CAPITULO 2: ALONE.

.¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸..¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸..¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸.

And I'm the only one and I walk alone
My shadows the only one that walks beside me
My shallow hearts the only thing that's beating
Sometimes I wish someone out there will find me
Till then I'll walk alone.

Boulevard of Broken Dreams. Green Day.

.¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸..¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸..¸¸.·´¨»«´¨·. ¸¸.

Casi quince años después de esa fatal y horrible noche, Harry Potter se encontraba leyendo el diario del mundo mágico, El Profeta, acostado en su cama, aunque ya era de día hacía bastante rato Pero no había nada que le interesase en ése diario. Nada. Tiró el periódico al otro lado de su habitación en el número cuatro de Privet Drive con enojo, haciéndolo un bollo, donde había una gran pila de diarios de viejos, y bajó las escaleras hacia el comedor de sus tíos para poder desayunar.

Todos los días era lo mismo: NADA y comenzaba a molestarse.

Angustia.

Ansiedad.

Enojo.

Irritación.

Impotencia.

Nerviosismo.

Tensión.

Tristeza.

Soledad...

Esos eran algunos de los muchos sentimientos en orden alfabético que Harry experimentaba a diario en el día a día; y los cuales se repetían una y otra vez cuando leía los títulos del Profeta, para luego tirar el diario al otro lado de su habitación, como había hecho con el de ése día. Y el sentimiento que más se repetía era el último: soledad, teniendo en cuenta que estaba confinado allí, donde odiaba estar.

Soledad...

Les había escrito a sus mejores amigos, Ronald Weasley y Hermione Granger, sobre sus sentimientos con respecto al maldito diario y al confinamiento en Privet Drive, y ellos sólo le contestaron que no piense mucho en todo eso porque podría darle un ataque muy grande de estrés. Y también le dijeron que no haga ninguna estupidez. "Como inflar a tu tía, por ejemplo" le había escrito Hermione. Pero, por favor, ¿él cometiendo idioteces?.

También le había escrito a su padrino, Sirius Black. Pero él no pensaba lo mismo que los amigos de Harry. Su padrino le había dejado bien en claro que cuando se vieran, lo ayudaría a recuperarse. Sirius le había dicho también que muy pronto se verían en sus cartas. Harry sólo esperaba que ese "muy pronto" sea muy rápidamente.

A medida que la fecha de su cumpleaños se acercaba, Harry deseaba cada vez más que lo rescatasen de la casa de sus tíos, los Dursley. En la casa de sus tíos había se había encerrado en sí mismo y sentía que si no venían pronto en su busca podía reventar como una bomba en una película de acción de James Bond ó algún otro estúpido.

Harry no era cualquier chico y eso se notaba a simple vista. Tenía el cabello negro azabache y sin dominar, anteojos de lente redonda y unos hermosos ojos color verde esmeralda brillantes. Era flaco, pero había crecido un par de centímetros en lo que iba del verano. Además, Harry era mago.

Sin embargo, lo que mas sorprendía de Harry, era la delgada cicatriz en forma de rayo iluminada, que se hallaba debajo de una mata de su pelo negro. Y era esa bendita (por no decir una palabrota) cicatriz la causa de muchas cosas, como por ejemplo y principalmente, que Harry viviera con sus tíos en vez que con sus padres.

Cuando Harry tenía un año, un poderoso mago llamado Lord Voldemort mató a sus padres e intentó matar a Harry, pero el amor de su madre, que le quedó grabado en su piel, logró que sólo le quedara la cicatriz, haciendo que la maldición asesina, Avada Kedavra, rebotará contra Lord Voldemort y lo dejara semimuerto, como una sombra maligna y oscura. Y así dándole la oportunidad a la Comunidad Mágica de tener trece años de paz imperturbable.

Aún así, en Junio de ese año Voldemort había regresado y había matado a Cedric Diggory, quien había caído junto con Harry en la trampa de Voldemort por equivocación y este lo había matado por entorpecer su regreso esperado por trece años. Su muerte aún divagaba por la mente ausente de Harry y producía el mal sueño, pesadillas y culpa.

Ninguna de las noches subsiguientes a la muerte de Cedric había sido muy buena. Soñaba continuamente con el cementerio donde Voldemort había recuperado su cuerpo. Luego de ver una vez más caer a Cedric, éste se transformaba en una chica de largo y ondulado cabello negro, el cual no dejaba que le viese la cara; en seguida, despertaba sobresaltado y traspirado sin entender quien era ésa chica.

Y lo peor era que cuando despertaba, una lechuza lo esperaba con el Profeta y eso significaba problemas. Esperando encontrar algo que tenga que ver con la vuelta de Voldemort, ataques en multitud ó escapes en masa de la prisión de magos, Azkaban, Harry se desilusionaba cuando al leer veía un motón de basura hablando mal de Albus Dumbledore, director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, y de él mismo.

¿Cómo podía ser que nadie le hubiera creído que Él-que-no-debe-ser-nombrado ó como uno quisiera llamarlo había vuelto? ¿Por qué los criticaban tanto a él y a Dumbledore? ¿Cómo podía ser que Voldemort siguiera afuera suelto mientras los padres de Cedric lloraban desconsolados en los rincones por la reciente muerte de su hijo? Voldemort había vuelto hacía ya más de un mes y aún no había hecho nada de nada, ¿cómo era eso posible?...

¿Cómo había pasado todo eso, en el transcurso de un mes?

La poca cantidad de noticias que tenía sobre Lord Voldemort sólo se comparaba con la poca paciencia de Vernon Dursley respecto a su sobrino, Harry.

-¡Dile a tus raros amiguitos que sí vuelven a hacer esto una sola VEZ más los demandaré!-le espetó el jueves 29 de Julio por la mañana durante el desayuno.

Harry lo miró extrañado. Tío Vernon, en cambio, extendió un sobre que tenía sólo una estampilla ("Gracias a Dios", pensó, Harry mientras recordaba cuando el año pasado la madre de Ron les mandó una carta a sus tíos con, por lo menos, unas cincuenta estampillas). Harry la tomó y subió rápidamente a su habitación en la segunda planta, sin desayunar.

Al entrar a su cuarto, el panorama no era el mejor, comparado con la pulcra casa en general. La cama era un revoltijo de sabanas y pergaminos; en el piso había bollos de papel, excremento de lechuza, envoltorios de golosinas mágicas, la pila periódicos viejos y mucha ropa tanto sucia como limpia. Su baúl estaba totalmente atestado de cosas: sus túnicas del colegio estaban arrugadas, su caldero en algún lugar en el fondo de él, sus libros amontonados por cualquier lugar...

En fin, su cuarto era realmente un desastre.

Se sentó en su cama y miró el remitente, el cual sólo tenía una palabra: "Snuffles". Mientras Harry abría la carta, se preguntaba por qué Sirius le había mandado una carta por el medio muggle en vez de mandarla vía lechuza, tal vez por miedo a que la interceptaran...

La carta, que era muy corta, decía así:

Harry:

Sé que esto es muy apurado, pero te iré a buscar a la casa de tus tíos hoy a las cinco de la tarde. Prepara tus cosas para irte y regresar el próximo año. Tengo noticias muy, pero muy importantes para ti.

Cuídate, Snuffles.

Se quedó totalmente intrigado con saber que le tenía que revelar Sirius. Tal vez era algo relacionado con el trabajo que Dumbledore le había mandado a hacer a finales de su cuarto curso, junto con Snape. Pero algo realmente lo inquietaba... ¿Sirius no era acaso el mago más buscado en el Mundo Mágico, después de Lord Voldemort?

Decidió juntar sus cosas para tardar el menor tiempo posible en irse de la casa de sus tíos. Acomodó sus cosas lo más rápido que pudo y se dio cuenta que había esparcido sus cosas en toda la habitación.

--------------------------------

Esperó impaciente que sean las cinco de la tarde. Un poco de sol se asomaba a esa hora y el calor infernal que había hecho todo el día llegaba a su fin. Dio largas vueltas en su habitación hasta que a las cinco menos diez decidió bajar su baúl. Sus tíos y su primo estaban en el comedor mirando la televisión de pantalla plana como los ojos de cerditos fijos en ella, mirando el programa de Humberto, que gracias a el, Dudley se habría aprendido los días de la semana ó, por lo menos, se había aprendido los días de la semana en los que pasaban a ése programa de televisión.

Harry no les avisó de que su padrino, un ex-convicto que había escapado de la prisión de magos ilegalmente, que estuvo preso por doce años por un error por un asesinato que no cometió y que había hecho un ex-mejor amigo, que había resultado ser ése traidor, venía a buscarlo esa tarde. "Mejor que se lleven la muy agradable sorpresa" pensó Harry, sonriendo para sí mismo.

Los diez minutos que esperó, se comió las uñas impacientemente. Esperaba realmente muy, pero muy ansioso la llegada de Sirius. Y realmente esperaba que no hubiera sido puro cuento...

A las cinco en punto, tocaron timbre en la puerta y tío Vernon fue atender, campante.

-¿Sí?-preguntó tío Vernon, desdeñosamente, abriendo la puerta, pero sin dejar ver quien era.

-¿Señor Dursley?-era la voz de Sirius, sin duda-. Soy Sirius Black, padrino de Harry y vengo a buscarlo.

-¿Usted es el padrino de Harry?-inquirió con desconfianza y temor tío Vernon, sabiendo lo que eso significaba.

-Sí-dijo Sirius-. Si me permite pasar...

Sin esperar la respuesta de tío Vernon, Sirius entró a la casa como si fuese la suya propia y Harry pudo notar el verdadero cambio de su padrino.

Había rejuvenecido bastante, había recuperado algo de peso, su pelo estaba corto y sus ojos volvían a cobrar poco a poco su brillo de antaño. Vestía ropa muggle bastante moderna: una campera de cuero y unos jeans gastados en las rodillas. Ahora entendía por qué tío Vernon lo veía con desconfianza, aunque tratándose de Harry, tío Vernon hubiera puesto ésa cara de aprensión ó una peor.

Y Harry comprendió que su padrino estaba muy parecido a la foto que tenía de él en el casamiento de sus padres, diecisiete años atrás, muy diferentes a las que el Ministerio de la Magia tenían de él, y que, por lo tanto, no podrían encontrarlo tan fácilmente.

-¡Harry!-gritó Sirius-. ¿Cómo has estado?-preguntó viendo con enfado a tío Vernon.

-He estado mejor-respondió Harry, sonriendo un poco.

-De eso, no tengo duda alguna-comentó Sirius, mirando de arriba abajo a Harry, que había perdido unos cinco kilos, estaba bastante pálido y tenía unas grandes ojeras-. Molly se preocupará mucho cuando te vea. ¿Acaso no has comido nada?

-Sí que lo ha hecho-dijo tío Vernon, defendiéndose y sacando pecho, indicándole que era mejor que él-. ¿Cuándo se lo llevara?-agregó con felicidad, pero sin perder su toque de altanería.

-Ahora-contestó Sirius, mirando las maletas ya bajadas de Harry-. ¿Nos vamos, Harry?.

-Sí, por supuesto-contestó Harry.

Antes de salir, tía Petunia apreció en requiso de la puerta que unía el hall de entrada con el living. Dudley también surgió en escena, pero estaba complemente asustado por tener un mago adulto enfrente de él, así que trató de esconderse de tras de su madre, sin éxito, ya que durante el último año, había engordado mucho. Una vez más, como en el pasado lo había hecho, mientras se tocaba el trasero y se miraba la lengua con terror y pánico garantizado.

-¿Sirius?-llamó tía Petunia.

Harry y el aludido se pararon en seco en la puerta. Sirius se dio vuelta y miró a tía Petunia, mientras tenía la mano en el picaporte.

-¿Sí, señora Dursley?

-Sé que no tengo derecho a decirte esto, pero... Cuida a Harry, Sirius, por favor-le dijo tía Petunia con preocupación. Entonces, Harry se dio cuenta de que era la hermana de su madre, por primera vez en todos los largos años que conocía a tía Petunia.

-Descuide, lo haré-respondió Sirius, entre seguro y confundido por el extraño pedido.

Sirius tomó el baúl de Harry con una fuerza increíble y Harry llevaba la jaula de Hedwig vacía, detrás de él. Harry y Sirius salieron del número cuatro de Privet Drive parpadeando ante la poca luz del sol.

-¿Pasa algo, Harry?-preguntó Sirius, mientras salían de la calle de Privet Drive por ése año.

-Es que siempre que me vienen a buscar les pasa algo a mis tíos... ó a mi primo...-contestó Harry, recordando anteriores despedidas.

-¿Desde cuando tan preocupado por ellos, Harry?-sonrió Sirius-. Además, no creas que esta vez es la excepción...

-¿Por qué lo dices?-inquirió Harry.

-Deje un picaporte falso, hecho por los gemelos Weasley, que vuelve a la gente que lo toca azul... No te preocupes se va en unos cinco minutos... aproximadamente en tres segundos, tu tío gritará de rabia... uno... dos... tres...

-¡¡¡POTTER!!!-se escuchó desde el número cuatro.

-Ya la hicimos muy bien-Sirius sonrió con malicia, al mismo tiempo que Harry hacía lo propio, entonces sacó una copa con un emblema que Harry distinguió como dos serpientes y un perro, alrededor de una gran B con relieve y florituras-. Es un traslador-explicó Sirius, al ver la cara de su ahijado-. Tócalo y así nos iremos a Londres, entonces te podré allí explicar las miles de cosas que quieres saber-agregó Sirius como si supiera lo que Harry quería preguntar en concreto.

Harry obedeció a su padrino, y en tres segundos sintió cómo un gancho le agarraba el ombligo, todo a su alrededor se ponía negro y pasaba velozmente a su lado. Podía ver como Sirius iba igual de rápido junto con él.

Cayó a la tierra nuevamente en un campo totalmente deshabitado y descuidado con pasto realmente alto, desde allí podía ver una cuadra de casas de dos plantas altas y destartaladas. Misteriosamente, la luz del sol que aún estaba las iluminaba tétricamente.

-¿Dónde estamos?-preguntó Harry, mirando a su alrededor, mientras comenzaba a anochecer de repente.

-En Londres-contestó Sirius, pero al ver que Harry aún no había entendido, agregó haciendo un gesto de obviedad con su cabeza:-. En la parte menos conocida de Londres, mejor dicho, estamos en sus suburbios y la calle ésta se llama Grimmauld Place.

Harry pudo ver con más claridad, acomodándose bien sus anteojos, que se habían caído con el viaje por traslador, que al lado de la casa 11 estaba la casa 13.

De la 12, ni rastros había.

-Lee este papel-le indicó Sirius.

Sirius le entregó un pergamino un poco, ó mejor dicho bastante, amarillento cerrado con el emblema de la B en rojo con las serpientes y el perro de color plateado, entrelazados. Harry lo abrió con cuidado y vio en él unos trazos en color verde esmeralda que le resultaron muy vagamente conocidos.

"El número doce de Grimmauld Place es el cuartel general de la Orden del Fénix".

-¿Qué es la Orden del...?-preguntó Harry en voz alta.

-Harry, no hables tan alto, por favor...-lo retó Sirius, en voz baja, amistosamente-. La Orden del Fénix es una conspiración secreta que lucha en contra de Voldemort y es manejada por Dumbledore. Ahora mira allá-señaló con su dedo índice la casa que de repente se había materializado entre los números 11 y 13.

Era la casa doce.

Incluso era mucho más destartalada que las otras y mucho más lúgubre. Sin embargo, Sirius, sin miedo, se encaminó hacia allí con todas las cosas de Harry y con éste detrás. Tomó el pomo de la puerta, que tenía una serpiente enroscada a modo de picaporte, la que Harry pensó que se movía y le hablaba en susurros, mientras su ahijado lo miraba entre intrigado y temeroso.

-No te preocupes que no hay más hechizos ni nada para que la gente se ponga azul-sonrió Sirius contento, luego su expresión se tornó mucho más melancólica-. Bienvenido a mi casa, Harry.

Al entrar a la casa, Harry pudo darse cuenta de que no era nada de lo que aparentaba afuera.

------------------------------------

A/N: ¡Olas a todos! ¿Cómo están? Estoy totalmente consiente que este capi no tiene ninguna emoción ni nada, pero había que hacerlo para introducir el estado ánimo de Harry y el rescate por parte de Sirius.

Sé que se parece mucho a los primeros capis de "La Orden del Fénix" (de paso les digo que lo que se parezca a la "Orden..." es creación de la genia de J.K. Rowling... P), pero prometo que el próximo no lo hará y si lo hace pueden mandarme un hechizo ó maldición a mi mail. Como me gusta que martirizarme a mí sola, verdad?...

Por cierto, el próximo se llamará: "CAPITULO 3: NUNCA PUEDEN TOMAR TU VERDAD", en que Harry conocerá a la Orden, pero serán bastante distintos a lo que han leído...

Les pido que si NO leyeron "Una historia para Contar", traten de leerla porque si no aparecerán cosas más adelante que no entenderán mucho (ó nada, jeje). ¡Dejen reviews, por favor!

Cuídense mucho...

Besos, Anna Diggory.