Capítulo 2: Beyond the Realms of Muggles
-Vamos vamos vamos vamos vamos.
- Díos mío, Aurelia, nunca pensé que diría esto pero cálmate. El callejón no va a huir de nosotros.
-Pero Ollivander's podría cerrar. O la tienda de animales, o la de calderos, o Flourish y Blotts…
-Cariño son las 10 de la mañana, nada va a estar cerrado.
Anastasia Varela observó a sus dos hijas correr hasta la esquina con el ceño fruncido. Ambas detuvieron su carrera junto a la cabina telefónica que se alzaba solitaria en la acera y la rondaron ansiosas. De un momento a otro su padre saldría de ella para acompañarlas hasta el Callejón Diagon tal y como habían planeado, después de pasar por el Ministerio de magia para solucionar un papeleo en el Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas.
Anastasia estaba tan nerviosa como su hija mayor, como cada vez que la familia hacía un viaje al callejón. Sumergirse en el mundo mágico de lleno seguía siendo, a pesar de los años, una experiencia extraña, emocionante y también algo inquietante. Y además estaba Londres, una enorme y bella ciudad, muy alejada de todas las que ella había conocido en su niñez. Anastasia Varela era muggle y extranjera.
Aurelia y Eva jugaban a piedra papel y tijera. Esperaban ansiosas. Aurelia estaba más inquieta que nunca, no era habitaul en ella removerse, impacientarse, perder la paciencia. Lamorak había dicho que aquello era normal, después de todo la llegada de la carta lacrada era un evento muy importante en toda familia de magos. Desde entonces Aurelia era un torbellino, un huracán con emociones encontradas sobre todo lo que podría hacer en cuanto tuviese una varita en sus manos. Y Eva, como era lógico, se veía arrastrada por toda aquella pasión. De pronto las niñas comenzaron a chillar emocionadas, y Lamorak Knight salió de la cabina telefónica.
-Vamos a comprar tu varita.
-¡Sí!
Aurelia aferró la varita de su padre tratando de que no le temblase la mano y tocó lentamente cada uno de los ladrillos que le habían sido indicados. Muy despacito, para no equivocarse. Los ladrillos comenzaron a girar a desplazarse y separarse, dejando a la vista una amplia calle empedrara rodeada de tiendas y de los más magníficos edificios.
-Parece diferente ¿está diferente?
El señor Knight sonrió a su hija.- No lo es, solamente te lo parece.
Cada comercio, cada cafetería, todo lo que había a ambos lados de la calle había cobrado un nuevo brillo. Pararon primero en Madam Malkin para tomar las medidas de las túnicas del colegio, y luego se dirigieron a Flourish y Blotts donde encargaron una copia de cada libro de texto y alguna historia fantástica para pasar las tardes de los fines de semana. Finalmente, antes de hacer un descanso para comer y decidir si Aurelia era o no lo suficientemente madura como para tener un gato, fueron a buscar la ansiada varita. Eva, su hermana pequeña, decidió que aún no quería estropear la futura sorpresa de adquirir una varita y ella y su madre se encaminaron a Florean's Heart para tomar unos helados mientras Lamorak y su hija trotaban hacia Ollivander's.
Al entrar descubrieron que una madre y su hijo ya estaban siendo atendidos por el viejo mago y su hijo, que hacía de asistente en los últimos años. La mujer, risueña, de piel oscura y movimientos enérgicos, observaba divertida cómo una cinta métrica aparentemente autónoma se deslizaba alrededor de las extremidades de su hijo, un muchacho alto con el pelo negro muy rizo.
-Oh, bueno días, buenos días.-Saludó el señor Ollivander.- Siéntense, si son tan amables, mientras atiendo a este jovencito.
Luego, volviéndose desde la estantería, se dirigió al niño y le tendió una hermosa varita de madera oscura.
-Nogal negro y pelo de unicornio.
El muchacho, un poco nervioso por tener espectadores, tomó la varita y la movió torpemente. El tintero que había sobre la mesa estalló y toda la tinta se derramó sobre el suelo.
-Oh dios mío! Lo siento muchísimo!
-No se preocupe, querida señora, estas cosas pasan continuamente. Tergeo. ¿Ve? Ya está, como nuevo.
-Impresionante. Leo, cariño, estoy deseando que seas mayor de edad y no tener que volver a limpiar nunca más.
Todos en la tienda rieron.
Después de unos cuantos intentos más, Leo consiguió al fin una elegante varita de roble y pluma de fénix, que dejó encantado a Olivander y aún más encantado al chico. Aurelia lo despidió con una mano.
-Bueno, y ahora usted, señorita. Me imagino.
Aurelia se puso de pie, impaciente, y consciente también de lo poco natural de sus movimientos.
-Ah, Lamorak Knight. Qué alegría volver a verle, la última remesa de roble fue excelente, simplemente excelente, como ha podido comprobar. No es nada extraño que su varita resultara de castaño. Nada extraño. Bueno, Ciaran, trae la cinta métrica, a ver qué tenemos aquí ¿eh?
En sus intentos por conseguir la varita perfecta, Aurelia agitó sin éxito unas cuantas varitas, además de prender fuego a la túnica de su padre y romper una silla. Finalmente, Ciaran hizo una sugerencia al oído de su padre y el señor Ollivander se mostró muy complacido, rebuscó un poco más en las estanterías y le ofreció a la niña una hermosa varita de madera de arce con el corazón de pluma de fénix. Aurelia la tomó, y en seguida notó un agradable calor en los dedos. Agitó la varita. Chispas doradas cayeron en cascada sobre el piso.
-Estupendo, estupendo. Te daré un consejo, querida, no limites las posibilidades de esta varita. Si no le ofreces nuevos retos de vez en cuando su magia podría volverse mediocre y pesada. Úsala bien, pero sobre todo disfrútala.
Aurelia Knight es una chica soñadora y despistada que suele tomarse las cosas con mucha calma, a excepción de la compra de su varita, por supuesto. Le gustan las historias de amor, la ensalada de pasta e ir a España a visitar a la familia muggle de su madre. Tiende a dejarse gobernar por su hermana pequeña, en parte porque, según ella "No le importa lo más mínimo". Espero que hayáis disfrutado este capítulo. Espero poder presentaros a algún personaje ya conocido en el siguiente!
Lea la Roja
