?] – hablo Ddraig en alto para que todos lo oyeran.
-Vaya, quien lo diría. Ha pasado tiempo.
-[Sin duda. Parece que me ha tocado uno nuevo. Un momento… ¡no me jodas!]
El grito del [Dragón Rojo] llamo la atención, aun mas, de todos los que estaban en el lugar.
-¿Qué ocurre Ddraig?
-[¡¿Sabes quién es mi actual portador?!]
-No.
-[Déjame que te cuente todo. Me acaban de llegar las memorias]
Durante un largo rato, Ddraig estuvo contando a todos los que estaban presentes quien era su nuevo portador.
-¡No me jodas! – ese fue el grito de todo dragón adulto, ya que las crías no se enteraban de nada.
-¡El hijo de los dos [Dioses Dragones]!
-¡Increíble!
-¡Viene el [Apocalipsis]! ¡Avisad a Midgardsormr!
-¡Silencio! – Grito imponente Tannin – Sin duda es una noticia interesante. Este niño… el [Sekiryuutei]. – Entonces Tannin recordó la charla que tuvo con Eldelbar – David.
-Dime.
-¿Te harías cargo de él?
-¡Por supuesto! ¡Somos hermanos! – grito el mayor mientras abrazaba con fuerza al menor.
Las crías de dragón se fueron acercando hasta ambos castaños. Issei volvió a esconderse tras la espalda de su hermano mayor. Este solo se reía ante la situación.
-Tranquilo Issei, no te harán daño.
Al escuchar al mayor, Issei se fue asomando poco a poco hasta ponerse delante. Las crías se acercaron más hasta estar a centímetros del castaño menor.
-Acaríciales la cabeza. – le aconsejo.
Con toda la calma, cuidado, curiosidad, y un poquito de miedo, del mundo, Issei llevo su mano derecha hasta la cabeza de una de las crías. Empezó a acariciar de manera suave mientras notaba las escamas del ser. La cría cerró los ojos mientras disfrutaba del acto, luego se tumbó panza arriba para que le siguiera rascando, cosa que hizo el castaño menor. Al final todas las crías se acercaron para ver a su nuevo hermano, el cual sonreía con alegría.
-[Parece que este nuevo portador va a ser muy interesante]
-"Las cosas ya han empezado. A partir de ahora todo se pondrá más difícil." – pensó el [Rey Dragón] mientras veía a David e Issei jugar con las crías de dragón.
Días más tarde
Issei se estaba adaptando muy bien a su nuevo hogar. Las crías de dragón solían jugar mucho con él, aunque al principio el castaño menor pensaba que querían comérselo. En esos días, David le estuvo contestando todas las dudas que el niño tenía. Al principio David no se llevó a Issei con él al bosque de los elfos, dado que no estaba seguro de hacerlo. Al final, y ante la insistencia de Tannin, acabo llevándolo con él.
-Hermano, ¿qué hacemos aquí? – pregunto Issei al ver que estaban apartados de los demás.
-Veras Issei, ¿te acuerdas que te conté sobre los elfos? – el pequeño asintió – Pues iremos con ellos.
-¿Por qué?
-Porque me están enseñando a usar un antiguo poder. Además, seguro que te gustaran.
David uso el papel que le dio la [Reina de los Elfos] y desaparecieron del lugar. Cuando Issei volvió a abrir los ojos se encontró con un bosque totalmente distinto. El bosque que él conocía era bastante grande, pero ese era muy distinto. Tenía un extraño no-se-qué muy agradable. Era el bosque al cual David había estado yendo todo ese tiempo.
-Wow, es muy bonito.
-¿A que si?
-David. – lo llamo una voz muy conocida, por no decir que reconocería ese olor en cualquier lugar del mundo.
-Anawiel. – devolvió el saludo.
-¿Quién eres tú? – pregunto la rubia al ver al niño, examinándolo desde todos los ángulos.
-Y-yo… yo… - miro a su hermano mayor, el cual sonreía – Me llamo Issei Hyodo. Mucho gusto.
-El gusto es mío. Yo me llamo Anawiel.
-Anawiel. – Se repitió el pequeño – Es muy bonito.
-Gracias. – Agradeció mientras le daba un cariñoso abrazo - ¡Que adorable~!
A David no le gusto eso. El que alguien que no fuera él le dijera esas cosas y el que ella le sonriera era algo que no le gusto.
-Hermano, ¿estás bien?
-¿Eh? – pregunto atontao al salir de sus pensamientos.
-¿Estas bien, David? Parecías enfadado.
-Ah, no, no es eso. Solo es que estaba pensando… Jejejeje.
Issei y Anawiel lo miraban curioso, causando nerviosismo y un sonrojo en el castaño mayor.
-Ya has llegado. Y parece que traes al [Sekiryuutei].
La voz de la persona que llego fue la de Eldelbar. El elfo, como siempre, tenía un aura de severidad, disciplina, poderío y liderazgo.
-Eldelbar. – saludaron David y Anawiel con respeto. El castaño menor no sabía que hacer – Issei, él es Eldelbar, quien me está enseñando la [Magia] dragonslayer.
-¿Dragonslayer? ¿Es que quieres cazarnos? – Issei tembló de miedo ante eso, aunque David lo tranquilizo.
-No es para eso. – Negó divertido agitando su mano – Lo que pasa es que hay gente muy mala que quiere hace cosas malas. Esa [Magia] es para enfrentarme a ellos. Para proteger lo que quiero.
El castaño menor se relajó al oír esas palabras. Fue entonces que su mirada fue hasta el elfo. Este lo miraba como miraba a David la primera vez que lo vio.
-"Así que este es el [Sekiryuutei], ¿este niño es el que cambiara el mundo? Sin duda es algo nunca visto."
-[Esta sensación]
La gema verde apareció en la mano izquierda de Issei.
-¿Ddraig? – pregunto Issei.
-[Dragón Emperador Celestial Rojo]. – hablo Eldelbar.
-[Un elfo. No, no uno normal. ¿Un Antiguo? Interesante. Hace mucho que no he hablado con uno]
-Sin duda, [Rojo]. La verdad es que me esperaba que tú y el [Blanco] acabaran así. Desde que la guerra entre nosotros y los oscuros acabo vosotros dos seguisteis peleando.
-[Lo sé. Y ni siquiera sé porque luchábamos]
-Seguro que por idiotas o por una mujer. – se rio el elfo.
-[¡Oye!]
-Jajajaja.
Los tres niños se miraban sin entender.
-Ddraig, quiero que instruyas bien a tu portador. Algo grande está por venir.
-[Si. Tannin me dijo lo mismo. Parece que me ha tocado una época difícil]
-Tu mayor peligro no será el [Blanco].
-[Oh, eso es nuevo. Normalmente siempre acabamos mal cuando nos encontramos. Pero si un [Antiguo Elfo] me dice que él no va a ser mi mayor problema, entonces por algo será]
-¿El [Blanco]? – pregunto Issei.
-El [Dragón Emperador Celestial Blanco] Albion. – Hablo Eldelbar – Es el némesis del [Rojo]. Siempre han estado peleando. Pero hay algo que me dice que esta vez la cosa podría ser distinta.
-¿?
-En fin, dejemos eso para más tarde. David, hora de entrenar.
-Si.
Dos años más tarde
Han pasado dos años desde que Issei y David se conocieron. Durante esos dos años, David había estado entrenando la [Magia] dragonslayer. Al principio parecía algo fácil, pero resulto ser mucho más difícil de lo que jamás hubiera esperado. Issei había aprendido a usar su fuego y sus alas. Su caso era más fácil ya que no usaba un fuego que lo dañaba casi siempre.
Además de eso, el castaño menor había aprendido a convocar la [Boosted Gear]. A pesar de tener seis años lo había conseguido. Claro que no era capaz de usarlo, solo convocarlo. En ese tiempo, Issei también se había hecho amigo de Anawiel, pero había algo que le decía que no se le acercase demasiado, por no decir que en parte olía como su hermano. Según le conto Tannin, su hermano la había marcado, pero era demasiado pequeño e inocente, por el momento, como para saber lo que había hecho. Por suerte eso no creo problemas con los elfos.
Durante los dos años, David e Issei habían estado yendo todos los días a entrenar con Eldelbar. Mientras a David le enseñaba la [Magia] dragonslayer, a Issei le ayudaba en la concentración, para intentar manifestar una parte del poder que le dieron los dos [Dioses Dragones]. Pero había notado que los poderes de Ophis eran más activos que los de Great Red. Posiblemente los de este tardarían muchísimo más en manifestarse. En los dos años, el castaño menor apenas podía mostrar un poco del poder de Ophis, ya que aún era demasiado pequeño.
Otro tema a parte fue el manejo de la espada. Eldelbar le enseño a David a manejar a [Blessing]. Anawiel también se sumó, por lo que Eldelbar le entrego una espada élfica. Para la joven elfa fue una gran sorpresa y honor usar la espada con la que Eärendil acabó con Ancalagon durante la [Guerra de la Cólera]. Le concedió el honor de usar la espada [Hadhafang]. Cuando le preguntó el motivo, el [Rey Elfo] solo le contestó 'en su momento lo sabrás'.
Esta espada élfica no tenía una hoja recta, sino que era algo curva. Algunas de las espadas élficas eran de doble filo y otras de un filo, pero todas llevaban grabados élficos en la hoja.
Además de usar la espada, Anawiel también estaba aprendiendo a combatir usando su [Magia] natural, la élfica.
Eldelbar no les enseño un estilo definido, sino que era libre. De esta manera podrían luchar a su modo y contra cualquier tipo de estilo de lucha de espada. Además de enseñarles a manejarla con ambas mano, haciéndolo ambidiestros.
CLANK-CLANK
David, Anawiel y Eldelbar chocaban espadas una y otra vez. El castaño mayor a veces usaba las dos manos y otras veces solo una. Anawiel solo usaba una mano, ya que el mango solo era para una. En la otra mano a veces usaba una daga de tamaño medio. En cambio, el elfo solo usaba una y no se movía de su sitio. Ambos chicos usaban los movimientos que el elfo les había estado enseñando durante dos años. A pesar de no usar un método en específico, los movimientos eran rápidos y fuertes.
Los golpes eran propiciados para destruir la guardia de su contrincante y perforar en un punto vital o cerca de él. En total llevaban diez minutos luchando. El castaño mayor usaba su fuego para lanzarse de manera más rápida contra su rival pero a pesar de ello se podía notar claramente la inmensa diferencia de poder entre ambos. Anawiel usaba su habilidad natural de elfo, es decir, su gran rapidez y agilidad. David apenas era un cachorro de dragón que había aprendido a usar el fuego y a volar, mientras que el elfo era un combatiente formidable. Su velocidad y fuerza eran muy superiores. Estaba seguro de que si peleara contra Tannin podría ganarle.
CLANK-CLANK
A pesar de que los golpes de David eran bastantes precisos, el elfo conseguía desviarlos sin esfuerzo y con movimientos suaves y elegantes. Los de Anawiel no usaban fuerza física, sino que técnica. David aun no conseguía hacer unos movimientos como los de los elfos. Ese era su meta, conseguir usar a su gusto la magia dragonslayer y ser tan buen espadachín como lo era su maestro, claro que conseguir lo segundo iba a ser muuuuuucho mas difícil que el primero.
-Ahhh… Ahhh…
David respiraba con dificultad. Estaba arrodillado en el suelo mientras sus manos sujetaban el mango de la espada sacra. El [Rey Elfo] estaba delante suyo sosteniendo una espada élfica con su mano derecha. Anawiel también estaba descansando, sentada en el suelo.
-Anawiel, bien hecho. David, debes ser más rápido y técnico. Muchas veces te dejas llevar y solo atacas con fuerza bruta. Con [Blessing] en tus manos, ese estilo de lucha no es conveniente. Usar solo la fuerza física puede ayudar a destruir defensas, pero si no eres rápido, esos ataques pueden crear muchas aperturas.
-Lo… siento… Es que… me emociono.
-Pues contrólate. En el campo de batalla no te darán otra oportunidad… a no ser de que este locos o sean unos creídos. – reprendió con severidad Eldelbar.
David se incorporó mientras sujetaba a [Blessing] con ambas manos, aumentando su concentración y aura. El fuego caza dragones empezó a manifestarse. Un hermoso fuego dorado que rodeaba al joven dragón como un torbellino. Al principio era en el cuerpo, pero lo transmitió a la hoja de la espada.
-"Interesante. Usará su [Magia] para aumentar el poder de la espada. No está mal pensado."
El castaño mayor elevo la espada hasta estar a la altura de la cabeza.
-¡Aaaaaahhhhhh!
Con gran velocidad, la bajo hasta el suelo, creando una onda cortante de fuego caza dragones. Con la rapidez propia de los elfos, este detuvo el ataque con su espada, pero para desviarla tuvo que usar ambas manos.
BOOOM
La explosión formada por el poderoso ataque de David retumbo en el bosque. Issei, que estaba en pose de meditación mientras hablaba con Ddraig, se cayó de espaldas ante tal ruido. Anawiel solo miraba asombrada y con una sonrisa en la boca la hazaña de su amigo.
-No ha estado mal, pequeño dragón. Usar el poder dragonslayer y sumárselo al poder de la espada. Pero, ¿cuántas veces puedes usarla?
-Pues… no sabría decirlo. Es muy difícil transmitir el poder a la hoja y que no se desestabilice. Posiblemente solo lo pueda usar una o dos veces por ahora.
-[Yo diría que por ahora con una y vamos bien]
El dragón se sentó en el suelo, exhausto. Anawiel se acercó hasta él con un vaso de agua.
-Toma. Bebe.
-Ah. Muchas gracias.
-¡Eso ha sido impresionante, hermano!
-Por supuesto. Tu hermano mayor es el mejor. – sonrió arrogante mientras hinchaba su pecho.
-No me has durado ni diez minutos. No te lo tengas tan creído. – Se burló el elfo mayor con una leve sonrisa, provocando depresión en el castaño mayor – Issei, ¿qué tal vas con Ddraig?
-Bien maestro. Dice que a pesar de no poder usar la [Boosted Gear] aun, el haberlo convocado es un gran avance, pero aún me queda mucho para alcanzar el [Balance Breaker].
-Es entendible. Bien, podéis descansar por hoy.
-Gracias maestro. – respondieron al unísono.
El elfo se marchó, enfundando su espada, dejando solo a los tres pequeños. En el bosque ya había caído la noche. Las estrellas brillaban entre los arboles del claro en el que se encontraban. Las luciérnagas iluminaban el lugar, dándole un hermoso toque. Los tres se encontraban tumbados en el suelo, con David en el centro, Issei a su izquierda y Anawiel a su derecha.
-Ya han pasado dos años. – susurro el castaño mayor.
-Desde que nos conocimos. – susurro la rubia.
-Desde que me encontraste. – susurro el castaño menor.
-Y no me arrepiento de nada de lo sucedido.
-Ni yo.
-Ni yo.
Siguieron observando el cielo estrellado, disfrutando del tiempo tranquilo que tenían.
-Oye David. – hablo la elfa.
-Dime.
-Al ser un dragón, ¿puedes viajar a donde quieras? – esa pregunta llamo la atención de ambos dragones.
-Según me dijo Tannin, si puedo, pero aun soy demasiado pequeño como para poder abrir una brecha y utilizarla. Cuando lo consiga, podré viajar a todas partes salvo a este lugar. Parece que algo muy poderoso lo protege. Ni siquiera Tannin puede venir aquí por su cuenta, a pesar de saber que estamos en Alfheim.
-Ya veo. A mí me gustaría ver el mundo. Oye, ¿crees que en un futuro podrías llevarme contigo?
-¡Por supuesto! ¡Iremos a todas partes! ¡Veremos de todo! ¡Es una promesa!
-Entonces te tomo la palabra.
-¿Yo también podre ir? – pregunto Issei.
-¡Por supuesto! No pienso dejar a mi hermanito solo.
Los tres sonrieron para seguir observando el hermoso cielo durante un rato más.
La espada [Hadhafang] es la espada de Arwen, del Señor de los Anillos. La he puesto en honor a Tolkien y su magnífica obra. Lo mismo va con la descripción de la ciudad élfica, que es prácticamente igual que la capital de Lorien, de Tolkien.
