¡Hola a todo el mundo! Muchas gracias por interesarse en esta historia =) Les dejo el capítulo: ¡La Boda!
Miró el reloj digital en su mesita de noche y no pudo evitar tragar en seco una vez más. La sorpresa inicial había pasado. Luego fue hilaridad. Se había reído hasta casi llorar, rogando que aquello fuera una broma muy pesada por parte de Tony. Pero luego de escuchar al abogado decir que mandaría llamar a un juez amigo suyo, eminencia —según él— en derecho civil para que llevara a cabo el matrimonio ante la ley, y luego de escuchar a Pepper decir que se comunicaría con el editor de una conocida revista de sociales, la comprensión le llegó atropellándolo como un tren a todo marcha.
Iba a casarse. Con un hombre. No cualquier hombre. Con el Capitán América. Steven Rogers. Súper héroe. El más querido por el público. El más joven (si no se tomaba en cuenta su sueño de 70 años) de sus compañeros de batalla y amigos de vida…
Sabía que quizás estaba exagerando, por supuesto. Después de la… boda, esperarían a que el asunto fuera pensado con mayor detenimiento y encontrar una solución más conveniente. Como había dicho Tony, esto era para salir del apuro. Después un divorcio y como si nada hubiera pasado.
¿No era mejor arriesgarse a huir? No, objetivamente sabía que no. ¿Hubiera sido mejor cualquier chica que Tony hubiera podido conseguir? ¡Diablos! Tampoco. Nadie merecía sacrificar su estatus legal por culpa suya. Tampoco Steve. Pero el rubio había sonado tan decidido.
A veces Bruce no comprendía el grado de protección que Steve tenía. Siempre quería la mejor solución para los problemas, y mientras menos daño hubiera en el proceso, mejor. Era un buen chico. Bueno en extremo, pensó Bruce, y chico en extremo… Es decir, aunque el mismo rubio se considerara lo suficientemente maduro e incluso a veces se jactaba de ser el mayor de entre todos ellos, la verdad es que era todo lo contrario. No en estrategias ni combates, en eso Steve sí que tenía experiencia, pero la pura verdad es que no era más que un joven inocente que fuera de su vida como súper héroe era un muchacho que se sonrojaba al ver a las chicas en ropas ligeras que mostraba la televisión y que jamás entendía los descarados dobles sentidos de los que Tony se aprovechaba para burlarse de él.
Y ahí estaba el dilema. A pesar de todas las limitaciones que todos ellos tenían para aspirar a una vida lo más normal posible, suponía que quién tenía las mayores herramientas para lograr algo parecido era, precisamente, Steve. La tangible oportunidad de encontrar una mujer de la que se enamoraría y viceversa, quizá formar una familia… No que esto fuera un impedimento para ello. Pero era claro que esa… boda, tendría que ser gritada a los cuatro vientos para acallar toda especulación y enfrentarse a Ross. En conclusión: él y Steve, en unas horas, estarían dándole al mundo algo más para ser juzgados. Estaban a punto de gritarle al mundo que el Capitán América era homosexual y por eso se casaba con él, el monstruo al que la mayoría temía. Eso bajaría los bonos de Steve frente a la opinión pública.
Era claro que muchos especularían y llegarían a la conclusión de que sería un matrimonio a todas luces por conveniencia. Ross lo tendría más que claro. Pero de todas formas afectaba la imagen de Steve… Comprometía un futuro para el rubio.
¿Cómo es que su vida, cuando ya estaba algo estable, daba un giro tan atroz? Siempre había sido así y al parecer no había remedio.
Se levantó de la cama y aún con la bata de baño y el pelo mojado por la reciente ducha, se miró en el espejo. ¿Qué hiciste, Banner?, preguntó a su reflejo, ¿Qué hiciste tan malo en tu otra vida que ahora pagas con creces?
—¡Bruce! Tengo el traje listo.
Bruce largó un suspiro audible y se giró para mirar a Tony. Su amigo había entrado apurado a su habitación, depositando un elegante traje negro sobre la cama.
—Tony, aún creo que podemos hallar otra solución…
Tony le miró de reojo mientras sacaba la camisa blanca.
—Ni hablar.
—Tony…
Al fin su amigo lo miró a los ojos, preocupado por el tono cansino de su hermano de ciencia. Se acercó a él y colocó ambas manos sobre sus hombros.
—Es sólo una boda, Bruce. Nadie te va a pedir que finjan dentro de estas paredes. No es necesario que le tomes de la mano o cumplas sus "deberes maritales". Para el mundo Rogers y tú serán un matrimonio. Dentro de ésta torre, seguirán siendo los compañeros de siempre. No veo por qué estás dramatizando tanto.
—El matrimonio será legal— dijo Bruce casi en un murmullo.
—Sí. También el divorcio una vez que consigamos limpiar tu nombre y, personalmente, haberle pateado el trasero a Ross. Y no digas más— agregó el millonario al ver la protesta en los labios de Bruce—. Queda poco tiempo y antes de media noche tienes que estar casado….
Tony quiso hacer una broma sobre la Cenicienta (por aquello de la media noche), pero al ver el rostro de Bruce, decidió mejor quedarse callado. A decir verdad a ninguno le estaba sentando nada bien esta apresurada decisión. Pero era lo que tenían, y si todos cooperaban, mejor.
—Ahora, ese bonito traje no se pondrá solo. Iré a revisar que todo esté bien— concluyó Tony antes de girarse y salir de la habitación.
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Steve traía el impoluto y elegante traje azul cielo que Pepper le había conseguido ya puesto. Se paseaba de un lado a otro en su habitación, mordiéndose los labios y pensando si todo esto no era una locura.
Por supuesto, había dicho sin mayor empacho que él se casaría con Bruce. Y aún seguía convencido de ello. Si una boda legal evitaría a Bruce volver a huir (con nefastas consecuencias), o peor aún, que lo encarcelaran, lo tomara como sujeto de investigación gubernamental o cosas peores, entonces no había nada que pensar.
Lo que lo tenía nervioso era el hecho en sí. Una boda. Con Bruce Banner.
Hace muchos años, antes del suero, Steve había pensado que nunca tendría la oportunidad de casarse. Francamente nadie se había acercado a él con intenciones románticas, y él tampoco había hecho el esfuerzo. En primera porque era consciente que su salud mermaba su aspecto y siempre había sido más bien tímido y muy corto de conversación, apocado y aburrido.
Cuando la guerra se desató, dejó de pensar en esas cosas. Él no había nacido para bodas o romances o cosas así. Luego vino el suero y su incursión a la guerra, si bien al principio como un mono bailarín, pronto se enfrascó en lo más cruel y deshonroso que toda lucha desencadenaba.
Y entonces llegó Peggy Carter a su vida. La había amado, sí. Aún se preguntaba de qué modo. Peggy había sido maravillosa, nunca dejó de serlo.
Antes de caer al mar, cuando lo inminente estaba por ocurrir, mientras la voz de Peggy le suplicaba que no se sacrificara así… Steve tuvo un pensamiento fugaz: si salía de esa, regresaría y llevaría a Peggy a bailar, tener más citas, conocerla mejor… y si todo salía bien, quizá le propondría matrimonio en un futuro. Futuro que nunca llegó, al menos no el que pensaba.
Y sin embargo, antes de estrellarse finalmente, hubo alguien más que ocupó su mente junto a la imagen de Peggy. Pero era consciente entonces que con esa otra persona nunca podría haber nada como un romance o mucho menos una idea tan descabellada como una boda.
Steve se mostró francamente sorprendido cuando descubrió la mentalidad de ésta época. El siglo XX había dado pasos agigantados hacia la igualdad y equidad. Si bien aún había racismo, xenofobia, homofobia y todas las fobias contra sus semejantes que se le ocurrieran, al menos eso ya no era tan condenable. En sus tiempos era un pecado horroroso por el que estabas condenado al infierno. Ahora era sólo una lucha por los derechos civiles y humanos.
Y ahí estaba. Steve Rogers en el siglo XXI. A punto de casarse con el Doctor Banner. Estrategia, sí. Pero eso no quitaba que tendría que dar la cara a los medios y decir lo que hasta él consideraba tiempo atrás algo aberrante y vergonzoso: que era homosexual.
Unos golpes en la puerta de su habitación lo sacaron de su ensimismamiento.
Cuando abrió la puerta, una enorme sonrisa se formó en sus labios.
—¿Qué haces aquí?— preguntó abrazando afectuosamente al hombre que se internaba en la habitación.
—Hermano, esta ha sido la noticia más grande y sorprendente que he recibido en toda mi vida. No pensaras que iba a perdérmelo, ¿verdad?— dijo sonriente, aunque un poco confuso, Sam Wilson.
—¿Natasha?— inquirió Steve separándose de su amigo.
—Sí. Me habló hace una hora. Me dijo que trajera mi oscuro trasero a la torre Vengadores, con un traje formal y me preparara para ser tu padrino en tu boda civil— explicó Sam mostrando un portatrajes.
—¿Sólo eso te dijo?— preguntó Steve nervioso. No sabía que reacción podría tener Sam al saber con quién se casaba.
—Si estás preguntando si ya sé que el afortunado es cierto Doctor verde, sí. También me lo dijo. Ahora quiero saber exactamente por qué— habló Sam cambiando su sonrisa por una expresión de franca curiosidad mientras se adentraba por completo a la habitación y se sentaba en la cama—. Quiero decir, en cuanto vi la rueda de prensa con Ross me supuse que harían algo al respecto. No me sorprendió la llamada de Natasha, lo que me sorprendió es la decisión que tomaron. ¿Te obligaron?
Steve sonrió ante la evidente preocupación de su amigo. Le debía mucho a Sam y lo apreciaba demasiado a pesar de haberle conocido no hace mucho tiempo. Era ese tipo de amistades que dejan huella, como la había dejado… No importaba. Se sentó a su lado en la cama.
—En realidad fue mi decisión. Lo de ser yo el que se casara con Bruce— explicó sin mirarlo. Cuando Sam no dijo nada, se giró a verlo—. Es la única opción que tenemos para que Ross no se lo lleve, y ni hablar de intentar desaparecerlo. Una boda, según entendí, le devolverá su estatus como ciudadano americano por derecho civil. Lagunas jurídicas, no las comprendo muy bien. Las leyes han cambiado un poco desde que volví.
—Entiendo eso— respondió Sam sin eliminar la arruga en su entre sus cejas—. Lo que no entiendo es por qué no eligieron a alguna mujer…
—El abogado de Tony dijo que sería más conveniente un matrimonio gay— interrumpió Steve con suavidad, sin entrar en detalles de que las primeras opciones habían sido mujeres—. Así Bruce sólo podrá quedarse en Nueva York y Estados en los que nuestro matrimonio sea válido. Eso nos garantiza que podrá permanecer aquí sin que Ross lo moleste.
Sam suspiró profundamente, pero dejó de fruncir el ceño.
—¿Sabes? Cuando te conocí comprobé que todas las historias que se contaban de ti eran ciertas. Pero ahora sé que eres mucho mejor persona de lo que esas historias cuentan—. Steve sonrió abiertamente a su amigo, un poco afrentado por el hálago—. Tienes mi apoyo. Aunque no quiero que me pidas consejos sobre la noche de bodas, no tengo ni la más peregrina idea de cómo es hacerlo con un hombre.
—¡Sam! ¡Esto es serio! Te aseguro que Bruce y yo no… nosotros no… ¡Esto es sólo para mantenerlo seguro!
Sam comenzó a reír a carcajadas cuando casi sintió el ardor en la cara de su amigo.
—¡Calma!— exclamó entre risas— Lo sé, sólo quería molestarte un rato. Entiendo que es un estratagema para mantener a tu equipo unido— agregó más serio—. ¿Pero estás consciente de que esto saldrá a la luz? ¿Estás consciente de que todo el mundo sabrá que te casarás con un hombre? Y no hablamos de cualquier hombre…
—Sam— interrumpió Steve—, no me importa. Quiero que Bruce esté seguro… por nosotros. Por los Vengadores. Son mi familia. Tú también. Y no quiero perder eso, no quiero perder nada más.
Sam se limitó a sonreír con afecto. Por supuesto que sabía que a Steve todavía le afectaba mucho todo aquello que dejó atrás, a la gente que amaba. Habían tenido el tiempo suficiente para conocerse durante la convalecencia de Steve después de la caída de SHIELD, y entendía perfectamente lo que era perder a quiénes amas. Su amigo tenía ahora una familia, más allá de ser un equipo de combate; y se sentía muy honrado al ser considerado parte de esa familia.
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—Te ves muy hermosa.
Natasha sonrió a Bruce con dulzura mientras ella le acomodaba el cuello de la camisa. Era un gesto un tanto extraño en ella, pero Bruce había aprendido a conocer muchos secretos de sus compañeros. Tasha no era sólo una ruda y fría ex asesina y espía. Era un ser humano. Como todos ellos. Hasta él, Bruce, lo era. Al menos la mitad de él lo era. Por eso ahora mismo estaba muy agradecido con su amiga pelirroja.
—Lamento no haber podido ser yo. Al menos no te sentaría tan raro, ¿cierto?— preguntó ella terminando su labor.
Bruce miró el vestido negro en que la mujer estaba enfundada. Era cierto, se veía francamente hermosa y provocativa; como siempre. Sin embargo, si Bruce lo pensaba, nunca había visto a Natasha más allá de camaradería. En realidad, no había visto a mujer alguna con ninguna clase de intención sexual desde hace siglos. Quizás era que comprendía que nunca iba a tener eso de nuevo, y contaba también que guardaba un profundo respeto a sus recuerdos con Betty.
—No me queda nada más que resignarme, ¿no? Nunca obtendré lo que quiero—. Antes de que Natasha abriera la boca para refutar eso, Bruce se adelantó—. Lo que me sienta raro es que estés casada con Clint y que no nos lo hayan dicho. No se sorprendan cuando Tony los interrogue con lámpara en mano y actitud amenazadora. Ahora está ocupado con esta mierda de Ross, pero no dudes que lo hará.
—Sé que lo hará—. Natasha se cruzó de brazos e hizo una mueca—. En realidad no es que Clint y yo planeamos que fuera un secreto. Simplemente nunca ha sido importante para nosotros. Necesitaba la ciudadanía americana para facilitar las cosas cuando me uní a SHIELD, eso es todo. No somos una pareja ni nada de eso. Y ha ayudado en algunas ocasiones, en las misiones.
—Entonces no deberá ser tan difícil casarme— comentó Bruce con voz baja—. Si ustedes lo hicieron…
—Es diferente, Bruce— contradijo Natasha, con su habitual seriedad—. Estamos hablando del Capitán América, y estamos hablando de que la noticia saldrá por todos los medios una vez se haga legal.
—Genial. Sólo lograré llamar más la atención con mi nuevo y flamante marido— comentó Bruce y soltó un escalofrío cuando cayó en la cuenta de lo que acababa de decir.
—Has soportado cosas peores— concluyó Natasha antes de darle un beso en la mejilla y marcharse.
Bruce se quedó más sorprendido aún. Natasha nunca besaba a nadie (o eso creía él).
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Faltaban diez minutos para las ocho de la noche. ¿Cómo es que cuatro horas se habían pasado como si fueran cuatro segundos? Bruce no podía entenderlo.
JARVIS le había informado que todo estaba listo y lo esperaban en el salón del pent house.
Bruce tuvo que respirar profundamente muchas veces, recordando los ejercicios para mantenerse en control. Pero eso no evitaba que sus manos temblaban como una hoja y sintiera los latidos de su corazón a un ritmo que prefería no tener.
No entendía del todo su nerviosismo. Bueno, sí lo entendía. Pero no debía ser tan notorio… aunque era absurdo. Todo era tan absurdo. ¿Tendría tiempo de transformarse y dejar que Hulk le llevará muy lejos?
En el camino al salón se permitió mirar a través de uno de los ventanales del pasillo. De inmediato comprendió que no le quedaba opción. El Ejército estaba ahí, rodeando la Torre. Si no habían actuado era porque todavía tenían que seguir protocolos. El gobierno, y por lo tanto el Ejército, habían sufrido un golpe bajo cuando se descubrió que una organización como HYDRA estaba en alza otra vez. Debían ser cuidadosos.
—No se atreverán hasta el primer minuto de mañana.
Bruce se giró para ver a Tony, vestido elegantemente y luciendo muy cómodo. Era muy normal ver a Tony vestido así, cuando iba a cócteles, reuniones o fiestas. Era como un segundo traje para él (después de Iron Man). No para Bruce, que sentía que hasta los calcetines finos le picaban.
Una triste sonrisa se asomó a los labios de Bruce y Tony correspondió con otra más alegre, para darle ánimos.
—Cualquiera diría que estás en camino a la horca— comentó el millonario acercándose a Bruce para tomarlo del brazo y llevarlo a su destino inmediato—. Vamos, no es tan malo.
—Si el Ejército de Ross no me mata, entonces lo hará el ejército de fanáticas del Capitán América.
Tony se detuvo y tornó a mirar a Bruce. Y de pronto estalló a carcajadas, muy aliviado de que, en medio de todo esto, su amigo todavía pudiera hacer una broma.
Bruce sonrió también, sólo un poco. La decisión ya estaba tomada y si él lo tomaba a la ligera, entonces no tendría que ser tan difícil.
—Ya encontraremos la manera de salvarte de ese ejército. Ahora es momento de que les des lo motivos. Rogers se ve bien, es bueno verlo en un traje moderno y no con sus ropas de abuelo.
Bruce negó con la cabeza y se dejó guiar por Tony hasta el salón. Bruce no puso atención a nada más que a Steve. Vaya, Tony tenía razón. Steve de verdad se veía bien en ese traje azul, destacando el color de sus ojos y el rubio de sus cabellos. Y entonces Bruce pensó que necesitaba un buen golpe por detenerse en detalles como esos justo antes de casarse para salvar su trasero.
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Steve miraba confundido a su alrededor el cambio que había sufrido el salón del pent house. Lo único que quedaba reconocible eran los sillones. Los cuadros, las finas figuras de porcelana, los escabeles y mesitas habían desaparecido. No había adornos en especial ni nada que hiciera parecer que eso era una boda. Excepto por el pequeño estrado enfundado en un manto blanco y los libros del juez, que ya estaba de pie junto a Moore, y por la mesa donde había una botella enfriándose y varias copas de cristal junto a algunos bocadillos. A veces Steve pensaba que Virginia Potts podía hacer magia de verdad.
Natasha y Clint estaban a un costado del estrado, hablando entre ellos. Pepper hablaba con el juez y el abogado, quizás ultimando detalles. Sam ya picoteaba los bocadillos sin reparo. Los dos periodistas que cubrirían la nota (un reportero y el fotógrafo) estaban apartados, con una actitud bastante seria para tratarse de una situación como esa, pero no perdían detalles y ya se habían escuchado algunos flashes. Y él, Steve, estaba en un trance que no podría explicarse a sí mismo.
De pronto escuchó una carcajada, y entonces aparecieron al fin Tony y Bruce. Un Bruce que se veía francamente sorprendente con ese traje de etiqueta. Steve nunca lo había visto vestido tan elegantemente, y concluyó que le sentaba bien.
Sus ojos se encontraron, y Bruce fue el primero en desviar la mirada. Steve habría querido sonreír para darle a entender que estaba dispuesto a seguir con esto. Entendía que si para él era difícil, para Bruce debía ser estratósfericamente peor. No había sido su decisión.
—Muy bien, estando los interesados presentes, les voy a pedir, damas y caballeros, que ocupen sus lugares junto a los contrayentes— habló el juez en tono profesional y parco.
Steve tomó su lugar frente al pequeño estrado mientras los demás se acomodaban. Clint, Natasha y Sam de un lado, y Pepper y Tony del otro, junto a Bruce.
Bruce sintió de pronto sus pies de plomo. Logró llegar junto a Steve de puro milagro, sin atreverse a mirarlo. Era la profunda vergüenza de que esto estuviera sucediendo, y la pena que le causaba que Steve se vieran tan directamente relacionado con ello.
Cuando el reloj marcó las ocho de la noche en punto, el juez comenzó a leer la carta que lo uniría a Steve Rogers quién sabe por cuánto tiempo.
—Señoras y señores, estamos aquí reunidos para la celebración de un acto jurídico como es el contrato matrimonial del señor Robert Bruce Banner y el señor Steven Grant Rogers, sean todos bienvenidos.
Después de eso Bruce sintió que algo le había tapado los oídos o le había estropeado el cerebro, porque no entendió nada de lo que siguió. Logró hilvanar algunas oraciones (los contrayentes han de respetarse mutuamente bla bla bla… Los contrayentes están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente bla bla bla…)
—… ¿Señor Robert Bruce Banner?
Bruce salió de su letargo y se dio cuenta de que todo el mundo lo miraba con urgencia. Luego vio al juez, que lo veía directamente.
—Señor Banner, ¿conciente el matrimonio con el señor Steven Grant Rogers?— inquirió el juez, y por su expresión, Bruce dedujo que no lo hacía por primera vez.
Tragó en seco y finalmente asintió. Sin pensarlo más. Sólo asintió.
Luego fue el turno de Steve, que tampoco dudó. Fue el turno de la alianzas… ¿de dónde salieron y por qué les quedaron perfectas? Bruce no lo supo tampoco, sólo supo que la mano le temblaba horriblemente al poner el anillo en el dedo de Steve, y otro tanto más cuando éste se lo puso a él. El juez siguió con la perorata y finalmente les instó a firmar el acta matrimonial. Bruce estuvo seguro que ese garabato que había escrito no se parecía mucho a su firma en realidad.
Firmaron los testigos. Firmó el juez. Y estaba hecho.
—Así pues, y con su consentimiento, y en virtud de las facultades que me han sido otorgadas, los declaro desde este momento un matrimonio legal— concluyó el juez—. Ahora pueden besarse.
Y ahí sí que Bruce estuvo a punto de desmayarse. El juez había dicho aquello con monotonía, como un mantra que había repetido infinidad de veces, incluso volvió la mirada al acta sin esperar ver que se besaran.
Todos se quedaron sin aliento, el ambiente tenso era palpable, y cuando los flashes de la cámara se escucharon, Steve salvó la situación. Abrazó a Bruce ligeramente, y susurró en su oído:
—No es necesario…
Bruce sólo pudo devolver el abrazo. Pero sabía que estaban siendo fotografiados, y sabía que aquello tenía que parecer real, al menos lo más real posible. Así que se armó de valor y subió el rostro para rozar sus labios con los de Steve. No fue un beso en sí, fue una caricia, y agradeció que justo en ese momento le cegara la luz de la cámara del fotógrafo. Eso sería suficiente.
Tony comenzó a aplaudir con entusiasmo, pronto se le unió Sam. Los demás también, pero fue un aplauso corto, respetuosos de lo que sus amigos sentían en ese momento. Para ellos no era motivo de celebración.
Steve y Bruce se separaron, sin mirarse. El rubio se pasó una mano por el pelo con una sonrisa abochornada, y Bruce no supo cómo seguía vivo y siendo él mismo, no cuando sentía su corazón desbordarse de miedo y vergüenza.
Fue entonces que vio cómo Moore se acercaba a Tony y a Pepper para seguir con la farsa, siendo lo más discretos posibles cuando los reporteros seguían ahí, haciendo fotos uno y el otro escribiendo en su dispositivo digital.
Sam fue el primero en acercarse al nuevo matrimonio y felicitarles. Luego lo hicieron los demás. El juez se marchó, Moore le siguió diciéndoles que debía ir a constar el matrimonio al Registro Civil cuanto antes.
Los reporteros no se habían ido, y sin duda era molesta su presencia, pero necesitaban quedarse para atestiguar lo seguía. Así Bruce siguió con la farsa y aceptó la copa ofrecida y si no se la bebió de un trago fue para que no se notara su turbación.
Se mantuvo lo suficientemente alejado de Steve, y Steve hacía lo propio. Ninguno se había atrevido a mirarse fijamente después de ese roce de labios.
A las once de la noche, Moore regresaba asegurando que todo estaba en orden, y avisando que había visto a Ross entre las camionetas del Ejército.
Y sólo pasó una hora más para que llegara el inevitable enfrentamiento.
—Señores— anunció JARVIS—. El General Ross pide audiencia con el Doctor Banner.
—Al parecer quiere aparentar una educación que no tiene— dijo deseñosamente Tony—, dile que puede pasar, pero solamente él. ¡Ah! Y dile que estamos celebrando, que sólo tiene quince minutos.
Bruce cerró los ojos un momento, y lo abrió cuando sintió la mano de Steve en su hombro. El rubio le sonreía tranquilizadoramente.
N/A: Vale, pues a esperar lo que tenga que decir el horrendo de Ross... creo que no le gustará lo que se encontrará ; )
Alex: Gracias, guapo! Espero que te guste éste nuevo capítulo. Sobre Bucky... pts! No puedo negarlo toda la vida, pobre jijijiji. Bss!
Muchas gracias por leer y por sus comentarios. ¡Los quiero!
Látex.
