ZOMBIELAND
/*/*/*/*/*/*/*/
Mi nombre es Edward Masen. Vivía en el apartamento 405 de un edificio en San Diego. Cuando la enfermedad se desató, yo me encontraba en mi apartamento rentado, solo, jugando videojuegos y pidiendo pizza a domicilio… o eso supongo, pues es lo único que hacía en ese entonces. Nada de estudiar, no. La gran vida. No era muy unido con mis papás quién sabe por qué. Me mudé de mi casa apenas cumplí la mayoría de edad y nunca más volví a saber de ellos (aunque ahora sé que ambos se volvieron zombies y se pasan la vida buscando cosas que comer).
Cuando al fin me di cuenta de lo que pasaba (había visto suficientes programas de televisión y jugado demasiados videojuegos de zombies como para darme cuenta de que aquellas criaturas que alguna vez inundaron mis pesadillas ahora inundaban el planeta Tierra), me vi obligado a empacar poco y mudarme de allí, viviendo en mi Volvo plateado (pagado por mis papás) y comiendo cosas robadas del supermercado (lo mejor que hay hasta ahora: no existe el dinero).
Pero, Edward dinos, ¿por qué empacar poco?
Bueno, pues, déjenme confesarles que tengo una pequeña lista de reglas creadas por mí mismo para sobrevivir en Zombieland. Déjenme mostrarles un par.
Regla 1: Ejercicio cardio. Cuando el virus se desató, los primeros en caer fueron los gorditos. Y no fue porque tuvieran más carne. Eso es irrelevante. El problema es que no podían correr lo suficientemente rápido como para escapar de aquellas bestias.
Regla 2: Tiro en la cabeza (aunque, para ser sinceros, Headshot suena mucho mejor). Para explicarte mejor esta regla, debes saber que para sobrevivir aquí es indispensable que tengas un arma y sepas cómo usarla (otra vez, gracias videojuegos). Ahora, si le disparas a un zombie en cualquier parte de su degenerado cuerpo, incluso aunque sea su pulmón, corazón, estómago u entrepierna, NO va a morir. Así que siempre (siempre) apunta a la cabeza. El explotar ese cerebro suyo definitivamente los matará… pero asegúrate de apuntar bien.
Regla 3: Ten-cuidado-con-los-baños. Esta puede que sea la regla más importante. Los zombies desarrollaron un… sexto sentido, por así decirlo, que les permite saber cuándo estás más indefenso. Es como si pudieran olerlo. Así que revisa los baños… de verdad.
Regla 4: Usa siempre el cinturón de seguridad. Escucha, sé que es incómodo y dificultoso para escapar, pero nunca sabes con qué te vas a cruzar en la calle. Y en el hipotético caso en que choques, lo mejor sería tenerlo puesto.
Regla 7 (la que les decía): Empaca ligero. Si quieres huir de los zombies, no querrás estar llevando toda tu casa encima ¿o sí?... a menos, claro, que tengas una casa rodante.
Regla 17: No (repito: NO) seas un héroe. Nunca. Si quieres impresionar a alguien, mejor cocina algo. Es menos peligroso y no pone en riesgo tu vida.
Regla 18: Has calentamiento antes de realizar alguna incursión para renovar tu suministro de comestibles u armas. Incluso para ir al baño. Si una de esas bestias aparece de la nada y te empieza a perseguir, lo último que querrías es que te diera un calambre. Lo último.
Regla 22: Si dudas, conoce tu ruta de salida. No hay mucho que explicar en esta regla.
Regla 27: Olvídate de cualquier lazo familiar o social que hayas tenido en tu vida. Lo más probable es que se hayan vuelto unos inestables zombies que buscan comida. Y los zombies no razonan ni vacilan. Incluso si es tu mamá o tu mejor amigo, intentará comerte.
Regla 31: Revisa siempre el asiento trasero, ya sea un auto robado o el tuyo. Nunca sabes si puedes encontrar comida, armas o incluso un zombie hambriento. ¿Quién sabe?
Esas son algunas de las reglas que tengo, y las que creo que son más importantes para la supervivencia.
Ahora, basta de reglas y explicaciones. Les empezaré a contar desde donde vale la pena: mi primer encuentro con Emmett.
/*/*/*/*/*/*/*/
