Frost Hearts: Pasión Congelada
!Hola, mis queridos lectores del invierno!
Aquí otro capítulo más de esta interesante historia de nuestra querida pareja invernal.
Aunque todavía no he recibido ningún comentario, no pude evitar por publicar este capítulo.
Si lo sé, no soy buena en recibirlos como se debe, como verán o mejor dicho leerán soy nueva en esta sección, y bueno necesito tener mucha confianza en ustedes; así que por favor tengáme un poco de paciencia.
Que disfruten de la historia.
Capítulo 1: El Regreso
Una hermosa noche de otoño en el Reino de Arendelle, en el palacio, se encontraba una hermosa joven de 21 años en un despacho revisando lo que le restaba del correo de aquella mañana que había dejado pendiente; Elsa, la Reina de Arendelle, dejó escapar un suspiro cansado cuando dejó de leer la decimotercera carta del Conde de Argonia. La joven Reina observó un poco preocupada y a la vez con duda sobre las cartas que había leído en las últimas 5 semanas. Príncipes, Reyes, Condes, Duques y Barones han querido citarla en sus reinos para conocerla y porque no también para que ella les diera la oportunidad de que sus reinos junto con el Arandelle se aliaran en una cosa… en el matrimonio.
Elsa recargó su espalda contra el respaldo de la silla que alguna vez había sido de su difunto padre, se llevó su dedo índice debajo de su mentón mientras tenia aquella pose del pensador. La Reina de las Nieves entrecerró sus ojos cansadamente mientras recordaba hacia algunos meses atrás que algunos hombres de las monarquías más importantes de algunos países y/o continentes lejanos la habían visitado para proponerle matrimonio; ya sea con ellos mismos o con sus sobrinos o hijos. Pero. Lamentablemente esas propuestas siempre habían sido rechazadas por ella, diciéndoles de la manera más educada y noble de la Reina de Arendelle que por el momento no se siente preparada para esa tarea de conseguir marido ni mucho menos que muy apenas había sido coronada como la Reina de su país.
La joven mujer se levantó con elegancia y tranquilidad de su asiento mientras caminaba de un lado a otro de la habitación aclarando bien sus dudas sobre el matrimonio. Elsa sabía perfectamente que muy pronto eso del matrimonio llegaría tarde o temprano, y bueno, que también tendría que darle un heredero muy pronto a su reino ya que todos dicen que los años pasan volando. La pelirrubia-platinada cruzo sus brazos mientras mantenía aquel porte de seriedad y a la vez pérdida en sus profundos pensamientos. Elsa dejó escapar un suspiro cansado mientras se dirigía hacia la ventana mientras observaba con tranquilidad y calidez como su reino prosperaba día con día. Una sonrisa decoró los labios de la joven Reina cuando vio que su gente decoraba el reino para el festival de otoño que como cada año celebraban.
– ¡Elsa! – en ese momento las puertas del despacho se abrieron de par en par haciendo que la pelirrubia-platinada diera un ligero brinco del susto.
– Anna ¿Cuántas veces tengo que decirte que no entres de esa forma? – comentó Elsa llamando la atención de su pequeña hermana; la princesa Anna.
– Upps… jeje, lo siento Elsa. – se disculpó la pelirroja con un ligero rubor de vergüenza en sus blancas mejillas.
– Ya que. ¿Qué se te ofrece Anna? – preguntó la Reina de Arendelle a su hermana.
– Oh!, si, Elsa ¿Podrías hacerme el gran favor de mandarle hacer un traje para Kristoff para el festival?
– Un traje para Kristoff. – repitió Elsa mientras observaba a Anna asentir con rapidez con su cabeza.
– ¿Puedes darme tu autorización Elsa por favor? – suplicó Anna a su hermana mayor mientras ponía aquella carita de perrito abandonado, que por supuesto para la joven Reina no podía resistir.
– Está bien. Mañana a primera hora quiero que lleves a Kristoff con el sastre, sin faltas Anna. – autorizó Elsa el permiso de su pequeña hermana, quien a cambio ella abrazó agradecida a la pelirrubia-platinada.
– Oh, gracias. Muchas gracias Elsa.
– De nada. – dijo Elsa. – Ahora si me disculpas Anna, tengo que seguir con el trabajo.
– Bien. Con permiso. Y muchas gracias nuevamente Elsa. – con eso la princesa de Arandelle se retiró muy feliz del despacho mientras que la joven Reina no podía evitar dejar salir una leve risa.
– Bien a trabajar. – se dijo a sí misma la joven mujer mientras volvía a su trabajo de leer la correspondencia.
Al terminar de leer todas las cartas Elsa dejó su despacho mientras decidió salir en los jardines del palacio. El hermoso resplandor de la enorme luna hacia lucir los colores del otoño en los arboles envidiablemente bellos, Elsa no pudo evitar sonreír con calidez, faltaba muy poco para que el invierno llegase y para la joven Reina el invierno siempre ha sido su estación favorita desde que tenía memoria; y porque no, también era una parte de ella ya que poseía un valioso y poderoso poder relacionado con el invierno. Elsa cerró sus ojos mientras disfrutaba de la fresca y ligera brisa de otoño sobre su porcelana cara, una pequeña sonrisa decoró en ese momento sus labios carnosos al sentir en su mejilla derecha una fría pero agradable brisa rozándola, era como si aquel roce fuera como la de un beso.
La joven Reina de Arendelle se llevó una mano sobre su mejilla mientras con suma delicadeza empezó a acariciarla, sonrió cálida y alegremente por aquella hermosa sensación que había sentido en su piel. Abrió sus ojos mientras observaba con suma atención el cielo azul, una parte de ella sentía que ella no se encontraba sola después de todo. Sin que ella lo supiera, en uno de los árboles del jardín se encontraba un joven de alrededor de unos 20 y tantos años, de cabellos blancos como la nieve, tez blanca como la escarcha misma, usaba unos pantalones cafés y una sudadera azul con escarchas, en sus manos tenía un cayado que también tenía escarchas, y finalmente, el joven estaba descalzo pero también tenía unos listones de cuero amarrados en sus pantorrillas.
El nombre de aquel muchacho era Jack Frost. El Guardián del Invierno. El joven inmortal observaba con interés y a la vez con cariño a la joven Reina, quien aún tenía su mirada fija en el cielo y porque no también en el árbol donde Jack se encontraba, una sonrisa divertida decoró los labios del espíritu mientras observaba a la joven Reina con calidez y admiración. Con su cayado, Jack, hizo aparecer un copo de nieve mientras que con la ayuda del viento se dirigió hacia la pelirrubia-platinada. La joven mujer mortal al ver aquel copito descender del cielo con su mano derecha lo tomó cuidadosamente evitando a que éste tocara de un momento a otro el suelo. Elsa al sentir la detallada y fina escarcha en sus frías y blancas manos sintió una inmensa alegría y a la vez una calidez en su interior. Una sonrisa había decorado nuevamente los labios de la Reina de Arendelle mientras que Jack Frost se sentía en ese momento orgulloso.
– Espero que algún día puedas lograr a verme Elsa. – dijo en un susurro Jack sin quitar la vista a la hermosa joven quien seguía observando el hermoso detalle que le había dado.
El Espíritu del Invierno descendió del árbol mientras seguía a la joven Reina mientras que ella se retiraba del jardín con elegancia y con la frente en alto. Elsa entró al palacio para después irse directamente a su recamara a descansar después de un largo día de sus deberes reales. La pelirrubia-platinada se dirigió hacia su armario donde allí sacó su camisón para dormir color crema, se quitó el vestido y el corsé para después ponerse el conjunto de dormir. Con sumo cuidado se quitó su peinado que era una cebolla, como la que una vez le habían hecho para su coronación, mientras se deshacía de la trenza. Se dirigió hacia su peinador y se sentó en un una silla que se encontraba frente al mueble, Elsa comenzó a cepillarse sus largos y a la vez rizados cabellos rubios-platinados mientras se observaba distraídamente su reflejo.
Mientras tanto Jack observaba cada detalle de la hermosa Reina mientras se había quedado totalmente embobado por la belleza de aquella hermosa joven. Se acercó hacia a ella mientras que por un impulso el invisible guardián tomó uno de los mechones de la joven, aquellos cabellos que tanto le gustaba ver eran tan suaves y finos como la más fina tela. Elsa se estremeció un poco al sentir una brisa helada dejó de cepillarse mientras observaba extrañada cada rincón de su habitación, se levantó de la silla para dirigirse hacia la ventana de su habitación, pensando que tal vez una corriente de aire había entrado en ésta… pero… nada. La ventana estaba cerrada. La joven pensó que tal vez había sido sus poderes que había liberado cuando se había sentido relajada cuando se cepillaba su cabello.
– Debe ser por el cansancio. – pensó la Reina de Arendelle mientras iba directamente a su cama.
Se acostó en su cama y poco a poco comenzó a cerrar sus parpados para dejarse llevar en los brazos de Morfeo. No paso más de una hora y Elsa ya se encontraba despierta, la joven Reina soltó un suspiro ya cansado al no poder tratar de conciliar el sueño. Se sentó sobre el colchón mientras llevó sus manos a su rostro para masajearlo levemente, las retiró y observó ya cansada cada rincón de su habitación. Fue en ese momento cuando algo le había llamado su atención. Jack se quedó en piedra mientras sentía como su corazón comenzó a latirle furiosamente en su pecho. Elsa lo estaba mirando fijamente. El Espíritu del Invierno sintió que en cualquier momento tendría un colapso cuando la joven Reina lo miraba con aquellos ojos azules.
La pelirrubia-platinada se salió de su cama mientras se dirigía hacia donde estaba Jack. Mientras que él aún se encontraba en estado de shock y a la vez emocionado de que por fin podía ser visto por una persona. La joven Reina de Arendelle se quedó frente a frente a Jack mientras tenía su mirada fija en él, el corazón de Jack comenzó a latirle más rápido de lo normal mientras que sus mejillas adquirían un color carmesí, justamente cuando el Guardián de la Diversión iba a hablarle a la joven ella habló enseguida.
– Tal vez un poco de lectura no me caería nada mal. – se dijo así misma mientras se dirigía hasta un librero.
– ¿Qué? – Jack sintió como su corazón se detuvo secamente cuando la joven mujer lo había atravesado. El joven se volteó rápidamente mientras que una mirada de tristeza y de dolor observó que ella solamente miraba un librero. – Así que era eso… – dijo afligidamente el Espíritu del Invierno.
Elsa comenzó a revisar cada título que se encontraba en los lomos de los libros que le llamara su atención. Al no encontrar nada interesante, ya que solamente tenía libros de políticas, de economías y algunas otras cosas que tendrían que relacionarse con las cosas del reino, decidió regresar a la cama. Pero. Antes de que eso sucediera. Algo le llamó su atención. Un libro azul marino con letras platinadas y a la vez con cursivas. Elsa tomó el libro de la repisa mientras leía el título de la portada, en ese momento, una sonrisa nostálgica pero a la vez llena de amor y cariño había decorado sus labios.
– Jeje, hacía mucho tiempo que no leía este libro. Siempre fuiste uno de mis libros predilectos y a la vez uno de mis personajes ficticios favoritos. – pensó en voz alta la Reina de Arendelle llamando la atención al Guardián de la Diversión. – Jack Frost.
– ¿Qué? – casi gritó de la sorpresa el joven de cabello blanco.
– ¿Quién está ahí? – preguntó algo espantada Elsa mientras se volteaba rápidamente para saber quién había gritado. En ese preciso momento como por arte de magia, la joven Reina de Arandelle vio frente a frente a ella al espíritu. – ¿Quién…? ¿Quién eres tú? – preguntó entre curiosa y a la vez temerosa.
– ¿Puedes…? ¿Puedes verme? – preguntó sorprendido Jack mientras sentía la mirada azul de la joven en él.
– Claro que puedo verte… ¿Quién eres? ¿Y cómo entraste en mi habitación sin que me diera cuenta? – preguntó Elsa molesta.
– Puedes verme. ¡Por el Hombre de la Luna puedes verme! – gritó emocionado Jack mientras que la pobre de la pelirrubia-platinada comenzaba a espantarse por el extraño comportamiento del muchacho.
– ¿Qué pasa con él? – pensó Elsa sin quitar la mirada de aquel Espíritu. – Oye no es para tanto hacer tanto escándalo. – dijo la Reina tratando de mantener un tono seguro en su voz.
– Upps… jeje, lamento por mi comportamiento. – rió Jack divertidamente, mientras que la joven mujer lo miraba fijamente pero a la vez con algo de curiosidad y divertida. – Por cierto, lamento mis malos modales. Mi nombre es Jack Frost, su Majestad. – en eso el Espíritu del Invierno hizo una reverencia a la vez que había tomado con gentileza la mano de la pelirrubia-platinada para después depositarle un beso en los nudillos de ella.
– Jack Frost. – dijo Elsa mientras que un rubor había sido decorado en sus blanca mejillas. – Espera… ¿Acaso dijo que se llamaba Jack Frost? – gritó mentalmente sorprendida la Reina.
– Seria tan amable de decirme ¿Cuál es su nombre hermosa Reina de Arendelle? – preguntó Jack a la joven mientras que ella se sonrojaba al extremo por el alago.
– Elsa. Elsa de Arendelle. – respondió tímidamente la Reina de Arendelle.
– Elsa. Un hermoso nombre para una hermosa Reina como lo es usted.
– Umm… gracias. – Elsa retiró cuidadosamente su mano del agarre de Jack, ella carraspeó su garganta, miró fijamente al joven y le pregunto lo siguiente. – Ahora, ¿Qué es lo que haces aquí?
– ¿Enserio quieres saberlo? – preguntó Jack burlonamente mientras que la Reina de Arendelle lo miraba ya con desconfianza.
– Por supuesto que lo tengo que saber. Por si no te has dado cuenta estas en mis aposentos, además, es de mala educación estar en la habitación de una mujer y más si se trata de la Reina de Arendelle. – comentó Elsa mientras mostraba un porte seguro y digno de una Reina, cosa que para Jack al ver eso en la joven le impresiono.
– En eso tiene mucha razón su Majestad. – confirmó el Guardián de la Diversión mientras le dedicaba una tierna y cálida mirada a la chica, lo cual a ella le causo un rubor en sus mejillas. – Reina Elsa, la razón por la que he venido hasta aquí en Arendelle es; cumplir mi promesa que le hice a usted.
– ¿Espera? ¿Qué? ¿Promesa? ¿Qué promesa? – preguntó confundida Elsa mientras observaba con anonadada al joven de cabellos blancos.
– La promesa de convertirla en mi novia. Mi Reina de las Nieves.
– ¿Qué?
Elsa abrió de par en par sus ojos de la sorpresa que se había llevado ante aquel comentario del Espíritu del Invierno. Mientras tanto Jack sonreía cálidamente a la chica perdiéndose en cada detalle de la belleza de la joven Reina de Arendelle. Desde esa noche ambos sabían que sus vidas cambiarían por siempre.
Aquí es donde termina el primer capitulo de la historia. Espero que les haya gustado.
No olviden comentar. Acepto cualquier sugerencia sobre esta historia.
Atte.: Queen-Werempire.
En el próximo capítulo de "Frost Hearts: Pasión Congelada":
– ¿Qué es lo que haces aquí? – preguntó Elsa en un susurro.
– A cumplir mí promesa.
– ¿Qué promesa? – preguntó nuevamente la joven Reina sacándole una que otra sonrisa al muchacho.
– La promesa que te hice de pequeña. En que fueras mi novia. – aclaró Jack mientras que la mirada azulada de Elsa se dilataba de la sorpresa.
