Un nuevo capítulo de la historia, gracias a los que han leído, gracias especialmente a danaesirianneblack, yusefan halackti fanny alejo y MyMindPalace221b por el comentario (los comentarios alegran mi vida)
Me estoy divirtiendo de lo lindo escribiendo este fic debido a que Merlin y Arthur han sido de mis parejas favoritas.
Bueno este capítulo es menos serio que el anterior, si se puede considerar serio el anterior, los comentarios entre parentesis no son interrupciones mías, sino que son parte de la misma historia y en alguno casos comentarios de Arthur.
NOTAS IMPORTANTES:
En mi país conocemos como aire acondicionado al que enfría, me parece que también le llaman clima o enfriador, no sé si se le llame distinto en otros lugares
Mi microondas trabaja de la siguiente manera, cuando lo conectas aparece el reloj, en ese momento te da dos opciones, reseteas e ignoras o pones la hora, pero hasta que haces cualquiera de esas dos cosas no te deja marcar el tiempo. No estoy segura si todos funcionan igual, de no ser así han aprendido algo nuevo de mi microondas (No es un comentario tan random como parece, lo prometo)
Merlin pertenece a sus respectivos autores, con quienes me encuentro muy agradecida por hacerme pasar tantas horas entretenida
Arthur aprendió algo bastante divertido. El calor no había hecho más que aumentar, por lo que Merlin terminó comprando un aire acondicionado, aunque su excusa era que nunca había estado tan fuerte el calor hasta para Arthur quedó claro que lo hizo por él. Merlin había vivido en muchos lugares (cosa que Arthur supo gracias a distintos objetos que encontró en la habitación del mago, pero eso era otra historia), era obvio que el calor no era un problema para él. Además de eso se empeñó en que el rubio aprendiera como usarlo.
−Lo mejor será que lo pongas a la temperatura que lo sientas más cómodo –le había dicho una vez que aprendió a dominarlo.
Claro que el dominarlo más que ser una alegría fue motivo de molestia para Arthur, ya que Merlin lo había festejado como si fuera un enorme logro, cuando sólo constaba en apretar tres botones: 1) encendido/apagado, 2)más frío 3)menos frío, ese festejo le había dado a entender que Merlin lo tenía como un estúpido (aunque si hacía memoria creía recordar que incluso se lo había dicho más de alguna vez).
Así que la primera noche su venganza fue aumentar el frío lo suficiente para molestar un poco al mago que dormía solo en bóxer (Arthur sólo tenía problema con el nombre, que el tamaño de la pieza iba bastante bien para él). Y fue ahí donde encontró bastante interesante ser capaz de tener el control del clima ¿qué de bueno tenía elegir si hacía más frío o menos frío? El aprender que a Merlin no le caía muy bien el frío, pero lejos de despertarlo, en sueños buscaba la fuente de calor más cercana, que en una cama en la que sólo dormían dos, ésta era el rey de Camelot.
Esa primera noche casi le da algo cuando Merlin lo rodeó con sus brazos acomodando su cabeza en su hombro y subiendo una pierna en él. Arthur no durmió y, para su suerte, Merlin aflojó un poco su agarre lo que le permitió tomar el control y subir la temperatura, por lo que el mago terminó apartándose.
Pensó en eso todo el día (incluso cuando quedó dormido en el sofá). Y su conclusión final fue que lo volvería a hacer, ¿a quién engañaba? Había disfrutado eso. Así que en cuando Merlin quedó dormido sacó el control bajo su almohada y bajo la temperatura. Sucedió lo mismo, Merlin acabó abrazándolo y Arthur pasó otra noche en vela sin moverse un centímetro.
−¿Estás enfermo? –la fresca mano de Merlin en su frente lo tomó por sorpresa un día al despertar de su siesta en el sofá.
−¿Por qué?
−Tienes varios días durmiendo en el sofá por la tarde.
−Estoy bien – el rubio ni se molestó en apartar la mano.
Se sentía ligeramente culpable por preocupar a Merlin y otro poco ligeramente culpable por subir la temperatura en la noche, pero esos ligeramente culpables terminaban opacados con la calidez del cuerpo de Melin y con la sensación de que eso era algo que él normalmente no haría, (pero vamos, ¿quién se enteraría? Era claro que Merlin no y a él no le importaba actuar diferente cuando lo estaba pasando TAN bien)
Aunque lo que no tomó en cuenta era que las siestas de un par de horas por la tarde no eran suficientes para su descanso, por lo que terminó quedándose dormido cuando el frío estaba fuerte y el mago seguía en sus brazos.
Lo que lo despertó en la mañana fue un escándalo que lo sacó de un salto de la cama, ya que tal alboroto normalmente significaba que el castillo estaba bajo ataque y no, como en esa ocasión, que Merlin se encontraba tirado en el suelo.
−¿Qué sucedió? –preguntó Arthur entre risas.
−Su-sucedió qué… –el mago estaba completamente rojo y parecía estar al borde de un divertido ataque de histeria, ante la mirada de Arthur guardo silencio.
Para el rey era claro lo que había sucedido, Merlin había despertado en sus brazos (para suerte del joven Pendragon al pelinegro no se le ocurrió que él tendría algo que ver) y por la sorpresa había acabado en el suelo. Arthur había aprendido lo divertido que era el rostro completamente avergonzado de Merlin y lo encantadora que le resultaba su cara de pena, lo único que realmente lamentaba era no haberlo visto caer.
−Hace frío ¿no? –comentó Merlin sin atreverse a verlo al rostro.
…
Arthur vs la tecnología, primer round.
−¿Estás seguro que estarás bien?
−Lo estaré.
−La comida está en el refrigerador.
−Lo dijiste anoche –Arthur ocultó la cabeza en la almohada.
−¿No olvidaras nada?
−Demonios, Merlin, incluso sigue oscuro, lárgate y déjame dormir.
−Rayos, a veces olvidas que ya no soy tu sirviente.
−Dijiste que siempre lo serías –se quejó el rubio antes de tratar de seguir durmiendo, sintió la mano de Merlin revolver su cabello con afecto antes de volver a quedarse dormido.
Despertó buscando a Merlin, no es que hubiera olvidado que se marchó a una junta (que le aseguro no tenía nada que ver con una mesa redonda… posiblemente) sólo no lo recordó hasta después de estar media hora esperando sentado frente a la puerta, otros quince minutos sacando cuentas sí no era el día de visitar al falso Lancelot y un par de segundos antes de que la puerta se cerrara cuando estuvo a punto de salir a buscar al mago por las calles, era de necios pensar que lo olvido.
Y era absolutamente claro que tampoco olvidó cómo hacer funcionar el horno de microondas (en serio, ¿quién llamaba así a un horno?) fue culpa de Merlin, el sabio más tonto de todos los magos existentes le había dicho que cuando conectara el horno aparecería el reloj ("Claro, Merlin, la magia no existe en esta época") esperó 10 minutos y nunca vio materializarse un reloj de la nada, así que lo desconectó y lo volvió a conectar (unas 50 veces) porque por más tonto que fuera el pelinegro él tenía fe en Merlin, al final llegó a la conclusión que Merlin estaba pensando en lo que metería en su bolsa (que empacaba mientras hablaba) y se había confundido, así que marcó el tiempo en la pantalla y… no funcionó, así que lo volvió a marcar y, por supuesto, no volvió a funcionar… Arthur se hubiera rendido, de no ser porque llevaba dos horas en eso, realmente tenía hambre y aunque podía comer la comida fría, ¡era obvio que ese aparato infernal no le iba ganar!, para su suerte él conocía un truco que nunca fallaba, así que golpeó con su puño todos los botones y, ¡Por Merlin!, el horno sonó justo como tenía que sonar.
Merlin le había dicho dos minutos, aunque también le dijo que aparecería un reloj que nunca apareció, y el chef de la televisión dijo que el pollo debía durar 20 minutos en el horno (los magos de la televisión lo habían decepcionado, pero los chef aún eran de su entera confianza) así que Arthur marcó 20 minutos y se marchó a esperar que el sonido le avisara que ya estaba…
−¡Arthur, estoy en casa! –anunció Merlin cuando entró por la puerta− traje algo de cenar.
Que todas las luces se encontraran apagadas preocupó un poco al pelinegro
−¡Merlin! −el rubio se levantó del sofá aprisa, acercándose al mago, prácticamente corriendo, lo abrazó con fuerza− ¡Gracias a los dioses has traído comida!
···
Merlin se veía especialmente atractivo, y no lo decía porque había caído como un ángel del cielo a alimentarlo después de más de 14 horas sin probar alimento. Tenía que ver con lo que el mago llamaba vestirse "algo formal" y haber pasado un cepillo por su cabello. Pero especialmente, y de eso Arthur estaba completamente seguro, era porque había estado riendo durante toda la cena.
El pelinegro se encontraba sentado a su lado comiendo pizza (otro pedazo de felicidad en la vida del rey de Camelot) y encontró de lo más divertida la odisea de Arthur Pendragon contra el horno de microondas y el horrible final de su buen plato de comida.
−Te agradezco sinceramente el que no hayas asesinado al horno con excalibur.
−Poco faltó para eso –Arthur no se podía sentir tan molesto como debería debido a la cara sonriente de su amigo.
Ya era cerca de medianoche, por lo que no le extraño que cuando terminó de cenar Merlin empezara a cabecear, el mago se había levantado a las tres de la mañana.
−Me alegra que hayas vuelto –comentó Arthur.
−Estoy seguro que no tanto como a mí me alegra que hayas vuelto –el pelinegro cerró los ojos, a pesar de que estaba recargado en el sofá, se ladeó y terminó dormido apoyado en el hombro de Arthur.
El rey de Camelot lo tomó de la mano teniendo cuidado de no despertarlo.
−Buenas noches, Merlin.
Muchas gracias por leer, espero que haya sido de su agrado, besos y abrazos de mi parte
